A un mes

A  un mes de las elecciones presidenciales, por primera vez en la historia, existe la certeza de una fórmula ganadora en primera vuelta (desde Perón que no ocurría). Tan cierta es esta evidencia, que las fórmulas opositoras decidieron competir por el segundo lugar, conformando un mini torneo (los futboleros diríamos una “Liguilla”) para ver cuál de ellos puede alegar ser la primera entre las minorías. Esta disputa, a su vez, es una pelea por quién mete más legisladores quedando los presidenciales a merced del suplicado corte de boleta. Los cruces dialécticos entre los distintos candidatos opositores (Binner vs Alfonsín por el voto “progre- republicano”, Duhalde vs Rodríguez Saa por el voto peronista no K) evidencia que fue el 15 de agosto cuando Cristina Fernández de Kirchner inició un nuevo mandato presidencial. Se trató del octubre adelantado y las acciones que prosiguieron al triunfo así lo atestiguaron. El país nada por aguas muy calmas y de la guerra preventiva que se pensaba para los meses posteriores al 14A quedó el chasquibum tribunero del “gran diario argentino”. La compulsa electoral de octubre surge, en este escenario para la oposición, como un partido común de final de torneo, cuando los equipos ya saben que las cosas están definidas para el premio mayor, pero que los puntos de hoy sirven para la próxima temporada.

Lo que flota en el aire como una pregunta a futuro es qué pasará con la oposición política al kirchnerismo. Las últimas semanas asistimos a la debacle definitiva de una forma de enfrentarse al gobierno nacional. Me refiero específicamente a la confrontación directa y sin anestesia frente a la administración CFK. La desaparición política de Elisa Carrió, la pobre performance electoral de Duhalde, el gambeteo a la candidatura por parte de Cobos, revelan que no son tiempos de beligerancia frente a un gobierno que ha demostrado una increíble destreza para maniobrar por las rutas inciertas de la política.

Sin embargo, aún queda en suspenso la emergencia de un liderazgo opositor con características novedosas y en condiciones de suplantar a un kirchnerismo que va por el record histórico de tres mandatos sucesivos. El único que reunía las condiciones para poder instalarse como una fuerza nacional con posibilidades de disputar poder en el 2015 era el PRO de Macri. Sin embargo, el ex presidente de Boca desistió de la pelea y se cobijó en su conocido terruño retaceando una interesante representación política a los sectores del centro derecha del espectro político (entre otros sectores sociales, por supuesto) que hoy deben sentir nauseas de votar al candidato peronista del “que depositó dólares, recibirá dólares”. Es decir, al pegar el faltazo, Macri también es responsable de esta debacle opositora. La constitución de un sistema de partidos estable también es obra de políticos que estén a la altura de las circunstancias. La exclusión de la pelea presidencial dejó a ese electorado sin una de sus principales opciones y allí radica parte de la derrota humillante de la oposición de la cual Macri por acción u omisión tiene cuota de responsabilidad. Las decisiones políticas de quienes pretenden ejercer lugares de poder también se cuentan por sus resultados. El político no es sólo responsable de la intención de su acción, sino también de su consecuencia final y es allí donde Macri, al jugar por su propio interés personal comparte una cuota de la derrota del domingo 14 de agosto. En ese marco, Duhalde emerge más como una consecuencia de esa “ausente representación” que la de un político convencido del triunfo. La candidatura del ex caudillo bonaerense se entiende a partir de la deserción de los popes de ese espacio (del fantasma Reutemann también) y esto explica en parte el 50% de Cristina.

A partir del resultado electoral, las piezas se irán acomodando dentro del ajedrez opositor. Daría la sensación que un archipiélago a conformarse derivará de la construcción de una entente entre alguno de los gobernadores más alejados del mundo oficial junto a los restos del peronismo no K y el macrismo. Con los resultados en mano, los radicales deberán darse cuenta que parte de su fracaso electoral no puede achacarse en soledad a Ricardo Alfonsín, ya que el pago de la cuenta de la derrota deberá pasar por las tierras del “buen vino”. Los candidatos huidizos Sanz y Cobos deberán ser facturados por su abandono precoz de la carrera, sin siquiera ofrecerse de prenda de derrota para aumentar las chances de Ricardo en una interna que hubiese legitimado a la estructura partidaria de los boinas blancas. Además de ser ambos quienes fogonearon la alianza sin rédito con De Narvaez que veían como la apertura necesaria del radicalismo a otras fuerzas.

Pero parece que la política argentina de hoy se encuentra en manos de dirigentes que no se “balbinizan” (pierden pero representan), sino que se “macrinizan (no pierden, ni representan). Estos dirigentes, lejos de comportarse como políticos con olfato virtuoso, proceden como apostadores de una ruleta mediática que mueven sus fichas según como dé el conteo de las encuestas. Les gusta la parte del triunfo de la política y no logran saborear el camino que muchas veces conduce al éxito que deviene de una o varias derrotas. Imagínense si Lula hubiese dicho luego de su tercera derrota “No, ya está no me presento más, si siempre pierdo”. No estaría de más recordarles a estos opositores que le rehuyen a la derrota “porque queda mal a futuro” que miren la trayectoria de su admirado ex presidente brasileño.

Por los pagos del FAP, las chances de su candidato parecen haber aumentado y el anuncio de un sólido bloque parlamentario será el premio que el acuerdo entre el socialismo & otros deparará a las huestes del “centro izquierda republicano”. No está de más recordar que las audaces movidas de Binner (reunión con el Secretario General de la CGT antes de las PASO, la reivindicación de varias políticas del actual gobierno) lejos de restarle preferencias electorales, le reportaron un sólido colchón de votos que, el fracaso de los dos grandes candidatos opositores, podrían alojarlo en un flamante segundo puesto. No sabemos si el gobernador santafecino piensa un futuro político con más “gotas kirchnerista” pero de plantearse una estrategia hacia el 2015 de mayor acercamiento al gobierno nacional, bien podría convertirse en el relevo por izquierda dentro del universo K que hoy parece ir en soledad hacia los brazos del gobernador de Buenos Aires. Esta última ecuación es más producto del deseo de algunos que un esquema materializable, aunque en política, como sabemos, dos más dos no es igual a cuatro.

A un mes del 23/10 así vienen las cosas en esta Argentina estable, con mayor empleo, menor pobreza, menor desocupación y con varias cuentas pendientes a facturar en este nuevo periodo K, que ya comenzó el 15 de agosto y que parece ser (o ahora dicen) tendrá su fin en diciembre de 2015.

Mariano Fraschini : Doctor en Ciencia Política y docente (UBA- UNSAM)