Elogio y anhelo de tranquilidad

Vamos con una hipótesis de lo más endeble y subjetiva. Como todas las hipótesis, en verdad. A ver si nos sale.

Estoy convencido que todos los candidatos de la oposición que participan en la actual campaña electoral dedican su “cuerpo discursivo” y, por ende, sus posicionamientos estratégicos, estrictamente a la clase media.

¿Y por qué dice eso Mendieta? Porque son prisioneros y tributarios del “cuerpo discursivo” de los mass-media. Es decir: así como sabemos, desde que la prensa es prensa, que la noticia es el avión que se cae y no los que llegan, la centralidad que los medios han ido tomando en la conformación de la opinión pública es tal –precisamente, entre otras razones, por la retirada de “los políticos”-, que los candidatos parecieran dar por sentado que no se puede “decir otra cosa” que lo que los medios dicen y quieren decir.

Y lo que los medios nos dicen, en parte porque es su sentido de existencia y en parte porque se han cebado, es que todo se reduce a un presente perpetuo, amenazador y angustiante. Ay, las “malas noticias”.

Y es así como vemos que todas las campañas, en diversos grados y con diversos artificios, parecen decirnos: “está todo mal, en quince días se acaba el mundo, no se puede seguir así, esto no da para más”. Incluso van más allá: el trasfondo de esas apelaciones ni siquiera nos auguran un mejor destino en el caso de que alguno de ellos ganaran. Las menciones a potenciales fraudes y destrucciones de la República, son un ejemplo palpable y evidente.

En síntesis: no nos ofrecen esperanza alguna de futuro mejor. Y ésta fue, es y será, el basamento de la acción política. Esa es su misión: esperanzar. Mentime un futuro mejor, yo te creo y lo hacemos.

Nosotros, la clase media, con sobredosis de angustias mediatizadas, somos los únicos capaces de ser interpelados por discursos de este tipo. Las clases populares no necesariamente sufren similar alienación: sus necesidades, problemas y sufrimientos son de un orden más concreto y cercano. Les decís República y piensan en cloacas, asfalto y apertura de calles, los guachos.

Ni siquiera el propio oficialismo ha sido capaz de evitar del todo este posicionamiento cuando el propio Kirchner deslizó el “nosotros o el caos”.

Y no. No.

Si se preguntan porque no pueden entrar al segundo cordón con fuerza el PRO o la Coalición, respóndanse: porque no ofrecen esperanza. Porque no dicen que si ellos ganan las cosas serán mejor que ahora, que aumentarán los sueldos, que la escuela estará más linda, la salita con guardia las 24 horas. Porque no prometen trabajo con vacaciones pagas, aguinaldos, derechos.

Prometen tempestades y nosotros, lo que de verdad queremos, es vivir tranquilos.

: De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.