Irreversible contingencia

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Algunas cosas que venimos charlando entre los editores de Artepolítica.

Luego de varios meses en que el debate estuvo centralmente signado por la marcha de la economía nacional –y por obvias razones sin que esta desaparezca de las preocupaciones centrales-, la primavera está trayendo una ampliación hacia el campo más puramente político. Por supuesto, el motivo central de ello es que lentamente se acercan las elecciones del próximo año.

Por el momento, y como corresponde a los primeros pasos de cualquier coyuntura electoral, los primeros debates profundos se dan mucho más al interior de cada fuerza política que entre ellas. Discutir con cuáles candidatos se va a las PASO es verdaderamente transversal a todos: UCR, Unen y el FpV andan dando los primeros pasos en esto y el PRO y el Frente Renovador, si bien no discuten quiénes serán sus presidenciables, sí deben resolver sus políticas de alianzas e inserción territorial.

En este marco, resulta peculiarmente rica la situación al interior del Frente para la Victoria, ya que tras 12 años de gobierno no solamente debe afrontar la competencia en las urnas. Previamente, debe resolver varias ecuaciones. La principal de ellas, sin dudas, es si el kirchnerismo continuará teniendo la centralidad en su línea política y en su conducción (Paréntesis: en estos días se analizó desde diferentes ópticas el discurso de Máximo Kirchner en Argentinos. Pero no noté que se reparara en lo que, en mi opinión, fue la señal política más importante de MK hacia el activo militante que allí estaba reunido: “El Frente Para la Victoria es mucho más grande, a pesar que algunos lo quieran achicar”)

Lo que nos lleva directamente a reflexionar acerca del kirchnerismo propiamente dicho, teniendo en cuenta la eterna dificultad que conlleva definir las sucesivas etapas y nombres que el peronismo se da a lo largo de su historia (me dirán: pero el kirchnerismo es más que una etapa del peronismo, hay dentro de él otras tradiciones y expresiones políticas. Y responderé: sí, como el menemismo antes con los liberales, y antes de eso el mismísimo peronismo de Perón, que supo hacer eso de albergar dentro suyo otras tradiciones y expresiones políticas)

Quizás hay una pregunta ordenadora para hacerse en este momento: ¿qué quiere el kirchnerismo para el futuro y para sí mismo? Y en esto hay una supuesta respuesta obvia: la continuidad del proyecto político de estos años. Lo que nos lleva a otra pregunta: ¿cuál es la mejor forma de lograrlo? Y acá se acabaron las respuestas obvias. Porque en algunos arrabales hay quienes parecen creer que la mejor forma de que el kirchnerismo continúe como proyecto es “yendo a perder” las elecciones en 2015 a manos de “la derecha” y “regresando” con CFK al gobierno en 2019.

Y acá venimos a discutir esa posición y a enfrentarla por estas razones:

  • A diferencia de Chile, donde existe una elite política relativamente estable en todos los partidos, en la Argentina (a pesar del “sentido común” imperante) hay una tremenda movilidad en los liderazgos políticos. No hay ninguna garantía de que la sociedad resguarde el recuerdo emotivo de estos años. En Argentina si perdés, perdés. [Y si es por mirar afuera, preferimos el camino de Lula, que siguió como líder del PT, apoyando con todo (y negociando, y disputando, y cerrando) a Dilma.
  • Muchísima menos garantía hay en que el actual liderazgo de CFK (liderazgo que excede el núcleo duro del kirchnerismo) pueda mantenerse hacia dentro del peronismo, sobre todo si “se juega a perder”. Perdón por la verdad 21: el peronismo abomina, sobre todo, de perder.
  • Además, y más allá de los evidentes problemas actuales de la economía, el próximo gobierno recibe un país con buenas condiciones estructurales de “gobernabilidad” gracias al desendeudamiento externo, la nacionalización de YPF, el enorme potencial de Vaca Muerta, etc. Un país con nuevas demandas, seguro, pero un país “manejable”, con un buen “piso” del cual salir. Las propias condiciones que deja este gobierno hacen más factible que un Macri, o cualquiera, llegue desahogado al 2019 (más aún si no tiene empacho en endeudarse). Y eso cambiaría todas las ecuaciones.”
  • Tampoco pareciera que tirarle por la cabeza los balurdos al próximo presidente para que le explote a él y luego volver, sea la actitud de Cristina. O hubiera garpado de una la sentencia de Griesa y que se arreglen otros después. O no hubiera, por citar algo de coyuntura, acordado una ley de Hidrocarburos con las provincias. Acá están las famosas “políticas de Estado” que tanto gustan de pedir en los paneles de comentaristas, solo hay que tratar de leerlas.
  • Estaría tan mal ir en el minuto cero del partido llamado “sucesión” a cerrar con un supuesto candidato “instalado” (como un Daniel Scioli), con tal de conservar a toda costa esas cositas que tienen los funcionarios; como levantar el camping sin más e ir de una a “perder, refugiarse en una ciudad lejana y dejarle todo a Macri si total lo va a chocar y después volvemos”. Son dos extremos que vemos como negativos.
  • Nuestra hipótesis es que CFK aumenta sus posibilidades de convertirse en una figura insoslayable de la realidad política nacional (ahí sí “Cristina eterna”) si hace fuerza por algo que ningún presidente peronista hizo aún en la Historia: entregarle la banda y el bastón a otro presidente peronista. Nos parece que -folklore de las traiciones peronistas aparte- quedará así mejor plantada de cara al futuro que si deliberadamente hace fuerza para que eso no ocurra. En este último caso, correría el riesgo de convertirse en “una expresidente peronista más” de nuestra historia reciente. Ahora, ¿por entregarle la banda a cuál otro presidente peronista debería hacer fuerza Cristina? Eso lo definirán la relación de fuerzas que exista en 2015, la virtú y la fortuna de todos los dirigentes políticos que juegan este juego y el pueblo.
  • Última razón, la más importante de todas: el pueblo, la gente, cómo quieran llamarlos. Tenemos demasiado presente de qué son capaces los proyectos antipopulares a la hora de gobernar: ajustar, ajustar y ajustar. Ajustar por los ingresos o ajustar por la entrega de la capacidad estatal o ajustar por vía del endeudamiento (que es la forma más perversa de ajuste: la que no lo parece hoy, pero se garpa mañana). Y no es la dirigencia del kirchnerismo ni nosotros, precisamente, la que más sufriría estas consecuencias, sino aquellos que, luego de 12 años de un proyecto distributivo, siguen teniendo aún necesidades de justicia y reparación.

Sintetizando: si hay que perder, se perderá. No será la primera vez ni la última vez que un proyecto popular sufre una derrota o un retroceso. Ahí estaremos.

Pero ir a perder no. No hay mística posible en el que, entregándose, entrega a los demás.

Foto.

: De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.