Joven Argelino

“…la descolonización es simplemente la sustitución de una “especie” de hombres por otra “especie” de hombres. Sin transición, hay una sustitución total, completa, absoluta”.

Frantz Fanon. Los condenados de la tierra. Capítulo 1, La Violencia.

Ahora dicen que se viene un cambio de Gabinete.  Un nuevo gobierno con un gabinete renovado.  No por crisis, como suele pasar, sino por cambio de gestión, cambio de funciones, una necesaria adecuación.

¿Viene además un recambio generacional entre los funcionarios? Lo veremos. No es que me parezca súper relevante en sí por el sencillo hecho de que no somos de los que vemos valores intrínsecos según la edad que tenés. Por decirlo así: hay viejos buenos y viejos chotos.

Como también siempre decimos, habrá que ver cómo camina en los hechos el trasvasamiento. Qué cosas “nuevas” aportan los jóvenes. Qué tanto pueden mejorar las gestiones, plantear nuevos formatos o ser más imaginativos y eficientes. Como todo cambio puede ser muy bueno. O no.

Aportemos algunos puntos de análisis ante esta nueva coyuntura que pueden servir más allá de la cantidad de cumpleaños que festejaste. O por ahí no, qué se yo. Ahí van:

  • Pasar de la militancia a la gestión no es nada fácil. Así cómo es difícil pasar de la gestión a la militancia a secas cuando salís de un gobierno.  No sólo en la Argentina. Hay que preguntarle a los militantes del PT, en Brasil, al movimiento de Evo Morales, incluso al Frente Amplio. Requiere ir paso a paso, aprendizaje, pruebas y errores. Cómo pasar de un lado a otro, de una lógica a la otra, de militar por una parte a tener que “gobernar para todos”. Porque se trata de eso, de gobernar para todos, para un todos cada vez más grande. Y pasa por asumir que, una vez que estás en funciones de gobierno, tu principal responsabilidad militante pasa a ser hacer bien tu trabajo. Y, aunque parezca sencillo no lo es tanto el hecho de aprender a bancarse los grises pasillos de la burocracia. Hay un tiempo de desembarco, dónde tenés que aprender cuál es el botón de la cocina para pedir agua para el mate y cuál el del subsecretario.
  • El Estado está ahí desde hace mucho. Parece una tontería pero no lo es. Es cierto que, por un lado, está ahí desde 2003, con las políticas del kirchnerismo. No desde 2011, sino desde 2003. Pero además está desde mucho antes. Tiene una historia que no es toda negra ni está sólo manchada de oscuridades. Sino de avances y retrocesos, de algunas historias hermosas y de otras tristísimas. Saber descubrir, en esos grises, los colores con los cuales jugar es un fino trabajo de orfebrería. Otra vez, disculpen que sea insistente: la orfebrería lleva tiempo y muñeca. Saber qué ascensorista es copado, a qué hora entrar el expediente en Mesa de Entradas, quién te da una mano para sacar de Tesorería los viáticos antes de perder el avión. Así que, como decía Néstor, hay “verdades relativas” que descubrir. Y lo peor que podés hacer es pensar que todo lo bueno empieza con vos. Otra insistencia: somos los que pensamos que la única revolución verdaderamente existente hoy es un reformismo consecuente, así que la receta  “moderadas dosis de espíritu fundacional en la gestión, acentuadas ansias de cambios lentos pero constantes” puede andar.
  • La burocracia es una trama de relaciones sociales. Es una red que está ahí. “La línea” está ahí desde siempre. Y es una red que hace que, por un lado, no se caiga todo y una red que  a veces hace que sea difícil avanzar. Pero no es un pozo negro. Es una red. Ay, las redes, tan diferentes según el lugar desde donde la mires. Entonces, la burocracia tiene lógicas que hay que entender para operar sobre ellas. Hay trampas ahí. Pero también puede haber fuego amigo. Elije entonces tu propia aventura. En la burocracia hay saberes que no están en otro lado. Fue, en parte, la burocracia la que mantuvo todo en su lugar la semana de los cinco presidentes. Ahí, cada uno aferrado a su PC, a su mostrador, a su silla. Ahí, fuera en una oficina, en una delegación, en un edificio anexo o varado en un aeropuerto del interior sin que nadie supiera quién ponía la firma para garpar un pasaje de vuelta.
  • No desconfíes tanto de un burócrata. En un par de años podés llegar a ser uno de ellos. Aunque también podés decir: esto quería hacer, esto hice, este es mi granito de arena, chau, nos vemos luego. Conozco un tipo que lo hace a menudo.
  • A la vez, no hay manuales. Los sherpas de hoy puede ser que te lleven al precipicio. Nunca se sabe, pero bueno. Hay que caminar. Y ser metódicos. Temprano en la oficina es mejor que tarde: la línea labura a la mañana. En las provincias cortan a la siesta. En las municipalidades después de las 2 de la tarde sólo está el Intendente, si es bueno.
  • Hay que estudiar, hay que conocer. Los cambios a veces están en los detalles. Lo aprendimos con el kirchnerismo. A veces, en una resolución de un Ministerio se parten las aguas de la Historia. Hay que preguntar, hay que informarse, hay que escuchar.
  • Extender el Estado, agrandar el Estado, potenciar el Estado implica tanto terminar con lo que funciona mal como sostener lo que funciona bien. Lo segundo no luce, pero ayuda, eh.
  • La mejor política está en tu gestión. La épica está en todos esos días de frustración que alguna tarde te permitirán gritar un gol. Quizás sea un gol que nadie más vea, del que nadie más sepa, que no se traduzca en una foto, en una palmada, en una felicitación. Quizás todo tenga sentido cinco años después, cuando te encuentres en la Feria de Mataderos a una  cooperativa de Jujuy vendiendo papines andinos. Esa misma cooperativa que antes fue un expediente en tus manos y antes de eso una jornada de capacitación, y antes llegar por primera vez a Tilcara. De muchos de esos goles silenciosos también está hecha la patria. Me parece.

Suerte y tesón, muchachas y muchachos.

Mendieta : De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.