La cabaña del tío progre

No son noticias de último momento, pero se me ocurre que es hora de decantarlas de todos modos.

Es el #findelprogresismo. En el principio, fue la discusión entre progresismo “blanco” y progresismo “negro”. Pero ahora hay algo que termina de asentarse.

La muerte de Néstor Kirchner, la movilización que le siguió y la política que está desplegando la presidenta Cristina Kirchner significan el fin del progresismo tal como lo conocimos. Quizás fue antes, mucho antes. Quizás fue en el 2001. O cuando Kirchner convirtió la ESMA en un museo. Pero este momento es un momento definitorio en este sentido.

¿Creímos todo este tiempo que “Chacho” Alvarez regresaría alguna vez en un avión negro a librarnos de todas las molestas contradicciones? ¿Pensamos que alguna vez volvería la política “linda”, que todo lo que queda feo alguna vez sería recordado como un sueño que le sucedió a otro? Ya no más.

¿Perdimos la sensibilidad ahora que no se nos mueve un pelo ni lloramos como Fanny Mandelbaum cuando escuchamos a la gobernadora electa de Catamarca no hablar mal de Ramón Saadi?

¿Será que ya un sector del progresismo ha asumido el rol de “Partido Verde”, de  “adherente a” que le cabe en el actual contexto?

¿Será que la conducción política de Cristina Kirchner (no su luto-de-amianto como creen los consultores de opinión inútiles que asesoran a la oposición, no su levantada en las encuestas) nos permite dormir tranquilos en la cama de clavos de la política?

No hay repeat al DVD de “Nunca Menos” ni “auto-hackeo” (?) de la página de Télam que haga mella en ese liberal que llevamos dentro si Cristina es la que conduce.

¿Será que no nos preocupa nada de nada ser esto que somos entre todos los kirchneristas? ¿Que si no se hiciera el documental sobre Néstor habría que inventarlo? ¿Será que esa Presidenta que dice tres veces “muchas gracias” nos emociona mucho más que cualquier campaña de Greenpeace? ¿Que ya no nos importa qué intendente o gobernador está en el palco si ella sube a bajar la línea que está bajando, una que apunta a seguir siendo compañera de los compañeros, pero sólo si los compañeros siguen siendo compañeros de los compañeros? Enterrar discusiones bizantinas,  invitar a sumar sin hacer radiografías de identidades políticas, decir “para vos también hay, gordito de la Federación Agraria”, convocar a no tenerle miedo a los jóvenes y al desafío de gobernar e institucionalizar es todo un camino que lleva a un lugar que queda mucho más allá de las verdes colinas del progresismo.

Dice ahora la oposición que es el “verdadero” progresismo. Que el kirchnerismo es “un falso progresismo”. Ring. No estamos. Hemos salido de viaje.

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: "Escriba" es Nicolás Tereschuk. Politólogo (UBA), Maestría en Sociologìa Económica (IDAES-UNSAM). Me interesa la política y la forma en que la política moldea lo económico (¿o era al revés?).