La mitad más uno

Son horas un poco shockeantes, el aluvión de votos fue tan grande que dan ganas de no pensar mucho, de aflojar el enrosque analítico, de dejarse llevar un poco. Pero nos encolumnamos: Cristina nos pidió “humildad”, se centró en destacar los cambios en el sistema político antes que hablar de las “letras del molde” y como si fuera poco empezó a usar la nueva legitimidad electoral para pedir por la ley de tierras.

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Pasar la barrera del 50% es lo que termina de desbaratar el escenario (de todos) previo a las elecciones. El kichnerismo no ya es una primera minoría, sino una mayoría. ¿Es así? No hay mucho para discutir electoralmente hablando, aunque en términos políticos, el kirchnerismo sigue y seguirá siendo un animal extraño. Cada vez más peronizado pero también con atributos que le son propios, con interpelaciones más diversas, con una épica de la militancia, con intenciones de profundización y politización. O sea: el triunfo de ayer no supone la kirchnerización del país, sino que el gobierno y el kirchnerismo (un núcleo político pequeño pero enorme en comparación con las demás estructuras políticas) lograron que una mayoría los vote. Es una obviedad, pero entender esa dualidad es el dato esencial para no cometer el error de pensar que la asfixia del microclima se volvió sentido común hegemónico.

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Ayer salió todo bien. Además del caudal oficial, el nivel histórico de votación desarmó cualquier estrategia de presentar a las PASO como una artimaña politiquera de espaldas a los intereses de la sociedad. al un nivel mínimo de politización social: los argentinos votan. La imposición de Cristina en todos los territorios, salvo el Estado Libre Asociado de San Luis relativiza la “conurbanización” supuesta del kirchnerismo. Junto a eso, la tesis de la representación segmentada (ciudades civilizadas/barbarie del interior y conurbano) quedó machucada, aunque no tanto como Carrió, quien fue su autora intelectual desde el 2007. Como frutilla del postre, la dependencia al sciolismo se mostró, al menos, no crítica. Cristina sacó unos cuantos votos más que Daniel (4.100.000 votos para ella, 3.200.000 para él, aunque en el conteo hay todavía una pequeña diferencia de lo escrutado para una y otra categoría).

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Al mismo tiempo: Scioli no es Macri. Cuando salió a hablar no bailó, no despolitizó, ni quiso maximizar un rédito personal, que obviamente tiene más que ganado. Se pareció mucho más a un político tradicional: remarcó su encuadramiento político nacional, recordó a Balestrini y a Néstor, habló de la gestión y las obras que, entiende, son las cosas que lo pusieron donde está. Además, tiene la cintura para sortear el “fuego amigo”: lo convoca, nombrándolo, a Ishii, y hace lo mismo con Mariotto. La circunstancias no lo obligaban, hay que agregar. Si los resultados se repitieran tal cual el 23 de octubre, quedarían dos realidades expuestas: Scioli como un heredero posible (probable) de Cristina, y el kirchnerismo como un contigente político más o menos articulado, pero insoslayable como parte de un sistema de alianzas para seguir en el gobierno después del 2015. Scioli no es Macri. Scioli es, al menos por ahora, una traducción posible del sentido común oficialista. La contracara de la mierda oficialista y la minoría intensa. ¿Contracara?, me pongo sciolista: el complemento.

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Macri-Durán Barba la pegaron. La pequeñez de los liderazgos opositores no llega a contaminar las orillas del PRO, que logró preservar a su referente y darle un triunfo político desde el cual reconstituir un armado opositor de cara al 2015. A pesar de los pesares Macri es el núcleo desde el cual pensar la oposición de ahora en más. Y nos seguimos encolumnando: fue el único dirigente opositor al que Cristina se dirigió después de la elección, reconociéndolo (y no reconociendo a los demás) como un interlocutor válido de cara al futuro.

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¿Quién es el mariscal de la hiper derrota opositora? ¿Los dirigentes políticos, los medios, los dos? Un futuro probable es que TN no desaparezca, pero sí lo haga Carrió. Las tapas de Clarín seguirán -no derribando gobierno- pero sí marcando buena parte de la agenda, más dudoso es que Ricardo Alfonsín o Pino Solanas sean figuras descollantes después de octubre. La “corpo” y la “opo”, no son lo mismo, tienen intereses diferenciados y formas de legimitación también distintas. El problema es que los políticos, desde la 125 para acá, perdieron cualquier terreno de autonomía, fueron “hablados” por y desde los medios, quedaron a merced de estrategias (a veces ganadoras, a veces perdedoras) construidas sin su participación. En ese sentido, otra vez Macri: sus votos unidos a una territorialidad concreta le permite poner a  su alianza con Clarín donde debe estar, como una connveniencia mutua de protección política, muy lejos de la situación de rehenes mediáticos que ostentan los demás.

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¿Qué vamos a hacer hacia “adentro”? ¿La avalancha de votos va a servir para ratificar las convicciones, para convencernos de una vez y para siempre que teníamos la razón en todo? ¿Nos blindamos frente a las críticas? Es tentador: ante cada atisbo de duda, le abrimos la manito al gorila liberal, mostrando los cinco dedos: “¿te enteraste papá? ¡50%!”.

Otra vez, nos encolumnamos: “…especialmente a los jóvenes, a esos cientos de miles de jóvenes que se han incorporaron con tanta fuerza y con tanta fe a la política. Quiero también convocarlos a redoblar el esfuerzo, con mucha humildad. Yo les pido como compañera de todos ustedes, como compañera de todas las luchas, más humildad que nunca. Más humildad que nunca. Más trabajo que nunca. Este acompañamiento de la sociedad es un reconocimiento al trabajo, al esfuerzo, a lo que hemos hecho en estos 8 años, pero por sobre todas las cosas, como dijo Amado el otro día en el Coliseo, también es por lo que viene, por lo que fatal hacer, por todo lo que queda por hacer. Y en eso que queda por hacer yo quiero hacer una gran convocatoria a todos los argentinos y a todas las fuerzas políticas porque el mundo es un gran tembladeral…

¿Está más o menos claro, no?

Una cosa más: todo muy lindo, pero ayer no se “eligió” a nadie. Ni siquiera a un concejal vecinal. Para eso faltan más de dos meses. Que no se nos escape la tortuga.