Mamá, ¿cuándo llegamos?

El kirchnerismo se fortalece cuando se presenta como punto de partida y se debilita cuando se define como punto de llegada.

Upa, qué frase te tiré, eh. Soy politólogo. Me las rebusco.

Se me ocurre pertinente arrancar así como para poner sobre la mesa las declaraciones del secretario de Seguridad, Sergio Berni, sobre la política a su cargo. Y para dabatir también -acá practicamos el deporte extremo de dudar en público- sobre el fino equilibrio que implican las políticas de seguridad en cuanto a necesidad de reforma y necesidad de resultados.

Porque, llevando el argumento al límite,  una política de seguridad no es echar un comisario todos los días ¿o sí?

Con la creación del Ministerio de Seguridad, por decisión de la presidenta Cristina Kirchner en diciembre de 2010, la democracia argentina nacida en 1983 se da como objetivo político por primera vez problematizar la situación de la Policía Federal Argentina (y las restantes fuerzas federales de seguridad).

Esto no es como YPF, que sufrió un retroceso en los 90. La Federal nunca había sido tocada. Y ahí fuimos entonces. Luego de haber subordinado políticamente por primera vez a las Fuerzas Armadas a las decisiones de los funcionarios civiles del Ministerio de Defensa, la ministra Garré encaraba la posibilidad de subordinación de las fuerzas federales de seguridad a directivas políticas.

Así, tenemos, conceptualmente, el Modelo Argentino de Seguridad Democrática, para quien quiera verlo. Traducido, en el trayecto que va del conecpto a los hechos, en la impactante frase de la ministra de abril de 2011: “El problema más serio y más complejo que tenemos es la Policía Federal”.

Leemos que en marzo pasado se desplzó a los jefes antidroga de la Federal y que en abril pasado se modificó parte de la cúpula de la fuerza, nombrándose a una mujer en Asuntos Internos. Más aquí en el tiempo, por ejemplo, nos enteramos de que los menores no podrán quedar más alojados en comisarías de la PFA.

Y ahora tenemos las declaraciones del secretario Berni, quien señaló algo que, sí, ya sabemos: “[La Ciudad de Buenos Aires] es una de las ciudades con menor índice de criminalidad de Latinoamérica, incluso muy por debajo de los estándares de Estados Unidos”.

“En la Capital, más allá de esta inseguridad que está viviendo la provincia de Buenos Aires, en robo seguido de muerte, tenemos una tasa de cinco por cien mil; cada cien mil habitantes, cinco homicidios. Esto la coloca dentro de las ciudades más seguras de Sudamérica”, precisó.

¿Esta declaración es un eco de aquel acto final de juego brusco por parte de Néstor Kirchner (“diga quién le ata las manos para no solucionar la inseguridad en provincia”) o quiere decir que con la Federal tenemos la “mejor policía del mundo”? ¿Ya bastante tenemos con las fuerzas federales o el Ministerio de Seguridad de la Nación tiene que ocuparse de tender a mejorar las políticas de seguridad en todo el territorio nacional? ¿Cómo está el índice de criminalidad de los familiares que marcharon a favor de los torturadores que repartieron, fotocopiados, los prontuarios de los torturados? ¿Si somos un gobierno nacional, para qué queremos patrullar las calles de Parque Patricios? ¿Por qué no le pasamos la policía a Macri, como los subtes? ¿Si una política de seguridad no es una purga permanente ni dejarse conducir por la Policía, cómo se construyen los tiempos y el sentido de las reformas?

Mamá, ¿el kirchnerismo es una “pasajera en tránsito perpetuo” o ya llegamos? (¡click!)

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Nicolás Tereschuk (Escriba) : "Escriba" es Nicolás Tereschuk. Politólogo (UBA), Maestría en Sociologìa Económica (IDAES-UNSAM). Me interesa la política y la forma en que la política moldea lo económico (¿o era al revés?).