Manos a la obra

Hay algunas expresiones populares que son cuasi indiscutibles. Digamos que allí no hay esas polisemias que tanto nos gustan a los obsesivos hacedores de claringrillas y polemistas del peronismo (por cierto, el dulce de leche nacional de la polisemia por excelencia). Una de estas expresiones es: “si nadie lo hace, tendremos que hacerlo nosotros”.

Y lo que tenemos que hacer es discutir el futuro cercano de nuestro país. Pavada de desafío, changos.

En condiciones normales –que vaya a saber cuáles son esas normalidades- una fuerza política llega al gobierno con determinada ideología, expresada a su vez en una plataforma o marco conceptual y práctico para desarrollar desde el manejo que te da el control del aparato estatal. A esa fuerza política le puede ir bien, mas o menos o mal; cumplir lo prometido en parte o en todo; defeccionar a la vuelta del juramento hoy para mañana alumbrar la traición o redondamente hacer mucho más de lo que había prometido. En líneas generales, digamos, la realidad –si existiese- es una complicada combinación de todas estas cosas.

Ahora sí: lo que es seguro es que esa fuerza política que es coyunturalmente gobierno tendrá un adversario o varios que se constituirán como tales presentándose como “superadores” de lo existente. Es bastante lineal la cuestión, aunque un ejército de consultores se hagan los complicados y te embarullen con terminologías académicas: habiendo X gobierno al frente de un país, la oposición intentará mostrarse como mejor que lo existente siempre (incluso aquellas fuerzas reaccionarias, sólo que en este caso dirán que “mejor” que lo actual era lo que existía “antes”). De aquí a la inclusión del término “futuro” en el desarrollo de esta idea media un renglón y lo acabo de escribir: si sos opositor se trata de “pensar” y “ofrecer” un futuro mejor a la sociedad.

Bueno. Como dije ahí arriba: esto en condiciones normales. Porque acá estamos en Argentina y todo es, por decir de algún modo, algo peculiar. Tenemos un oficialismo que va por su segundo mandato y que ha sobrecumplido en demasía no solo la plataforma que expresaba allá por 2003, si no también las expectativas que allá lejos se depositaban en Néstor Kirchner. Y esto no es –al menos solamente- un elogio. Es también asumir que el kirchnerismo fue construyendo su agenda a los ponchazos, con avances y retrocesos, con giros bruscos y contradicciones, con –como siempre dice el Escriba- una incertidumbre vital para la potencia política.

A su vez la oposición, o mejor dicho las oposiciones, no logran articular ningún cuerpo propositivo consistente. Y esto es por una sencilla razón. Para hacerlo debiera dejar de negar como un todo lo hecho en estos años, asumir que algunas medidas y acciones fueron positivas y pararse desde ahí. Y en ese sentido, mientras la jefatura de la oposición esté en manos de editorialistas desencajados y carrioses guiñadoras a cámara, van fritos. No lo van a hacer.
Y acá vuelvo al principio: si ellos, que tendrían que hacerlo, no lo hacen…hagamosló nosotros!
Algunos dicen, en varios lados, que en la blogosfera se discute con algún grado de tolerancia y profundidad que no abunda ni en los partidos políticos ni el debate público de los medios tradicionales. Si bien no soy tan optimista, efectivamente creo que en los blogs hay un espacio para dar ciertas discusiones con pasión, pero sin anteojeras ni dogmatismos. Así que creo que hay que usar esa cualidad y sacarle jugo.

Yendo al punto, y sólo a modo de tirar unas puntas como para iniciar el debate, diré:
–    El oficialismo es un buen narrador a la hora de dar cuenta de lo recibido y de lo hecho en este tiempo, pero sigue faltándole una expectativa de futuro, un horizonte, una –digamosló sin vergüenza- promesa de futuro. Un “votanos para que sigamos, ahora vamos por esto”.
–    Y aquí mi tríada de “grandes temas” que elijo para trabajar:
–    a) transporte público (viajamos mal. En las ciudades, de ciudad en ciudad, en los pueblos. Falta un política integral al respecto. Aquel compatriota que estaba desempleado en 2002, cuando consiguió un laburito poco le importaba como venía el tren. Ahora lleva 8 años viajando para el culo y le importa).
–    b) Seguridad: no nos podemos hacer los giles. No alcanza con la visión restringida de cierta progresía que aduce para explicarla “la desigualdad”, “la exclusión de generaciones”. Eso puede ser verdad, pero no alcanza después de 8 años de crecimiento económico como nunca en la historia nacional.
–    c) Planificación nacional: dicen los que saben de esto (no es mi caso) que a mayor gravedad de crisis, mayor necesidad de planificación. Y también dicen los que transpiran atrás de los escritorios de los ministerios que cuando hay mucha crisis no podés planificar un catzo. Y las dos cosas son verdad. Pero ahora no tenemos demasiadas excusas: no hay crisis, los funcionarios ya saben de memoria los botones del teléfono que tienen arriba del escritorio. Debiéramos poder empezar a esbozar ciertas grandes líneas de planificación en cuanto a la infraestructura de base que le falta al país, las políticas migratorias internas, la posibilidad de tejer redes educativas federales, etc. etc.

Como sea: alguien tiene que hacerlo.

Hagamosló nosotros.

: De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.