Nos vemos en tres semanas

El 17 de junio Iván Duque y Gustavo Petro protagonizarán la segunda vuelta electoral para elegir presidente de Colombia. Por primera vez desde la reforma constitucional de 1991, dos candidatos con claras diferencias en sus modelos económicos, políticas y sociales, dirimirán a cara o cruz quien será el presidente de Colombia en el cuatrienio 2018-2022. La diferencia de 14% que Duque tiene sobre Petro parece a primera vista una ventaja difícil de descontar. Sin embargo, una incidencia decisiva tendrán los votos del moderado Sergio Fajardo para inclinar la balanza hacia uno de los dos polos ideológicos en los que en tres semanas se debatirá la sociedad colombiana. A continuación unas viñetas explicativas de lo que sucedió ayer en Colombia.

  • El candidato del uribista Centro Democrático, Iván Duque se impuso de forma contundente en esta primera vuelta electoral por 7.561.919, lo que equivale al 39,1% de los votos. No alcanzó el mágico 50% que le hubiese dado el triunfo, pero ratificó el porcentaje de sufragios que las encuestas pre electorales le adjudicaban en las últimas semanas. Cuatro de cada diez votantes le dieron su apoyo en este primer turno electoral, lo que le permite llegar con nítidas ventajas al balotaje del 17 de junio. El candidato de Álvaro Uribe se impuso en 23 de los 33 departamentos del país, dominando claramente en el centro, con picos del 53% en la populosa Antioquia, redondeando una elección relativamente homogénea a nivel distrital. El uribismo político ya es marca registrada en el país, y su principal referente ya ubicó en “zona de definición”a sus delfines en las últimas tres elecciones presidenciales (Santos 2010, Zuluaga 2014 y Duque 2018). Desde que abandonó el gobierno en agosto de 2010, Uribe protagonizó en forma exitosa todas las elecciones el periodo, y consolidó un electorado fiel que se expresa en un “núcleo duro”decisivo para elecciones voluntarias como las que se realizan en su país. La performance de Duque, un académico con escasa experiencia política, así lo atestigua.
  • El segundo lugar resultó muy reñido. A pesar de que las encuestas preveían que sería Gustavo Petro, el candidato de la Coalición Colombia Sergio Fajardo le disputó palmo a palmo ese lugar en el balotaje. Sin lugar a dudas, la elección de Petro constituye un hecho histórico para el progresismo colombiano. Con casi 5 millones de sufragios (25% de los votos), el ex alcalde de Bogotá, se convirtió en el candidato más votado por esa fuerza política desde que existen elecciones en el país, y a pesar de la desventaja inicial, mantiene posibilidades concretas de pelear voto a voto en la segunda vuelta. Se impuso en 8 departamentos y su geografía electoral constituye una medialuna si se observa la pintura de la votación . “Somos la única fuerza con posibilidad de crecimiento, ya que la de Duke está estancada” expresó una vez conocidos los datos definitivos. Sin embargo, le espera un arduo camino, en el que deberá seducir a los votantes de Fajardo y Vargas Lleras con su propuesta de transformación económico, social y moral del país, frente a sectores y actores políticos que visualizan en su candidatura el peligro del “castro chavismo”. En ese marco deberá extender los apoyos obtenidos en la costa atlántica y el sur del post conflicto colombiano, donde logró triunfar, hacia el centro del país.
  • En tercer lugar, a un punto y monedas de Petro, se ubicó Sergio Fajardo. Con el apoyo de la Alianza Verde y el Polo Democrático Alternativo (partidos que lograron el segundo lugar en las elecciones de 2010 y 2006 respectivamente) el ex candidato a vice presidente de Antanás Mockus frente al primer Santos, obtuvo 4.586.821 de votos (23,7%), realizando una elección que superó las expectativas que existían sobre su candidatura. Los más de 1 millón 200 mil votos en Bogotá, que le permitió ganar la capital del país, evidencian que gran parte del voto independiente optó por su figura moderada. Hacia ese votante se dirigirán las campañas de Duque y Petro, lo que supone que gran parte de la decisión del 17 de junio estará en manos de esa cuarta parte que expresó su preferencia por el candidato de la Coalición Colombia. Lo que manifieste Fajardo de acá a tres semanas, será de vital importancia para las aspiraciones de Petro.
  • El cuarto y quinto lugar correspondió a dos históricos de la política colombiana: Germán Vargas Lleras y Humberto de la Calle. El primero obtuvo más de 1 millón 400 mil votos (7,2%) y el segundo un insignificante 2 % de los sufragios. De Vargas Lleras se esperaba una votación mayor debido a que se trataba de una de las coaliciones electorales con mayor capacidad de movilización de votantes. La elección del liberal De la Calle en fórmula con Clara López (quien había obtenido casi el 15% de los votos en 2014) es la evidencia empírica de que el Partido que gobernó 20 de los 24 años entre 1974 y 1998 ha ingresado en un declive de votos a nivel nacional cuando se trata de elecciones presidenciales. De alguna forma, el candidato del Partido Liberal fue la cara del legado del presidente Santos y su principal activo político: el proceso de paz con las Farc.
  • La participación se ubicó en el 53%, otro record histórico para este tipo de compulsa electoral. Como advertíamos hace cuatro años, el “déficit” de participación continua siendo uno de las constantes de las elecciones en Colombia. A pesar de haber superado el 50% (la media se encontraba en el 45%) la abstención aún encuentra patrones explicativos disímiles. La ausencia de la guerrilla más antigua del continente, como se observa, no explica el comportamiento de la ciudadanía ni antes, ni después de los acuerdos de paz. Es decir la variable “inseguridad electoral” carece de asidero como único factor explicativo de la abstención. Y como apostilla final, si “ayer” la elección venezolana fue definida desde la“abstención electoral”por el 46% de ciudadanos que ejerció su voto, ¿Cómo se caracterizaría entonces a esta votación colombiana?…

En tres semanas Colombia tendrá nuevo presidente. El factor Uribe (Parte III) como acá  y acá  vuelve a convertirse en el centro político de la dinámica electoral en el país. Luego de ocho años de gobierno (2002-2010), y una popularidad superior al 70% al dejar la Casa del Nariño, el líder antioqueño limitado en su reelección presidencial, logró conformar un partido nuevo (el Centro Democrático, dejándole el sello del Partido de la “U” a Santos), crear un candidato taquillero de la nada en 2014, quien ganó en primera vuelta y salió derrotado en segunda, ganar el plebiscito por el “No”a los acuerdos de paz en 2016, ser reelegido senador con votaciones históricas en 2014 y 2018, y hoy ubicar en primera vuelta a un ignoto Iván Duque. La escena política colombiana no puede comprenderse en el siglo XXI sin analizar el fenómeno Uribe. El expresidente colombiano se ha convertido desde 2002 en la figura política excluyente del país, relegando a los históricos Partidos Liberal y Conservador a mirar desde afuera, o como miembros menores de las coaliciones triunfantes, las elecciones presidenciales de Colombia. Si como vimos, el Partido Liberal realizó su peor elección histórica, el Partido Conservador fue barrido por el candidato de Uribe en la interna presidencial de marzo, aunque logró “colar”a Marta Lucía Ramírez en la vicepresidencia.

Para Gustavo Petro, como se señaló, se trató de una elección histórica. El ex miembro de la guerrilla M-19, siguiendo los pasos de sus “camaradas de lucha”Pepe Mujica, Salvador Sánchez Cerén  y Daniel Ortega, buscará convertirse en presidente de su país. Cuenta a favor con un discurso atractivo y convocante (durante la campaña electoral llenó plazas por doquier), un contexto favorable a las expresiones progresistas luego de la desaparición de la “amenaza guerrillera”y una votación que lo ubica en un piso más que promisorio de cara a la segunda vuelta. En contra Petro tiene enfrente al líder más popular del país, una sociedad que acepta tácitamente al modelo neoliberal como la mejor opción para el futuro y a las acusaciones que lo sindican como el candidato del “castro chavismo”en Colombia.

Luego de décadas de disputas políticas en el interior del modelo neoliberal reinante, la segunda vuelta electoral del 17 de junio tendrá a dos contendientes que expresan dos modelos de país distintos. El clivaje dejó de ser el conflicto guerrillero, o los carteles de la droga de las décadas precedentes, y pasó a ser el esquema económico, político y social. Por primera vez una fuerza de centro izquierda logra conmover al sistema político arribado a una segunda vuelta disputada a pesar de las ventajas con las que parte el candidato del “modelo hegemónico”.  En estas tres semanas se comenzará a visualizar si este balotaje tiene parecidos con el 2010 (ventaja abrumadora de Santos frente a Mockus) o al 2014 (disputa voto a voto entre Santos y Zuluaga). El 17 de junio es la cita. ¿Podrá la izquierda dar el batacazo? ¿Mantendrá la hegemonía el neoliberalismo? A cara o cruz, como todo balotaje, Duque y Petro intentarán meter un pleno.

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