Our boy in the Pampas

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Presenciábamos hace algunos años una teleconferencia. Exponía un alto ejecutivo de una de las más grandes multis del planeta. Hablamos de una de esas megacorporaciones de dimensiones suficientes como para repartirse con su (supuesta) competidora varios pasillos de las góndolas de los híper y supermercados del mundo occidentalizado. El expositor comentaba, como al pasar, lo fácil que en realidad resulta fabricar jabón en polvo. Fue entonces que, desde este lado del Atlántico, alguien levantó ansiosa e ingenuamente la mano, para preguntar cómo era posible que, si es tan fácil la fabricación del producto limpiador, sólo esa empresa y su (supuesta) competidora se repartieran prácticamente todo el mercado. El alto ejecutivo miró entonces, desde allá lejos y por un instante, fijo a la pantalla. Esbozó luego una leve y sincera sonrisa y, con las cejas arqueadas y la mirada brillante, respondió con una sola y potente palabra: “marketing”.

Que interesante. Pero, ¿será entonces que no es tan cierto eso del libre juego de la oferta y la demanda, o la resultante destrucción creativa shumpeteriana? Puede ser pero, de todos modos, reconozcamos algo: tampoco podés bimonopolizar el mercado del jabón en polvo si el producto no tiene algunos méritos propios. Y coincidirás que lo mismo podrían argumentar lxs fans de Sergio Massa: ¿cómo que Massa es un invento? Informáte un poco antes de hablar. Massa condujo la Anses hacia su notable recuperación. Massa fue jefe de gabinete en lo agrios días que siguieron a la 125. Massa es un intendente excepcional: adicto al trabajo, no deja mail o carta de abuela sin responder. Así como el Néstor del ‘88 se subía al camión limpianieve a la hora en que los mortales más normales recién empiezan a calentar la pava del mate, Massa no ha dejado cuadra de Tigre sin atender. Su éxito electoral dice todo lo demás: Massa es una masa, y su proyección nacional era simplemente inevitable.

Bueno, no. No estamos de acuerdo. O sea: sí, aceptamos las premisas. Pero no la conclusión. Su proyección nacional no era inevitable. Intendentxs capaces y laburantes no faltan. De hecho, también hay varixs gobernadorxs que cumplen, trancas, con esos méritos. Y un respetable número también puede mostrar pergaminos nacionales previos. Sin embargo, casi nadie logra trascender su terruño y proximidades por sí solo, es decir sin la ayuda de -por decir un ejemplo- un cabezón algo flojito jugando al ajedrez. Pero, ¿por qué Massa sí lo ha logrado? Esta, proponemos, es una pregunta esencial. Esencial para comprender un elemento nuclear de la política argentina y latinoamericana. O, si preferís: entender cómo lograron hacer de Massa alguien conocido y simpático para una relevante parte del pueblo no politizado es fundamental para intentar comprender como instalan candidatos quienes tienen poder de verdad.

La pregunta es interesante más por lo que no sabemos que por lo que sabemos. Hay que ir armando la respuesta, juntando piezas de a poquito. Sabemos, por ejemplo, que el intendente de Tigre ha realizado masivas inversiones en periódicos zonales de la PBA, muy leídos por su primera constituency, es decir aquellxs que han superado los 60 inviernos. Bien sabemos también -y digámoslo citando palabras de una de las plumas más renombradas de la prensa independiente- que “Massa siempre se mostró agradecido con los dueños de los medios que, considera, lo ayudaron”.

Todo esto sirve para ir intentando la deconstrucción de la proyección de Massa (proyección que, vale resaltar, no es relevante para este análisis en su dimensión actual, sino en los guarismos que ya lograba hacia mediados del año pasado, antes de oficializarse la coronación mediática). Hay además otro episodio que, aun si se trata también de sólo un ingrediente, es quizás aún más útil para intentar comprender las estrategias que utilizan los que saben. Nos referimos a aquel famoso Gran Cuñado, de Marcelo Hugo Tinelli, aquella obra de arte de la propaganda política que, con sus 46 puntos de rating, hizo posible el alica-alicate del 2009. Quizás es difícil acordarse ahora pero, para aquellxs con buena memoria: ¿no recuerdan haberse sorprendido un poco al escuchar que en la lista de “invitados” estaba el entonces jefe de gabinete? Es como si en una edición 2013 estuviera el compañero Abal Medina. Raro. Tan raro como efectivo para incrementar el conocimiento popular de Sergio Massa.

Pero como no somos especialistas en TV argenta, más no podemos agregar, salvo señalar la convicción de que este cauce mediático es todavía el que más pega, por lo tanto el que más les sirve, el que más usan, el que más les importa. Y resumiendo, entonces, ¿cómo logra un joven talento, uno entre tantxs, ser protagonista tinelliano, tener tanto dinero para financiar periodismo independiente, o salir durante años en cuanto noticiero exista? A riesgo de caer en excesos conspiracionistas, y abriendo a desgano las puertas a la golpiza, postulamos: esto viene siendo armado, planeado y ejecutado hace rato. Massa es una operación, hasta ahora exitosa. Con un ancho falso lograron llegar al vale cuatro. Y hasta por ahí ganan los puntos de esta mano.

Y si no los ganan, mañana se hará otro intento. Lo trascendente, igual, no son los nombres propios, que en pocos años se vuelven irrelevantes. Lo importante es lo que no cambia, que en este caso es el poco conocido hecho de que hay muy poquita gente que, desde el otro hemisferio, maneja los últimos hilos de enormes y multidimensionales arenas mediáticas. Gente que sabe de comunicación mucho más allá de lo que la mayoría podemos siquiera imaginar. Y que labura con paciencia y habilidad, mientras por acá nos distraemos con irrelevantes divisiones, por cierto típicas de pueblos desunidos y desorganizados. Y que están siempre –siempre, en sus pagos y en los nuestros- a la búsqueda de candidatxs potencialmente carismáticos a quienes el statu quo no les produzca dolor de estómago. Hablamos de gente que, insistimos, ejecuta hace rato y con efectividad idénticos laburos pero en mercados mucho más grandes, más antiguos, más controlados. Gente que oligopoliza las góndolas haciéndonos creer que tenemos elección. Gente que sabe mucho de marketing. Y más aún de política[1].

 


[1] Y cambiando (sólo un poco) de tema, y porque no podemos o no sabemos o no queremos contenernos: ¡qué bien saliste en la tapa del diario, Lorenzo! Felicitaciones desde la balaustrada. Nos comprometemos con vos a hacer lo posible para que las futuras generaciones no olviden esta imagen -ni su historia, ni sus consecuencias.

Foto.

: es Antonio Cicioni, politólogo y agnotólogo, hincha de Platense y adicto en recuperación a la pizza porteña.