Simplezas y complejidades

 

Vengo a proponerles un sueño.

Que podamos:

  • Tener una mirada simple de lo que hace el macrismo. O mejor dicho, lograr comprender la Presidencia de Mauricio Macri en toda su simplicidad.
  • Tener una mirada compleja del campo nacional y popular. O mejor, estar abiertos a comprender la dinámica del campo nacional y popular en toda su complejidad.

 

La reflexión en torno al macrismo tiene una historia.

Primero fue la “caprilización”. El discurso de Mauricio Macri a un mes de las primarias en el que prometía no quitarte nada de lo que tenías nos hablaba de esta estrategia ya ensayada por otras derechas regionales. Ante oficialismos con potencia electoral y luego de fracasar con estrategias desestabilizadoras o de puro “rechazo” a las políticas implementadas, se proponía ser no ya la “oposición” sino la “solución”.

Luego, ya durante la campaña fue una intuición que nos venía de antes. Una que indicaba que nadie gobierna la Argentina desde la “moderación”. Es decir, que candidatos que se mostraban “light” -en todos los partidos- si tenían voluntad de poder no iban a gobernar de una manera “descafeinada”. Básicamente porque este es un país que requiere del presidente concentrar una serie de recursos de poder, recostarse sobre algún sector “real” de la sociedad -no tan sólo la volátil “opinión pública”- y, de manera buscada o resignada, hacer que a un costado suyo esté alguna pared.

Tras la elección, y en particular con la conformación del Gabinete, comienza a delinearse la primera premisa de este breve escrito. Lo que es y hace el macrismo en el poder no parece ni tan complejo ni tan “nuevo”. A partir de estas percepciones, lo que más nos fue asombrando durante 2016 es que se fueran confirmando en toda su simplicidad.

Así llegamos a este marzo de 2017, con la CGT y las dos CTA sentadas en una misma mesa y en una misma movilización. Con con un paro docente (de maestros públicos y privados) en 22 provincias. Con una dirigencia peronista enrolada en distintos partidos que al opinar sobre las políticas del Gobierno pospone su Torre de Babel y habla el mismo idioma.

Beatriz Sarlo, de profesión sofisticada, afirmó que inicialmente caracterizó al gobierno de Macri como “aburrido”, pero que esa definición ya resultaba “superficial” y que lo que correspondía señalar es que se trata de una gestión “de derecha”, integrada por “una burguesía acostumbrada a usar todos los recursos del Estado en su beneficio”. Arrancamos haciendo elucubraciones complejas sobre el macrismo y nos sorprendemos viendo algunas escenas que recuerdan al primer momento en el que este hijo de la patria contratista se lanzó a la política. Espíritu de Gabriela Cerruti, sal del cuerpo de ese intelectual…

A uno en la facultad le enseñan a tratar de ser sofisticado. A la lectura del Manifiesto Comunista, con su definición de que el Estado no es más que el “comité que rige los intereses colectivos de la clase burguesa” le siguen otras, más sofisticadas, incluso del mismo autor. Pero aquí estamos.

Esta idea de captar al macrismo en toda su simplicidad, claro está, no conlleva un llamado a la pereza intelectual. Captar la belleza simple de una flor o de un tigre feroz no es nada fácil. Ni implica -para nada- una visión teleológica hacia un horizonte de helicóptero. Se ha dicho: un gobierno de derecha que funcione. Para ello, claro, debe “funcionar”.

Yendo a la segunda parte de la premisa, hacer esfuerzos por comprender al campo nacional y popular en toda su complejidad, no siempre es lo que le enseñan a uno o lo que primero nos sale.

Los últimos doce años de presidentes peronistas, Néstor y Cristina Kirchner, dificultan muchas veces captar la complejidad del campo nacional y popular, compuesto de muchos diferentes. También oculta el pragmatismo de esos presidentes “idealistas”. Hace más velado entender la trayectoria, incluso, de esos mismos presidentes, aliados -o conduciendo, según la época- a distintos peronismos, distintos radicalismos, distintos progresismos, distintos sindicalismos. El pendular de Perón, las formaciones especiales y la burocratización, los golpes para negociar, las bases a la cabeza o la cabeza de los dirigentes, las plazas llenas o semi-evacuadas a veces quedan en el olvido de quienes esperan trayectorias lineales y alineamientos de trayectorias.  

Dicen que Alejandro Magno, en esos doce años de reinado en que conquistó el mundo, aprendió a amar lo diferente y que cuanto más conocía a los bárbaros más virtudes les encontraba, a la hora de imponerles -¿o era convocarlos a?- su helenismo. La unidad -si es que existe- se construye entre diferentes. Entre iguales no es unidad, es otra cosa. Lo complejo es así.

Comprenderlos a ellos en su simplicidad. Entendernos a nosotros en toda nuestra complejidad. Apenas un ejercicio intelectual. O no.

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: "Escriba" es Nicolás Tereschuk. Politólogo (UBA), Maestría en Sociologìa Económica (IDAES-UNSAM). Me interesa la política y la forma en que la política moldea lo económico (¿o era al revés?).