Uh, ah, Chávez no se va

“Primero que nada quiero dar buenos días a todo el pueblo de Venezuela, y este mensaje bolivariano va dirigido a los valientes soldados que se encuentran en el Regimiento de Paracaidista de Aragua y en la Brigada Blindada de Valencia. Compañeros: lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir, nosotros, acá en Caracas, no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien allá, pero ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor…. Compañeros: Oigan este mensaje solidario. Les agradezco su lealtad, les agradezco su valentía, su desprendimiento y yo, ante el país  y ante ustedes, asumo toda la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano”. Con esas palabras ingresaba en la historia venezolana el Teniente coronel Hugo Chávez Frías aquél 4 de febrero de 1992. Su discurso televisivo de escaso minuto y doce segundos intentaba graficar las razones del ese “por ahora” fracaso militar, a la par que demandaba a sus camaradas de armas la rendición. A partir de ese momento comenzaba la historia pública del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), la organización militar que operó en los cuarteles durante más de una década y que tuvo como figura estelar al líder venezolano. Desde el frustrado 4F la popularidad de Chávez comenzó a ascender de manera vertiginosa. La legitimidad popular que habían obtenido los militares del fallido golpe era consecuencia directa de un clima de malestar social que tres años atrás había dado muestras claras en la capital venezolana, en lo que fue conocido como el “Caracazo”. Todos los días llegaban a la prisión en la que estaba confinado Chávez cientos de personas a expresar su apoyo a la intentona militar que intentó quebrar la democracia bipartidista pactada conocida como el Pacto del “Punto Fijo” que venía gobernando en forma ininterrumpida Venezuela desde 1958. Los partidos AD y Copei había mantenido el predominio sobre un sistema político basado en los acuerdos de cúpulas y con escasas variantes por fuera de ese recambio partidario que dejaba a más del 50% de la población a la intemperie social.

La salida de la cárcel, luego del indulto del presidente Caldera, el 26 de marzo de 1994, puso a Chávez en condiciones de poder reconstituir una organización política de composición cívico-militar con el objetivo declarado de aspirar a la presidencia. Luego de arduos debates, la organización decidió apostar sus fichas a la elección presidencial de 1998. La principal bandera política del Movimiento Quinta República (se cambiaba el nombre y se mantenía la fonética, el MVR) tenía como prioridad la realización de una “Asamblea Constitucional” para la creación, según palabras de Chávez, de “un nuevo contrato social para refundar la República”.

La victoria electoral de diciembre de 1998 con el 56% de los votos sobre el candidato apoyado por los partidos tradicionales (quienes debieron bajar sus candidatos en pos de la unidad anti Chávez) le permitió al líder bolivariano comenzar un proceso de transformación económica, política y social que llega a nuestros días. La jura el 4 de febrero de 1999 fue sobre la “moribunda Constitución” a la que el flamante presidente prometió modificar y “actualizarla a los nuevos tiempos”. De forma inmediata a la asunción, Chávez comenzó el proceso constituyente con tres victorias populares sucesivas (convocatoria a la Asamblea, en abril; elección de convencionales, en junio y aprobación de la Constitución en diciembre de 1999) que dieron como resultado una nueva llamada electoral, esta vez bajo las reglas de la nueva constitución bolivariana. Los triunfos electorales en las 3 primeras elecciones, superiores al 70% de los votos se dieron en paralelo a una fuerte abstención electoral que orilló el 50%. La capacidad de movilización chavista fue desde el vamos una marca registrada del movimiento bolivariano.

Para julio de 2000 se realizaron las elecciones para la totalidad de los cargos del país, esta vez sí, bajo la nueva constitución votada por el propio pueblo y el triunfo de Chávez fue superior al de 1998, ya que obtuvo el 59% y la mayoría de las gobernaciones y alcaldías, al tiempo que se alzaba con la mayoría absoluta de la Asamblea nacional convertida en unicameral desde la reforma. Una vez consolidado a nivel institucional las transformaciones en el campo político, el líder bolivariano avanzó hacia los cambios en la arena económica- social. A finales de 2001, el gobierno lanzó una serie de medidas de hondo contenido estatista y distributivo que desafiaba la tradicional política de intervención pública y dio lugar a una fuerte resistencia social que encontró en las cámaras empresariales y sindicales a sus principales resistencias. Durante todo ese año y el primer trimestre de 2002 las movilizaciones opositoras se desplegaron por todo el país, con un fuerte apoyo de las cadenas mediáticas venezolanas, un recurso de poder opositor. Se hizo evidente, durante esas históricas jornadas de movilizaciones chavistas y antichavistas, la disputa bipolar que sucedía en Venezuela. El golpe de estado de la oposición desarrollado durante los días 11 y 12 de abril de 2002 montado en una cobertura mediática insidiosa y jugada por el camino de la ilegalidad, abrió una grieta en el interior de la coalición chavista que tardó horas en recomponerse. Sin embargo, los militares leales al proceso junto a la impresionante movilización popular (dos recursos de poder típicamente chavistas) del 13 de abril dieron vuelta la situación y Chávez retornó a Miraflores, luego del interinato del presidente de Fedecamaras, el empresario Carmona, más conocido como Pedro “el breve”.

A partir de ese momento, y luego del retorno al gobierno el presidente pudo transformar la relación de fuerzas militares internas a su favor y limpió de antichavistas el campo castrense. La oposición a pesar de la derrota, insistió mediante diferentes estrategias expulsar a Chávez antes de tiempo y de eso son muestras el paro petrolero de enero de 2003 y el intento de revocatoria de mandato de agosto de 2004. El primero de ellos, que implicó un importante desabastecimiento de la principal fuente de divisas del país, le permitió al presidente recuperar un recurso financiero clave como era PDVSA e iniciar un proceso de transformación social en el marco de las más de veinte Misiones Bolivarianas, que llegan hasta hoy. El segundo intento, esta vez en el marco legal, apuntaba a revocar el mandato del primer mandatario (instituto único en el mundo) del cual Chávez volvió a salir victorioso en las elecciones del 15A con el 60% de los votos y un presentismo hasta ese momento histórico del 70%. Una nueva victoria durante ese año en las regionales le mostró a la oposición que el camino electoral era un tránsito complicado para destronar a Chávez. La estrategia opositora de deslegitimar la elección parlamentaria de 2005 no presentando candidatos por temor a un fraude (¿?) le permitió al chavismo obtener la totalidad de las bancas en la Asamblea Nacional y continuar la profundización del proceso a partir del llamado del líder bolivariano a la construcción del socialismo del siglo XXI. La constitución del ALBA, la derrota del ALCA, las nuevas alianzas internacionales con países alejados del formato histórico de relaciones del país, las peleas mediáticas con el presidente de EEUU Bush,  dieron lugar a la instalación regional y mundial del liderazgo presidencial de Hugo Chávez.

La elección presidencial de 2006 fue un paso más en la carrera triunfal del primer mandatario y el 62% de los votos obtenidos era una muestra fehaciente de su poderío electoral. La victoria dio lugar a que se aceleraran los pasos hacia el socialismo bolivariano y Chávez anunció una nueva reforma constitucional que tenía como finalidad la incorporación de nuevas leyes socialistas al marco legal y la reelección indefinida del presidente. Luego de nueve victorias consecutivas, Chávez mordió el polvo de la derrota y por un escaso punto y medio de desventaja, el primer mandatario aceptó el triunfo del NO en las elecciones. Lo hizo la misma noche de conocido los resultados y llamó a una fuerte autocrítica interna ya que la evidencia de los datos indicaba que se habían perdido más de 3 millones de votos desde la elección presidencial de 2006 quienes habían adoptado el camino de la abstención. Se trataba de una derrota oficialista, más que de una victoria opositora, que había aumentado su caudal electoral sólo en 100.000 votos.

La recuperación electoral de la “marea roja” fue la victoria en las regionales de 2008, la cual dio lugar a un nuevo intento presidencial por conseguir la reelección indefinida. En febrero de 2009, finalmente Chávez pudo obtener esa posibilidad tras vencer por el 55% de los votos, casi un calco de lo de ayer. Durante esos años, la crisis internacional se hizo sentir en Venezuela y el proceso chavista debió avanzar hacia nuevas reformas en el campo de la producción (nacionalización y expropiación de empresas nacional e internacionales, recuerdos antológicos del “exprópiese”) en un contexto de incipientes protesta sociales. El socialismo del siglo XXI avanzó en nuevos institutos legislativos, mientras que la oposición se fue rearmando para las elecciones siguientes apostando al desgaste presidencial. Las elecciones legislativas de septiembre de 2010 se presentaron como un nuevo test electoral al primer mandatario, quien puso toda la carne en el asador para mantener la mayoría parlamentaria. La unificación de la oferta opositora unificada en candidaturas comunes y con un discurso renovado puso en aprietos la hegemonía chavista, que a pesar de lo reñido de la elección alcanzó la mayoría absoluta, no así la calificada que le hubiera posibilitado a Chávez continuar gobernando con herramientas legales con fuerte poder discrecional.

La enfermedad del presidente venezolano descubierta mediados de 2011 en Cuba, puso un manto de incertidumbre sobre las posibilidades de Chávez de superar el desafío de la biología y alertó a la oposición sobre las posibilidades de vencer al primer mandatario bolivariano en las elecciones presidenciales. Durante todos estos meses se observó un presidente activo y una oposición que apostó todas sus fuerzas a la compulsa electoral de ayer. Como preveían las encuestas, la ventaja del oficialismo se tornaba clara e irreversible a pesar de la instalación de un virtual empate técnico que sólo estaba en las cabezas deseosas de quienes continúan apostando por la salida de Chávez del Palacio de Miraflores.

Las elecciones de ayer mostraron un triunfo chavista casi cercano al pedido del líder de una “victoria perfecta”. Con más del 80% de presentismo en un país donde el voto es voluntario, una jornada electoral pacífica y competitiva y una diferencia para el candidato de gobierno holgada y segura, el triunfo de Chávez se convirtió en un mensaje claro y contundente que trasciende la frontera venezolana. El sistema electoral venezolano superó, una vez más, otra prueba de fuego demostrando una eficacia pocas veces vista. Dos horas después de culminada la elección, los resultados fueron publicitados sin existir denuncias de fraude (sólo en la cabeza loca de algunos periodistas opositores locales, y por minutos) y con el acompañamiento de miles de veedores internacionales (entre los cuales se destacaron algunos que siguiendo el guión de vaya a saber donde, hablaban de bocas de urna con triunfo opositor) que atestiguaron con su presencia la efectividad del voto electrónico.

El proceso chavista, a pesar del desgaste que implica 14 años de gestión continúa siendo hegemónico. Las transformaciones en el área social del gobierno que implicaron un giro copernicano de las políticas económicas de las administraciones pre Chávez, se convirtieron en el principal argumento de la victoria de anoche. La disminución de la pobreza a menos de la mitad, de la indigencia hoy en un dígito, la abrumadora inclusión de millones de venezolanos en el campo de la educación (los datos oficiales de Unesco me eximen de más detalles) y la salud (la mortalidad infantil es de las menores del continente), las políticas de vivienda, se convierte en el principal factor explicativo del triunfo rojo. La dignidad ganada por los invisibles del Pacto Fijo en estas décadas explicitan los derechos intangibles obtenidos por los sectores más pobres del país chavista que se suman a las cuantiosas ganancias materiales de estos catorce años.

La evidencia que arrojan los datos de ayer, alertan de cara al futuro sobre las próximas jugadas del antichavismo. Clausuradas sus posibilidades en la vía electoral (sobre 13 elecciones, el chavismo perdió sólo una y por muy escaso margen), se esperan nuevas acciones en otros campos. La “salud presidencial”, la “sociedad dividida”,  el “enfrentamiento social”, serán, en las próximas semanas y meses, los argumentos de una derecha que a pesar de su fuerte apuesta de anoche, se vio nuevamente derrotada en el campo electoral. El voto popular, la fuente de legitimidad de cualquier sistema democrático, acudió nuevamente a la cita venezolana e ungió a Chávez para un nuevo mandato presidencial hasta 2019. Para los críticos del chavismo, en el país sigue gobernando una dictadura que paradójicamente se sostiene a partir del único principio que hace a la democracia ser democracia. El voto popular, expresión de la voluntad soberana continúa siendo hasta hoy el principal sostén de los gobiernos nacionales y populares que habitan nuestra Sudamérica

 

 

Mariano Fraschini : Doctor en Ciencia Política y docente (UBA- UNSAM)