Un análisis del kirchnerismo porteño

El kirchnerismo tiene, en la ciudad de Buenos Aires, varios factores que obstaculizan (tal vez de manera permanente) su pasaje a mayoría electoral. El histórico antiperonismo del distrito, vocación de sus votantes de constituirse en oposición al oficialismo nacional, la consolidación partidaria del PRO, entre ellos.

Sin embargo, hay un factor al que no se le ha dado mucha atención, pero que tiene su importancia. Me refiero a la falta de una clara hegemonía interna al interior del espacio kirchnerista.

Puede postularse que el kirchnerismo en general, no sólo en la ciudad de Buenos Aires sino en general, está constituido por tres sectores, o tal vez sea mejor decir “corrientes” para connotar un cierto dinamismo, internas. En una típica manera movimientista, estas corrientes se encuentran en permanente tensión, y el equilbrio relativo de su coexistencia es resuelto momento a momento y de maneras ciertamente puntuales y hasta precarias, por el liderazgo político de la hora.

Me referiré a tres identidades: el kirchnerismo progresista, el kirchnerismo puro, y el peronismo no kirchnerista.

El kirchnerismo no peronista o progresista agrupa los partidarios que se integraron al kirchnerismo desde identidades asociadas al progresismo no peronista: muchos de sus principales dirigentes vienen del FREPASO o inclusive hay algunos que provienen del radicalismo concertacionista u otras fuerzas de centroizquierda. Otros, sin embargo, provienen de las universidades, el mundo de la cultura o organizaciones de derechos humanos. Muchos de estos dirigentes tienen hoy pertenencia en kirchnerismo; sin embargo, todos ellos tienen una trayectoria anterior a él y, por lo tanto, ciertas preferencias y maneras de entender el fenómeno político que le son propias. Entre ellas, un discurso articulado alrededor de temas sociales y culturales caros a la cultura política de la clase media urbana (educación, salud pública, cultura), una desconfianza o ajenidad a la política partidaria y un buen manejo mediático, sumado a cierto personalismo.

Por kirchnerismo puro entiendo a los actores que se incorporan a la política desde y con el kirchnerismo, sin una trayectoria anterior relevante (en muchos casos por razones de edad.) Obviamente, el sector más importante de este espacio es la juventud kirchnerista, y sobre todo los jóvenes organizados alrededor de La Cámpora. Esta corriente es interesante en su relación con el peronismo, ya que es posible que si se les pregunta, la mayoría de estos jóvenes se reivindique como peronista. Sin embargo, su acercamiento es hacia un peronismo filtrado, por así decirlo, por la experiencia kirchnerista: en esta lectura, los Kirchner no son sólo otros dirigentes peronistas, sino que son líderes que están al nivel, por así decirlo, de Perón y Evita. En general, esta corriente, si bien ha dado mucho que hablar por los “lugares en las listas” que consiguió, no encabeza aún ofertas electorales relevantes, al menos para posiciones en el ejecutivo.

El peronismo no kirchnerista engloba desde los sindicatos hasta, sobre todo, los gobernadores e intendentes de los distintos distritos. En este caso, se trata de líderes organizacionesl y territoriales que preexistían al kirchnerismo y que, están seguro, seguirán existiendo luego de él. Por lo tanto, si bien reconocen los méritos de este proceso y (en general) prefieren acompañarlo (en algunos casos con sincera convicción, en otros mientras tal conducta sea electoralmente racional), dan la pelea para conservar sus espacios decisorios y mantener con Cristina Kirchner una relación de “primus inter pares,” sin reconocerla (en general) como líder única e indudable del movimiento.

Estas tres corrientes coexisten, rosquean, protestan y arreglan en todos los distritos del país. Lo que vuelve un caso particular a la CABA es que ninguna de las tres corrientes goza aquí de una hegemonía clara.

Vale decir: ni el kirchnerismo puro, ni el kirchnerismo progresista, ni mucho menos el peronismo no kirchnerista puede en la CABA garantizar un piso del 40% de los votos.

Durante años, parecía que sólo podía ser victoriosa aquí una coalición hegemonizada por el progresismo; esta coalición tuvo su última victoria en la elección de Aníbal Ibarra en la segunda vuelta del 2003. Queda claro que no es éste el caso, dada la sucesión de derrotas que listas encabezadas por figuras de este sector ha sufrido en la CABA. (Habría que sumar a la crisis del progresismo porteño el derrumbe electoral que sufrió en las últimas elecciones la UCR, así como también la casi desaparición de la CC.)

Sin embargo, queda claro también que en la CABA el peronismo puro no cuenta tampoco con la posibilidad de ganar por sí solo una elección (como sí lo hace en la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Formosa o La Pampa, por ejemplo.) Las fórmulas “peronistas clásicas” encabezadas por Jorge Telerman y por Jorge Todesca no llegaron a convocar más que a un puñado de votantes.

Se da así una aparente suma cero: si una fórmula progresista no alcanza hoy, por sí sola, para ganar, y es además rechazada por los votantes peronistas (rechazo que en el 2009 se manifestó en el voto peronista a Pino Solanas), tampoco parece que, por si sola, alcanzase para ganar aquí una fórmula más clásicamente peronista.

Tal vez esto hable de una situación pasajera, que puede revertirse con trabajo y liderazgo; y tal vez esto hable de una imposibilidad estructural relacionada con las características de la ciudad de Buenos Aires. .

: Politóloga. Me interesa la teoría de la democracia y el estudio del populismo.