Un grito de corazón

 

 

Terminó la disputa por las listas en el peronismo de la provincia de Buenos Aires. Cristina Kirchner encabezará la lista de candidatos a senadores de Unidad Ciudadana, Florencio Randazzo la del Frente Justicialista y Sergio Massa liderará la de 1País.

Algunas reflexiones, principalmente sobre lo que fue las discusiones entre el sector que encabeza Cristina Kirchner y el de Florencio Randazzo:

  • En primer lugar, la división del ex Frente para la Victoria en dos listas beneficia “en los papeles”, como dicen los periodistas deportivos, al oficialismo. Llevado al extremo, este argumento puede determinar que la elección de octubre se haya definido en junio. Puede haber ocurrido. Del otro lado, si se considera que en política no siempre dos más dos es cuatro (ni dos menos uno, tres), habrá que contar los votos al final para saber qué significa esta ruptura en términos de votos.
  • La disputa interna en los últimos meses se vivió, se analizó se pensó en todo lugar donde hubiera dos peronistas, dos kirchneristas hablando sobre la situación política en la calle, en el lugar de militancia, en el whatsapp. En todos lados. Pero fue una “pelea entre peronistas” (entre integrantes del espacio nacional y popular) muy diferente a las de otros tiempos.
  • Fue una pelea entre peronistas parecida a la de una familia tana un domingo cualquiera en la que el hijo se levanta y grita blandiendo el repasador, el padre trata de gritar más fuerte, la madre chilla, el primo mueve el brazo y torpemente tira el vino sobre la tía, mientras los chicos corren alrededor y pisan el gato, justo en el momento en el que la salsa de los ravioles en una cuchara que vuela cae sobre la chalina blanca de la nona. Una pelea que ocurre un domingo, en la que habrá más domingos.
  • En este sentido, no se pareció a las peleas históricas, más frías, más frontales y despreocupadas, más aparateras, menos “desgarradas”, menos afectivas entre herministas y cafieristas, entre cafierists y menemistas, entre duhaldistas y menemistas. No se pareció a ese Congreso del Odeón en el que unos matones le revolearon algún manotazo a Carlos Menem. Ni a ese otro congreso provincial realizado en algún lugar del Gran Buenos Aires en el que Eduardo Duhalde se escabulló sin ser congresal para decirle en la cara a Herminio Iglesias que la cosa no iba por ahí.
  • Como dijimos aquí, el peronismo (bonaerense) llegó al cierre de listas “más unido que lo que podría haberse previsto en la primera parte del año 2016” y a las vez “más desunido que lo deseable”.
  • La primera parte de la ecuación estuvo expresada por la insólita situación de dos dirigentes que llegan a la recta final de la disputa, como han sido en esta instancia Cristina y Randazzo, que no hablan mal en público el uno del otro, que expresan diagnósticos parecidos de la situación socioeconómica del país, llegando la última noche a participar de un encuentro de dos horas. La segunda parte estuvo plasmada en la inscripción de dos listas.
  • Tal como consideramos en esta nota que linkeamos, como suele ocurrir en la Argentina, es el Presidente y no los expresidentes u otros dirigentes de la oposición los que definen la cancha, delinean el panorama sobre la que se jugará. Son las políticas del Presidente -que han tenido especial impacto negativo en el Gran Buenos Aires- las que “unen” en términos de discurso a prácticamente todos los peronistas bonaerenses en las tres listas que mencionamos al principio, que hablan “el mismo idioma”.
  • También son las políticas del Presidente las que dejan -con la vigencia que por el momento muestra Cristina, se verá cuando se cuenten y se interpreten los votos en octubre- la “renovación” peronista para otro momento. Es decir: el que jubiló a Herminio Iglesias no fue tanto Antonio Cafiero sino un presidente en ascenso social, político, cultural (y en 1985 económico) como Raúl Alfonsín, cuyo eje político era la “democratización” de la sociedad argentina. El presidente Mauricio Macri plantea “dejar atrás el populismo” y el “pasado” junto con una vaporosas “mafias”, como parte de un “relato” que (aún) no le resta volumen político a Cristina. O dicho de otro modo, ese contexto que propone el Presidente y algunas jugadas de Cristina no le han permitido a Randazzo llegar al cierre de listas con el peso que hubiera querido.

  • Este cierre de listas peronistas tuvo tres o cuatro escenas claves. Una fue una cena de dirigentes en la casa de un diputado por la Ciudad de Buenos Aires la que Cristina “cayó a saludar”. La segunda fue la entrevista que Cristina dio al canal C5N en la que se vio a una expresidenta que no descolló y en la que recayó en varios tics del pasado, pero donde marcó una cancha en la que puso a Randazzo en un lugar de contendiente interno válido (aunque al mismo tiempo rechazó la posibilidad de internas). A partir de allí, al sector de Cristina se le complicó explicar por qué no quería las PASO. Y luego realizó la jugada “heterodoxa” de inscribir un frente sin el PJ. Uno podría arriesgar que en el promedio de la dirigencia y la militancia esa jugada no cayó bien. Pero que ese debate duró un día. Y, luego, la suerte de la estrategia de Randazzo (y su volumen político) ya parecían sellada.
  • El acto de Cristina en Arsenal y los nombres en las listas que planteó, con un esquema populista en el sentido lato del término, más al estilo 2011 que 2013-2014, terminan de plasmar un punto de largada para la campaña electoral, si no ideal, que muestra a la expresidenta con relativa fortaleza. Sobre todo, la muestra con unos reflejos de “cambio” de acuerdo al cambio del contexto (¿es otra cosa la política?) mayor al que uno hubiera esperado. Lo dice alguien que, como la mayoría de los que comentan política no hubiera esperado que Cristina se presentara como candidata, en una jugada que es riesgosa, pero que es política y que tiene argumentos concretos. Parafraseando a quien se preguntó cuántas divisiones tiene el Papa, Cristina tiene divisiones.
  • La estrategia de la expresidenta se coronó con la reunión con Randazzo, a quien -al menos en lo que se ve públicamente- le quedan pocos argumentos para señalar que no hubo voluntad de negociar listas.
  • En síntesis: la “renovación” del peronismo luego de una derrota parece quedar para otro momento y no por capricho de Cristina. La “virtù” que pudo poner y la “fortuna” hicieron que ella no esté en esta instancia jubilada o “resistiendo en la torre de un castillo”. Se presenta porque tiene con qué, pone esa lista sobre la mesa -por ejemplo, con un dirigente importante y respetado del Movimiento Evita- porque puede. Como se dijo: en esto interviene tanto lo que ella puede realizar, aportar, “jugar”, como las circunstancias, en las que pesan las limitaciones políticas y económicas del Gobierno nacional para construir un proyecto político amplio que contenga, por ejemplo, a millones de argentinos que habitan en el Gran Buenos Aires.

Imagen.

: "Escriba" es Nicolás Tereschuk. Politólogo (UBA), Maestría en Sociologìa Económica (IDAES-UNSAM). Me interesa la política y la forma en que la política moldea lo económico (¿o era al revés?).