Un hombre partido por el partido

Ricardo Alfonsín acaba de tomar un par de decisiones que lo muestran cabalmente como lo que, seguramente, siempre quiso ser: un verdadero hombre de partido.
Veamos: en primer lugar privilegió una alianza con el peronista (?) disidente Francisco De Narvaez en la provincia de Buenos Aires, dinamitando así la supuestamente más “natural” coalición que venía enhebrando trabajosamente con el socialismo y el GEN de Margarita Stolbizer.

Apenas fracasadas definitivamente las negociaciones con Hermes Binner, anuncia el acompañamiento en la fórmula presidencial del economista Javier González Fraga.
Meditemos un instante sobre las supuestas motivaciones tácticas de tales decisiones del candidato radical y luego esbocemos algunas hipótesis un tanto más estratégicas acerca de su accionar en el marco del impacto que las mismas puedan tener sobre el radicalismo.
A simple vista, superficialmente, Ricardo pareciera haberse inclinado por una jugada audaz en su alianza con “el colorado”, jugada que incluso anunció: “puedo ganar sin los votos socialistas, pero no puedo hacerlo sin votos peronistas”. Lo endeble de esta apuesta es suponer que los votos son “transmisibles” automáticamente, pero aceptemos por un rato que sí. Demos por válido que los votos que tuvo De Narvaez en el 2009 –votos acumulados alrededor del eje “peronismo peronista versus kirchnerismo izquierdizante” ahora irán en fila india a la alcancía radical.
Diferentes parecen ser los motivos de la elección del economista González Fraga como su compañero de fórmula. Vamos!  Que González Fraga debe tener como mucho un 8% de conocimiento público, incluyendo entre ellos a los fanáticos del dulce de leche como yo. Claramente aquí el radicalismo ha decidido “enfrentar” uno de los fantasmas que lo persiguen desde de la Rúa y aún antes: su pésima capacidad de manejo de la economía. Entonces, haciendo abuso del abecé de una de las mitades en que se dividen las bibliotecas “de campañas”, dijeron: enfrentemos nuestras debilidades y asumámoslas en vez de ignorarlas y ocultarlas.   O lo que es lo mismo: lejos están, con esta decisión, de intentar captar votos masivamente. Lo que se intenta es otra cosa: una señal –en primer lugar- a “los mercados” y al establishment  y, en segundo término,  ver si pueden rascar un cachito de votos del deshilachado peronismo federal de Duhalde, Das Neves y Rodriguez Saá. No está de más el señalar que cuando se dan señales al establishment un subproducto de eso es juntar bastante tarasca para la campaña, así que en eso Gonzalez Fraga “suma”.
Ahora bien, repasemos estos dos últimos párrafos y supongamos que estamos por lo menos cerca en el diagnóstico. Bien: no parecieran, prima facie, mover el amperímetro ninguna de las dos en tanto intención de voto. O lo que es lo mismo: ¿para qué lo hace Alfonsín? ¿por qué dinamita una histórica relación “social-demócrata” con el socialismo argentino  y decide ir a contramano de lo esperable, no sólo según su propio discurso, si no, sobre todo, a contramano del espejo en el que se miran los radicales antes de ir al comité a hacer internas, ese espejo en el que son progresistas además de republicanos?
Quizás, y sólo quizás, y esto tómese como una alocada hipótesis, se deba a que el radicalismo empieza a asumir –¿demasiado tarde?¿demasiado pronto?- que la única alternativa que tiene de supervivir sea ocupar la vacante franja de centroderecha, inexistente en el actual  tablero político argentino. Una centroderecha moderna, liberal, republicana de verdad, respetuosa del sistema democrático en serio. Por supuesto, de ser consecuentes con esta estrategia, quien hipotéticamente se beneficiará de ella serán los Sanz. Eso sí: con mucha surte y viento de cola, recién en 2015.
¿Será consciente Ricardo Alfonsín de esto? A mí me gusta pensar que sí. Y que perdido por perdido, elige el partido. Y que es su homenaje a su padre –hombre de partido si los hubo- y al radicalismo, que parece que vuelve, por suerte,  por el bien de nuestra democracia, a doblarse en vez de romperse.

Ojalá sus correligionarios puedan valorar esa entrega.

Mendieta : De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.