Un mañana

 

Hay tantas formas de votar como votantes.  Están los que se despiertan temprano, van, votan y después compran el diario y medialunas. Los que van antes de pasar a comprar ravioles. Los que organizan asados. Los que llegan casi a las seis, porque la noche anterior anduvieron eligiendo. Están los señores que se ponen corbata y libreta en el saco, los que van con la camiseta de su equipo y están las señoras que se arreglan, los que llevan a los chicos al cuarto oscuro, los que nos robamos boletas de recuerdo, los que no creen en nada, los que creen en todo, los que confían, los que no.

Hay tantos votantes como votos. Los que pueden elegir todos los días en el mercado y los que en el mercado todos los días tienen que elegir las ofertas. Los que van caminando silbando la marcha, los que tienen la excusa de volver a su pueblo, los que no quieren volver, los que bajan del cerro, los que suben al remise, los que van en las motitos, los que se esconden en el country, los que hacen el país, los que hacen su agosto y los que hacen sus octubres.

Hay tantos votos como ciudadanos.  Los ricos, los pobres, los zurdos, los fachos, las mujeres, los hombres, los putos, las putas, los sabios, los locos, los borrachos, los inteligentes, los intelectuales, los carpinteros, los blancos, los negros, los esperanzados, los cínicos, los renegados. Los que me gustan a mí, los que detesto.

Hay tantos ciudadanos como electores. Los porteros de la escuela que la abren. Los pibes del Ejército con sus fals. Los policías. Las autoridades de mesa. Los fiscales. Los del correo. Los que llevan las viandas. Los del centro de cómputos. Los que se apasionan. Los que le importa tres carajos. Los demás.

Hay tantos electores como elecciones. Los que eligen a tal y a cual, los que descartan, los que van con fiaca, los que van felices, los que no van y no saben que eligieron, los que votan en blanco y tampoco, los que se juegan, los que rompen tradiciones familiares, los que las fundan y los que las funden.

Hay tantas elecciones como mañanas. Las que cambian algo. Las que no cambian nada. Las que van cambiando de a poquito. Las primeras tan ochentosamente esperanzadas, las que olvidamos, las que no me quiero acordar.  Las que eran especiales, las que se tornaron rutina. Las que consagran minorías poderosas. Las que paren mayorías débiles. Las circunstanciales. Las que van a pasar a la historia y las que no. La de mañana.

Hay tantos mañanas como querramos, y sepamos, y podamos, y tratemos, y logremos, construir.

Elige tu propia aventura. Es tu día. Disfrutalo.

 

 

 

 

 

 

 

Mendieta : De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.