Venezuela: panorama por estas horas (y por estos 3 años)

CaracasHablar de Venezuela en el contexto político y social en el que transita hoy Sudamérica, es todo un desafío. Cualquier lector o lectora que tenga entre sus alertas en la web el nombre de Nicolás Maduro observará que las noticias sobre el mandatario bolivariano son muchísimas. Y casi siempre las mismas se repiten como un calco. Originadas desde el norte del hemisferio transitancual velocidad de rayo por el resto de los medios online e impresos hasta llegar a nuestro país. Prácticamente no hay distorsión en la información, sólo un “copie y pegue” notable, que repite hasta el hartazgo, títulos y frases de la contundencia de: “Maduro sólo tiene un 18% de aprobación” “De haber referendo, el gobierno perdería por más del 70%”, “Venezuela  vive su peor crisis desde su historia”, “la oposición denuncia….”  y podríamos seguir un largo rato. Es decir, la opinión pública ya dictaminó que el gobierno de Nicolás Maduro es ilegítimo porque su performance económica es nefasta y porque el pueblo, entendido como las “encuestas online”, quiere que “se vaya”. Nada parece conmover esta sentencia. Estamos asistiendo a los últimos días de un gobierno fraudulento, autoritario, antipopular y dictatorial. Sí, todo eso, junto.

Pero vamos de a poco y contextualicemos el momento:

  • Desde que Nicolás Maduro inició el 19 de abril de 2013 su presidencia, no ha habido una semana en la cual la oposición no le haya propuesto algún tipo de zancadilla mediática, callejera o económica. Desde la misma noche del 15 de abril, a menos de 24 horas de haber caído derrotado en elecciones limpias (y reconocidas por observadores internacionales, Centro Carter, entre ellos) el candidato opositor Henrique Capriles llamó a salir a la calle a mostrar su disconformidad. Una decena de ciudadanos venezolanos (la mayoría chavista) fallecieron en lo que se convirtió en la primera de las “guarimbas” realizadas por el antichavismo desde la victoria electoral del heredero de Hugo Chávez.
  • Durante todo ese 2013, la oposición jugó sus cartas a dos tácticas: a) el derrumbe económico, vía desabastecimiento (la mayoría de las cadenas de distribución estaban en manos en esos momentos del antichavismo, y algunas hasta hoy lo siguen estando) y b) la elección municipal de diciembre de ese año, a la que el propio Capriles denominó “el plebiscito de la gestión Maduro”. Por más del 10% de los votos (incrementando inclusive la diferencia electoral de abril de ese año), el chavismo logró vencer en el “plebiscito opositor” y obligó por unos meses a la oposición a sentarse en la mesa de negociación política que el gobierno comenzó a impulsar luego de su victoria electoral. Pero la paz duró un suspiro, ya que para principios del 2014, el antichavismo, con el ala más belicosa en la conducción del proceso de deslegitimación, fue por “la cabeza de Maduro”. Es decir, a sólo mes y medio de salir derrotadosen las elecciones en la que apostaron a sacar de un plumazo al presidente electo, el dirigente de un marginal espacio político denominado “Voluntad Popular”, Leopoldo López tomó la delantera y le puso cuerpo a la protesta que tenía como fin “terminar con el gobierno”. Las consecuencias de esta irresponsabilidad política fueron, una vez más, trágicas para Venezuela. Más de 40 muertos y centenares de heridos dieron cuenta de los cruentos choques entre las fuerzas de seguridad, el chavismo y la oposición.
  • El año 2014 continuó con esa tónica. Cuando se cumplieron dos años de la partida de Chávez me encontré escribiendo esto “todo el 2014 se caracterizó por los amagos de protesta violenta, desabastecimiento económico, inflación de dos dígitos estructural, dólar por las nubes, acaparamiento a pleno, la muerte selectiva de figuras del chavismo (el asesinato del joven Robert Sierra) y un jaqueo mediático internacional permanente sobre el gobierno”. En ese contexto de inestabilidad económica y política el gobierno de Maduro no logró revertir los males endémicos que desde 2011 atacan el país: la imposibilidad de desactivar los nudos estructurales de una economía aún dependiente de la renta petrolera y que importa casi todo lo que come. Desde allí que la dependencia de la burguesía comercial importadora que juega sucio sobre la economía venezolana, sea otro de los cuellos de botella del aparato productivo venezolano. Las estatizaciones y nacionalizaciones realizadas en época de Chávez tampoco resultaron ser, por su improductividad y pericia en la gestión, un objetivo alcanzado en la ruta hacia el socialismo del siglo XXI.
  • El año 2015 continuó con la tónica del anterior: el oficialismo no encontrándole la vuelta a la situación económicaen un contexto sumamente adverso a escala internacional, y una oposición con un andar mejor en términos de simpatías sociales, pero incapaz de garantizar un orden estable. En ese marco, una economía deteriorada con el precio del petróleo a niveles históricos, emergencia de un fenómeno extendido de contrabando general, largas colas para conseguir alimentos, sumado a un proceso inflacionario indetenible, pintó el paisaje político del segundo año de Maduro en el gobierno. El chavismo a pesar de contar con un conjunto de recursos de poder de distinta clase a ese momento (dominio de la Asamblea Nacional, mayoría de gobernaciones y alcaldías, movilización popular, el monopolio de la fuerza legítima en sus manos) no ha sabido (o no ha podido, o no ha querido) disciplinar las fuerzas económicas contestatarias al proceso, impidiendo con ello lograr una economía menos desequilibrada.Esta fue la principal razón de la derrota electoral de finales del año pasado, donde la oposición arrasó en votos y en bancas, logrando las 2/3 partes de la unicameral Asamblea Nacional. Como se expresó acá la MUD recogió todo el descontento de buena parte de la sociedad (aún la chavista que optó por la abstención) con la administración Madurologrando vencer por segunda vez en su historia, con una diferencia de votos nunca antes ocurrida.
  • Para el año 2016 se esperaba que la oposición construyera una opción de “salida de Maduro” a partir de este resonante triunfo electoral y avanzaran “más temprano que tarde” hacia la activación del referendo revocatorio, un instrumento legal en la Venezuela chavista. Los plazos estipulados constitucionalmente se abrieron a partir de enero de este año. Sin embargo, fiel a su costumbre, el anichavismo tomó el atajo y volvió a abrazar la bandera del “golpe de mano”, y con la apoyatura internacional mediática, de EEUU y de la OEA, vía su titular Almagro, llevó adelante dicha estrategia deslegitimadora creyendo que el gobierno de Maduro caería cual “castillo de naipes”. Eso no ocurrió. En el plano internacional, también el “nuevo” Mercosur, haciendo oídos sordos a que se trata de un acuerdo entre países y no entre gobiernos, quiere “sacarse” de encima a Venezuela, sólo porque no le gusta su presidente. En fin. A pesar de la inestable situación económica y política, pareciera que la sociedad venezolana, en su mayoría desea soluciones de carácter legal para procesar las transformaciones institucionales políticas.

  • En ese marco, la errada estrategia opositora, le impide ahora llegar con los tiempos para activar el referendo de destitución legal de Maduro, y que esto implique la apertura de un nuevo proceso electoral. Para dejarlo claro: si la oposición logra hacerlo antes del 10 de enero, de vencer podrá lograr que se convoque a elecciones anticipadas para elegir un nuevo presidente. Si lo hace luego de esa fecha y logra ganar el referendo, los dos últimos años de mandato chavista los completará su vicepresidente. Desde allí el apuro del antichavismo por realizar esta compulsa electoral este año. Los especialistas aclaran que resultará sumamente complicado hacerlo durante el 2016. Por ello, hoy asistimos nuevamente a la presión del coro mediático internacional acusando al Consejo Nacional Electoral de ser un órgano chavista, y de estar retrasando los tiempos para convocar al referendo. Sin embargo, la responsabilidad mayor la tiene la oposición quien prefirió en lugar de jugar el camino de la institucionalidad, el atajo de la ilegalidad.
  • Una interesante nota aparecida en el diario “La Nación” da cuenta de la complejidad y de los “mitos” que hoy se ciernen sobre Venezuela. Un país que se encuentra “bombardeado mediáticamente” desde hace décadas, pero que logra solucionar (por ahora) sus entuertos políticos desde adentro de sus fronteras. Pero una sociedad que aún se encuentra activa para resolver su principal clivaje desde 1998: chavismo vs antichavismo.
  • ¿Los problemas del país son culpa sólo de una oposición muy seducida por la ilegalidad política y económica? Creemos que esa hipótesis en solitariono no explica la complejidad del proceso. El desgaste de la gestión, los problemas para resolver cuestiones de la cotidianeidad, las escisiones que comienza a emerger en el interior del chavismo (Marea Roja, el sitio Aporrea, algunos militares que aprietan por izquierda), el fenómeno del “Bachaqueo” que dificulta aún más cazar al contrabando de alimentos que cada vez se hizo más extendido, y una ineficiencia y corrupción en la gestión de las empresas nacionalizadas de las que el propio Chávez dio cuenta en su famoso último discurso del “Golpe de Timón”, son los más importantes problemas para el gobierno de Maduro. El “chavismo sin Chávez” deberá ser ora dimensión a tomar en cuenta en este contexto. No tenemos a mano una experiencia histórica similar para poder comparar cómo se procesan las sucesiones presidenciales y como afecta al conjunto del movimiento. Pero queda en evidencia, y es más que obvio expresarlo, que Maduro debió reemplazar a un gigante que jugaba en varias Ligas.A pesar de todo esto, en la última elección el chavismo alcanzó casi el 40% de los votos, una cantidad de votos increíbles para un contexto político tan desastroso.  Hasta sus críticos reconocen que el chavismo conserva aún una base social importante que se niega, a pesar de las dificultades, a entregar su confianza a la MUD
  • Como ya hemos dicho en otra oportunidad “las causas de esta debacle económica nos remiten a interrogarnos acerca de la complicidad de la oposición venezolana en la guerra económica que sufre el país (desestabilización política y desabastecimiento económico, sobre todo) y la insuficiente respuesta del gobierno para dar cuenta de esta problemática y darle una solución”. En este terreno, el gobierno aun pese a contar con vastos recursos de poder a su alcance, no pudo liquidar los innumerables desafíos planteados por los sectores productivos que lo adversan. Los acuerdos con el capital por parte del gobierno (que generan en forma simultánea críticas internas y formación de un espacio político que “corre por izquierda” a Maduro) no ha logrado resultados alentadores.
  • Desde hace un tiempo a esta parte se viene insistiendo desde este blog que el dilema de la situación política venezolana se encuentra en que el chavismo tiene la fuerza material, simbólica y de apoyos populares que le garantiza sostenerse en el gobierno, mientras la oposición a pesar de su triunfo reciente y de contar en su haber hoy con las mejores posibilidades de vencer en el referendo, no logra convertirse en una opción de estabilidad política para el país. Para decirlo crudamente, hoy el chavismo (a pesar de lo dicho en los párrafos precedentes) sigue siendo la variable que garantiza la estabilidad (y el orden) en el interior de la sociedad venezolana. Cierto olor a “empate catastrófico” se yergue sobre la patria de Bolívar.

Para el 1° de septiembre se viene una nueva marcha opositora que tiene por finalidad “apurar” los trámites del referendo, y como siempre, tensionar con el gobierno de Maduro. Se autodefinió como “la Toma de Caracas”. Se espera que sea multitudinaria, muy lejos de los millones que se movilizaban en 2002 y 2003, pero mayores a las de la campaña electoral de los últimos años que dieron razón al mote de “escuálidos” que les endilgó en vida Chávez. También es un momento para observar cuál es la actitud que tomará la oposición en ese contexto de movilización. Esperemos que prime la legalidad y no el atajo. Por los antecedentes históricos, sin embargo, la segunda opción sería (si habría que apostar) el camino de la oposición. Viene muy “agrandado” el antichavismo, y cuando eso pasa, obliga estar atentos a lo que sucederá en tres días en la capital venezolana.

Dos más dos son cuatro, cuatro y dos son seis (o algunas obviedades que se pasan por alto)

  • Venezuela es acusado de ser el un país no democrático, y desde 1998 cuenta en su haber 18 elecciones. Más de una por año
  • Es una de las pocas Constituciones en el mundo que prevé que legalmente se revoque el mandato a un presidente electo democráticamente (lo pone el pueblo, lo saca el pueblo)
  • Nicolás Maduro ganó en abril de 2013 con un porcentaje superior al 1,5% a su competidor Henrique Capriles. La oposición (sumado el coro mediático internacional y la derecha regional) cantó fraude y habló de empate técnico.
  • Extrañamente en Venezuela hay voto electrónico, un instrumento electoral que tanto los gobiernos antichavistas de Brasil y Argentina quieren imponer en sus países por su transparencia y credibilidad
  • Habría que sumar a lo anterior que varias elecciones se definieron luego de esa fecha por un porcentaje similar (alrededor del 2%) y nadie osó decir que “el país está partido en dos”. Argentina 2015, Perú 2016, ejemplos claros de lo dicho
  • Brasil y Paraguay intentan sacar a Venezuela de la presidencia del Mercosur porque “no es democrático”. Lo dicen quienes desalojaron del gobierno ilegalmente a dos presidentes electos legítimamente (Lugo y Dilma)
  • En línea con esto ¿Le interesaría en algo a EEUU y sus gobiernos satélites en la región en algo si Venezuela no fuera la mayor reserva de petróleo del mundo?¿Estaríamos hablando de ella?
  • Desde que se inició el gobierno de Maduro, murieron en enfrentamientos públicos más de 100 venezolanos y venezolanas. Más de la mitad eran chavistas. Esto refuta cualquier argumento que se apoye en que el gobierno reprime opositores.
  • Y para terminar, el oficialismo chavista ha reconocido en el mismo día las dos derrotas electorales (diciembre de 2007 y 2015). La oposición aún sigue sin reconocer el referendo de agosto de 2004 (hasta hoy no se mueve de la palabra “fraude”) y no reconoció, al menos públicamente, la victoria de Maduro en 2013. Un barbudo Capriles asistió en diciembre de 2013 al Palacio de Miraflores convocado por el presidente, tal vez eso sea lo más parecido a un reconocimiento.
: Doctor en Ciencia Política y docente (UBA- UNSAM- FLACSO)