ContactoLeemos con agrado que el Gobierno nacional destinó fondos para las provincias que sufren la sequía. También que se habla de mil millones de pesos para los productores agropecuarios en problemas.
Pues muy bien. Algunos en este blog creemos que así como está la sequía, está la malaria. Y que no estaría nada mal que, cuando se trate en breve el Presupuesto 2009, se incluya parte del proyecto al que siendo las 13:58 del 5 de julio pasado la Cámara de Diputados le dio media sanción. Sí, se trata de aquella iniciativa del Ejecutivo que hablaba de las retenciones móviles. La del del voto “no positivo”.
Resulta que el proyecto tenía una parte muy interesante en su Capítulo V. La creación de un “Fondo de Redistribución Social”. El texto puede leerse completo acá.
El trunco fondo tenía por hubiera tenido por objeto “financiar la construcción, ampliación, remodelación y equipamiento de hospitales públicos y centros de atención primaria de la salud; la construcción de viviendas populares en ámbitos urbanos o rurales; la construcción, reparación, mejora o mantenimiento de
caminos rurales y el fortalecimiento de la agricultura familiar”.
Según el fenecido artículo 22, los fondos adicionales obtenidos en concepto de retenciones iban a ser destinados así:
a) HOSPITALES PÚBLICOS Y CENTROS DE SALUD: cincuenta por ciento (50 %).
b) VIVIENDAS POPULARES URBANAS O RURALES: veinte por ciento (20 %).
c) CAMINOS RURALES: veinte por ciento (20 %).
d) FORTALECIMIENTO DE AGRICULTURA FAMILIAR: diez por ciento (10 %)
El proyecto murió por un voto en el Senado. Pero no nos ahoguemos en un vaso de agua. Si buscamos un buen abogado, casi seguro que no habrá problemas en camuflar un poco la idea como para que no nos digan que el tema ya obtuvo tratamiento parlamentario este año y que hay que esperar hasta 2009.
¿Y la plata? dirá usted. Bueno, vamos che. No nos digan que no queda un solo creativo en el Gobierno. Vamos, vamos. Aunque sea diez hospitales para 2009, diez para 2010 y otro tanto para 2011. Que no decaiga.
(Autor de la foto).

Hay una realidad más o menos clara en la estadística política de al Argentina reciente y es que ningún gobierno democrático se ha recuperado de un voto “no positivo”. Tampoco se ha recuperado la economía.
Ya sé que la política no puede analizarse con el estilo de los periodistas deportivos que pueden decirte que este equipo nunca se recuperó de dos goles en contra en ningún Torneo Clausura que se haya jugado en año bisiesto. Ponele. Pero los datos no son para despreciar.
En 1987, Alfonsín sufrió una derrota fuerte en elecciones legislativas y para gobernadores y no se recuperó. Un año más tarde se le escurría el Plan Primavera y en 1989 la situación política y económica estalló.
Menem perdió en las elecciones de 1997. Al año empezó la recesión y después vino el recambio de gobierno hacia la Alianza.
Ni hablar de las legislativas de 2001 con Duhalde y Alfonsín senadores. A De la Rúa se le cayó toda la estantería.
Los argentinos saben e todo esto. Si no lo recuerda, lo intuyen. El hombre “de a pie” y también los actores más o menos pesados, políticos y económicos. Por donde veo se actúa en consecuencia. Nadie cree en serio que el Gobierno pueda recuperarse de la “crisis del agro”. Nadie cree del todo que el año que viene sea como los anteriores en materia económica. Ni social, agregaría yo.
La presidenta Cristina Kirchner señaló el otro día que hay “intereses que quieren un Gobierno más light“. El análisis parece acertado pero ¿qué se puede hacer? Porque supongo que además de analizar, la mandataria piensa en cómo actuar (¿?).
El otro día escuché al director ejecutivo de Canal 7, Martín Bonavetti, en una entrevista radial. Ni idea de quien es. Pero veo cómo está Canal 7. Y me parece que dio alguna clave sobre cómo hacer lo imposible, o sea, que el Gobierno se recupere. Dijo este buen hombre algo así como que “Canal 7 no debe fijarse en el rating”. Y que la mejora en la gestión del Canal se logró dándole cuerpo al concepto de “Televisión pública”.
Ergo: no mirar el rating y labruar sobre un concepto que a) te simplifique las decisiones -que uno ya sepa qué tiene que decidir, porque de antemano está el concepto de para dónde se va- y b) derive en alguna mejora concreta en el mediano plazo. En ningún caso (”no mirar el rating”) esas ideas deberían estar sólo en entre las prioridades de la clase-media-urbabna. Ponele una sola de alguna de estas:
Algo que quede. Algo que no te puedan sacar. Algo que no dé votos ya. Algo que, si igual te van a voltear, te permita volver. O que no les permita a los otros escribir toda la Historia.

“…ella quería una escapada a Fortaleza”.
Llego un poco tarde a este debate, el de nuestra “posgraduación” política. Supongo que eso fueron estos últimos cinco meses. Se ha escrito mucho y muy bien, por lo que pude seguir parcialmente, y sólo se me ocurren un par de cosas bastante poco originales.
De lo que se trata, claro, es de pensar sobre las derrotas de los proyectos que han impulsado en las últimas décadas algún tipo de cambio más o menos sustancial en lo político y social. Porque lo que ocurrió la madrugada en la que Cleto Cobos entró al Gran Panteón de los Traidores Radicales -donde descansan los dobleces de Frondizi y Alfonsín- fue un fuerte retroceso para la última y frágil coalición que buscaba algún tipo de representación concreta de los sectores de ingresos fijos o sin ingresos.
Un oficialismo sin aliados-con-bancas no logró que el Congreso votara la imposición más progresiva en 25 años de democracia, destinada a financiar hospitales y viviendas populares con fondos de sectores que obtienen ganancias extraordinarias. Nótese que el Congreso de Reutemann, Menem, “Chiche” Duhalde, los radicales, Claudio Lozano y los puristas del “SI” -que, en general, levantan la mano cuando se dice “NO”- es muy similar al mismo que se cansó de votar ajustes e impuestos para los sectores de ingresos fijos (extensión y aumento del IVA a todo lo que se mueve, confiscación de salarios y jubilaciones, etc.).
A partir de esto, las conclusiones no pueden ser sino bastante conservadoras. Hay que volver a pensar en las -lo lamento- “condiciones objetivas”. Y darse cuenta que todos los intentos de cambio político y social que registra nuestra memoria reciente no han sido “en última instancia” más que un bluf.
Los Montoneros llegaron a mover un millón y medio de personas pero ¿no era acaso Perón quien las movía realmente? ¿no habían sido los Rucci los que habían sostenido en medio del desierto la lucha de los sectores populares por las condiciones de vida ganadas? ¿no era verdad entonces que “algunos imberbes pretenden tener más mérito que los que durante veinte años lucharon”? Los Montoneros, por lo tanto, blufeaban. Decían y a algunos les hacían creer que tenían el ancho de espadas pero esa carta estaba en otro lado, junto con el grueso e los sectores populares. Apenas con la Triple A ya los habían derrotado militar y políticamente.
El alfonsinismo decía y a algunos les hacía creer que iba por el Tercer Movimiento Histórico pero ¿qué había detrás realmente? Un bluf. Si Alfonsín hasta amagaba con el Grinspun del 63 para luego ir por el proto-ajuste de Sorrouille. O si llamaba a la Plaza para luego pactar con los “héroes de Malvinas” -y ni que hablar de los capitanes de la industria-. Tarde o temprano se sabe la verdad.
Sobre el Frepaso no es necesario ahondar mucho ¿no? Pero digamos que era como decir “quiero” con 22 para el envido y una Fernández Meijide de bastos.
El kirchnerismo seguramente tenía la necesidad política de blufear, por falta de base de sustentación real. Pero luego vienen las derrotas y las consecuencias de ellas, inevitables en política. Y la cosa allá afuera no está como para perder una vez más. Ni siquiera sabemos si se va a poder bancar la cosa luego de la reciente derrota.
Así que, yo diría, a volver a pensar en las condiciones objetivas. Despacito y por las piedras. Basta de blufear. Habrá que irse al mazo todas las veces que sea necesario hasta que toquen buenas cartas. Después de todo, por ahora, este es un país en el que, por el momento, las coaliciones políticas que ganan se arman en torno a bandas de sonido parecidas a estas.
Algo habíamos esbozado aquí. Somos unos idiotas. Tenemos la responsabilidad política de lo que pasa. Y lo que pasa es que en la Argentina el Congreso es una institución que baila al ritmo del dinero y el estatus.
Lo fue cuando el vecino de Vicente López Juan Carlos Blumberg impulsó un descontrolado paquete de leyes “anti-delito” en el Congreso y se votó cualquier cosa generando problemas en las escalas penales y hasta en las medidas que toma el Estado para prevenir el delito.
Lo es ahora cuando, por tratar de no tocar las retenciones el oficialismo ofrece miles de millones de mangos en compensaciones para los productores agropecuarios. En un país donde tenemos un “núcleo duro” de pobreza que no sabemos cómo vamos a dejar en el pasado y donde la precariedad abunda.
¿Y cuál es nuestra responsabilidad política, la de los sectores de la sociedad que tenemos ingresos fijos o no tenemos ingresos? La de no sostener más, muchas más acciones como las que llevó adelante en noviembre pasado el diputado Héctor Recalde.
El abogado laboralista vinculado a la CGT impulsó un proyecto para declarar como remunerativo el dinero que se paga a través de “tickets”. La medida impactaba en 1.600.000 trabajadores.
Le hizo una cámara oculta a empresarios vinculados a la otrora poderosa Cámara de Empresas de Servicios de Vales Alimentarios y Similares (CEVAS) cuando le ofrecían sobornos millonarios y -como Blumberg, o De Angeli- llevó así de las narices a la Cámara de Diputados y a los medios de comunicación derechito a la aprobación de la ley. (Una disgresión: los bienpensantes como Claudio Lozano nunca, pero nunca logran que se aprueben proyectos con tanto impacto).
La acción política es lo que posibilita cambiar las cosas. Y la acción política es antes. Es afuera del Congreso. ¿O necesitamos más enseñanzas luego del lockout del agro?
Necesitamos una acción política que obligue, que haga que parezca imposible no votar a favor, como pasa ahora con el lobby feroz de los empresarios agropecuarios. ¿O somos idiotas?
Tuve la oportunidad de ver ayer por TV un rato del histriónico y casi estudiantil plenario de comisiones de Agricultura y de Presupuesto de Diputados. Los legisladores tienen ahora, parece, un súbito afán participativo.”Van a hablar todos, vamos a escuchar a todos, tiene la palabra allá el señor”, decía el presidente de la Comisión, en mangas de camisa, muy “trabajador” él.
Los legisladores -al menos los más gritones- muestran también un cierto desdén por las medidas adoptadas por el Ejecutivo nacional para recaudar, por ejemplo las retenciones, -sean, como se dice en el oficialismo, instrumentos de “política económica” o, como sostiene la oposición, un mero manotazo “fiscalista”-.
Yo, la verdad, no recuerdo que los legisladores de otros tiempos, ni muchos de estos hayan sido tan “participativos” y abiertos a la “sociedad civil” en otras oportunidades. Ni que hubieran sido cruzados contra las medidas “fiscalistas”.
Más de 800 marchas hicieron los jubilados al Congreso para pedir por el 82 por ciento móvil. “Si tienen tanta fuerza para protestar y mandar a policías al hospital, bien podrían tener fuerza para trabajar, y no lo hacen”, dijo al inicio de las protestas Carlos Menem. Los legisladores actuaron en consecuencia. Ni bola dieron por los 450 pesos de mínima.
Tampoco hubo mucho afán “participativo” o “anti fiscalista” cuando se trató el impuestazo de Machinea sobre los bolsillos de las clases medias urbanas. Ni cuando Eduardo Duhalde reclamaba la derogación de la figura de subversión económica, a pedido del FMI. Ni siquiera cuando el kirchnerismo renovó el impuesto a los cheques.
Bueno, por lo menos se abrió la participación-para-propietarios-bonachones. Es un avance. La mejora de la calidad institucional, que le dicen. Ah, para cuando gobierne la derecha ya voy sacando mi turno para ir a plantear mis temas a Diputados. Supongo que me van a dar bola.
Autor de la foto.
Hay un nuevo sujeto político y no es el agro. Es el que estuvo ayer en la Plaza de Mayo y la reventó de gente. Son trabajadores (representados por los dos secretarios generales de las dos centrales sindicales de la Argentina), dirigentes políticos e intelectuales. ¿Qué bancan?
* Un país en el que vaya mejorando la distribución del ingreso.
* Un país donde el modelo de desarrollo socioeconómico lo va definiendo y re-definiendo el Estado.
* Un país en el que hay más voces en los medios de comunicación de las que primaron en los últimos 25 años.
Ese proyecto político está hoy hegemonizado (puede leer toda la teoría política que quiera, pero hegemonizado quiere decir el-que-la-tiene-más-larga-aquí-y-ahora o bien el-que-puede-hacerle-creer-eso-a-la-mayoría) por el matrimonio Kirchner, lo cual tiene todos los problemas que se señalan acá desde adentro de ese proyecto político.
En el marco de ese proyecto político, como herramienta de política económica se sostienen las retenciones a las exportaciones de determinados productos. Este sector es hoy la (centro) izquierda realmente existente.
Hay otro proyecto político en la Argentina. ¿Qué banca?
* Un país en el que la distribución del ingreso vaya mejorando como consecuencia de que determinadas actividades se apropien de toda la renta que puedan.
* Un país en el que se dictan determinadas reglas -en general de dejar hacer- y el Estado no puede sino darle a ese esquema “seguridad jurídica” para que nadie más lo toque.
* Un país en el que los medios de comunicación están hegemonizados más o menos por las mismas voces de siempre.
En ese proyecto están hoy las entidades agropecuarias y todos los dirigentes de la oposición. Por esos puntos que bancan, más algunas cosas más -en esa coalición hay defensores de las políticas de la última dictadura militar- ese sector es de (centro) derecha. Usted me dirá que hay “compañeros” de la Federación Agraria allí que… Y que también hay “compañeros” de algún otro partidín político que… Bien. Esos compañeros juegan políticamente en el marco de una coalición política de centroderecha.
Hoy la presidenta Cristina Kirchner dijo: ¿no les gusta lo que hay? Bien, son de derecha. Armense un partido político de derecha y ganen las elecciones. Cualquier cosa que vaya por fuera de eso (sobre todo porque son de derecha y ya se sabe cómo opera la derecha en la Argentina) es desestabilizador.
Ahí estuvimos. En esa Plaza en la que no cabía nadie más (hubo mucha más gente que en la última Plaza). Estuvimos del lado de Rivadavia, donde estuvo Hugo Yasky, los dirigentes políticos que mandó Martín Sabbatella (quien debía presidir un encuentro de un organismo internacional), otros dirigentes sindicales y los intelectuales de Carta Abierta. Ese fue el sector que arrancó una ovación a toda la Plaza cuando la Presidenta dijo:
“Los que primero cayeron como siempre fueron los pobres, después fueron los trabajadores, después vinieron por la clase media, por esa clase media que muchas veces a partir de prejuicios culturales termina actuando contra sus propios intereses. Los intereses de la clase media son los de los trabajadores, son los de los empresarios comerciantes, son los de los argentinos que tienen sus intereses atados aquí a la tierra, que no pueden girar dólares al exterior, que tienen su casa aquí, sus hijos“.
Como no aplaudir si en ese sector de la Plaza estaban los sectores de clase media que apoyan al Gobierno. Que tienen eso más claro que varios. Que apelan a que la clase media no apueste a los golpistas de siempre que después se los van a comer en escabeche.
Por ese lado de la Plaza entró Luis D’Elía, rodeado de decenas de personas, más como un boxeador auspiciado por Don King que como un dirigente político. De ese lado entró la columna de “La Cámpora” donde estaba, algo ruborizado, Máximo Kirchner (qué raro ver al hijo de una Presidenta en una Plaza).
Cristina fue clara: a esos cuatro tipos que cortan las rutas y desabastecen no los votó nadie. Sí, Eduardo Buzzi. No los votó nadie. Y, lo que es peor, dicen -hoy repitieron- que no quieren ser votados. Armen su partido de derecha, Eduardo Buzzi. Armen su partido de derecha y prepárense para un conflicto largo. Porque a este Gobierno no lo van a voltear. Por lo menos, no “con el pecho”, como dice un amigo.
Lo único que me sale pensar es esto.
Torcuato Di Tella decía el otro día que va a haber más violencia en este conflicto y especuló con muertos. El otro día hubo un acuchillado que zafó. Hoy hay balas por Córdoba.
Guarda. ¿Cómo estamos si empieza a pasar esto?
Desde el inicio de la gestión de Néstor Kirchner y ahora, durante la que encabeza Cristina Kirchner, hay una línea de razonamiento que perdura en la oposición, tanto de “izquierda” como de derecha. Se trata de aquella que indica que en realidad nada es lo que vemos. Que todo es un gran engaño. Se dice:
Yo digo, ¿desde cuándo este afán de hurgar en el alma de la gente, en su subconsciente, en sus “verdaderos” pensamientos? ¿Cómo es esto de que lo que “en realidad” pasa es distinto a lo que se ve, a lo que ocurre? ¿Cómo puede ser que lo que un Presidente piensa en su fuero íntimo sea más relevante que los decretos que firma, que los proyectos de ley que envía al Congreso?
Me hace acordar a los que dicen que Perón lideró los gobiernos de mayores niveles de salario real históricos pero que “en realidad” el General era un mero vejete fascista. No se comprende.
Otra línea de argumentación es la siguiente: “bueno, ahora ya es tarde para iniciar estas políticas” o “por qué mejor no le sacan a…” o “por qué mejor no se alían con…”.
Si los Kirchner dicen “Venezuela”, se les pide que se alíen con “Bolivia”. Si se aplica una medida para que el Estado se quede con una renta extraordinaria del agro, se le pide que se la vayan a quitar a los Bancos y a Dios y María Santísima. Si se anuncia un plan de construcción de treinta hospitales (30) se dice que no, que la redistribución del ingreso es otra cosa. Si avanzan con la política de Derechos Humanos, se les pide que aceleren los juicios.
Amiguitos: una cosa es decir “ahora vamos por más”. Otra muy distinta es querer que gobierne Dios, que simplemente “es”. Que no tiene pensamientos en su “fuero íntimo”. Que no tiene dos caras. Que es “la verdad”. Que sólo tiene que decir “hágase”. Que siempre actuó bien, desde siempre. Y que siempre lo hará.
Bienvenidos al mundo de los humanos. Bienvenidos a la política.
Autor de la foto.
“Quiero decirles que estos fueron los seis meses más felices de mi vida y en estos seis meses estamos aprendiendo a comunicar” (?).
“Nos van a criticar, van a aparecer cosas en los diarios y bueno, no podemos gustarles a todos, pero no hay que dejarse vencer, no hay que detenerse en la crítica, que nos puede paralizar”.
Lo dijo Mauricio Macri a sus funcionarios, luego de una conferencia que les dio Fernando Parrado, sobreviviente de la tragedia de los Andes.
El humor negro se los dejo a los comentaristas.
“Yo aprendí con un gran periodista de la televisión argentina cuyo primer nombre es Daniel y su apellido empieza con H., que nunca hay que pagarle a ningún periodista porque siempre hay alguien que le paga más”.
Aldo Rico
Me gustaría tratar algunas cuestiones referidas a la reforma de la Ley de Radiodifusión que propone el Gobierno nacional desde el punto de vista de los periodistas (que son una parte de esta historia).
Leo que desde la iniciativa Coalición por una Radiodifusión Democrática se proponen una veintena de puntos para la reforma, entre los que yo destacaría estos tres:
Mi reflexión viene a lo siguiente. Siempre se apunta a las presiones que pueden realizar los gobiernos de turno por distintas vías contra los medios de comunicación y los periodistas. Se machaca sobre aprietes de distinto tipo -se escribió sobre esto en todos los gobiernos de 1983 a la fecha (bueno, quizás el de Camaño no tuvo tiempo de presionar a nadie)-. Se reclama que haya un formato claro para que el reparto de la publicidad oficial no se convierta en un método de coerción contra la prensa. Me parece fantástico.
Pero ¿qué pasa con los otros sectores de la sociedad? ¿Nadie más presiona? ¿Nadie más tiene poder? ¿Nadie más busca cercenar el “derecho a investigar, buscar, recibir y difundir informaciones, opiniones e ideas, sin censura previa”? ¿Nadie más nos quita el “derecho a la información”? ¿Nadie más cercena la “independencia de los medios de comunicación”? ¿Sólo el gobierno de turno busca generar “presión, ventajas o castigos a los comunicadores o empresas o instituciones prestadoras en función de sus opiniones, línea informativa o editorial”?
¿Nadie se pregunta para qué tienen tanto presupuesto los responsables de Relaciones Institucionales de grandes empresas, muchas de ellas de servicios públicos -y hasta de medios-? ¿Nadie se pregunta sobre los regalos que reciben los periodistas? ¿Nadie piensa que los “canjes” a veces dejan de ser cosas simpáticas? ¿A nadie se le ocurre pensar que la publicidad privada también puede ser un método de presión?
No dejo de pensar que un banco llevó hacia fines del menemismo a un montón de periodistas no sé a qué crucero para hacer allí no sé qué anuncio de no sé qué producto. En un crucero. Desde ya que esa información salió publicada.
Y esta es una presión buscada en muchos casos. No hablo solo del pobre periodista que no puede publicar determinada cosa pues su medio-empleador se lo impide en virtud de oscuros intereses. Los periodistas también buscan en muchos casos las dádivas, los regalos, el dinero por no hablar, por no decir.
Sépalo: cuando un medio o un periodista ataca a alguien pueden pasar tres cosas. Que sea una rabieta legítima (pocas posibilidades). Que alguien le esté dando dinero para atacar. Que esté buscando dinero del atacado para dejar de atacar. Todos los días asistimos a esta dinámica.
Y todo ello sin contar la enorme cantidad de “info-mercials” o de “publicidad no tradicional” disfrazada de periodismo a la que asistimos en cantidades y cantidades de programas de cable-de-mesa-con-potus pero cada vez más en medios tradicionales que antes sólo se manejaban con publicidad a cambio de buenos contenidos. Hay publicidad encubierta por todos lados y cada vez más.
Le sumo un matiz. Si el Gobierno nacional puede ser controlado de alguna forma a través de la (declamada) nueva ley en sus posibilidades de ejercer presiones o discriminación, bienvenido sea. Ahora: por favor que alguien haga algo con respecto a los medios provinciales y locales y sus respectivos niveles administrativos. Si nos horrorizan los manejos de publicidad del Gobierno nacional, la preocupación debería aumentar de manera exponencial cuando se va bajando la escalerita de niveles federales de gobierno. Y piense en cómo impacta un gran interés empresario en los medios de una provincia o un municipio. El efecto del napalm, un poroto. Tierra arrasada.
¿La nueva ley que, según parece, promueve el Gobierno nos va a proteger de esto? ¿A alguien le importa? ¿Cómo se le pide a las empresas privadas que rindan cuentas? ¿Cómo se le pide a los periodistas que dejen de robar al menos por dos años?
Leo una carta de lectores del diario Clarín:
Un inglés en la Argentina
Soy un inglés que vive en la Argentina desde hace casi seis años. Amo a este país. Tiene una geografía preciosa, un pueblo encantador y hermoso en lo natural y humano, y una capital glamorosa y espléndida.
En estos momentos, el país tiene una oportunidad fantástica, dado que Asia demanda sus productos. Tiene la chance histórica de convertirse en una nación próspera, de mejorar la calidad de vida de gran parte de su gente. ¡Sean armoniosos, argentinos! ¡Gobierno y campo, entablen ya el diálogo!
Jason Mitchell. jason@argentinaoutlook.com
La actitud del bueno de Jason es para elogiar. Es extranjero, vive aquí, le gusta el país, se preocupa por lo que pasa, manda una carta de lectores, hace su aporte. Ahora bien. Dejemos volar la imaginación. Cambiemos algunas palabras.
Un miembro de la clase media en la Argentina
Soy miembro de la clase media y tengo X años. Amo a este país. Tiene una geografía preciosa, un pueblo encantador y hermoso en lo natural y humano, y una capital glamorosa y espléndida.
En estos momentos, el país tiene una oportunidad fantástica, dado que Asia demanda sus productos. Tiene la chance histórica de convertirse en una nación próspera, de mejorar la calidad de vida de gran parte de su gente. ¡Seamos armoniosos, argentinos! ¡Gobierno y campo, entablen ya el diálogo!
Miembro de la Clase Media. clasemedia-clarin-no-miente@argentinapotencia.com
Verosímil. Lo escuché estos últimos días. Me preocupo. Cambiemos más palabras:
Un dirigente opositor en la Argentina
Soy dirigente opositor y tengo X años. Amo a este país. Tiene una geografía preciosa, un pueblo encantador y hermoso en lo natural y humano, y una capital glamorosa y espléndida.
En estos momentos, el país tiene una oportunidad fantástica, dado que Asia demanda sus productos. Tiene la chance histórica de convertirse en una nación próspera, de mejorar la calidad de vida de gran parte de su gente. ¡Sean armoniosos, argentinos! ¡Gobierno y campo, entablen ya el diálogo!
Dirigente opositor. voyadondesejuntenmas-de-cuatro-no-perucas@lilitavence.com
Mmmmm. Sí. Lo vi en los últimos días. Lo leí. En varios canales. Y puede haber más:
Un obispo en la Argentina
Soy obispo y tengo X años. Amo a este país. Tiene una geografía preciosa, un pueblo encantador y hermoso en lo natural y humano, y una capital glamorosa y espléndida.
En estos momentos, el país tiene una oportunidad fantástica, dado que Asia demanda sus productos. Tiene la chance histórica de convertirse en una nación próspera, de mejorar la calidad de vida de gran parte de su gente. ¡Sean armoniosos, argentinos! ¡Gobierno y campo, entablen ya el diálogo!
Obispo. cuandoestabaquarracinomecalle@ratzinger.org
Escuché en los últimos días cataratas de críticas al Gobierno por polarizar demasiado. Escuché hasta neo-teorías de los dos demonios. “La gente” asustada, preocupada, desanimada, inerme ante tanta “confrontación”, por tanta “convulsión”. Por esta “falta de diálogo”. Por esta “oportunidad perdida” tan “incomprensible”. Y veo, gracias a la carta de Jason, que hay algunos que parecen extranjeros en su tierra. Mejor, que prefieren ver a su patria como extranjeros.
Yo sigo creyendo que ante algunos sectores no se puede ceder. Que el futuro nos encontrará divididos o dominados. Que una mejor distribución del ingreso va a requerir muchas más confrontaciones de estas. Muchas más batallas.
Leí en los últimos días dos declaraciones: una de Ricardo Buzzi y una de Elisa Carrió advirtiendo que puede haber “derramamiento de sangre” en este conflicto. Por un impuesto. Por un sector que no quiere pagar un impuesto. Imaginen, estimados lectores, qué ocurriría si se tomaran esas medidas que cierta izquierda bienpensante reclama (¿reclamamos?) para redistribuir. Las de verdad. ¿Habría guerra civil? De algo hay que morir, pienso. En la plaza de mi barrio no quiero que se manifiesten el lunes próximo, razono. En la plaza de mi barrio, no. No quiero ser extranjero en mi tierra.
Autor de la foto.
Nicolás Casullo escribe una nota hoy sobre la derecha. Qué es ser de derecha en la Argentina de hoy. Le paso dos párrafos y hágase el test. A ver qué le da.
“La historia: será siempre, por sobre todo, el hallazgo individual. El caso. Los antípodas de las masas como historia. La pobreza: una latente amenaza delictiva, un paisaje de miseria inalterable como tipología geográfica de “lo malo” en la ciudad. La cultura ajena al espectador. El hambre: algo que ya no tendría ideología ni biografía social, un ícono suelto en la vidriera para cualquier retórica del espinel político”.
“Lo policial: lo que debería incorporarse idealmente, como ortopedia, al núcleo familiar protegido. Un policía al lado mío. El Estado regulador, interventor, recaudador: un espacio ineficiente (ilegitimado), que “gasta mi dinero” y corrupto (por político). La política: un descrédito en manos de zánganos que podría existir como no existir para lo que hace falta. La nota policial: en tanto amedrentación y reclamo de seguridad, pasa a ser el verdadero estado social de la vieja política a cancelar. Lo que escapa a la “Ley y concordia” del mercado. Lo comunitario: una utopía solitaria entre yo, el negocio y “mi bolsillo” (tenga 100 pesos o mil hectáreas adentro). Lo nacional: un espacio a-histórico, siempre al borde del caos que sólo victimiza. Con habitantes nunca representados por nadie, solo por el foco de la cámara, y donde la única noticia es que la política ya ha fallado, siempre, antes de empezar. La nueva comunidad pos-solidaria es ahora una sociedad en tanto arquitectura de servicios que “me debe servir” con la eficiencia modélica de lo privado selecto. Ya no soy parte de la memoria de lo público, de los hospitales sociales y universidades políticas hoy en crisis, sino que me trasvestí en un cliente exigente del otro lado del mostrador. La libertad: el simple pasaje desde el “libre consumidor” al “libre sufragista” sin identidad, alabado por sin partido, por vaciado en cada elección, a punto de comprar algo “genuinamente” entrando al escaparate del cuarto oscuro. La gente: un “yo” sublimado, absuelto en tanto construcción narrativa. Una unidad personal “auténtica”, que representa un muchos en tanto estos muchos no se constituyan en otro tipo de “yo” (como sujeto político identificado), y permanezca como infinita clase media de “empleados” por el capitalismo, en una competitiva y ansiada igualdad de explotados. Lo sindical, lo popular, los desocupados: una realidad indiscernible de hombres de a “grupos”. Algo que debe vivir a distancia de mi vida y que “el Estado no atiende”. Seres organizados para algo que nunca se sabe. Imagen mítica en pantalla con palos y pasamontañas. No blancos, peligrosos en conjunto, dirigidos por vagos, punteros, jefes de barriadas y líderes pagados. Un otro cultural y existencial que como nunca, en la Argentina de la plenitud informativa y formativa, ha alcanzado casi el apogeo de una lucha cultural de clases de lo gorila sobre lo peronista, como un racismo no disimulado sobre lo popular, gremial y piquetero: universo de la negatividad política, del voto subnormal y de politizados a propinas”.
Autor de la foto
…que Natalio Botana no hable más de “ciudadanía fiscal”. Esto decía en 2002.
“En las experiencias históricas del último medio siglo, en las grandes democracias del mundo, el tema fiscal es central. Desde un punto de vista objetivo, el gasto público está para servir, y no para satisfacer prebendas. Y en lo subjetivo lo fiscal tiene que responder al ciudadano que cumple con sus obligaciones fiscales. En la Argentina la ciudadanía fiscal está herida. Esto crea un círculo vicioso: ‘No pago porque los de arriba son corruptos’. Pero muchas veces esa justificación encubre la deliberada decisión de no pagar”.
Los muchachos del agro tienen un problema de billetera. No quieren pagar. Y para eso echan mano a todo (”son corruptos, el tren bala, no coparticipan”). Pero el centro de todo es que no quieren pagar. Y ahora se movilizan y tienen “esperanza en la lucha” porque ven la tablita de los precios internacionales de Chicago. Mucha épica para ocultar su codicia.
Los “pequeños”, esos que tienen la perspectiva de quedarse con seis cifras en dólares limpias por año, incluso con retenciones altas, son como la mujer esa que se encadenó a la tragamonedas que le dijo que había ganado 35 millones en un bingo de Lomas del Mirador. Ahora quieren la de ellos. Pero para disimular se embanderan en escarapelas y patrias y vacas y obispos.

Cuando la cosa se complica, Néstor Kirchner es un político profesional. Hay varios argumentos a mano para defender al Gobierno. Pero si se pudre todo, el ex presidente recurre a lo primario y arroja la contundencia de los hechos. “En el 2009 y en el 2011 volveremos a ganar las elecciones“, dijo.
Kirchner habla luego de la difusión una encuesta que dice que la imagen positiva de la Presidenta cayó pero que la suya -si bien decrece- es la más alta de cualquier político en el país. 49 por ciento de imagen positiva en esta Argentina de mayo de 2008.
Es decir: pueden venir Antonini, el Tren Bala, la Crisis del Agro, las Cenizas Volcánicas, -Dios no permita- hasta una derrota de Boca en la Copa. Incluso la inflación. Pero Kirchner sabe que, por ahora, el resto de los políticos profesionales -esos señores (y señoras, por qué no) que se dedican a competir en elecciones por cargos públicos- no constituyen una alternativa concreta a su proyecto político, que hoy encabeza desde la Presidencia su esposa.
He criticado el giro hacia el PJ del Gobierno y su falta de voluntad para producir un combate contra la inflación que no empeore en el corto plazo la situación de los asalariados y desocupados. El resto de las cosas criticables de la actual gestión me preocupan un poco menos.
Ahora, me molesta la crítica de cierta progresía bienpensante que cree que todo en el Gobierno debe ser ofensiva permanente hacia la Patria Socialista -o algo así-. Gobernar es gobernar aquí y ahora. Con lo que hay. Con frases lindas. Pero cuando no hay más nada, con la consabida frase “todos putos”. O, lo que es lo mismo, “igual vamos a ganar las elecciones, las que vienen y las otras”.
Vuelvo a los escritos que tanto me han impresionado del compañero Jacques Rancière. Para él, la “política” es un término específico por el cual se denomina la irrupción de los “sin-parte”. Es el pueblo queriendo ser el todo de la comunidad. Es acción y a la vez siempre un accidente, “una desviación respecto a la evolución normal de las cosas”.
Lo otro, el normal y constante conflicto de intereses entre dos actores o sujetos que gestionan un reparto y batallan por el poder es otra cosa. No es “política”. Rancière lo llama “policía”.
A mí me suena como si al momento de apertura, de creación, de ruptura, de avance de las fuerzas progresistas en una sociedad el filósofo les llamara “política”. Y a la administración, a la opaca gestión diaria de los intereses, al barro del conurbano y al cuadernito azul con el monto de las Reservas Internacionales de la Argentina, les llamase “policía”.
Pero hay un detalle. La “política” no es permanente. Ocurre, irrumpe y después se disuelve en lo “policial”. Esto no es divertido, ni mucho menos. Pero Néstor Kirchner lo sabe. De memoria.
Vía Datos Duros.
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Los interesados en votar lo hacen, principalmente, en el blogspot del programa (www.tendenciasgaleanoromero.blogspot.com), por mail o telefónicamente durante el horario del programa. En un sólo día votaron más de 200 personas y el resultado parcial lo tiene como puntero a Raúl Alfonsín con el 70% de los votos, seguido de lejos por Néstor Kirchner con el 20%, Eduardo Duhalde con el 7%, y la primera presidencia de Menem con el 5%. En los últimos lugares figuran Fernando de la Rúa, Cristina Kirchner y la segunda presidencia de Menem.
“Tendencias” cumplirá 10 años en el aire a fines de 2008 y es conducido por Pablo Galeano. Componen el staff del programa Florencia Dónovan, Juan Manuel Romero, Charly Liñán, Mirta Fernández, Carlos Curci González, Irina Sternik y Gabriel Curi.
¿Cambios? ¿Cuántos? ¿Hasta dónde?
Seguiré, espero no cansar, con la monografía que podría titularse: “¿Fin de ciclo?”.
Justo ahora pensaba que siempre se dice que la economía tiene “ciclos”. De alguna forma “tiempos” que se pueden estudiar, medir, a veces “predecir”. ¿Y la política?
Si a uno le interesa la política, cada tanto vuelve a pensar en los años 70. Porque es ineludible la referencia, porque los 70 vienen hacia uno, lo “atraviesan”, como se dice ahora. Y así, vemos pasar lo humano, lo inhumano, el terror, el horror, lo sublime y lo peor. La Argentina.
Una cuestión que resulta fascinante es el “vértigo” de los años 70, la rapidez de los procesos, la enorme y rápida movilización, la inmediatez. Y eso me llevaba a hacer algunas cuentas. Desde el “Cordobazo”, en mayo del 1969 hasta el golpe de marzo del 1976 pasaron 78 meses.
Pienso entonces que de Diciembre de 2001 a este momento van 73. No sé bien qué quiere decir esto, pero me vuelve a rondar en la posibilidad de que el actual sea el fin de un envión de ciertas temáticas paridas en 2001. Que sea la encrucijada en la que el Gobierno nacional decida ponerse a la defensiva, recostarse en un PJ caduco y, si es necesario, realizar ajustes ortodoxos varios. En términos latinoamericanos, que sea el fin del coqueteo con las alternativas más progresistas de la región y el recueste en lo que significan Chile o Uruguay. Sin chances de contar con la escala de Brasil, es la comparación más ajustada que se me ocurre.
La reflexión surgió luego de haber visto en Canal 7 Paco Urondo, la palabra justa, un documental sobre la vida y la muerte del poeta y dirigente montonero. Lo recomiendo. Ahí hay muchas cosas, demasiadas. Está Verbitsky contando que la conducción de Monotoneros pensaba que había que motivar el golpe porque los militares luego serían “pan comido” ya que el “pueblo se encolumnaría detrás” de la organización.
También está la decisión de Urondo de ir a morir a Mendoza como jefe de no-sé-qué en pleno 1976. Están la voz y el gesto de Urondo, recordada por su hermana, mostrando la “pastilla de cianuro”. Y la esquina nefasta donde murió el poeta -señalado desde un auto rojo por un “ex compañero”-, desapareció su compañera y su hija de meses quedó en manos de un transeúnte. Todos dramas de un fin de ciclo.
Autor de la foto.
Mientras aquí nos entusiasmamos con esta comunidad de análisis y discusión política, los ricos se han hecho populares en la Argentina. Por lo menos eso se desprende de la profusa circulación de textos salidos de sus plumas a los que en los últimos dos meses accedemos por distintas vías. Como ejemplo aquí les dejo este, intitulado “Despierte señora presidente“, del abogado Alfredo Salvat a quien aquí verán departiendo amablemente con amigotes como Juan Carlos y Lili Monsegou en una “carpa VIP” instalada el año pasado en el Hipódromo de Palermo para disfrutar el Premio Carlos Pellegrini.
Solo dejo una frase, pueden leerlo completo en los links:
Amigos racionalistas: lo lamento, pero si de esto se discute, pues bien, esto es lo que discutimos. Los tecnicismos sobre el precio de la soja en Chicago creo que han pasado para otro momento.

En política todo es posible y una pregunta que vuelve una y otra vez en la Historia, quizás por eso, sea “¿cómo pudo ocurrir?”. En ese sentido, un tema clásico de debate del Siglo XX es ¿cómo pudo ser posible el surgimiento del nazismo? La caída de la República de Weimar es un momento que fascina por su turbulencia, por el horror que vino después. Es también la corporización de un momento clásico en política. Aquel en el que se avizora, se teme, que lo que viene puede ser peor.
No quiero hacer paralelismos históricos, porque seguro que serán esquemáticos y pobres (no dudo que tanto como estos), pero me interesa destacar que Weimar es siempre un momento interesante porque implica la derrota del último dique de contención a la derecha potenciada. Implica el fin de la política como moderación y significó la debilidad de un régimen que no tuvo las herramientas para cambiar cuando todos los sectores le pedían cambios. Nos muestra, de alguna forma, la inmovilidad de una “vieja política” sin reflejos corrida por izquierda y por derecha en un clima de fuerte movilización política.
Todo esto viene a consideración porque estoy terminando de leer un libro fundamental (agradezco el préstamo a mi amigo Norman y también por añadidura a quien él no lo devolvió). Se trata de “Germans into Nazis“, de Peter Fritzche (es de Harvard University Press, hay versión en español de Siglo XXI. El libro trata de explicar esa simple cuestión. Cómo fue posible que los alemanes se convirtieran en nazis.
Más que seguir con los análisis, voy a copiar los pasajes que más me impactaron mientras los últimos días, de fuerte significación política según creo, iba y venía del centro de la Ciudad de Buenos Aires, en un tren que no es bala. (La traducción es como me sale):
“La inflación fue uno de los más traumáticos eventos en la historia alemana. Hizo de un débil sistema parlamentario uno más débil y limitó la capacidad futura de los gobiernos de Weimar de dictar una legislación social más benévola. Aún cuando disminuyó a fines de 1923, los ciudadanos alemanes continuaron sintiendo como si sus vidas estuvieran en un permanente estado de emergencia. Sospechaban de los valores que aparecían como huecos y abandonaban aquellos que alguna vez habían aparecido como incuestionables. La virtud republicana se deterioró rápidamente en lo que aparecía como la pura búsqueda del propio interés”.
(1928) “En cada ciudad, oradores condenaban furiosamente las políticas agrícolas del Reich (República de Weimar), particularmente los acuerdos de comercio que reducían tarifas en algunos bienes y abrían el camino para la importación de carne congelada. (…) Habiendo organizado protestas por propia iniciativa, Otto Johannsen demandó en un acto frente a unos 20.000 simpatizantes, que Alemania se volviera auto-suficiente en alimentos y desmantelara la ‘economía de completo despilfarro’.
“Era una vista asombrosa para un domingo de Enero. Granjeros, normalmente reacios a dejar sus herramientas, excepto quizás por un domingo de cartas, abarrotaron la ciudad. Se les unieron comerciantes y artesanos, ansiosos por manifestarse contra las leyes laborales, altos impuestos y la corrupción generalizada que parecía prevalecer en Berlín”.
“Antes, en junio y julio de 1926, los pobladores de Sajonia habían marchado contra las políticas fiscales que parecían beneficiar a los gremios y la gran industria”.
“A pesar d etodas las promesas, los partidos liberales y conservadores se habían basado en aumentos de impuestos. Mientras representaban los intereses de grandes terratenientes y grandes industriales asiduamente, no se habían acupado de las clases medias, o al menos esa era la percepción generalizada. Los problemas rurales no tenían nada que ver con inundaciones o malas cosechas (…) tenían orígenes políticos explícitos”.
“‘Berlín tiene grandes tachos de basura para las cartas de protesta del Pueblo (Volk)’, un escritor destacó. El tiempo de la acción directa había llegado”.
“Una vez que los partidos tradicionales habían fallado, no teníamucho más sentido trabajar con grupos de interés agrario, cuya función había sido manejar los votos de sus afiliados para tener influencia parlamentaria. Exaltando las virtudes de la acción directa mediante el rechazo a pagar impuestos o boicotear remates forzados, los manifestantes de las granjas amenazaban las bases de la política burguesa”.
“Mientras los granjeros repudiaban la representación establecida de los políticos, hábilmente desarrollaron una esfera alternativa de actividad. Una red de asociaciones paramilitares (…) y pequeños grupos de barrios, sociedades de taberna y familias extendidas apoyaban las protestas. Poco pretenciosos y folklóricos líderes que no se habían distinguido anteriormente del público se movieron al primer plano”.
La tesis de Fritzche es que los nazis no llegaron por ser antisemitas (el libro revela que casi todos los partidos lo eran poco más o menos) o por militaristas o por revelar cierta cosa cultural alemana. Que no llegaron solo por la crisis económica. Que no llegaron de pura suerte. Asegura que por esas características, podría haber llegado cualquiera. Sostiene que llegaron por política. Por ser los que mejor captaron el cambio que exigía la sociedad alemana en un sentido de ruptura con lo existente. Por no buscar su legitimidad en el pasado y por proveer canales de participación tal como lo exigían amplios sectores de las clases medias y trabajadoras. Por organización (choripanes, también muchos choripanes) y “mística”. La República de Weimar no pudo generar nada de eso. Y cayó.

El Grupo Clarín, junto a dirigentes políticos como Eduardo Duhalde, Roberto Lavagna, Mauricio Macri, Ricardo López Murphy y Elisa Carrio han exaltado en los últimos tiempos la figura de Arturo Frondizi. Del Grupo, no me preocupa ni sorprende, pero ¿qué busca un integrante de la “clase política” al cantar loas a Frondizi?
Primero, algunas consideraciones sobre Frondizi y su gobierno:
Ergo:
Más allá de estos detalles, y pasando a la exalación post-mortem de Frondizi, son varias las cosas que llaman la atención.
Una de ellas es que se le dé bola a Frondizi, cuando en vida -en su última etapa- lo hacían pasear de manera patética por algunos programas de tele y radio un poco para reírse de él porque no estaba del todo en sus cabales. La otra es la presencia de Duahlde entre los homenajeantes. ¿Qué tiene que ver el tan feíto punterismo bonaerense con el pseudo-cientificismo desarrollista?
Bien, vamos a los bifes. Homenajean a Frondizi porque -sobre todo- quieren crecimiento sin movilización. Si es posible, con represión de las demandas de los trabajadores. Y, por más que le pese a Hal, porque ven en el kirchnerismo una cosa demasiado descontrolada, demasiado incierta, que puede salir en cualquier momento para cualquier lado, inclusive -no siempre claro, no necesariamente- para el lado de los intereses de los sectores populares. Quieren crecimiento. Algunos hasta quieren distribución. Pero con orden. Con orden, por favor.
Apurado y desprolijo, garabateo aquí los resultados de algunas charlas. Para tratar de entender lo que pasa a veces no hay otra que volver a la historia. En general lo hacemos de manera desordenada, desinformada, equivocada. Puede ser. Pero tratemos.
Alguien me decía: “fijate que lo que pasa ahora se puede equiprar con lo que le pasó a Perón en el 52″. ¿A ver? Desde ese punto de vista la coyuntura puede verse como un punto de inflexión de un esquema económico, como el momento en el cual hay que introducir cambios para pegar un salto. Más que cualitativo, cuantitativo, diría yo.
Se me dice que Perón no pudo hacerlo. Que por ciertas limitaciones políticas o ideológicas no pudo pegar el salto. No sé: nunca hizo la reforma agraria. Nunca intentó un capitalismo de Estado. Buscó una especie de ajuste, el Congreso de la Productividad y la mar en coche. Pero ya era medio tarde. Ya sé que el modelo técnicamente podía seguir funcinando igual pero había problemas.
¿El kirchnerismo puede hacerlo? ¿Puede tratar de pegar un salto? ¿Lo tiene en la imaginación? No lo sé.
La otra, un poco más triste, es equiparar la actual situación con el 55. La noche de los cacerolazos de los sectores medios-altos circulaba por calles tranquilas de un barrio de casas bajas. No había nadie por la calle. Nadie salía. Ni para putear al Gobierno ni para apoyar. Y me imagino que en el 55 pudo haber pasado algo parecido. En un momento determinado, nadie salió a bancar al Gobierno. Al menos no lo suficiente. Se me dirá que Perón desactivó la resistencia, que prefirió “abandonar” a la guerra civil. Bien. Pero nadie salió. ¿Quién saldría ahora si la cosa se pone fea? No digo un golpe, pero sí una reversión de las políticas o un avance de los sectores que no desean una mejor distribución del ingreso en la Argentina (por ejemplo el modelo soja y shopping).
No tengo respuestas pero se requieren cambios (y ojo que esto lo digo más por la inflación que por la “crisis del agro”) que permitan pegar un salto, así la situación sea equiparable a la del 52 (problemas económicos) o la del 55 (problemas políticos). Algo. 300 mangos por pibe en el salario familiar. Un megaplan nacional de Salud. Las Juntas Reguladoras de Alimentos propuestas por Felipe. Algo que no sea un ajuste. Ni Redrado. Ni Melconian.
Algo va a tener que venir después del kirchnerismo ¿o no? No habría que espantarse ni alegrarse demasiado por la frase. Es la naturaleza (de la política). Nada dura para siempre. Los proyectos políticos nacen, se desarrollan y se transforman. Pero ¿luego mueren?
Sabemos desde hace bastante que el kirchnerismo tiene, por decirlo de una manera “polite”, una visión según la cual las elites políticas y económicas tienen una fuerte interrelación. Y que el poder que puede construirse de un lado es una condición necesaria para sostenerse del otro. Esa visión está cimentada en la experiencia práctica y cruda de la política post-83.
Puede ocurrir, por lo tanto, que aunque el “kirchnerismo político” caiga en desgracia de aquí a quén sabe cuánto, debamos convivir con -cómo decirlo- sectores económicos vinculados al actual proyecto político por bastante más tiempo.
Para hacer más bello el panorama, podemos pensar que hay sectores progresistas que consideran que el kirchnerismo lleva adelante parte de la agenda que le interesa sostener a ese sector y que, por lo tanto, es deseable un apoyo al Gobierno en un conjunto de materias.
Es más, desde que asumió Néstor Kirchner en el gobierno hasta la actualidad, el ex presidente y la actual mandataria no han perdido, en teoría, la potencialidad de liderar un espacio político de centroizquierda. Esto es, mantienen un espacio para la incertidumbre en sus decisiones políticas: no se sabe con exactitud qué decisiones tomarán ante cada coyuntura. Esas medidas podrían implicar mejoras para los sectores más postergados. O no, claro. En lo personal, supongo que priorizarán la “gobernabilidad” a la “movilización” y que se deslizarán hacia el centro del escenario político. La reorganización del PJ no puede sino ser una señal en tal sentido.
Con ese escenario, como charlábamos entre empanada y empanada con un buen amigo de este blog: ¿el progresismo debe decir entonces “hasta aquí llegamos, somos oposición neta”? ¿debe encarar un enfrentamiento total? ¿para tratar de ser “lo que viene después del kirchnerismo”, el progresismo debe ocuparse también de “matarlo”? Si eso no debe pasar ahora ¿cuándo?
Las preguntas se arremolinan. Claro que esa posibilidad de enfrentamiento total con el kirchnerismo puede no llegar nunca. Porque no todo en política es ahora blanco y ahora negro. Los grises, las mezclas, los desgajamientos, la convivencia por espanto es también parte de lo posible.
Podría ocurrir entonces que al progresismo -aliado no decisivo, pero aliado al fin del actual gobierno- le pase como al general Patton, que al frente de las tropas norteamericanas luchó junto a los rusos para que cayeran los nazis en el 45. Apenas pasados aquellos días históricos, el militar dijo su verdad:
“Mantengamos nuestras botas lustradas, nuestras bayonetas afiladas y mostremos una imagen de fuerza a esta gente, los soviéticos. Es el único lenguaje que entienden”.
Apenas llegado a Berlín, quiso seguir hasta Moscú. La Casa Blanca lo agarró de los pelos de la nuca y lo mandó a la casa. Y empezó la Guerra Fría.
¿Interesará un guión non-fiction sobre la prensa argentina? ¿Cuál sería el interés? ¿Es tan importante el tema? ¿Hay algo que no sepamos o sospechemos de la prensa? ¿Los problemas que evidencia el periodismo local son fruto de la corrupción? ¿O apenas de la ignorancia? ¿Y cómo sería si se garabateasen algunos apuntes…?
“Ante declaraciones altisonantes provenientes del oficialismo destinadas a echar sombras sobre medios y periodistas, ADEPA no puede menos que reivindicar la diversidad y la pluralidad de expresiones que siempre han caracterizado y caracterizan a la prensa argentina”.
Escena 1
Se extinguen los 90. El periodista-bajito-de-la-radio-independiente entra al despacho del Director de ese-medio-escrito.
PERIODISTA 1
¿Lo viste?
PERIODISTA 2
Sé…
PERIODISTA 1
¿Y este qué viene a hacer acá? ¿Es el de la radio, no?
PERIODISTA 2
¿No sabés?
PERIODISTA 1
No, ni idea.
PERIODISTA 2
Y, ahí reparten el sobre del Ministro C. ¿no viste que a veces viene también el periodista-pelado-de-la-tele-y-la-radio?
PERIODISTA 1
Ah…
-.-
ADEPA rescató particularmente la multiplicidad de publicaciones, canales de televisión, señales noticiosas, emisores de radio y sitios de Internet de la Argentina, “que aseguran la más plena satisfacción del derecho de la ciudadanía a la información, como estímulo y garantía de nuestro sistema institucional democrático”.
Escena 2
El menemismo todavía maneja fondos. Media mañana.
EL DIRECTOR
Vengo de ver al funcionario P.
EL PERIODISTA
Ah, bien.
EL DIRECTOR
Sí… lo que pasa es que es un boludo, fijate. Me pidió si le podemos dar una mano…
EL PERIODISTA
¿Una mano…?
EL DIRECTOR
Lo que pasa es que quiere publicar mañana una nota de opinión en el diario C. y, mirá, lo que él quiere decir es esto, habría que darle algún retoque al texto.
EL PERIODISTA
Ah…
-.-
“…se trata de un instrumento que, bajo el eufemístico objetivo de la diversidad, apunta a controlar la tarea informativa desde diversos organismos del Estado…”
Escena 3
Son épocas en que un empresario regordete encabeza la SIDE. El periodista tiene al oído una teleconferencia desde Nueva York. Los analistas de un banco de inversión M. hablan mal de ex-aliados del Gobierno de turno. El director se excita mientras lee la pantalla por sobre del hombro del periodista, donde yacen algunas notas apuradas. Marca frenético el celular.
EL DIRECTOR
¿Sí, (el-Señor-5)? Sí, acá estamos con la teleconferencia del Banco M., desde Estados Unidos. Sí, dicen que por culpa de los ex-aliados todo la situación de credibilidad de la Argentina y blabla y que entonces los bonos y blabla… Qué tremendo.. blabla.. te mantengo al tanto… bla.
Por suerte es solo (no) ficción. Por algo esto es real.
El sol sale por el Este. Y “la política siempre tiene que ver con un ‘nosotros’ opuesto a un ‘ellos’“. La primera afirmación no causa demasiada controversia en esta Argentina, tan pero tan dividida. Eso sí. Tampoco ayuda a transformar nada. La segunda corresponde a la politóloga belga Chantal Mouffe. Y a pesar de ser tan obvia como la otra, parece tener efectos corrosivos sobre el sentido común mediático, la conversación de taxímetro y el bien pensar de los liberales amontonados en una miríada de partidos y partiditos.
Chantal se mete con cierta dirigencia europea que sostiene que “hoy en día estamos en la segunda modernidad, en la cual la clásica política de ‘adversarios’ está superada“. Así, “ya no habría que pensar más en términos de izquierda y de derecha porque no hay más antagonismos“. Nos ilustra: “por esa razón los partidos, los sindicatos, todos los movimientos colectivos son para ellos cosas arcaicas“.
Agrega: “...lo que hay que hacer es adaptarse, ‘modernizarse’, que es el término que emplean todos ellos. Habría que modernizar la política. Eso significa para ellos no plantearse más la lucha en términos de izquierda y derecha. Creen que se puede establecer una especie de consenso al centro, puesto que finalmente no hay más antagonismos fundamentales en la sociedad“.
Yo los conozco también. Yo los vi. Cobran cinco veces menos -salarios en pesos-. Pero dicen a quien lo quiera escuchar que la presidenta Cristina Kirchner divide (de manera innecesaria, agregan a veces) a los argentinos. El cuento llega incluso -con mejores dividendos, claro- a la prensa internacional. Si tiene tiempo puede leerlo aquí, aquí, aquí, aquí (este no se lo pierdan, por favor), aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí.
En estos días de conflicto agropecuario asistimos al primer intento de un gobierno democrático post-83 de meterse con la renta extraordinaria de un sector de la economía. Primero, definiendo de manera técnica pero también política que allí hay una renta extraordinaria. Y luego mediante una decisión técnica pero también política en el sentido que esa renta extraordinaria puede ser apropiada por el Estado democrático.
Usted podrá decirme que la medida salió por error. Que el Gobierno decide no tocar y hasta incrementar otras rentas extraordinarias en el país. Que al final era innecesario hacerlo porque no es tanta plata. Que lo hizo con impericia política. Que no diferenció a los “pequeños” de los “grandes”. Considero que aún así mis apreciaciones del párrafo anterior mantienen su validez.
¿Por qué me parece importante recalcar este punto? Porque ahora vemos en vivo y en directo qué ocurre cuando se tocan las rentas extraordinarias de un sector. Se producen fuertes tensiones. Se trata de tensiones que revelan las divisiones existentes en el país… Ay, se me escapó una mala noticia, pero alguien tenía que darla: Cristina Kirchner no divide a los argentinos. ¡Los argentinos ya estamos divididos! Y para peor ¡es una fantástica novedad!
Porque estamos divididos entre quienes les interesaría tener un país para todos y quienes no. Quienes entienden que es legítimo que haya transferencias de un sector a otro y quienes no. Quienes solo piden “no me saques la mía y si me la sacás, haceme la ruta acá en la puerta de casa” y quienes entienden que “redistribuir” implica quitarle a unos para darle a otros. Incluso para sacar del campo y ponerla en la Ciudad. Quienes creen que es legítima una medida de fuerza patronal por tiempo indeterminado con cortes de rutas nacionales y quienes no. Quienes creen válida la acción del Estado democrático y quienes no. Quienes consideran algo deseable que se logre alguna vez una distribución igualitaria del ingreso en la Argentina y quienes se llenan la boca hablando de eso pero piden a la vez dejemos-tranquilos-a-todos. Y así se puede seguir. No hablo aquí en ningún momento del Gobierno, que sus buenas cuentas pendientes tiene, como todos sabemos. Hablo del resto. De los que estamos divididos. (Si no cree, mire la foto que ilustra este post, tomada por una buena amiga de este blog hace pocos días en la populosa barriada de Vicente López).
Estas divisiones hacen ver algunas cosas más claras. Y facilitan la acción de la política. Claro que siempre están los llamados al “consenso” y al “diálogo” y a la negociación como sinónimo de entrega. Las clases medias -arriba, en el medio y abajo- son muy afectas a este discurso. Este que dice que en realidad estamos todos unidos pero el Gobierno nos desune. Que las divisiones son estériles y artificiales. Y que lo único-que-le-hace-falta-a-este-país-es-ponerse-a-trabajar-todos-juntos. Que estamos condenados al éxito, bah.
Es que las clases medias, quizás como una mella que dejó en la sociedad la dictadura, no soportan la tensión. No soportan verse a las puertas de una puja (re)distributiva -que es, lo lamento, la única forma de redistribuir-. Prefieren soñar que alguna vez los ricos los dejarán acoplarse a su pauta de consumo. Que un día les abrirán las puertas de los countries y les dirán “ahora, ahora pueden disfrutar ustedes también”. En algo parecido están “los chacareros”, que se ven a la entrada del shopping y no quieren que nada ni nadie los deje afuera esta vez (lea aquí).
Que haya quien, desde el llano pueda creer eso no me preocupa. Sí es complicado cuando cierta dirigencia lo quiere hacer creer. Y, para peor, cuando se trata de dirigentes que dicen estar a favor de una mejor distribución del ingreso. Ahora: un llamado a la solidaridad. Por favor, entiendan que si Alá es grande y alguna vez llegan al Gobierno y quieren una mejor distribución del ingreso y -uy- empiezan a tomar medidas en ese sentido, no deberán enfrentarse a uno, sino a mil lockouts. Y no tendrán que convocar a una Plaza de Mayo con trabajadores y organizaciones sociales, sino a cientos. Y no tendrán que alquilar quinientos micros, sino miles. Y que no necesitarán de un Hugo Moyano, sino de decenas. Salvo que no quieran gobernar nunca. O que lo que propugnan en cuanto a la “distribución del ingreso” sea puro cuento.
Tenerle miedo a la división entre “nosotros” y “ellos” sería clausurar la política. Creer que los argentinos estamos “unidos” pero fuerzas extrañas nos dividen es una niñería. Y, lamento el sacrilegio, pero me animo a decir que el Bicentenario debería encontrarnos “divididos o dominados”.
“Porque todas las cosas importantes son peligrosas…“. (Platón, La República, 497 d. 9).
Con esa cita finalizó Martin Heidegger su discurso de toma de posesión del rectorado de la Universidad de Friburgo, el 27 de mayo de 1933. Y a continuación pronunció tres “Heil Hitler”. La polémica en torno a este tema -del que no soy experto- es enorme y continúa hoy en día.
Lo que implica esa discusión me hace acordar, de manera exagerada, a tres o cuatro preguntas que suelen asaltarme en las mañanas: ¿Qué es el kirchnerismo? ¿Qué implica apoyar determinadas políticas o el posicionamiento que el kirchnerismo adopta en el debate público? ¿Cuáles son las consecuencias de enfrentar al kirchnerismo?
1.
Para responder la primera pregunta vale la pena ampliar el foco. El kirchnerismo es la forma concreta que tomó en la Argentina la ola latinoamericana de gobiernos que actúan en base a la heterodoxia y que no cumplen de manera automática los dictados de Washington ni los de los otrora poderosos oragnismos internacionales de crédito. Nómbrelos usted.
Es además la consolidación de la forma que encontraron los dirigentes políticos profesionales argentinos -administradores del período democrático iniciado en 1983- de darle una determinada estabilidad institucional al país luego la caída del gobierno de Fernando de la Rúa en 2001. Esto (hemos argumentado sobre todo aquí y aquí) implicó rupturas y continuidades con respecto al período previo a la crisis.
¿Que a mí me hubiera gustado otra salida? Ya lo creo. ¿Que “piquete y cacerola la lucha es una sola”? Sí, pero hasta ahí. ¿Que a usted y a mí no nos gustan el 78 por ciento de los dirigentes que integran el oficialismo? Comprendo. Pero la vida es así.
Para hacer más compleja todavía más la cuestión, súmele el hecho de que el kirchnerismo es una determinada expresión del peronismo. Responder entonces a la cuestión de qué es este proyecto político es por lo tanto tan complicado como que, a cada cosa que usted piensa de este gobierno -buena o mala-, yo no tenga otra posibilidad que contestar “sí, también es eso”. Se pueden armar cientos de pares: Corte Suprema independiente y sostenimiento de un patrón desigual de distribución del ingreso; mejora de los índices sociales y acuerdos con ciertos sectores empresarios; alianza con los gremios más combativos de la CGT y Ricardo Jaime; política exterior independiente y Mario Ishii.
2.
Ahí nos acercamos a la segunda pregunta. ¿Si yo apoyo, qué estoy apoyando? Por lo pronto, quiera o no, uno avala una ristra de cuestiones que han estado en la agenda de los sectores progresistas en los últimos 20 años -lea el párrafo anterior y filtre-. Traducido para el cuerpo a cuerpo de la discusión de café: el kirchnerismo es el progresismo-realmente-existente.
El tema viene a pasar por otra pregunta ¿cuánta pelusa se banca usted en el durazno? Y ahí hay para todos los gustos. En la respuesta juegan las identidades partidarias, las identidades socio-culturales hasta las historias personales. Sumado a esto, a la hora del apoyo hay un ítem que no es nada menor para el comportamiento del progresista-medio: la culpa, el temor. ¿A qué, dirá usted? Sobre todo a no quedar del lado del antiperonismo, de lo no-popular, del no-pueblo. Quedar de ese lado del mostrador le pasó a todas las fuerzas políticas que no integran el peronismo en, por lo menos, algún momento de los últimos 50 años. Y hay quien, quizás por exceso de cautela, no quiere repetir eso.
3.
Enfrentar al kirchnerismo es necesario, así se lo quiera destruir o (keyword, atenti) superar. ¿Pero cómo hacerlo sin beneficiar a los principales sectores de la derecha en la Argentina? El “síndrome del pequeño productor agropecuario” acecha. En ese caso, los que tienen pocas hectáreas se enfurecen porque son los más perjudicados por las retenciones. Y terminan haciendo piquetes para la Sociedad Rural y otras instituciones de triste trayectoria.
Dicho de otro modo y para volver a la cita del inicio -especulo- quizás Heidegger quería un “Partido” que fuera “Nacional”, “Socialista” y “de los Trabajadores” y creía de manera ferviente en dejar en el pasado el régimen liberal anterior, lo que suena bien. En teoría, claro. Como sabemos, en todo aquello había más de cuatro ingredientes horrorosos.
Los ingleses tienen usan a veces una expresión: “To throw out the baby with the bath water“. El tema es cuánta agua sucia y cuánto bebé va quedando en la bañera. Y eso no se resuelve con cada uno de nosotros sentado en casa. Se resuelve en la arena política. Engordando al bebé o pudriendo el agua. No tengo una respuesta de antemano. No sé qué pensaré de todo esto dentro de tres años. No sé qué pasará, como está tan segura Elisa Carrió, cuando miremos a nuestros hijos a los ojos dentro de algún tiempo. Pero bueno, los riesgos están planteados. Y hasta donde sé, “todas las cosas importantes son peligrosas“.