de Melody

Una nueva YPF para una Argentina más próspera

A mediados de la década del ´60 se realizaron importantes descubrimientos de petróleo y gas en el Mar del Norte, que provocaron un gran impulso en las economías de los países beneficiados y un aumento del nivel de vida de la población del Reino Unido, Noruega y Holanda. Aunque no se han descubierto reservas, sino que se ha recuperado la propiedad de la mayor parte de las acciones de YPF, la medida podría tener un efecto similar para nuestro país en las próximas décadas. Este cambio podría provocar transformaciones de fondo en nuestra economía y eliminar una parte de las limitaciones estructurales que la situación energética genera para nuestro desarrollo.

El rol que había tenido YPF como empresa impulsora del progreso nacional desde su fundación en 1922 fue cayendo en las últimas décadas del siglo XX, en especial desde su privatización, pero especialmente desde su extranjerización. La lógica aplicada por la empresa Repsol fue provocando el deterioro cada vez mayor del balance comercial, por la caída de la producción petrolera y gasífera y su creciente compensación con importaciones, así como en el Balance de Pagos, por la remisión de sus utilidades fuera del país, a su casa matriz, financiando el ingreso de la compañía en otras regiones del mundo. La cada vez mayor caída de la exploración, de la inversión, de la producción y de las reservas de petróleo y gas, fue conduciendo a la economía hacia el estrangulamiento externo y a la pérdida del autoabastecimiento energético.

Ya recuperada, la puesta en funcionamiento de YPF en plena capacidad operativa va a requerir grandes inversiones de capital en las próximas décadas, de un orden cercano a los 7.000 millones de dólares anuales, según el plan de la propia empresa. Este proceso, que va a requerir de un gran trabajo de planificación para dirigir los recursos hacia los fines deseados, y seleccionar las mejores opciones que se presenten por cada fuente de financiamiento posible: asociaciones con empresas líderes del mercado mundial, toma de préstamos externos de países emergentes a tasas razonables, convocatoria a empresas privadas nacionales interesadas en proyectos específicos, captación de fondos provenientes de entidades públicas nacionales y el aporte de inversores privados nacionales que se sumen a través del mercado financiero, como ya está sucediendo.

Lo cierto es que todas estas posibilidades de provisión de fondos van a redundar en un fuerte aumento de la Inversión Nacional. Ello es muy importante cuando se necesita que la misma continúe creciendo. Si bien la Inversión llegó al 22,8% del PBI en 2011 (y es esperable que en este año de crisis, la tasa se reduzca) una magnitud elevada para los promedios históricos alcanzados en las últimas décadas en la Argentina, no es suficiente para mantener el nivel de crecimiento del sistema económico del período 2003 – 2011, del 7,5% anual. Para mantener en el tiempo esa tasa de crecimiento de nuestro PBI se requiere un nuevo aumento de la inversión de más de 5 puntos. Las acciones previstas para poner otra vez plenamente operativa a la petrolera, pueden lograr ese cometido.

En una economía que crece fuertemente todos los años, el sector energético es estratégico. Y en una empresa del tamaño de YPF, con ventas del orden de los 13.000 millones de dólares anuales, poner en funcionamiento pleno a todos sus recursos productivos (personal, equipos, plantas, medios de distribución) va a generar un fuerte arrastre en la economía y un importante impulso al Producto Bruto Interno.

La participación del ahorro sobre el PBI es elevada y el año pasado se encontraba cerca del 28%,  5% por encima del nivel de Inversión. Esto significa que una parte del Ahorro no se canaliza al sistema productivo (y que una parte del mismo es enviada fuera del país). Por ello, cada proporción del ahorro que se logre reingresar al circuito económico local como inversión va a tener impacto en el crecimiento de la economía.

También es importante la recuperación de YPF para mejorar las posibilidades de desarrollo de todo el territorio nacional. Buena parte de las reservas en estudio para poner en funcionamiento, como las de Vaca Muerta o Los Molle en Neuquén, o las prospecciones que se realizan en el NOA, se localizan en zonas alejadas de las grandes ciudades, y son marginales desde el punto de vista económico, al tener un bajo PB Geográfico, dado que tradicionalmente se practica una economía de subsistencia de muy baja productividad. En este sentido, su puesta en valor va a permitir el crecimiento general de la economía, pero especialmente el de estas zonas específicas, que recibirían un fuerte impulso en materia de inversiones, empresas y personas a la búsqueda de mejores horizontes, produciría un proceso de dinamización y crecimiento, igualador e inclusivo territorialmente.

El mes pasado, YPF convocó en el predio de Tecnópolis a cerca de 1.200 empresas del sector, en buena medida PyMEs nacionales, para invitarlas a sumarse como proveedoras y contratistas de la petrolera. Esta decisión implica un cambio rotundo con la política anterior mantenida por Repsol, donde buena parte de los insumos, de las maquinarias e inversiones y de las empresas contratistas provenían del exterior, cortándose las posibilidades de transmitir localmente el crecimiento al resto de la economía. En la medida que YPF sume como proveedoras a empresas nacionales, estará ampliando el efecto multiplicador de su crecimiento, reteniéndolo localmente y beneficiando también a las empresas más pequeñas.

Es evidente que si YPF logra expandir su producción de petróleo y gas, irá reduciendo gradualmente sus importaciones y la dependencia externa de energía, dos aspectos centrales del desarrollo nacional. En la medida que las importaciones reduzcan su presión sobre el Balance de Pagos, las reservas que actualmente se utilizan para la importación de estos rubros, podrían destinarse a fines más útiles y necesarios, como la incorporación de equipos y bienes de capital que permiten ampliar la capacidad productiva nacional o la provisión de insumos no producidos localmente.

También es importante señalar que el nuevo empleo que generaría la recuperación de los niveles de producción de esta empresa va a ser trabajo de calidad. Es decir, empleos que requieren elevada formación y capacitación técnica y científica, con altos niveles de retribución y productividad, que ampliarán el horizonte y las posibilidades de trabajo de ingenieros, químicos, geólogos, biólogos y otras áreas técnicas. Además que ello repercutirá sobre el mercado de trabajo, elevará el nivel medio de salarios, generará un fuerte impacto sobre las universidades y los institutos tecnológicos, que deberán adaptar su orientación para preparar profesionales a la medida de nuestras necesidades, de nuestros proyectos productivos y de nuestra realidad concreta nacional.

Si se cumplen las apuestas del Directorio, YPF podrá convertirse en líder en materia de recuperación de yacimientos maduros y de explotación de áreas no convencionales, lo que le permitirá poder ofrecer en el mundo el conocimiento y la práctica adquirida, y ampliar la gama de exportaciones y servicios ofrecidos por nuestro país, abriendo nuevos mercados no tradicionales.

A su vez, las oportunidades que se abrirán en el sector hidrocarburífero en Argentina permitirán generar y desarrollar lazos diplomáticos y políticos con otras naciones emergentes, lo que elevará el atractivo internacional de la Argentina, como se pudo ver en las misiones de los meses pasados en Rusia y en China y en las reuniones celebradas con empresas de Brasil y de Estados Unidos. Ello provocará el desarrollo de fuertes vínculos con regiones del mundo no tradicionales, que implicará una apertura positiva para nuestro país.

Para ir concluyendo, el despegue de YPF va a permitir recuperar un actor económico que fue central en el siglo pasado para el desarrollo del país, que lo hizo pionero y referente en la materia en América Latina. Podrá regenerase así la mística que YPF supo construir desde los primeros años de su historia, como una empresa que movilizaba a sus hombres por los rincones más recónditos de nuestro territorio, fundando pueblos, modelando vidas, creando trabajo y llevando el desarrollo a toda la Argentina.

Puntualmente, vale señalar que el proceso emprendido de captación de fondos a través de emisiones públicas en el mercado financiero, va a lograr captar gran parte de la demanda de oportunidades de inversión que, tradicionalmente, se canalizaban hacia el dólar como opción natural de preservación del ahorro, con el peligro de que muchos de esos fondos terminan saliendo del circuito productivo, no cumpliéndose la necesidad económica de transformar el ahorro en inversión. O peor aún, saliendo del país y reforzando el proceso de fuga de capitales, que resulta letal para cualquier economía, ya que implica desaparición de parte del ahorro nacional. Las Obligaciones Negociables que está emitiendo YPF en las últimas semanas están iniciando el camino en este sentido, de que son financieramente atractivos y económicamente productivos.

Pero en especial pueden ser muy importantes desde el punto de vista cultural. Para una parte de la franja de la población que tiene mayor capacidad de ahorro, estos instrumentos pueden servir para que apuesten al desarrollo nacional. A dejar de invertir fuera del país sin tener en cuenta la suerte y el bienestar del resto de la población. La opción que se está planteando implica el camino inverso: invertir en una actividad nacional, socialmente útil y necesaria, de la que toda la sociedad se alimenta y se beneficia, como es la generación de energía. De esta manera, este nuevo camino provocaría un cambio profundo en la apreciación del futuro, ya que quien tiene sus fondos invertidos en el país va a preferir que al país le vaya bien, para que también le vaya bien a él. Ayudaría a socializar, a integrar y a comprometer, que es el espíritu que debe predominar en cualquier sociedad para orientar las conductas individuales.

Bienvenida YPF, si logra transmitir esos valores. Muchos de los cuales todavía sigue recreando en el inconsciente y la memoria de quienes la vivieron antes, en sus mejores años, y que sienten que en alguna medida les dio algo de lo que son, por lo que le deben, y se deben, una segunda oportunidad.

Santiago Solda

Economista de AIERA

(Asociación de Importadores y Exportadores de la República Argentina)

Exportaciones: presente y desafíos

Las exportaciones argentinas están altamente concentradas en grandes empresas exportadoras (GEE), es decir aquellas que han efectuado operaciones superiores al millón de dólares. Sobre un total de 84 mil millones de dólares exportados en 2011, las GEE superaron el 85%, realizando más de 16 mil transacciones. ¿Qué se exportó? ¿Quién exportó? ¿A dónde se dirigen los envíos? ¿Cuánto representan las exportaciones industriales? Veamos.

La Nomenclatura Común del Mercosur (NCM) se agrupa en 1600 partidas arancelarias, que abarca grupos de productos. Las más de 16 mil operaciones realizadas por las GEE corresponden a sólo 151 de esas 1600 partidas. Es decir que, hay una fuerte concentración de lo que se vende.

Más precisamente, de esas 151 partidas, las 10 más importantes equivalentes al 64% de las exportaciones totales (y las 25 más importantes, el 80%). Las principales partidas exportadas son (ver gráfico 1, abajo): soja y derivados (29%), cobre (14%), petróleo y gas (12%), oro (7%) y maíz (5%). Entre las primeras diez partidas más exportadas sólo aparece una partida industrial, vehículos automotores.

Si agrupamos a las primeras 25 partidas, se obtiene que 42% de lo exportado proviene de cereales, oleaginosas, sus aceites y subproductos; 23% de la minería; 17% de combustible y energía; 11% de bienes industriales y 2% de crustáceos y lácteos. Esto indica la especialización de las GEE en la venta de commodities.

Si se coincide con que el desafío principal de nuestro país en materia económica es modificar y fortalecer su estructura productiva y generar más y mejores puestos de trabajo, necesitaremos lograr agregar valor a nuestras exportaciones. Sin embargo, el valor agregado del total exportado por las GEE es bajo: el 62% de las exportaciones son bienes de muy bajo valor agregado (bienes primarios y combustibles), 25% son manufacturas agropecuarias y sólo 13% son manifacturas de origen industrial (MOI) (ver gráfico 2).

¿Quiénes son los grandes exportadores? Las exportaciones de las GEE que pueden identificarse se concentran en 273 empresas. Ahora bien, sólo 25 empresas generaron 45% de las exportaciones totales argentinas en 2011. Doce de ellas se dedican a la exportación de granos, oleaginosas y sus derivados; 6 a la exportación de petróleo y gas; 5 a la exportación de bienes industriales (3 de autos, 1 de tubos de acero y 1 de aluminio) y 2 a la exportación de productos de la minería (ver gráfico 3).

¿A dónde exportan las grandes exportadoras? Los recursos naturales argentinos (como los de cualquier otro país) son bienvenidos por doquier. Esto no sucede con los bienes de alto valor agregado que exportamos, que se concentran en pocos mercados.

Los primeros 25 países de destino de las ventas externas representan el 85% de los envíos, siendo los primeros lugares para Brasil, con el 12,5%, China, con el 10%, Alemania, con el 6% y Canadá, con el 5,8% (ver gráfico 4). América Latina absorbe el 39% de los envíos.

De este análisis, lo que más sobresale es que sólo el 13% del total exportado por estas GEE son bienes industriales. Ello implica que el 11% de lo que exporta nuestro país, corresponde a ventas externas industriales de estas firmas. Si nuestro país exportó el año pasado 35% de MOI, ello implica que más de dos tercios no lo generaron estas grandes empresas.

¿Qué bienes industriales se exportan las GEE? Las primeras 2 partidas más exportadas (vehículos) agrupan el 55% de las ventas de este rubro, las primeras 5 partidas más exportadas concentran el 80%, y las primeras 25 concentran el 96%. (ver gráfico 5).

El resultante de esta concentración es claro: el actual problema que está experimentando el sector industrial argentino, en un contexto de contracción de las exportaciones mundiales, está fuertemente influido por la caída de la demanda externa del sector automotriz.

También se exportan partes de aeronaves, tubos y perfiles huecos de hierro o acero, barcos y construcciones navales de apoyo a la navegación y aluminio en bruto.

¿Qué firmas exportan? El peso del sector automotriz en las exportaciones industriales es claro: ocupan 7 de los 10 primeros lugares, junto a Siderca (que fabrica tubos y perfiles de hierro o acero), Aluar (que fabrica lingotes de aluminio a partir de materia prima importada) y Agrocrom (que vende aeronaves y partes). El resto de la lista de las principales 25 empresas industriales puede verse abajo en el gráfico 6.

¿A dónde se exportan los bienes industriales? Aparece una diferencia importante con lo que sucedía con el total de los bienes exportados. Las exportaciones industriales están más concentradas: 59% se exportan a América Latina, 12% a Norteamérica, 11% a África, 11% a Europa y 5% a Asia ( aunque si analizamos las exportaciones totales industriales -no sólo las de las GEE- 85% se envían a América Latina).

La totalidad de las exportaciones industriales de las GEE se envían a 62 países. Los primeros 10 concentran el 85% de todas las ventas de mayor valor agregado, de los cuales Brasil representa el 48% (ver gráfico 7).

Una separata sobre las exportaciones del sector automotor: es un hecho positivo que estas grandes empresas estén invirtiendo fuertemente en nuestro territorio y hayan logrado aumentar el empleo y la producción. Aún así, está ya suficientemente dicho que hay mucho camino por recorrer en cuanto a la necesidad de que su producción se conforme con un porcentaje mucho más elevado de partes nacionales, y vuelva a recobrar los porcentajes de que supo alcanzar en otras épocas (cercano al 80% a inicios del ´70). La integración de partes nacionales, hoy cercana a sólo el 30%, provoca un déficit estructural sobre la balanza de pagos, que en el año 2011 alcanzó la cifra de 3.000 millones de dólares.

Por esta cuestión, actualmente se están teniendo reuniones entre las autoridades argentinas y brasileñas acerca de la necesidad de celebrar un nuevo acuerdo automotor que tenga en cuenta la cuestión regional de los dos países, para negociar con más poder con las firmas transnacionales. Si fuera por sus objetivos, estas empresas fabricarían cada pieza en la parte del mundo que resultara más competitiva, de manera de maximizar su ganancia global. Pero para Brasil y Argentina el resultado comercial integrado de la producción automotriz es altamente deficitario. Por eso se está planteando un nuevo esquema, para que las firmas trasladen producción a la región si quieren gozar de un mercado que crece fuertemente desde hace una década y lo va a seguir haciendo en los próximos años.

Analizando el destino de las exportaciones del sector automotriz, encontramos que el 74% de las exportaciones se dirige a Brasil y 11,5% a Alemania (gráfico 8). Si ya es riesgoso exportar 55% de un sólo sector industrial, más lo es si el 75% del mismo va a un sólo mercado. Y si analizamos esta situación por firmas (gráfico 9), vemos que sólo una de ellas, Volkswagen, exporta más a otro mercado (Alemania) que a Brasil.

Esta situación muestra a las claras la necesidad de lograr que la industria automotriz exporte a otros países emergentes, que son los que más van a crecer en las próximas décadas. Pero estas firmas, como la gran mayoría de las transnacionales, ya tienen en esos mercados sus propias filiales, y no tienen intención de competir con ellas desde nuestro continente.

Reflexiones finales. El análisis muestra que sólo el 13% de las exportaciones de las GEE –poco más de nueve mil millones de dólares- corresponden a manufacturas industriales. Hay, sin embargo, otros 20 mil millones, cerca del 70% del total, que no fueron vendidas por las grandes firmas. Esto significa que hay un fuerte dinamismo industrial a pequeña escala.

Esta situación ameritaría analizar con precisión qué, quién y a dónde exporta ese universo de alto valor agregado, lo que obliga a entrar en el análisis de las empresas pequeñas, lo que a su vez requiere  un profundo trabajo de procesamiento de información, que está pendiente.

Si se aspira a que la estructura productiva argentina exporte más valor agregado, se internacionalice y se expanda a otros mercados emergentes no tradicionales, va a tener que basarse en las empresas nacionales, que en su inmensa mayoría son las PyME. Lamentablemente, la mayor parte de las firmas grandes argentinas fueron adquiridas por grupos transnacionales. Estas grandes empresas, convertidas en filiales de grupos enormes, tienen menos incentivos a la integración local y a la exportación extraregional.

Hay empresas grandes nacionales con las que se puede contar, porque están operando ágilmente, aprovechando las oportunidades de este tiempo y exportando valor a diferentes partes del mundo. Pero no es la mayoría de los casos. El resto, con las limitaciones, las dificultades y las virtudes que tienen, son las pequeñas y medianas. Esa es la realidad desde la que se parte y a partir de la cual se debe construir una nueva plataforma de exportación competitiva para nuestro país.

Pequeño y mediano desafío para nuestro futuro…

Santiago Solda

Economista de AIERA

(Asociación de Importadores y Exportadores de la República Argentina)

Ver gráficos en PDF.