ContactoSuele decirse que las derrotas son pedagógicas, porque implican la constante repregunta y reflexión acerca de la propia práctica (en este caso) política.
Hace rato que venimos pensando la siguiente afirmación: el conflicto con el campo es el hecho político más relevante que vive la Argentina desde diciembre de 2001. ¿Por qué? A nuestro juicio arriesgamos tres rasgos:
De ahí que sea necesario intentar conocer sus determinaciones de la forma más acabada posible. ¿Cuáles son las fuerzas que se enfrentan? ¿De que forma se componen social y políticamente? ¿Estas fuerzas tienen carácter coyuntural o se constituirán en potenciales oponentes para disputarse el poder de gobierno (cabe aclarar que lo que planteamos, no supone de forma necesaria un escenario de violencia o choques callejeros, sino que podría procesarse a través del sistema institucional)?
Ya habíamos planteado acá y acá, algunas cuestiones referidas al problema de los alineamientos sociales y políticos en la Argentina “actual”. Todos estos problemas surgen (al menos así nos surgieron a nosotros) en relación a la emergencia de un movimiento de oposición al gobierno de una magnitud impensada hacia fines del año pasado: el conflicto agrario. Ya deliramos un poco al respecto acá y acá.
Lo que vamos a intentar ahora es relacionar esos resultados electorales de forma “directa” con el conflicto agrario. Vamos a intentar correlacionar la presencia de cortes de ruta realizados en el marco del conflicto del campo y el voto a Cristina Kirchner. La idea es explorar en que medida el conflicto con el campo estaría vinculado a las fuerzas que sustentaron a cada uno de los candidatos. O planteado en otros términos: en que medida la disposición de fuerzas sociales que se dio en las elecciones de 2007 se estaría “reproduciendo” en el conflicto con el campo. Planteado en forma de hipótesis: el conflicto agrario está reproduciendo la disposición de fuerzas sociales que se dio en octubre de 2007.
Mostramos, entonces el siguiente gráfico y su correspondiente gráfico:


Utilizando estos indicadores resulta mucho más clara la asociación que planteábamos. A medida que aumenta el voto a Cristina Kirchner, disminuye la proporción de departamentos que presentan cortes de ruta. Así entre los departamentos de nivel alto de voto a Cristina apenas el 5,1% presentaron cortes de ruta. Esta proporción aumenta al 32% entre aquellos departamentos con nivel medio de voto a Cristina K. Ahora, entre los departamentos con menores niveles de voto al gobierno en 2007, la proporción de cortes es sumamente superior, llegando a 53%.
Estos valores son estadísticamente significativos a un nivel de significación de p=0,0001. Chi cuadrado da un valor de 73, razón por la cual se rechaza la hipótesis nula. Visto desde algunos coeficientes de asociación, se observan valores que muestran la existencia de asociación, y que resultan también estadísticamente significativos: V de Cramer = 0,401; Gama = -6,96. Este último resulta interesante porque al ser un coeficiente no simétrico, está indicando la presencia de una relación negativa entre las dos variables.
Conclusiones provisorias: como de costumbre, pecamos de cautelosos. No nos gusta irnos a boquear más allá de los datos. Pero cada vez estamos más envalentonados con la idea de que estamos arribando a un escenario de polarización social y política. Estos datos y estos parecen ir a la idea de que en las elecciones de 2007 se fueron conformando dos alineamientos sociales y políticos de carácter y con un contenido social “contrapuesto”. Por un lado: el gobierno, sectores “populares” y fracciones de clase media (y obviamente, algunos otros sectores que por cuestiones “técnico- metodológicas” no llegamos a captar). Por otro, el “campo” (recordemos esto y esto: medianos productores altamente capitalizados, junto con grandes productores, principalmente sojeros), la oposición política al gobierno, fracciones de clases altas y media (y otros sectores que no logramos captar).
A su vez, los datos que presentamos acá parecen mostrar que estos alineamientos parecen estar reproduciéndose (al menos de manera parcial) en el conflicto con el agro. Es decir que las dos fuerzas sociales que se enfrentaron en octubre de 2007, vuelven a protagonizar otro enfrentamiento, ahora ya no en el terreno electoral sino en la calle. Ahora bien, un escenario de polarización no implica necesariamente una resolución violenta del conflicto ni un golpe de estado. Habrá que ver que pasa.
Como de costumbre, si quieren ver con más detalle los cuadros y algunas cuestiones metodológicas, pasen por acá.
Habíamos planteado hace poco una serie de interrogantes acerca de los alineamientos en la sociedad argentina, acerca de su forma, acerca de las fracciones sociales que agrupaban. Habíamos decidido, además, constituir un observable “privilegiado”: los resultados electorales, considerados estos, como uno de los escenarios donde la disputa entre esos alineamientos (es decir, entre esas fuerzas sociales que se constituyen como alineamientos) se dirimía. No el único, quizás no el más importante… pero uno de ellos.
Seguimos, entonces, ahora con el segundo punto de nuestro “programejo de investigación“, seguimos con la dama de hierro, la dama constructora de tipos ideales y dadora de cátedras diversas: Elisa Carrió. Vamos a utilizar los mismos indicadores: proporción de hogares NBI y nivel educativo de la población mayor de 18 años en los departamentos de todo el país.
Una vez más, dada la extensión de los gráficos los hemos colocado aca…
Si arriesgamos (ahora un poco más envalentonados) nuestra segunda hipótesis de trabajo: Elisa Carrió, o mejor dicho, la fuerza social cuya expresión política encarna Elisa Carrió, parece estar aglutinando (al menos electoralmente) a sectores de los estratos medios y altos de la sociedad: los menos pobres y los más educados. De cualquier forma, el “liderazgo” de Elisa Carrió como dirigente de una fuerza social “opositora” es bastante más discutible. Somos conscientes de este punto. Pero por ahora, no nos animamos a decir más que esto.
Además, les incluimos un cuadrito resumen de los indicadores principales y sus correlaciones (medidas a través del coeficiente R de Pearson):

Como ven, las correlaciones entre NBI y nivel educativo bajo tienen signo positivo y valores elevados para el voto a Cristina Kirchner. En cambio, para la proporción de votos a Elisa Carrió tienen signo negativo y valores también elevados.
Hace mucho que tratamos de descular algunas cuestiones referidas a la base social del kirchnerismo. ¿A qué sectores representa? ¿Sobre cuáles se sustenta? Momentos de polarización social y política como los que parecen ir configurándose en el escenario actual parecen propicios para intentar este tipo de análisis. En un momento de “conflicto” ¿quiénes son los que se alinean con el kirchnerismo?
El Escriba ha sido contundente: hay un nuevo sujeto social y no es el agrario. A su vez, Hal lo niega rotundamente. La del Escriba es una idea sumamente atractiva. No tanto por lo de “nuevo” (somos partidarios de usar conceptos más “clásicos”) sino porque ahí está implícita la cuestión acerca de los alineamientos sociales y políticos en la Argentina actual. Eso es, creemos, lo que Hal le cuestiona. Implica preguntarse cuáles son las alianzas sociales vigentes en el aquí y ahora. Esa era la pregunta que nos estaba faltando. Ahora, ¿cómo abordar la cuestión? ¿Como construir observables de este problema? Desde nuestra perspectiva el más importante lo dejamos planteado en el párrafo anterior: el conflicto social. ¿Cuáles son los conflictos que atraviesan la estructura social argentina? ¿Cómo se ubican los distintos sujetos y fracciones sociales en relación a estos conflictos? Ahora bien, estos interrogantes están, por ahora, fuera de nuestro alcance.
Es así, con esta óptica, que encaramos el análisis de los datos de las elecciones de 2007. Es decir, con los datitos que vamos a presentar no estamos intentando establecer “determinantes” de la conducta electoral de los individuos. El objetivo, entonces, no es explicar una conducta o comportamiento “individual” (el voto) a través de factores “socioeconómicos” o “demográficos”, como hace la investigación electoral “clásica”. El interrogante es otro: ¿cómo se disponen las alianzas sociales en la Argentina de hoy? Tomamos como un indicador de esa disposición los resultados electorales.
Los resultados provisorios de nuestros observables, parecen dar suficientes elementos como para plantear la siguiente hipótesis (remarcamos lo de hipótesis) de trabajo: el kirchnerismo, entonces, o mejor dicho, la fuerza social cuya expresión política encarna el kirchnerismo, parece estar aglutinando (al menos electoralmente) a sectores de los estratos más bajos de la sociedad: los más pobres y los menos educados.
Terminó el acto en Rosario. Mucha gente. Discursos muy duros de las entidades gremiales. Y otra vez la autoidentificación por parte de Bussi y De Angelis como “pequeños productores”.
Ya intentamos una primera aproximación al problema en el post anterior, que generó un fructífero diálogo con Andy Tow. Muchas observaciones nos parecieron atinadas y estamos trabajando en ellas.
La idea era desestimar un poco la idea de que los “pequeños productores” constituían algo así como las fracciones sociales correspondientes a la “pobreza rural”. Criticábamos el uso puramente descriptivo del concepto y sus ambigüedades operacionales y teóricas.
Otra variable importante en términos conceptuales y que hace al nivel y tipo de capitalización de una unidad productiva agropecuaria es el tipo de fuerza de trabajo que utiliza. En términos generales pueden dividirse dos tipos polares: familiar y asalariada. Cuanto mayor es la proporción de fuerza de trabajo asalariada, más probable será que nos encontremos ante una explotación con un nivel relativamente elevado de capitalización.
Parece evidenciarse que los departamentos de la región pampeana que mayor presencia de cortes de ruta muestran son aquellos que tienen un alto índice de mecanización, y al mismo tiempo, aquellos que presentan altos niveles de asalarización de la fuerza de trabajo ocupada en las explotaciones del departamento.
Una vez más, los datos agregados a nivel departamento permiten dar sustento empírico a la siguiente hipótesis (al menos en la región pampeana, que es de la que hablamos acá): en los cortes producidos en la región pampeana parecen predominar aquellas fracciones sociales agrarias que tienden a corresponder a productores altamente capitalizados y con utilización relativamente elevada de fuerza de trabajo asalariada y no a “pequeños productores”, vulnerables y puramente familiares.
Inauguro mi participación en esta comunidad a través de un intento de caracterización de algunos de los sujetos que protagonizan las protestas del campo.
Por casualidad descubrimos el blog de Andy Tow quién propone un análisis de los cortes de ruta a nivel de departamento y basado en tres variables básicas: a) desigualdad en la distribución de la tierra (medida a través del índice de Gini); b) tamaño de las explotaciones.
Uno de los resultados principales a los que arriba es que los cortes de ruta se hallan asociados (de forma estadísticamente significativa) a una distribución igualitaria de la tierra (medida a través el índice de Gini). A su vez como el Gini se encuentra asociado al tamaño de la explotación, concluye que la protesta está protagonizada por los pequeños y medianos productores.
La sociología agraria ha debatido largamente sobre la utilidad de la superficie de una explotación como (principal) indicador válido para la construcción de tipologías de explotaciones. El concepto de “pequeño productor” lisa y llanamente, tiene un carácter ambiguo dado que no permite especificar de forma clara cuáles son los criterios sobre los cuales se construye. En efecto, un pequeño productor… ¿en función de qué? ¿Del tamaño de su explotación? ¿Del valor bruto de su producción? ¿De su inversión de capital y/ o de las posibilidades de reproducción de ese capital? ¿Del tipo, forma y cantidad de fuerza de trabajo que utiliza?
La consecuencia lógica de esta ambigüedad es se terminan asimilando bajo una misma categoría a fracciones sociales y agentes económicos sumamente diversos entre si: desde productores familiares pobres y “semi- proletarizados” (que se ven obligados a trabajar fuera del predio) hasta productores capitalizados que contratan personal. Pasando por productores tipo “farmer” altamente capitalizados pero con fuerza de trabajo familiar y muchas otras situaciones intermedias.
Para resumir: el hecho de tener explotaciones “pequeñas” y/ o “medianas” en términos de superficie no implican (por sí mismas y necesariamente) producciones “pequeñas” y “medianas”, y/ o inversiones de capital “pequeñas” o “medianas”, o un nivel de acumulación “bajo” o “medio”. De todas estas variables que faltan incorporar, nos centraremos en la “inversión de capital”.
En este breve trabajo nos referiremos solamente a cuatro provincias de la región pampeana: Entre Ríos, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fé. Este recorte (que no está exento de problemas) tiene asidero en dos criterios que consideramos razonables: a) estas provincias parece ser las que concentran la mayor parte de los cortes de ruta; b) en tanto se trata de una región con una estructura agraria relativamente homogénea, es menos riesgoso trabajar con datos agregados que si se incorporaran al análisis otras regiones con estructuras más disimiles.
Una primera aproximación a este problema puede obtenerse a partir de los datos de existencia de maquinaria a nivel departamento, presentes en el Censo Nacional Agropecuario 2002…