ContactoLa democracia argentina (1983-¿?) no es débil: es ineficaz. Puede soportar levantamientos militares, la “reforma” del Estado, las renuncias de presidentes, las crisis económicas y sociales, el debilitamiento de los partidos, las tensiones del federalismo, los conflictos con diferentes sectores sociales, y más. Pero no puede siquiera plantear soluciones para buena parte de la amplia gama de problemas que viene enfrentando la Argentina en este último cuarto de siglo. Más aún, muchas de las políticas estatales exitosas que hoy existen son anteriores a la transición democrática. Tal es el caso de la campaña antártica, el INTI y el INTA, la CNEA, el INDEC, la educación superior, el ISEN, y algunos otros pocos etcéteras.
Vulgarmente, la ineficacia de la democracia argentina suele notarse en contraste con la supuesta excelencia de nuestro Gran Hermano: el ex Imperio del Brasil. Siempre escuchamos lo mismo: “Brasil tiene políticas de estado y Argentina no”. La falacia de ese argumento queda develada en esta excelente nota. Sin embargo, es imposible no darse cuenta de que la definición de la política hacia Paraguay por parte de Brasilia es, vista por nosotros, los plateístas de la Plaza de Mayo, de un lujo al que no estamos acostumbrados por estos barrios.
Si acordamos en que en ninguno de los dos países el Estado logra garantizar la universalidad de los derechos políticos, civiles y sociales que yacen en el núcleo de la democracia ¿dónde radica la diferencia que ambos países tienen en la calidad de algunas de sus políticas de estado?
Pues en que Brasil tiene una elite de y para su democracia y Argentina no.
Así de simple. Argentina no tiene una elite de la democracia. O acaso alguien puede indicar dónde están hoy los jóvenes maravillosos de la primavera democrática. O, tal vez, los chicos dorados de las reforma y el ajuste. ¿Y dónde los futuros líderes políticos, sociales, sindicales?. No están en ningún lado, porque en la Argentina las políticas nunca pagan. No paga ser técnico de un ministerio, no paga ser investigador o docente del sistema público, no paga (a esta altura) ser médico o ingeniero al servicio del Estado. Y no sólo porque los sueldos sean bajos. No. Porque no sólo de dinero viven quienes quieren participar de un proyecto para la democracia. No paga porque nadie ha podido crear aún un horizonte de sentido en el cual inscribir la tarea de esos actores. La democracia argentina perdió inmediatamente su mística. De hecho jamás tuvo una mística propia, solo una prestada por la oposición a la noche dictatorial. La democracia argentina no enamora. Pocos piensan en sus instituciones -incluso en sus instituciones no estatales- como herramientas con las cuales transformar este país en un país más justo.
Y esto no debería sorprender. Visto el último cuarto de siglo, es irracional querer participar del gobierno de este país. Hay que ser muy osado aquí para hacer lo necesario para llegar a director nacional, investigador principal, titular de cátedra, general-almirante-brigadier, comisario mayor, juez federal, etc. La ruleta indefectiblemente vuelve a cero. Y si no se pierde el cargo se pierde su potencia transformadora.
Contar con una elite le permitiría a la democracia ganar lo que le falta: solidez para crear e implementar soluciones eficaces a los problemas que enfrenta. Como supongo que los adalides de la democracia participativa ya estarán bastante enojados voy a ampliar el punto: una elite es, por definición, una minoría. Pero una minoría que se forma con ciertos criterios: puede ser el linaje y la riqueza como en nuestra era oligárquica. Pero también el mérito y el compromiso. Una elite no es una vanguardia de clarividentes. En el caso de citado, los movimientos sociales también participan de la política de estado por medio de sus vínculos con el gobierno brasilero y la sociedad civil paraguaya. Eso quiere decir que los dirigentes sociales y sindicales, los dirigentes de los sectores populares, pueden (pero por sobre todo, deben) formar parte de una elite para la democracia.
No hay que engañarse, cuestiones como el contenido particular de la política exterior no pueden ser decididas por todos. Entonces es mejor que lo sean por unos pocos que accedieron a su posición de acuerdo a criterios claros (su capacidad técnica, su liderazgo, su representatividad social, su mérito al servicio de la burocracia estatal, etc.) que por otros pocos a los que poquísimos conocen. Una elite con todas las letras es el mejor antídoto contra los tecnócratas y los consultores. A diferencia de ellos, que vienen y se van, las elites en democracia son responsables de sus propios actos.
Ya es buena hora que la democracia argentina produzca sus propias elites. Surgidas de sus universidades nacionales, valorizadas por sus instituciones públicas, comprometidas con los objetivos de la democracia: más igualdad y más libertad.
Hola Cristina. Te estamos llamando. Nosotros. Sí, nosotros. Los que bancamos este proyecto. Sí, sí, a pesar de que a veces para ser proyecto le falte. A nosotros también nos falta para ser buenos militantes o buenos cuadros. Lo importante es que lo bancamos. Está bien, ya sé que no lo hacemos con el fervor de los ortodoxos ni con la eficiencia de los convenidos. Pero vos no te das una idea lo que nos costó ir a las plazas. No, no por nosotros. Por los demás, digo. Los últimos meses pasamos tanto tiempo defendiendo a las retenciones como defendiendo nuestra postura de defender las retenciones. No, pero si ya sé que era lo mínimo que podíamos hacer, está claro. Además, tampoco es que nuestro apoyo vaya a cambiar la relación de fuerzas. Pero igual te digo que no está de más, ¿eh?.
Yo sé que parece que sin la clase media se puede, pero al menos un puchito ahí hay que tener. Sobre todo porque las clases medias construyen los sentidos que más fácil se universalizan. No, no, no te enojés, ya sé que vos también lees a Laclau, yo sólo te lo decía… Está bien, te entiendo que gobernar es difícil. Igual nosotros no es que seamos sensibles, eh. Tibios tampoco. No, no. Lo único que te pedimos es que nos tires una. No sé, cualquier cosa. Pero si ya sé que lo de la personería a la CTA es complicado. No sí, claro que vi lo de Menéndez, si, fue un acto de justicia. Pero no se puede gobernar con eso. Si, lo del Mercosur también, es muy grosso, pero eso ya está. No, no quiero la revolución, pero qué sé yo, algo más que los hospitales esos. ¿Cuántos eran?. Ah, sí, treinta. Bueno, ¿y eso al final en que quedó? Ok, esperamos a ver qué pasa con el presupuesto. No, bueno, no me pongo lozanista. Pero entendé que cada vez se hace más complicado discutirles. Si, si, ya sé que ustedes sacaron al país del caos y ellos no pueden gobernar un consorcio. Está bien, pero reconoceles que a veces la pegan con las críticas. No, no te digo que bajes lo del tren bala. Pero bueno, eso del tren para todos lo podrías levantar. Sí, si, los concesionarios son unos hijosderemilputa, pero los bancamos nosotros. No, si yo no quiero que suba el boleto, pero así se viaja como el orto. Y después la gente ve lo del tren bala y se pone loca. Que sé yo qué hay que hacer. Pero algo tenemos que inventar. No sé, alguna que pegue fuerte. La de Aníbal de despenalizarla armaría un lindo quilombo. Quien te dice que funciona como la del turco cuando sacó el servicio militar y te votan todos los pibes. Total los porros se los fuman igual, ehh. Tenés razón, es una boludez. Pero algo tiene que haber. No, no es que nos querramos bajar. Si estuvimos en todas haciendo el aguante. Ya sé que no es lo mismo un intendente que un decano de Facultad, pero pensá que por ahí una manito de tipos menos cuestionados viene bien. No, no lo digo por De Vido, si lo de la obra pública es una cosa complicada. Pero reconocé que ahí también hace falta meter mano. Las constructoras fueron poderosas siempre, pero creo que hay un poquito más de margen. Qué se yo, lo de las cooperativas hay que fortalecerlo, los pibes arrancaron con las casas y los CICs, después les dieron lo del cordón cuneta, y no te digo que van a hacer una represa pero por ahí se los puede sumar a hacer cosas en la obra grande. Y si, Benito va a apretar. Pero el pibe está hace doscientos años tratando de hacer una autovía de la nueve. Otra puede ser meter algo fuerte con educación. Si, si, la manejan las provincias, pero algo complementario, ponele, bancado por la Nación, así los pibes tienen algo piola para hacer cuando salen, deporte, arte, qué se yo. No, no me voy por las ramas, pero qué querés, algo se nos tiene que ocurrir. Habría que ver si no se puede hacer alguna con el tema del ingreso ciudadano. Ponele, una asignación universal para la niñez. No, no son boludeces, si fijate que eso lo pedía el Gordo y fue el primero en salir a bancarlos. ¿Sabés que a veces hasta me olvido quién es el Ministro de Desarrollo Social? Ah, es Alicia, claro. Porque no aparece por ningún lado. No, Taiana tampoco. Es un tipo piola ese. Pero para salir a hablar de la redistribución del ingreso no da. No Tomada no, Taiana digo. Y Tomada tampoco, anda como escondido. Habría que mostrarlo un poco. Vino laburando bien, sí. ¿Lo de Empleo Joven en qué quedó? Ok, cuando averigües decime. Pará, antes de irte escuchame una cosita: hay que inventar alguna. ¿Con lo de las jubilaciones no se puede hacer nada? ¿Y si aprovechamos la movida del ajuste y metemos un ingreso universal a la vejez? Digo, así nos aseguramos que a los viejos no va a ser tan fácil hacerlos mierda como hizo el Mingo. De paso que se ajustan para arriba, metemos un ingreso para todo el que llegue vivo a la edad de jubilarse. No, si ya sé que Néstor esa ya la hizo, más de un millón y medio de viejos que no cobraban, sí. Pero yo te digo de los que vienen. Porque por ahí nosotros no estamos y nadie les da nada a los que no aportaron. No, no te lozaneo, lo tiro como una idea. Claro, hay que ganar las elecciones. Pero si seguimos así estamos jodidos. Además ponele que se lo das y no te votan, si la hacés bien ya la hiciste, y lo cagaste al que viene. Yo te digo que si la hacés bien ajustar va a ser un poco más difícil que en los noventa. Si, los ví el otro día, los hijos de puta tienen poder todavía y encima se viene la crisis internacional y toda la bola y va a haber que tener resto para hacer el aguante. Pero de esta tenemos que salir para adelante. Ya sé que vos también querés eso, pero vas a tener que largar lastre. No, tampoco digo que lo rajes a Moreno ahora. ¿Pero a Jaime? A Jaime no le están dando tanto. Y además es un Secretario, tampoco vamos a hacer tanto quilombo, al final cualquier Secretario tiene más perfil que un ministro. Con esa hay que cortarla. El Chachi Tedesco no pinta en ninguna, y mirá que Filmus tampoco era Ginés, ¿eh? Pero al lado de este parecía Corach. No, si lo digo por la exposición pública, nomás. Y lo de Barañao se quedó con la teología, fijate que la del ministro de ciencia y no se qué había gustado mucho al principio. Por ahí si le das un poco de espacio arma alguna piola. No, es claro que a Curto le chupa un huevo, pero pensá que Curto no sale en el diario tampoco y también está faltando imagen. Además todo bien, los intendentes bancan el territorio y todo eso. Pero con lo del apoyo le tomaron la mano y hacen la del zepelín inflable. Mandan un tipo con el globito y parece que hubieran movilizado hasta a la vieja. La próxima tenemos que llevar uno nosotros, pero con alguna frase de Jauretche o de Cooke, que era marxista. Ahora en serio, lo que te digo es que ya hay varios que se están bajando de esta porque ven que no arranca. A la izquierda no hay nada, por supuesto, pero estos se van a su casa. Y por ahí no es tan complicado hacerles un lugarcito. No, no te estoy diciendo que armes con los que leyeron a Nun. Encima están todos tristes porque parece que se va Abal Medina. Y si, los de las ciencias sociales son así, yo les digo que no se pongan mal porque Abal Medina parece que nunca hubiera asumido. Ahí, hay otra, jerarquizar el servicio civil no estaría mal. Que no se discuta solo el salario, meter temas de formación para todo el estado nacional, que a veces está medio oxidado. Y ahora que lo pienso por ahí habría que consultarlo al Abal Medina viejo, el tipo ese la tiene clara posta. Si, si, ya sé que me fui al carajo y vos estás ocupada. Lo oigo ahí a Néstor que te llama. Mandale un saludo. Decile que lo de los chiflidos en la biblioteca no fue con mala leche. A los compañeros les gustó que diera la cara, por supuesto. Eso ayuda a construir por este lado. Pero bueno, te saludo. De lo de Massa hablamos otro día, hay que darle changüí aunque no lo veo con posibilidades de hacer movidas importantes. Y mirá que me quedó lo de la ley de medios colgando. Está bien, lo hablamos la próxima. Acordate que te estamos haciendo el aguante. Pero no sólo de Derechos Humanos vive el hombre. Disculpá, es el humor negro que no me deja en paz. No, ya sé que fue difícil y es un tema serio, pero viste, va a haber que inventar alguna otra porque si esa sale bien, antes de 2011 ya no va a haber más genocidas libres. Listo, charlamos después. Te mando un beso. Y fuerza, eh!
La foto, acá.

Lo único que no existe es la traición. Ella es sólo uno de los nombres de la política.* Ningún poder puede existir sin conspiración e intriga.
Lo que sí existe es la derrota.
Desde el 25 de marzo existe.
Lo que se trató, durante más de tres meses, fue salir de la derrota. Decorosamente, con dignidad.
Ayer se pudo.
No hay peores batallas que las que se libran cuando una guerra ya está definida. Pero esas batallas son las más importantes. Definen los límites que se usarán durante la paz. Por eso fueron importantes todos los actos, todas las discusiones, toda la militancia: porque había que marcar las nuevas fronteras de la mejor manera posible. Las fronteras del Estado, las fronteras de gobierno, las fronteras del proyecto. Había que definir el paralelo 38 de la política argentina. Pero esa definición no podía durar para siempre. Alguien tenía que firmar el cese de las hostilidades para evitar una cachemirización del conflicto.
Haciendo cuentas, este Tratado de Versalles salió barato. Mandarse al ataque sin comprender que así como el alfonsinismo era hijo de la derrota de la dictadura, el kirchnerismo lo es del colapso del neoliberalismo podría haber sido mucho más nocivo. Hace falta construir mucho más para poder transformar la matriz de poder en Argentina. Es triste pero es cierto que aquí y ahora, después de doce años de reforma del estado y ajuste estructural, después de la crisis social, económica y política, subir las retenciones, reformar la ley de medios o tan siquiera tener una política exterior ligeramente latinoamericanista es como tomar el cielo por asalto.
El resultado de la votación de ayer no es bueno por efecto de algún tipo de dialéctica. Lo es porque, aunque implica una vuelta al punto de partida, abre más posibilidades de reconfigurar el escenario político a través de la acción de gobierno y de la articulación política que lo que hubiera permitido la ratificación de la resolución. Puesto en otras palabras: luego de casi cuatro meses de conflicto la “traición” de Cobos era la condición necesaria para que el gobierno de CFK tuviera la posibilidad de retomar la iniciativa política en el corto plazo.
Ahora es cuando.
* Jorge Luis Borges, el mejor filósofo político argentino junto con Sarmiento y Perón, tuvo profunda preocupación por este fenómeno. A él le dedicó tres ensayos llamados imprudentemente cuentos: Tema del traidor y del héroe, Tres versiones de Judas, e Historia del guerrero y la cautiva.
Pasando de canal lo encontré al Canca Gullo destacando las virtudes políticas de Máximo Kirchner. Me dio un poco de tristeza. Sobre todo porque ya lo había visto en la revista Noticias afirmando que debería haber muchos Máximos. O algo así. No creo que la idea de complementar la filiación de Máximo con la trasmisión del carisma de un dirigente histórico logre convertirlo en un líder político respetado. Ni por sus propios dirigidos ni por el resto de las fuerzas. Sin embargo, sí creo que la construcción de la imagen del hijo de la Presidenta dice muchas cosas sobre la política argentina. De esas muchas cosas me gustaría destacar dos.
La primera es que en Argentina no hay jóvenes dirigentes políticos. Las estructuras de donde surgían están fuertemente deslegitimadas incluso para quienes deberían participar, o de hecho participan, en ellas. Hasta, digamos, el gobierno de De la Rúa, los jóvenes dirigentes surgían, al menos para el radicalismo, de la universidad. Ser presidente de un centro de estudiantes importante o de una federación universitaria provincial era el rito de pasaje de la política de los jóvenes a la política de los grandes. En el peronismo la historia era más complicada, pero, además de la universidad, la militancia territorial y sindical eran los semilleros de dónde surgían, o al menos podían surgir, los jóvenes dirigentes políticos. Hoy eso no existe. Los centros de estudiantes están deteriorados y ni qué hablar de las clásicas estructuras territoriales o sindicales. A un dirigente cualquiera no le viene impuesto desde abajo su referente juvenil. Tiene que inventarlo: conseguir un pibe y ponerlo a rosquear para que cierre antes que la vorágine se lo coma, con las decenas de agrupaciones que anden a la deriva por ahi, dispersas, sin proyectos que las abarquen. Así, la juventud que se fue de la plaza, la juventud que le hizo la contra al ajuste en la educación que quería imponer su propio partido (acciones incomensurables pero que expresan la autonomía relativa de los dirigentes y militantes de las juventudes), ahora viene armada de arriba, a pedido, y entregada justo a tiempo para ser consumida por la agenda más voraz.
La segunda cosa que nos indica la construcción mediática del liderazgo de Máximo, es que cuando no hay estructuras políticas los lazos personales ocupan su lugar. Y entre los lazos personales, los familiares tienden a prevalecer. Ante la inseguridad de una relación no mediada por los premios y castigos que provee la estructura, la familia ofrece un resguardo. El problema es que este resguardo no permite pasar a la ofensiva. Armar a partir de la familia es muy complicado. Nadie se va a meter en una carrera cuyos primeros puestos ya están decididos de antemano. Al menos nadie con real vocación de liderazgo. Armar la juventud de un partido con tu hijo te permite tener ciertas seguridades respecto de la línea política y la fidelidad. Pero al mismo tiempo introduce un conjunto de reglas de interacción que hasta ahora habían sido ajenas a la militancia. Debería hacer una búsqueda exhaustiva, pero creo que ninguno de los líderes jóvenes de los setenta era hijo de algún figurón de la corriente que dirigían. Incluso algunos eran dirigentes no por o gracias a su familia sino a pesar e incluso en contra de ella. De hecho, la politización de los lazos de familia es nueva en la era democrática argentina. Una cosa es acomodar a un familiar y otra ponerlo a hacer política. No es este un fenómeno para alarmarse alla Carrió (que en cualquier momento declara a este gobierno representante universal del Mal). Sin embargo, nos habla de una forma de construcción que sirve para comprender el actual momento de reflujo en la dinámica de acumulación política.
Tal vez Máximo sea un dirigente sobresaliente y nosotros no lo sepamos. Pero en todo caso, el problema no es de quién es hijo. El problema es que su liderazgo no sea producto de una construcción política propia en los ámbitos clásicos o en nuevos espacios de acumulación (los medios, el trabajo precarizado, etc.) sino efecto de una decisión que surge del vértice. Hacen falta cuadros, hacen falta dirigentes, hacen falta estructuras. Hacen falta muchas cosas para enfrentar los desafíos de ahora y producir los desafíos que se vienen. Bueno sería que, a pesar de las urgencias, se pueda trabajar en eso a partir de la construcción política desde la base.
Por ahí, más que los elogios de Gullo, hace falta la experiencia de Abal Medina. No el joven, el viejo.