Por el amor de Dios
Dijo ayer Lula Da Silva en San Pablo:
- No hay ningún político “irreprochable desde el punto de vista moral y ético”.
- “Cuando ustedes no crean más en nadie, ni en Lula, ni en (Fernando) Haddad, ni en Dilma, en nadie, ni en Paulo Maluf, aún así, por el amor de Dios, no renuncien a la política”.
- “El político ideal que ustedes desean, aquel con cara de sabio, de probo, irreprochable desde el punto de vista del comportamiento ético y moral, aquel político que la prensa vende que existe, pero que no existe, quién sabe, tal vez esté dentro de ustedes”.
Después habló, claro, de la prensa, de los medios que se convierten en “grupos de presión”, de las acusaciones que recibe por cobrar grandes sumas por dar conferencias. Pueden leerlo acá y acá.
Sur, corrupción y después
El Código Penal es un texto bastante claro, sobre el cual no hay demasiadas consideraciones políticas que realizar. El periodismo, a su vez, es una actividad de la que todos conocemos tanto potencialidades como limitaciones -sobre todo cuando se dan en un contexto en el que grupos empresarios de medios aparecen enfrentados a un gobierno por una regulación de ese negocio-.
En una semana en la que a una investigación periodística que buscó vincular a empresarios cercanos al kirchnerismo con presuntas operaciones de lavado de dinero, se sumaron informaciones sobre dos empresas que cotizan en la bolsa de Nueva York y que aseguraron haber pagado sobornos para hacer negocios en el país, vale la pena avanzar en algunos elementos que sirvan para análisis de este tipo de denuncias y su abordaje político.
Me interesa en ese marco repasar qué ocurre en países que son, en muchos aspectos, primos hermanos de la Argentina, los llamados BRICS, en materia de corrupción y cuál es el “enfoque político” hacia el tema por parte de sus gobiernos. Con una producción que viene de experimentar un rápido crecimiento, donde el Estado ha extendido su influencia, en un contexto de un mayor peso de los países del Sur en el comercio internacional, algunas de las situaciones a las que se enfrentan estos países son dignas de ser analizadas en forma comparada. En este sentido, si bien la Argentina no es Brasil, ni China, India, Rusia o Sudáfrica, ha crecido en vinculación y elementos en común con estos países e integra varios clubes junto a ellos, en particular el del influyente G20.
No se trata aquí de consolarse como un “tonto” ante el mal de “muchos”, sino de evaluar las distintas formas en que la corrupción se convierte estos países en un fenómeno de primer nivel de atención no sólo por parte de las oposiciones, la prensa o las instituciones judiciales. Ocurre así que el debate sobre la transparencia (o la falta de ella) en el manejo de la cosa pública le impone a los gobiernos implementar a su vez determinadas acciones de tipo “político”.
“Las autoridades de los BRICS están luchando por mantener su legitimidad política, ante tasas de crecimiento declinantes, una creciente división a partir de la riqueza y los niveles de corrupción percibidos”, señaló en un reciente informe la fundación alemana Bertelsmann, la mayor entidad de ese tipo financiada con fondos privados en ese país. Además, la organización no gubernamental remarcó que en estos países se requieren “urgentes reformas en la política social” y que esa situación “amenaza con inestabilidad, a partir de una inequidad extrema y extendida corrupción”.
En un reporte del mes pasado sobre “gobernanza sustentable” en estas naciones, esta fundación citó las palabras del ex presidente chino Hu Jintao, en el Congreso del Partido Comunista de aquel país del año pasado, donde remarcó problemas no resueltos por ese régimen como el federalismo fiscal y la falta de transparencia. Ante 2.270 dirigentes, Hu tomó la cuestión de la corrupción como prioritaria y de manera explícita remarcó: “Castigaremos sin clemencia a cualquier persona involucrada, sea cual fuere su poder o su cargo, siempre que viole la disciplina del partido y las leyes del Estado”.
Si tomamos el caso brasileño, veremos cómo el tema de la corrupción también aparece como una problemática política y social importante. Por un lado, el Tribunal Supremo Federal condenó en octubre pasado a 25 personas por el caso “mensalao”. Entre los condenados estuvo nada menos que José Dirceu, el funcionario con más poder durante el mandato de Lula Da Silva. Este mismo mes, los coletazos de esa investigación continuaron y la Policía Federal brasileña comenzó una investigación para determinar si el propio ex presidente tuvo vinculación con los hechos denunciados. Poco después, la ex asistente personal del líder del PT, Rosemary Novoa Noronha, fue el centro de otra investigación oficial por un esquema de presunto tráfico de influencias. “Siento que me apuñalaron por la espalda”, aseguró Lula ante esa situación.
“Yo no tolero la corrupción, y mi gobierno tampoco. Si hay sospechas fundadas la persona debe partir. Pero por supuesto, no hay que confundir esas investigaciones con una caza de brujas propia de regímenes autoritarios”, dijo por su parte Dilma Rosseff al diario francés Le Monde, en una entrevista concedida a fines del año pasado. Y en cuanto a las acusaciones contra Lula no dudó en calificarlas de “lamentables” y definirlas como “tentativas para empañar el inmenso respeto que el pueblo brasileño tiene” por el ex líder sindical.
Del otro lado del mundo, en Rusia, Vladimir Putin, antes de asumir en 2012 un nuevo mandato, reconoció que su país afronta una “corrupción sistémica” que expulsa las inversiones. El hombre fuerte de Moscú señaló que “el principal problema es la falta de transparencia, la ausencia de control por parte de la sociedad sobre los funcionarios, las aduanas y los servicios fiscales, el sistema judicial y las fuerzas del orden”. “Esto es corrupción sistémica, si llamamos a las cosas por su nombre”.
Mientras tanto, en la cercana India, una manifestación conovocada por organizaciones sociales tuvo como eje quejas de los ciudadanos por la corrupción en enero de 2011. El activista Anna Hazare realizó ese año una huelga de hambre que obligó al gobierno a firmar una serie de acuerdos de medidas de transparencia.
En Sudáfrica, el presidente Jacob Zuma, asumió en 2009 su actual mandato, luego de ocho años de acusaciones por cargos de corrupción que la Fiscalía General de ese país retiró dos semanas antes de las elecciones, sin que se produjera un juicio. En diciembre del año pasado, Zuma, condenó, en el discurso de apertura de la 53 conferencia nacional del gobernante Congreso Nacional Africano (CNA), la violencia, la corrupción y los sobornos en el país y en el partido. Durante su alocución, el mandatario abogó por “sanar el partido”. Y apuntó contra los afiliados que recurren a la violencia para resolver sus problemas, así como la “compra” de apoyos. En febrero pasado, el gobierno de Zuma anunció que publicará la lista de todos los funcionarios condenados por casos de corrupción. “En los próximos días publicaremos los nombres de todos aquellos que fueron condenados por casos de corrupción y de todos a quienes el Estado congeló o confiscó sus bienes (…) para que la gente pueda saber quiénes son estas manzanas podridas de la sociedad sudafricana”, declaró a la prensa el ministro de Justicia, Jeff Radebe. “Se trata de una información pública. Está en los archivos de nuestros tribunales, por lo que no hay ningún problema en nombrar a estas personas”, justificó el funcionario, quien dijo que el actual gobierno busca “que el público sea consciente de lo que pasó”.
Como se ve, ninguno de estos gobiernos entraron en crisis o en descomposición a partir de denuncias de corrupción. Todos ellos han adoptado algún tipo de estrategia “política” para apuntalar su legitimidad y estabilidad ante las acusaciones. No son pocos los casos en que los propios líderes que han sido “tocados” por sospechas encaran procesos de “limpieza” o campañas a favor de la transparencia.
Qué nivel de impacto político tendrán las acusaciones de corrupción que se conocen por estos días en el país aún está por verse. Y cuál será la estrategia política del Gobierno ante esa situación, más allá de lo que ocurra en los estrados judiciales será otra de la incógnitas a ser develadas.
Foto.
(Publicada originalmente acá)
¿Y cuántas divisiones tiene Lucho Bugallo?
A esta altura del día, la presidenta Cristina Kirchner no se ha referido al tema de la movilización del 18A, que tuvo lugar la semana pasada. A mí me parecía que era posible y deseable pronunciarse, al estilo en que lo hizo en su momento, por ejemplo, el Chino Navarro.
La cantidad de gente que concurrió, tema sobre el que buscaron hacer hincapié el diario Clarín y Mauricio Macri, no es relevante. Aún si, como nos parece, no participó más gente que el 8N y hasta quizás menos. Fue una protesta importante.
Una impresión así, al tun tun. A diferencia de lo que suele decirse, el kirchnerismo tiene estrategias bastante pragmáticas y maleables. Pero no siempre. Sólo cuando hay algo que “entra en su radar”.
La Presidenta es una dirigente política. A mí me parece que de primer nivel, pero son opiniones. Lo cierto es que los dirigentes políticos se mueven con en base a una experiencia y unos parámetros bastante concretos: los de la política tal como es; no siempre como les gustaría que sea o como será en el futuro.
Así, como prueba palmaria (aposté a uno de los editores de este blog que incluía la palabra) del pragmatismo de Cristina podemos ver la catarata de gestos políticos de la jefa de Estado hacia su ahora colega Jorge Bergoglio. Que a un militante X o Y esos gestos le puedan parecerle W, Z, P o R está bien y hasta muy bien. Como parece claro, Cristina más que “opinar” toma un curso de acción. Uno con el que parece decir que aprecia con claridad -a diferencia de lo que se dice que dijo Stalin- que el Papa tiene “muchas” divisiones. Mucho potencial de “fuego” político.
¿Y los manifestantes del 8N, 18A y etc.? ¿No lo tienen? Me la imaginaba a Cristina preguntando: “¿bajé en las encuestas en capital o las grandes ciudades? ¿cuánto? ¿alguien subió claramente?”.
Y me preguntaba qué ocurre si le respondieron que, como dicen encuestas por ahí, pero también algún razonamiento, por ahora no hay otro dirigente que le haga sombra en términos nacionales. ¿Qué hacer frente a una protesta que no parece cambiar los parámetros de preferencias concretas, frente a algo que es más de “clima” y menos de impacto directo, que es más “líquido” o “gaseoso” que “sólido (por ahora)?
¿Y qué pasa si además nuestro foco (el de los que leemos este post, por ejemplo) sobre el tema está aumentado? Recurriendo a esa misma encuesta de MORI que ahí se linkea, realizada del 18 al 29 de marzo pasados, podemos ver:
- Que mientras en las grandes ciudades, el 37% cree que la situación económica empeorará, en el interior esa sensación baja al 23%.
- Que Cristina tiene un nivel de rechazo en las grandes ciudades del 66%, pero que en el interior es del 40%.
- Que en el AMBA, Cristina tiene más imagen positiva que negativa.
- Que entre quienes tienen un nivel educativo de “superior completa”, el rechazo a Cristina es del 64%, pero en “hasta secundario incompleto” es del 40%.
- Que el porcentaje de personas para las cuales la inflación es un fenómeno “poco o nada grave” (bajo, por supuesto) se duplica en las ciudades de menos de 500 mil habitantes.
Así, si bien a varios que nos movemos el 90% del tiempo en las “zonas rojas” de los gráficos de MORI puede parecernos “XYZ” o “PQR”, no es llamativo que los “caceroleros” no ingresen en el radar de Cristina. Porque, vistos así, de manera algo estática ¿cuántas divisiones tienen?
Ahora, aún así, siendo que la cosa está tan movida y que este parece haber sido un mes de malas noticias: ¿qué pasaría si el Gobierno se pone a trabajar aún con más fuerza sobre los sectores donde lo reciben con mayor nivel de “buena onda”? ¿Qué ocurriría si se trabaja sobre “el silencio de los nuestros“, que marca Gerardo? ¿Hay posibilidades de hacerlo sin que los otros chillen más fuerte? ¿Y si eso significa “sólo” una “sintonía fina” que haga, por ejemplo, que el Mitre y el Sarmiento no funcionen ya te digo como un tren europeo sino casi tan a horario como el Belgrano Norte?
¿Qué pasaría a su vez si, con alguna estrategia concreta el Gobierno prueba con moverse hacia los “caceroleros”, los “enojados”? Como se movió hacia Francisco. O tal como hizo con las patronales del agro -a los que también les contó las “divisiones”- cuando creó el Ministerio de Agricultura en 2009 y les durmió la pelota dos años. ¿Vale la pena? ¿Suma? ¿Es posible? ¿O es que es incluso primordial? Preguntas.
Y más: ¿Para todo esto se necesita plata y vigoroso crecimiento económico? ¿O basta con dársela menos veces a los que tienen la camiseta de otro color?
El tamaño importa
Los “debates” surgidos luego del trágico temporal que afectó a la Capital y a la provincia de Buenos Aires registraron, salvo cuando tuvieron como protagonistas a los propios afectados, quienes expresaron dolor y bronca, y a los expertos en urbanismo e hidrología, que vienen estudiando estos temas desde hace años, un tono casi frívolo en muchos medios de comunicación.
Se escucharon diatribas por parte de personajes que más parecían cuidar su propia imagen pública que otra cosa, que con tono indignado hablaban contra “los políticos” y se preguntaban “dónde está el Estado” o que con chicanas politiqueras de corto vuelo referidas a un “fracaso del relato”. Algunos de los puntos más notorios de este tipo de expresiones fueron una nota del periodista Julio Blanck en el diario Clarín titulada “el fracaso de los que gobiernan el Estado”. O expresiones del jefe del Area de Tercera Edad de la Defensoría del Pueblo porteña, Eugenio Semino, quien consideró en una radio capitalina que “el sistema político argentino es necrofílico”.
Espero de corazón que esta nota no sea frívola ni liviana o chicanera, ante el drama humano que viven ahora mismo miles de familias porteñas y platenses. Y que pueda ser un aporte para un debate constructivo. Si no lo logro, mis disculpas.
Durante los años 90, un lugar común en un sector del mainstream de la Ciencia Política, que no cuestionó los elementos centrales del discurso neoliberal, fue afirmar que ya no correspondía más discutir sobre el “tamaño” del Estado, sino sobre su eficiencia, su eficacia, su agilidad. Se hablaba de la necesidad de un Estado “pequeño” e “inteligente”.
La actual coyuntura en la Argentina es propicia para terminar de discutir esa posición: importan las capacidades, la eficacia y la eficiencia; pero además el tamaño del Estado sigue es una cuestión muy relevante.
En el marco de la crisis por el temporal en La Plata se reclamó presencia del Estado y hubo una exigencia para que los organismos del sector público pudieran llegar a tiempo con su asistencia “casa por casa”. ¿Cómo es un Estado que pueda llegar “casa por casa”? ¿Qué capacidades debe tener? Pero también ¿qué tamaño?
Como lo recordó el bloguero Manuel Barge , la Argentina no es cualquier país sino uno en el que se impuso durante décadas la siguiente secuencia:
La “ausencia” del Estado no comenzó en los noventa, sino durante el Proceso, con la subsidiariedad como bandera, “achicar el Estado = agrandar la Nación”. Se acentúo en los ochenta, con el fetiche “descentralización = democratización”, que se recicló en los 90 como “descentralización = eficiencia”. Todos implican lo mismo, se tiran hacia abajo los problemas y te congelan las partidas.
En un reciente informe en el que destacó el crecimiento de la “clase media” en América Latina, el Banco Mundial resaltó que el porcentaje del producto que el Estado recauda en concepto de impuestos es una de las claves para cualquier “contrato social” sólido. Precisó en tal sentido que en la región el promedio de recaudación llega al 20,4 por ciento del PIB. La Argentina y Brasil son los dos únicos países en los que, según ese informe, para 2010 los niveles de recaudación se parecen más a los del promedio de la OCDE -equiparables a los de países de Europa del Este- que al de sus vecinos.
Pero esta situación resaltada por el Banco Mundial como positiva es, por ejemplo, para think tanks de la derecha y para buena parte de los medios de comunicación motivo de informes y titulares negativos sobre el “récord de presión impositiva”.
Justo hace pocos días, el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) sostuvo que “la Argentina ha alcanzado un récord de presión impositiva”, considerando esa situación como nociva, tras destacar que los niveles de recaudación pasaron del 19,9 por ciento en 2002 a un 36,7 por ciento del PIB en la actualidad.
Esta progresiva suba de la capacidad de recaudación del Estado se registró durante la década pasada luego de años de ingresos “planchados”. Según IDESA, en 1996, ese porcentaje estaba clavado en el 20 por ciento, con un Estado que permitía casi sin moverse que la desocupación se disparara por entonces hasta superar el 18 por ciento.
Otra “ONG”, el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) explicó en un informe del año pasado que el “tamaño del Estado” -el gasto público consolidado como porcentaje del PIB- se encontraba para 2006 casi en los mismos niveles que en 2001. El crecimiento de ese gasto -porque se necesita que el gasto sea eficaz pero ¿no pretenderemos un “Estado más presente” que gaste como el promedio de los países subdesarrollados, no?- aumentó un poco más notoriamente recién durante el gobierno de la presidenta Cristina Kirchner.
Dicho de otro modo: este Estado “un poco más grande” que describe el Banco Mundial es un fenómeno “novedoso” para lo que han sido los últimos 35 años. Es una situación que surge en el último lustro. Es un necesario y promisorio “punto de partida”, más que un punto de llegada.
Claro que no todos lo ven así. En la misma tónica de considerar mayor gasto público como un elemento negativo en sí mismo, el think tank IDESA emitió también hace pocos días un informe titulado “Aerolíneas y AySA cuestan casi como la asignación por hijo”. La empresa estatal AySA le envió una nota a ese grupo de expertos -nobleza obliga, publicada también en el sitio web de la entidad- para explicar que a partir de ese mayor “gasto” se incorporaron “dos millones de habitantes al servicio de agua potable y un millón y medio al de desagües cloacales”.
“En ese sentido, si es que IDESA pretende limitar la evaluación de la empresa a aspectos meramente económicos, sin tener en cuenta las necesidades básicas de los sectores más postergados de la población, debe recordarse que según las Naciones Unidas, cada peso que se invierte en agua y saneamiento produce un ahorro de 8 pesos en atención hospitalaria con la consecuente mejora en la salud y en la calidad de vida de la gente. Por lo cual, a pesar de su volumen, las inversiones que demanda la universalización de los servicios de agua y saneamiento, generan un significativo ahorro a las cuentas públicas”, le informó la Presidencia de la compañía de aguas a los economistas que habían cuestionado su gestión.
El intercambio de opiniones resulta ilustrativo de una situación: si queremos discutir cómo tener un Estado que llegue a quienes lo necesitan, que pueda anticiparse a los hechos que afectarán a la sociedad y socorrer a los más necesitados en la emergencia hará falta discutir la actitud de la propia sociedad frente a ese Estado.
Otro aspecto en el que esto se aplica es en la persistencia de una economía “en negro”. Con más del 30 por ciento de la fuerza de trabajo en la informalidad sería insólito pensar que esa situación es sólo “culpa” del Estado y que los empresarios no tienen alguna responsabildiad.
Las seis corridas cambiarias que implicaron compras en dólares por casi 80 mil millones de dólares entre 2007 y 2011, documentadas por el periodista Alfredo Zaiat, no parecen estar tampoco fuera de esta dinámica social. Si bien no eran en sí acciones ilegales, la formación de activos de argentinos por fuera del sistema formal -hablamos aquí sobre todo de empresas y sectores de alta renta, no de minoristas- suele estar vinculada a la evasión y es una forma de desentenderse de la suerte que corran Estado y los conciudadanos.
Debatamos sobre la calidad del gasto público, la eficiencia en la acción del Estado, la transparencia en el uso de esos fondos, la agilidad en las políticas públicas, la coordinación entre distintos niveles de gobierno, el esfuerzo concreto -o la desidia- que muestran los funcionarios. Si quieren, votemos al partido que ustedes me digan. Pero también pongamos sobre la mesa cuál es el discurso y la mirada que se tiene hacia el Estado -no sólo ante la emergencia, sino cada día-, cuál es el tamaño deseable que debe tener el sector público para abarcar a los que más necesitan de él y de dónde sale el dinero para sostener ese andamiaje.
¿Y a Dios lo que es de Dios?
“Aquí, como en todas partes, el Vaticano es una fuerza de presión de primer nivel para cuestiones conservadoras, incluso reaccionarias. Un Papa argentino puede llevar ese poder a alturas desconocidas”, evaluó el escritor Martín Caparrós en una columna de opinión publicada por el diario The New York Times.
“La Iglesia argentina será también distinta mientras haya en Roma un papa argentino. Es fácilmente predecible que muchos argentinos se reencontrarán con el misterio de la fe y que los líderes religiosos locales tendrán un poder más grande que el que tuvieron hasta ahora. La palabra de la Iglesia recobrará un peso distinto y mayor”, sostuvo a su vez el columnista Joaquín Morales Solá, en La Nación.
El escenario de una Iglesia argentina -la actual, no ya la que se conformaría (“pobre y para los pobres”) a partir de los deseos y los lineamientos a futuro expresados por el Papa Francisco- con mayor nivel de influencia ante la nueva coyuntura no parece inverosímil. A diferencia de lo que ocurre con otros temas, esa posible situación inquieta a algunos sectores a uno y otro lado de la línea que separa a oficialistas de opositores.
Así, habrá que preguntarse:
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La “gimnasia” de siglos por parte de las instituciones europeas para considerar al Papa (europeo) como un elemento más del paisaje, para nada decisivo en la definición de las políticas públicas, ¿funcionará del mismo modo ante el sistema político local y un papa latinoamericano y argentino?
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De ahora en más, la Comisión Episcopal Argentina (CEA) seguirá emitiendo declaraciones sobre la situación del país. Como antecedente, está un documento del 29 de noviembre pasado, en el que los obispos denunciaron desde una “profunda crisis moral, que revela que la fe no impregna plenamente nuestro estilo de vida”, hasta un “excesivo caudillismo” que afecta la “independencia del Poder Judicial” -bueno es aclarar que las reflexiones de los obispos al acercarse la pasada Navidad no consideraron que hubiera en el país algún elemento digno de considerarse como positivo en la vida de los argentinos-. Este tipo de expresiones ¿serán ahora leídas sólo como la voz de los prelados locales o habrá lugar para pensar también que se trata de la opinión del Sumo Pontífice?
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Cuando nos adentramos en las distintas realidades del país es fácil darse cuenta de que las figuras del arzobispo porteño o incluso de los obispos de las populosas diócesis del Gran Buenos Aires tienen un impacto algo menor en la vida cotidiana de la gente, en comparación con el peso que los purpurados tienen en algunas provincias. En no pocos territorios la palabra del obispo tiene fuerte repercusión en la población pero también en los distintos poderes del Estado locales, para no mencionar los tan sólo tres senadores nacionales que representan a cada provincia en la Cámara alta. ¿Sentirán ahora un renovado cimbronazo los legisladores nacionales ante alguna iniciativa puntual?
Para saber que los obispos católicos “presionan” a los poderes del Estado basta leer los principales matutinos de la capital, como Clarín o La Nación:
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El 8 de febrero de 2004, cuando el Senado trataba el pliego de Carmen Argibay para la Corte Suprema, el diario Clarín publicó que “…los peronistas (…) recuerdan que algunos obispos influyeron sobre los senadores —como en el caso de los representantes de San Juan—, y pueden volver a hacerlo”.
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El 8 de julio de 2004, el diario La Nación relató que en la sesión en la que se trató el pliego de Argibay, el presidente del bloque oficialista de la Cámara alta, Miguel Pichetto y el entonces titular de la Comisión de Acuerdos, Jorge Yoma “convencieron a tres senadores del PJ (los santiagueños Mario Mera, María Elisa Castro y el sanjuanino Luis Martinazzo) de que se ausentaran en el momento de la votación. Estos legisladores habían decidido votar en contra horas antes de la sesión, producto de la fuerte presión ejercida por los obispos de sus provincias, y con su presencia ponían en peligro la aprobación del pliego”.
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El 6 de marzo de 2005, el diario Clarín publicó que “los obispos redoblan la presión contra el ministro de Salud” (Ginés González García). En la misma nota se lee que el entonces el obispo de Quilmes, monseñor Luis Stökler, consideró que “sería conveniente” que González García pusiera “su renuncia a disposición del presidente” (Néstor Kirchner).
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El 16 de marzo de 2005, el diario Clarín destacó la “Presión de la Iglesia al Gobierno para que frene un proyecto en el Senado”. Relató cómo “los obispos les pidieron a los legisladores —y, por elevación, a la Casa Rosada— que no ratifiquen un protocolo adicional de la ONU contra la discriminación de la mujer que, a su juicio, “garantizaría la práctica del aborto como un servicio público”.
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El 8 de julio de 2010, el diario Clarín publicó una entrevista al entonces presidente de la Comisión de Seguimiento Legislativo del Episcopado, monseñor Antonio Marino, a quien se identifica como el encargado de “monitorear desde la Iglesia el proyecto de matrimonio gay” y allí el religioso denunció que la aprobación de la norma se debió al “efecto de una ideología dominante” y también al “resultado de la ‘obediencia debida’ o el miedo a las carpetas. También evaluó que las “manifestaciones populares” en contra de la iniciativa “fueron de un éxito notable”.
Por lo que puede leerse en la prensa, los obispos católicos realizan en forma habitual declaraciones públicas contra los proyectos de ley con los que están en desacuerdo, reclaman renuncias de ministros, ejercen “presiones” directas sobre senadores en algunos casos y avalan manifestaciones públicas contra determinados proyectos de ley. ¿Cada una de estas estrategias cambiarán en su impacto o despliegue ante la presencia de un Papa argentino?
El lector atento habrá notado que en ninguno de los casos citados la posición de los obispos católicos finalmente se impuso a nivel institucional. No ocurrió lo mismo en diciembre pasado en Mendoza, cuando el Senado provincial bloqueó la posibilidad de convertir en ley la adopción de una Guía Técnica para la Atención Integral de los Abortos no Punibles del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable del Ministerio de Salud de la Nación.
Nueve meses antes, el arzobispo de Mendoza, José María Arancibia y el obispo auxiliar de esa diócesis, Sergio Buenanueva, junto con sus pares de de San Rafael, Eduardo María Taussig, de San Juan, Alfonso Delgado y de San Luis, Pedro Daniel Martínez habían dado a conocer un duro comunicado en el que cuestionaban el fallo de la Corte Suprema de Justicia que determinó que todos los abortos en casos de violación no son punibles,tanto para las mujeres como para los médicos que los practiquen. Los purpurados de Cuyo consideraron que “una mujer que ha sido violada merece comprensión y acompañamiento” pero que “su herida, sin embargo, no se cura con una injusticia mayor como es el aborto”.
El escenario ante el que se encuentra la relación entre la Iglesia y el Estado argentino en sus distintos niveles y estamentos se encuentra ante una situación inédita. Pensar en una mayor injerencia de la jerarquía de la Iglesia en los asuntos públicos no es, por lo tanto, una posibilidad alocada. Cómo se desenvuelva finalmente ese escenario dependerá de las acciones de ambas partes -funcionarios y prelados-, pero también del rumbo que tomen planteos y debates que surjan de la sociedad civil.
(Publicado originalmente aquí).
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Quisiera que esto dure para siempre
Siempre me impresionó el ’55.
¿Por qué cayó Perón? ¿Cómo pudo caer luego de las enormes mejoras en el nivel de vida de los trabajadores durante su gobierno? Porque, si él cayó ¿qué nos queda al resto de los procesos políticos que surfeamos a los ponchazos la globalización, con economías mucho más abiertas y sociedades más complejas y fragmentadas socialmente? ¿Qué pasó en aquel momento? ¿No tenemos nada que aprender de aquello aunque ahora esté fuera del mazo de posibilidades un golpe de militar? ¿Dónde estaba el pueblo cuando Perón entró, solo y bajo una llovizna en la embajada de Paraguay en Buenos Aires? ¿Dónde va a estar el pueblo cuando nosotros “caigamos”?
En eso pienso cuando ahora busco algunas de las citas que más me impactaron del primer tomo de la monumental biografía de Perón, de Norberto Galasso:
- “Vea, general, que cuando todo suena a Perón, ¡el que suena es Perón!” (el padre Hernán Benítez, de un diálogo en 1953).
- “Perón no quería que hubiera capitanes, ni tenientes, ni sargentos, ni nada. Me lo dijo a mí en el ’45. ‘Estaremos la tropa y yo; la tropa y yo nos encontraremos a cada vuelta de la jornada’. Yo le dije: ‘Vea, no se olvide que en el ’18, Yrigoyen se quedó solo de golpe y lo salvaron ‘los remeros’, los cuadors partidarios. Usted necesita esos cuadros. Piénselo’. No me hizo caso”. (Jauretche, declaraciones de 1963).
- “Recuerdo que una vez, en una reunión de ministros, Perón hizo una pregunta y yo los veo a los ministros que todos empiezan a pasarse la pelota, que nadie quiere dar su opinión: ‘¿Qué decís vos?’, le dice uno al otro, y ‘Usted, ¿qué dice?’ Y se siguen pasando la pelota, porque saben que Perón es un tipo rápido de imaginación, rapidísimo y que no aguanta mucho sin hablar, sin opinar. Entonces, Perón da su opinión. Es decir, han pasado los cinco minutos necesarios y Perón ya da su opinión. Entonces, uno lo mira al otro y le dice: ‘Fenómeno, pero te das cuenta cómo las vé todas, pero qué talento, qué genio, cómo la comprende’… ‘¡Qué hijos de puta!’, digo yo. Porque esta vez Peroń tenía razón en sus comclusiones, pero si no hubiera sido así, se hubiera equivocado, si la hubiera visto mal, igualmente hubieran dicho lo mismo… Los adulones son una cosa terrible porque destruyen, porque no ayudan, no informan y engañan” (Jauretche, Escritos inéditos)
- “El que está en el gobierno necesista desenvolverse entre una legión de hombres buenos, capaces, desinteresados y honestos (…) Pero ocurre, con mucha frecuencia, que uno se encuentra rodeado por una legión de ‘alcahuetes’ que son todo lo contrario y otra legión más, de adulones, a los cuales es necesario tolerar porque en política hace falta universalizar todas las cosas, que la sectarización es un proceso de debilitación y la debilidad, en política, perjudica. Así que usted los necesita a todos: los buenos y los malos. De lo contrario se queda solamente con los buenos, que son muy poquitos (…) ¡Y en política, con poquitos no se hace nada! Cuando se hicieron todas esas designaciones y se pusieron esos nombres (…) bueno, a mí personalmente no me interesaban. Pero, ¿cómo iba a negárselo toda esa gente? Tendría usted que pelearse con un montón de hombres y mujeres, con medio mundo (…)”. (Testimonio de Perón).
- “Ya en 1949, Manuel Ugarte -el gran latinomaericano- se ha apartado después de varios choques con la burocracia de la cancillería”. “Para la misma época, también Raúl Scalabrini Ortiz toma distancia del mundo político y se dedica a plantar álamos en Villa Paranacito, junto al río”. “Después de su renuncia a la presidencia del Banco de la Provincia de Buenos Aires -enero de 1950- también Arturo Jauretche se llama a silencio”. “También Juan José Hernández Arregui se enfrenta con silenciamientos y discriminaciones”. “Otro valiosísimo político e intelectual del movimiento que abandona temporariamente el movimiento político es John William Cooke (…) También Cooke señala el error de la afiliación compulsiva de los empleados públicos al PJ, así como el gravísimo perjuicio causado por la burocratización de los dirigentes” (Galasso pp. 613-615).
- “Durante ese año 1953, la soledad de Juan se ahonda con motivo de varios fallecimientos ligados, en mayor o menor medida, al mundo de sus afectos (…) También los amigos escasean. Algunos de sus ministros son buenos técnicos, como Gómez Morales, aunque un tanto liberal… pero no más que buenos técnicos. (Ramón) Carrillo es la excepción, con el cual conversa siempre que puede. Y después, los otros… lo ha dicho últimamente, alcahuetes, burócratas, visitas que vienen a proponerle negocios o coimas…”. (Galasso pp. 638-39)
- Elecciones del 25 de abril de 1954, para legisladores y vicepresidente. Partido Peronista 63,2%; UCR 31,6%. “El resultado electoral demuestra que a pesar de las dificultades vividas en los dos años últimos, las mayorías populares se definen a favor del partido gobernante, en porcentajes más o menos similares a los de la última elección, es decir, casi las dos terceras partes de la sociedad argentina”.
- “Ese cansancio que lo domina es también soledad, ausencia de interlocutores con quienes abordar cuestiones complejas como estas. Esa burocracia que lo rodea, incapaz de generar ideas políticas, con un vuelo bajo que solo da respuestas administrativas”. (Galasso pp. 710)
- “Ya en 1954, la caída del gobierno de Perón era para mí un hecho inevitable” (…) Las fallas fueron sustancialmente políticas y consistieron en la pérdida de colaboración de la masa; en una disciplina que no permitió jerarquizar valores y renunció a la colaboración y que fue degradando paulatinamente la calidad de las jefaturas adictas para convertirlas en una burocracia. En 1946, cada peronista se sentía un conductor de la historia, en 1955 era ya un espectador, un aburrido miembro del coro de aplaudidores, que concurría a los actos públicos no con la pasión del combatiente, sino con una mera preocupación ritual. Perón mismo lo comprendió. Su renuncia del mes de agosto (del 55) obedeció a esa comprensión. La gente creyó que era una comedia más, pero él -en el círculo íntimo- había explicado el sentido de la misma: ‘Creo que somos mayoría, pero tenemos enfrente a una minoría combativa y decidida. Si mi renuncia no provoca la reacción de los peronistas y los lleva a una actitud paralela, me iré de la Presidencia’”. (Jaureteche, en El Popular, año 1960).
- “Sorpresivamente, el general Perón, poco después del mediodía del 19 de septiembre de 1955, ofreció la posibilidad de su renuncia para poner fin a la lucha que tenía un curso favorable al gobierno” (Américo Barrios).
- “Me paseaba en la casa en la que había vivido diez años largos. En ella, el recuerdo de Evita estaba más vivo que yo (…) Sentí la soledad (…); alrededor de mí estaba el vacío absoluto (…) La tremenda palabra ‘exilio’ se había encerrado en mi cerebro y amenazaba con destrozarme” (Perón).
- “Luego ordenó, solícito como siempre: -Por favor, prepáreme una valija con las cosas mínimas y algo de dinero (…) Quince minutos después subió al Cadillac Presidencial, envuelto en un impermeable con el sombrero y un maletín de mano”.
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Volar, volar
Sobrevolemos. Por allá arriba, donde no hay ruido. Porque, cuánto ruido, che. Cuánto ruido.
¿Qué se ve?
Supongamos que es verdad que la economía este año va a crecer a un nivel interesante (aunque no altísimo) en virtud de dos razones: la capacidad que aún tiene el Gobierno de aguantar los trapos + factores “extraordinarios” -mayor crecimiento de Brasil, buena cosecha de soja, más gasto público por elecciones-. Supongamos que es verdad que esos elementos “extra” no estarán presentes en 2014. Pues entonces, tras la batalla diaria de medidas económicas de alto impacto que el Gobierno ensayó en 2012 resulta que, de alguna forma, hemos ganado un año. Pero a la vez se acerca, más tarde o más temprano, la necesidad de “inventar algo”.
Y este “inventar algo” se convierte en el elemento central de la disputa política en la Argentina. Porque no es sólo el kirchnerismo, luego de diez años, el que se ve ante esa situación. Es el país. Son oficialistas y opositores. Según parece, habrá que “inventar algo”, mis amigos.
Para ir precisando: lamentablemente, en el ADN del país que yo conozco está que cada diez años hay que “inventar algo”. Cada diez años, las ganancias de las grandes empresas dejan de ser extraordinarias y empiezan a ser más o menos normales. Cada diez años a mí, que soy un gran empresario, se me hace más rentable esperar las oportunidades de negocio que me ofrecerá la próxima crisis, siendo que estoy sentado sobre una cuenta bancaria en Suiza de mil palos verdes, que invertir aquí y ahora para abrir una fábrica nueva, innovar y/o salir a buscar algún nuevo mercado. Que cada diez años esto se resuelve de manera conflictiva y hay una crisis bancaria, cambiaria y monetaria también es cierto. Pero la dinámica social que acelera la sensación de que “hay que inventar algo” ahí está.
Entonces así fue que hacia 1988-89 estuvo la necesidad del sistema político de definir el cómo, el cuándo, la velocidad y la intensidad de las “reformas estructurales”. ¿Terragno o Dromi?
Para el 97-99 arranca la batalla de los devaluadores contra los dolarizadores. ¿Los Grupos o las Privatizadas?
Para 2013 empezamos a estar así ante un nuevo “inventar algo”. Si se quiere, salvando las distancias, como cuando Perón busca avanzar con el Congreso de la Productividad o con los contratos petroleros de 1955. Inventar.
Y esto aquí y ahora -yendo a los bifes- me parece que se define en dos posibles esquemas, que ningún “candidato” menciona pero que ahí están bastante claros: salir a pedir guita afuera o “inventar algo realmente nuevo”. Realmente nuevo.
Cuando nos metemos a evaluar estas opciones sin anteojeras ideológicas desde el lugar del oficialismo nos damos cuenta de que, según parece, para salir a pedir guita afuera -cosa que podría ser ¿o no es cierto que todos están pidiendo guita?- hay que tener dos características ineludibles: no tener un presidente que se llame Cristina Fernández de Kirchner y/o, lo que es más o menos lo mismo, admitir que las decisiones de política económica se tomen fuera de la Casa Rosada. Dejar de disputar poder (real). Dejar de ser un factor de poder y pasar a gerenciar un cierto orden. Que no está ni bien ni mal. Son gustos.
Es que no hay otra explicación para que la Argentina tenga este verano el riesgo país más alto del mundo -casi tres veces el de Egipto-, esté pendiente de un juicio por la deuda en Nueva York y haya recibido un voto de censura del FMI. Parecen tratarse de elementos que indican: “no le vamos a dar esta opción a un gobierno que no cumple con las dos características básicas necesarias, aunque tenga voluntad de pagar, etc.”.
(Había que verlo hace unos días al secretario Cosentino en la foto de familia de la reunión de ministros de finanzas y presidentes de Bancos Centrales del G20, en Moscú. Ultima fila, tapado).
De paso, pregunto: ¿hay algún país “mediano” como la Argentina que haya hecho las “barbaridades” que llevó adelante el kirchnerismo, desde acelerar el gasto público y acoplar la política del Banco Central a una visión de país que incluya la situación del empleo y el crecimiento, hasta aplicar una Ley de Medios o nacionalizar la mayor empresa del país?
Dicho esto, el gobierno de Cristina Kirchner que, al parecer, no se resigna a tercerizar las decisiones de política económica y se mantiene “tozudamente” detrás de un mostrador ante el que todo debe ir a negociarse ¿deberá “inventar” algo “totalmente nuev0″? ¿Y qué? ¿Cómo es eso “nuevo”? ¿Qué riqueza es? ¿Gestionada de qué forma? ¿Con qué actores sociales como aliados? ¿Con qué empresarios? ¿Con qué sindicatos? ¿Con qué apoyos en el “día a día”? ¿Con qué nivel de inversión mientras tanto? ¿Con qué tipo de territorialidad política interna? ¿Con qué política exterior?
¿Qué lugar ocupan YPF y Vaca Muerta en todo esto? ¿Qué implicaría tener acceso a gas “gratis”? ¿A qué velocidad va eso en una provincia como Neuquén, que espera para este año un poco menos del doble de inversión en gas y petróleo que en 2012? ¿Es mucho eso? ¿Todavía poco? ¿El embargo que pesa sobre la filial argentina de Chevron, empresa con la que la Argentina tiene un acuerdo firmado, qué clase de novedad es? ¿Funciona como un “veto”, al estilo del juicio por la deuda en Nueva York?
Ahora, visto esto del lado de la oposición et al. Cuando “ganen” ¿van a salir a pedir guita afuera? ¿Qué van a hacer para concretarlo? ¿Con vuestra sola presencia el riesgo país va a bajar de los mil y pico de la Argentina a los 700 puntos donde están Venezuela y Ecuador o directamente a los 200 puntos de Brasil? ¿Sin tomar ninguna medida extra? ¿”Sólo” tercerizando las decisiones de política económica? ¿Con qué impacto social? ¿Con más o con menos que el que podría registrarse si al Gobierno le sale todo mal?
Hay más para discutir si se pone un horizonte de mediano plazo que vaya más allá de las paritarias de este año, de qué pasa en 2013 con precios y salarios, me parece.
Mientras tanto el reloj económico (y político) corre. Para todos, eh.
Hemos iniciado el descenso. Y ya se oye el ruido. Cuánto ruido, che.
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Verano de lecturas
Justo aparecieron en nuestra mesa de trabajo (?) esta semana de enero dos textos de ex funcionarios del equipo económico que llevó adelante el Plan Austral durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Me parece que sirven para pensar. Los paso a comentar muy por arriba.
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En 1975, Adolfo Canitrot publicó el paper “La experiencia populista de redistribución de ingresos” en la revista Desarrollo Económico. Dice Canitrot:
“En la experiencia histórica argentina hubo tres intentos expresos de modificar la distribución del ingreso en favor de los trabajadores mediante el aumento de salarios. Dos intentos corresponden al primer (1946-52) y tercer (1973 en adelante) gobiernos peronistas. Aunque en un contexto diferente, el gobierno radical (1963-66) aplicó al mismo fin idéntico instrumento”.
Llama “política populista” a una combinación de “ideología nacionalista” y “una política económica que satisfaga las aspiraciones de las mayorías populares”. Precisa: “como objetivo se propone mejorar las condiciones de vida de los sectores de medianos y bajos ingresos, aunque sin alterar fundamentalmente la estructura de propiedad y las relaciones económicas vigentes”.
Explica luego que “como es conocido, los intentos de redistribución de ingresos por vía del aumento de salarios, propios del populismo, fracasaron en cuanto se los pretendía perdurables”. “La redistribución se sostuvo uno o dos años, y luego retrocedió largamente, comida por la inflación o trastrocada abruptamente por la aplicación de políticas de signo contrario”.
Lo que busca determinar, entonces es “saber si el retroceso que siguió a las experiencias populistas de redistribución se debe a la acción deliberada de grupos de intereses que reaccionan ante la pérdida de sus prerrogativas económicas y de poder, tesis que favorecen tanto peronistas como radicales; o a las propias características de esas experiencias que engendran, al ponerse en marcha, los elementos objetivos que han de ponerles fin”. Canitrot, bueno es decirlo, se inclina por esta última visión.
El autor explica que “es evidente que el programa redistributivo exige una activa intervención estatal y una fuerte expansión del área económica bajo su control. Esto, por dos razones: 1) por la necesidad de inmovilizar en el país los recursos financieros de las grandes empresas, y 2) por la necesidad de llevar a cabo la reconversión de la estructura productiva y del empleo, desde las industrias de bienes de capital hacia las de consumo”.
“Sin embargo, el estado, como consecuencia del mismo programa redistributivo, se encuentra en una situación especialmente débil para afrontar esas tareas. En tanto, el sector público es proporcionalmente el mayor empleador de la economía, es también el principal afectado en el uso de log recursos por el incremento de los salarios. Enfrenta, pues, el problema de la considerable insuficiencia de los recursos de inversión de que dispone en relación a los que el programa exige. Y esta insuficiencia persistirá aun cuando vuelque hacia la producción de bienes de consumo los recursos financieros expropiados a las grandes empresas. La solución de este dilema es el aumento en la carga tributaria, cuyos efectos son una reducción adicional a la rentabilidad de las empresas privadas y, muy probablemente, una reducción de la capacidad de gasto de los asalariados. En este punto las exigencias del programa redistributivo entran en conflicto con sus propios objetivos. Es por esta razón que, aun salvando todas las restantes dificultades, el incremento salarial deba esperar a que, en una primera etapa, se lleve a cabo el proceso de reestructuración productiva”.
Al analizar el caso argentino en particular, explica:
“Lo observable en la experiencia argentina es que el incremento del salario real en la coyuntura, cuando ocurre, se debe esencialmente a la caída del valor relativo de estos tres precios -agropecuarios, tarifas públicas, alquileres- con respecto al salario. Los bienes y servicios que estos precios representan constituyen una parte muy importante de la canasta familiar. En consecuencia, la redistribución de ingresos de corto plazo hacia los asalariados es pagada por los productores agropecuarios, las empresas públicas y los rentistas de casas de alquiler. La redistribución no perdura, sin embargo. Como los precios de los restantes sectores de la economía continúan subiendo, la oferta de estas tres actividades se deteriora. La inversión se hace nula o negativa, surgen estrecheces, y finalmente una crisis que obliga a reconsiderar sus precios. Allí la redistribución de ingresos se esfuma. Se vuelve a la posición inicial con pérdida neta en el camino”.
Luego, Canitrot avanza con la explicación de un modelo que, según evalúa, capta los rasgos más significativos del caso argentino. Cuando llegamos a la síntesis final, el autor explica:
“A pesar de sus peculiaridades, la economía argentina impone a la redistribución progresiva del ingreso, concebida como política de ocupación y salarios, límites de vigencia generalizada en los países de mayor nivel de desarrollo: la restricción de comercio exterior y la necesidad de acumulación de capital. El conflicto entre distribución y acumulación o, en otras palabras, el conflicto entre salarios y beneficios, rige en situación de máximo empleo. Guando hay recursos y trabajadores ociosos, la expansión de la actividad económica puede hacerse favoreciendo tanto salarios como beneficios industriales. Es esta doble situación la que hace posible, y a la vez limita, la
política populista”.
Y acá parece venir lo mejor:
“La alianza política del populismo nace en la recesión y se propone un programa expansivo. Asalariados y burguesía industrial tienen entonces intereses complementarios, mientras los empresarios rurales quedan en la oposición. El éxito del programa destruye el elemento constitutivo de la alianza. Al aproximarse a pleno empleo, los intereses conflictivos reemplazan a los complementarios. El conflicto se hace muy intenso porque se desarrolla en medio de un contexto inflacionario explosivo, que es resultante de utilizar el incremento de salarios como instrumento de expansión de la demanda. En menor o mayor plazo la alianza se destruye, la burguesía industrial se inclina hacia una nueva alianza con la burguesía rural, el populismo termina enredado en sus propias contradicciones y un nuevo programa de orden y recesión emerge“.
“El análisis económico de los capítulos precedentes sugiere la posibilidad de elaborar una receta económica que evite el fenómeno de las fluctuaciones y de la inestabilidad política. Es concebible determinar un conjunto de precios relativos entre salarios, tasa de cambio y precios agropecuarios a industriales, que permitan un crecimiento continuo de empleo y salarios, en los valores máximos compatibles con la restricción de comercio exterior y las necesidades de acumulación de capital. Pero sería soberbia o inocencia del economista pensar que el desconocimiento de estos valores de equilibrio es la causa de la inestabilidad argentina y que su aplicación resuelve el problema. Para ello habría que suponer previamente que las varias clases sociales pueden converger a una propuesta común, ya sea por acuerdo, ya sea por imposición de una sobre las demás. En tanto eso no ocurra, las fluctuaciones económicas habrán de persistir. La inestabilidad es la expresión del conflicto de clases“.
“En la recurrencia de las fluctuaciones es clave el papel de la burguesía industrial. Para ella el proyecto populista es un programa en común con los asalariados basado en el incremento de salarios. Alternativamente, el proyecto de orden y recesión es un proyecto en común con la burguesía rural basado en el incremento de los precios agropecuarios. En ambos casos las ventajas que obtiene el empresariado urbano derivan como un reflejo de las que reciben otras clases. El proyecto propio de la burguesía industrial es el proyecto de la demanda autónoma: inversión, promoción de exportaciones, sustitución de importaciones. Este proyecto, salvo los pocos años del ministro Krieger Vasena, no logró vigencia en el país. Es la consecuencia de la debilidad política de la burguesía. Las empresas nacionales son débiles y las empresas fuertes en su mayor parte extranjeras. La burguesía nacional no ha podido construir un programa de integración con el sistema de grandes empresas multinacionales que sea, a la vez, económicamente rentable y políticamente aceptable. En ausencia de este programa se acopla a programas ajenos de distinto signo. En esas condiciones, de capitalistas débiles y sindicatos fuertes, el capitalismo argentino es, por necesidad, una experiencia tortuosa y contradictoria“.
Y el final, bueno, ahí te lo dejo:
“La alternativa a un programa de la burguesía es, naturalmente, un programa de la clase asalariada. La redistribución de ingresos al estilo populista es una experiencia destinada a la frustración. Es claro que un proyecto que se la proponga con carácter de permanencia requiere un grado importante de control sobre la demanda autónoma, en especial sobre el proceso de formación de capital. Esto significa sustituir el populismo por un proyecto reformista o socialista. Pero éste, reconozcámoslo, es otro cantar“.
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El otro texto es una entrevista a Roberto Frenkel que, luego de anunciado el Plan Austral en 1985 le hacen Felipe Solá y Enrique Martínez, publicada en la Revista Unidos.
Así, tras conocerse el plan cuyo objetivo declarado es, señala Frenkel, “parar la inflación de la forma más neutral posible, en términos de la distribución de ingresos y de la riqueza” e “implementar esto con apoyo de la población”, el economista explica:
“La idea básica es que no se puede dar clase de macroeconomía y hacer política económica al mismo tiempo. Una cosa es la academia y otra la política. Todo este grupo viene enseñando que la moneda no causa inflación, que la inflación responde a otro mecanismo, etc. Hace siete u ocho años que lidiamos con estos problemas, que hacemos la crítica del monetarismo. Esto lo hemos discutido mucho dentro del equipo. Pero en el país hace siete años que, por diferentes razones, se le dice a la gente que el problema de la inflación es por la emisión monetaria y ahora esto lo repiten desde el PO y el MAS hasta la Unión Industrial, pasando por la Iglesia y la CGT. Se ha constituido un sentido común monetarista. Con esto tienen que ver los partidos políticos, que tienen un debate económico primitivo”.
(…)
“Las visiones macro son muy ideológicas, son muy de sentido común, muy poco perfectas. No pueden ser sutiles porque se trata de una especialidad profesional. Lo que queda en el gran público es lo que transmiten la prensa, los partidos políticos. Y esa visión es muy monetarista. Entonces, si bien por un lado este plan les da la información microeconómica necesaria, para que no tengan expectativas de aumentos de costos, no se puede desatender la credibilidad. En un sentido más político no se puede dejar el flanco que implica no decir qué va a pasar con la oferta monetaria porque esa política no duraría dos días”.
(…)
“El compromiso de emisión cero quiere ser un solemne compromiso. Si no fuera entendido así, muchos irían a mirar todos los días la base monetaria que obviamente sería un día distinta del otro, como un saldo de caja que tiene positivos y negativos para que el promedio dé cero. ¿Cómo hacemos para explicar que ésa no es la causa en un país con el grado de perversión del debate económico que tiene éste? No se puede. Hay que ser tan simple como la crítica de la derecha. Machinea no puede dar clases de macroeconomía en el Congreso para que le crean, no puede ir con sutilezas a Guelar, Alsogaray, etcétera, porque ninguno de ellos está interesado en hacer un debate profundo sobre estas cosas. Prima la retórica. Y la mala fe. Porque no puede ser que un diputado peronista sostenga el argumento de que se ha obviado al Congreso al hacer la reforma monetaria, cuando los peronistas tenemos una tradición presidencialista, de supremacía del ejecutivo sobre el Congreso. Eso, en política, se llama oportunismo”.
(…)
“Pero también están destruidos los partidos políticos, que tampoco tienen cuadros ejecutivos, cuadros para la empresa pública, cuadros del interés nacional. Va a costar mucho rehacerlos, porque en la empresa privada también existe esta carencia; el estancamiento del país la hizo ineficiente. La gran empresa futura, seguramente, se va a hacer con participación del Estado, simplemente porque ningún capital privado va a querer asumir solo los riesgos de la inversión. La participación del Estado en los servicios básicos, la energía, la siderurgia, no viene por la acción de un ideólogo estatista. Es por una demanda del sector privado que necesitaba socializar riesgos en un proceso de desarrollo que significa remar contra la corriente de la especialización internacional. Porque en la Argentina la industria se armó contra la corriente; el sistema financiero se armó contra la corriente. Entonces cuando aparecen las quejas, contra la participación de la banca oficial en el mercado, es porque se olvidan o no saben que la banca se creó como banca de servicios, para permitir transferencias de ingresos y acumulación de capital y ayudar a la empresa privada. ¿O para qué se creó el Banco Central? Para que los sectores agrarios mantuvieran un control sobre el tipo de cambio y evitaran la caída de sus ingresos derivada de importar la deflación internacional al mercado doméstico. Y así ocurrió en casi toda América Latina…”.
(…)
“El problema de la recuperación de la tasa de inversión en la Argentina es más grande que el hecho de dar señales de que va a haber expansión, de que el mercado va a crecer vía la demanda. Keynes dice que la economía empieza a receder cuando los empresarios se ponen muy pesimistas y conservadores y toman decisiones que producen una profecía autocumplida. Es un juego en el que él crea las condiciones que justifican sus propias decisiones. Pero la sociedad da para producir más, es un desempeño involuntario. Hay recursos, ganas. ¿Cómo hacer, en ese caso, para que el empresario recupere sus expectativas positivas? Ese es el tema de Keynes. Hagamos entonces gasto público para que haya más actividad y el empresariado invierta. Pero acá el tema es más complejo. Ya no es suficiente una señal expansiva para que se recupere la tasa de inversión. Es necesaria la reformulación del pacto social argentino, explícita o implícitamente. El capitalismo es una flor frágil, decía alguien: es muy fácil producir la recesión y es muy difícil sacarlo de ella. Y eso con reglas de juego político estables; pero este país viene de diez años de carnicería, de voracidad ideológica, con tiempos políticos que no han cambiado…”.
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¿Conclusiones? Para el otoño, ponele.
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Todo ¿Por? ¡Vamos!
“No sé dónde está la señorita que iba a manejar el Power Point, es la primera vez que voy a ver Power Point así que no sé cómo me va a ir, vamos a tratar de hacerlo bien“
Cristina Kirchner, al anunciar en la Casa de Gobierno la nacionalización de YPF, el 16 de abril pasado.
Este post consiste en una cronología de episodios y algunas conclusiones de esas que se ensayan en público pero sin saber bien si son conclusiones o nuevos puntos de partida. ¿Podría haber otros criterios para el análisis? Probablemente. Estos son los que presentamos:
1) Primero fue la corrida de 2011, durante la campaña presidencial. Luego, Cristina Kirchner resulta reelecta por un margen inédito. El Gobierno se encuentra ante múltiples disyuntivas y no opta por la opción “A” que era una devaluación sino por la opción de la “sintonía fina con munición gruesa”. El criterio utilizado es básicamente “de poder”. La devaluación “diluye” el poder, lo hace de alguna manera “representativo” en términos de mercado. Da más poder a quienes más poder de mercado tienen (porque ¿quiénes son los que más activos tienen formados en el exterior?). Una devaluación le da más “competitividad a la economía”, dirán algunos. Dota al mismo tiempo de más poder de fuego a los actores económicos concretos, con nombre y apellido, que no comparten la visión de país del Gobierno y/o no comparten su forma de manejo del poder. La opción de la “sintonía fina con munición gruesa”, que algunos han llamado durante este año ”mala praxis económica” consiste básicamente en mantener poder político concentrado en la Casa Rosada ante los obstáculos económicos que enfrenta el país.
2) Durante el año 2012 se produce un cambio notable en la economía argentina a partir de esa estrategia: el Estado recupera un poder sobre la economía que alguna vez había entregado. Avanza sobre el mercado. Si sacamos una foto aérea, la mancha de color “rojo” del Estado ocupa ahora más territorio que antes, en comparación con la de color “verde” del mercado (?). Esta no es “una política más”. Es un giro y los actores económicos así lo perciben. El Estado lo concreta mediante la “nacionalización” del Banco Central, la “nacionalización” de la mayor empresa privada del país (YPF), los controles en el comercio exterior y el mercado de cambios. Como medidas complementarias y/o posteriores obliga a los bancos privados a aumentar su cartera de préstamos productivos, a las grandes empresas a restringir la distribución de utilidades y el giro de dividendos al exterior, pone en marcha un plan de construcción de viviendas que podría significar 1,5 puntos del producto extra para el año próximo, hace que el Estado regule el mercado de capitales, nacionaliza la distribuidora Metrogas. Hay más medidas, pero para ilustrar, con estas basta.
3) En un año “no electoral” y sin la capacidad de traducir su poder en cantidad de sufragios, los primeros en “votar” este año, en organizar “espontáneamente” su “8N” fueron los empresarios. Según el INDEC la inversión tuvo una caída del 15% en términos interanuales en el segundo trimestre y del 3,5% en el tercero. Orlando Ferreres estimó que en once meses acumuló un 6,6 por ciento de caída anual.
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Acá me le animo de puro caradura a una digresión “teórica” (se puede saltear sin problemas). Lo que ocurre me hace acordar a lo explica Kalecki en un trabajo muy conocido al analizar en 1942 los “aspectos políticos del pleno empleo“. Los empresarios dicen que no invierten por una cuestión de “confianza”. Pero de fondo hay algo que retomaremos más adelante: con la mayor intervención del Estado en la economía lo que en realidad se empieza a poner en cuestión es justamente ese poder de los empresarios para afirmar que no invierten ‘por una cuestión de confianza‘.
En términos de este economista polaco, que descubrió más o menos lo mismo que Keynes al mismo tiempo que Keynes -o antes-, pero en polaco (rapidito con Google Translate):
Cada ampliación de la actividad del Estado es vista con recelo por las empresas, pero la creación de empleo mediante el gasto gubernamental tiene un aspecto especial que hace que la oposición sea particularmente intensa. Bajo un sistema de laissez-faire el nivel del empleo depende en gran medida del llamado “estado de la confianza”. Si este se deteriora, disminuye de la inversión privada, lo que resulta en una caída de la producción y del empleo (tanto directamente como a través del efecto secundario de la caída del consumo y de los ingresos de inversión). Esto da a los capitalistas un poderoso control indirecto sobre la política del gobierno: todo lo que pueda sacudir el estado de confianza debe evitarse cuidadosamente porque causaría una crisis económica. Pero una vez que el gobierno aprende el truco de aumentar el empleo mediante sus propias compras, este dispositivo de control de gran alcance pierde su efectividad. Por lo tanto, los déficit presupuestarios necesarios para realizar la intervención estatal deben considerarse como peligrosos. La función social de la doctrina de las ‘finanzas sanas’ es hacer que el nivel de empleo depende del estado de confianza.
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Ahora, una digresión “regional”, que también se puede saltear.
La revista The Economist publicó el 8 de diciembre pasado una nota muy crítica del manejo de la economía brasileña, en la que dio a entender que Dilma Rousseff debería echar a su ministro de Hacienda, Guido Mantega. La nota recuerda que la inversión cae hace cinco trimestres en Brasil y que los empresarios se muestran “cautos porque el gobierno se mete demasiado”. “Aún más que su predecesor, Lula Da Silva, la señora Rousseff parece creer que el Estado debe dirigir las decisiones de inversión privada. Ese micro-entrometimiento hace caer la confianza macroeconómica también”. Como vemos acá, la respuesta de Dilma fue durísima, al quejarse de que en Gran Breaña, donde hay una “crisis gravísima, con crecimiento negativo, con escándalos de bancos y quiebras ningún diario propuso la caída” del equipo económico de ese país. Horas antes, relata el cable de ANSA, el ministro de Desarrollo e Industria, Fernando Pimentel había dicho que “el día que The Economist nombre a un ministro en Brasil dejaremos de ser una república federativa”.
Luego, casi a fin de año, el Banco Central de Brasil bajó las expectativas de crecimiento para el año próximo y Dilma salió de alguna manera a contradecirlo. Reclamó de manera enfática mayores inversiones para el año que viene.
Decía en las últimas horas el diario Valor bien clarito: “El desafío para Dilma en 2013 es convencer a los empresarios a invertir más, aumentar la oferta de bienes y servicios en la economía, buscar innovación y viabilizar un camino de crecimiento sostenido para el país. ’Sin embargo, una cosa es que el Estado invierta. Otra es convencer a una empresa privada a que utilice su dinero para invertir. En ese caso, es necesario tener una relación con los empresarios que, en el área económica, nadie tiene’, ponderó el asesor presidencial“.
Cuánta intervención del Estado y cuántas inversiones parece ser, justamente, una de las disputas que atraviesan la política brasileña.
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Algunas “conclusiones”.
1) La jugada de no “distribuir” poder, sino retenerlo ampliando la capacidad de intervención del Estado en la economía no es “ideológica” en el Gobierno. Una metáfora de ello es cómo la Presidenta anuncia la nacionalización de YPF: con un Power Point con cifras y cifras y cifras. Con un discurso con ejemplos internacionales. Sin retórica “nacionalista”. No es por Perón o por Bolívar. Es por necesidad. Al explicar la medida unos meses después, el secretario de Política Económica, Axel Kicillof, señaló que el Gobierno mantuvo diálogos con el titular de Repsol, Antonio Brufau, para pedirle un cambio en su manejo de YPF. Ante la negativa, no había “otra opción” que nacionalizar el manejo de la compañía. Sin ser “ideológicas” son, eso sí, el tipo de estrategias que se da un gobierno que a la hora de retener y defender su poder (político, democráticamente legitimado) no se priva de ninguna opción. O sea: así como la opción por la mayor presencia del Estado no es “en sí” ideológica, este gobierno no se priva de ninguna opción por pruritos “ideológicos” tampoco.
2) Cuando se avanza con esta estrategia es cada vez menos posible volver al “mundo tal cual lo conocíamos”. Es decir, visto como una película: el Estado avanza, los empresarios se parapetan, el Estado necesita que los empresarios inviertan, los empresarios se parapetan más. Si los empresarios se parapetan y no invierten el Estado necesita de todos modos hacer avanzar la economía, entonces el Estado avanza más, los empresarios se parapetan aún más. Y así.
3) En ese “parapetarse” los empresarios ganan un tiempo valiosísimo del que el Gobierno carece. Pensemos: los tipos son los dueños de los activos argentinos en el exterior tienen todo el tiempo del mundo. Un gobierno electo democráticamente, no. Al modo que lo enseña el Grupo Clarín, la estrategia es ganar tiempo. Cautelar o “no inversión” mediante, estos señores juegan al póker contra el único tanque de nafta que tiene la presidenta Cristina Kirchner. Por ahora.
4) No hay que confundir. Que el lockout agropecuario de 2008 o la estrategia “política” del Grupo Clarín sea más espectacular que la movida más “educada” que consiste apenas en no invertir no debe ocultar lo que ocurre. No invertir es la medida más fuerte que puede tomar quien tiene como única “responsabilidad social” concreta invertir. De sostenerse es, en este punto, una medida extrema. Es su mejor carta.
4) Tampoco hay una “estrategia global” de fondo por parte del Gobierno. Me decía mi amigo Mariano Fraschini que en ajedrez hay algo que se conoce como “única jugada”. ¿Qué es la “única jugada”? Pues bien, es esa que no se realiza en función de una estrategia para ganar la partida pero que es, en el momento, la única que te garantiza “no perder”. Si movés de otra manera, estás perdido. Movés y vivís un poco más. Así, los ajedrecistas dicen “de la jugada 10 a la 18 fui ‘de única en única’”. Van de alguna manera un poco “ciegos”, jugando de partenaire del otro para sobrevivir. Eso sí: atravesar un período de ir de “única en única” no quiere decir que esté garantizada ni la derrota, ni la victoria. En un momento se puede abrir una jugada clave que desencadene una estrategia para ganar. O se puede fallar la “única” y perder.
5) Si, luego de la “nueva” política del Gobierno y como en un círculo (¿vicioso o virtuoso?) los empresarios no invierten ¿Tiene el Gobierno más opciones que la suma de “jugadas únicas” que implicarían lo que burdamente se da en llamar “ir por todo”? Si la única “política económica” que “hace bajar el riesgo país” es “irse”, como vemos en el caso de lo ocurrido ante el agravamiento del estado de salud de Hugo Chávez ¿qué hay que hacer? ¿Existen opciones “intermedias”? ¿Habría que quedarse de brazos cruzados mientras un sector del empresariado espera que al Gobierno se le escurran los votos y el tiempo de las manos? ¿Cuáles son las consecuencias políticas de esa situación? ¿Cuáles son los apoyos políticos con los que se cuenta para profundizar el rol del Estado en la economía? ¿Qué nivel de sustentabilidad tendría esa estrategia? ¿Vamos de “única en única” nomás? ¿Y si perdemos? ¿Y si ganamos?
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Vox populi
Dejemos por un momento de lado a los voceros del kirchnerismo. Bien. Todos los dirigentes o sectores políticos con alguna vocación de gobernar la Argentina (digo esto en sentido amplio) han dicho más o menos lo mismo ante los saqueos registrados en las últimas horas.
- Lo hizo la intendenta socialista de Rosario, Mónica Fein, al señalar que “todas estas acciones tienen que ver con una base delictiva, no son movimientos sociales en situación de vulnerabilidad”. Algo similar manifestaron ministros del gobernador Bonfatti.
- El gobernador Daniel Scioli apuntó a su vez a sectores que quieren “desestabilizar” o generar “una sensación de caos“.
- El intendente Sergio Massa consideró que “los que saquean están robando y son ladrones“. El intendente de San Fernando, Luis Andreotti, integrante de su mismo sector político, habló de “una mano negra” y dijo que quienes participaron de los saqueos “no tienen hambre“.
- Su par de Ituzaingó, Alberto Descalzo, habló de hechos “organizados” y dijo que “no hay crisis para que ocurran este tipo de cosas“.
Se le podrían sumar otras opiniones:
- Para el presidente de la comisión de Pastoral Social del Episcopado, Jorge Lozano, “parecen ser operativos organizados tendientes a instalar el tema del descontrol social”.
- El premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, consideró que hay que “apoyar al Gobierno y fortalecer las instituciones democráticas“.
- La CTA de Hugo Yasky también habló de sectores que quieren “desestabilizar“.
Sabemos todos que el Gobierno, en una línea complementaria de esta, apuntó contra dirigentes sindicales con nombre y apellido.
Dos o tres impresiones que no tienen sustento estadístico (para eso estaban los blogs ¿no?):
1) Esto que dicen estos dirigentes -caracterizar los saqueos que vimos como hechos “delictivos” y “organizados” donde no intervino “el hambre” ni una crisis social como detonante- es lo que piensa la mayoría de la población. Hablo de los laburantes, los que salen todas las mañanas a trabajar, las familias que la reman todos los días. Arriesgo incluso: tanto más así piensan los trabajadores cuanto más abajo están en la pirámide social. Saquemos del análisis por un momento a ese sector “ultra enojado” que responsabiliza de todos los males a Cristina, que también trabaja, sí. Ampliemos el foco a todo el territorio nacional, a los que van y vienen, a los que llenan el transporte público y abarrotan las calles, los que viajan a visitar a sus familiares en el interior por las Fiestas, los que han podido comprar algún regalito de navidad.
2) Frente a esta mayoría “segura”, esta mayoría “de encuesta”, las afirmaciones de distintos sectores políticos y, a su modo, del Gobierno, diferenciando lo ocurrido de saqueos de otros momentos (1989, 2001) están “correctas”, no hay problema. Sin embargo, tienen un efecto algo redundante. Su “veracidad” ya estaba dada: surge de “abajo” hacia “arriba” y al revés dice poco.
3) Como toda verdad “de sentido común” sirve, pero no alcanza. El que quiera estar un paso más adelante, tiene que tomarla, si le parece expresarla, pero a la vez cuestionarla, ponerla entre paréntesis, digamos. Sobre todo el Gobierno, a quien no le sirve a esta altura discutir quién es responsable de cada cosa en un país tan complejo como este. Sobre todo porque sigue siendo el Gobierno la única “ventanilla para reclamos”, el único actor que es visualizado como contando con posibilidades de resolución de problemas, de conflictos.
4) Tener “razón”, aún de esta manera, “estadísticamente”, por una cuestión de “mayoría” no es tanto lo que le da combustible a un gobierno sino más bien aquella capacidad de resolución. Y para eso hay que seguir preguntándose cosas. Insisto, aún teniendo “razón”:
¿Quiénes son estos pibes? ¿Qué piensan? ¿Qué quieren? ¿De dónde vienen? ¿Adónde van? ¿Cuántos son? ¿Cuántos más pueden ser? ¿Con quién hablan? ¿Con quién no? ¿Qué anhelan? ¿Con qué sueñan? ¿Cómo es su vida, desde que se levantan hasta que se acuestan? ¿Qué necesitan que pase? ¿Qué necesitan que deje de pasar?
Quizás ya lo sepamos. Quizás ya lo sepa el Gobierno. Me parece de todos modos que es bueno seguir preguntándoselo. Porque de lo que se trata es de sacarlos de ahí. Y de poder invitarlos a otra cosa.
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El presidente que sí fue
(En este post cuento algunas escenas de la película sobre Néstor Kirchner).
Cómo hemos aprendido en los años del kirchnerismo, eh. Cuánto. Y de qué forma. Todos. Aprendimos, no me digan que no.
Me invitaron a ver el preestreno de Néstor Kirchner, la película, en el Luna Park. Y seguí aprendiendo. Porque el Néstor Kirchner de Paula De Luque también nos dice cosas. Yo escuché algunas, al menos, no sé.
El Néstor Kirchner de la película me dijo que, en política (¿o en la vida?) para transgredir el “sentido común” o “lo establecido” hay que tener con qué. Porque eso es lo que hace el Néstor que transgrede el mandato paterno y le compra unos zapatos de taco alto a su hermana mayor en su adolescencia. Por lo pronto, ahorró y con su dinero hace “lo que quiere”. Porque puede. Y ahí ¿quién termina siendo más “transgresor” en términos del poder familiar? ¿La que se pone los tacos o el que va y se los compra?
Me hizo acordar a lo que me decían algunos profesores de tenis -eran profesoras, en realidad-, cuando era chico, o de guitarra, de más grande. Para pegar un drive corriendo hay que pegar con los dos piecitos en tierra un rato largo. Un largo rato. Una y otra vez. Para meter una “nota loca” hay que darle que darle a la escalita para arriba y para abajo otro tanto. Muchas tardes de calor. A Jimmy Hendrix un día se le ocurrió quemar la guitarrita y quedó fantástico. Pero comprarse el kerosene antes de saber tocar no sería adecuado.
Ahí está el Néstor Kirchner de Santa Cruz. En el “Ateneo, Ateneo…”, perdiendo la interna en 1983 y rearmándose para ganar la Intendencia en 1987 ¿Sabés el laburo político que lleva ganar una capital de provincia? Y lo recuerda Máximo Kirchner unos años después, ya electo: manejando por las calles de Río Gallegos, anotando en un cuaderno espiralado. Un bache en una esquina. Un farol roto en la otra. Y llamando correspondiente a los responsables para que arreglen lo que hubiera que arreglar. “Ahí aprendí que la política está vinculada con la vida cotidiana de la gente”, dice el hijo del ex presidente. Una definición importante.
Y también está el Néstor Kirchner que asume como gobernador en pleno 1991. Se lo ve un “gobernador del PJ”. Tiene el pelo corto, está bien peinado, tiene la corbata bien puesta, la mano sobre estos santos evangelios. Podría jurar que usaba un traje recto y zapatos abotinados. No lo veo a ese gobernador viajando mucho a Buenos Aires ¿Para qué? Si llegar a la Gobernación era, nos cuenta Cristina en el video previo a la película, el objetivo político máximo en la vida de esos dos militantes. (¿Ni siquiera ir a Buenos Aires para el estreno de una película?).
Se lo ve más tarde a Néstor Kirchner en la gran nevada de 1995, bajándose de una camioneta para empujar un Renault 12 de un vecino junto con Carlos Zannini y dos personas más que no conocemos. No hay medios. No hay intelectuales. No hay glamour. No lo piensa mucho. La cámara va en un auto detrás pero no la espera. Se baja, nos muestra la nuca de la capucha apenas. Y empuja.
Y entonces ahí está el presidente que asume en 2003. Consciente de los desafios. Un hombre con coraje que se sobrepone al temor de pisar el Congreso para proponerle al país un sueño. Un tipo sin los mil cuadros propios que se necesita para gobernar la Argentina y con un plazo de una semana.
No se parece a un transgresor alocado. Sino más bien un tipo que fue dando, en cada caso, las batallas que tuvo espaldas para dar. Sin eludirlas. Propias de su agenda. Pero cada una en su momento. Con las cúpulas militares primero, con los represores de otro tiempo luego, con la Corte Suprema más tarde y recién al tiempo con el FMI, con unos Estados Unidos algo desorientados y con los acreedores. Cada uno a su tiempo. No en cualquier momento. Cada uno cuando pudo.
El Néstor Kirchner de la película va cimentando sus batallas “macro” -esas que le da el cuero para dar y que todos podemos recitar- con la mirada y la palabra puesta también y al mismo tiempo sobre personas “micro”. Esos a los que se arroja a los brazos desde los escenarios. Esas personas de a pie a las que llama por teléfono para darles un laburito en el Estado. ¿Como hacía Yrigoyen, quizás? Otra vez sin prensa, otra vez sin intelectuales, otra vez sin glamour.
Y después está el Néstor Kirchner ya “con poder”. El Néstor Kirchner del mandato de Cristina. El que decide dar una batalla como la de la 125, que en una derrota le servirá a su vez para otras cosas.
Pero claro. Si el kirchnerismo “nace” en 2008, la película de Paula De Luque nos recuerda que Néstor Kirchner, el presidente, el líder político, el que tuvo el coraje de venir a proponer el sueño de “forjar un país en serio, un país normal con esperanza y con optimismo” no nació ese año. Ni trató de trasladar en forma directa “los 70″ a los “dos mil”. ¿O vino acaso a proponer el sueño de “la patria socialista”? Fue, en cambio, acumulando y empujando, acumulando y empujando en una dinámica que iba comprendiendo también cómo era la sociedad en cada momento.
Sin esquivarle al bulto. Sin dejar de transgredir. Sin dejar de ver la política como un lugar donde los adversarios están, eh. Están. Los enemigos están. No son ficticios ni inventados. Todos los conocemos. A lo sumo se les elige el orden. Pero están.
“Los quebramos culturalmente”, dice Néstor Kirchner en la intimidad la noche de 2010 en que Fito Páez tocó frente a tres o cuatro 8Ns. Mientras todos estábamos con el biri-biri de Fuerza Bruta el tipo dice “los quebramos culturalmente”, ja. Y (¿pero?) hay que tener con qué para pensar nada menos que en quebrarlos culturalmente. Hay que tener con qué.
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Nosotros
Hace dos años quedaba Néstor Kirchner allá, en Santa Cruz.
Y se terminaba de consolidar la idea de un “nosotros” que había comenzado a gestarse hacía ya tiempo. Crear un “nosotros” en política es algo que debiera ocurrir seguido porque es fundamental, pero en realidad sólo pasa cada tanto. Y por eso no tiene precio.
¿Y qué es ese nosotros? Pongo un ejemplo ajeno. Cuando vos te sentís parte de un cierto “nosotros-radical”, como les pasa a algunos sectores de la UCR, te deja de desvelar, por ejemplo, lo que hacen puntualmente “bien” o “mal” cada uno de los dirigentes radicales. No se trata tampoco de compendiar un “listado de políticas públicas” donde el arco se va poniendo cada vez más lejos. “Cuando hagan ley la Asignación por Hijo, ahí te juro que…“.
Más bien decir “nosotros” se trata de recordar una primera frase, una primera mirada y considerar que todo estaba trazado desde entonces. Se trata de ir a ver a tu equipo a todas las canchas. O a la mayoría. Y de alentar y putear. A tu equipo. Desde “nuestra” tribuna.
Decir “nosotros” quiere decir hablar de algo que tiene fronteras que se podrían definir como cuando se nombra un color, pero que a la vez necesariamente deben ser porosas y cambiantes. Fronteras que, llegado el caso, puedan contraerse y hacer más compacta y opaca una superficie que “abarcamos” pero también expandirse, llenarse de aire y de cosas y de gente y de ideas y donde las paredes se hacen más claritas, y livianas, como las de un globo bien inflado y se puede ver adentro. ¿Qué había adentro?
Así, ese “nosotros” pudo convocar y agrandarse y convertirse en récord en 2011. Acercarse a “otros”. Aún manteniendo claras diferencias con “ellos”.
¿Y en 2012? En 2012 ese “nosotros” se hizo algo más pequeño y compacto. Pienso, sobre todo, en lo ocurrido con las diferencias con algunos dirigentes sindicales. Pero conservó su color. Lo hizo más intenso. Lo diferenció aún más claramente de “ellos”.
Y siempre serán necesarios nuevos equilibrios y reajustes. Porque la política, seguramente, se trata entre otras cosas de lograr ese equilibrio que va de “así somos nosotros, estos somos nosotros” hasta la frontera que queda en ”quiero tener un millón de amigos” y que no debería cruzarse. La definición del justo punto entre los dos, en cada momento, no viene en ningún libro.
Porque se puede ser kirchnerista, eh. Hay que decirlo en medio del fuerte deterioro del “debate público” que hemos experimentado en lo que va de 2012.
Justo, justo, cuando el Gobierno opta por impulsar una serie de medidas ”estructurales” como los controles en el comercio internacional, la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, las restricciones en el mercado de cambios o la nacionalización de la mayor empresa privada del país. O cuando se pone a prueba si apenas una ley puede limitar la porción del mercado sobre la que actúa uno de los Grupos Económicos de la Argentina, en ese ámbito del “debate público” nos encontramos con dos acusaciones desde la vereda de enfrente. Dos acusaciones que, me parece, buscan omitir el carácter político e ideológico de las diferencias entre “ellos” y “nosotros”.
El primero (muy en boga sobre todo en la primera mitad del año): “son ignorantes”. Hacen esto porque no saben. Protagonizan un caso de “mala praxis”.
El segundo: “son malos, son moralmente inferiores”. Si “conviven” con algo que ha sido “desacreditado”, como el dirigente X o el índice de inflación que mide el INDEC, entonces “son malos”. “Ellos son malos, ¿acaso no lo ves?”.
Y, claro, quien argumenta “son ignorantes” o “son malos” (¿otra vez regresar al casillero cero y decir, “son bárbaros”?) no hace otra cosa que decirnos lo que es “correcto” hacer o lo que “es de buena gente” hacer. Nunca nos dirá si habla desde la derecha o desde la izquierda. Si nosotros estamos a su derecha o a su izquierda. Difícilmente nos hablará desde un “nosotros”, aunque lo integre. Nos dirá tan sólo lo que “se hace” en estos casos. Lo que haría la gente “que sabe” o lo que haría la gente “buena”.
Y así es como, según parece, en la Argentina no se “puede” ser kirchnerista. Como sí se puede ser demócrata, del PSOE, del Frente Amplio o del PT. Hasta se puede ser del partido de Sarkozy o republicano. O del PSDB o del PAN. Pero no se puede ser kirchnerista. No se puede, con honestidad ideológica, ser kirchnerista.
Cada uno, con honestidad ideológica, que sea lo que quiera o lo que pueda. Que construya su “nosotros” como mejor le salga. Cada uno con su verdad. Relativa, eso sí.
“Nosotros”, mientras tanto, hagámoslo lo mejor posible.
Políticas de Estado
Me acordaba justo en estos días de que el Estado argentino realizó en su momento un estudio exhaustivo sobre un proceso de fuga de capitales al exterior.
Está colgado en el sitio web de la diputada opositora Graciela Ocaña, para quien quiera leerlo. Es el Informe Final de la Comisión Especial Investigadora sobre Fuga de Divisas de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, emitido en 2003.
Es interesante analizarlo justo ahora que en el debate público veo que se está pensando mucho en partidos políticos fuertes, en políticas de Estado. En el correcto funcionamiento de las instituciones de la República, en la “alternancia” y, sobre todo, en el diálogo y en el consenso. Y en la falta de soberbia. En no actuar por espasmos, sino en pensar en el mediano y largo plazo. En evitar la “mala praxis” económica.
El informe lo firmaron diputados del Partido Justicialista, como el presidente de la Comisión, Eduardo Di Cola (Córdoba), junto con Lorenzo Pepe (Buenos Aires), María del Carmen Falbo (Buenos Aires), Alejandra Oviedo (La Rioja), Manuel Baladrón (La Pampa) y Franco Caviglia (Buenos Aires); de la UCR, Guillermo Corfield (Entre Ríos) y Noel Breard (Corrientes); los frepasistas Carlos Raimundi (Buenos Aires) y Alejandro Filomeno (Buenos Aires); Daniel Carbonetto (Polo Social-Bs.As.), María Emilia Biglieri (Demócrata Progresista-Santa Fe) y Ocaña (ARI-Buenos Aires) .
¿Cuáles son las principales conclusiones que surgen de este informe, en el que se estudió la fuga de divisas al exterior registrada durante todo el año 2001, canalizada a través del sistema financiero?
- Que la fuga de capitales no es “coyuntural” sino “estructural” en la Argentina.
- Que la “inestabilidad” de la economía no genera la fuga, sino que es la fuga la que genera la inestabilidad.
- Que la fuga de divisas está vinculada directamente a la evasión impositiva y distintos delitos tributarios.
- Que ante esa situación, cuando se aceleran procesos de fuga, resulta inadmisible que el Banco Central y la AFIP no actúen aplicando controles o restricciones. Y que esto es así debido al impacto negativo que la fuga de divisas produce en la distribución del ingreso.
- Que, en 2001, 8 de cada 10 dólares fugados los fugaron empresas.
- Que 5 de cada 10 dólares fugados por empresas los fugaron 20 empresas.
- Que 7 de cada 10 dólares fugados por empresas los fugaron 100 empresas.
- Que 3 de cada 10 dólares fugados por empresas los fugaron sociedades agropecuarias.
- Que 5 de cada 10 dólares fugados por personas físicas corresponden a la acción de 1.200 personas (el 5% de las personas que fugaron divisas).
- Que 9 de cada 10 dólares fugados lo hicieron a través de la banca privada (no la pública).
- Que 7 de cada 10 dólares fugados lo hicieron a los Estados Unidos.
En el informe se relevan 62.148 operaciones de transferencias al exterior por 14 mil millones de dólares. No es toda la fuga de 2001. Por lo que leo acá -corríjanme por favor si estoy comparando manzanas con peras- el monto relevado en el informe es lo mismo que se fugó en 2009, mientras que en 2011 -tema abordado públicamente por la presidenta Cristina Kirchner al explicar las medidas adoptadas sobre el mercado de cambios- se fugaron 21.504 millones).
Les dejo los párrafos que me parecieron más importantes de este informe realizado por y para el Estado, por y para los partidos políticos de esta democracia que está por cumplir 30 años. Es un ratito de lectura, apenas. No cuesta nada:
- “La exportación o fuga de capitales ha sido una constante en el comportamiento de la economía argentina de en las últimas décadas, salvo en el período más atractivo de las privatizaciones. Esta práctica ha sido por momentos legal y por momentos ilegal. De todas maneras, en aquellos momentos en que fue legal (como durante la vigencia de la Ley de Convertibilidad) una parte importante del dinero salido del país es probable que haya sido producto de la evasión impositiva, del lavado de dinero u otros ilícitos, o la fuga exigía en –algunos casos– la comisión de algún delito tributario“.
- “En resumen, las consecuencias de la fuga de capitales en relación con la distribución del ingreso nacional, de la inevitable caída de la recaudación impositiva, de los efectos en la balanza de pagos, o en última instancia el daño a las posibilidades de generar desarrollo económico, era de conocimiento público y de las autoridades económicas. También estaban claras las consecuencias de tener una moneda sobrevaluada, el rol del sistema financiero local e internacional, la alianza entre la evasión impositiva y la fuga. Lo que resulta inexplicable es la falta de preocupación sobre estos asuntos por parte de las autoridades“.
- “Los procedimientos para la fuga han sido descriptos parcialmente en los documentos académicos citados anteriormente y han sido mencionados en esta comisión por una cantidad suficientemente significativa de testigos y de expertos invitados (…). Substancialmente se trata de lo siguiente: un particular o empresa manifiesta a una institución financiera su voluntad de depositar fondos en el exterior o el mismo banco sugiere a su cliente el beneficio de sacar los fondos. Para hacerlo, la misma entidad financiera abre una cuenta en el exterior o la hace abrir por una oficina externa que realiza esa tarea en directa conexión con la mencionada institución financiera y transfiere los fondos por sí, en algunos casos, o a través de una casa de cambios, en otros. El sistema era así de sencillo (…).”
- “La creciente exposición en dólares hacía que el sistema fuera cada vez más inestable, tanto los bancos como las empresas, endeudadas en una moneda que no era la que obtenían por sus ventas. El resultado de esta política del Banco Central habría sido fomentar la salida de depósitos de un sistema bancario ineficaz a la hora de cumplir con sus funciones”.
- “Un argumento que algunos economistas han manifestado reiteradamente dice que la fuga ha sido consecuencia de la inestabilidad y volatilidad financiera. Aunque no sea un tema central para el análisis de lo sucedido en el 2001, el estudio de lo ocurrido en nuestro país en la última década revela la existencia de un sector importante del empresariado nacional que ‘estructuralmente’ fuga capitales del país, generando una situación de falta de sustentabilidad de la economía. Siendo así causa de la inestabilidad, luego ésta se utiliza como argumento para sacar capitales del país“.
- “Del total de transferencias efectuadas por individuos al exterior, la banca pública canalizó sólo el 4% del total, mientras los bancos privados extranjeros facilitaron la salida del 48% y la banca privada nacional giró el 45%, quedando el resto para casas de cambio, bancos cooperativos y demás entidades. Así, la banca privada, nacional y extranjera, canalizó el 93% de los fondos que salieron del país de manos de personas, en sus distintas formas. Y creemos que es importante señalarlo ya que, así como se sostiene que la fuga fue facilitada por medidas tomadas o no tomadas, por la autoridad regulatoria, en particular el Banco Central, la banca pública tuvo un papel menos que marginal en el proceso”.
- “Se han comentado largamente los procedimientos utilizados en la fuga de divisas. Se ha argumentado también que, generalmente, incluían ilícitos fiscales en alguna etapa: fuera porque eran fruto de la evasión o bien porque esas salidas no eran declaradas, generando evasión desde el momento de la fuga. Frente a esta realidad resulta incomprensible que, dado lo abundante de la bibliografía en la materia y las distintas descripciones hechas por estudiosos del tema en los últimos treinta años, la AFIP no haya tomado nota de los hechos“.
- “Lo que esta Comisión ha encontrado es, en definitiva, una profunda desarticulación entre organismos del Estado, falta de sistemas de prevención, incumplimiento consuetudinario de normas por parte del sector privado y del Estado. En definitiva, la total inacción de los distintos actores a la hora de evitar la crisis, con responsabilidades expresas en los distintos Presidentes del Banco Central de la República Argentina y los Superintendentes de Entidades Financieras, en particular, tanto como de los distintos Administradores Federales de Ingresos Públicos, junto a la responsabilidad que le compete a los distintos Ministros de Economía, en particular en el último semestre del año, a partir de operaciones que comprometieron, no sólo el crédito público, sino el crédito y los bienes de los argentinos”.
¿Y cómo era cuantitativamente la fuga de 2001, en un contexto no de inflación baja, ni media, ni alta, ni “polémica”, ni nada, sino de deflación? ¿Cómo era esa modalidad en la que “la gente va al dólar”? Era así:
- “Como se puede apreciar, la cantidad de operaciones se reparte casi a mitades entre empresas y personas físicas. En efecto, el 48,1% del total de las operaciones realizadas corresponde a empresas mientras que el 51,9% tuvo como protagonista a personas físicas. Sin embargo, los montos evidencian una notable disparidad: a las empresas corresponde el 81,5% (12.213.579.075) de las salidas de divisas mientras que las personas físicas fueron responsables del 18,5% (2.763.316.229) de los montos que salieron de la economía y fueron registrados en la base de datos”.
- “Considerando el número de operaciones realizadas, la banca privada nacional concentró el 42,9% mientras que la extranjera hizo lo propio con el 43,5%. Entre ambas bancas, explican nada menos que casi el 87% de las operaciones. Los grados de concentración son aún mayores analizando los montos transferidos: a través de la banca privada nacional se concretó el 31,4% de las salidas de capitales mientras que la banca extranjera explicó nada menos que el 61%. Entre ambas, concentraron el 92,4% de los montos que salieron de la economía a través de los bancos relevados en esta base de datos. En otras palabras, el fenómeno de la salida de capitales se corresponde fundamentalmente con unos pocos bancos de capitales extranjeros y, en menor medida, pero relevante, de capital nacional”.
- “La operatoria de las personas físicas se encuentra sumamente concentrada en unos pocos bancos comerciales. Aproximadamente dos tercios de las operaciones se canalizó a través del Banco de Galicia y del Citibank. En efecto, ambos bancos explican, conjuntamente, el 67,4% de las operaciones realizadas y el 65,2% de los montos transferidos al exterior por personas físicas. Asimismo, los primeros 6 bancos (los dos mencionados más la Banca Nazionale del Lavoro, el HSBC, el ABN Amor Bank y el Bansud) concentran el 78,6% de las operaciones y el 80,7% de los montos transferidos”.
- “Si bien la salida de divisas tuvo una amplia y diversificada cantidad de destinos en el exterior, las plazas de los Estados Unidos y el Uruguay explican la mayor parte. En el caso del Uruguay, la relevancia es baja en lo atinente a empresas pero muy significativa en el caso de las personas físicas. El total de operaciones indica que el 50,5% se dirigió a EE.UU., mientras que el 21,9% tuvo como destino geográfico el Uruguay. Sin embargo, los montos transferidos evidencian un peso aún mayor por parte de EE.UU., el cual concentra casi el 77% del total”.
- “Si bien el dato acerca del concepto que motivó la transferencia al exterior resulte probablemente uno de los más importantes para el análisis de las características que asume el fenómeno de la salida de divisas de la economía, la información aportada por las entidades financieras no nos permite obtener conclusiones certeras al respecto. Ello se debe aproximadamente las dos terceras partes de los montos transferidos fueron registrados por las entidades financieras bajo concepto tales como ‘movimientos de capitales’, ‘movimientos de capitales varios’, ‘otras transferencias’, ‘otros giros al exterior’ y otros de similares características. Naturalmente, esto implica incluir en una amplia ‘bolsa’ indiferenciada a una significativa gama de operaciones. Este concepto explica el 66,7% y el 76,3% de los montos transferidos por empresas y personas respectivamente. Dado que la declaración del motivo de la transferencia no asume el carácter de declaración jurada, es altamente probable que no se haya formulado adecuadamente la pregunta al momento de completar el formulario y que no se haya realizado seguimiento o control alguno de la cuestión. Excluyendo al mencionado concepto, en el caso de las empresas aparecen algunas denominaciones de interés, tales como el pago de deudas, operaciones de cambio, rescates de fondos comunes de inversión y servicios reales. En el caso de las personas físicas, aparecen con cierto grado relevante de reiteración los motivos servicios reales, ‘atesoramiento‘, ‘fondos propios’ y ‘ayuda a familiares‘. Cabe destacar que el monto promedio por operación por este último concepto supera los 28.000 dólares, llevando a suponer que tal generosidad en la ayuda bien podría responder al mero atesoramiento en el exterior“.
- Un total de 21.286 personas realizó 32.272 operaciones de transferencias al exterior por una suma total de 2.763 millones de dólares. El monto promedio por operación es de 85.626 dólares. Sin embargo, poco más de 6.000 personas transfirió 100.000 dólares o más. La operatoria de las personas tuvo un relevante grado de concentración. Un ordenamiento de las personas, según los montos transferidos, permitió comprobar que los primeros 10 si bien explican tan sólo el 0,23% de las operaciones totales, concentró casi el 8% de los montos transferidos. Se trató entonces de 10 personas que giraron al exterior unos 218 millones de dólares, con un promedio por operación de casi 3 millones de dólares y un promedio por persona de casi 22 millones de dólares. Por su parte, los primeros 20 concentran el 11% de los montos transferidos, mientras que los primeros 100 explican el 23%. Para llegara a la mitad de los montos transferidos por el total de personas, es necesario agrupar a los primeros 1.200, los cuales explican el 50,1%”.
- “Un total de 5.109 empresas realizó 29.876 operaciones de transferencias al exterior por una suma total de 12.214 millones de dólares. El monto promedio por operación fue de 408.809 dólares. Sin embargo, 802 empresas transfirieron un millón dólares o más. La operatoria de las empresas tuvo un alto grado de concentración, muy superior al de las personas. Un ordenamiento de las empresas que integran la base de datos, según los montos transferidos, permitió comprobar que los primeros 10 si bien explican tan sólo el 3,7% de las operaciones totales, concentraron casi el 40% de los montos transferidos. Se trató entonces de 10 empresas que giraron al exterior unos 4.700 millones de dólares, con un promedio por operación de casi 4,3 millones de dólares y un promedio por empresa de unos 470 millones de dólares. Por su parte, los primeros 20 concentran el 48% de los montos transferidos, mientras que los primeros 100 explican el 72%“.
- “El cruce con la base de datos sobre personas y sociedades agropecuarias del Área de Economía y Tecnología de la FLACSO permitió apreciar que el 7% de las operaciones realizadas por empresas correspondió a sociedades agropecuarias. Asimismo, dichas sociedades explican el 28,1% de los montos transferidos, indicando el alto grado de relevancia que asumen las mencionadas empresas”.
- El segundo cruce de bases de datos realizado ha sido con aquella que releva las principales variables económicas de la cúpula de las grandes empresas de la Argentina. Se trata de las 200 empresas con mayor facturación del país. (…) El cruce de información ha permitido apreciar la centralidad que tienen las grandes empresas en los procesos analizados en el presente informe, evidenciando un elevado grado de internacionalización. Casi dos tercios (el 65,2%) de los montos transferidos al exterior durante el año 2001 por empresas, a través de los bancos relevados, pertenecen a la mencionada cúpula empresarial. Se trata de un total de 7.964 millones de dólares transferidos en 4.719 operaciones”.
- “En etapas de crisis financieras, es habitual –en la Argentina y en cualquier país del mundo- que se produzca una considerable fuga de capitales. Dada la volatilidad e incertidumbre, los tenedores de activos financieros tienden a refugiarse en mercados y economías más seguras, intentando reducir el riesgo de sus inversiones. Sin embargo, al componente coyuntural –asociado a la emergencia de una crisis financieracabe adicionar la existencia de un componente estructural en el fenómeno de la fuga de capitales de la Argentina”..
- “Esto significa que cuando se presenta una crisis financiera, como lo fueron el efecto Tequila o la crisis del año 2001, la fuga de capitales crece notoriamente. Pero en los períodos intermedios la fuga de capitales no se detiene sino que sólo reduce su magnitud“.
- “De lo expuesto se deduce que resultaría parcial e incorrecto afirmar que los capitales argentinos se fugan cuando se presentan escenarios de inestabilidad y volatilidad financiera. Ahora bien, ¿cómo se explica entonces este comportamiento estructural tendiente a la fuga de capitales? La principal hipótesis explicativa del fenómeno en cuestión proviene del análisis del comportamiento del empresariado local. Durante los primeros años de la década del noventa, los principales grupos económicos locales participaron activamente del proceso de privatizaciones, conformando consorcios inversores junto a grandes operadores transnacionales y bancos de inversión (…) En este marco, la fuga de capitales tendió a reducirse durante esos primeros años de la década del noventa, e incluso se produjeron algunas repatriaciones de capitales radicados en el exterior. Por ejemplo, entre 1992 y 1993 los montos depositados en cuentas de bancos del extranjero se redujeron en 2.500 millones de dólares. Finalizado el negocio de las privatizaciones, se produjeron nuevas tendencias que alteraron la tendencia registrada en materia de repatriación de capitales. Desde mediados de los años noventa comenzó a producirse una inusitada oleada de transferencias de empresas cuyo rasgo dominante fue la compra de empresas locales por parte de inversores transnacionales”.
- “Esto significa que por cada dólar invertido por empresas extranjeras existió aproximadamente otro dólar (en rigor, 90 centavos de dólar) perteneciente a residentes que se fugó de la economía. En otras palabras, los procesos de inversión se parecieron más a un mero canje de activos que a una verdadera expansión de los horizontes productivos del país“.
En el informe se habla de 2001. Las conclusiones que podríamos sacar de este informe para la actualidad tan linda que vivimos los argentinos del dos mil diez y pico se las dejo a los lectores. Yo, argentino.
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Paz y administración
Y no veo más allá de diciembre. Veo borroso.
Lo único que sé es que el kirchnerismo no durará para siempre. Que en las vueltas cíclicas de la Historia todos los que se desgañitan histéricamente para asegurar que el kirchnerismo es una ficción, un engaño masivo o una dictadura infame quizás algún día serán sentido común. Que los libros de quienes sostienen que la crisis económica global más profunda y prolongada en 80 años es sólo un stand by de la primacía desaforada que los mercados exhiben hace 35 años volverán, tal vez, a ser indiscutidos. Que todo volverá a ser politics as usual y economics as usual. Algún día. Aunque tampoco para siempre ¿no?
Pero no veo más allá de diciembre. No veo claro.
A principios de septiembre (perdón por el estilo tan Elisa Carrió) lo sorprendente era que aún no se hubieran registrado protestas contra las restricciones a la venta de dólares a precio oficial para atesoramiento. En un país donde los grandes empresarios no pueden girar libremente utilidades al exterior. Y se les empieza a dificultar algo tan simple como “vender todo e irse”. O poder tapar con dólares el no pago de impuestos. Nada menos.
Y aún es posible hilvanar algún marco global para entender lo que ha sido este año a la vez demasiado tranquilo y demasiado convulsionado. Considerar que en el 2012 hemos presenciado reacomodamientos “de poder”, propios de un “año par”, sin elecciones. Sintonía fina con munición gruesa, como escuché por ahí. Pero ahora se acaban -otra vez- los mapas conocidos.
Porque:
- Nunca antes el kirchnerismo había fijado una “fecha” para tomar una medida más o menos trascendente.
- Nunca en lo que va de democracia un Grupo Económico de capitales “nacionales” se dejó limitar por algo tan “inofensivo” como una ley.
Entonces, entramos en un período de dos meses en el que, quizás, ahora sí el Grupo Clarín -¿sumado a algunos de los otros sectores del capital concentrado que leyeron el poema aquel de “yo no era comunista“?- no se guarde nada si se ve acorralado. Y siempre sabiendo que este tipo de debates sobre temas que parecen demasiado “intelectuales” no están ni por asomo entre los diez que más le preocupan en forma directa a la mayoría de nuestros compatriotas, podríamos citar en forma desordenada algunas frases que nos parecen muy relevantes de los últimos dos discursos políticos de la presidenta Cristina Kirchner (este y este):
Así que quiero convocar a todos los argentinos a la unidad nacional, más que nada, porque es un instrumento básico para poder seguir creciendo y además hacerlo en paz. A todos los que comparten nuestras ideas a defenderlas con claridad, con firmeza pero sin violencias ni agravios ni descalificaciones. Ante el agravio, la descalificación o la agresión, la explicación.
Entonces aprendamos a tener diferencias, (…), tienen derecho a pensarlo; tienen derecho a pensarlo, no tenemos que enojarnos.
Cuando nos parece que alguien es violento, agresivo, que viola derechos, que viola el Código Penal, no hay que responder, porque se puede hacer cualquier cosa con los caníbales, menos comérselos como digo yo. Nunca hay que tener una conducta simétrica,
Yo no quiero odio en mi país, porque, en realidad, este proyecto que llevamos a cabo desde el año 2003, no ha afectado los derechos, al contrario, este proyecto ha tenido la virtud de que los derechos que ha ampliado, que los derechos que otros han conquistado, no ha sido mermándole derechos a otros. Al contrario, esos otros tienen y están todavía aún mejor de lo que estaban en el año 2003.
Así que mucha gestión, mucha militancia, eso sí, mucha difusión de nuestras ideas, de nuestras políticas; mucha construcción en los barrios, en los territorios, trabajando junto a la gente.
Unidos y firmes. Pero sedados y enfocados. Ahí vamos.
Lo que sé de la inflación
Algunos apuntes políticos acerca de la inflación:
- La inflación argentina medida por el INDEC es alta. Medida como la midas, hasta donde leo en distintas fuentes da siempre la segunda más alta de América Latina y, por lo tanto, una de las más altas del mundo en el actual contexto. Más allá de lo que digan un índice efectivamente desacreditado en el debate público, las consultoras privadas, las no-sé-cuántas provincias o lo que opine Hugo Moyano. Esto es lo que está presupuestando el Gobierno para el año que viene: una inflación que en los términos comparativos latinoamericanos y mundiales es alta.
- Como tal, no podría no preocupar. A todos los asalariados, a todas las centrales sindicales este tema les preocupa. A mis amigos, a mis familiares, a mí nos preocupa.
- Entre todos los que les preocupa en forma genuina la inflación por sus efectos sobre los ingresos de los asalariados formales e informales, los beneficiarios de planes sociales, los pequeños comerciantes, los jubilados, hay oficialistas y opositores. El debate entre ellos me parece genuino y necesario y debe ser alentado.
- No todos los que “quieren preguntar” sobre la inflación tienen esta genuina preocupación. Si soy un consultor económico de algunas de las mayores empresas del país, compañías con mil palos verdes en un banco en Suiza y digo “qué preocupante la inflación” me produce dudas. Si yo tuviera mil palos verdes en un banco en Suiza ¿me preocuparía la inflación o me preocuparía influir para que se inicie un plan de estabilización en el que el paso uno sea una fuerte y brusca devaluación?
- Quien asesoró a Cristina para que diga que el país “explotaría por los aires” si la inflación fuera del 25 por ciento, la asesoró mal. Que yo sepa, el país explotó por los aires en el 75, con el Rodrigazo; en parte en el 82, con el estallido de la “crisis de la deuda”; en el 89, con la hiperinflación y en el 2001. Los argentinos saben por su experiencia reciente, entonces, que el país puede “explotar” con una inflación muy alta, con una hiperinflación y también con una deflación. La cosa pasa por otro lado.
- El país con el que hay que cortar no es “el país de la inflación”, el “país de la apreciación cambiaria artificial”, del “ancla cambiaria”, como señalan algunos sectores que siempre tienen las mismas recetas. El país con el que hay que cortar es con el del endeudamiento y la fuga de divisas que comenzó en 1976. La sociedad más igualitaria que se armó sobre la base de la mayor presencia del Estado en la economía, que comenzó con el formato de contención de la crisis del 30 que pensaron algunos de los cuadros más lúcidos de aquella generación, como Pinedo y Prebisch, y al que se sumó la visión del Estado que aportó el peronismo, se rompió en 1976. Cuando se puso a lo financiero como eje en lugar de la economía real, hecho que ocurrió en todo el mundo y ahora estamos viendo cómo “explota por los aires”.
- La inflación a partir de 1976 es de lo que nos hemos preocupado la mayoría de los argentinos mientras los Grupos Económicos se hacían cada vez más ricos endeudándose en dólares, valorizando esas divisas con el trabajo argentino y luego fugándolas sistemáticamente. Las personas de a pie no “vamos al dólar” porque “se desvaloriza la moneda” en el marco de un proceso inflacionario. Vamos al dólar porque es la forma en la que ellos se han hecho riquísimos y se han despegado de los vaivenes a los que estamos sometidos los asalariados. Los asalariados, los pequeños comerciantes, los sectores medios que mamamos la idea -real y válida, confirmada por la realidad hasta ahora- de que el ahorro debe ir a dólares no lo hacemos tanto porque desconfiamos del peso sino porque sabemos que así es como uno se puede tratar de plegar a la ola de “consumo sofisticado” y de “éxito” de los dueños del país y que esa ola no te tape. A partir del gobierno de Néstor Kirchner se rompió con la lógica del endeudamiento porque se rompió con la lógica de que hay que presentar el plan económico antes en Nueva York y en Washington que en la Argentina. Para ser justos, el gobierno de Duhalde rompió con esa lógica, quizás porque no le quedaba otra. Pero los gobiernos kirchneristas, habiendo podido revertirla, con constantes reclamos y presiones de distintos sectores para que la revirtiera, no lo hicieron. Y la profundizaron.
- Y ahora, rota la “lógica del endeudamiento”, Cristina avanza con la ruptura de la “lógica de la fuga” con un esquema con el que intenta que esa situación no recaiga sobre los más débiles. Podría haber parado la fuga con una maxi devaluación, pero optó por otra cosa. Y los sectores que están acostumbrados a ahorrar en dólares se enojan. Se enojan los “grandes” que se han hecho riquísimos con la fuga de divisas, ocultando además con el dólar lo que evaden o eluden de impuestos -igualito que Chávez Jr. hizo con marihuana para tapar otras cosas-. Y se enojan, nos enojamos, todos los que tenemos capacidad de algún ahorro y la única forma que conocemos de ser como “ellos”, de ser “exitosos” y tener la esperanza de un consumo sofisticado es yendo al dólar. No somos malos. Tenemos una cierta lógica. La de ellos.
- Sabemos (lo leo en un paper de Mario Rapoport) que entre 1945 y 1975 las tasas de inflación promedio fueron del 20% (con picos del 50 a más del 100%). Me dirán que ese país no vuelve más porque el mundo estaba más cerrado al comercio. Quiero una Argentina que se industrialice, que proteja su mercado interno, donde todos puedan consumir más y tengamos una sociedad más igualitaria, con mejores servicios sociales. ¿Adónde voy a buscarlo?
- Como se ve en ese período, el país bien puede no “explotar por los aires”, aunque perfectamente puede un presidente terminar mal, irse o “ser ido”, si no logra administrar bien todas las tensiones del momento. Entre las que están las tensiones inflacionarias. Si es hora de dar batallas, amigos, sólo queda entonces una posibilidad: tratar ganarlas porque esto no es un juego.
- La experiencia concreta del último plan económico que puso entre sus principales objetivos la baja de la inflación, la Convertibilidad, pero también buena parte de los “hay que pasar el invierno” de la segunda mitad del siglo XX, indican que lo que se busca desde los sectores ortodoxos no es tanto bajar la inflación, como producir un ajuste que discipline a los sectores populares imponiendo un nuevo piso salarial más bajo que el anterior. Tirar el agua de la bañera con el chico adentro.
- Todos los que fuimos asalariados en los 90 sabemos que no había “inflación cero”. Que, por ejemplo, las tarifas de los servicios públicos pasaron a conformar una porción creciente del salario de la gente, ajustándose además según la inflación de los Estados Unidos. Que en realidad, cuando te dicen “inflación cero” te quieren decir “no se pueden aumentar los salarios, ni las jubilaciones”. Que cuando te dicen “inflación cero” igual te dicen que los costos salariales son muy altos, que la economía es poco competitiva y que por eso hay que “desregular” el mercado de trabajo, aún en el marco de una híper desocupación.
- Así, tener “inflación baja”, cualquier cosa que ello quiera decir, es muy fácil. “Bajar la inflación” es muy simple. Pero la pregunta no es “cómo bajar la inflación”. La pregunta es cómo bajar la inflación manteniendo otras características que también tiene ahora la Argentina. Cómo bajar la inflación manteniendo el sistema previsional con mayor cobertura de América Latina. Cómo bajar la inflación manteniendo la Asignación Universal por Hijo. Cómo bajar la inflación dándole una netbook a todos los chicos que cursan la educación pública secundaria (estoy diciendo todas cosas que no había en la Argentina de “inflación baja” que yo conozco, que es la de los 90, ¿ves?), cómo bajar la inflación dándoles las vacunas gratuitas a los chicos que hasta hace poco o tenían que pagar o no recibían, cómo bajar la inflación con AYSA haciendo obras de agua y saneamiento en el Gran Buenos Aires, en lugar de Aguas Argentinas sólo cobrando la factura, cómo bajar la inflación manteniendo el puesto de la Argentina en el Indice de Desarrollo Humano de la ONU. Hay miles de estos. Cuando vinieron las crisis del Tequila (’95), la Asiática (’97) y la Rusa (’98), la inflación seguía en “cero” y la desocupación abierta se disparó. Y lo único que se les ocurrió entonces fue plantear más flexibilización laboral, dar más beneficios a grandes empresas, darles plata en la mano a las automotrices y poner a Palito Ortega de Secretario de Desarrollo Social.
- Hay una cierta mirada “antiinflacionaria” que indica que los argentinos están consumiendo por encima de sus posibilidades. En los 90, por lo menos, tenían el coraje de mirar a cámara y decir que había “provincias inviables”. Ahora veo sectores que hablan de “metas de inflación” -es un avance, de todos modos, que ya no piensen en cerrar el Banco Central con un candado y tirar la llave a los cocodrilos-. Mi impresión sigue siendo que hablan de “metas de inflación” para indicar cuánto debería reducirse el gasto público y, para peor, quitar la definición de ese ritmo y esas posibilidades de las manos de la política. Para mí, tendrían que animarse a mirar a cámara y decir que lo que piensan es que en la Argentina, con el nivel de productividad que tiene el país, hay gente que está consumiendo de más. No sé si pensarán también que hay “personas inviables”.
- El “gran ejemplo” de política monetaria de “metas de inflación” que se me ocurre es el de Chile. Las “metas de inflación” son una forma extrema de decir lo que dicen todos los gobiernos. Que para todos no alcanza. Que ya va a alcanzar para todos. Que esperen. El problema es si esa “espera” se choca con una suerte de default político por no escuchar las demandas sociales, como el que tiene ahora Chile. Uno donde una gran cantidad de ciudadanos no distinguen la diferencia entre centroizquierda y centroderecha. En un contexto de “optimismo sobre la economía“, el oficialismo y la oposición muestran “altos niveles de desaprobación ciudadana”. El oficialismo, con un rechazo del 64 % y la oposición, con niveles de desaprobación que llegan al 74%. Por no hablar de una Cámara de Senadores con una aprobación del 17 % y una de Diputados con el 16 % de respaldo.
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Sobre la agenda opositora
¿Lo perfecto es enemigo de lo bueno? ¿La oposición quiere salir del pozo? ¿O ganar directamente? ¿Qué agenda le conviene más? ¿Una con la que trate de representar a la mayor cantidad posible de electores? ¿U otra con la que pueda armar una base consistente de apoyos? ¿La oposición está resignada a que la sucesión del kirchnerismo, sea cual fuere, provendrá del propio peronismo? Escribí esta nota antes de los cacerolazos. Pero puede ser que todavía sirva.
La inexistencia de una agenda opositora parece notoria si se analizan algunas de las últimas polémicas públicas encaradas por los principales referentes de ese sector. Por el momento, los debates que se llevan adelante desde los sectores enfrentados al Gobierno Nacional surgen como un reflejo de la iniciativa política oficial o como espejo de los “temas del momento” en los medios de comunicación que han elegido un tono opositor.
El bloque de discusiones en torno a “La Cámpora en las escuelas”, como presentaron esa situación distintos medios de prensa, fue un ejemplo de ello. Legítima o no, la discusión surgió como un reflejo de sectores de la oposición de informaciones surgidas de la prensa. Lo mismo ocurrió con una brevísima discusión del PRO con el cantante Fito Páez como coletazo de ese mismo tema. Los debates sobre la posibilidad de que se habilite el voto optativo a partir de los 16 años, en el que la oposición aparece por el momento fragmentada, con posiciones favorables en algunos casos como la del socialista Hermes Binner, es otra muestra de esa situación.
La iniciativa en términos de cuestiones “nacionales” sigue estando del lado del oficialismo. Por otra parte, a un observador desprevenido, le llamaría la atención el alto nivel de abstracción de algunos de los ejes de debate planteados por la oposición. Así, el radicalismo, a través del presidente del Comité Nacional, Mario Barletta, hizo el mes pasado una convocatoria a la oposición para oponerse a una eventual reforma constitucional que habilite una nueva reelección de Cristina Kirchner.
¿Es hoy una posible reelección la principal preocupación del electorado? ¿Lo es si se toma en cuenta sólo la opinión de los sectores “enojados” o descreídos del Gobierno? Lo mismo ocurrió con Mauricio Macri, quien en un encuentro con más de 200 dirigentes afines en la localidad cordobesa de Huerta Grande, enfatizó que “no hay que tenerle miedo a ella, porque somos mucho más que ella”. Otra vez se trató de una actitud reactiva a ciertas palabras de la Presidenta de la Nación y, a la vez, una convocatoria abstracta. Las apelaciones de dirigentes opositores al manejo de los fondos de la coparticipación dirigidos a las provincias aparecen también como un tema de un nivel de abstracción enorme, en comparación con otras preocupaciones de los argentinos. Podría pensarse que lo son tanto como las ideas de llevar al país hacia las dinámicas de “Brasil, Chile y Uruguay”, como plantearon algunos candidatos presidenciales en las últimas elecciones.
Lo mismo ocurre con las denuncias sobre “autoritarismo” y hasta “fascismo” y la idea de una violación permanente de normas “institucionales”, un presunto peligro que acecharía a la “libertad de expresión”.
¿No serían, en cambio, más fructíferas para la oposición en términos electorales promesas de revertir medidas que han “enojado” a un sector específico de la población, como los controles cambiarios? ¿O asegurarles a sus votantes cuánto se reduciría la inflación en un año si ellos gobernaran, por más que una política más firme en ese sentido pudiera tener efectos en términos del empleo? Incluso sabiendo que la cuestión de la “inseguridad” suele aparecer al tope de las preocupaciones en cualquier encuesta pero que no termina decidiendo el voto de muchos ciudadanos, ¿no sería mejor prometer reducciones notorias de los índices delictivos en determinadas regiones del país? ¿O, por más que no tenga “buena prensa”, dar cuenta de las demandas de un sector del electorado al que le molesta la amplia cobertura que tienen los planes sociales y el acceso de jóvenes de hogares pobres a las netbooks que distribuye el Gobierno?
Dicho en otros términos, ¿qué perdería la oposición con salir a manejar una agenda más concreta y clara de “centroderecha” en lugar de plantear un conjunto de eslóganes abstractos “de centro”? Aún si no le sirviera para “ganar” una elección, ¿no le permitiría consolidar una porción “propia” del electorado, una base de pertenencia sobre la cual comenzar a desplegarse?
Otro elemento a tener en cuenta en términos de la agenda opositora es cuán interesados están desde ese espacio en avanzar con la agenda que le plantea “el hombre de a pie” y cuánto en seguir enfocando sus esfuerzos en aquellos temas que, sobre todo, les preocupan a sus dirigentes y a los principales referentes de los medios de prensa enfrentados al Gobierno.
Una pista de esta situación puede verse en una encuesta realizada por la consultora Poliarquía a 200 “líderes de opinión” a fines del año pasado y difundida en enero de este año. Para el 43% de ese sector “influyente”, los principales problemas del país son los siguientes: “la baja calidad institucional”, “la forma de ser de los argentinos”, “la clase dirigente”, “el hiperpresidencialismo” y “el mal funcionamiento de la Justicia”. Así, cuando se pregunta sobre “el aspecto más criticable del gobierno kirchnerista”, el 78% de las menciones hablan de: “La baja calidad institucional”, “la concentración del poder”, “la manipulación de las estadísticas públicas” y “las estrategias de confrontación como instrumento para hacer política”.
Como vemos, los “líderes de opinión” parecen bastante cerca de evaluaciones de “alto nivel de abstracción” y alejados del conjunto de problemas concretos que, sean oficialistas u opositores, sienten como obstáculos en sus vidas cotidianas los argentinos. El otro elemento que llama la atención de la encuesta es el alto nivel de confianza que estos “líderes” manifiestan tener en instituciones que han visto deteriorada su imagen a los ojos de la sociedad en los últimos años. Así, para este segmento de la población, los medios de comunicación siguen contando con el 66% de confianza, junto con otras instituciones como el Poder Judicial (59%) o las grandes empresas (54%).
La forma en que la oposición comience a enfocar su agenda pública de cara al Gobierno Nacional será uno de los elementos que delinearán el escenario electoral del año próximo. Y se tratará de una de las cuestiones que determinarán si comenzará a aparecer o no un “contrapeso nacional” en el sistema político al protagonismo todavía muy relevante que muestra el oficialismo.
(Publicado originalmente acá)
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La alegre empresa de todos
Estoy leyendo la autobiografía de Jorge Antonio (véase su obituario, por Susana Viau) “¿Y ahora qué?”, en una edición impresa en 1970. Voy por la mitad. No llegué al golpe del 55. Transcribo los párrafos que más me impactaron de esta historia. Digo “esta historia” porque no importa acá si “es verdad” o no. Me parece interesante la historia y me dispara una serie de ideas. No necesariamente lineales o que siguen el texto “al pie de la letra”. Ideas.
Como simple contexto, diré que Antonio, hijo de inmigrantes, nació en 1917. Dice haber trabajado en el frigorífico Swift y en la construcción de la Ruta 2. En 1939, con 21 años, luego de cumplir el servicio militar, se convierte en técnico especializado en Rayos X en el Ejército. Dice haber participado del 17 de octubre, con 27 años. De repente, conoce a José Figuerola, cerebro del Primer Plan Quinquenal. Trabaja en la Secretaría Técnica, en la confección del plan, en las oficinas de Larrea 1440. Se pelea con Figuerola y ahí arranca su carrera empresaria.
Todo el relato está lleno de baches, de cosas que no se explican bien, todo va muy rápido. Pero no deja de ser muy intersante. Van fragmentos :
“Comencé a tomar contacto, otra vez, con el interior del país. Iba por cuestiones comerciales y visitaba toda clase de construcciones. Comprendí que todas las previsiones del Plan Quinquenal, a cuya elaboración había contribuido con tanto amor y voluntad se cumplían rigurosamente. La Argentina estaba poseída por el afán creador y todo nos daba la seguridad de que aquello no se dentendría nunca. (…) También me dí cuenta que, en plan de realizaciones, la actividad privada superaría a la del gobierno que, desd eya, y por sí sola, era muy grande y preveía cosas que nuestro espíritu nunca se había atrevido a imaginar”.
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“Nunca se avino con mi temperamento la pequeña especulación, eso de dar un golpe y luego detenerse, esperar. ¿Esperar qué? ¿A que la vida nos consuuma estúpidamente nuestras energías, mientras vemos cómo van engrosando las cuentas bancarias con avidez de usurero o rentista? ¡No!, ¡yo iba a subir con el país!, ¡junto con otros argentinos que tuvieran sueños similares a los míos! ¡Y habría de lograrlo, plenamente!”.
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“Un día me dijo que se le había ofrecido un negocio nuevo, de muy buenas perspectivas, pero que él no quería complicaciones a esa altura de su vida. Se trataba de construir chatas areneras, de esas que buscan sus cargas en el lecho del Plata. Era, de verdad, una actividad completamente nueva, hasta entonces no intentada por nadie. Era la creación de una industria, la iniciación de una empresa distinta. Ya mi imaginación volaba: veía grandes astilleros, miles de obreros trabajando en ellos y barcos argentinos, totalmente argentinos, surcando los mares dle mundo. No eran desvaríos. Simplemente, se trataba de mi imaginación, fundamentada sobre una voluntad creadroa, apta parea empresas desconocidas, fuera de lo rutinario. He sido siempre así”.
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“Al finalizar el año 1948 se habían vendido unos trescientos cincuenta automóviles. Mis ganancias alcanzaron alrededor de un millón de pesos. Pero yo no quería meter ese capital -entonces bastante considerable- en un hucha ni en ninguna cuenta bancaria. Quería movilizarlo, crear nuevas actividades”.
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“Fui, pues a entrevistarme con los directivos de la General Motors. Les hablé con detenimiento y se sientieron vivamente intersados por mis propuestas. En el segundo contacto me presentaron al Presidente de la empresa, el señor Wilson, que luego sería Ministro de Guerra del General Eisenhower. ¡Qué distinto! Allí un industrial pasaría a ser nada menos que el hombre de quien dependieran los planes militares de una potencia mundial. En la Argentina, otro industrial, que amaba intensamente al país, que trabajaba por su bienestar y la prosperidad de sus compatriotas, sería tratado peor aún que un simple delincuente de orden común…”.
-.-
“En un momento determinado, y cuando ya los embarques estaban casi concluidos, nos encontramos con que las ventas se hallaban paralizadas debido, quizá, a una momentánea saturación del mercado. Mis socios llegaron a desesperarse y una tarde se reunieron todos, poniéndose de acuerdo sobre un solo punto: Jorge Antonio es el culpable de la ruina que se nos avecina, él se ha equivocado y por eso no podemos colocar los mil coches que están en el puerto. ¡Necios! ¡Flojos de espíritu, faltos de hombría! (…) Al fin, cuando me harté de tanta estupidez y mediocridad, les comuniqué que, en cuarenta y ocho horas más, no tendríamos un solo automóvil en nuestro poder”.
(…)
“Fui a casa, me higienicé, cambié de ropa y hablé telefónicamente con mi amigo, el coronel en situación de retiro y abogado, Darío Saráchaga, que, en esos momentos, ocupaba la presidencia de ‘Clarín’”. (…) “Así fuimos al despacho del doctor Noble, en ese entonces instalado en la Avenida de Mayo (…). De pronto le dije a Noble, a boca de jarro: puede imaginarse que mi visita no es de cortesía. ‘De lo que sea, estoy a su disposición, Jorge Antonio’. Entonces me explayé. Le conté cuanto planeaban los distribuidores y la mala acción que estaban a punto de cometer conmigo. (…) “Entonces puse un ejemplar de ‘Clarín’ sobre su escritorio y le agregué: la prensa miente muchas veces, tergiversa los hechos en infinidad de oportunidades y, en fin, ajusta la realidad a sus propios intereses. Lo que vengo a pedirle es que mienta una vez más. Pero, en este caso, será una especie de mentira piadosa. Asintió, aunque dando grandes circunloquios. (…) Pero, finalmente, convino en que yo tenía toda la razón del mundo. ‘Pero lo que no veo, Jorge Antonio’, me dijo, ‘es qué tiene que ver Corea con su negocio de automóviles’. Tiene, verá que tiene… le dije en un tono entre serio e irónico que lo dejó más perplejo aún. Y expuse mi pensamiento: los Estados Unidos tienen toda clase de problemas en estos momentos, la industria está prácticamente dedicada a la guerra, produciendo toda clase de materiales con destino a la misma. Como la situación se agrave, aún más, cosa que sucederá inevitablemente, no sería nada de extraño que su gobierno resuelva aplicar las mismas restricciones que las puestas en práctica durante la segunda guerra. Pero Noble no entendía. De modo que hube de seguir adelante: es muy simple, necesito que usted publique en ‘Clarín’, lo más destacado posible, como si se tratara de un cable recibido desde los Estados Unidos, un texto similar al siguiente. Y sacando mi lapicera, escribí allí mismo: ‘La situación por la cual atraviesa el proceso de guerra en Corea, hará, sin lugar a dudas, que los Estados Unidos corte drásticamente la exportación de maquinarias y automóviles para América del Sur y otros países’. Y conste, doctor Noble, agregué al extenderle el papel, que esto es muy factible. El lo leyó, me miró nuevamente, como si no me creyera capaz de utilizar una argucia como aquella y me dio seguridad de que, al otro día, la ‘noticia’ saldría en primera plana y bien destacada. (…) En cuarenta y ocho horas se habían vendido, prácticamente los mil automóvines que se abarrotaban en nuestros depósitos y los que esperaban en la aduana. Antes de la terminación de aquel año, tuve la inmensa satisfacción de mostrarles a los que me acompañaban por un simple afán especulativo, sin ningún otro propósito que el de ganar dinero fácilmente, que habían llegado a reprocharme la temporal paralización de las ventas, que vender cinco mil automóviles en nuestro país era un juego de niños”.
-.-
“(…) marché a Alemania (…). Hablando en términos ajedrecísticos, creí llegado el instante de la partido en que debía dar jaque al rey. Así fue, que sin ningún circunloquio más, avancé en profundidad en aquella conversación, que podía ser realmente decisiva: pienso que podremos conseguir tal licitación y, más aún, compraremos dos mil quinientos automóviles diesel, que se pagarán al contado, pero exijo la contrapartida. Y esta no es otra que todas las comisiones que nos corresponden cobrar, tanto por los trolebuses cuanto por los coches se paguen inmediatamente en maquinarias. Y lo restante hasta completar la fábrica de camiones, ustedes deberán invertirlo en Argentina en función de capital”.
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“Nunca había estado personalmente con el General Perón (…) Algunos de los otros, de los miembros de su gabinete, parecían hallarse coléricos por mi presencia en la Casa de Gobierno (…) Yo nunca les había visto. No participaba en tareas políticas ni habíame enfrentado con ellos por ninguna razón. Con toda malevolencia adujeron su desconfianza. Dijeron que la plante industrial no se levantaría nunca. Cereijo, apoyado por Gómez Morales, fue muy duro en sus expresiones”.
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“(Perón) me invitó a que hablara con entera confianza y sosiego”. “Señor, creo profundamente en sus realizaciones y en la Revolución Peronista. Sé de los planes de industrialización que le animan y de los propósitos que ellos encierran de transformar a la Argentina en un gran país. Mi obligación como argentino es la de cumplir con mi parte dentro de tan gigantescos planes. Por eso quiero hacer radicar una fábrica de camiones, otra de tractores y, más adelante, cuando así lo requieran nuestras necesidades, una de automóviles”.
“Perón me escuchó y luego me dijo: ‘¿Y qué piensa hacer cuando concluya todo eso?’”
“Encarar la construcción de una gran vía de comunicaciones y carreteras que crucen el país de norte a sur y de este a oeste, trazar ramales troncales que se metan en los pueblos, por pequeños que estos sean, y poner en ellos muchos camiones capaces de transportar la riquza de la Patria, la que nace de su suelo y la que debemos extraer de sus entrañas y, aún, la que produzcan las fábricas y talleres”.
“Tendrá muchos contratiempos”, me contestó, “pero si usted dice la verdad tendrá también nuestro apoyo. Solamente le pido que haga el sacrificio de cumplir con lo que me está diciendo. Eso es mucho más importante que ganar dinero y retirarse a vivir descansadamente”.
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“Nosotros levantamos los cimientos de una verdadera ciudad industrial. Construimos nuevas y mejores instalaciones para la fábrica propiamente dicha. Instalamos laboratorios de ensayo de materiales, grandes y espaciosas salas de proyección para dibujantes y cómodas oficinas. Hicimos del trabajo, no la diaria rutina, la cual se debe realizar porque no resta otra posibilidad, sino la alegre empresa de todos y cada uno de los que, en comunidad, no sólo ganaban su pan honradamente, sino que lo hacían imbuídos en el convencimiento de que también trabajaban para la Nación. Construimos una escuela modelo para los hijos de los trabajadores y, además, casas, verdaderos hogares donde todos pudieran vivir con dignidad y felicidad. Nosotros éramos empresarios de la Nación Argentina”.
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“Mi idea tomó forma concreta cuando el Estado licitó las radiodifusoras que habían sido privadas y los canales de televisión. La licitación fue pública y, como todos los negocios en que yo intervenía, ejecutados con gran limpieza. No hubo ningún género de concesiones ni de influencias. Por trece millones de pesos, nuestro grupo adquirió LR 3 Radio Belgrano y el Canal Siete de televisión, por ese entonces el único existente. Un gran diario -totalmente nuevo en su técnica, contenido y forma- que pensábamos editar y una agencia noticiosa completaban mis planes en ese sentido. También adquirimos la Agencia Telam, que estaba en situación de quiebra”. (…) Sentía como un deber la necesidad de comunicar el pueblo la verdad de aquel esfuerzo: que se debía puramente aun puñado de argentinos, de hombres jóvenes que creían en el país y tenían fe en su destino. ¿No se nos enseñaba, acaso, desde las pantallas de los cines, los diarios, las revistas y las radios a reverenciar a Henry Ford, que nada tenía en común con nosotros’ ¿No se hablaba admirablemente de Onassis y de Carnegie y de todos los ‘reyes’ industriales inventados por la propaganda norteamericana?
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“Así, nuestro núcleo empresarial se expandió notablemente y llegamos a tener veintisiete empresas dedicadas a las más diversas actividades (…) Para la construcción y venta de tractores teníamos la Fahr ARgentina, Deutz Argentina y Autarc. En fundición y equipos de inyección estaban Inyecto Magnet y Visargentina, en tanto que para la rama de galpones, silos y vagones trabajaba Favis SRL. Junto a ellas, en lo agropecuario, forestal e inmobiliario, actuaban establecimientos especializados (…) Las exportaciones las hacíamos a través de Fabar. Llegamos, incluso, a forestar 2.500 hectáreas en San Pedro -Buenos Aires- con Eucaliptos. Fue un verdadero modelo en su género nuestra tarea. Ahí están los árboles bien adheridos a la tierra argentina”.
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“¡No había salido de un hogar humilde para convertirme en un empresario más del sistema capitalista! Había en mí el sentido del cambio de guardia”.
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“Recuerdo que me venían a hablar. Algunas veces eran incitantes: ‘Jorge Antonio, deje usted al país; venda, ¡váyase!, todavía es tiempo de no perder su esfuerzo”. Otras, las de quienes sentían de verdad lo que podría sobrevenir con el derrumbamiento del peronismo, tenían ese tono dramático de los que se preguntan por qué causas inexplicables el odio es capaz de sobreponerse al amor y al mal le es dable vencer al bien”.
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Postales desde las Academias Pitman
2 de diciembre de 2011, 16:08
El politólogo diríase que “joven” ingresa a la Casa de Gobierno por la explanada que da al Norte. Citado para las 16:15 ofrece su nombre, su “DNI tarjeta”. Lo acompañan, sube las escaleras. Por acá, se sienta espera. Lo hacen pasar a otra sala, le ofrecen si quiere tomar algo, no quiere nada. Se sienta, espera un poco más. Se abre otra puerta, lo hacen pasar.
La Presidenta de la Nación lo recibe con una sonrisa, un beso. Se siente algo nervioso, halagado quizás. Toman asiento. Alguien ofrece un café, algo de tomar. El politólogo opta por un vaso de agua.
- Bueno, como te comentaron, quería pedirte tu opinión.
- Si sirve de algo, la verdad, un gusto.
- Te cuento: como sabés viene un año difícil por delante. La idea es restringir el ingreso de productos importados. Vamos a endurecer el tema de las licencias no automáticas lo más posible. Por un tiempo el cierre va a ser fuerte. El control va a ser estricto al principio. ¿Qué te parece?
- Bueno, es difícil porque eso puede tener un impacto en los insumos para la industria ¿no? Más allá de eso, que ya le habrán comentado los economistas, me parece que esto puede impactar en el humor de los “famosos” sectores medios urbanos. Si se les complica el acceso a determinados bienes o se le encarecen otros, si se ven obligados a reemplazar ciertos productos por otros de producción nacional de menor calidad eso puede ser complicado. Probablemente hagan oír sus quejas potenciados por los medios de comunicación. No podría medirlo pero algún tipo de impacto negativo en sectores que tienen patrones de consumo sofisticados tiene que tener. Y eso puede arrastrar en algo el humor de los que están “un poco por debajo”.
- Bueno, me sirve lo que me decís, dejame ver un poco el tema. Seguramente encarguemos alguna encuesta específica.
23 de junio de 2012, 16:24
Nueva visita del politólogo a la Casa de Gobierno. Ya conoce el camino. Espera. Cinco menos diez se abre la puerta. La Presidenta lo saluda y se sienta. Ella ordena unos papeles, pide algo a un secretario. Por la ventana entra algo de luz invernal.
- Bueno, ¿cómo estás tanto tiempo, bien?
- Bien, bien, señora, muchas gracias.
- Mirá, te llamo porque pienso arrancar con otra modalidad de comunicación. Bah, nada nuevo, pero probablemente esta semana llame a cadena nacional varias veces.
- Ah, ¿anuncios grandes?
- No, no, pero quiero romper un poco el cerco informativo, llegar a que más gente nos escuche y cortar con tanta pálida. Prepararnos para el 7 de diciembre ¿Qué opinás?
- No tengo problemas en sí con el uso de la cadena, más en este contexto, pero lo que tiene que evaluar es si no se le puede venir un poco en contra tanta exposición, ¿no? Los medios la van a criticar, probablemente la oposición se monte sobre esto, tratando de plantear que usted se maneja “igual que Chávez”, digamos. En algún sector va a prender eso, ¿no? Más con la cantidad de noticias sobre la desaceleración económica y todo lo que estamos viendo de la dinámica de este semestre que es, digamos, distinta al año pasado. Evalúe si no hay otras formas de llegar con el mensaje, por ahí a través de un par de ministros. Así usted por ahí evita un cierto desgaste de la imagen, de “sobreexposición”, digamos. Y también la cuestión del “uso autoritario de la cadena” del que seguramente la van a acusar.
- Bueno, dejame verlo al tema. Te agradezco, eh. La próxima hablamos mejor pero tengo un acto ahora y tengo que leer unos informes que me prepararon.
4 de julio de 2012, 19:52
Las secretarias ya lo conocen al politólogo. ¿Cortado, no? Sí, gracias eh. Media hora de espera, sale un ministro. Ahora sí, se abre la puerta para él. Saludos de rigor.
- Habrás visto que venimos avanzando con bastante fuerza en el tema de la política cambiaria. El tema de la “pesificación” de la economía.
- Sí, claro. Hace 20 días me rechazó una compra el sistema nuevo de la AFIP.
- Ah, comprás.
- Tengo una deuda en dólares, con un familiar – sonríe esperando algún gesto cómplice, pero no.
- Bueno. Más allá de tu caso personal te quiero consultar. El lunes vamos a eliminar directamente la posibilidad de comprar dólares “para atesoramiento”.
- ¿Hasta qué monto?
- Para todos.
- (…)
- ¿Qué te parece? Dame tu opinión, con sinceridad.
- Mire, Señora, más allá de la señal que ya se está dando en cuanto a que la situación parece entonces de mayor carencia de dólares de la que el Gobierno está transmitiendo, que ya le deben haber explicado los economistas, pienso que esto sí que tiene que tener un impacto muy negativo en el humor social. Usted sabe que la compra de dólares en un mercado unificado y libre es prácticamente parte de la identidad de los sectores medios, de aquellos que tienen capacidad de ahorro. Que así se protegen de las crisis, que así compran las propiedades para ellos o para sus hijos. Esto va a tener un impacto fuerte y negativo en todos los grandes centros urbanos. Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Mendoza, hasta Mar del Plata, Bahía Blanca, Tucumán puede ser, el sectores del primer cordón del conurbano. Probablemente haya protestas, en principio inorgánicas pero nunca se sabe si ante otro tipo de coyuntura negativa, como la que el Gobierno atravesó con la Tragedia de Once eso se pude profundizar o hacer más sistemático. Y yo sé lo que usted viene transmitiendo en cuanto a la situación económica, pero el clima no es el mismo del año pasado. Todos los días la gente recibe la información sobre la desaceleración, sobre la caída en los niveles de actividad, de venta de ciertos productos. Esto puede generar preocupación y una retracción extra del consumo. Súmele el tema de las licencias no automáticas, esto va a generar inconvenientes en los niveles de apoyo que mostró el Gobierno el año pasado. Yo le recomendaría revisar la medida, buscar algún tipo de escalonamiento. Obviamente que va a haber quienes intenten la vía judicial por sentirse discriminados, luego está el tema de quienes tienen familiares en el exterior, el tema de las compras en el exterior, el tema de los viajes, las compras por Internet. Y eso reproduciéndose todo el tiempo en el marco del enfrentamiento que hay con los medios, bueno, no le digo nada nuevo, pero ahí seguramente va a recibir una merma en su imagen pública, Señora.
- Te agradezco, lo voy a tener en cuenta.
Domingo 2 de septiembre de 2012, 10:05
El politólogo abre la puerta de la casa en piyama. Abre La Nación, como todos los domingos. Lee una encuesta de Poliarquía que dice que la Presidenta tiene una aprobación de la gestión del orden del 51 %. Mira la ficha técnica: telefónica mil casos, en hogares particulares con teléfono fijo, en centros urbanos de más de diez mil habitantes. Calcula rápido que hay un sesgo de algunos puntos en contra del Gobierno. ¿Cuántos pueden ser? ¿Tres? Puede ser, si están dando un margen de error de 3,5. Además, un núcleo duro del 32 por ciento de los consultados apoya una reforma constitucional con nueva reelección para Cristina a tres años del recambio presidencial. Hace la cuenta rápido y le da casi el doble de los votos que sacó Binner el año pasado.
Vuelve a la cama. Piensa a qué hora juega Boca. Y si no se habrá equivocado de carrera.
Foto.
El chavismo del ocho
Y otra vez qué es el kirchnerismo. Nueve años de kirchnerismo y seguimos discutiendo qué es el kirchnerismo. Es, desde ya, el mejor truco del kirchnerismo. Un kirchnerismo que ya sacó de la galera tres o cuatro kirchnerismos para seguir siendo, en el fondo, el mismo. El mismo de siempre. ¿O no?
Y ahí vamos de nuevo. ¿El kirchnerismo es un chavismo? Extraño chavismo este (llamale chavismo, fascismo, juventudes hitlerianas o cualquier etiqueta desmesurada y errónea que le trataron de pegar al oficialismo en las últimas dos semanas):
- Envía un pliego al Senado, en el que tiene mayoría, de un procurador general de la Nación y debe retirarlo porque no pasa.
- Envía, en acuerdo con la Corte Suprema, un proyecto de ley de Código Civil y Comercial que consagra y sistematiza una serie de nuevos derechos, que cuentan con amplio respaldo opositor.
- Consagra nuevos derechos “de avanzada” al estilo matrimonio igualitario, identidad de género, etc.
- Nacionaliza la principal empresa petrolera del país pero la mantiene como Sociedad Anónima para que siga cotizando en la NYSE.
- Sus “hitos” más importantes en materia legislativa -dos de ellas promulgadas este año: Reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y Nacionalización de YPF- se aprobaron con apoyo de sectores de la oposición.
- No logra que el Poder Judicial -de la Corte Suprema para abajo- falle exactamente como le gustaría en la aplicación de leyes que considera claves.
- Sufre escisiones de socios importantes en términos sociales, como la fracción de la CGT que lidera Hugo Moyano.
- En un país federal, no gobierna “directamente” las tres provincias más pobladas y la Ciudad de Buenos Aires.
- Todos los años, unos 1.800 altos funcionarios tienen que declarar la situación de sus bienes y de sus familias.
Muy extraño chavismo, diría yo.
La confusión debe venir por el lado de una “oposición chavizada” con la que contamos. Una oposición muy atomizada, sin dirigentes a los que se perciba con verdadera vocación de poder. Me parece que es así porque cuando se está por cumplir un año de las últimas elecciones nacionales siguen sin una estrategia clara, más allá de la que le marca la agenda mediática.
Es más: ruegan que dirigentes relevantes del oficialismo impulsen de manera abierta y concreta algún proyecto de reforma constitucional que habilite una nueva reelección, como para contar con algún eje notorio que les permita polarizar la próxima elección legislativa -y más allá-, presentándose como “quienes van a impedir tal atropello institucional”.
Otra forma de evaluar esta “confusión con un chavismo” tiene que ver con el modelo económico. Porque es un modelo que se va definiendo “a pulso” y muchas veces se define por lo que no es. Porque lo que no encaja en las categorías de algunos suele ir a la papelera de ”chavismo”. De modo parecido que en los reportes del FMI que hacía el Sr. Eyzaguirre nos hacía caer en la categoría “South America’s Less Financially Integrated Commodity Exporters” con Bolivia, Ecuador, Venezuela y Paraguay, claramente separados de los “South America’s Financially Integrated Economies”, en un muy tirado de los pelos equipo conformado por Brasil, Chile, Perú, Colombia y Uruguay).
Conviene leer entonces este paper de Julio César Neffa presentado en el último congreso de AEDA en el que afirma que este (cito desordenadamente):
- No es un modelo “fordista”, porque hasta 2010 la mayoría de los asalariados del sector público y los no registrados no habían logrado superar los ingresos reales vigentes al final de la convertibilidad, y como los que estan registrados no reciben una participación de los beneficios de las empresas en función de su contribución al incremento de la productividad no tienen acceso a todos los bienes de consumo durable, proceso que caracterizó históricamente al fordismo en los Países Capitalistas Industrializados.
- Tampoco es un modelo arrastrado por la tasa de gsnanancia, debido a la heterogeneidad entre sectores y ramas de actividad, a la escasa integración sectorial, al elevado grado de concentración económica, al predominio de mercados oligopólicos, a la reducida dimensión del mercado solvente de bienes de consumo durables que impide llevar a cabo una producción masiva generadora de economías de escala y a la creciente presión del Estado sobre las grandes empresas para controlar los balances y frenar el incremento de precios.
- No estamos tampoco frente a un modelo de sociedad del conocimiento, si bien se ha generado un fuerte progreso en cuanto a la estructura organizacional y la dotación de recursos de los organismos de ciencia y técnica.
- Tampoco es un modelo donde predomine un mercado competitivo en una economía abierta, debido al peso de los oligopolios, a los problemas generados por la baja productividad y a las dificultades para lograr elevados estándares de calidad, situación que reduce la capacidad exportadora de bienes y servicios con alto valor agregado.
- No se trata de un modelo arrastrado por la inversión extranjera directa, pues las magnitudes del default y las magnitudes de la quita que caracterizaron la renegociación de la deuda generaron reticencias por parte de los inversionistas extranjeros.
- A diferencia de México y de Brasil, la penetración de los modelos japoneses y del toyotismo en particular es todavía incipiente, parcial y quedó limitado a grandes empresas en un número limitado de ramas de actividad con fuerte vocación exportadora.
Y entonces tenemos que -dice Neffa- en el nuevo régimen de acumulación coexisten, sin demasiada articulación, varios modelos productivos:
-Industrialización sustitutiva de importaciones (ISI)
-Captación de la renta agraria extraordinaria
- Incremento del gasto público.
Y entonces, cuando ya comienzan a resonar los bronces de la marchita de marras que no se llama “Los muchachos chavistas”, claro, (esto lo digo yo, no Neffa), viene el cierre (sí de Neffa) a toda orquesta:
Estos tres modelos productivos que no se articulan sino que coexisten y se superponen dando lugar a un modelo híbrido, constituyen los rasgos esenciales del nuevo régimen de acumulación, se diferencian sensiblemente de lo sucedido durante la convertibilidad y de la situación que predomina en los Países Capitalistas Industrializados desde la crisis de 1997-98. De manera directa o indirecta esos tres modelos productivos permitieron un sensible progreso de la relación salarial en sus diversos componentes.
Sumale, a esto, una enorme parrafada del economista citado, en el que nos recuerda una decena de importantes desafíos que enfrenta el actual modelo, donde apenas uno de ellos es:
- “Insuficiente calidad y bajas tasas de crecimiento de la productividad general de los factores, que reducen la competitividad genuina, salvo en las grandes empresas”.
Nada menos ¿Y entonces ahora? ¿Y entonces ahora política y económicamente, qué? Para avanzar en más inclusión y más igualdad. Para empezar a tener un país que, ahora sí, salido del “infierno” pueda salir del “purgatorio”, ¿qué? ¿Qué es lo que conviene más? ¿Qué es lo que nos conviene más a todos?
Si fuera nomás cuestión de proponer una nueva reelección ya lo hubiéramos hecho. Pero con eso solo ¿qué hacemos?
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Un país mortal
¿Cuánto conflicto es mucho conflicto? ¿Cuánto conflicto, cuando uno está a mitad de río del conflicto es demasiado poco conflicto? ¿Cuánto conflicto me permite polarizar (y juntar más apoyo que el que tiene el resto)? ¿Y cuánto conflicto me deja más cerca de una “minoría intensa” sobre la que otros, con algún grado de suerte y de habilidad, podrían tener poder de veto? ¿Cuánto conflicto me deja más cerca de los libros de Historia, como Eva Perón cuando nos ponemos todos tolerantes? ¿Cuánto conflicto tiende a marginarme de ellos?
Me dirán, claro, “depende de cuántos plasmas se estén vendiendo”. OK. Estoy tratando de ir un poco más allá.
“Yo estoy de acuerdo, eh, todo bien. Pero ¿para cuándo un poco de normalidad, de tranquilidad? No sé, salir de tu casa, ir a laburar, llegar a tu casa y que todo siga igual”, me decía uno el otro día.
El país normal. El Dorado de los asados del domingo. El aburrimiento de los suecos. Vivir (tranquilos) con lo nuestro.
Me acordaba de esa entrevista a Sourrouille que a siempre me resulta resulta muy interesante repasar. Sourrouille se me ocurre la corporización de aquel a quien, sin tener necesariamente malas intenciones, peor no le pudo ir. Quizás, apenas, porque no era peronista. O porque no supo, no quiso, no pudo.
Es el tipo que escribió con Richard Mallon “La política económica en una sociedad conflictiva, el caso argentino“. Libro en el que dice, por ejemplo:
“La causa fundamental del semiestancamiento y la gran inestabilidad cíclica de la economía residió en que la conducción política no estuvo debidamente adaptada a las condiciones de una sociedad conflictiva… Es necesario que las políticas monetaria, fiscal y cambiaria, sean elaboradas en forma tal que permitan movilizar el apoyo de una coalición de fuerzas suficientemente poderosa como para sostener al gobierno en el poder… La formulación de políticas y la conciliación de conflictos son partes integrantes de un mismo proceso de toma de decisiones en sociedades pluralistas”.
En la entrevista en cuestión, Sourrouille dice:
“Probablemente (habla del gobierno de Alfonsín) nuestro sistema de administración conflicto-recurrente en algún momento parece razonable y en otro parece no razonable e ‘inconfiable’ porque… ‘acá vamos a vivir en el conflicto perpetuo’. La verdad es que el modelo del conflicto es analíticamente útil y yo creo en él pero del otro lado, como propuesta para una sociedad, la vida en el conflicto permanente a veces no es la más atractiva, podría yo decir”.
Y agrega, pequeño detalle:
“Probablemente esa haya sido nuestra falencia, no se llegó a establecer un sistema que arme una polarización suficiente como para que se mueva en esa dirección“.
Reúno estas preguntas y fragmentos desordenados y, quizás, mal extrapolados sobre el tema del conflicto y su tan compleja administración en momentos en que la presidenta Cristina Kirchner viene de cuestionar a los empresarios que integran lo que definió como “el comando en jefe de la cadena nacional del miedo y del desánimo“. Y en el marco de un claro recrudecimiento de la “batalla mediática” (no encuentro una metáfora mejor) que parece tener como fecha clave el 7 de diciembre.
Así, según parece, ya nadie se bajará de la moto del conflicto en este segundo semestre. Hemos entrado en una zona en la que el Clarín de los domingos es ilegible de punta a punta. De la fecha de la tapa hasta “lo importante”. Y en la que, en ocasiones, me parece, al Gobierno le cuesta poner en práctica esa sutil diferencia que aún existe entre ir a fondo en esta batalla final con Clarín -si es que, como se ve, ya no queda otra- y “escandalizar” el sentido común de los sectores medios urbanos. Que no es lo mismo.
Y todo esto en un contexto en el que, por ejemplo, tan solo este año se cambió la Carta Orgánica del Banco Central, se nacionalizó la mayor empresa privada del país, se declaró de interés público todo lo que hace al sector petrolero, se creó una comisión con potestad para tener injerencia sobre todas las inversiones que se realicen en el sector hidrocarburífero y, qué se yo, apenas el mes pasado se dejaron de vender dólares para atesoramiento. Boludeces.
Porque, la aventura de producir y solidificar un cambio es incomparable. Pero -para nuestros hijos, sobre todo, digo- queremos un país en el que no haya necesidad de llamar nunca a cadena nacional ¿no?
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