Nicolás Tereschuk (Escriba)

¡Cambio, juez!

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En este blog venimos escribiendo sobre las elecciones del año que viene más o menos en estos términos:

Fue muy pero muy interesante el otro día un diálogo que se dio entre nuestro compañero Mariano Fraschini y Edgardo Mocca en el programa 678. Me dirán ¡eeeeeeeeeeeeeeeeuuuuuuuuuuuuuu, pero qué K! ¡Ahí no passsa naaaaadaaaaaa!! ¡Pero qué proooooooogreeeee!!! OK. Siéntanme. La cosa fue más o menos así.

Al ser consultado sobre la estrategia de la oposición de rechazar cierta iniciativa del oficialismo, Mariano dijo por un lado que le parecía normal -esto es una democracia, en las democracias, justamente, no hay unanimidad- pero a la vez marcó que le llamaba la atención que los partidos que se oponen al oficialismo optaran en buena medida por pararse en el extremo del “puro cambio“.

¿Por qué le sorprende? Mariano viene escribiendo en el blog sobre lo que él llama el “dilema de la caprilización“. La idea está tomada del caso venezolano, pero es un concepto que puede “viajar”, como dicen los cientistas políticos comparativistas. O sea: a la oposición venezolana le fue peor cuando se paró en el “puro rechazo” al chavismo y le fue mucho mejor cuando Hernán Capriles se planteó no como la “oposición” sino como la “solución” o la “superación”. Cuando garantizó mantener determinadas políticas del chavismo y se llevó así algunos votos que formaban parte de la base chavista. Esto puede verse también en este “fenómeno Marina Silva”, quien plantea -siempre desde lo discursivo- recuperar lo mejor de Lula y de Fernando Henrique Cardoso.  El ídolo de los niños Sergio Tomás Massa también intentó algo así el año pasado en una provincia de Buenos Aires a la que le prometió “mantener lo bueno y cambiar lo malo” mientras hizo uso todo lo que pudo del “voto confusión” de “Massa, el de la Ansés”.

El diálogo en 678 se puso más interesante cuando Edgardo Mocca apuntó dos cosas. Una: la oposición no puede “caprilizarse” porque está muy ligada a intereses “corporativos”, depende de ciertas empresas para obtener apoyo, financiación y hasta de ciertas empresas de medios para hacer a sus dirigentes conocidos, ocupar los sets de TV, etc.

Bien. Segundo planteo de Edgardo: siempre que asume un nuevo presidente hay, de por sí, un “cambio”. Si asume un presidente oficialista va de suyo que algún cambio habrá.

No esperen que yo les diga quién tiene razón porque Mariano y Edgardo la tienen de algún modo, de ahí lo interesante del diálogo.

Ahí fue cuando Mariano planteó otra cosa. Que su impresión es que en el “espectro opositor” mejor le irá a quien se “caprilice” más. Quien plantee un mix adecuado de cambio y de continuidad. Y que si la oposición no hace ese mix con cierta eficacia, si no ocupa ese casillero, ese mix vendrá desde adentro del oficialismo. En pocas palabras, ese casillero se llama Daniel Osvaldo Scioli.

Vamos, por tanto, a Scioli. El gobernador tiene una ventaja enorme. Su ventaja es que Daniel “es” el cambio. Todos lo sabemos. Lo sabemos porque Scioli es un político que está hace muchos años dando vueltas y, bueno, lo conocemos. No es un extraño para nadie. Su ADN nos dice “soy distinto al kirchnerismo”. Aún si sólo recordáramos el día de 2003 que dijo algo así como “ya viene el aumento de tarifas” y Néstor Kirchner le descerrajó un rayo ejemplificador, todo el mundo sabe que Scioli “es” cambio. Lo dice su cuerpo, su cara, su voz. Pero vamos, si hasta lo dice su música incidental.

Que venga 
que tenga valor 
que muestre la cara 
y me hable de frente 
si quiere tu amor 

-Para qué- 

A esa 
que cuando esta contigo 
va vestida de princesa 
a esa 
que no te hace preguntas 
y siempre esta dispuesta 

A esa vete y dile tu 
-Qué- 
que venga 
-para qué- 
yo le doy mi lugar 
-que quieres probar- 
que recoja tu mesa 
que lave tu ropa 
y todas tus miserias 
-que quieres demostrar- 
que venga que se juegue por ti 
-que vas a conseguir- 
quiero ver si es capaz 
de darte las cosas que yo te di 
a esa, a esa 
a esa vete 
y dile tu que venga 

Pero claro, eso es lo que Scioli logra sin hablar. Porque cuando habla, últimamente y cada vez más Scioli dice: soy la continuidad. Por estos días el gobernador apoya hasta lo que no apoyan los ultrakirchneristas. Todo. Banca todo y con la boca bien abierta. Esto parece ser entonces un cierto mix cambio +  continuidad. ¿El mix perfecto? ¿La vera “caprilización”?

El gobernador está en un lugar donde no le pegan ni Clarín ni Página 12. Al estilo del Diego Maradona del 86 contra los ingleses, no necesita ir a derecha o a izquierda. Va casi recto y son los rivales de blanco los que se mueven. ¿”Barrilete cósmico”? Mmmmmmmmm….

Ahora vamos al kirchnerismo. El kirchnerismo también tiene una ventaja. Tiene tatuado “C O N T I N U I D A D” así de grande, con letras góticas a todo lo ancho de sus pectorales.

Pero claro, hay un problema. Nos encontramos con varios precandidatos kirchneristas diciendo algo que no necesitamos que nos digan porque ya lo sabemos: “Somos la continuidad”, “la continuidad es importante” o “hay que bancar la continuidad”. Lo dicen pero eso ya está. Está en el lenguaje corporal.

En mi opinión es también verdadera la afirmación de Edgardo acerca de que es esperable que cualquier presidente que asuma, imponga alguna cuota de “cambio”. Es verdadera. Pero no por eso es menos cierto que hay que hacerla conocer. Hay que hacerla saber. Porque la política es convencer. En el caso del oficialismo esto hay que hacerlo explícito, patente, claro. Porque la continuidad ya la entendimos. Si queremos algo de cambio hay que ponerlo en el mix. Y, sobre todo, hay que darle contenido a ese cambio. ¿Qué es ese cambio? ¿Cómo es ese cambio?

De lo contrario, el cambio puede ser cualquier cosa o cualquier pavada, como la “ola naranja” y el “Alberdi +  Perón” que se escucha en el entorno de Scioli; las “bicisendas” y el “equipo” que se escucha en el entorno de Macri -ahora tenemos al “nuevo” Macri prometiendo TODO LO BUENO, inflación de un dígito sin pagar Ganancias, con Empleo, con Producción, con Trabajo, con Optimismo, con ¡Revolución Productiva! ¡Salariazo!-; o “la gente” y “la nada” que se escucha en el entorno de Massa.

Dicho de otro modo: a diferencia del “estilo K” de no prometer nada en ninguna elección, porque la misma presencia de un “Kirchner” ya parecía ser una promesa, quizás ahora haya que prometer. Cuántas casas, cuántos hospitales, cuántos derechos, en cuánto tiempo, con qué guita, de qué forma, con qué tipo de participación popular o ciudadana, de qué forma y de qué color.

Quizás sea hora entonces de hacer explícito lo implícito y viceversa. O sentarse a esperar -apenas- a que el “centro” lo gane Scioli.

Porque, para decirlo con una reminiscencia alfonsinista, en política uno puede no saber o no poder. No hay problema. Pero no querer, me parece que no da.

Una postdata: Nadie dice que sea fácil. Lo difícil que resulta encarar esta operación para un oficialismo lo estamos viendo en el caso brasileño donde la dinámica política lleva al Partido de los Trabajadores (PT) más a defender lo hecho que a proponer hacia adelante. Aunque, claro, Dilma acaba de confirmar que cambiará a su propio ministro de Economía si resulta reelecta.

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¡Memoria completa: los 90 existieron!

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Charlando con algunos editores de este blog, pensábamos el otro día que -obviamente, no hay que ser ningún genio-, para un montón de gente que tiene 25, 30 años -a veces un poco más también-, los años 90 parecen ser una entelequia. En cierta forma, del mismo modo que como para muchos de los que somos un poco más grandes, pero no tanto, lo  son “los 70″. No vivieron “los 90″. O prefieren recordarlos a la distancia, de una manera matizada, lejana, ajena.

Y “los 90” existieron. Cómo que no. No fueron un “consumo irónico”.

Los más avispados diarán “y sí, si seguimos viendo cosas ‘de los 90′ todos los días que el kirchnerismo no supo, no quiso o no pudo cambiar”. Claro. Los 90, tan terribles y tan normales. Tan concretos y tan etéreos. Tan frenéticos y tan pastosos. Los 90 fueron de verdad, eh. Y esto es algo que a veces no parece comprenderse del todo a uno y otro lado del artista-antes-conocido-como-”La Grieta”.

Digamos:

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¿La última frontera?

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Podría citar los más bellos papers esta noche. Pero mejor ir a los conceptos para hacerlo más simple y decir que la cosa me parece más o menos así.

El llamado período de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) en la Argentina tuvo dos o tres etapas en el siglo pasado. Antes de la crisis del 30, el anterior modelo, el agroexportador, había empezado a encontrar algunos límites. Con el crack el 29 y la segunda guerra mundial queda claro que el mundo había cambiado. El país empieza a darle más volumen al Estado, empieza a mirar un poco más para adentro y… sustitución de importaciones. El peronismo le da sus vueltas de tuerca a la cosa, historia conocida.

Hasta mediados de la década del sesenta funciona con los “stop” y los “go”. La economía arranca, la cosa mejora, pero luego se acaban las divisas y “stop”, la economía se enfría, la actividad cae y de esa forma, otra vez, listos para el “go”.

Hubo otra etapa: desde mediados de los 60 a mediados de los 70 no hubo “stop”. Hubo años de más y otros de menos crecimiento. Pero todos de crecimiento. Hasta antes de la primera década de los 2000 ese había sido el momento de más crecimiento sostenido de los 30 para acá. Aquel fue un período políticamente muy conflictivo, hay que recordar.

La dictadura cambió todo el juego. Interpretó que el conflicto político estaba “en” la industrialización y atacó a fuerza de represión y financiarización. El nuevo juego en la ciudad fue el endeudamiento, la valorización financiera y la fuga de divisas.

Conocemos la historia que siguió en la segunda mitad de los 70, los 80 y los 90. Para 2001, cuando todo aquello revienta, el denostado período de sustitución de importaciones (“estatismo asfixiante”, “estado elefantiásico”, “irresponsabilidad fiscal”, etc.) superaba a lo que le siguió en todos los indicadores habidos y por haber. Crecimiento, empleo, pobreza, desigualdad, inflación, inversión en educación, ciencia y tecnología, inversión pública, infraestructura.

Luego vino el kirchnerismo y así llegamos a los primeros años de la década del 2010.

Tras un nuevo auge económico -y político por qué no- del oficiaismo (2010-11), el sector privado prueba con una nueva corrida y avanza en un regio período de fuga de divisas.

Allí se produce la siguiente secuencia, en un contexto en que la Argentina comienza a acercarse más a una “restricción externa” . Distintos sectores empresarios -también los medios con su grigería, claro- entran en esta:

Me dirán “fueron las políticas del gobierno las que crearon eso”. Les diré “lo que quieran”. El tango se está bailando -al menos- de a dos y en cada una de esas instancias hubo algún sector empresario que salió a:

a) Hacer declaraciones “políticas” contra el Gobierno

b) Juguetear con un empujón a CFK.

Imaginemos -”para colmo”- que, en este contexto, el microclima de mediados de 2014 señala que las encuestas indican que Cristina ha subido un poco en la consideración pública. Mirá vos. Y nos encontraremos con más nerviosismo empresario de cara a lo que podría ser, no sé si será, última frontera.

La última frontera es despedir rápido. La última frontera son los puestos de trabajo, es el empleo. La última frontera son los empresarios interponiendo escudos humanos de cara a las elecciones del año próximo. La última frontera de nuestros hombres de negocios es ir al hueso con una huelga de brazos caídos de su función social: (no) invertir y despedir. La última frontera es, si la devaluación no fue tal como para pagar los sueldos correspondientes a “dólar a 12″, “hacer” la “devaluación a 12″ en términos de empleo.

Si todo sigue así, en ese contexto, el recambio presidencial del año próximo podría traer beneficios “extra” a los empresarios que -recordemos- tienen los dólares que al Estado le están faltando. Repito: tienen los dólares que al Estado le están faltando (no los adeudan a nadie, a ningún acreedor externo). Por ejemplo, podrían decir y “vender” -como se hizo recurrentemente ante cada “stop” del siglo pasado, pero con una fuerza definitoria a mediados de los 70- que al haber una “crisis”, entonces nada de lo anterior sirvió y hay que borrarlo del mapa. Fin. No esperar ni producir el “go” que sigue al “stop”, sino tirar el agua de la bañera del bebé por la ventana pero también con el bebé, ya que estamos.

Toda esta historia va a depender de cómo el gobierno maneje la situación, de los resultados económicos que efectivamente pueda mostrar, de cómo se muevan los empresarios en ese contexto y de qué niveles de “cambio” y “continuidad” planteen los (pre) candidatos. Así, puede haber escenarios de “relativa continuidad”:

Puede haber un escenario de “más continuidad”:

Eso, como se dijo, puede ir todo al revés y derivar en un recambio “político” donde haya también un choque “económico” en el que lo más “redituable” para el gobierno que venga sea denostar “todo” lo actuado de 2003 a esta parte. O incluso donde haya algún tipo de “choque” político y económico entre “proyectos de cambio” como ocurrió con los “devaluadores” vs. “dolarizadores” de fines de los 90.

Claro que esto es política. Y no se trata de buenas intenciones, ni de explicaciones, sino de resultados. Los radicales explican con relativa solvencia cómo sufrieron un “golpe de mercado” a fines de los 80. Incluso De la Rúa explica que lo traicionaron el PJ bonaerense y el FMI. Pero -huelga decirlo- en política no se vive de explicaciones.

Allá vamos.

 

PD: Dicho esto, todo bien, pero no nos dejemos operar de una con “hay despidos porque  no se arregló con los fondos buitre y por el default”, eh, lo único que falta…

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Mi zonzo corazón

The night is like a lovely tune
Beware, my foolish heart

 

My Foolish Heart es un tema de 1949. La música es de Victor Young (compuso también, nada menos, Stella by Starlight, por ejemplo) y la letra, de Ned Washington. Están las versiones de Frank Sinatra, la de Bill Evans y Tony Bennett, aunque a mí me gusta la de Carmen McRae, a la que pueden dar play.

Hay un verso de esta canción que siempre me llamó la atención y que me gusta mucho:

There’s a line between love and fascination

La forma en que el autor introduce la palabra “fascination” me hace acordar -no sé bien por qué eh- a cómo Pappo incluye sus “suburbano”  o “no obstante lo cual”. Como un artificio que te hace prestar más atención, estar más alerta. Es la clave de la canción, me parece, además.

Volviendo al sentido de la letra, la cosa es que el autor le habla a su “zonzo corazón”. “Beware…” (cuidado). Porque… “la noche (esta noche) es como una bonita canción”.  Así que, cuidado “zonzo corazón”…

Es que hay una línea (hay una diferencia) entre el amor y la fascinación. Pero es tan difícil de ver en una noche como esta…Porque ambas dan justo la misma sensación, cuando estás perdido en la magia de un beso…

Y sí, cómo no…

Al final, los labios se acercan y el “fuego” comienza. Y la estrofa que en boca de Carmen McRae es una maravilla:

For this time, it isn’t fascination
Or a dream that will fade and fall apart
It’s love, this time it’s love, my foolish heart

¿Es así como dice el autor o es lo que siente? En realidad ¿cómo saberlo ahora, cuando la noche se parece a una bonita canción? ¿Seguro, así con luna eterna, tan blanca? Esta vez no es fascinación ni un sueño que se esfumará y derrumbará. Es amor, es amor, mi zonzo corazón. Y sí… ahora… (¿por ahora?) en medio de la magia de un beso, es amor…

Nuestro querido Manolo, samurai del anti-elitismo, se ríe un poco de cómo se nos da la política a las clases medias urbanas, muchas de ellas profesionales, siempre más cercanas al Estado que el resto en forma de maestras, abogados, profesores, investigadores del Conicet, directores nacionales, lobbistas, asesores, subsecreatrios, ministros, periodistas… A la vez, siempre buscando de alguna forma de estar más cerca de los “grandes” -cuáles, es más o menos lo mismo, diría Manolo- que del “pueblo” (diría Maquiavelo). El resto, la anti-elite se acerca a la política de otra manera -”nunca me metí en política, siempre fui peronista”-.

Y ahí estamos siempre las clases medias urbanas hablándole a nuestro zonzo corazón. Hablándonos principalmente a nosotros mismos. No vayas a ser engañado. No vayas a ser engañado una vez más. Aún cuando en una noche como esta Néstor Kirchner diga “no tengo miedo, no les tengo miedo”; “lamentablemente, en ese proceso de recuperación, expansión y transformación no contamos con la ayuda del Fondo Monetario Internacional”; “Coto, yo te conozco” o  “comandos civiles”. O incluso si Cristina amaga con romper los libros que siempre pensaste que había que romper en momentos clave, esos libros gruesos e intocables como guías telefónicas. Los rompe, mirá cómo los rompe. No los rompe. Los rompe un poco. Los rompe otra vez, otra vez, mi zonzo corazón. ¿O no? ¿O hace que los rompe? Cuidado igual. Cuidado. Puede ser un sueño que se esfume y se derrumbe. No te dejés hipnotizar. ¿”Fascination“? Pero, ay, esa luna, esos labios … Cómo saberlo…

Ahí desfilan en la arena pública entonces los que nunca se dejan fascinar por nada pero, claro, como daño colateral evitan el amor. También los enamorados. Y (beware…) los fascinados. Por otra parte, están los que sienten que estuvieron fascinados y ahora están taaaaan enojados -”yo sabía, nunca me enamoré de esos, lo juro”-. Los que pregonan el anti-amor a puro despecho. Procíclicos del amor (¿o de la fascinación?) “Tontos, creen estar enamorados pero están apenas fascinados… todo porque la noche se parece a una bonita canción”, ja. Ya van a ver. Ahora sí. Ahora con este HECHO CLAVE VERÁN LA REALIDAD, QUE SE HAN VISTO ENGAÑADOS POR ELLOS MISMOS. Foolish heart.

Y todo esto viene a cuento de algo que se viene escribiendo en este blog. De 1983 para acá ha habido cuatro presidentes a los que les daba para serlo. Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Néstor y Cristina Kirchner. De la experiencia surge que en las elecciones presidenciales, a los argentinos les tiene que “calentar” algún candidato. Ir y votarlo “para” algo. Me dirán que Néstor Kirchner fue votado por pocos y “enamoró” después. Puede ser. Pero, hasta donde vemos, fue en un contexto de crisis política y económica que por ahí y ahora no se ve.

¿Habrá entonces una elección presidencial que no “caliente” a los argentinos? ¿En qué medida impactaría eso en el futuro presidente? ¿Es lo mismo para todos, los seguidores de las “elites”, de los “grandes” y para el “pueblo”? ¿Votaremos un presidente como opera un cirujano? ¿Da poder eso o debilita? ¿La “luna de miel” de un presidente es siempre igual? ¿Siempre la mayoría elige fascinarse los primeros cien días, con cualquier presidente? ¿O elige querer amarlo? ¿Veremos un juego distinto esta vez? ¿Aparecerá en la campaña un candidato que toque la fibra -”pacto militar sindical… para todos los hombres de buena voluntad…”- para enamorar?

¿Sobran candidatos? ¿Quedan políticos? Tarde o temprano lo sabremos.

Ya somos Julio

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Como no se juega como se vive, ni nada que se le parezca, van algunas preguntas que me hago por estos día de mediados de 2014. A riesgo de repetirnos:

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¿Néstor nos mintió? Viva Néstor

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Tres veces nos habló Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003 de la necesidad de ir hacia “un país normal”.

Dijo:

“Debemos asegurar la existencia de un país normal, sin sobresaltos, con el sector público y el sector privado cada uno en sus respectivos roles. Hay que dotar a la República Argentina de buena administración, gobernabilidad, estabilidad con inclusión y progreso social, y competitividad”.

(…)

Trabajando en torno a estos principios, sin espectacularidades ni brusquedad en el cambio, seriamente, paso a paso, como cualquier país normal del mundo, podremos cumplir con los objetivos y cumplir hacia adentro y hacia fuera con nuestras obligaciones y compromisos”.

(…)

“Convocamos al trabajo, al esfuerzo, a la creatividad, para que nos hagamos cargo de nuestro futuro, para que concretemos los cambios necesarios para forjar un país en serio, un país normal, con esperanza y con optimismo”.

(…)

“Vengo a proponerles un sueño, quiero una Argentina unida. Quiero una Argentina normal. Quiero que seamos un país serio. Pero además quiero también un país más justo”.

 

El fallo de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos por la deuda pública argentina vuelve a ponernos, una vez más ante un país que no es normal. No lo es.

La Argentina no es un país “normal” en dos sentidos:

Digo todo esto, más que nada porque el fallo de la Corte Suprema norteamericana -inédito en su impacto sobre estos temas a nivel global- vuelve a poner sobre la mesa a todo lo que se tiene que dedicar un presidente para gobernar la Argentina.

Imaginemos a varios de los precandidatos presidenciales ante esta situación. O sea: ante esta situación de la deuda y al mismo tiempo la necesidad de mantener mayorías en el Congreso, liderar una fuerza política más o menos cohesionada, dar cuenta de las presiones territoriales de gobernadores e intendentes, lidiar con los sindicatos y la paz social en las calles.

Me dirán: “es el kirchnerismo el que arma el ‘lío’”. ¿Tan así es? ¿Vamos a “extirpar” el kirchnerismo y arreglar así el país? ¡Pero vaya amigos! ¡Qué particular y simple utopía! ¡Eureka!

Y me pegunto ¿Son los candidatos del “Alumbrado, Barrido y Limpieza” los que van a poder lidiar con todo esto? ¿Desde cuándo un presidente más (supuestamente) “consensual” en el sentido bobo que se plantea podría lidiar mejor en la Argentina con todas estas tensiones -la de la deuda y un cúmulo más? ¿Conocemos un estilo de presidencia que esté entre la de los Kirchner y la de Menem -”puesto menor”-? ¿Cómo se construye “más política” -si es que el Gobierno tiene un déficit de política- con varios sectores dando vueltas por ahí cuyas posibilidades electorales parecen subir cuanto menos cerca de una “normalidad” logre acomodar Cristina a la Argentina?

Parece que nos mentiste, Néstor. El país no es normal. A seguir entonces.

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Amado Boudou. Del Editor, qué significa

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En Sudamérica no es nada raro que un presidente finalice antes de tiempo su mandato. Que se tambalee y caiga.

Sabemos que de los cuarenta presidentes del período 1979-2003 en la región, dieciséis de ellos (40%) experimentaron desafíos para continuar en su cargo hasta terminar su mandato y nueve (23%) terminaron sus mandatos antes de lo previsto.

Sin ir más lejos, dos presidentes argentinos de 1983 para aquí tuvieron que dejar su puesto en forma anticipada.

Los gobiernos en Sudamérica no parecen ser entonces “fuertes” o “débiles”, sino más bien “estables” o “inestables”. Creo que una forma de pensar los problemas que enfrentan los presidentes de la región, también la presidenta de la Argentina, es con ese horizonte en mente.

El estudio que linkeamos indica que, en general, hay tres elementos que hacen que un gobierno sea “desafiado” en su estabilidad:

Todo eso entra en un cóctel complicado cuando se combina con protestas callejeras. Dicho de otro modo: hasta el caso de Fernando Lugo, no hubo presidente que cayera sólo con el empuje que le dio el congreso, sino que siempre hubo en forma paralela protestas callejeras, en general “policlasistas”.

Es interesante de ver cómo desde las elecciones de octubre de 2013 y luego de atravesar un período de fuertes tensiones en enero y febrero, el Gobierno nacional viene tratando de desactivar un potencial escenario de inestabilidad.

Así:

Una acusación de corrupción tiene su peso a la hora de desafiar a un presidente en en su estabilidad. El estudio citado indica:

“…en el caso de presidentes personalmente implicados en escándalos (…) la probabilidad de enfrentar un desafío salta a un 63% (38,6 más 24,4). Los escándalos también aumentan mucho la probabilidad de que un presidente caiga efectivamente antes, ascendiendo ésta a 48,4% (16,5 más 31,9). Las otras variables independientes varían en la dirección que se predice, pero no tienen un gran impacto sobre la probabilidad de que caigan”.

Hay que agregar que ese factor tiene que combinarse con algún envión desde el Congreso y casi como condición necesaria movimientos en “la calle” para hacer eclosión.

El caso de Boudou no es investigado en la Justicia como un caso de corrupción vinculado “con la figura presidencial”, como dice el paper mencionado. Elisa Carrió -pícara, vivísima- es a la que más escucho decir bien fuerte que “en esto está metida la señora Presidenta”. Esta, es previsible, será la próxima línea de ataque. Y la presión mediática en ese sentido va a aumentar.

En cualquier caso, si este breve enfoque es más o menos correcto debe tenerse en cuenta que el despliegue de esta causa judicial es uno de los factores que pueden implicar problemas para el Gobierno, pero no el único. Me pregunto qué hubiera pasado en este contexto si el oficialismo no conservara el manejo del Congreso, del partido de gobierno y/o si variables económicas clave como la inflación estuvieran moviéndose a velocidad de vértigo.

Al mismo tiempo, habrá que recordar que es propio de la estrategia de la oposición -cosa de ir buscando atorar aquí y allá- que siempre haya algún “caso de corrupción” dando vueltas ante la llegada de elecciones presidenciales.

Copio una muy ilustrativa frase del editorialista Eduardo Van der Kooy, citada en el libro “10 años, una década de gobierno kirchnerista”, de Daniel Míguez. Se trata de una nota de agosto de 2007, cuando ya el Grupo Clarín había iniciado su distanciamiento del Gobierno y expresaba su desconfianza abierta con respecto a la candidata Cristina.

Se han sucedido las sospechas de corrupción en el caso Skanska, los desatinos en el INDEC, la bolsa con dinero que ocultó Felisa Miceli en el que fue su baño ministerial, la valija con 800 mil dólares que pretendió ingresar el empresario venezolano Guido Antonini Wilson y la crisis crónica en Santa Cruz salpicada con episodios de violencia demencial. En cualquier país con rasgos de cierta normalidad política e institucional aquellos episodios hubieran colocado quizás en un marco de paridad electoral a la oposición con el Gobierno. La Argentina no es, en ese aspecto, una nación normal“.

Al contrario de esta visión, la Argentina parece ser una nación sudamericana normal -Chile y Uruguay son, en este aspecto, países con un nivel de “institucionalidad” más alto, con menores “informalidades” en las prácticas políticas que el resto-. Así, en nuestros países, los presidentes, los líderes presidenciales, basan buena parte su estabilidad en los aspectos mencionados:  el Congreso (lo que en un país federal también implica los gobernadores), la economía y la calle.

También, claro, la cuestión del impacto que producen las acusaciones de corrupción en contextos en los que los medios de comunicación, al decir de Lula, son los principales partidos de oposición. Lo que además es cierto es que este aspecto es difícil por sí solo amenace la estabilidad presidencial.

¿Y que tenga su efecto en las elecciones del año que viene? Ah, no. Para eso falta muuuuuuuuuuuuuuuuuu….

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El juego del poder

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Los juegos de azar en la Argentina conforman un negocio fabuloso que usufructúan empresarios vinculados al poder y que logra sobrevivir a los cambios de gobierno. A partir de la incorporación de las máquinas tragamonedas, las apuestas on line y las ruletas electrónicas, no solo se multiplican las ganancias sino también los jugadores, y la proliferación de bingos y casinos urde una telaraña que atrapa a cada vez más argentinos.

Los periodistas Ramón Indart y Federico Poore siguen el hilo de la connivencia de la clase política -desde Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner hasta Mauricio Macri y Hermes Binner- con los operadores del juego en la Argentina. El resultado de ese trabajo minucioso, exhaustivo y sin concesiones revela un mundo en el que abundan las influencias, los intercambios de favores y una circulación poco clara de poderes y de dinero.

El poder del juego es un libro indispensable para conocer la trama oculta que se pone en marcha cada vez que alguien se sienta ante una máquina tragamonedas, apuesta fichaas en un paño verde o llena una tarjeta de bingo.

Así dice la contratapa del libro sobre el que vamos a plantear algunas reflexiones y apuntes.

Federico Poore, coautor del libro junto a Ramón Indart, tuvo la amabilidad de regalarme un ejemplar, según me dijo, un poco preocupado o extrañado porque la investigación encuentra buen nivel de repercusión en la prensa “opositora”, pero muy poco en el sector más alineado con el oficialismo.

El libro tiene varios puntos fuertes. Por un lado, ofrecerle al lector algo que supongo no está esperando. Lo más probable es que quien se asome al libro busque algo así como una biografía no autorizada del “Zar del Juego K” Cristóbal López y de sus vínculos con el oficialismo. Pero como ya vemos en la contratapa, recibe otra cosa.

Los autores parecen admitir esta situación de equívoco cuando le agregan un “pero también” a una de las frases que compone el epílogo, cuando quizás habría correspondido apenas una casta coma. “Dirigentes kirchneristas, pero también macristas, socialistas, radicales y peronistas disidentes son los responsables de este estado de situación…“.

La historia del crecimiento del juego desde la década del 90 ofrece nombres y situaciones de todos los colores. De empresarios y de lo que María O’Donnell, prologuista del libro, gusta en llamar “los políticos argentinos”.

Las entrevistas que se agregan hacia el final del libro son un decidido plus. El director de Boldt S.A., Guillermo Gabella; el expresidente Eduardo Duhalde; el exgobernador Felipe Solá y el presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici, ofrecen sus puntos de vista.

Duhalde suena bastante tranquilo en la casa de Lomas.

El libro dedica a Cristóbal López el capítulo 3, lugar donde nos enteramos que “entre mediados de 2003 y fines de 2009″ el mapa del juego en la provincia de Buenos Aires era un pacto de caballeros” donde aparecían el Grupo Codere, la sociedad entre Daniel Mautone y Daniel Angelici y los negocios de Antonio Tabanelli. Que entonces “tras la llegada de Daniel Scioli a la Gobernación de la Provincia” las salas de juegos de López ingresan a territorio bonaerense. Cuentan una vez más allí que el empresario “ya era millonario antes de conocer a Kirchner en 1998″.

El capítulo 4 refiere a la situación en la capital, donde se menciona el famoso decreto 2007 de Néstor Kirchner, en el que se habilitó aumentar la cantidad de slots en el Hipódromo de Palermo.  Me entero en este capítulo que el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, “podría reclamar el ciento por ciento de lo que recauda el Estado pero no lo hace”. También que Federico de Achával, socio de López en el Hipódromo, “es íntimo amigo de Nicolás Caputo y cercano a José Torello, ambos del PRO”.

También se cuenta cómo Sergio Massa se habría enojado con uno de los empresarios del juego por haber puesto plata en la campaña de (¿su amigo?) Martín Insaurralde.

Muy bien. Algunas preguntas que a mí me generó la lectura:

Y al mismo tiempo  ¿cómo hacemos entre todos para seguir construyendo un país que -creo yo- hoy es mejor que ayer pero no sé si que mañana? Aún con los vínculos actuales entre empresarios y política, el sector privado en general no parece tener en la actualidad un “exceso de certidumbre” por parte del sistema político ¿eso va camino a cambiar en los próximos años? ¿y de qué forma? ¿cuál sería el impacto de esa situación?

Todos estos días, mientras cargué de acá para allá el muy buen libro “El Poder del Juego” para leerlo, en mi mochila llevé también estos otros de los que cito algunos fragmentos. Que los disfruten.

Alice Amsden (2001), The Rise of “The Rest” : Challenges to the West from Late-Industrializing Economies, Oxford University Press.

(Este libro se ocupa de estudiar los casos de lo que llama “el resto” de los países industrializados, los países de “industrialización tardía”: China, India, Indonesia, Corea delo Sur, Malasia, Taiwan, Tailandia, Argentina, Brasil, Chile, México y Turquía)

Excediendo la falta de apoyo a los grandes grupos industriales privados estaba la Argentina, con un coeficiente de Gini de distribución de la tierra de 0,86 en 1960, indicando un algo mayor nivel de desigualdad que en Brasil (el mayor de “el resto”). Dado el fracaso de la Argentina para establecer un banco de desarrollo efectivo o un mecanismo recíproco de control que funcione (la autora se refiere a que en los países de industrialización tardía exitosos los subsidios estatales a la industria se entregan en función de estándares de desempeño que se obliga a las empresas a cumplir y no como una especie de ‘regalo’) el apoyo con disciplinamiento a los empresarios de cualquier tipo fue tibio, pero el apoyo a los grandes grupos económicos nacionales fue especialmente débil. En la década del 40 y el comienzo de la del 50, la política gubernamental favoreció a las empresas del Estado y a las pequeñas y medianas empresas. Luego, bajo el gobierno apoyado por los Estados Unidos de Frondizi, las políticas favorecieron a las compañías multinacionales. Sólo después de 1976 las políticas públicas favorecieron a los grupos económicos. Para entonces, de todos modos, la crisis energética (internacional) había paralizado el gasto público y la economía argentina se estaba desindustrializando, por lo que el período de apoyo gubernamental a los grandes grupos privados empresarios fue extremadamente breve y las expansión de los grupos argentinos (en la industria) fue relativamente pequeña. Solo un grupo de Argentina, SOCMA, figuraba entre los 50 mayores grupos de ‘el resto’ (rankeaba en el puesto 50 y estaba en su mayoría involucrado en la producción de autopartes, energía, gas y construcción). Otros grupos argentinos estaban concentrados en procesamiento de alimentos y acero. Incluso en la industria del acero, anteriormente a su consolidación, ninguna compañía argentina en 1990 rankeaba entre las primeras 40 compañías deñlsector a nivel mundial. POSCO (Corea), rankeaba tercera, SAIL (India) rankeaba 11, China Steel (Taiwan) rankeaba 17 y USIMINAS y CSN (Brasil) rankeaban 23 y 34, respectivamente. Argentina tenía una de las más antiguas industrias de máquinas herramientas del “resto”, sin embargo ninguna compañía argentina rankeaba entre los primeros 25 productores mundiales. La industr5ia farmacéutica argentina tenía la distinción de haber tenido siete firmas nacionales entre sus diez mayores productores, pero las ventas de las dos mayores compañías (Roemmers y Bago), ambas líderes de ‘fuertes conglomerados farmacéuticos locales’ significaban sólo alrededor del 8 por ciento de las quinceava compañías farmacéutica en el ranking mundial del sector, Upjohn, con ventas por $1,6 billones de dólares en 1989. La proporción extranjera en el consumo doméstico de fármacos, asimismo, era más grande en Argentina que en India, con sólo la mitad del tamaño del mercado argentino.  

Bruce Cumings (1997), Korea’s Place in the Sun, W.W. Norton & Company, New York (Edición en español de Comunicarte Editorial)

( En este fragmento el autor hace “hablar” al Estado de Corea del Sur en primera persona)

He aquí el trato: yo hago los arreglos para que un banco, digamos de Japón, te preste 10 millones de dólares a tasas de interés más bajas que las del mercado para que hagas televisores blanco y negro de 12 pulgadas, y te cubro la garantía del préstamo. Te daré una propiedad en nuestra zona libre de exportación, construiré un camino hasta tu planta, te daré combustible y electricidad a precios preferenciales, y pondré a tu disposición cemento etadounidense para tus instalaciones. Te conseguiré una empresa extranjera con mercados establecidos, saber tecnológico y canales de distribución, que venderá tus televisores por todo Estados Unidos, hasta en los almacenes. Te garantizaré una oferta fija de trabajo educado y disciplinado a un precio establecido (también muy por debajo del precio de mercado), la prohibición de los sindicatos, y enviaré al Ejército ante cualquier combinación peligrosa que emerja en tu lugar de trabajo. Decidiré cuántos competidores vas a tener, te daré objetivos anuales de producción (y bonificaciones en caso de excederlos) y me aseguraré de que haya espacio suficiente para que todos crezcan (esto para no mencionar que tú eres el hermano de mi esposa, por ejemplo).

 

(…)

Y luego…

Demos una mirada a algunos de los conglomerados individuales. Chong Chu-yong es el hombre de negocios más famoso de Corea, y en 1992 pasó a ser el Ross Perot coreano, al competir por la presidencia contra Kim Young Sam y Kim Dae Jung; era un multimillonario como Perot, pero era por lo menos el doble de rico que este último. Era un hombre sacrificado, con escasa educación formal y sin pedigrí aristocrático. Comenzó dedicándose a la mecánica de autos y con un pequeño taller a comienzos de los 40. En 1947, Chong, junto a su hermano, Chong Sei-yong, levantó en Pusan una pequeña empresa de construcción que trabajaba para el Ejército de los EEUU y llamó Hyundai (hyondae, que significa “moderno” o “contemporáneo”). Cuando se desató la Guerra, los hermanos Chong, protegidos por el perímetro de Pusan, sellaron un contrato tras otro para la fabricación de refugios y depósitos, emprendiendo además toda una serie de construcciones relacionadas con la Guerra, para no mencionar las actividades posteriores del período de reconstrucción, que abarcó buena parte de los años 50. Chong Sei-yong hablaba un inglés decente, contribuyendo a que la empresa pudiera establecer conexiones claves para la obtención de los contratos, muchos de los cuales se les otorgaban de manera directa. Hyundai se expandió rápidamente por el interior de Corea durante los 60, siendo además un importante contratistas de los estadounidenses durante la guerra de Vietnam. PAra 1972, el valor de la compañía era de 64 millones de dólares y ya contaba con seis filiales. En 1994 ocupaba el lugar 86 en la lista de 500 de la revista Fortune, con ingresos totales de 27.500 millones de dólares por año.

(…)

El fundador de Samsung, Yi Pyong-ch’ol, siempre se consideró a sí mismo como “un genuino caballero japonés”, probando esta condición por ejemplo a través de su matrimonio con una japonesa. Samsung (“Tres Estrellas”), es una copia de los “Tres Diamantes” de Mitsubishi, que  a la vez copió su logo probablemente del de Mercedes. A diferencia de otros líderes en los ‘chaebol’, Yi comenzó sus actividades durante el período colonial. De origen terrateniente, su primer negocio fue en los 30 con un molino de arroz, en Masan, exportando luego licor de arroz desde Taegu. Sus negocios se expandieron rápidamente durante la Segunda Guerra Mundial, gracias a la movilización de los trabajadores que vivían en el piso de sus fábricas. Simpre hostil a la actividad sindical, Yi decía en ocasiones “tendré mis ojos cubiertos de tierra antes que un sindicato sea permitido en Samsung”. Su empresa fue la industria liviana más importante durante el período de Rhee, beneficiada por la realización de compras estratégicas de empresas japonesas, a precios de remate. Para esta época, Yi era el hombre más rico de Corea. Sin embargo, Samsung se diversificó en muchas otras ramas, incluyendo la electrónica, la informática y la industria naval. Obtuvo en 1994 un permiso gubernamental para la producción de automóviles en su nueva planta de la Isla Koje, que casualmente vino a ser el hogar natal del Presidente Kim Young Sam. La lista de 1994 de la revista Fortune ubicó a Samsung en e puesto 221, con ingresos anuales de 14.600 millones de dólares.

(…)

Los conglomerados chaebol también saben cómo colocar gente en el Gobierno: un tercio de los suegros de sus propietarios “ocupan altos puestos como funcionarios en las tres ramas del Gobierno”. El presidente Roh Tae Woo (1998-1993) vinculó por matrimonio a dos de sus hijas con dos familias propietarias de sendos chaebol, convirtiéndose en el suegro de Chey Jong Jun, al frente de Sunkyung, y de Shin Myung Soo, que conduce el chaebol Dong-A. Esto probablemente no lo ha perjudicado, por lo menos no hasta que su gobierno concediera la segunda licencia par ala explotación de teléfonos móviles a Sunkyung, acuerdo que debió ser cancelado debido a la andanada de críticas que recibió. Roh Tae Woo designó a otro pariente político en el ministerio de comercio e industria, al tiempo que otro de sus familiares Pak Ch’ol-un, una notable figura política coreana, se convertía en el Ministro de Asuntos Políticos.

(…)

Shin Hyon-hwak, por ejemplo, había nacido en Kyongsang del Norte (…) se convirtió luego en uno de los pilares del régimen de Park, llegando a ser vice primer ministro a finales de los 70. Shin no estaba solo, de ninguna manera: una investigación de 1989 mostró que las personas originarias de Kyongsan eran veintitrés entre los cincuenta propietarios de los chaebol más grandes, nueve de los veinticuatro ministros en el gabinete, y la mitad de los miembros del directorio del Banco Central. Muchas de estas personas estaban dispuestas a asegurar que su origen había tenido bastante que ver con su éxito en el período 1961-1992.

(…)

A mediados de los 90, luego de numerosas conversaciones acerca de la necesidad de reestructurar los chaebol y diversificar la economía, las diez firmas más grandes totalizaban aún el 60% de la producción y las cuatro más grandes concentraban el 40%. Como señala George Ogle, esto implica que diez familias controlan el 60% del milagro sobre el Han.

Azpiazu, Daniel; Basualdo, Eduardo y Khavisse, Miguel (1986), El nuevo poder económico, Hyspamerica, Buenos Aires.

4.3.1. Grupo económico Pérez Companc.

Reseña histórica.

En 1947 es fundada la empresa Cía Naviera Pérez Companc que se dedica a la comercialización y el transporte. Sus fundadores eran, además, propietarios de tierras en el sur del país.

En 1950 se inserta en la actividad aseguradora mediante la creación de la firma La Patagonia Cía. Argentina de Seguros y a partir de 1952 comienza a organizar empresas agropecuarias. La primera de las cuales es Sudacia S.A. y, posteriormente, Agrícola, Gandera Andes S.A. y Goyaike S.A. Al mismo tiempo adquiere la empresa Los Lagos S.A., con propiedades en el sur del país.

Sin lugar a dudas, la producción forestal y agropecuaria eran actividades relevantes en el grupo Pérez Companc a principios de los años 70. A través de sus estancias controlaba aproximadamente 150.000 has. en la Patagonia; 27.000 has. en la Provincia de Santa Fe y Buenos Aires y 54.000 has. en Misiones, funcionando en estos últimos, desde 1971, un aserradero administrado por la firma Forestal San Jorge S.A.

En 1954 se incorpora otra de sus actividades centrales: la explotación petrolífera, mediante la firma Petrolera Pérez Companc S.A. Durante los primeros años esta empresa se dedicó únicamente a la reparación y mantenimiento de pozos, comenzando las tareas de explotación en 1968, año en que obtiene el área Entre Lomas (Provincia de Neuquén y Río Negro) y, posteriormente, en 1972, el área de Catriel Oeste en la Provincia de Río Negro.

La actividad industrial del grupo Pérez Companc comienza en 1961, mediante la empresa Riom S.A. que elabora manufacturas de plomo y estaño. La actividad manufacturera es escasamente importante para este grupo hasta principios de los años 70, estando ligadas sus restantes firmas también al procesamiento de recursos mineros como es el caso de Ing. Pevial S.A. y Cementera Patagónica S.A.

Por último, a fines de la década del 60 el grupo Pérez Companc se diversifica hacia la actividad financiera mediante la compra del Banco Río de la Plata y la posterior adquisición del Banco del Este en la República Oriental del Uruguay.

- Expansión posterior a 1976

Entre los casos elegidos, Pérez Companc era hacia 1975 el grupo económico históricamente más reciente y el más pequeño, en términos numéricos, entre los GGEE nacionales. Es también el caso que exhibe el crecimiento más intenso en el período siguiente. Esta expansión básicamente se estructura, por un lado, sobre sectores ya incorporados por el grupo: petróleo (Quitral-Co) y bancos (Banco Delta, después absorbido por el Banco Río y un tercio del capital del Banco Ganadero Argentino) y principalmente en un explosivo crecimiento hacia el sector industrial -de muy pobre relieve hasta 1975- y el de construcciones.

En el primer caso se proyectó a través de la creación de PECOM-NEC (en asociación con NEC Japón) dedicada a la producción de equipos de comunicación orientados a satisfacer la demanda estatal y la adquisición de una serie de empresas productoras de maquinaria eléctrica (equipos, motores, tubos y transformadores, conductores).

En el segundo rubro, con la adquisición de SADE (grandes obras para el Estado) y la creación de NUCLAR (asociada con Techint) y Pecom Nuclar (instalación de centrales nucleares) muestra finalmente una pauta de expansión claramente distinguible: construcción de grandes obras para el sector estatal, extracción de petróleo, de gas, construcción de centrales nucleares, equipos de comunicación para el servicio nacional de telefonía con un complemento -que también se puede encontrar en el desarrollo de grandes Empresas Transnacionales (ET) que operan en el sector energético-: la provisión, para el uso y la distribución de energía, de equipos eléctricos de envergadura provistos -en una integración compleja- por plantas industriales propias. Muchas de estas empresas incorporadas o creadas por el grupo se realizan en asociación con grandes ET también diversificadas y en muchos casos ellas están fuertemente vinculadas con el aparato estatal como demandante.

 

Nosotros y ellos

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La semana pasada tuvo lugar el 14º Encuentro Nacional del Partido de los Trabajadores (PT), en Brasil. La sesión de apertura, puede verse en este video.

A continuación, publicamos traducidos extractos de los discursos del presidente nacional del PT, Rui Falcão; del expresidente Lula Da Silva y de la presidenta Dilma Rousseff.

Es cuestión de leerlos un poco. Los oficialismos sudamericanos no son tan distintos. Si tuviera que generalizar a partir de la lectura de los discursos del PT diría que sostienen que llevan adelante procesos de cambio con mayor intervención del Estado, identifican a sus oposiciones principales “por derecha” donde incluyen a las elites y al establishment empresario, cuestionan a las más pequeñas oposiciones “por izquierda” que surgen -acusándolas de “disfrazarse” o de ser “saltos al vacío”-, vinculan a todas ellas con el “principal partido de oposición” como llaman a los medios de comunicación, reconocen que hay demandas insatisfechas de la población pero rechazan que ellas puedan lograrse haciendo un giro pro mercado -”el pasado”-, cuestionan la idea de que haya un “tercer lugar” por fuera del oficialismo y de las oposiciones de derecha para llevar adelante una política transformadora, no realizan enormes autocríticas -en el caso que vamos a presentar queda sobre todo a cargo de Lula, quien puede ponerse un poco ‘por encima’-, vinculan las acusaciones por corrupción que reciben con ataques políticos de la derecha. En el caso del PT brasileño se rechaza la idea sostenida por sectores de la oposición de que hay una ruptura entre gestiones anteriores (Lula) y la actual (Dilma) y se habla de continuidad y profundización.

Permanentemente en los discursos se habla de “ellos“. Por más antipático que parezca ¿hay muchas más formas de ir conformando un “nosotros” en una fuerza política que necesita levantarse todas las mañanas para gobernar?

Aquí, los fragmentos de discursos, a veces tomados de los textos originales, a veces de apuntes que están en blogs, en los cuales veremos, por ejemplo, hablar de la necesidad de una Ley de Medios:

 

Rui Falcão (presidente del PT a nivel nacional)

Después de los ocho años de gobierno del presidente Lula, el gobierno de la presidenta Dilma consolidó las conquistas alcanzadas en aquel período y, a pesar del agravamiento de la crisis global y del cerco mediático, dio lugar a avances significativos. Sólo hay que ver los programas Más Médicos, Pronatec, la Ciencia sin Fronteras, la propuesta de convocar un plebiscito para la Reforma Política, el Marco Civil de Internet, Brasil sin Miseria, entre muchos otros logros.

(…)

Faltan seis meses para la jornada electoral. Mientras tanto, no hay tarea más importante que conseguir en las urnas un segundo mandato para la compañera Dilma. Otro mandato aún mejor que el actual, con nuevos avances, nuevos derechos, nuevas oportunidades, reformas estructurales urgentes e imprescindibles.Esto no es sólo una aspiración del PT, sino de la mayoría del pueblo brasileño. Las encuestas muestran que los votantes quieren un cambio, quieren seguir cambiando. Desean superar, conservando. Es decir, quieren que Dilma siga cambiando Brasil como lo viene haciendo.La rima popular es cambio con esperanza. Y la sabiduría popular dice que el cambio con esperanza es Dilma.La rima popular es cambio con seguridad. Y la sabiduría popular dice que el cambio con seguridad, sólo con Dilma.

(…)

… uno de los adversarios de nuestro proyecto (…) ahora, como precandidato, anuncia medidas ‘impopulares’ como la flexibilización de las leyes laborales y el fin de la ley de salario mínimo, que en once años garantizó un aumento para los trabajadores de casi 70 por ciento por encima de la inflación.

(…)

Que ellos muestren la cara, por primera vez, para que el pueblo vea la risa fría y cruel que de ellos emana.

Si es preciso repeler el retroceso, también es fundamental desenmascarar a los que prometen una nueva política, pero, comprometidos con figuras del pasado, nos proyectan un futuro como salto al vacío, de consecuencias perjudiciales. De hecho, si es llevada hasta las últimas consecuencias la propuesta del exgobernador nordestino, de una inflación anual del 3 por ciento, puede provocar una elevación de hasta 60 % en la tasa de desempleo, según el cálculo de economistas que simpatizan con la candidatura opositora.

Este candidato, además, que nunca tuvo ideas propias, que siempre anduvo como furgón de cola de nuestro programa de desarrollo, trata ahora de deformar nuestras ideas para hacerlas más apetecibles para los poderosos. Y buscar apresuradamente reembalar su imagen con tintes y sabores exóticos.

(…)

No quiero gastar más tiempo y palabras con nuestros adversarios. Mientras ellos hacen politiquería y tratan de aprovecharse de los problemas temporales, arraigando el cuanto peormejor, el PT sigue adelante, construyendo el futuro!

(…)

…hay dos reformas esenciales, ineludibles, imprescindibles, innegociables, vitales para el avance de nuestro proyecto y para la profundización de la democracia brasileña. Me refiero en primer lugar a la reforma política (…).

La segunda reforma estructural, tan importante como la reforma política es la ley de medios de comunicación democráticos, para eliminar los monopolios y oligopolios de los medios de comunicación y que se cumpla con las exigencias que la Constitución brasileña de 1988.

Para ampliar la libertad de expresión, garantizar la libertad de prensa, la prevención de cualquier tipo de censura y garantizar un amplio acceso a la información, el Brasil, ya que los países democráticos casi unánimes, necesita urgentemente un marco regulatorio de los medios de comunicación.

Tergiversar esta misión significaría que continuemos sometidos al pensamiento único, la manipulación, la distorsión, la omisión de información - las prácticas habituales de los monopolios mediáticos, que operan en la actualidad como el principal partido de la oposición.

(…)

Somos líderes en las encuestas y las expectativas de victoria. Pero nosotros sabemos que será una lucha cuesta arriba contra oponentes cuyas ganas de derrotarnos no encuentra límites, que son capaces de todo para alcanzar sus metas. Así que no hay que subestimarlos – y nada de triunfalismo.

(…)

Tenemos lo principal: un gran proyecto, grandes líderes y una militancia extraordinaria, con enorme disposición para la lucha.

Pero tenemos algo más importante: una gran nación, un gran pueblo y un corazón rojo, gigante, lleno de amor fraterno y pleno de disposición guerrera para trabar un buen combate. Muchas gracias y vamos juntos, rumbo a la victoria !.

 

Renato Rabelo (presidente del PCdoB)

 El ataque al PT es un ataque al a izquierda

Los candidatos de la oposición viven un dilema, ya que el Brasil de Lula y Dilma es otro. Por un lado, impulsan medidas amargas e impopulares. Para disfrazarlas prometen aumento del salario mínimo y de Bolsa Familia. ¡Es un engaño!

Sus compromisos con los bancos son claros: recesión, “austeridad fiscal” con recorte de los programas sociales. Lo que ellos impulsan es recesión. Contención del crédito del BNDES y de los bancos estatales.

Hay un consorcio oposicionista, formado por los conservadores, los grandes medios y los partidos de oposición. Ellos quieren desacreditar a Dilma y destruirla con ese asedio constante al PT.

 

Jacques Wagner (gobernador de Bahía) (fragmentos)

¡El lado de allá destila odio!

¡Mientras ellos destilen odio nosotros vamos a destilar alegría, abrazo, la felicidad de aquellos que tienen la conciencia de millones de brasileños que mejoraron su vida !

Nosotros combatimos las desigualdades y esa es la mayor cuestión brasileña. Ellos quieren profundizar las desigualdades.

Lo que ganará la elección es el argumento, la idea fuerza. Tenemos que tener una agenda política y hacer una reforma que está en la raíz de los males del país, que es la reforma tributaria.

En 2002 y 2006, los mismos conservadores de siempre nos querían desacreditar. Y no ganamos la elección en los gabinetes sino en las calles.

 

Fernando Haddad (alcalde de San Pablo) (fragmentos)

“¡Dirceu, guerreiro do povo brasileiro ! ¡Genoino, guerreiro do povo brasileiro !”

¿Quieren volver al neoliberalismo? ¿Al pasado? ¿A las tasas de interés que sólo interesan a los bancos? Esa es la vuelta al pasado que ellos quieren.

 

Lula (fragmentos):

Lo que ellos no admiten es el éxito del Gobierno.

No tendremos una campaña fácil -parecía que el Bayern le iba a ganar al Real y que Chelsea iba a ganarle al Atlético de Madrid.

¡No es sólo elegir a Dilma ! Es elegir gobernadoers, diputados, senadores ¡es garantizar una mayoría!

¡Tenemos que volver a hablar duro! En nombre del PT.

No podemos tolerar que los de nuestro grupo hagan cosas que, a título personal, no debe hacer. Tenemos que restaurar la imagen del PT. Y construir una nueva utopía en la cabeza de los jóvenes brasileños.

Creamos este partido a ser diferentes, para demostrar que es posible hacer política con P mayúscula. Hoy parece que el dinero lo resuelve todo. ¡Todo es una máquina de hacer dinero que está haciendo que el partido sea un partido convencional!

(Gritos de “¡El partido, el partido es de los trabajadores!”)

He acumulado de 12 años de experiencia para saber cómo una parte de la elite brasileña no nos soporta. No reconocen que creamos un mercado de consumo como nunca antes en este país.¡

¡Dilmita, querida, prepare la agenda que el Lulita estará con vos para ganar esta elección!

(“Olé, olé, hola ‘, Lula, Lula!” en la audiencia.)

Si estamos hablando de la educación, ¿en qué momento de la historia de este país ha invertido en la educación que se ha invertido en los gobiernos del PT?!

Teníamos tres millones y ahora hay once millones de jóvenes en la universidad. ¿Es poco? ¡Lo es!

Lo que me causa preocupación, Presidenta, es que el principal partido de oposición en este país es nuestra gloriosa prensa” 

¡Los adversarios no tienen discurso para enfrentarnos!

Temos dos desafíos. Uno es decir lo que hicimos. Si usted reúne a sus ministros, se va a dar cuenta de que el 80% no sabe el 30 por ciento de las cosas que hicimos. Si ellos no saben, el pueblo no sabe.

Nosotros precisamos darles a ellos (los asistentes al congreso) herramientas de trabajo para que ellos puedan responder.

Hay un programa dominical (Fantástico) que está hace 40 años y que todos los viernes hace publicidad. ¿Por qué? Si etán hace 40 años, por qué hacen publicidad. La Comunicación sabe lo que es eso.

Si vos pudieras, Dilma, hacé doce discursos por día. ¡Quien tiene que hablar bien de vos sos vos! 

(“O povo não é bobo, abaixo a Rede Globo”, se oye en la platea.)

No es posible aceptar el intento de la elite brasileña de tratar de destruir la imagen de una empresa que es orgullo de nuestro pueblo, que es Petrobras.

Hay un proceso en marcha que parece ser una cosa personal contra (José) Dirceu,  (José Dirceu) Genoino, o João Paulo (Cunha) e Delubio (Soares do Castro) (involucrados en el escándalo del Mensalao).

La persecución es contra nuestro partido, desde la elección de 2002, porque hicimos lo que ellos no hicieron en tantas décadas.

Deberían agradecer lo que el PT ha hecho en este país. Sólo el PT gobierna el país de forma republicana.

Tenemos que discutir el Marco Regulatorio de la Comunicación.

 

Dilma Rousseff  (fragmentos)

Recibo la misión honrosa y desafiante de ser precandidata del PT a la Presidencia. 

Presidente Lula, fue el compromiso con el pueblo brasileño lo que nos unió. Y ese compromiso es inquebrantable. 

Brasil supo defender, como pocos lo más importante: el empleo y el salario del trabajador y fue el país que mejor venció en esa batalla !

Lo que nos hace gobiernos de cambio es justamente la capacidad de vencer los obstáculos colocados por la vida y, también, por las fuerzas del conservadurismo.

Nos rehusamos a hacer lo que se hacía en el pasado. En el pasado, cosa que nuestra oposición tanto defiende, Brasil se defendía de las crisis bajando los salarios de los trabajadores, aumentando las tasas de interés a niveles estratosféricos, aumentando el desmpleo, disminuyendo el crecimiento, vendiendo el patrimonio público. Y no se contentaban con vender el patrimonio de Brasil. Alienaban con esa política desastrosa el futuro del país. Alienaban el futuro de nuestro pueblo y lo que es más doloroso, nuestra esperanza como nación.

Así, creamos 4,8 millones de puestos de tarbajo en mi gobierno. Junto con los ocho años de Lula tenemos el récord de más de 20 millones.

Fue por hacer cosas diferentes a las del pasado que también elevamos el poder de compra del trabajador y de la clase media. En los últimos 11 años el salario del trabajador tuvo un aumento real por encima del 70%.

Hay gente que dice, por ejemplo, que el salario mínimo está muy alto. Que es preciso reducirlo. Gente que dice que el desempleo está muy bajo y que es hora de aumentarlo, que el trabajador brasileño está ganando de más, que es hora de volver a reducir los salarios. Hay gente que dice que esta es la hora en que Brasil debe tener tasas de interés estratosféricas como en el pasado para atraer inversión especulativa, facilitar la vida de los rentistas y dificultar el crecimiento de la producción.

Con la excusa de defender la meritocracia, ellos defienden, en realidad, una universidad para ricos y blancos.

Hay fuerzas políticas que detestan todavía más los programas que sacan a las personas de la miseria. Al final, ellos nunca se preocuparon de los pobres de este país, con la distribución de la renta, con la superación de la miseria. Pero es es nuestra marca, esa es nuestra historia.

En fin, gente mía, hay gente que piensa que el futuro del país está en el pasado. En el pasado injusto y atrasado, en el pasado de la reducción salarial, del desempleo, del apagón, del FMI, de la universidad para pocos, del rentismo, de la venta dle patrimonio público.

No se engañen, esa es la agenda de ellos, esa es la agenda del retroseso. Es la vuelta del Brasil para unos pocos.

¡Yo no fui electa para recortar el salario del trabajador!

¡No fui electa para desemplear a las trabajadoras y trabajadorse de Brasil! ¡No fui electa para vender o cambiar el nombre de la Petrobras y entregar el Pré-sal! ¡No fui electa para mendigar dinero al FMI! ¡No fui electa para que la salud sea un privilegio de algunos! ¡No fui electa para hacer de la educación un camino estrecho! ¡No fui electa para barrer la corrupción debajo de la alfombra, como hacían! ¡No fui electa para colocar, de nuevo al país de rodillas! ¡No fui electa para traicionar la confianza de mi bueblo! 

Fui electa para gobernar de pie con la cabeza erguida. ¡Y eso es lo que voy a continuar haciendo, al lado del pueblo brasileño, con la ayuda de esa militancia increíble que siempre nos da fuerzas e inspiración!.

Mi agenda es otra. Es la agenda de quien está, de hecho, al lado del pueblo de Brasil. Mi agenda es la agenda del futuro. Es la agenda de quien ya hizo mucho y, por eso, puede hacer mucho más. Nosotros podemos hacer eso porque nosotros, el PT, somos la gran fuerza política innovadora de Brasil.

El rencor de los nostálgicos del pasado es la prueba de nuestro éxito, no del fracaso por el cual ellos tanto hincharon y tanto hinchan.

Ese nuevo Brasil no aceptará retrocesos, aunque ellos se disfracen de aparente novedad. De extraña novedad de medidas que ellos denominan “impopulares” cuando en realidad deberían llamarlas “anti populares”.

Brasil no volverá en el tiempo. No será conducido por el rencor, por el odio, por el resentimiento.

Quiero decir una palabra sober la Copa. Va a ser un suceso. Quiero transmitir algo que yo pienso “Es gracioso, nos encanta el fútbol! Somos el país del fútbol, por lo que seguimos todos los torneos, animando y divirtiéndonos. Ahora que está aquí en Brasil no podemos aprovechar… ¿Por qué? Porque la política no deja ….. deja a todo el mundo criticando, hablando mal de la Copa”.

El rumbo de Brasil es el futuro deseado por la generosidad, la solidaridad y el amor de nuestro pueblo, no el pasado querido por el rencor o el resentimiento de estos a los que ya derrotamos en tres elecciones presidenciales y que derrotaremos, de nuevo, en este próximo pleito. ¡Tengan cereza de eso!

¡Porque de ese nuevo Brasil que estamos construyendo no hay vuelta posible! ¡Vamos a avanzar en el rumbo cierto! ¡Avanzar siempre del lado del pueblo!

VIVA O PT!

VIVA O BRASIL!

VIVA O POVO BRASILEIRO! 

Foto.

¿Centro? #aaawwwwww

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Hay una hipótesis a la que nos vamos a dedicar a tirarle en estas breves líneas con todo lo que tengamos a mano, sin mucha sutileza, ni metodología.

Es una que indica que la Argentina que viene:

a) va de manera inexorable más “al centro”

b) que la presencia de (pre) candidatos como Sergio Massa, Daniel Scioli y Mauricio Macri nos está indicando, justamente, ese viraje.

c) que ese “centro” preexiste y está dado por un paquete más o menos armado de políticas públicas.

d) que cualquiera de esos precandidatos que llegue a la Casa Rosada va a hacer entonces más o menos lo mismo porque ese centro está prefijado.

Para decirlo en otros términos, que el próximo gobierno será “moderado”, más bien “racional”, que hará el combo de cambio y continuidad necesario, ni demasiado más acá, ni mucho más allá. Que ni Massa, ni Scioli, ni Macri son ultras, que irán a un cierto centro medio “atrapatodo”. Que ninguno de ellos “es para tanto” en términos ideológicos.

Pero eso puede no ser así por varias razones:

Y yendo más netamente al peronismo. Se dice que cuando el kirchnerismo deje el poder, habrá sido “una etapa más que ya pasó”. Es decir, una especie de mal sueño de excesivo giro a la izquierda y conflictividad.

No habría que confundirse. Una cosa es tener la viveza de notar que mostros como Néstor y Cristina Kirchner no salen todos los días en el mazo. Es decir, que diciendo y haciendo lo que han hecho Néstor y Cristina, en la Argentina realmente existente lo más normal ha sido perder y no ganar elecciones. OK.

Ahora: presidentes peronistas queridos en los barrios ricos y los barrios privados de nuestro país hubo uno solo. El que fue “una etapa que ya pasó” fue el menemismo. El kirchnerismo está metido de lleno en la tradición de cierto despelote que implica el peronismo. Una tradición que con el presidente a la cabeza o con la cabeza del presidente, no tendrá su último capítulo el año que viene.

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+a: ¿nos equivocamos todos?

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(De la redacción de este post participó sin reserva moral (?) Mariano Fraschini)

Sergio Massa, el candidato de moda, se está convirtiendo en una sorpresa.

Repasemos un poco. En este blog escribimos varias veces en 2012 sobre la cuestión de la agenda opositora. Por ejemplo, de si la oposición tenía una agenda que le iba a resultar redituable en aquel momento o no. O de si estaba en condiciones de definir -nada menos- cuánto de ruptura y cuánto de continuidad plantear con respecto al kirchnerismo.

Ya con el año electoral en marcha usamos el paralelismo de pensar en si la oposición podría generar un dirigente como el venezolano Hernán Carpiles, es decir alguien que aún siendo un opositor muy claramente identificable como adversario del Gobierno pudiera presentarse no como “la oposición sino como la solución”, como alguien que viene a “superar” y no a rechazar lo “positivo” hecho por el oficialismo.

Advertíamos, claro, que a Massa no convenía sólo escucharlo recitar su letanía de “mantener lo bueno y cambiar lo malo” sino también ver su lenguaje corporal. Un lenguaje que decía “soy yo, muchachos, no se equivoquen, voy por todo, soy yo”. El intendente de Tigre podía tener una lectura perspicaz de la realidad, pero era lo que era.

Entonces, ya con el resultado electoral puesto, aunque sea en la forma: “habemus Capriles“.

El año pasado, José Natanson acuñó la idea de los “políticos commoditie“, figura bajo la cual agrupó a Massa, Daniel Scioli y Martín Insaurralde. En torno a esa idea señaló:

Quizás el principal desafío pase hoy por la construcción de un peronismo de la normalidad. Si se mira bien, el triunfo de Massa, la candidatura de Insaurralde y el rol protagónico que adquirió Scioli refieren a tres dirigentes que combinan continuidad y cambio en proporciones variadas, que ofrecen una mezcla bien estudiada de barrialidad, sentido común y gestión, y cuyo perfil se explica en esa escuela de adaptabilidad y mimetización que es el conurbano (el duhaldismo como cultura política). Su ascenso tal vez pueda ser leído como un reflejo de la búsqueda por parte de la sociedad de un atemperamiento de las pasiones: políticos normales para un país normal.

Martín Rodríguez escribía al mismo tiempo sobre la existencia de una “generación intermedia“, dentro de la que señala a Massa. Decía Martín:

Es una generación cuya ubicación política es (casi) exclusiva: el peronismo. Comprende una franja etaria más o menos elástica, toda entre los cuarenta y los cincuenta años. Los hay menores, los hay levemente mayores. De aspecto juvenil, deportivo, con bajas calorías ideológicas y un modo de moverse en los medios: como peces en el agua. Son amigos de Jorge Rial, de Mirtha Legrand, de los Pimpinella, de Tinelli, de la crema. Es la “generación intermedia”.

Notemos como, de algún modo, en parte todos estos análisis que mencionamos hasta el momento coincidían en varios puntos.

Sin embargo, hacia diciembre y en enero algo comenzó a cambiar. Mientras se registraban las semanas de mayor vértigo económico para el Gobierno nacional,  Massa pareció empezar a volverse más nítido ideológicamente y nos preguntamos entonces si comenzaba a ir de la “caprilización a la descaprilización“.

Ese diputado poselectoral acumuló una seguidilla de acciones como:

1) Viaje a España para sacarse fotos con hombres prominentes del PP,

2) invitación al exalcalde de Nueva York, el “duro” Rudolph Giuliani para disertar sobre seguridad,

3) aumento del perfil público de Martín Redrado por sobre sus otros asesores económicos,

4) reuniones con la Mesa de Enlace con promesas de eliminar retenciones.

Todo eso ocurría ya cuando el periodismo del Canal América dejaba de sonar novedoso, campechano y desideologizado para pasar a tocar una canción vieja, rígida, en muchos casos derechista y que dejaba cierta inocencia o pluralidad en el camino.

En febrero, Massa se pronunció sobre el conflicto político en Venezuela. “El chavismo muestra el camino que no hay que seguir“. ¿Chavismo? ¿Política exterior? ¡Vaya, qué conceptos complejos dirigidos a los “millones de bonaerenses que nos dieron la confianza con su voto”! ¿Qué había pasado con la “agenda con los temas que le preocupan a la gente”?

En marzo vino “No al Nuevo Código Penal“, una increíble seguidilla de mentiras sobre el trabajo de la comisión creada mediante lo que Massa ha llamado en la prensa el “decreto seis siete ocho” (sic). Tema este que colocó al Frente Renovador en un lugar insólito: a la derecha de un obispo de Roma.

Ahora, la visita a Washington.

Tres cositas sobre esto, donde vamos mechando las conclusiones:

Este Massa pos-elecciones no quiere conservar “lo bueno” ni de Argentina ni de Sudamérica y lo dice. No tiene un discurso que “navega la ola” del sentido común, sino de fuerte ruptura incluso con algunos consensos interpartidarios logrados en la Argentina en los últimos años (Código Penal, ¿discurso del Papa?, Mercosur, relación con Estados Unidos). No camina sin la mochila del pasado, sino que desanda lo caminado. No pregona, como algunos afirman, el ideario de las “nuevas clases medias” creadas por el kirchnerismo, esas que llegaron a consumir un poco y desconfían de lo “ideologizado”. Impulsa, muy por el contrario, una agenda de ciertos acuerdos de algunos de los tipos más ricos del país.

Massa va así en contra del sentido común. Incluso en contra del sentido común del que “va ganando”. Carlos Menem sólo decía “síganme” y una serie de vaguedades. Según parece, el diputado ha decidido colocarse más cerca de un extremo para acumular un 40 % o más al estilo que en los medios lo hacen la Radio Mitre de Lanata & Longobardi o la cadena Fox. Bien clarito, con menos ambigüedades, ¿sin vergüenza?.

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Hablemos un cachito de política

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2014 vino con la palabra “economía” tatuada en un pectoral y tuvo tus ojos.  Así seguirá, pero ¿y la política?

Sigamos pensando, que esto es día a día.

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War

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Mi ametralladora
está llena de magia.
Pero soy solo un hombre más.

La Bersuit

Cuando salimos del bar se me vino a la cara la frase con la que Dilma Roussef cerró 2013: hay una “guerra psicológica” para generar desconfianza en la economía del país.

Me acordé de que en un hotel que queda a una cuadra de Plaza de Mayo, en noviembre, escuché a una dirigente del PT decir: “los empresarios en Brasil están en una huelga de inversiones”.

Caí en la cuenta de que “guerra” es una palabra que la presidenta más poderosa de América Latina no dice porque sí en el mensaje de fin de año a sus compatriotas, por más que en 2014 compita por la reelección. Pensé que un empresario haciendo una “huelga de inversiones” es alguien que pone en juego su razón de ser, que coloca sobre la mesa un último recurso.

Y luego vinieron las noticias desde Washington.

El día de Reyes, el diario del establishment financiero The Wall Street Journal nos instruyó, con mapa y todo sobre la “historia económica de dos latinoaméricas“, la del Atlántico y la del Pacífico. (Porque, al final del día, hay dos latinoaméricas, no 14 o ninguna, como parece querer hacernos creer cierto ‘poskirchnerismo’). Sin demasiada sutileza se dice allí: “los economistas señalan que los países del Pacífico están mejor preparados para prosperar…”.

El 9, los bonos de la deuda argentina se vinieron a pique.

El 11, Fareed Zakaria (CNN in partnership with Time) le dedicó un informe de 4 y medio de sus valiosos minutos a la Argentina para dar a entender que es una dictadura que arruina el país.

Y el 12, la editorialista del WSJ que escribe como para un taller literario de la CIA, Mary Anastasia O’Grady, le dedicó otra nota más a la Argentina para hablar del “derrumbe” de su economía.

Entonces acá estoy yo, un 14 de enero, con todo esto que se me viene encima después de charlar con un minorista del sector de la construcción del Gran Buenos Aires que se tomó la combi para venir hasta el centro.

Juan trae uno de esos bolsos que se abren desde arriba y se cierran con una soga. Y lleva una pila de facturas y de papeles escritos en lápiz para contarme “lo que está pasando”.

Arrancó con el negocio antes de la crisis, sin saber nada del sector. Cansado de que no entrara más nadie a su kiosko más que para robarlo. Luego de comprar un galpón, primero se llevó a laburar con él a un pariente y a gente que abundaba para hacer changas por dos mangos en plena malaria. Después tuvo un empleado. Y después otro y otro más. Recién en el 2006 se pudo ir de vacaciones.

Le molesta, le entristece que critiquen al Gobierno. Me habla de ese familiar que se la pasa despotricando pero que se está haciendo “una casa en un country”.  “La gente cree que cuando le va bien es por su propio esfuerzo y cuando le va mal es culpa del Gobierno”.

Como en un cuento me describe el proceso de concentración, extranjerización e integración vertical del sector. Había cuatro empresas. Ahora hay dos. Una era nacional pero ahora ambas son extranjeras. Una prometió empezar a producir acá, pero siguió importando. Las dos empezaron a moverse para cubrir toda la cadena. Desde la producción hasta la comercialización. Una compró a uno de los monstruos mayoristas con varias de sedes en el Gran Buenos Aires.

“Siempre se cubren con los precios”, me dice.

Me cuenta cómo estas compañías permitían pagar a plazos. Pero desde hace cinco años, primero hay que depositarles para luego hacerles el pedido. “Te entregan cuando quieren. Si te entregan después de que cambió el precio, lo que vos les depositaste no te lo respetan, te entregan menos o pagás más”.

Las múltiples bonificaciones de otrora se van reduciendo. Con lo cual es imposible para un neófito saber cuánto vale un producto mirando el precio de lista.

Me muestra listados de precios que en esta década han aumentado 14, 17, 20, 24 veces.

Me cuenta que a partir de este mes, la lista de precios se publica en dólares.

Me muestra un producto que una de estas empresas -que antes era nacional, que antes no tenía el volumen que tiene ahora, que antes sólo producía y no comercializaba- le aumentó un producto 28 por ciento en siete meses.

“Para mí quieren que reviente todo”, me dice Juan, mientras en la mesa de al lado un viejo descree que aquel análisis de Cristina haya sido un “falso positivo” y recita completos sus hechos de los apóstoles.

Juan me mira como si yo pudiera hacer algo. Y me dice “entendeme, yo no te cuento esto por mí, a mí me va bien”.

Insiste en pagar él, nos damos un abrazo y nos despedimos. Y se me viene a la cara la frase de Dilma.

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¿Sueñan los kirchneristas con ovejas eléctricas?

 

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Roti Kapda Aur Makaan

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El último día del año que pasó, el diario Hindustan Times publicó una nota titulada “el crecimiento de la Generación del Satélite“.

El texto describe las diferencias entre la llamada “Generación de la Medianoche”, aquella surgida de la independencia india, del 15 de agosto de 1947, y lo que el autor denomina la “Generación del Satélite”, cuya marca de inicio son las reformas de mercado planteadas por el entonces ministro de Finanzas Manmohan Singh, a partir del 1 de julio de 1991.

Así, la generación anterior tenía su eje más bien “en la identidad que en la ambición, más en la afirmación que en la prosperidad, más en la gratitud hacia los nuevos líderes políticos de la India que en una actitud de control hacia ellos”.

La que “nace” en 1991 lo hace junto con un nuevo paquete de liberalización económica, aunque también con con el lanzamiento de Star TV la primera emisora satelital de Asia. Esta generación, nos cuenta la nota, llevará 150 millones de nuevos votantes a las urnas en los comicios de este año. Y pone “la vara más alta”.

La nota relata que ya Atal Behari Vajpayee, primer ministro del 98 al 2004, se había dado cuenta del tema. Y en una oportunidad consideró que las aspiraciones de los indios ya no eran más “Roti, Kapda Aur Makaan” (comida, ropa y vivienda) sino más bien rutas, escuelas y hospitales.

“Roti, Kapda Aur Makaan” es no sólo un lema impuesto por Indira Gandhi, sino también una película de tres horas estrenada en 1974, que pueden completa y subtitulada en inglés acá, protagonizada y dirigida por Manoj Kumar, una especie de mezcla entre Ricardo Bauleo y Palito Ortega. El personaje de Kumar no encuentra laburo a pesar de tener su “degree” en ingeniería. Y bueno, eso.  

En un blog que leo por acá, opinan que los nuevos “Roti, Kapda Aur Makaan” de la india son “salud, riqueza y felicidad”. Otra nota por este lado juega con “comida, ropa, vivienda y teléfonos celulares“.

Volviendo al primer texto, se relata que en “la ‘nueva normalidad’ de las expectativas públicas era tarea del gobierno regular un amplio rango de actividades”. En ese contexto, crecen la movilización y las protestas contra “la corrupción, la injusticia y la política venal”.

Acá viene la parte del post donde se debería incluir algún paralelismo local con lo relatado, aclaraciones sobre varias diferencias nada menores y algún remate que haga aparecer al autor como más o menos inteligente y relajado.

Sin más, a los comentarios.

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Quilombo

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Hay quilombo:

No hay quilombo:

En los próximos dos años, parece, el país se asemeja cada vez más a la ruidosa e inestable escena descrita en aquel exagerado pero gráfico post de El Bosnio (MAK).

En estos 10 años el FPV ha sido como un presidente de club que obliga a los comensales a pagar la cuenta antes de levantarse de las cenas de festejo, a la que invita a sentarse a cada vez mas socios. Incluso obliga a cancelar cuentas atrasadas de viejas cenas no pagadas. Todo esto lleva a duras peleas contra quienes deben, por reglamento, pagar la mayor parte de la cuenta, desacostumbrados a hacerlo y que por supuesto suelen ser los mas fuertes y con la voz mas potente

En este club ya todos incorporamos el derecho que tiene cada miembro a sentarse y disfrutar de la mesa y las razones sociales que obligan a solventarle la cuenta a muchos de ellos. Pero con el paso del tiempo nos molesta cada vez mas el griterío que se produce a la hora de pagar, nos molestan las feroces criticas al menú, a los utensillos, a los manteles y demás cosas, aun sabiendo que provienen de quienes deberán pagarla e intuimos sus intenciones, y todo termina afectando nuestro goce de la cena.

La cosa es inestable. Ahora hay quilombo. Ahora no hay quilombo. Ahora otra vez. La cena se sigue sirviendo pero el griterío aumenta.

Como para tener una idea de qué significa “quilombo” en este contexto, preguntémonos si hay dando vueltas por ahí muchos países de “ingreso medio” como el nuestro con:

a) Los niveles de sindicalización que tiene la Argentina.

b) Los bajos niveles de represión de las protestas en el espacio público que tiene la Argentina.

c) La participación del Estado en la economía que existe en la Argentina.

¿Cuál debiera ser en ese contexto entonces el “para qué” del Gobierno, su razón de ser, su Norte? ¿Ha encontrado la Casa Rosada  luego del fallo de la Corte sobre la constitucionalidad de la Ley de Medios, el 29 de octubre pasado, un horizonte, algún faro que diga “nosotros vamos para allá”? ¿La pregunta acerca de cuánto “orden” y cuánto “conflicto” acepta la sociedad se va respondiendo o todavía faltan acomodar cosas para que eso ocurra? ¿La mayoría de la sociedad -o el 45 por ciento que permite ganar una elección presidencial- quiere que se apunte contra los que hacen “quilombo” o querría poner reglas firmes para que directamente no lo haya? ¿Te pide mejor “comida” en la cena o comer “no me importa cómo en un lugar más tranquilo, con menos gente si es necesario”? ¿Tiene la fantasía de que “estábamos mejor sin tanto quilombo”? ¿Está dispuesta a tirar el agua con el bebé adentro con tal de tirar el agua? ¿Y si es así estamos fregados ?¿Qué pasa con la dinámica de “quilombo” al entrar a un año par que no tiene la válvula de escape electoral? ¿De qué manera podría el Gobierno aislar a los sectores que quieren “sólo quilombo” y premiar a los que quieren llegar por las suyas, como políticos, lo mejor posible a las PASO de 2015? ¿Cuál es la mejor forma de dejar “fuera de juego” a los que quieren llegar a las PASO con “mucho más quilombo”?

Con quilombo. Con quilombo dije. ¡Quilooomboooo! ¡QUI-LOM-BO! Será de dios no se escucha nada en esta cena…

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¿Frente Amplio para la Victoria?

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Unos comentarios:

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El primer CEO de la Argentina

BuffetKanyoro

 

A ver si debatimos un poco.

La ausencia en la escena pública de Cristina Kirchner me resultó atronadora. Veo las fotos, las imágenes y la que falta se vuelve una presencia ineludible. Imposible de ignorar.

La impresión que me da a mí es que lo que queda en la escena, casi todo lo que queda en la escena participa de un consenso notorio, explícito, claro. Porque lo que tenemos hoy ante nuestros ojos a uno pero también a otro lado de eso que se llama Frente para la Victoria cuando está ausente aquella mujer es -un poquito más acá o un poquito más allá- un verdadero programa de gobierno listo, ya redactado, al que apenas hay que ejecutar.

¿En qué se expresa ese “consenso” en el que están “opositores” y hay “oficialistas”?

Por ejemplo, en los conceptos vertidos por el vicepresidente y analista senior de la agencia de calificaciones Moody’s, Gabriel Torres, en una reciente conferencia en Buenos Aires.

Torres señaló que el país debería:

De esa forma, el país podría salir a pedir a tasas bajas “hasta 3 puntos del PIB“.

Como decía, este consenso político que suena muy bien por TV se ve en opositores  y también en una parte nada despreciable de quienes van en boletas FPV o las impulsan. Se trata de un consenso del que, al menos así y al menos por ahora, no participa la paciente de la Fundación Favaloro.

Este “plan” se expresa también en la opinión de Jay Newman, gerente senior del fondo buitre Elliott Management, que litiga contra la Argentina por la deuda pública en los tribunales de Estados Unidos.

Ha dicho esta semana Newman, en un llamativo afán por cuidar el bienestar de los ciudadanos argentinos:

Si el Gobierno llega a un arreglo “justo” con los holdouts eso derivaría en “significativos beneficios para la Argentina”. Es que según Newman, de esa forma, se reduciría la “inflación galopante” y también bajarían los “costos” para que el país tome deuda. Y de esa manera podría ahorrarse, según sus estimaciones, “74 mil millones de dólares por intereses más bajos en los próximos diez años, sin cambiar su actual stock de deuda”.

Pero eso no es todo. Un pago a los holdouts -básicamente el fondo Elliott, dicho en criollo- también resultaría en muy buenos beneficios para los argentinos desde Ushuaia a La Quiaca, nos cuenta el señor Newman. “El ahorro para las provincias podría llegar a 825 millones de dólares”. Hola, gobernadores e intendentes, qué tal. Y las empresas -qué tal, Grupos, cómo están- podrían ahorrarse hasta “2 mil millones de dólares anuales, entes de pago de impuestos”.

Y también, de esa forma, nos dice el ejecutivo, una mejora del clima inversor atraería la inversión extranjera directa, “significativamente impulsando las perspectivas de crecimiento del país”.

Salvando las distancias, este consenso en el programa económico a implementar que -sostengo- seduce a casi todos los dirigentes que vemos en las fotos de los diarios en momentos en que Cristina está en una sala de cuidados intensivos, es muy similar a lo que se le propone a Dilma Rousseff desde las páginas de The Economist, cuando la revista se pregunta en tapa si Brasil “la fregó”.

¿Y cuál es el programa de los mercados para Brasil expresado en esta publicación londinense?

No digo aquí que pedir prestada guita afuera sea vender a la patria. Discutimos fuerte sobre estos temas el otro día en una cena con compañeros. ¿O no estamos arreglando las cuentas con el CIADI? ¿O no estamos haciendo el nuevo índice de inflación con el Fondo? ¿O no estuvo la Argentina a punto de emprender un camino parecido a aquel, una vez, en 2007, y otra vez más, en 2011? Cierto también es que el Gobierno no lo tomó -por ahora-.

Después de todo, esto es “un proyecto político” y no “un modelo económico”, como suele decir Cristina. Es decir, se trata de instrumentos en función de un objetivo que, por cierto, es la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación (aplausos y ovación). Porque además -sobre esto sí nos gritoneamos en la cena- qué pasa si al gobierno popular se le acaba la cuerda económica antes de “inventar algo” que supla este “programa” que no quiere adoptar ¿no?.

Lo que quiero hacer notar con este breve texto es que Cristina se ha convertido en la única voz potente, la única de primera y segunda línea que parece decir -por ahora- “este programa completo, así cerradito, a mí no, papá”.

Al aceptar sin cuestionamientos un programa de gobierno prefijado, buena parte de la dirigencia política argentina dentro y fuera de las boletas del FPV -a lo que habría que sumar, me parece, unos jefes sindicales sin votos que, como tales, más tarde o más temprano, no les queda otra que alinearse,  y sectores de la intelectualidad local que o bien odian al kirchnerismo o bien tan sólo  se han aburrido de él- parece querer encaminarse a dar un paso singular.

Se trata, para expresarlo de algún modo, de dejar atrás al último Presidente de la Nación, al último que para ganar en niveles de autonomía hace “cosas raras” y elegir al primer CEO de la Argentina. Me sale decirlo así, qué se yo. En el sentido que ningún CEO hace cosas raras. Y tampoco hace política en sentido estricto, claro.

Me dirán que Raúl Alfonsín y Carlos Menem adoptaron políticas vinculadas a los intereses de los grupos concentrados de la economía argentina. Es probable. Igual de cierto es que, cuanto menos, eran dirigentes políticos -en toda la envergadura del término- de un espesor que hoy no veo por ningún lado.

Pronta recuperación para Cristina Kirchner. Quedan dos años y la historia nunca está escrita. ¿O sí?

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“Yo soy tu padre”

 

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Luke: Master Yoda… is Darth Vader my father?

Yoda: [avoiding the subject] Rest I need. Yes. Rest.

Luke: Yoda, I must know. If you know, tell me.

Yoda: Your father he is.

(“Star Wars: Episode VI – Return of the Jedi”)

Se suele debatir sobre “qué va a pasar después” en política. Eduardo Blaustein nos mandó un post sobre “el poskirchnerismo, desde el kirchnerismo”  con preguntas acerca de qué será de todo esto.

Eduardo plantea, y estoy de acuerdo, que una primera pista está en las definiciones de Cristina sobre el peronismo en la entrevista que ofreció en la TV Pública.

Cuando Hernán Brienza le pregunta por el kirchnerismo, no lo puede definir. Pero cuando le preguntan por su relación con Perón, puede hacerlo perfectamente, sin dudar, como yo no había visto antes en estos diez años.

Y aquí mi hipótesis. No es “el futuro del kirchnerismo” lo que hay que discutir. Es, para decirlo de manera provocadora: “cuál es nuestra relación con Perón”. Y sí, otra vez, cuál es nuestra relación con el peronismo. Con la “memoria histórica del pueblo con el peronismo”.

Veámoslo un poco a Néstor Kirchner en acción. “Peronista, no justicialista”. ¿Se pregunta alguna vez qué será de él en el futuro?

Veamos el video de “Ateneo, Ateneo“. A ese Kirchner que despotrica porque pierde en el reparto de cargos cuando se cierra la fórmula Lúder-Bittel, a la que votará.

Veamos a Néstor Kirchner intendente con la boleta del PJ en el 87.

Veamos a Néstor Kirchner gobernador, con Menem en el 91. Ese gobernador, el gobernador que empuja el auto en la nieve.

Veamos su “ruptura” con Menem. Y más tarde la forma en que integra el Grupo Calafate.

Veamos su calentura con Duhalde, cuando en pleno 99 el entonces candidato a presidente “menemiza la campaña”, corre al Grupo Calafate, pone de jefe de campaña al menemista que sigue acusado con haberse quedado con cosas de los desaparecidos “Chiche” Aráoz. Veámoslo en ese encuentro en Tanti de agosto del 99 donde sale a despotricar otra vez y dice:

Nosotros no somos duhaldistas. No respondemos a liderazgos sino a proyectos políticos“.

Y leamos esa nota de Miguel Bonasso donde cuenta que dos semanas antes, Duhalde y Kirchner habían ido a ver a Cavallo a su departamento de Avenida del Libertador.

Veamos cómo Duhalde pide “un cafecito”, Kirchner “un vaso de agua” y Cavallo “cuatro tostados y dos coca colas”.

“Vos siempre mantenés la misma distribución del ingreso”, le dice Kirchner.

“Y vos sos el antimercado”, le responde Cavallo.

Razona Bonasso: “Con lo cual ponía en evidencia una curiosa paradoja, típica de las que suele prodigar el justicialismo: que fuera justamente Néstor Kirchner, jefe del ala progresista del duhaldismo, el operador elegido por el candidato para negociar posibles alianzas con Domingo Cavallo y Gustavo Beliz, para acortar la estratégica distancia que les lleva la Alianza en la Capital Federal“.

Kirchner, el que elude ser jefe de Gabinete de Duhalde. El que se saca aquella foto con Lilita e Ibarra. El que envía un avión de la Gobernación para llevar a un senador y tratar de voltearle al expresidente una ley más de ajuste que pedía el FMI. Kirchner, el que sería candidato de Duhalde. “Peronista, pero no justicialista”.

Una vez estuve en la Casa de Santa Cruz, durante la campaña presidencial de Kirchner, en 2003. Fue el día ese en el que aparece por ahí Torcuato Di Tella, quien luego sacarían un “libro de campaña” con diálogos con el candidato. Arriba de un televisor había un marquito con una caricatura, creo que era de Alfredo Sábat, de La Nación, en la que Duhalde estaba vestido de mago, hacía un ademán y aparecía Kirchner. El hombre que enterraría el ALCA en Mar del Plata. Al que Hugo Chávez definiría como “un justo, un valiente“, saliendo como conejo de una galera duhaldista.

“Peronista, no justicialista”. Respondiendo no a “un liderazgo, sino a un proyecto político”.

Fácil de decir, difícil de hacer.

Hace un par de años escribí acá un post que se llamaba “La cabaña del Tío Progre“.

Me pregunté ahí: “¿Creímos todo este tiempo que ‘Chacho’ Alvarez regresaría alguna vez en un avión negro a librarnos de todas las molestas contradicciones?”

Y también: “Dice ahora la oposición que es el ‘verdadero’ progresismo. Que el kirchnerismo es ‘un falso progresismo’. Suena el teléfono. Ring. No estamos. Hemos salido de viaje”.

Ahí estamos entonces. En un acto en la Tercera Sección Electoral. Inaugurando unas piletas para que jueguen los chicos, -a mucha honra- en calzas. Con Hebe de Bonafini y Alejandro Granados. ¿Peronistas? ¿O justicialistas? ¿Respondiendo a un proyecto político? ¿O a un liderazgo?

Cuando pensaba en este post me retumbaba una frase. “Sabemos adonde vamos y sabemos adonde no queremos ir o volver” (Kirchner ante la Asamblea Legislativa). Notarán que en la frase no está el presente. El presente siempre es impuro, impreciso, contingente, práctico; un lugar donde a veces el cuarto está en el cuarto y la cocina en la cocina, pero a veces deberá ser al revés. Lo importante es que sabe adónde va y sabe adónde no quiere ir (o volver). Tiene una identidad (“soy peronista, no justicialista”) y tiene un horizonte (“un proyecto político”).

¿El poskirchnerismo? Lo que tenga que ser, será.

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¿Y si nos miramos un poquito nosotros?

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León Arslanian fue ministro de Seguridad y Justicia bonaerense (de ahora en más, lo mencionamos como de Seguridad) del gobernador Eduardo Duhalde. Su secretario de Política Criminal fue Ricardo Gil Lavedra, leo ahora. Arslanian dejó esa cartera cuando el entonces candidato a sucederlo Carlos Ruckauf así lo reclamó.

Releamos una nota de Página 12 de agosto del 99 (del noventa-y-nueve, año en el que nacieron los jóvenes que votarán al próximo presidente…)

En una arremetida para revertir el cambio de tendencia en las encuestas, que comenzó a beneficiar a Graciela Fernández Meijide, el vicepresidente de la Nación y candidato a gobernador bonaerense del PJ, Carlos Ruckauf, puso contra las cuerdas a su candidato a presidente, Eduardo Duhalde, y dejó al borde de la renuncia al ministro de Seguridad y Justicia, León Arslanian. Ruckauf salió con los tapones de punta: no pidió “mano dura”, como hasta ahora, sino prácticamente gatillo fácil, al afirmar que “hay que meterles bala a los ladrones”, y propuso, en un eventual gobierno, volver a colocar un policía uniformado como jefe de la bonaerense, un abierto cuestionamiento a la reforma policial que impulsa Duhalde desde hace un año y medio, de la mano de Arslanian“.

Ruckauf ganó aquellas elecciones y fue gobernador durante tres intensos años en los que, entre otras cosas, nombró al intendente Aldo Rico, como ministro de Seguridad.

El último día de junio de 2002, el entonces gobernador Felipe Solá nombró a Juan Pablo Cafiero como su ministro de Seguridad y Justicia bonaerense. Hacía horas habían caído asesinados Darío Santillán y Maximiliano Kosteki a manos de la Policía provincial.

“El proceso de depuración de la bonaerense (iniciado por Eduardo Duhalde cuando era gobernador) quedó incompleto y hay que terminarlo. Hay que sacar a la Policía delictiva”, dijo el funcionario en aquel momento. Habló de “aplicar el máximo rigor” con los policías que delinquen.

En septiembre de 2003, Solá fue revalidado en las urnas, en medio de la primera primavera kirchnerista (?). Y diez días después de ese triunfo, nombró en la cartera a Juan José Alvarez, funcionario que ya había estado en el mismo puesto durante la gestión de Carlos Ruckauf, hasta el 26 de diciembre de 2001, cuando fue reemplazado por el ahora intendente de Ituzaingó, Alberto Descalzo.

Alvarez duró poco. En diciembre de 2003, Solá lo reemplazó por un amigo suyo, el ingeniero agrónomo Raúl Rivara. El 23 de marzo de 2004 fue asesinado Axel Blumberg. Y pocos días después, “con el apoyo de Kirchner” llega nuevamente Arslanian para ponerse al frente de la Bonaerense. Durante su gestión desapareció Jorge Julio López, hay que decir.

A Solá lo sucedió en 2007 Daniel Scioli, quien nombró a Carlos Stornelli, ministro que volvió a designar un jefe de Policía uniformado. Duró bastante. Hasta 2010, cuando entró en escena Ricardo Casal porque “Daniel necesitaba otro perfil para la etapa que viene, que es más electoral” (sic). La desaparición de Luciano Arruga, en enero 2009 no es que lo haya eyectado del cargo, como vemos.

Bien.

Si repasamos la historia de la jefatura política de la Seguridad en la Provincia notaremos una serie de idas y vueltas. Idas y vueltas en las que los “avances” en términos de las políticas públicas que todos sabemos que más funcionan -¿a largo plazo?- han estado a cargo de Arslanian (la primera vez un año y la segunda tres años y medio) y Cafiero (un año y pico). El resto han sido retrocesos.

Algo de eso pasó últimamente a nivel nacional. En diciembre de 2010 se creó el Ministerio de Seguridad de la Nación, cargo en el que asumió Nilda Garré.  Antes de eso, en comparación con cuánto se habla de la Bonaerense, bastante poco había estado en agenda la cuestión de que “la Policía Federal nunca fue reformada”.

En marzo de 2012, Sergio Berni asumió como secretario de Seguridad. La cartera quedó bicéfala y a partir de entonces… sí, otro “retroceso”.

Y acá llegamos al punto. Insisto: dos “ministros piolas” en territorio bonaerense en los últimos quince años. Avances y retrocesos, que es lo peor que puede ocurrir en Seguridad porque ese ir para atrás parece llevarse todo puesto.

¿Y cómo reacciona la sociedad (no los que leemos Página 12) la sociedad en su conjunto ante los retrocesos? ¿”Castiga” electoralmente a los que aplican los retrocesos? ¿O incluso hasta los premia? ¿Qué pasa cuando vienen los “avances”? ¿La sociedad se “banca” los avances? ¿Qué le pasa a la gente en ese “mientras tanto”? ¿Se banca ir contra la Policía? ¿O prefiere que se muestren por TV los videos de cómo cazamos “negros”? ¿Y eso por qué pasará? ¿Y qué tendremos que hacer para que deje de pasar? ¿Las cámaras de seguridad, como sociedad, votamos ponerlas en donde viene el malón, por donde hacemos las caravanas de carretas hasta nuestros countries? ¿O mejor deberíamos hacerlo adentro de los barrios cerrados, uno de esos en el que el otro día se reventó la mayor cocina de droga? ¿Y de ponerlas adentro de las comisarías, qué pensamos?

¿Por qué los Diez Puntos de Acuerdo por la Seguridad Democrática no hacen intendente ni gobernador a ninguno de nuestros “compañeros” (en la República Argentina, digo)?

¿Y si empezamos a pensar por qué no logramos (nosotros por qué no logramos nosotros) convencer a nuestros conciudadanos de que los “retrocesos” son retrocesos y de que los “avances” son avances en lugar de levantarles el dedo y decirles que somos los que más sabemos de seguridad y qué es lo que hay que hacer y qué no? Las convicciones tengámoslas bien firmes, compañeros. Pero para hacernos los soberbios ante gente que tiene miedo o dolor ¿no nos faltará tomar mucha sopa?

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