Nicolás Tereschuk (Escriba)

El mal del eje

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Voy a señalar una serie de hechos desordenados y sobre los cuales no tengo información si existe un vínculo directo. Soy enemigo de las teorías conspirativas. Creo que para poder afirmar algo, la fuente tiene que ser seria y comprobable.

Pienso que muchas veces los hechos como los que voy a mencionar se desarrollan como si todo se diera en un teatro donde hay varias filas. Algunos actúan, algunos están en primera fila, otros en la cinco y otros en la diez. No todos se conocen. No todos inciden sobre la risa, el llanto, el aplauso o el revoleo de tomates de los otros. Pero todos están en el teatro y todos hacen algún que otro ruido que los demás pueden escuchar, si están atentos.

Vayamos entonces a este teatro.

Es probable que todo haya comenzado con el fallo de la Corte Suprema estadounidense en el caso Citizens United, en enero de 2010. La decisión derrumbó una serie de controles más exhaustivos que se habían planteado algunos años antes para separar un poco el dinero del lobby de lo que ocurre en los pasillos del Congreso, en Washington. El máximo tribunal del país equiparó a las personas individuales y a las grandes corporaciones en su derecho a la libre expresión. Por tanto, no existen más los límites a aportar dinero en campañas electorales. El que más tiene, más pone. Y el que más pone, más tiene.

En las elecciones legislativas del año pasado, por ejemplo, en los Estados en que alguna banca en el Senado estaba peleada en serio, como por ejemplo Carolina del Norte, donde se terminó imponiendo el retador republicano, el gasto de campaña llegó a cifras récord. Aquella fue una de las carreras para la Cámara alta de más de 100 millones de dólares en gastos. a nivel estadual  Esto significa, sobre todo spots, spots, spots y más spots en TV. Ahora, como se sabe, los republicanos controlan ambas cámaras del Congreso.

La decisión que abrió la compuerta a los “mega donantes” derivó en una reprimenda en vivo y en directo, alla Cristina vs. Lorenzetti, durante el discurso del Estado de la Unión de 2010, por parte de Barack Obama. Mientras el presidente acusaba a la Corte de revertir “cien años” de legislación favorable a los límites a los “intereses especiales”, los labios del juez Samuel Alito decían “no es verdad“. Para que se  entienda, al más alto nivel se habla hoy en día de la necesidad de una enmienda constitucional para solucionar la cuestión.

Estos jugadores también tienen estrategias a nivel estadual para hacer más difícil ir a votar -que haya menos cantidad de días para emitir el voto con anticipación, pedir documentación que antes no se requería-, lo cual se considera que impacta especialmente en las poblaciones negras y latinas que en su momento llevaron a Obama a la Presidencia. Esto se completa con un fuerte “activismo judicial”, lo que puede llevar, por ejemplo, a buscar el bloqueo o el impulso de ciertas políticas públicas.

Los mega donantes pueden verse acá. El primero republicano es Paul Singer, el magnate que litiga contra la Argentina en un tribunal de Nueva York por la deuda pública. Pero hay otros, como los hermanos Koch y Sheldon y Miriam Adelson, los dueños de Las Vegas Sands.

El 22 de noviembre de 2012 fue el fallo “extravagante” del juez Thomas Griesa contra la Argentina por la deuda en default.

El 13 de enero de 2013 se firma el Memorándum de entendimiento entre la Argentina e Irán por la causa AMIA.

El 16 de junio de 2014 la Corte Suprema norteamericana decide no tomar el caso de la deuda argentina.

Esta nota de enero pasado en el Washington Post cita al ministro de Inteligencia israelí, Yuval Steinitz, contar que alrededor de 2013 Estados Unidos y su país comenzaron a disentir sobre cuál era la mejor estrategia para contener a Irán. Si más “dura” -sanciones, bélica- o más “blanda” -diplomática-.

La nota revela que el 12 de enero, el día en que, en otra fila del teatro, el fiscal Alberto Nisman volvía a la Argentina proveniente de España, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu y Obama hablaron por teléfono y “rompieron lanzas” en lo que hace a la estrategia con Irán. Algo así como “esta es mi palabra final sobre el tema”.

El 19 de enero, Nisman apareció muerto.

Un día después, Obama le advirtió al Congreso de su país que si aplicaba más sanciones a Irán, él estaba dispuesto a vetarlas. Al otro día, el jefe de los republicanos en la Cámara de Diputados, John Boehner, tomó la medida sin precedentes en la política norteamericana de invitar a hablar ante el Congreso a un jefe de Estado extranjero en contra de la opinión del Presidente, en cabeza de quien la Constitución coloca el manejo de las Relaciones Internacionales. Netanyahu habló ante el Congreso norteamericano, dijo 107 veces la palabra Irán y -tácticas son tácticas en política- resultó luego reelecto en su cargo.

En ese contexto, durante todo el verano avanzaron las negociaciones de los Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y China por un (pre) acuerdo con Irán sobre su programa nuclear, que culminaron la semana pasada.

Las negociaciones, sobre las cuales hay miles de links disponibles que pueden leerse, incluyeron varias cumbres directas entre las delegaciones diplomáticas iraní y norteamericana, una nota en el Washington Post de los jefes de las cancillerías europeas instando a un acuerdo, viajes del secretario de Estado John Kerry a Arabia Saudita y a Francia -dos “duros” en este tema- para convencer a ese país de la necesidad de un acuerdo, llamadas telefónicas cruzadas entre los presidentes de todos los países involucrados y la mar en coche.

Obama sentó en la mesa a dos ministros a negociar. El canciller, pero también el secretario de Energía. La delegación iraní también era de dos: su canciller, Javad Zarif, pero también a Alí Akbar Salehi, antecesor en ese mismo cargo -fue quien firmó el memorandum de entendimiento con Héctor Timerman- y actual jefe de la agencia atómica persa.

Así fue como en medio de las negociaciones, este verano, también en otra jugada sin precedentes, el senador republicano Tom Cotton, le envió una carta al presidente iraní, advirtiéndole que si firmaba un acuerdo con el presidente Obama, ellos tenían la capacidad de bloquearlo.

Si volvemos a ver varias filas en el teatro, podremos leer esta nota del New York Times del 4 de abril pasado que retoma un debate que ya se venía reflejando en la prensa  y que da cuenta la cada vez -e inédita- vinculación entre los intereses de Israel y las actuales figuras del partido Republicano, a través de no otros que los mega-donantes en campañas políticas con los que tratamos de abrir este post. (Sobre el tema, por ejemplo, pueden leerse esta nota del Huffington Post y esta otra del New York Times).

Citamos el artículo titulado “El apoyo del Partido Republicano a Israel se profundiza a medida que cambian las donaciones de campaña“:

A medida que el acuerdo propuesto sobre el programa nuclear de Irán es objeto de debate en las próximas semanas, el presidente Obama hará su caso frente a un Congreso controlado por los republicanos que están más fervientemente a favor de Israel que nunca, en parte, como resultado de la ideología, pero también de un aumento de la donaciones y gastos de campaña en su nombre por un pequeño grupo de donantes ricos.

(…)

Pero también es cierto que el señor Cotton y otros republicanos se beneficiaron de millones en gastos de campaña en 2014 por varios multimillonarios republicanos pro-Israel y otros donantes influyentes que ayudaron a derrocar a sus oponentes demócratas.

Los republicanos actualmente en el Senado recaudaron más dinero durante el ciclo electoral 2014 en contribuciones de campaña directas, reguladas por el gobierno federal, de los individuos y comités de acción política considerados pro-Israel que sus contrapartes demócratas, según los datos recopilados por el Center for Responsive Politics y analizados por The New York Times por una segundaONG, MapLight. La ventaja republicana fue la primera en más de una década.

Los donantes dicen que la tendencia hacia los republicanos entre los contribuyentes halcones y ricos es al menos parcialmente responsable de inspirar un mayor apoyo a Israel entre los legisladores del partido que ya tenían puntos de vista pro-Israel.

(…)

Sobre todos, el más significativo contribuyente a  los partidarios republicanos de Israel ha sido Sheldon Adelson, el magnate del Juego, quien con su esposa ha invertido al menos $ 100 millones en causas conservadoras en los últimos cuatro años. Una gran parte se gastó en la campaña presidencial de 2012, pero los republicanos del Senado también se beneficiaron, y podrían hacerlo otra vez, sobre todo aquellos que están considerando una carrera a la Presidencia.

En la nota se cuenta que el señor Singer contribuyó con 250.00 dólares en la campaña del senador Cotton.

Como contamos hace poco en una radio porteña a partir de esta nota de la revista Salon, Singer y Adelson son el segundo y tercer donante, respectivamente, de la ONG Foundation for Defense of Democracies, responsable del sitio web http://albertonisman.org/ y  del Alberto Nisman Award for Courage, un premio para honrar al fallecido fiscal y reconocer a “aquellos quienes de manera similar luchan por la Justicia y muestran coraje excepcional frente a obstáculos sustanciales”.

¿Quiere esto decir entonces algo de todo esto que la administración de Obama sería ahora muy amiga de la gestión de la presidenta Cristina Kirchner, siendo que hay mega-donantes republicanos que se oponen, por ejemplo, al reciente acuerdo nuclear con Irán  y que a la vez atacan al Ejecutivo argentino en varios frentes?

Sabemos que no. Lo sabemos aunque, por ejemplo, la embajadora Cecilia Nahón se haya sacado una foto hace unos poquitos días con su par norteamericano Mamet. Por un lado, podríamos pensar que la gestión Obama no tiene la suficiente fuerza, siquiera, para parar a estos jugadores en su propio patio -el Congreso de los Estados Unidos, sin ir más lejos-.

Además, sabemos que los amigos demócratas del presidente Obama, mientras rechazan la agenda “conservadora” de los mega donantes republicanos hacen plata trabajando en tareas de lobby para ellos. Puede verse en el caso de la funcionaria Nancy Soderberg quien, como publicamos inicialmente aquí trabaja para los fondos buitre al mismo tiempo que fue nombrada por el presidente norteamericano en un cargo público. La presidenta Cristina Kirchner se quejó en su momento directamente a Obama por el tema.

Ese no es el único vínculo. Robert Raben, número uno de la organización American Task Force Argentina (ATFA), publicista y lobbista de los fondos buitre en el litigio por la deuda, es amigo personal de Eric Holder, actual ministro de Justicia de Obama. Es también el sherpa de la designada sucesora del señor Holder, Loretta Lynch, en los pasillos del Congreso norteamericano para que el Senado tenga a bien aprobar el pliego con su nombre que envió Obama y que los republicanos, por ahora, tienen durmiendo en un cajón. A todos ellos -Raben y Singer, por ejemplo- los unen causas nobles y que desde aquí saludamos, como por ejemplo, impulsar en su país el matrimonio igualitario.

En este teatro, como vemos, la Argentina no está en primera fila. No creo tampoco que sea víctima de una conspiración mundial o que todos los elementos aquí expuestos estén vinculados en forma directa, como ya comenté en una columna del diario The Buenos Aires Herald. Decir que rechazo de plano la idea de que las religiones o los orígenes de cada una de las personas mencionadas tenga algún valor en sí para comprender los hechos -a pesar de que mencioné personas de al menos tres religiones monoteístas, claro- nunca está de más.

Prefiero, como decía, pensar algunos de estos hechos como si ocurrieran en un teatro donde están en juego posiciones, intereses. Donde no todos los jugadores se conocen ni deciden sus acciones por las acciones de (todos) los otros. Donde, por ejemplo, hay que preguntarse por qué el diario La Nación decidió no dar importancia a las fallidas versiones de la revista Veja que decían “Irán-Venezuela-Máximo Kirchner” mientras que el diario Clarín sí lo hizo. ¿Será porque, como vimos, hay varios espectadores en este mismo teatro y no todos están sentados en la misma butaca ni en la misma fila?

Acá, amigos, no hay buenos ni malos, sino intereses que pueden ser privados y/o nacionales. Yo tengo los míos. Y creo que el primer paso para poder defenderlos es tratar de estar más o menos informado.

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Acerca de cómo pensar el gobierno del pueblo

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El sociólogo peruano Nicolás Lynch, al trazar un crudo panorama de la situación política y social de su país hace dos semanas durante Foro Internacional por la Emancipación y la Igualdad realizado en Buenos Aires, señaló:

Esta es una democracia barata. Así como las mercancías que nos hacen comprar sin pagar los derechos de aduana respectivos. Es un poco el modelo que (Philippe C.) Schmitter y (Guillermo) O’Donnell diseñan en la llamada teoría de las transiciones a la democracia donde básicamente lo que existe son algunos derechos civiles y políticos y básicamente la represión de los derechos sociales“.

Para un politólogo argentino con título de la Universidad de Buenos Aires (UBA), por más (auto) crítico que uno quiera ser de los fundamentos de la disciplina, la frase retumba en el Teatro Cervantes. Y fuerte. No se suelen escuchar reflexiones de este tipo en la academia local, poco afecta al ejercicio de mirarse a los ojos y reflexionar -en contexto, con templanza y decisión- hasta dónde puede ser que se haya ido demasiado lejos con una idea o de qué manera esta puede haber quedado demasiado corta.

La lectura del esencial libro Passion, Craft and Method in Comparative Politics, compuesto de un conjunto de entrevistas a los más prominentes exponentes mundiales de la Ciencia Política -incluido, por supuesto, O’Donnell- realizadas por Gerardo Munck y Richard Snyder, me dejó pensando en un problema clásico de este campo del quehacer intelectual. Como toda ciencia, esta debe poder clasificar. ¿Y qué clasifica, principalmente, la Ciencia Política nuestra de cada día? Desde que existe como tal, desde mediados del siglo XX, en un contexto muy especial, sobre todo se dedica a determinar qué cosa es una Democracia y cuál otra no lo es. Esto es una democracia (vaya cuestión problemática) y esto otro no lo es (más aún).

Ante esa tarea, cuando los politólogos no mostramos demasiadas luces -y aún en algunas ocasiones le puede ocurrir a aquellos que son brillantes- nos parecemos un poco a aquel segmento del sketch radial “El Gato y el Zorro” que protagonizaron durante años Rolando Hanglin y Mario Mactas. Como parte de un diálogo delirante y bastante gracioso, a veces Hanglin y Mactas comenzaban a clasificar animales con una determinada pretensión “científica”. Entonces, uno de ellos decía, por ejemplo “vaca” y el otro señalaba “buena”.  Pero si decía “león”, el interlocutor señalaba “maaaaaalo”. Y así podían referirse a todos los seres del Reino animal.

No sólo la Ciencia Política es a veces parte de una producción de folletos contra los “malos” que no encajarían dentro de la categoría “democracia”, sino que además, busca ser prescriptiva, marcando la ruta que lleva a “la democracia“. Imaginemos entonces al biólogo que recomienda al malvado “león” ciertas estrategias para convertirse en la bondadosa “vaca”.

¿Y qué entendemos por democracia en la Argentina? Para comprenderlo es imprescindible repasar el libro “La reinvención de la democracia. Intelectuales e ideas políticas en la Argentina de los ochenta”, de Nicolás Freibrun. La obra cuenta con un ìndice de autores. Los más citados son Atilio Borón, Emilio De Ípola, José Nun, Guillermo O’Donnel y Juan Carlos Portantiero. En su recorrido, munido de una fuerte dosis e teoría, Freibrun busca demostrar “cómo la formación de un discurso intelectual sobre la democracia en el transcurso de los años ochenta generó un nuevo lenguaje político y articuló un campo semántico, un movimiento de mutación que va de la palabra a la creación del concepto de democracia”. La creación del concepto de democracia.

¿Y cómo es ese concepto? Por un lado, Freibrun es enfático en señalar que estos autores en su recorrido se enfrentan “conceptual e ideológicamente al neoliberalismo”. Sin embargo, el concepto que se va conformando se trata de una democracia política que “se autonomiza crecientemente de las condiciones sociales que también le dan existencia histórica”.

El libro va mostrando frente a nuestros ojos la “innovación conceptual” producida duarante los años 80. Se trata de un movimiento con varios aspectos:

Como verán, me copé con la cita. Mis disculpas por la extensión, que podría seguir.

Los autores extranjeros más citados para describir el clima de la época, el clima del momento en que los (intelectuales) argentinos (re) inventaron un cierto concepto de democracia son, por supuesto, Jürgen Habermas y Norberto Bobbio.

Lean el libro. Dice mucho sobre los debates que tenemos, sobre quiénes estamos debatiendo qué cosas en la Argentina. Invita también a pensar sobre si en esta época no nos estaremos pasando de rosca, quizás, con algunas formulaciones. Claro que para pensar eso también podría pensarse si no se pasaron de rosca otros con otras formulaciones.  Si no es que en algún momento se quiso hacer del león “malo” una vaca “buena”. Si al despojar a la democracia de algunas “peligrosas” armas no se la terminó entregando mansamente, como un corderito a las garras del neoliberalismo y del neoconservadurismo.

El libro invita a pensar sobre cómo pensamos, cómo juzgamos, cómo condenamos. Sobre si una ciencia debe o no optar por el peligroso camino de prescribir antes de saber siquiera cómo hacer los palotes que implican la ya bastante compleja tarea de describir.

Pensemos juntos.

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Silvestre

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El libro “Scioli Secreto. De Menem a Kirchner. De Motonauta a Presidente“, de los periodistas Pablo Ibáñez y Walter Schmidt, permite acercarse de manera precisa, entretenida y equilibrada a la vida del precandidato a la Presidencia. Hay datos, hay anécdotas, hay hipótesis. El panorama es completo. Léanlo.

Daniel Scioli -“Yioli”, en la fonética del expresidente Néstor Kirchner- es esto que es hoy, a esta hora. Pueden analizar en el libro la suma de capas geológicas que parece haber generado en su personalidad y en su experiencia su vida familiar, su vida deportiva y sus etapas políticas bajo las alas políticas de Carlos Menem, (Adolfo Rodríguez Saá), Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. Cada uno sacará sus conclusiones.

Por el momento, me voy a centrar en lo que parecen ser los “verdaderos” Wikileaks del gobernador. Sabemos qué dicen los cables de la Embajada de los Estados Unidos que fueron filtrados. Si rompo puede tambalear el gobierno y yo no lo voy a hacer, fue el razonamiento de Scioli ante interlocutores diplomáticos. Hubo otro momento de un Daniel silvestre, relajado, espontáneo, podría decirse que en estado de naturaleza. Se trató de su desempeño como vicepresidente en las semanas que fueron del 25 d e mayo al 19 de agosto de 2003 en las que el ex motonauta desarrolló una agenda propia.

El libro recuerda aquellos días. Los repasa.

Una semana más tarde, Kirchner echó a todos los hombres de Scioli en el Gobierno y ordenó a todos los dirigentes del PJ no dialogar más con el vicepresidente. La situación se extendió por tres largos años en los que el teléfono del actual gobernador y también los de sus colaboradores, literalmente dejaron de sonar.

Pasó mucha agua debajo del puente. Scioli fue electo y reelecto gobernador -las dos únicas elecciones en las que se ubicó primero en su carrera política-. En 2008 sorprendió con un “con la comida no se jode” -frase que, quizás, debería integrar la segunda edición de la obra- y en la campaña de 2009 se comió una piña de un chacarero. Kirchner murió, Cristina Kirchner fue reelecta y este año hay elecciones nacionales con el líder de la “Ola Naranja” -hasta el momento- plantado dentro del Frente para la Victoria.

Bien. Trato de ir un poco más allá. No me quedo en si Scioli es “de derecha”. Me pregunto, más bien, si no había -o si no podía conformarse- una cierta mayoría (electoral) que en 2003 pensara como pensaba Scioli. Por qué no. Cuando uno ve las encuestas sobre la imagen de Scioli -las de ahora y las de hace muchos años- uno puede pensar si no es que en realidad ya existía una mayoría social “sciolista”. Desde este prisma, la pregunta que uno podría hacerse no es tanto “cómo puede ser que después de doce años el kirchnerismo no logra tener un candidato propio”. Si lo que podría estar ocurriendo es que, quizás, en todo caso, el kirchnerismo apenas retrasó doce años que la sociedad exprese su espontáneo y silvestre “sciolismo”.

¿No hay acaso una mayoría de argentinos que no vería problema alguno en la redacción de un tuit del gobernador que reza: “La mujer es el corazón de la familia y pilar básico de nuestra sociedad, por eso en su día les deseo lo mejor a todas #FelizDíadelaMujer“? ¿No nos gustan, compañeros, el turismo, el deporte, la plata, la farándula, las mujeres bellas de piernas largas, los príncipes italianos, el Lago Di Como, Miami, las frases cortas, una sociedad claramente jerarquizada, el consenso, la Policía, los empresarios, la previsibilidad y la inversión? No nos gusta “mal”, eh, ojo. No “de derecha”. Nos gustan así, en la cocina de casa, de manera silvestre, hipnotizada, natural.

Podríamos pensar, por lo tanto, si no es Scioli el que logra verdaderamente activar la utopía consensualista y de “sentido común” que entonces hable sin empachos de “mantener lo bueno y cambiar lo malo” ante el “pase de rosca” de dirigentes a los que -aquí y en toda Sudamérica- acecha como un peligro una banquina muy cercana, muy tentadora pero plagada de malezas.

No habría ningún problema en el FPV si no fuera porque (ay) el kirchnerismo también existe. Al día de hoy, la presidenta Cristina Kirchner está lejos de llegar chamuscada al final de su mandato como lo hacía Raúl Alfonsín o aún Carlos Menem. No hay problema si Scioli decide que debe acallar las diferencias que tiene con el kirchnerismo. Si decide dejar su espontaneidad, su estado de naturaleza parcialmente de lado Ahora: ¿el kirchnerismo debería actuar de una forma similar, en espejo? El debate está abierto.

Eso sí, no sea cosa que terminemos preguntándole al actual oficialismo quién fue que le “ató las manos”.

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Identidades

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Dice mi amigo Mendieta que comience esta breve reflexión citando al poeta que en una canción que hasta hoy no conocía dice

 

En la alegría de ustedes 
distinguí mis promesas 
y todo me parece 
que empieza.

-*-

Más importante que desgranar, describir o interpretar lo que la presidenta Cristina Kirchner dijo o no dijo en el último discurso de su mandato ante la Asamblea Legislativa me parece que es evaluar todo lo que fue el mediodía y la tarde de este domingo.

Los sectores que están enojados con el kirchnerismo no han venido buscando tanto derrotarlo -situación normal y esperable en una democracia: algunos ganan, algunos pierden hoy, los que otra vez perdieron vuelven a ganar, lo que alguna vez ganaron vuelven a perder mañana- como producir en una sola jugada -en una sola- una doble operación. Una que consiste en derrumbar al kirchnerismo como tal y a la vez develar su “verdadera” cara, situación que haría que ya nadie quiera reivindicarse kirchnerista o cosa parecida.

Este oficialismo parece haber comenzado a conjurar el anteúltimo intento en ese sentido. Y hoy, en la calle, codo a codo, ha inspirado una nueva bocanada de aire fresco.

El kirchnerismo existe. Tiene liderazgo, militancia, simpatizantes, una historia, un “relato” -artefacto que no se compra en Easy un domingo cualquiera por la tarde-. Tiene amigos del campeón y hermanos de sangre. Tiene los incentivos que los politólogos aseguran que tienen los partidos políticos, todos ellos. Incentivos “selectivos” -cargos, dinero o status- e incentivos “colectivos” -sensación de pertenencia e ideología-.

En la Argentina se puede ser kirchnerista. A veces ocurre.

Hay un sector de la sociedad que cree -algunos hasta lo sienten- que así es mejor. Que de esta manera es mejor. Que así como les está diciendo Cristina allá adentro a ellos es mejor. No es este sector de la sociedad muy original en eso. Quizás por eso ya no gusta a quien busque raros peinados nuevos o aborrezca de ser uno más en la multitud.

Pensar que más presencia del Estado, una política social activa, más cercanía con los países de la Región y del Sur que con los Estados Unidos, junto con la generación de un rango que va desde bastante hasta muchísima incertidumbre en los grandes empresarios es un paquete mejor que otros resulta que no es un invento de ahora. La línea (San Martín) – Rosas – Yrigoyen – Perón – Su Ruta se ha negado sistemáticamente a morir a pesar de haber sufrido recurrentes fracasos o reflujos más o menos ruidosos y/o ataques más o menos sangrientos. ¿Debería eso sufrir algún cambio drástico cuando finalice el mandato de Cristina?

#18F, #19F… #1M, #2M…

La Historia sigue. Y seguirá.

Queremos tanto a Don Onur

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La novela turca Las mil y una noches, transmitida por El Trece, es el fenómeno televisivo del verano. En esa hora diaria en la que los cañones del Grupo Clarín contra #cfkasesina se ven obligados a tomarse un redituable respiro, todo lo demás se suprime: los debates, los reproches, las teorías conspirativas, las diferencias sociales. No hay más “nosotros” ni “ellos”. Todo es Onur (y la bella Sherazade).

A este éxito se le han buscado, como a todo éxito, explicaciones: ¿es la clave el exotismo turco? ¿es acaso la calva varonil del protagonista, el actor que encarna a Onur Aksal? -no descartemos esto última con tanta rapidez, colegas (¿?!)- ¿Fueron los primeros capítulos en los que ella se entrega a él por el dinero que necesita para su hijo enfermo?  ¿Se trata de los planos cortos? ¿Son los diálogos simples y melodramáticos? ¿Los personajes casi sin dobleces o complejidades? ¿Las conductas recatadas en tiempos en que todo se muestra? ¿Es la música incidental de película muda?

¿Qué es? No lo sé. Puedo decir apenas qué me llama la atención de la novela.

Las mil y una noches ofrece día a día una hermosa sensación de que sí puede existir un orden claro, definitivo, tranquilizador. El elemento principal de ese sentimiento palpable para el espectador, ese sentimiento que yo mismo he experimentado al verla, que cualquiera que la siga puede vivir, es que en esta historia los ricos son justos, sabios y buenos.

Así es. En Turquía, la verdad, no tengo ni idea cómo es. Sí se ve que en esta novela, en este maravilloso producto televisivo, los ricos son el sol que nos ilumina y que nos da calor. En derredor de ellos giramos los/las  demás. Su honor, su honestidad, su ejemplo son -¿qué más si no?- lo que nos da sentido.

Don Onur (así se dice) y su par Don Kerem, máximos responsables del holding de la construcción Binyapi, egresados de Harvard, podrán tener alguna actitud demasiado pasional en algún capítulo. Pero son en esencia buenos, honestos y justos. 

También lo es el severo multimillonario Burhan Eviyaoglu, dueño de una fábrica de cueros y padre de Ahmed, difunto esposo de Sherazade. El patriarca Don Burhan es la Justicia, es el Trabajo, es el apego a los Valores. Don Burhan puede ser algo estricto, pero es merecedor de su riqueza y, quizás, de mucho más, de la felicidad.

Incluso Feride Aksal, la celosa madre de Don Onur, quien se opone al amor de su hijo y Sherazade, lo hace apenas de apasionada en exceso, de pura traicionada por sus sentimientos. No hay tampoco allí maldad. Hay demasiado amor maternal hacia el protagonista.

En Las Mil y Una Noches la desigualdad no es un tema. Nadie osa desearle su plata al rico. La protagonista se enamora de un apuesto y bondadoso millonario pero no es pobre. Es una talentosa arquitecta que, eso sí, vive (tranquilamente) en un departamentito. A la vez, las mucamas que pueblan cada uno de los hogares conocen su lugar.

Los conflictos entonces se dan, a lo sumo, por algún personaje secundario que lleva demasiado lejos su amor por alguno de los ricos de la novela.

Si me apuran, diría que esta bondad de los ricos está  prácticamente ausente en la siempre muy urbana telenovela argentina, desde Rolando Rivas Taxista para acá. Recuerdo que en la telecomedia Graduados, de 2012, el más acaudalado era el más boludo. Nos reíamos de él. El contraste social se colaba incluso en la prístina relación entre Don Arturo y María, en la Grande Pá, del dorado Telefé de la Familia de los años 90. Clásico tema. En la telenovela mexicana Los Ricos También Lloran, Verónica Castro arranca de lustrabotas y trepa hasta la cima.

Un dato de color. A miles de kilómetros de distancia, la exótica Argentina -no es nuevo esto- es un país donde los hombres de negocios tienen mala imagen -linkeo la última encuesta al respecto pero es un clásico de los sondeos más o menos serios que se proveen a los hombres de negocios en los Coloquios de IDEA y es parte fundante del discurso “autocrítico” de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE)-. En nuestro país, la carrera política del precandidato presidencial Mauricio Macri más bien se ha basado en intentar ocultar que en mostrar la fortuna de la que es dueño su padre.

Mientras tanto, en las Mil y Una Noches, todo es un espectacular orden, una pacífica realidad se vuelve utópicamente atractiva y tranquilizadora. Los ricos son buenos, son justos, son honrados. Son de esa forma indudables objetos de nuestro amor. Eso es todo. Descansemos (en paz).

Si se me permite un comentario lateral: para hacerlo aún mejor, en Las Mil y Una Noches no existe la siempre molesta presencia del Estado. Cuando un golpeador ataca a la protagonista, Onur quiere ir a darle su merecido con sus propias manos. Si un malvado osa usar la imagen de Sherazade sin permiso, se lo “chantajea”, no se lo denuncia a la Justicia. Hay obras de beneficencia, fundaciones que reúnen dinero de los ricos para los niños enfermos, millonarios que instalan un centro de salud para un barrio, a modo de responsabilidad social empresaria. Apenas un par de apariciones de la Policía, apenas la marca de las autopistas y puentes conectan mansiones y espaciosas oficinas.

¿A quién en su sano juicio, sea de la clase social que sea, no le gustaría que el mundo fuera tan bellamente simple? Porque este apacible orden del que nos provee la novela turca no significa ni más ni menos que la (¡al fin!) eliminación de la agotadora y desgastante política.

Desde que la leí, me gustó la definición de política de Jacques Rancière, esa que -resumiendo y descontextualizando- dice: “la política existe cuando el orden natural de la dominación es interrumpido por la institución de una parte de los que no tienen parte”. La política como “interrupción de los meros efectos de la dominación de los ricos”. La actividad política como “la que desplaza a un cuerpo del lugar que le estaba asignado o cambia el destino de un lugar; hace ver lo que no tenía razón para ser visto, hace escuchar como discurso lo que no era escuchado más que como un ruido”.

Los antiguos, nos dice Rancière, mucho más que los modernos, fueron “quienes reconocieron en el principio de la política la lucha de los pobres y los ricos”. “La ley de la oligarquía consiste, en efecto, en que la igualdad ‘aritmética’ rija sin trabas, que la riqueza sea inmediatamente idéntica a la dominación”. 

La antinatural irrupción de la política lo hace todo muy complicado. Muy difícil. Muy irracional. Muy tenso. Crispado. Porque ocurre lo que no debería ocurrir. Cuentan los que no deberían contar. Así, nos cansa, nos agota, nos enoja, nos divide.

Puede haber un mundo mucho mejor en el que sólo hay que amar a los ricos, buscar su cobijo y su calor, así seamos candidatos, votantes, periodistas, académicos. Pero si es que, está a la vista: son justos, honestos y sabios. Y por algo están ahí.

¿Será algo de esa idea de lo que es “natural” que se pondrá en juego en estas elecciones? ¿Se tratará entonces de dejar hacer de una vez por todas, liberar al fin los objetivos y las pulsiones de los que saben, los que poseen, los que son justos, honestos y sabios?

Porque este año va a haber elecciones ¿no? ¿O sólo marchas?

¿Será por algo de esto que queremos tanto a Don Onur?

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El país de los votos y el país del poder

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Y así parece ser. Enero es el nuevo Diciembre.

Decir que los enormes obstáculos que enfrenta el kirchnerismo en estos días -a partir de la denuncia del fiscal Alberto Nisman hasta su muerte y capítulos posteriores- son proporcionales a la fortaleza política con la que el Gobierno se disponía a encarar el último tramo de gestión no pasaría en un examen de Pensamiento Científico del CBC. Tampoco debería ser necesariamente así si consideramos todo esto como una tormenta de fortuna que pone a prueba lo que quede de virtú. De igual manera, la afirmación no resultaría válida si este, como todo drama político, incluye la necesidad de hacerse weberianamente responsables del presente, incluso (sobre todo) si es el resultado de lo no se supo, no se quiso o no se pudo hacer para evitar lo que se vive por estas horas.

Y sin embargo…

Sin embargo, en medio del ruido político y mediático -nacional e internacional- que escuchamos retumban todavía más las sensaciones de la “semana pasada”:

Lógicas aparte, el ruidaje que se empezó a escuchar desde que el fiscal Nisman dio a conocer su denuncia, la crisis política que genera su muerte no pueden despegarse en el análisis de aquel escenario. Pienso: las personas que marcharon el lunes a la Plaza de Mayo, muy enojadas, pensando que Cristina Kirchner es una asesina o algo peor desde hace mucho tiempo no saben tampoco quién va a ser el próximo presidente y no tienen, por tanto, un candidato ganador. Además: ¿Los candidatos “ganadores” no son acaso garantía de dejar atrás la pesadilla que ha significado el kirchnerismo? ¿Este gobierno, este demonio, no es que ya se va? Basta prender la tele o leer las redes sociales para preguntarse ¿cuánta agua? ¿cuánto fuego?

Podríamos añadir múltiples elementos al escenario. Como que apenas el viernes pasado el presidente norteameriacano, Barack Obama, anunció junto al primer ministro británico, David Cameron, que si el Congreso de los Estados Unidos, dominado por la derecha conservadora de su país decide endurecer sanciones a Irán está dispuesto a vetarlas con el objetivo no entorpecer las negociaciones que lleva adelante con Teherán por la cuestión nuclear. O que lo mismo advirtió en su discurso sobre el estado de la unión al Congreso hace unas horas. O que el domingo Israel mató en un ataque aéreo a cinco integrantes del grupo Hezbollah en Siria, incluyendo al hijo de su excomandante. Que por eso hoy mismo Israel se encuentra en alerta máxima, ante una posible respuesta bélica. El ministro de Defensa ruso, a todo esto, viajó a Irán para firmar un acuerdo con su par de ese país. Se habla de que el gobierno de Vladimir Putin dotaría finalmente de un sistema misilístico a Teherán. El diario The New York Post, mientras tanto, le cuenta en un editorial a sus lectores allá, tan lejos, tan cerca“Ciertamente esto es conveniente para el gobierno de Kirchner, teniendo en cuenta la forma en que Nisman vinculó el ataque de 1994 a Hezbollah, que actuaba bajo órdenes de Irán (…) Todo esto llega en un momento en el que el presidente Obama apunta a lograr un acuerdo nuclear con Teherán del cual incluso sus compañeros demócratas en el Congreso son escépticos (…) La cruzada solitaria de Alberto Nisman por justicia terminó en la forma en que muchos temían. No agreguemos insultos apurándonos a un acuerdo con Irán incluso más peligroso que el que Nisman expuso en Argentina”. 

Pero se trata de esos datos que nos ayudarían un poco a dormir tranquilos. A creer linealmente en titiriteros globales. A introducirnos en la lógica de la que -justamente- el gobierno debe salir. Dentro de la política, el kirchnerismo se hace fuerte. Lejos de la política, se debilita. ¿Pero cómo hacerlo? Es obvio no todo en política es convencer, persuadir,  delinear una idea de futuro compartida, seducir de la palabra, plantear la resolución de los problemas del hombre de a pie.  También hay que lidiar con los conflictos que se cuelan en los pliegos de una resolución del Ministerio de Economía, con un empresario de medios a quienes hasta hace siete años no nombrábamos jamás; con lo que ocurre en los pasillos del Poder Judicial de donde salen provisiones, “precautelares” y ataques al nombramientos de fiscales subrogantes (así parece que se dice) o con las consecuencias del descabezamiento -demasiado tarde o demasiado temprano- de la Secretaría de Inteligencia.

Y así y todo sigo pensando que lo que fortalece más al oficialismo es la política y no tanto el poder. Los votos y no los carpetazos. Justamente por el momento de relativa “fuerza” del Gobierno a finales de 2014, las cosas en las que es superior es en las que se puede opinar en las páginas de Política y no en las de Policiales. Por eso resulta tan difícil esto que se parece a una batalla descarnada. ¿Cuánto pelear y cuánto poner la pelota contra el piso? Y entonces, por ejemplo, ¿cuánto beneficia a la Presidenta mostrar en su mensaje al país medias cartas, medias preguntas? ¿Cuánto gana al hablarle, al escribirle, en el país de los votos, al país del poder?

Más allá del vértigo, las preguntas que se deberán comenzar a definir a fin de año no dejan de estar ahí ¿Cuán políticamente fuertes pueden ser determinadas coaliciones sociales y políticas que así están bien en términos de baja de la desigualdad? ¿Qué pedirán esta vez los empresarios a cambio de volver a invertir? ¿Qué margen de ganancia? ¿Qué nuevo negocio inexplorado? ¿La pregunta de “cómo recrear el crecimiento” es “cómo recrear la fuga de divisas” en la Argentina? ¿La sociedad quiere pagar por un Estado que ahora pesa más en la economía? ¿Cómo vivirán los ricos en los próximos cuatro años? ¿Y cómo y de qué se quejarán? ¿Y los pobres? ¿Y nuestra intelligentsia? ¿Querrá la intelectualidad realmente que vivamos mejor o se contentará apenas con vivir en el Suplemento Sábado del diario La Nación? ¿Comenzarán a gobernar más pronto que tarde aquellos que están destinados a gobernar? ¿Los que “saben”? ¿Los “técnicos” con sus “técnicas”? ¿Los sindicatos querrán tener más afiliados o así estamos bien ya? ¿Lo “excepcional” en este peronismo habrá sido el menemismo o el kirchnerismo?

A la vez, el tiempo parece acelerarse. Y uno se pregunta si lo que está en juego en octubre no es algo más profundo, más central que definir un presidente, como podría ser que se vuelvan a delinear una vez más los contornos del cargo. Que se delimite de otra manera cuánto puede influir (o no) un presidente en la vida del país.

Todos los días de este 2015 que recién comienza se estará escribiendo esta historia.

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Desde lejos no se ve (Segundo Tiempo)

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Nadie dice qué ocurrirá finalmente en 2015 porque nadie lo sabe. Serán las primeras elecciones nacionales desde 2003 sin el apellido “Kirchner” en la boleta presidencial. Serían las primeras elecciones nacionales con unas Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias competitivas para algunos de los partidos políticos que se presenten. Se vende mucho humo, el humo atrae más humo, pero en concreto nadie sabe bien qué va a pasar. Quiénes serán finalmente los (pre) candidatos, en el marco de qué alianzas, con qué ejes de campaña, en medio de qué situación socioeconómica. Y en medio de todo eso, qué efecto producen las primarias nacionales, qué efecto -si es que alguno- las elecciones provinciales anticipadas, cómo “arrastran” las boletas de “abajo hacia arriba” o de “arriba hacia abajo”. Hay hipótesis, hay hinchadas, hay apuestas, hay jugadas a pleno, a color y a columna, pero nadie está seguro.

En ese contexto, a la vez, el mundo se mueve. Siempre se mueve. Si estas elecciones fueran en el contexto del auge de los commodities de 2004-2005 diríamos entonces que biri-biri, si hubieran sido durante la caída de Lehman de 2008, entonces sasasasa y ahora, en el marco de la recomposición global del poder del dólar (Estados Unidos), la crisis rusa, la caída de los commodities, el cierre del conflicto Estadounidense-cubano, pues fafafafa. ¿Quieren analistas? Se venden por docena. Y sin embargo…

Hay algunas cosas que sí sabemos, que se vienen escribiendo en este blog o en los mails que nos enviamos quienes lo editamos, ya no me acuerdo:

Ya no falta muuuuuuuuuuuuuucho…. como hace un par de meses. En enero comienzan las definiciones. Salen los jugadores a la cancha ¿hizo cambios el DT?

Haz de mí según tu voluntad, 2015.

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“Mejor, ¿no?”

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– ¿Y? ¿Cómo estamos?

– Mejor, ¿no?

Participé de diálogos calcados durante los meses de octubre y noviembre pasados. Estuve del lado de quien los inició y del que los remató. Con el “¿no?” al final casi siempre, denotando cierta incredulidad y necesidad de ratificación de la hipótesis. Todo fue muy rápido en este 2014 que comenzó con la devaluación de enero.

La última semana de septiembre, los que desde febrero decían que se iba a tener que devaluar en septiembre lograron que se creyera que se iba a tener que devaluar (en septiembre). A los pechazos, el Gobierno lo evitó. Cambió al presidente del Banco Central, metió controles, acomodó medidas, gatilló el “swap” con China y la mar en coche. Mejoró su desempeño político, volvió al centro de la escena.

¿O fue al revés? ¿Porque mejoró su desempeño político y volvió al centro de la escena es que controló la cuestión cambiaria?

Hay algunos datos más: el 5 de octubre fue la primera vuelta brasileña, donde Dilma Rousseff salió bastante fortalecida y la “cara nueva” de Marina Silva se fue a la banquina.

En ese contexto, el oficialismo mantuvo orden -no sabemos todavía bien si progreso-. Recordemos algunos episodios. El 10 de junio, Daniel Scioli se sacó una foto con Héctor Magnetto en el MALBA. Por entonces, el gobernador pensaba endeudar a la Provincia en el exterior por mil millones de dólares. ¿Y ganar así más autonomía política naranja? Seis días después vino la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos de beneficiar a los fondos buitre. Y la posibilidad de endeudamiento para la Provincia, por lo tanto, no caminó.

Luego de eso, casualmente, Scioli pareció convencerse de que quiere ser el candidato del Frente para la Victoria con los votos kirchneristas. ¿Lo logrará? (Falta mucho. Y le falta mucho).

La presidenta Cristina Kirchner -la Constitución le da la responsabilidad de manejar las relaciones exteriores del país- generó en pocos meses luego de pasar la línea de la mitad del año votaciones de los plenarios de la OEA y de la ONU a favor de la Argentina por el tema fondos buitre. Los especialistas serios y la prensa mundial generaron un consenso en el sentido que la decisión de la Justicia norteamericana es una vergüenza. El Congreso aprobó la ley de pago soberano. La oposición patinó sobre el hielo fino con ese tema. Punto gratis.

Después estuvo la catarata de proyectos del oficialismo en el Congreso, ante la cual la experimentada analista política Elisa Carrió alertó: “esto es como la segunda mitad de 2009, guarda que nos comen”. Abastecimiento, Defensa del Consumidor, Código Civil, Código Procesal Penal, Telecomunicaciones, Hidrocarburos, Presupuesto. Me quedé corto, debe haber más.

Con los indicadores económicos y sociales abollados pero no rotos, la segunda mitad del año pasó con una conflictividad sindical-social más o menos promedio. A Hugo Moyano, sin ir más lejos, se lo vio en los últimos meses con la libido puesta en el desempeño futbolístico de Independiente y por no mostrarse “desestabilizador”.

Si al oficialismo  se  lo ve sellado al vacío -al menos, se lo ve-, los precandidatos presidenciales opositores ocupan más tiempo y espacio por seducirse y pelearse entre ellos que otra cosa. Los chispazos en el Frente para la Victoria, fuerza que cuenta con un liderazgo, parecen -por ahora- de más baja intensidad.

Y noviembre cerró con una foto del estabilshment con todos los precandidatos opositores. Si me preguntan, no dejan de sorprenderme estas cosas. Lo normal no es que un gobierno que lleva once años en el poder logre que la línea que, una vez, allá, hace tiempo, trazó con un palito en el polvo de la calle principal del pueblito, frente al Saloon y el edificio de madera bastante descuidado que dice “Sheriff”, se mantenga todavía ahí. Esa raya siempre a punto de desdibujarse por cualquier viento que dice “allá, ustedes, muchachos; acá, nosotros”. La que significa “socialismo no hacemos, no, pero lo que corno hagamos se define de este lado”. O también “¿cómo te llamabas vos, CEO del HSBC?”.

Me sorprende todavía, qué quieren que les diga. No sé, les comento a los más jóvenes. Esto no es lo normal en el país en el que -está estudiado eh, no lo invento yo- desde que echaron a Bernardo Grinspun del Ministerio de Economía, el poder de los Grupos Económicos tuvo -hasta 2001- cada vez más injerencia en la gestión diaria y directa de las políticas económicas. Lo normal es “basta de tiros, muchachos, me rindo, negociemos”. Lo normal es que te llenen la canasta de goles. Con mucha suerte y viento a favor, hacerles goles pero, en algún momento, cansarse, quedarse sin nafta. Cansarse de  quitarles el Ministerio de Economía, las AFJP, la Aerolínea de bandera, la mayor empresa privada del país, el Banco Central, los espacios publicitarios para candidatos presidenciales por radio y TV. Lo normal es que ni se te ocurra cantarle “mancha” al “derecho humano” del argentino de tener una cuenta negra en Suiza. Lo normal no es no aflojar. Lo normal no es haber hecho el despelote que se hizo y, finalizado el año once de gestión, estar “mejor, ¿no?”.

Por ahora -falta casi todo diciembre, que no es poco- este año cimentó la primera condición para lograr que eso que damos en llamar kirchnerismo tenga algún futuro en el mediano plazo: gobernar hasta el último día del mandato.

La segunda parte de la operación que haga que el kirchnerismo tenga futuro político en el mediano plazo es montar algo que jamás se hizo. Jamás en la Historia de la Argentina. Implica, ni más ni menos, que un peronista electo le coloque la banda presidencial a otro peronista electo. Menos aún se hizo en la Historia que el presidente en ejercicio (electo en comicios limpios) le ponga la banda presidencial a un integrante de su partido y que además sea “de su palo”.

Es difícil. Al peronismo le cuesta (“…mi único heredero es el pueblo…”). Al kirchnerismo le cuesta. Vaya si le cuesta. Le cuesta un montón.

No será la primera vez que seamos realistas y pidamos lo imposible. No nos quedemos sin intentarlo.

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Justicia de Dios

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Daniel del hebreo דָּנִיֵּאל (Daniyyel o Dāniyyêl), es un nombre

propio proveniente de las palabras dan, y de la palabra semítica El’.

Cabe mencionar que la inclusión de El’ en este nombre,

lo vuelve a su vez una forma teofórica o “nombre divino”.

En conjunto, Dan-i-El es interpretado como

Dios es mi juez o como Justicia de Dios.

Mucho de lo que se ha dicho en nuestros asados, en nuestros encuentros, en nuestros sueños y pesadillas, en nuestras conversaciones telefónicas y callejaras, en nuestros cumpleaños y en nuestros mails, en nuestros DMs y en nuestras esperas de subtes acerca de Daniel Scioli desde, supongamos, el año 2012 incluyó frases como las que siguen, según consta en mi frágil memoria. A un año de las elecciones presidenciales creo que ninguna ha perdido vigencia. Elige tu propia aventura:

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¡Cambio, juez!

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En este blog venimos escribiendo sobre las elecciones del año que viene más o menos en estos términos:

Fue muy pero muy interesante el otro día un diálogo que se dio entre nuestro compañero Mariano Fraschini y Edgardo Mocca en el programa 678. Me dirán ¡eeeeeeeeeeeeeeeeuuuuuuuuuuuuuu, pero qué K! ¡Ahí no passsa naaaaadaaaaaa!! ¡Pero qué proooooooogreeeee!!! OK. Siéntanme. La cosa fue más o menos así.

Al ser consultado sobre la estrategia de la oposición de rechazar cierta iniciativa del oficialismo, Mariano dijo por un lado que le parecía normal -esto es una democracia, en las democracias, justamente, no hay unanimidad- pero a la vez marcó que le llamaba la atención que los partidos que se oponen al oficialismo optaran en buena medida por pararse en el extremo del “puro cambio“.

¿Por qué le sorprende? Mariano viene escribiendo en el blog sobre lo que él llama el “dilema de la caprilización“. La idea está tomada del caso venezolano, pero es un concepto que puede “viajar”, como dicen los cientistas políticos comparativistas. O sea: a la oposición venezolana le fue peor cuando se paró en el “puro rechazo” al chavismo y le fue mucho mejor cuando Hernán Capriles se planteó no como la “oposición” sino como la “solución” o la “superación”. Cuando garantizó mantener determinadas políticas del chavismo y se llevó así algunos votos que formaban parte de la base chavista. Esto puede verse también en este “fenómeno Marina Silva”, quien plantea -siempre desde lo discursivo- recuperar lo mejor de Lula y de Fernando Henrique Cardoso.  El ídolo de los niños Sergio Tomás Massa también intentó algo así el año pasado en una provincia de Buenos Aires a la que le prometió “mantener lo bueno y cambiar lo malo” mientras hizo uso todo lo que pudo del “voto confusión” de “Massa, el de la Ansés”.

El diálogo en 678 se puso más interesante cuando Edgardo Mocca apuntó dos cosas. Una: la oposición no puede “caprilizarse” porque está muy ligada a intereses “corporativos”, depende de ciertas empresas para obtener apoyo, financiación y hasta de ciertas empresas de medios para hacer a sus dirigentes conocidos, ocupar los sets de TV, etc.

Bien. Segundo planteo de Edgardo: siempre que asume un nuevo presidente hay, de por sí, un “cambio”. Si asume un presidente oficialista va de suyo que algún cambio habrá.

No esperen que yo les diga quién tiene razón porque Mariano y Edgardo la tienen de algún modo, de ahí lo interesante del diálogo.

Ahí fue cuando Mariano planteó otra cosa. Que su impresión es que en el “espectro opositor” mejor le irá a quien se “caprilice” más. Quien plantee un mix adecuado de cambio y de continuidad. Y que si la oposición no hace ese mix con cierta eficacia, si no ocupa ese casillero, ese mix vendrá desde adentro del oficialismo. En pocas palabras, ese casillero se llama Daniel Osvaldo Scioli.

Vamos, por tanto, a Scioli. El gobernador tiene una ventaja enorme. Su ventaja es que Daniel “es” el cambio. Todos lo sabemos. Lo sabemos porque Scioli es un político que está hace muchos años dando vueltas y, bueno, lo conocemos. No es un extraño para nadie. Su ADN nos dice “soy distinto al kirchnerismo”. Aún si sólo recordáramos el día de 2003 que dijo algo así como “ya viene el aumento de tarifas” y Néstor Kirchner le descerrajó un rayo ejemplificador, todo el mundo sabe que Scioli “es” cambio. Lo dice su cuerpo, su cara, su voz. Pero vamos, si hasta lo dice su música incidental.

Que venga 
que tenga valor 
que muestre la cara 
y me hable de frente 
si quiere tu amor 

-Para qué- 

A esa 
que cuando esta contigo 
va vestida de princesa 
a esa 
que no te hace preguntas 
y siempre esta dispuesta 

A esa vete y dile tu 
-Qué- 
que venga 
-para qué- 
yo le doy mi lugar 
-que quieres probar- 
que recoja tu mesa 
que lave tu ropa 
y todas tus miserias 
-que quieres demostrar- 
que venga que se juegue por ti 
-que vas a conseguir- 
quiero ver si es capaz 
de darte las cosas que yo te di 
a esa, a esa 
a esa vete 
y dile tu que venga 

Pero claro, eso es lo que Scioli logra sin hablar. Porque cuando habla, últimamente y cada vez más Scioli dice: soy la continuidad. Por estos días el gobernador apoya hasta lo que no apoyan los ultrakirchneristas. Todo. Banca todo y con la boca bien abierta. Esto parece ser entonces un cierto mix cambio +  continuidad. ¿El mix perfecto? ¿La vera “caprilización”?

El gobernador está en un lugar donde no le pegan ni Clarín ni Página 12. Al estilo del Diego Maradona del 86 contra los ingleses, no necesita ir a derecha o a izquierda. Va casi recto y son los rivales de blanco los que se mueven. ¿”Barrilete cósmico”? Mmmmmmmmm….

Ahora vamos al kirchnerismo. El kirchnerismo también tiene una ventaja. Tiene tatuado “C O N T I N U I D A D” así de grande, con letras góticas a todo lo ancho de sus pectorales.

Pero claro, hay un problema. Nos encontramos con varios precandidatos kirchneristas diciendo algo que no necesitamos que nos digan porque ya lo sabemos: “Somos la continuidad”, “la continuidad es importante” o “hay que bancar la continuidad”. Lo dicen pero eso ya está. Está en el lenguaje corporal.

En mi opinión es también verdadera la afirmación de Edgardo acerca de que es esperable que cualquier presidente que asuma, imponga alguna cuota de “cambio”. Es verdadera. Pero no por eso es menos cierto que hay que hacerla conocer. Hay que hacerla saber. Porque la política es convencer. En el caso del oficialismo esto hay que hacerlo explícito, patente, claro. Porque la continuidad ya la entendimos. Si queremos algo de cambio hay que ponerlo en el mix. Y, sobre todo, hay que darle contenido a ese cambio. ¿Qué es ese cambio? ¿Cómo es ese cambio?

De lo contrario, el cambio puede ser cualquier cosa o cualquier pavada, como la “ola naranja” y el “Alberdi +  Perón” que se escucha en el entorno de Scioli; las “bicisendas” y el “equipo” que se escucha en el entorno de Macri –ahora tenemos al “nuevo” Macri prometiendo TODO LO BUENO, inflación de un dígito sin pagar Ganancias, con Empleo, con Producción, con Trabajo, con Optimismo, con ¡Revolución Productiva! ¡Salariazo!-; o “la gente” y “la nada” que se escucha en el entorno de Massa.

Dicho de otro modo: a diferencia del “estilo K” de no prometer nada en ninguna elección, porque la misma presencia de un “Kirchner” ya parecía ser una promesa, quizás ahora haya que prometer. Cuántas casas, cuántos hospitales, cuántos derechos, en cuánto tiempo, con qué guita, de qué forma, con qué tipo de participación popular o ciudadana, de qué forma y de qué color.

Quizás sea hora entonces de hacer explícito lo implícito y viceversa. O sentarse a esperar -apenas- a que el “centro” lo gane Scioli.

Porque, para decirlo con una reminiscencia alfonsinista, en política uno puede no saber o no poder. No hay problema. Pero no querer, me parece que no da.

Una postdata: Nadie dice que sea fácil. Lo difícil que resulta encarar esta operación para un oficialismo lo estamos viendo en el caso brasileño donde la dinámica política lleva al Partido de los Trabajadores (PT) más a defender lo hecho que a proponer hacia adelante. Aunque, claro, Dilma acaba de confirmar que cambiará a su propio ministro de Economía si resulta reelecta.

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¡Memoria completa: los 90 existieron!

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Charlando con algunos editores de este blog, pensábamos el otro día que -obviamente, no hay que ser ningún genio-, para un montón de gente que tiene 25, 30 años -a veces un poco más también-, los años 90 parecen ser una entelequia. En cierta forma, del mismo modo que como para muchos de los que somos un poco más grandes, pero no tanto, lo  son “los 70″. No vivieron “los 90″. O prefieren recordarlos a la distancia, de una manera matizada, lejana, ajena.

Y “los 90” existieron. Cómo que no. No fueron un “consumo irónico”.

Los más avispados diarán “y sí, si seguimos viendo cosas ‘de los 90′ todos los días que el kirchnerismo no supo, no quiso o no pudo cambiar”. Claro. Los 90, tan terribles y tan normales. Tan concretos y tan etéreos. Tan frenéticos y tan pastosos. Los 90 fueron de verdad, eh. Y esto es algo que a veces no parece comprenderse del todo a uno y otro lado del artista-antes-conocido-como-“La Grieta”.

Digamos:

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¿La última frontera?

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Podría citar los más bellos papers esta noche. Pero mejor ir a los conceptos para hacerlo más simple y decir que la cosa me parece más o menos así.

El llamado período de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) en la Argentina tuvo dos o tres etapas en el siglo pasado. Antes de la crisis del 30, el anterior modelo, el agroexportador, había empezado a encontrar algunos límites. Con el crack el 29 y la segunda guerra mundial queda claro que el mundo había cambiado. El país empieza a darle más volumen al Estado, empieza a mirar un poco más para adentro y… sustitución de importaciones. El peronismo le da sus vueltas de tuerca a la cosa, historia conocida.

Hasta mediados de la década del sesenta funciona con los “stop” y los “go”. La economía arranca, la cosa mejora, pero luego se acaban las divisas y “stop”, la economía se enfría, la actividad cae y de esa forma, otra vez, listos para el “go”.

Hubo otra etapa: desde mediados de los 60 a mediados de los 70 no hubo “stop”. Hubo años de más y otros de menos crecimiento. Pero todos de crecimiento. Hasta antes de la primera década de los 2000 ese había sido el momento de más crecimiento sostenido de los 30 para acá. Aquel fue un período políticamente muy conflictivo, hay que recordar.

La dictadura cambió todo el juego. Interpretó que el conflicto político estaba “en” la industrialización y atacó a fuerza de represión y financiarización. El nuevo juego en la ciudad fue el endeudamiento, la valorización financiera y la fuga de divisas.

Conocemos la historia que siguió en la segunda mitad de los 70, los 80 y los 90. Para 2001, cuando todo aquello revienta, el denostado período de sustitución de importaciones (“estatismo asfixiante”, “estado elefantiásico”, “irresponsabilidad fiscal”, etc.) superaba a lo que le siguió en todos los indicadores habidos y por haber. Crecimiento, empleo, pobreza, desigualdad, inflación, inversión en educación, ciencia y tecnología, inversión pública, infraestructura.

Luego vino el kirchnerismo y así llegamos a los primeros años de la década del 2010.

Tras un nuevo auge económico -y político por qué no- del oficiaismo (2010-11), el sector privado prueba con una nueva corrida y avanza en un regio período de fuga de divisas.

Allí se produce la siguiente secuencia, en un contexto en que la Argentina comienza a acercarse más a una “restricción externa” . Distintos sectores empresarios -también los medios con su grigería, claro- entran en esta:

Me dirán “fueron las políticas del gobierno las que crearon eso”. Les diré “lo que quieran”. El tango se está bailando -al menos- de a dos y en cada una de esas instancias hubo algún sector empresario que salió a:

a) Hacer declaraciones “políticas” contra el Gobierno

b) Juguetear con un empujón a CFK.

Imaginemos -“para colmo”- que, en este contexto, el microclima de mediados de 2014 señala que las encuestas indican que Cristina ha subido un poco en la consideración pública. Mirá vos. Y nos encontraremos con más nerviosismo empresario de cara a lo que podría ser, no sé si será, última frontera.

La última frontera es despedir rápido. La última frontera son los puestos de trabajo, es el empleo. La última frontera son los empresarios interponiendo escudos humanos de cara a las elecciones del año próximo. La última frontera de nuestros hombres de negocios es ir al hueso con una huelga de brazos caídos de su función social: (no) invertir y despedir. La última frontera es, si la devaluación no fue tal como para pagar los sueldos correspondientes a “dólar a 12″, “hacer” la “devaluación a 12″ en términos de empleo.

Si todo sigue así, en ese contexto, el recambio presidencial del año próximo podría traer beneficios “extra” a los empresarios que -recordemos- tienen los dólares que al Estado le están faltando. Repito: tienen los dólares que al Estado le están faltando (no los adeudan a nadie, a ningún acreedor externo). Por ejemplo, podrían decir y “vender” -como se hizo recurrentemente ante cada “stop” del siglo pasado, pero con una fuerza definitoria a mediados de los 70- que al haber una “crisis”, entonces nada de lo anterior sirvió y hay que borrarlo del mapa. Fin. No esperar ni producir el “go” que sigue al “stop”, sino tirar el agua de la bañera del bebé por la ventana pero también con el bebé, ya que estamos.

Toda esta historia va a depender de cómo el gobierno maneje la situación, de los resultados económicos que efectivamente pueda mostrar, de cómo se muevan los empresarios en ese contexto y de qué niveles de “cambio” y “continuidad” planteen los (pre) candidatos. Así, puede haber escenarios de “relativa continuidad”:

Puede haber un escenario de “más continuidad”:

Eso, como se dijo, puede ir todo al revés y derivar en un recambio “político” donde haya también un choque “económico” en el que lo más “redituable” para el gobierno que venga sea denostar “todo” lo actuado de 2003 a esta parte. O incluso donde haya algún tipo de “choque” político y económico entre “proyectos de cambio” como ocurrió con los “devaluadores” vs. “dolarizadores” de fines de los 90.

Claro que esto es política. Y no se trata de buenas intenciones, ni de explicaciones, sino de resultados. Los radicales explican con relativa solvencia cómo sufrieron un “golpe de mercado” a fines de los 80. Incluso De la Rúa explica que lo traicionaron el PJ bonaerense y el FMI. Pero -huelga decirlo- en política no se vive de explicaciones.

Allá vamos.

 

PD: Dicho esto, todo bien, pero no nos dejemos operar de una con “hay despidos porque  no se arregló con los fondos buitre y por el default”, eh, lo único que falta…

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Mi zonzo corazón

The night is like a lovely tune
Beware, my foolish heart

 

My Foolish Heart es un tema de 1949. La música es de Victor Young (compuso también, nada menos, Stella by Starlight, por ejemplo) y la letra, de Ned Washington. Están las versiones de Frank Sinatra, la de Bill Evans y Tony Bennett, aunque a mí me gusta la de Carmen McRae, a la que pueden dar play.

Hay un verso de esta canción que siempre me llamó la atención y que me gusta mucho:

There’s a line between love and fascination

La forma en que el autor introduce la palabra “fascination” me hace acordar -no sé bien por qué eh- a cómo Pappo incluye sus “suburbano”  o “no obstante lo cual”. Como un artificio que te hace prestar más atención, estar más alerta. Es la clave de la canción, me parece, además.

Volviendo al sentido de la letra, la cosa es que el autor le habla a su “zonzo corazón”. “Beware…” (cuidado). Porque… “la noche (esta noche) es como una bonita canción”.  Así que, cuidado “zonzo corazón”…

Es que hay una línea (hay una diferencia) entre el amor y la fascinación. Pero es tan difícil de ver en una noche como esta…Porque ambas dan justo la misma sensación, cuando estás perdido en la magia de un beso…

Y sí, cómo no…

Al final, los labios se acercan y el “fuego” comienza. Y la estrofa que en boca de Carmen McRae es una maravilla:

For this time, it isn’t fascination
Or a dream that will fade and fall apart
It’s love, this time it’s love, my foolish heart

¿Es así como dice el autor o es lo que siente? En realidad ¿cómo saberlo ahora, cuando la noche se parece a una bonita canción? ¿Seguro, así con luna eterna, tan blanca? Esta vez no es fascinación ni un sueño que se esfumará y derrumbará. Es amor, es amor, mi zonzo corazón. Y sí… ahora… (¿por ahora?) en medio de la magia de un beso, es amor…

Nuestro querido Manolo, samurai del anti-elitismo, se ríe un poco de cómo se nos da la política a las clases medias urbanas, muchas de ellas profesionales, siempre más cercanas al Estado que el resto en forma de maestras, abogados, profesores, investigadores del Conicet, directores nacionales, lobbistas, asesores, subsecreatrios, ministros, periodistas… A la vez, siempre buscando de alguna forma de estar más cerca de los “grandes” -cuáles, es más o menos lo mismo, diría Manolo- que del “pueblo” (diría Maquiavelo). El resto, la anti-elite se acerca a la política de otra manera -“nunca me metí en política, siempre fui peronista”-.

Y ahí estamos siempre las clases medias urbanas hablándole a nuestro zonzo corazón. Hablándonos principalmente a nosotros mismos. No vayas a ser engañado. No vayas a ser engañado una vez más. Aún cuando en una noche como esta Néstor Kirchner diga “no tengo miedo, no les tengo miedo”; “lamentablemente, en ese proceso de recuperación, expansión y transformación no contamos con la ayuda del Fondo Monetario Internacional”; “Coto, yo te conozco” o  “comandos civiles”. O incluso si Cristina amaga con romper los libros que siempre pensaste que había que romper en momentos clave, esos libros gruesos e intocables como guías telefónicas. Los rompe, mirá cómo los rompe. No los rompe. Los rompe un poco. Los rompe otra vez, otra vez, mi zonzo corazón. ¿O no? ¿O hace que los rompe? Cuidado igual. Cuidado. Puede ser un sueño que se esfume y se derrumbe. No te dejés hipnotizar. ¿”Fascination“? Pero, ay, esa luna, esos labios … Cómo saberlo…

Ahí desfilan en la arena pública entonces los que nunca se dejan fascinar por nada pero, claro, como daño colateral evitan el amor. También los enamorados. Y (beware…) los fascinados. Por otra parte, están los que sienten que estuvieron fascinados y ahora están taaaaan enojados -“yo sabía, nunca me enamoré de esos, lo juro”-. Los que pregonan el anti-amor a puro despecho. Procíclicos del amor (¿o de la fascinación?) “Tontos, creen estar enamorados pero están apenas fascinados… todo porque la noche se parece a una bonita canción”, ja. Ya van a ver. Ahora sí. Ahora con este HECHO CLAVE VERÁN LA REALIDAD, QUE SE HAN VISTO ENGAÑADOS POR ELLOS MISMOS. Foolish heart.

Y todo esto viene a cuento de algo que se viene escribiendo en este blog. De 1983 para acá ha habido cuatro presidentes a los que les daba para serlo. Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Néstor y Cristina Kirchner. De la experiencia surge que en las elecciones presidenciales, a los argentinos les tiene que “calentar” algún candidato. Ir y votarlo “para” algo. Me dirán que Néstor Kirchner fue votado por pocos y “enamoró” después. Puede ser. Pero, hasta donde vemos, fue en un contexto de crisis política y económica que por ahí y ahora no se ve.

¿Habrá entonces una elección presidencial que no “caliente” a los argentinos? ¿En qué medida impactaría eso en el futuro presidente? ¿Es lo mismo para todos, los seguidores de las “elites”, de los “grandes” y para el “pueblo”? ¿Votaremos un presidente como opera un cirujano? ¿Da poder eso o debilita? ¿La “luna de miel” de un presidente es siempre igual? ¿Siempre la mayoría elige fascinarse los primeros cien días, con cualquier presidente? ¿O elige querer amarlo? ¿Veremos un juego distinto esta vez? ¿Aparecerá en la campaña un candidato que toque la fibra -“pacto militar sindical… para todos los hombres de buena voluntad…”- para enamorar?

¿Sobran candidatos? ¿Quedan políticos? Tarde o temprano lo sabremos.

Ya somos Julio

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Como no se juega como se vive, ni nada que se le parezca, van algunas preguntas que me hago por estos día de mediados de 2014. A riesgo de repetirnos:

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¿Néstor nos mintió? Viva Néstor

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Tres veces nos habló Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003 de la necesidad de ir hacia “un país normal”.

Dijo:

“Debemos asegurar la existencia de un país normal, sin sobresaltos, con el sector público y el sector privado cada uno en sus respectivos roles. Hay que dotar a la República Argentina de buena administración, gobernabilidad, estabilidad con inclusión y progreso social, y competitividad”.

(…)

Trabajando en torno a estos principios, sin espectacularidades ni brusquedad en el cambio, seriamente, paso a paso, como cualquier país normal del mundo, podremos cumplir con los objetivos y cumplir hacia adentro y hacia fuera con nuestras obligaciones y compromisos”.

(…)

“Convocamos al trabajo, al esfuerzo, a la creatividad, para que nos hagamos cargo de nuestro futuro, para que concretemos los cambios necesarios para forjar un país en serio, un país normal, con esperanza y con optimismo”.

(…)

“Vengo a proponerles un sueño, quiero una Argentina unida. Quiero una Argentina normal. Quiero que seamos un país serio. Pero además quiero también un país más justo”.

 

El fallo de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos por la deuda pública argentina vuelve a ponernos, una vez más ante un país que no es normal. No lo es.

La Argentina no es un país “normal” en dos sentidos:

Digo todo esto, más que nada porque el fallo de la Corte Suprema norteamericana –inédito en su impacto sobre estos temas a nivel global– vuelve a poner sobre la mesa a todo lo que se tiene que dedicar un presidente para gobernar la Argentina.

Imaginemos a varios de los precandidatos presidenciales ante esta situación. O sea: ante esta situación de la deuda y al mismo tiempo la necesidad de mantener mayorías en el Congreso, liderar una fuerza política más o menos cohesionada, dar cuenta de las presiones territoriales de gobernadores e intendentes, lidiar con los sindicatos y la paz social en las calles.

Me dirán: “es el kirchnerismo el que arma el ‘lío'”. ¿Tan así es? ¿Vamos a “extirpar” el kirchnerismo y arreglar así el país? ¡Pero vaya amigos! ¡Qué particular y simple utopía! ¡Eureka!

Y me pegunto ¿Son los candidatos del “Alumbrado, Barrido y Limpieza” los que van a poder lidiar con todo esto? ¿Desde cuándo un presidente más (supuestamente) “consensual” en el sentido bobo que se plantea podría lidiar mejor en la Argentina con todas estas tensiones -la de la deuda y un cúmulo más? ¿Conocemos un estilo de presidencia que esté entre la de los Kirchner y la de Menem -“puesto menor”-? ¿Cómo se construye “más política” -si es que el Gobierno tiene un déficit de política- con varios sectores dando vueltas por ahí cuyas posibilidades electorales parecen subir cuanto menos cerca de una “normalidad” logre acomodar Cristina a la Argentina?

Parece que nos mentiste, Néstor. El país no es normal. A seguir entonces.

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Amado Boudou. Del Editor, qué significa

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En Sudamérica no es nada raro que un presidente finalice antes de tiempo su mandato. Que se tambalee y caiga.

Sabemos que de los cuarenta presidentes del período 1979-2003 en la región, dieciséis de ellos (40%) experimentaron desafíos para continuar en su cargo hasta terminar su mandato y nueve (23%) terminaron sus mandatos antes de lo previsto.

Sin ir más lejos, dos presidentes argentinos de 1983 para aquí tuvieron que dejar su puesto en forma anticipada.

Los gobiernos en Sudamérica no parecen ser entonces “fuertes” o “débiles”, sino más bien “estables” o “inestables”. Creo que una forma de pensar los problemas que enfrentan los presidentes de la región, también la presidenta de la Argentina, es con ese horizonte en mente.

El estudio que linkeamos indica que, en general, hay tres elementos que hacen que un gobierno sea “desafiado” en su estabilidad:

Todo eso entra en un cóctel complicado cuando se combina con protestas callejeras. Dicho de otro modo: hasta el caso de Fernando Lugo, no hubo presidente que cayera sólo con el empuje que le dio el congreso, sino que siempre hubo en forma paralela protestas callejeras, en general “policlasistas”.

Es interesante de ver cómo desde las elecciones de octubre de 2013 y luego de atravesar un período de fuertes tensiones en enero y febrero, el Gobierno nacional viene tratando de desactivar un potencial escenario de inestabilidad.

Así:

Una acusación de corrupción tiene su peso a la hora de desafiar a un presidente en en su estabilidad. El estudio citado indica:

“…en el caso de presidentes personalmente implicados en escándalos (…) la probabilidad de enfrentar un desafío salta a un 63% (38,6 más 24,4). Los escándalos también aumentan mucho la probabilidad de que un presidente caiga efectivamente antes, ascendiendo ésta a 48,4% (16,5 más 31,9). Las otras variables independientes varían en la dirección que se predice, pero no tienen un gran impacto sobre la probabilidad de que caigan”.

Hay que agregar que ese factor tiene que combinarse con algún envión desde el Congreso y casi como condición necesaria movimientos en “la calle” para hacer eclosión.

El caso de Boudou no es investigado en la Justicia como un caso de corrupción vinculado “con la figura presidencial”, como dice el paper mencionado. Elisa Carrió -pícara, vivísima- es a la que más escucho decir bien fuerte que “en esto está metida la señora Presidenta”. Esta, es previsible, será la próxima línea de ataque. Y la presión mediática en ese sentido va a aumentar.

En cualquier caso, si este breve enfoque es más o menos correcto debe tenerse en cuenta que el despliegue de esta causa judicial es uno de los factores que pueden implicar problemas para el Gobierno, pero no el único. Me pregunto qué hubiera pasado en este contexto si el oficialismo no conservara el manejo del Congreso, del partido de gobierno y/o si variables económicas clave como la inflación estuvieran moviéndose a velocidad de vértigo.

Al mismo tiempo, habrá que recordar que es propio de la estrategia de la oposición -cosa de ir buscando atorar aquí y allá- que siempre haya algún “caso de corrupción” dando vueltas ante la llegada de elecciones presidenciales.

Copio una muy ilustrativa frase del editorialista Eduardo Van der Kooy, citada en el libro “10 años, una década de gobierno kirchnerista”, de Daniel Míguez. Se trata de una nota de agosto de 2007, cuando ya el Grupo Clarín había iniciado su distanciamiento del Gobierno y expresaba su desconfianza abierta con respecto a la candidata Cristina.

Se han sucedido las sospechas de corrupción en el caso Skanska, los desatinos en el INDEC, la bolsa con dinero que ocultó Felisa Miceli en el que fue su baño ministerial, la valija con 800 mil dólares que pretendió ingresar el empresario venezolano Guido Antonini Wilson y la crisis crónica en Santa Cruz salpicada con episodios de violencia demencial. En cualquier país con rasgos de cierta normalidad política e institucional aquellos episodios hubieran colocado quizás en un marco de paridad electoral a la oposición con el Gobierno. La Argentina no es, en ese aspecto, una nación normal“.

Al contrario de esta visión, la Argentina parece ser una nación sudamericana normal -Chile y Uruguay son, en este aspecto, países con un nivel de “institucionalidad” más alto, con menores “informalidades” en las prácticas políticas que el resto-. Así, en nuestros países, los presidentes, los líderes presidenciales, basan buena parte su estabilidad en los aspectos mencionados:  el Congreso (lo que en un país federal también implica los gobernadores), la economía y la calle.

También, claro, la cuestión del impacto que producen las acusaciones de corrupción en contextos en los que los medios de comunicación, al decir de Lula, son los principales partidos de oposición. Lo que además es cierto es que este aspecto es difícil por sí solo amenace la estabilidad presidencial.

¿Y que tenga su efecto en las elecciones del año que viene? Ah, no. Para eso falta muuuuuuuuuuuuuuuuuu….

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El juego del poder

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Los juegos de azar en la Argentina conforman un negocio fabuloso que usufructúan empresarios vinculados al poder y que logra sobrevivir a los cambios de gobierno. A partir de la incorporación de las máquinas tragamonedas, las apuestas on line y las ruletas electrónicas, no solo se multiplican las ganancias sino también los jugadores, y la proliferación de bingos y casinos urde una telaraña que atrapa a cada vez más argentinos.

Los periodistas Ramón Indart y Federico Poore siguen el hilo de la connivencia de la clase política -desde Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner hasta Mauricio Macri y Hermes Binner– con los operadores del juego en la Argentina. El resultado de ese trabajo minucioso, exhaustivo y sin concesiones revela un mundo en el que abundan las influencias, los intercambios de favores y una circulación poco clara de poderes y de dinero.

El poder del juego es un libro indispensable para conocer la trama oculta que se pone en marcha cada vez que alguien se sienta ante una máquina tragamonedas, apuesta fichaas en un paño verde o llena una tarjeta de bingo.

Así dice la contratapa del libro sobre el que vamos a plantear algunas reflexiones y apuntes.

Federico Poore, coautor del libro junto a Ramón Indart, tuvo la amabilidad de regalarme un ejemplar, según me dijo, un poco preocupado o extrañado porque la investigación encuentra buen nivel de repercusión en la prensa “opositora”, pero muy poco en el sector más alineado con el oficialismo.

El libro tiene varios puntos fuertes. Por un lado, ofrecerle al lector algo que supongo no está esperando. Lo más probable es que quien se asome al libro busque algo así como una biografía no autorizada del “Zar del Juego K” Cristóbal López y de sus vínculos con el oficialismo. Pero como ya vemos en la contratapa, recibe otra cosa.

Los autores parecen admitir esta situación de equívoco cuando le agregan un “pero también” a una de las frases que compone el epílogo, cuando quizás habría correspondido apenas una casta coma. “Dirigentes kirchneristas, pero también macristas, socialistas, radicales y peronistas disidentes son los responsables de este estado de situación…“.

La historia del crecimiento del juego desde la década del 90 ofrece nombres y situaciones de todos los colores. De empresarios y de lo que María O’Donnell, prologuista del libro, gusta en llamar “los políticos argentinos”.

Las entrevistas que se agregan hacia el final del libro son un decidido plus. El director de Boldt S.A., Guillermo Gabella; el expresidente Eduardo Duhalde; el exgobernador Felipe Solá y el presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici, ofrecen sus puntos de vista.

Duhalde suena bastante tranquilo en la casa de Lomas.

El libro dedica a Cristóbal López el capítulo 3, lugar donde nos enteramos que “entre mediados de 2003 y fines de 2009″ el mapa del juego en la provincia de Buenos Aires era un pacto de caballeros” donde aparecían el Grupo Codere, la sociedad entre Daniel Mautone y Daniel Angelici y los negocios de Antonio Tabanelli. Que entonces “tras la llegada de Daniel Scioli a la Gobernación de la Provincia” las salas de juegos de López ingresan a territorio bonaerense. Cuentan una vez más allí que el empresario “ya era millonario antes de conocer a Kirchner en 1998″.

El capítulo 4 refiere a la situación en la capital, donde se menciona el famoso decreto 2007 de Néstor Kirchner, en el que se habilitó aumentar la cantidad de slots en el Hipódromo de Palermo.  Me entero en este capítulo que el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, “podría reclamar el ciento por ciento de lo que recauda el Estado pero no lo hace”. También que Federico de Achával, socio de López en el Hipódromo, “es íntimo amigo de Nicolás Caputo y cercano a José Torello, ambos del PRO”.

También se cuenta cómo Sergio Massa se habría enojado con uno de los empresarios del juego por haber puesto plata en la campaña de (¿su amigo?) Martín Insaurralde.

Muy bien. Algunas preguntas que a mí me generó la lectura:

Y al mismo tiempo  ¿cómo hacemos entre todos para seguir construyendo un país que -creo yo- hoy es mejor que ayer pero no sé si que mañana? Aún con los vínculos actuales entre empresarios y política, el sector privado en general no parece tener en la actualidad un “exceso de certidumbre” por parte del sistema político ¿eso va camino a cambiar en los próximos años? ¿y de qué forma? ¿cuál sería el impacto de esa situación?

Todos estos días, mientras cargué de acá para allá el muy buen libro “El Poder del Juego” para leerlo, en mi mochila llevé también estos otros de los que cito algunos fragmentos. Que los disfruten.

Alice Amsden (2001), The Rise of “The Rest” : Challenges to the West from Late-Industrializing Economies, Oxford University Press.

(Este libro se ocupa de estudiar los casos de lo que llama “el resto” de los países industrializados, los países de “industrialización tardía”: China, India, Indonesia, Corea delo Sur, Malasia, Taiwan, Tailandia, Argentina, Brasil, Chile, México y Turquía)

Excediendo la falta de apoyo a los grandes grupos industriales privados estaba la Argentina, con un coeficiente de Gini de distribución de la tierra de 0,86 en 1960, indicando un algo mayor nivel de desigualdad que en Brasil (el mayor de “el resto”). Dado el fracaso de la Argentina para establecer un banco de desarrollo efectivo o un mecanismo recíproco de control que funcione (la autora se refiere a que en los países de industrialización tardía exitosos los subsidios estatales a la industria se entregan en función de estándares de desempeño que se obliga a las empresas a cumplir y no como una especie de ‘regalo’) el apoyo con disciplinamiento a los empresarios de cualquier tipo fue tibio, pero el apoyo a los grandes grupos económicos nacionales fue especialmente débil. En la década del 40 y el comienzo de la del 50, la política gubernamental favoreció a las empresas del Estado y a las pequeñas y medianas empresas. Luego, bajo el gobierno apoyado por los Estados Unidos de Frondizi, las políticas favorecieron a las compañías multinacionales. Sólo después de 1976 las políticas públicas favorecieron a los grupos económicos. Para entonces, de todos modos, la crisis energética (internacional) había paralizado el gasto público y la economía argentina se estaba desindustrializando, por lo que el período de apoyo gubernamental a los grandes grupos privados empresarios fue extremadamente breve y las expansión de los grupos argentinos (en la industria) fue relativamente pequeña. Solo un grupo de Argentina, SOCMA, figuraba entre los 50 mayores grupos de ‘el resto’ (rankeaba en el puesto 50 y estaba en su mayoría involucrado en la producción de autopartes, energía, gas y construcción). Otros grupos argentinos estaban concentrados en procesamiento de alimentos y acero. Incluso en la industria del acero, anteriormente a su consolidación, ninguna compañía argentina en 1990 rankeaba entre las primeras 40 compañías deñlsector a nivel mundial. POSCO (Corea), rankeaba tercera, SAIL (India) rankeaba 11, China Steel (Taiwan) rankeaba 17 y USIMINAS y CSN (Brasil) rankeaban 23 y 34, respectivamente. Argentina tenía una de las más antiguas industrias de máquinas herramientas del “resto”, sin embargo ninguna compañía argentina rankeaba entre los primeros 25 productores mundiales. La industr5ia farmacéutica argentina tenía la distinción de haber tenido siete firmas nacionales entre sus diez mayores productores, pero las ventas de las dos mayores compañías (Roemmers y Bago), ambas líderes de ‘fuertes conglomerados farmacéuticos locales’ significaban sólo alrededor del 8 por ciento de las quinceava compañías farmacéutica en el ranking mundial del sector, Upjohn, con ventas por $1,6 billones de dólares en 1989. La proporción extranjera en el consumo doméstico de fármacos, asimismo, era más grande en Argentina que en India, con sólo la mitad del tamaño del mercado argentino.  

Bruce Cumings (1997), Korea’s Place in the Sun, W.W. Norton & Company, New York (Edición en español de Comunicarte Editorial)

( En este fragmento el autor hace “hablar” al Estado de Corea del Sur en primera persona)

He aquí el trato: yo hago los arreglos para que un banco, digamos de Japón, te preste 10 millones de dólares a tasas de interés más bajas que las del mercado para que hagas televisores blanco y negro de 12 pulgadas, y te cubro la garantía del préstamo. Te daré una propiedad en nuestra zona libre de exportación, construiré un camino hasta tu planta, te daré combustible y electricidad a precios preferenciales, y pondré a tu disposición cemento etadounidense para tus instalaciones. Te conseguiré una empresa extranjera con mercados establecidos, saber tecnológico y canales de distribución, que venderá tus televisores por todo Estados Unidos, hasta en los almacenes. Te garantizaré una oferta fija de trabajo educado y disciplinado a un precio establecido (también muy por debajo del precio de mercado), la prohibición de los sindicatos, y enviaré al Ejército ante cualquier combinación peligrosa que emerja en tu lugar de trabajo. Decidiré cuántos competidores vas a tener, te daré objetivos anuales de producción (y bonificaciones en caso de excederlos) y me aseguraré de que haya espacio suficiente para que todos crezcan (esto para no mencionar que tú eres el hermano de mi esposa, por ejemplo).

 

(…)

Y luego…

Demos una mirada a algunos de los conglomerados individuales. Chong Chu-yong es el hombre de negocios más famoso de Corea, y en 1992 pasó a ser el Ross Perot coreano, al competir por la presidencia contra Kim Young Sam y Kim Dae Jung; era un multimillonario como Perot, pero era por lo menos el doble de rico que este último. Era un hombre sacrificado, con escasa educación formal y sin pedigrí aristocrático. Comenzó dedicándose a la mecánica de autos y con un pequeño taller a comienzos de los 40. En 1947, Chong, junto a su hermano, Chong Sei-yong, levantó en Pusan una pequeña empresa de construcción que trabajaba para el Ejército de los EEUU y llamó Hyundai (hyondae, que significa “moderno” o “contemporáneo”). Cuando se desató la Guerra, los hermanos Chong, protegidos por el perímetro de Pusan, sellaron un contrato tras otro para la fabricación de refugios y depósitos, emprendiendo además toda una serie de construcciones relacionadas con la Guerra, para no mencionar las actividades posteriores del período de reconstrucción, que abarcó buena parte de los años 50. Chong Sei-yong hablaba un inglés decente, contribuyendo a que la empresa pudiera establecer conexiones claves para la obtención de los contratos, muchos de los cuales se les otorgaban de manera directa. Hyundai se expandió rápidamente por el interior de Corea durante los 60, siendo además un importante contratistas de los estadounidenses durante la guerra de Vietnam. PAra 1972, el valor de la compañía era de 64 millones de dólares y ya contaba con seis filiales. En 1994 ocupaba el lugar 86 en la lista de 500 de la revista Fortune, con ingresos totales de 27.500 millones de dólares por año.

(…)

El fundador de Samsung, Yi Pyong-ch’ol, siempre se consideró a sí mismo como “un genuino caballero japonés”, probando esta condición por ejemplo a través de su matrimonio con una japonesa. Samsung (“Tres Estrellas”), es una copia de los “Tres Diamantes” de Mitsubishi, que  a la vez copió su logo probablemente del de Mercedes. A diferencia de otros líderes en los ‘chaebol’, Yi comenzó sus actividades durante el período colonial. De origen terrateniente, su primer negocio fue en los 30 con un molino de arroz, en Masan, exportando luego licor de arroz desde Taegu. Sus negocios se expandieron rápidamente durante la Segunda Guerra Mundial, gracias a la movilización de los trabajadores que vivían en el piso de sus fábricas. Simpre hostil a la actividad sindical, Yi decía en ocasiones “tendré mis ojos cubiertos de tierra antes que un sindicato sea permitido en Samsung”. Su empresa fue la industria liviana más importante durante el período de Rhee, beneficiada por la realización de compras estratégicas de empresas japonesas, a precios de remate. Para esta época, Yi era el hombre más rico de Corea. Sin embargo, Samsung se diversificó en muchas otras ramas, incluyendo la electrónica, la informática y la industria naval. Obtuvo en 1994 un permiso gubernamental para la producción de automóviles en su nueva planta de la Isla Koje, que casualmente vino a ser el hogar natal del Presidente Kim Young Sam. La lista de 1994 de la revista Fortune ubicó a Samsung en e puesto 221, con ingresos anuales de 14.600 millones de dólares.

(…)

Los conglomerados chaebol también saben cómo colocar gente en el Gobierno: un tercio de los suegros de sus propietarios “ocupan altos puestos como funcionarios en las tres ramas del Gobierno”. El presidente Roh Tae Woo (1998-1993) vinculó por matrimonio a dos de sus hijas con dos familias propietarias de sendos chaebol, convirtiéndose en el suegro de Chey Jong Jun, al frente de Sunkyung, y de Shin Myung Soo, que conduce el chaebol Dong-A. Esto probablemente no lo ha perjudicado, por lo menos no hasta que su gobierno concediera la segunda licencia par ala explotación de teléfonos móviles a Sunkyung, acuerdo que debió ser cancelado debido a la andanada de críticas que recibió. Roh Tae Woo designó a otro pariente político en el ministerio de comercio e industria, al tiempo que otro de sus familiares Pak Ch’ol-un, una notable figura política coreana, se convertía en el Ministro de Asuntos Políticos.

(…)

Shin Hyon-hwak, por ejemplo, había nacido en Kyongsang del Norte (…) se convirtió luego en uno de los pilares del régimen de Park, llegando a ser vice primer ministro a finales de los 70. Shin no estaba solo, de ninguna manera: una investigación de 1989 mostró que las personas originarias de Kyongsan eran veintitrés entre los cincuenta propietarios de los chaebol más grandes, nueve de los veinticuatro ministros en el gabinete, y la mitad de los miembros del directorio del Banco Central. Muchas de estas personas estaban dispuestas a asegurar que su origen había tenido bastante que ver con su éxito en el período 1961-1992.

(…)

A mediados de los 90, luego de numerosas conversaciones acerca de la necesidad de reestructurar los chaebol y diversificar la economía, las diez firmas más grandes totalizaban aún el 60% de la producción y las cuatro más grandes concentraban el 40%. Como señala George Ogle, esto implica que diez familias controlan el 60% del milagro sobre el Han.

Azpiazu, Daniel; Basualdo, Eduardo y Khavisse, Miguel (1986), El nuevo poder económico, Hyspamerica, Buenos Aires.

4.3.1. Grupo económico Pérez Companc.

Reseña histórica.

En 1947 es fundada la empresa Cía Naviera Pérez Companc que se dedica a la comercialización y el transporte. Sus fundadores eran, además, propietarios de tierras en el sur del país.

En 1950 se inserta en la actividad aseguradora mediante la creación de la firma La Patagonia Cía. Argentina de Seguros y a partir de 1952 comienza a organizar empresas agropecuarias. La primera de las cuales es Sudacia S.A. y, posteriormente, Agrícola, Gandera Andes S.A. y Goyaike S.A. Al mismo tiempo adquiere la empresa Los Lagos S.A., con propiedades en el sur del país.

Sin lugar a dudas, la producción forestal y agropecuaria eran actividades relevantes en el grupo Pérez Companc a principios de los años 70. A través de sus estancias controlaba aproximadamente 150.000 has. en la Patagonia; 27.000 has. en la Provincia de Santa Fe y Buenos Aires y 54.000 has. en Misiones, funcionando en estos últimos, desde 1971, un aserradero administrado por la firma Forestal San Jorge S.A.

En 1954 se incorpora otra de sus actividades centrales: la explotación petrolífera, mediante la firma Petrolera Pérez Companc S.A. Durante los primeros años esta empresa se dedicó únicamente a la reparación y mantenimiento de pozos, comenzando las tareas de explotación en 1968, año en que obtiene el área Entre Lomas (Provincia de Neuquén y Río Negro) y, posteriormente, en 1972, el área de Catriel Oeste en la Provincia de Río Negro.

La actividad industrial del grupo Pérez Companc comienza en 1961, mediante la empresa Riom S.A. que elabora manufacturas de plomo y estaño. La actividad manufacturera es escasamente importante para este grupo hasta principios de los años 70, estando ligadas sus restantes firmas también al procesamiento de recursos mineros como es el caso de Ing. Pevial S.A. y Cementera Patagónica S.A.

Por último, a fines de la década del 60 el grupo Pérez Companc se diversifica hacia la actividad financiera mediante la compra del Banco Río de la Plata y la posterior adquisición del Banco del Este en la República Oriental del Uruguay.

– Expansión posterior a 1976

Entre los casos elegidos, Pérez Companc era hacia 1975 el grupo económico históricamente más reciente y el más pequeño, en términos numéricos, entre los GGEE nacionales. Es también el caso que exhibe el crecimiento más intenso en el período siguiente. Esta expansión básicamente se estructura, por un lado, sobre sectores ya incorporados por el grupo: petróleo (Quitral-Co) y bancos (Banco Delta, después absorbido por el Banco Río y un tercio del capital del Banco Ganadero Argentino) y principalmente en un explosivo crecimiento hacia el sector industrial -de muy pobre relieve hasta 1975- y el de construcciones.

En el primer caso se proyectó a través de la creación de PECOM-NEC (en asociación con NEC Japón) dedicada a la producción de equipos de comunicación orientados a satisfacer la demanda estatal y la adquisición de una serie de empresas productoras de maquinaria eléctrica (equipos, motores, tubos y transformadores, conductores).

En el segundo rubro, con la adquisición de SADE (grandes obras para el Estado) y la creación de NUCLAR (asociada con Techint) y Pecom Nuclar (instalación de centrales nucleares) muestra finalmente una pauta de expansión claramente distinguible: construcción de grandes obras para el sector estatal, extracción de petróleo, de gas, construcción de centrales nucleares, equipos de comunicación para el servicio nacional de telefonía con un complemento -que también se puede encontrar en el desarrollo de grandes Empresas Transnacionales (ET) que operan en el sector energético-: la provisión, para el uso y la distribución de energía, de equipos eléctricos de envergadura provistos -en una integración compleja- por plantas industriales propias. Muchas de estas empresas incorporadas o creadas por el grupo se realizan en asociación con grandes ET también diversificadas y en muchos casos ellas están fuertemente vinculadas con el aparato estatal como demandante.

 

Nosotros y ellos

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La semana pasada tuvo lugar el 14º Encuentro Nacional del Partido de los Trabajadores (PT), en Brasil. La sesión de apertura, puede verse en este video.

A continuación, publicamos traducidos extractos de los discursos del presidente nacional del PT, Rui Falcão; del expresidente Lula Da Silva y de la presidenta Dilma Rousseff.

Es cuestión de leerlos un poco. Los oficialismos sudamericanos no son tan distintos. Si tuviera que generalizar a partir de la lectura de los discursos del PT diría que sostienen que llevan adelante procesos de cambio con mayor intervención del Estado, identifican a sus oposiciones principales “por derecha” donde incluyen a las elites y al establishment empresario, cuestionan a las más pequeñas oposiciones “por izquierda” que surgen -acusándolas de “disfrazarse” o de ser “saltos al vacío”-, vinculan a todas ellas con el “principal partido de oposición” como llaman a los medios de comunicación, reconocen que hay demandas insatisfechas de la población pero rechazan que ellas puedan lograrse haciendo un giro pro mercado -“el pasado”-, cuestionan la idea de que haya un “tercer lugar” por fuera del oficialismo y de las oposiciones de derecha para llevar adelante una política transformadora, no realizan enormes autocríticas -en el caso que vamos a presentar queda sobre todo a cargo de Lula, quien puede ponerse un poco ‘por encima’-, vinculan las acusaciones por corrupción que reciben con ataques políticos de la derecha. En el caso del PT brasileño se rechaza la idea sostenida por sectores de la oposición de que hay una ruptura entre gestiones anteriores (Lula) y la actual (Dilma) y se habla de continuidad y profundización.

Permanentemente en los discursos se habla de “ellos“. Por más antipático que parezca ¿hay muchas más formas de ir conformando un “nosotros” en una fuerza política que necesita levantarse todas las mañanas para gobernar?

Aquí, los fragmentos de discursos, a veces tomados de los textos originales, a veces de apuntes que están en blogs, en los cuales veremos, por ejemplo, hablar de la necesidad de una Ley de Medios:

 

Rui Falcão (presidente del PT a nivel nacional)

Después de los ocho años de gobierno del presidente Lula, el gobierno de la presidenta Dilma consolidó las conquistas alcanzadas en aquel período y, a pesar del agravamiento de la crisis global y del cerco mediático, dio lugar a avances significativos. Sólo hay que ver los programas Más Médicos, Pronatec, la Ciencia sin Fronteras, la propuesta de convocar un plebiscito para la Reforma Política, el Marco Civil de Internet, Brasil sin Miseria, entre muchos otros logros.

(…)

Faltan seis meses para la jornada electoral. Mientras tanto, no hay tarea más importante que conseguir en las urnas un segundo mandato para la compañera Dilma. Otro mandato aún mejor que el actual, con nuevos avances, nuevos derechos, nuevas oportunidades, reformas estructurales urgentes e imprescindibles.Esto no es sólo una aspiración del PT, sino de la mayoría del pueblo brasileño. Las encuestas muestran que los votantes quieren un cambio, quieren seguir cambiando. Desean superar, conservando. Es decir, quieren que Dilma siga cambiando Brasil como lo viene haciendo.La rima popular es cambio con esperanza. Y la sabiduría popular dice que el cambio con esperanza es Dilma.La rima popular es cambio con seguridad. Y la sabiduría popular dice que el cambio con seguridad, sólo con Dilma.

(…)

… uno de los adversarios de nuestro proyecto (…) ahora, como precandidato, anuncia medidas ‘impopulares’ como la flexibilización de las leyes laborales y el fin de la ley de salario mínimo, que en once años garantizó un aumento para los trabajadores de casi 70 por ciento por encima de la inflación.

(…)

Que ellos muestren la cara, por primera vez, para que el pueblo vea la risa fría y cruel que de ellos emana.

Si es preciso repeler el retroceso, también es fundamental desenmascarar a los que prometen una nueva política, pero, comprometidos con figuras del pasado, nos proyectan un futuro como salto al vacío, de consecuencias perjudiciales. De hecho, si es llevada hasta las últimas consecuencias la propuesta del exgobernador nordestino, de una inflación anual del 3 por ciento, puede provocar una elevación de hasta 60 % en la tasa de desempleo, según el cálculo de economistas que simpatizan con la candidatura opositora.

Este candidato, además, que nunca tuvo ideas propias, que siempre anduvo como furgón de cola de nuestro programa de desarrollo, trata ahora de deformar nuestras ideas para hacerlas más apetecibles para los poderosos. Y buscar apresuradamente reembalar su imagen con tintes y sabores exóticos.

(…)

No quiero gastar más tiempo y palabras con nuestros adversarios. Mientras ellos hacen politiquería y tratan de aprovecharse de los problemas temporales, arraigando el cuanto peormejor, el PT sigue adelante, construyendo el futuro!

(…)

…hay dos reformas esenciales, ineludibles, imprescindibles, innegociables, vitales para el avance de nuestro proyecto y para la profundización de la democracia brasileña. Me refiero en primer lugar a la reforma política (…).

La segunda reforma estructural, tan importante como la reforma política es la ley de medios de comunicación democráticos, para eliminar los monopolios y oligopolios de los medios de comunicación y que se cumpla con las exigencias que la Constitución brasileña de 1988.

Para ampliar la libertad de expresión, garantizar la libertad de prensa, la prevención de cualquier tipo de censura y garantizar un amplio acceso a la información, el Brasil, ya que los países democráticos casi unánimes, necesita urgentemente un marco regulatorio de los medios de comunicación.

Tergiversar esta misión significaría que continuemos sometidos al pensamiento único, la manipulación, la distorsión, la omisión de información las prácticas habituales de los monopolios mediáticos, que operan en la actualidad como el principal partido de la oposición.

(…)

Somos líderes en las encuestas y las expectativas de victoria. Pero nosotros sabemos que será una lucha cuesta arriba contra oponentes cuyas ganas de derrotarnos no encuentra límites, que son capaces de todo para alcanzar sus metas. Así que no hay que subestimarlos – y nada de triunfalismo.

(…)

Tenemos lo principal: un gran proyecto, grandes líderes y una militancia extraordinaria, con enorme disposición para la lucha.

Pero tenemos algo más importante: una gran nación, un gran pueblo y un corazón rojo, gigante, lleno de amor fraterno y pleno de disposición guerrera para trabar un buen combate. Muchas gracias y vamos juntos, rumbo a la victoria !.

 

Renato Rabelo (presidente del PCdoB)

 El ataque al PT es un ataque al a izquierda

Los candidatos de la oposición viven un dilema, ya que el Brasil de Lula y Dilma es otro. Por un lado, impulsan medidas amargas e impopulares. Para disfrazarlas prometen aumento del salario mínimo y de Bolsa Familia. ¡Es un engaño!

Sus compromisos con los bancos son claros: recesión, “austeridad fiscal” con recorte de los programas sociales. Lo que ellos impulsan es recesión. Contención del crédito del BNDES y de los bancos estatales.

Hay un consorcio oposicionista, formado por los conservadores, los grandes medios y los partidos de oposición. Ellos quieren desacreditar a Dilma y destruirla con ese asedio constante al PT.

 

Jacques Wagner (gobernador de Bahía) (fragmentos)

¡El lado de allá destila odio!

¡Mientras ellos destilen odio nosotros vamos a destilar alegría, abrazo, la felicidad de aquellos que tienen la conciencia de millones de brasileños que mejoraron su vida !

Nosotros combatimos las desigualdades y esa es la mayor cuestión brasileña. Ellos quieren profundizar las desigualdades.

Lo que ganará la elección es el argumento, la idea fuerza. Tenemos que tener una agenda política y hacer una reforma que está en la raíz de los males del país, que es la reforma tributaria.

En 2002 y 2006, los mismos conservadores de siempre nos querían desacreditar. Y no ganamos la elección en los gabinetes sino en las calles.

 

Fernando Haddad (alcalde de San Pablo) (fragmentos)

“¡Dirceu, guerreiro do povo brasileiro ! ¡Genoino, guerreiro do povo brasileiro !”

¿Quieren volver al neoliberalismo? ¿Al pasado? ¿A las tasas de interés que sólo interesan a los bancos? Esa es la vuelta al pasado que ellos quieren.

 

Lula (fragmentos):

Lo que ellos no admiten es el éxito del Gobierno.

No tendremos una campaña fácil -parecía que el Bayern le iba a ganar al Real y que Chelsea iba a ganarle al Atlético de Madrid.

¡No es sólo elegir a Dilma ! Es elegir gobernadoers, diputados, senadores ¡es garantizar una mayoría!

¡Tenemos que volver a hablar duro! En nombre del PT.

No podemos tolerar que los de nuestro grupo hagan cosas que, a título personal, no debe hacer. Tenemos que restaurar la imagen del PT. Y construir una nueva utopía en la cabeza de los jóvenes brasileños.

Creamos este partido a ser diferentes, para demostrar que es posible hacer política con P mayúscula. Hoy parece que el dinero lo resuelve todo. ¡Todo es una máquina de hacer dinero que está haciendo que el partido sea un partido convencional!

(Gritos de “¡El partido, el partido es de los trabajadores!”)

He acumulado de 12 años de experiencia para saber cómo una parte de la elite brasileña no nos soporta. No reconocen que creamos un mercado de consumo como nunca antes en este país.¡

¡Dilmita, querida, prepare la agenda que el Lulita estará con vos para ganar esta elección!

(“Olé, olé, hola ‘, Lula, Lula!” en la audiencia.)

Si estamos hablando de la educación, ¿en qué momento de la historia de este país ha invertido en la educación que se ha invertido en los gobiernos del PT?!

Teníamos tres millones y ahora hay once millones de jóvenes en la universidad. ¿Es poco? ¡Lo es!

Lo que me causa preocupación, Presidenta, es que el principal partido de oposición en este país es nuestra gloriosa prensa” 

¡Los adversarios no tienen discurso para enfrentarnos!

Temos dos desafíos. Uno es decir lo que hicimos. Si usted reúne a sus ministros, se va a dar cuenta de que el 80% no sabe el 30 por ciento de las cosas que hicimos. Si ellos no saben, el pueblo no sabe.

Nosotros precisamos darles a ellos (los asistentes al congreso) herramientas de trabajo para que ellos puedan responder.

Hay un programa dominical (Fantástico) que está hace 40 años y que todos los viernes hace publicidad. ¿Por qué? Si etán hace 40 años, por qué hacen publicidad. La Comunicación sabe lo que es eso.

Si vos pudieras, Dilma, hacé doce discursos por día. ¡Quien tiene que hablar bien de vos sos vos! 

(“O povo não é bobo, abaixo a Rede Globo”, se oye en la platea.)

No es posible aceptar el intento de la elite brasileña de tratar de destruir la imagen de una empresa que es orgullo de nuestro pueblo, que es Petrobras.

Hay un proceso en marcha que parece ser una cosa personal contra (José) Dirceu,  (José Dirceu) Genoino, o João Paulo (Cunha) e Delubio (Soares do Castro) (involucrados en el escándalo del Mensalao).

La persecución es contra nuestro partido, desde la elección de 2002, porque hicimos lo que ellos no hicieron en tantas décadas.

Deberían agradecer lo que el PT ha hecho en este país. Sólo el PT gobierna el país de forma republicana.

Tenemos que discutir el Marco Regulatorio de la Comunicación.

 

Dilma Rousseff  (fragmentos)

Recibo la misión honrosa y desafiante de ser precandidata del PT a la Presidencia. 

Presidente Lula, fue el compromiso con el pueblo brasileño lo que nos unió. Y ese compromiso es inquebrantable. 

Brasil supo defender, como pocos lo más importante: el empleo y el salario del trabajador y fue el país que mejor venció en esa batalla !

Lo que nos hace gobiernos de cambio es justamente la capacidad de vencer los obstáculos colocados por la vida y, también, por las fuerzas del conservadurismo.

Nos rehusamos a hacer lo que se hacía en el pasado. En el pasado, cosa que nuestra oposición tanto defiende, Brasil se defendía de las crisis bajando los salarios de los trabajadores, aumentando las tasas de interés a niveles estratosféricos, aumentando el desmpleo, disminuyendo el crecimiento, vendiendo el patrimonio público. Y no se contentaban con vender el patrimonio de Brasil. Alienaban con esa política desastrosa el futuro del país. Alienaban el futuro de nuestro pueblo y lo que es más doloroso, nuestra esperanza como nación.

Así, creamos 4,8 millones de puestos de tarbajo en mi gobierno. Junto con los ocho años de Lula tenemos el récord de más de 20 millones.

Fue por hacer cosas diferentes a las del pasado que también elevamos el poder de compra del trabajador y de la clase media. En los últimos 11 años el salario del trabajador tuvo un aumento real por encima del 70%.

Hay gente que dice, por ejemplo, que el salario mínimo está muy alto. Que es preciso reducirlo. Gente que dice que el desempleo está muy bajo y que es hora de aumentarlo, que el trabajador brasileño está ganando de más, que es hora de volver a reducir los salarios. Hay gente que dice que esta es la hora en que Brasil debe tener tasas de interés estratosféricas como en el pasado para atraer inversión especulativa, facilitar la vida de los rentistas y dificultar el crecimiento de la producción.

Con la excusa de defender la meritocracia, ellos defienden, en realidad, una universidad para ricos y blancos.

Hay fuerzas políticas que detestan todavía más los programas que sacan a las personas de la miseria. Al final, ellos nunca se preocuparon de los pobres de este país, con la distribución de la renta, con la superación de la miseria. Pero es es nuestra marca, esa es nuestra historia.

En fin, gente mía, hay gente que piensa que el futuro del país está en el pasado. En el pasado injusto y atrasado, en el pasado de la reducción salarial, del desempleo, del apagón, del FMI, de la universidad para pocos, del rentismo, de la venta dle patrimonio público.

No se engañen, esa es la agenda de ellos, esa es la agenda del retroseso. Es la vuelta del Brasil para unos pocos.

¡Yo no fui electa para recortar el salario del trabajador!

¡No fui electa para desemplear a las trabajadoras y trabajadorse de Brasil! ¡No fui electa para vender o cambiar el nombre de la Petrobras y entregar el Pré-sal! ¡No fui electa para mendigar dinero al FMI! ¡No fui electa para que la salud sea un privilegio de algunos! ¡No fui electa para hacer de la educación un camino estrecho! ¡No fui electa para barrer la corrupción debajo de la alfombra, como hacían! ¡No fui electa para colocar, de nuevo al país de rodillas! ¡No fui electa para traicionar la confianza de mi bueblo! 

Fui electa para gobernar de pie con la cabeza erguida. ¡Y eso es lo que voy a continuar haciendo, al lado del pueblo brasileño, con la ayuda de esa militancia increíble que siempre nos da fuerzas e inspiración!.

Mi agenda es otra. Es la agenda de quien está, de hecho, al lado del pueblo de Brasil. Mi agenda es la agenda del futuro. Es la agenda de quien ya hizo mucho y, por eso, puede hacer mucho más. Nosotros podemos hacer eso porque nosotros, el PT, somos la gran fuerza política innovadora de Brasil.

El rencor de los nostálgicos del pasado es la prueba de nuestro éxito, no del fracaso por el cual ellos tanto hincharon y tanto hinchan.

Ese nuevo Brasil no aceptará retrocesos, aunque ellos se disfracen de aparente novedad. De extraña novedad de medidas que ellos denominan “impopulares” cuando en realidad deberían llamarlas “anti populares”.

Brasil no volverá en el tiempo. No será conducido por el rencor, por el odio, por el resentimiento.

Quiero decir una palabra sober la Copa. Va a ser un suceso. Quiero transmitir algo que yo pienso “Es gracioso, nos encanta el fútbol! Somos el país del fútbol, por lo que seguimos todos los torneos, animando y divirtiéndonos. Ahora que está aquí en Brasil no podemos aprovechar… ¿Por qué? Porque la política no deja ….. deja a todo el mundo criticando, hablando mal de la Copa”.

El rumbo de Brasil es el futuro deseado por la generosidad, la solidaridad y el amor de nuestro pueblo, no el pasado querido por el rencor o el resentimiento de estos a los que ya derrotamos en tres elecciones presidenciales y que derrotaremos, de nuevo, en este próximo pleito. ¡Tengan cereza de eso!

¡Porque de ese nuevo Brasil que estamos construyendo no hay vuelta posible! ¡Vamos a avanzar en el rumbo cierto! ¡Avanzar siempre del lado del pueblo!

VIVA O PT!

VIVA O BRASIL!

VIVA O POVO BRASILEIRO! 

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¿Centro? #aaawwwwww

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Hay una hipótesis a la que nos vamos a dedicar a tirarle en estas breves líneas con todo lo que tengamos a mano, sin mucha sutileza, ni metodología.

Es una que indica que la Argentina que viene:

a) va de manera inexorable más “al centro”

b) que la presencia de (pre) candidatos como Sergio Massa, Daniel Scioli y Mauricio Macri nos está indicando, justamente, ese viraje.

c) que ese “centro” preexiste y está dado por un paquete más o menos armado de políticas públicas.

d) que cualquiera de esos precandidatos que llegue a la Casa Rosada va a hacer entonces más o menos lo mismo porque ese centro está prefijado.

Para decirlo en otros términos, que el próximo gobierno será “moderado”, más bien “racional”, que hará el combo de cambio y continuidad necesario, ni demasiado más acá, ni mucho más allá. Que ni Massa, ni Scioli, ni Macri son ultras, que irán a un cierto centro medio “atrapatodo”. Que ninguno de ellos “es para tanto” en términos ideológicos.

Pero eso puede no ser así por varias razones:

Y yendo más netamente al peronismo. Se dice que cuando el kirchnerismo deje el poder, habrá sido “una etapa más que ya pasó”. Es decir, una especie de mal sueño de excesivo giro a la izquierda y conflictividad.

No habría que confundirse. Una cosa es tener la viveza de notar que mostros como Néstor y Cristina Kirchner no salen todos los días en el mazo. Es decir, que diciendo y haciendo lo que han hecho Néstor y Cristina, en la Argentina realmente existente lo más normal ha sido perder y no ganar elecciones. OK.

Ahora: presidentes peronistas queridos en los barrios ricos y los barrios privados de nuestro país hubo uno solo. El que fue “una etapa que ya pasó” fue el menemismo. El kirchnerismo está metido de lleno en la tradición de cierto despelote que implica el peronismo. Una tradición que con el presidente a la cabeza o con la cabeza del presidente, no tendrá su último capítulo el año que viene.

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+a: ¿nos equivocamos todos?

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(De la redacción de este post participó sin reserva moral (?) Mariano Fraschini)

Sergio Massa, el candidato de moda, se está convirtiendo en una sorpresa.

Repasemos un poco. En este blog escribimos varias veces en 2012 sobre la cuestión de la agenda opositora. Por ejemplo, de si la oposición tenía una agenda que le iba a resultar redituable en aquel momento o no. O de si estaba en condiciones de definir -nada menos- cuánto de ruptura y cuánto de continuidad plantear con respecto al kirchnerismo.

Ya con el año electoral en marcha usamos el paralelismo de pensar en si la oposición podría generar un dirigente como el venezolano Hernán Carpiles, es decir alguien que aún siendo un opositor muy claramente identificable como adversario del Gobierno pudiera presentarse no como “la oposición sino como la solución”, como alguien que viene a “superar” y no a rechazar lo “positivo” hecho por el oficialismo.

Advertíamos, claro, que a Massa no convenía sólo escucharlo recitar su letanía de “mantener lo bueno y cambiar lo malo” sino también ver su lenguaje corporal. Un lenguaje que decía “soy yo, muchachos, no se equivoquen, voy por todo, soy yo”. El intendente de Tigre podía tener una lectura perspicaz de la realidad, pero era lo que era.

Entonces, ya con el resultado electoral puesto, aunque sea en la forma: “habemus Capriles“.

El año pasado, José Natanson acuñó la idea de los “políticos commoditie“, figura bajo la cual agrupó a Massa, Daniel Scioli y Martín Insaurralde. En torno a esa idea señaló:

Quizás el principal desafío pase hoy por la construcción de un peronismo de la normalidad. Si se mira bien, el triunfo de Massa, la candidatura de Insaurralde y el rol protagónico que adquirió Scioli refieren a tres dirigentes que combinan continuidad y cambio en proporciones variadas, que ofrecen una mezcla bien estudiada de barrialidad, sentido común y gestión, y cuyo perfil se explica en esa escuela de adaptabilidad y mimetización que es el conurbano (el duhaldismo como cultura política). Su ascenso tal vez pueda ser leído como un reflejo de la búsqueda por parte de la sociedad de un atemperamiento de las pasiones: políticos normales para un país normal.

Martín Rodríguez escribía al mismo tiempo sobre la existencia de una “generación intermedia“, dentro de la que señala a Massa. Decía Martín:

Es una generación cuya ubicación política es (casi) exclusiva: el peronismo. Comprende una franja etaria más o menos elástica, toda entre los cuarenta y los cincuenta años. Los hay menores, los hay levemente mayores. De aspecto juvenil, deportivo, con bajas calorías ideológicas y un modo de moverse en los medios: como peces en el agua. Son amigos de Jorge Rial, de Mirtha Legrand, de los Pimpinella, de Tinelli, de la crema. Es la “generación intermedia”.

Notemos como, de algún modo, en parte todos estos análisis que mencionamos hasta el momento coincidían en varios puntos.

Sin embargo, hacia diciembre y en enero algo comenzó a cambiar. Mientras se registraban las semanas de mayor vértigo económico para el Gobierno nacional,  Massa pareció empezar a volverse más nítido ideológicamente y nos preguntamos entonces si comenzaba a ir de la “caprilización a la descaprilización“.

Ese diputado poselectoral acumuló una seguidilla de acciones como:

1) Viaje a España para sacarse fotos con hombres prominentes del PP,

2) invitación al exalcalde de Nueva York, el “duro” Rudolph Giuliani para disertar sobre seguridad,

3) aumento del perfil público de Martín Redrado por sobre sus otros asesores económicos,

4) reuniones con la Mesa de Enlace con promesas de eliminar retenciones.

Todo eso ocurría ya cuando el periodismo del Canal América dejaba de sonar novedoso, campechano y desideologizado para pasar a tocar una canción vieja, rígida, en muchos casos derechista y que dejaba cierta inocencia o pluralidad en el camino.

En febrero, Massa se pronunció sobre el conflicto político en Venezuela. “El chavismo muestra el camino que no hay que seguir“. ¿Chavismo? ¿Política exterior? ¡Vaya, qué conceptos complejos dirigidos a los “millones de bonaerenses que nos dieron la confianza con su voto”! ¿Qué había pasado con la “agenda con los temas que le preocupan a la gente”?

En marzo vino “No al Nuevo Código Penal“, una increíble seguidilla de mentiras sobre el trabajo de la comisión creada mediante lo que Massa ha llamado en la prensa el “decreto seis siete ocho” (sic). Tema este que colocó al Frente Renovador en un lugar insólito: a la derecha de un obispo de Roma.

Ahora, la visita a Washington.

Tres cositas sobre esto, donde vamos mechando las conclusiones:

Este Massa pos-elecciones no quiere conservar “lo bueno” ni de Argentina ni de Sudamérica y lo dice. No tiene un discurso que “navega la ola” del sentido común, sino de fuerte ruptura incluso con algunos consensos interpartidarios logrados en la Argentina en los últimos años (Código Penal, ¿discurso del Papa?, Mercosur, relación con Estados Unidos). No camina sin la mochila del pasado, sino que desanda lo caminado. No pregona, como algunos afirman, el ideario de las “nuevas clases medias” creadas por el kirchnerismo, esas que llegaron a consumir un poco y desconfían de lo “ideologizado”. Impulsa, muy por el contrario, una agenda de ciertos acuerdos de algunos de los tipos más ricos del país.

Massa va así en contra del sentido común. Incluso en contra del sentido común del que “va ganando”. Carlos Menem sólo decía “síganme” y una serie de vaguedades. Según parece, el diputado ha decidido colocarse más cerca de un extremo para acumular un 40 % o más al estilo que en los medios lo hacen la Radio Mitre de Lanata & Longobardi o la cadena Fox. Bien clarito, con menos ambigüedades, ¿sin vergüenza?.

Foto.