fabriciopeloso

La desconfianza a lo ignorado y la información de los dominantes.

No es que a millones de argentinos les disgustaría que ostentemos índices de igualdad que se acerquen al óptimo. No es que a millones de argentinos les desagrade la idea de el país tenga una empresa de hidrocarburos que preste servicios con responsabilidad y de calidad en todo lo ancho de nuestro vasto territorio. No es que millones de argentinos se opongan furibundamente a que seamos en algún momento capaces de producir motores para camiones o tal vez medicamentos para el tratamiento de la enfermedad diabética. No es eso, no nos confundamos. Seamos capaces de interpretar con buen sentido lo que se nos presenta. Interpretar con buen sentido no es darles la razón a los miles de manifestantes que atiborraron las principales calles de las ciudades de la Argentina o a los millones que no lo hicieron pero que, de preguntárseles hubieran estado encantados de haberlo hecho. Tampoco es, como muchos de ellos lo han dicho, que mañana (por el día posterior a la convocatoria), la dirigencia gubernamental se siente a dialogar con quienes expresaron las demandas. De ninguna manera; las decisiones que el gobierno más legítimo de la historia política argentina (así lo creo) no son pasibles de ser negociadas, mucho menos cuando la contrapartida de ellas no son siquiera medidas, son su no-existencia.

Creo que la progresiva desaparición del estado nacional del escenario económico efectivo del país durante los últimos –por sintetizar- casi cuarenta años, ha erosionado en grandes sectores de la civilidad argentina el visto bueno hacia las bondades que su presencia podría darle al medio social de la república. Cuando la mayor crisis política, económica, social y cultural de la argentina moderna nos sorprendió hacia el inicio del milenio y millonadas de compatriotas reclamaron contra todas aquellas cosas que conocemos y no tendría sentido hoy renombrar, creo yo, estaban reclamándole al estado haberse retirado de espacios de control que mantenía en equilibrio tensionante (obviamente) ciertas variables de la economía argentina, aunque nunca lo hubiesen así creído ellos.

En los años de la estricta recuperación post-crisis (2002/2006), el ciudadano promedio no valoró de forma negativa la intervención estatal en el rumbo económico, la “supo” comprender.  Al llegar la estabilidad económica, ese estado no se retira del plano económico y, como si algo más quisiera, mete sus narices en lugares donde nunca lo había vuelto a hacer (Retenciones. Marzo del año 2008) involucrándose en disputas con sectores de la economía que supieron ser sacros. Fue aparente que este estado algo más que “recuperar” la economía quería. Pero, ¿qué quería?

El programa político-económico de Néstor Kirchner fue, y lo sigue siendo, un programa de desarrollo. Como me imagino que toda persona que a esta altura continúa leyendo con atención ese texto sabe, de ninguna manera las fuerzas del desarrollo pueden conducirse en un país sin una gran fuerza que, cargada de legitimidad, se presente como reguladora del juego controlando las variables competentes.

Controlar las variables del desarrollo, eso se quería.

Hoy, los disconformes reconocen un buen pasar económico del país en lo general pero, muestran fuerte convicción en que de ser proyectadas en el tiempo inmediato las medidas aplicadas por el frente de gobierno, el desmadre económico sería inminente o bien aseguran que la economía ya comienza a darnos signos de fisuras. Al preguntárseles si podrían ellos precisar cual sería en específico la cadena causal por la cual esas medidas culminarían en el desastre augurado, no son capaces de dar repuesta concisa alguna.

Un manifestante expresó a la cronista de la televisión pública que cubría el reclamo que el riesgo país había alcanzado los 1.066 puntos, sólo superado por el índice de Grecia. Ese fue tal cual el título que uno de los portales de noticias más visitados de la web le dio al acontecimiento (http://www.lanacion.com.ar/1522697-el-riesgo-pais-argentino-alcanzo-los-1066-puntos-y-solo-es-superado-por-grecia). El manifestante expresó también que Bolivia había conseguido una calificación lo suficientemente proba como para que haya logrado en los últimos años obtener créditos externos a una tasa de 4,87% anual, información que también pareciera haber sido extraída del mencionado articulo. ¿Sabía ese manifestante, ese hombre que seguramente quiere que la Argentina alcance niveles óptimos de igualdad, tener una eficiente y responsable empresa de hidrocarburos, así como seguramente también que lleguemos alguna vez a tener una industria capaz de sustituir bienes producidos hoy únicamente en las economías centrales, que ese índice lo elaboran las peores escorias del orden mundial en orden de perpetuar las jerarquías mundiales y castigar a quien pretenda desafiarlo a manera de que no nos sea posible arribar a esos objetivos? Además de desconocer siquiera el modo en que se elabora el mencionado índice, le respuesta es de seguro un rotundo no.

Les han sido negados a la sociedad argentina conocimientos de la terminología básica de la ciencia económica. Aquellas herramientas y conceptos que hacen posible integrar en un mismo debate a la ortodoxia y a la heterodoxia, y que aún sin siquiera ponerse de acuerdo en un insignificante ápice acerca de cómo proceder sobre el plano de lo real, hacen posible que unos y otros se comprendan.

Esto es lo que nos permite comprender como la gran mayoría de los argentinos desconoce los beneficios medulares que para el desarrollo implica que los dólares circulantes en un país permanezcan en su banco central.

¿Qué es lo que se nos presenta entonces? Creo que estos elementos podrían sumar para comenzar a perfilar un principio de entendimiento al problema, a esta verdadera incógnita.

Lo que pareciera pasar, a mi criterio, es que grandes bolsones de la sociedad argentina ven con desconfianza a la intervención directa del estado en la economía a causa de las experiencias políticas recientes y, ante la falta de comprensión de las variables que aún los países centrales aplican y aplicaron para su desarrollo no pueden comprender las intenciones del gobierno en ese sentido.

Pero carecemos aún del análisis un elemento clave: la información y su manejo en la cotidianidad argentina.

Al ser los medios de comunicación las fuentes por la cual la ciudadanía se informa de la actualidad administrativa del país, ya que sería imposible que cada uno de los ciudadanos tuviera la posibilidad de entrar cuando quisiese a los despachos de los funcionarios para informarse del por qué y del cómo de la aplicación de tal medida y de la discontinuidad de otra, la voluntad del periodismo es el tamiz necesario por el cual toda actualidad debe pasar en el camino de informar a esos ciudadanos acerca de la morfología de la gestión gubernamental.

Pero hay un grandísimo problema: los medios de comunicación en nuestros países, tanto gráficos como audiovisuales, están horrendamente monopolizados y son –aquí subyace uno de los meollos del problema- expresión y parte del establishment económico contra los cuales atenta el mencionado desarrollo soberano del país.

La desconfianza generalizada de amplios sectores de la ciudadanía argentina hacia un estado interventor, que carece de consignas claras y definidas, es “llenada” por las constantes proclamas de la corporación periodística hegemónica –como bien el ejemplo del riego país grafica- en contra del desarrollo económico autónomo y soberano que tanto los perjudicaría y,al país en tanto tal beneficiaría.