Faco

Todos somos iguales en esta granja

Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros. La frase de Orwell taladra todas las cabezas y se instala en el centro de la escena política. El mantra implícito que ninguno se atreve a pronunciar. Porque aclarar que muchos no somos tan iguales como otros, explicitarlo, sería la patada nucal inicial para empezar a discutirlo. Y re no da. Re no da debatir que otros sean más iguales que algunos. Ni siquiera que se ponga de manifiesto esa idea..

Pensaba en esto mientras argumentaba sobre los métodos de protesta en esta Argentina clasista y combativa, donde unos son más iguales que otros y entre ellos se pelean. La protesta no es la misma para todos.

La protesta era una hace más de diez años en la aridez y las bolas de pasto del Norte del país, donde nada quedaba ya. Para esa época la actividad económica era inexistente, se había reducido a cero. Nada había allí hasta que aparecieron los primeros piqueteros cortando la ruta.

Los piqueteros alguna vez habían sido obreros y alguna vez habían tenido trabajo, pero ahora no tenían nada. El suyo era un no-lugar, nada podían producir. Un trabajador con trabajo puede hacer paro, hacer huelga, hacer un sindicato. ¿Qué hace un obrero que no trabaja? Pues eso, nada. ¿O no?

Esa gente seguía teniendo algo: una ruta que atravesaba sus localidades y que era necesaria para llegar de un punto al otro del país. He ahí el piquete, la continuación de la protesta por otros medios, el último recurso de quien no tiene recursos. Si no hay trabajo para el trabajador, y el trabajador no tiene el cese de su trabajo como herramienta política, la única alternativa es el cese de la actividad de los otros.

Claro que una cosa es la única y última alternativa de los que nada tienen, y otra cosa es que sea sólo una de las tantas armas de un grupo de poder económico y político que disputa su renta con el Estado nacional. Recordemos: unos son más iguales que otros.

El campo, que de “él” hablamos, la levantó en pala durante seis años seguidos y como es lógico querían ganar un poco más y salieron a discutirle al Gobierno su porción impositiva. Que es esperable y entendible, están en todo su derecho de hacerlo en el marco de nuestra sociedad democrática, capitalista, horizontal y cristiana donde todos somos iguales y nadie hace nada.

Los ruralistas pueden desarrollar el plan de lucha más desestabilizador y vandorista del mundo sin que nadie tenga derecho a patalear. Lo que no se puede -o no se debe, porque nadie hace nada- es apropiarse de una metodología de protesta exclusiva de quienes no tienen nada. Porque si todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros, no se puede expropiar a los que pasaron de tener nada a tener un poquito.

Los sectores populares, esos que antes violaban el sagrado derecho constitucional a la libre circulación, se quedaron sin una forma de protesta, casi la única que tenían. Ahora es propiedad del campo. Como en una reforma agraria al revés, los agrogarcas ruralistas expropiaron a los sectores populares.

De ahora en más serán los piquetes de la abundancia. Serán cortes de ruta no porque no les quede otra, sino porque “con éste Gobierno no se puede dialogar”. Será el legítimo reclamo de impedir el tránsito y el abastecimiento de todos los argentinos en ante la muy repudiable, casi ilegal, falta de diálogo del poder ejecutivo. Será, en definitiva, la versión agreste del golpe de mercado. Pero difícil que el piquete vuelva a ser un método de protesta de los que no tienen nada, ni forma de protestar.

Lo mismo pasa con los llamados “escraches”. No eran de todos, todos esos que somos iguales. Eran de los grupos de Derechos Humanos. Ellos se habían quedado sin Justicia. Habían matado a 30.000 personas menos iguales que otras. Alfonsín había empezado a juzgar a los represores; después cerró toda posibilidad de hacerlo con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Menem los indultó y puso el último clavo en el cajón.

¿Qué les quedó a quienes reclamaban por los Derechos Humanos? Los represores en la calle, los muertos bien muertos, la justicia idem, y nada para hacer. ¿No podían hacer nada? Sí, “escrachar” a los represores que todavía estaban en sus casa y podían circular por libertad por los barrios. Denunciarlos ante los vecinos, ante el mundo. Ya que no estaban en la cárcel, donde debían estar, que su prisión fuera esa: no poder vivir tranquilos, no poder caminar sin que nadie les recriminara los asesinatos que cometieron.

El escrache también nació así. Como último recurso de los que no tenían recursos. Como continuación de la Justicia por otros medios. Única salida para aquellos que éramos iguales a todos, pero menos iguales que otros.

Pero no, ahora el escrache también es otra cosa. También lo expropiaron esos que tenían mucho y juntaron mucho más en estos años. El escrache era la alternativa única ante un Estado que no daba respuestas. Ahora es un arma de quienes más tienen para imponer sus políticas. El Estado los recibe, los funcionarios los escuchan, y hasta pueden votar a otros funcionarios.

Ellos, por el contrario, eligen la violencia por la violencia misma, no porque no les quede otra. Creen que tienen derecho a que el Gobierno, cualquier Gobierno, haga lo que debe. O sea, lo que ellos quieren. Todos somos iguales. Todos tenemos derecho a reclamar. Pero algunos son más iguales que otros, parece, y tienen derecho a que se cumpla lo que ellos quieren. Hasta que la escalada de agresión los transforme en inviables, hasta que sean repudiados por toda la sociedad, la violencia y la protesta serán suyas.

Despenalizada de hecho

Gracias a los últimos 6 años de gobierno, la posesión de ciertas drogas está despenalizada de hecho. Primero fue la postura blanda con la marihuana, después los amagues de Aníbal Fernández del año pasado con despenalizar al consumidor, y muchos más. Pero la verdadera avanzada la dio, casi en silencio, la Corte Suprema de Justicia reformada por Néstor Kichner que, lenta pero segura, viene fallando por la inocencia de los “criminales” en casi todos los casos. Como la absolución de una persona que plantaba marihuana para consumo personal, o según se informó hoy, el perdón para alguien que compró 15 pastillas de éxtasis para compartir con amigos.

La pregunta que cae de madura es: ¿Y si legalizamos de una buena vez? No voy a entrar en todos los argumentos sociales y económicos a favor de la legalización, que abundan y son conocidos por muchos. Simplemente una cuestión de práctica. Nos ahorramos que la persona con tenencia tenga que ser detenida por la policía y recorrer Tribunales durante 5 años para que al final la justicia lo absuelva. Te evitás el estigma social y el costo administrativo.

Aprovechemos ahora, estos pocos meses con mayoría legislativa. Porque así como en los últimos años, manifestar en la calle fue gratis, cuando vuelva la derecha va a volver la represión. Y ahí es palos y cárcel directo. Para el que reclame en la vía pública y para el pobre gil que agarren con cinco gramos en el bolsillo. Va a estar jodida la cosa. Digo, una idea nomás.

Tocar de oído

Si hay algo que todos los argentinos somos, por definición, es Directores Técnicos, Pilotos de Fórmula 1 y, ante todo, Psicólogos. Todos sabemos diferenciar a los freudianos de los lacanianos, a estos de los conductistas y a los tres de los gestálticos. Entendemos todo, claro. Entonces con escuchar cinco minutos a una persona ya sabemos cuál cuál cuál es su estructura psi (ay qué bonito decir “psi”, da re profesional), sus patologías, los traumas que arrastra de la infancia, el número de la tarjeta de crédito, la última medición de colesterol, y lo que tiene que hacer para resolver sus problemas. Es facilísimo, si te lo digo yo, perejil. No hay neurosis que no sea entendible en dos rondas de cortados, que no se explique en un paseo por la calle Corrientes, que no se resuelva tan rápido como cambiar un cuerito.

Pero lo mejor de todo es cuando nos ponemos a resolver problemas cotidianos, analizados desde la psicología. Así, mi auto no arranca porque tengo una relación fálica y enfermiza con él, producto de un edipo mal resuelto; vos no podés conseguir laburo por una estructura obsesivo compulsiva de aferramiento a lo pasado, originada en que tus viejos nunca te llevaron al Ital Park; y la recepcionista de la oficina te atiende con cara de orto porque es una histérica y necesita una buena poronga, que es la solución universal a todos los problemas.

Y el problema, precisamente, es que arrastramos este comportamiento a la política. Que tal es inestable. Que tal es histérico. Que tal se aspira tres rayas de merca y termina charlando con los cóndores. Es peligroso, no debería ser así. Porque de la misma forma que no alcanza con pisar los pedales para determinar que hay que cambiar el carburador, tampoco se puede diagnosticar psicológicamente a una persona con escucharla hablar cinco minutos.

Por eso me parece absolutamente irresponsable que Aguinis diga que la presidente es bipolar y narcisista (“andateconchuda” le faltó nomás) después de admitir que nunca habló con ella. Lo mismo me parece una falta de respeto cuando decimos que Carrió se pasó de pepa en el desayuno y tiene delirios gástricomísticos que le hacen ver el futuro, cuando seguramente nunca la tratamos en persona. Es lo mismo que un gasista que intente arreglar un calefón por celular, es tocar de oído. Una total irresponsabilidad política más cercana a la chicana berreta que a un argumento. Y se lo perdonamos a la tribuna, pero también lo usamos como argumento serio. Lo decimos periodistas y políticos, y así revalidamos lo berreta como discusión política.

Pero la mayor ofensa es que tales afirmaciones traen implícita la idea de que una persona bipolar, narcicista, conchuda o con delirios místicos no puede ejercer un cargo público, o el más alto de todos ellos que es la Presidencia. Porque si hay algo que todos los argentinos somos, además de Directores Técnicos, Pilotos de Fórmula 1 y Psicólogos, es loquitos de mierda. Y mirá si vos, neurótico del orto, vas a venir a decir que la conchuda bipolar no puede ser Presidente. Te lo digo yo, un narcicista anal obsesivo y compulsivo, peregil.

Enseñanzas del otro lado del muro

El Muro de Posse

Algunos ya lo sabrán, y los que no, se enteraron en la reunión de bloggers del sábado pasado. Lo confieso: trabajo en Perfil.com y soy el encargado de las nota simil “La Obscena Usina Ideológico-Cibernética de Bloggers del Gobierno”.

Hablando en serio, estaba en la redacción el miércoles cuando me avisaron sobre el nefasto muro que Gustavo Posse quiso instalar en Villa Jardín, sobre la avenida Uruguay, en el límite entre San Fernando y San Isidro. Pedí hacer la noticia, tuve una breve discusión con mis editores -que consideraban más urgente e importante escribir sobre una reunión de Bloggers a celebrarse la semana que viene en General Roca, y no, no estoy jodiendo- y al final hicimos la típica nota mechando cables con lo que informaba la televisión. Quienes hayan trabajado en algún medio me entenderán.

No me caracterizo por ser un periodista de trinchera, más bien soy un oficinista de la noticia. Pero había algo sobre la noticia -acaso lo injusto de la medida, la indignación, no lo sé- que se me hizo irresistible. Así que volví a casa, agarré mis utensilios de reportero, y le pedí a un amigo con auto que me arrimara hasta la Franja de Zona Norte.

Cabe aclarar que vivo en el primer cordón del conurbano norte, más precisamente Vicente López, y suelo transitar más la Capital que cualquier otra zona. Sí, ya puedo ver a los oscuros peronistas del GBA profundo dejando de leer, por no mencionar a mis clubes de fans plegando las banderas y tocando las puertas de los fundamentalistas de Arjona. Lo que quiero decir es que estoy acostumbrado a un paisaje urbano, y mi noción más completa de cómo debe ser una villa (aunque Villa Jardín es más bien un barrio humilde) termina en la 31. Por eso me impresionó un poco lo que ví, además del lógico ascenso testicular a la altura de la tráquea, propio de la supervivencia darwinista.

Allí estaba el mentado muro (10 pilares de fierro y cuatro bloques de concreto), pintarrajeado con consignas anti-Posse; los buenos muchachos de la mejor policía del universo, la bonaerense; varios reporteros; y finalmente esa categoría mediática tan linda que es “la gente”, en este caso protestando contra el paredón, algunos batiendo los parches de un bombo, y otros mirando nomás.

Parte de lo que vi lo conté en esta nota, otra parte salió esa misma noche cuando me llamaron los compañeros de La Bloguera para salir al aire. Pero había más: primero y principal, la ausencia del Estado, esa que tan bien caracteriza Manolo. En Villa Jardín hay algunas escuelas y jardines de infantes, y en ese momento en particular estaban la policía y algunos funcionarios municipales. No recorrí todo el barrio como para asegurar que el Estado no existe, y al fin y al cabo estamos hablando de San Fernando, que no es ni por poco la localidad bonaerense más carenciada. Pero la ausencia estatal se palpa, se siente.

Lo otro que vi fue esto:

Villa Jardin

Banderas del Evita. Y sí, los movimientos sociales. Eso, y un par de chalecos de ‘Moyano Conducción’. Ergo, el sindicalismo. Ordenando frente a la avanzada, digamos. No descubro la pólvora tampoco, sólo vengo a contarlo.

No sé si ya es hora de hablar de repliegue o no. Pero sé que las disputas que se vienen, sean al avance o a la defensiva, no podemos pelearlas sólo con el sindicalismo, como bien señala Alejandro en su último post. También hay que pelearla en el territorio, el campo de batalla político del futuro. Hay que mantener los que se tengan y conquistar los que falten (citar a Manolo acá es inevitable). Si nos ganan ahí, muchachos, estamos fritos.

De Perón a los bloggers

Participamos ayer de la reunión de bloggers en la Asociación Bancaria, que fue muy divertida y sobre la cual cada uno publicará sus impresiones en su propio blog. Quienes teníamos firmes intenciones de seguir rosqueando y pateando tachos la seguimos primero en Las Cuartetas (no encontramos dónde comer choripán a esa hora y en esa zona) y luego en el café La Paz (por el revival setentista).

En medio de debates sobre las próximas elecciones, los medios de comunicación, facebook y la inmortalidad del poroto, me puse a hablar con el gran Manolo sobre la forma en que los blogs operamos de manera independiente, caótica, desordenada, y quilombera… O sea, a lo peronista. Manolo me citó el texto que Perón envió a la resistencia en 1956, que decía “Cumpla, dónde y cómo pueda, las siguientes instrucciones”.

Se me ocurrió entonces que el Pocho podría tener algún otro consejo para el momento en el que vivimos, y acudí a revisar en los archivos. Me fijé en sus libros, en los Cursos de Conducción Política de la Escuela Superior Peronista y hasta en las cartas desde el exilio, pero sin éxito. Finalmente, encontré un texto póstumo: una conferencia dictada desde San Vicente, fechada el 4 de abril de 2009, que transcribo a continuación.

A ver si podemos entrar a blogger desde la Olivetti…

Compañeros:

Mucha agua ha pasado bajo el puente desde que abandoné esta tierra, desde que no me dirijo a mi pueblo. Retorno en esta ocasión para encomendarles una misión especial. Saben que está en juego el destino de la patria, como siempre en los últimos 65 años.

La antipatria estará debilitada, y sus argumentos se quemaron con la crisis, pero eso no quiere decir que no aspiren a llegar al poder para imponer su consenso. Por eso considero que el objetivo estratégico fundamental que nos debe ocupar ahora es evitar el avance de la derecha en las próximas elecciones.

Sabrán que no todos los sectores del movimiento deben cumplir una función idéntica y única: eso es minar su potencial. Les toca una tarea especial a ustedes los bloggers, sean peronistas, nacionales y populares, y hasta marxistas-leninistas; no importan las diferencias cuando hay que tirar todos para el mismo lado, no podemos caer en sectarismos, considerando que el nuestro es un movimiento amplio.

Lo primero es delimitar el terreno en el que operan. Recordemos que Argentina tiene 3 millones de conexiones de banda ancha hogareña, de las cuales el 70% está concentrada en el Área Metropolitana de Buenos Aires, y el mismo porcentaje pertenece a sectores medios y altos. Quienes no acceden a internet desde su casa, lo hacen desde la oficina. Para ellos, primero está el trabajo, luego chequear los mails, leer sitios de noticias, entrar a Facebook, y recién ahí llegan a los blogs. Deben entender cómo piensan y cómo actúan, pues ese es su ámbito de influencia primordial, y a ellos principalmente deben apuntar su mensaje.

La forma en que funcionan cada uno de sus blogs es perfecta, me gusta. El fallecimiento de Alfonsín fue el caso paradigmáticoa: cada uno salió a exponer sus argumentos en desorden pero sin violencia, según su especialidad (algunos desde la economía, otros desde la política), y sin ningún orden vertical establecido. Hacen bien, no pueden esperar una orden de la conducción. Yo ya no puedo darla, y probablemente nunca la tengan. Deben funcionar como la vieja resistencia, como unidades independientes y autónomas, como en el arte del swarming. Lo vienen haciendo bien, muchachos, mantengan el rumbo.

Pero aquí nos topamos con algunos problemas y límites. Quienes leen sus blogs suele ser un círculo reducido, aunque cada vez más amplio, de personas que mantiene una cierta línea de pensamiento. Si bien la llegada aumenta, para decirlo en criollo, no vamos a convencer a demasiada gente que no esté ya convencida de ciertas cosas. Tenemos que ampliar la forma de operación sobre esos millones de usuarios de internet, llegar a ese público de los sectores medios que piensa que toda la política es corrupta y no entiende la manipulación mediática, como bien señala el compañero No.

El mensaje a difundir debe ir en contra de los políticos de derecha y sus candidatos, y del manejo de los medios de comunicación sobre los temas trascendentales, o los que ellos instalan como tales (caso inseguridad). Para extender el mensaje, debemos expandirnos hacia otras formas de difusión que ofrece internet.

Los blogs tienen un desafío: el usuario promedio sólo lee tres segundos de la página a la que ingresa. El último post debe secuestrar su atención en esos ínfimos tres segundos, o pierde a ese lector y se queda con su base habitual de seguidores. Es difícil de lograr, involuntaria o conscientemente, y hay que tener un cierto estilo para escribir los posts que a veces cuesta conseguir.

Por eso, una alternativa viable son las cadenas de correos electrónicos, esa herramienta tan bien usada por la derecha. Recordemos que revisar el inbox es una de las tareas primarias y fundamentales de todo internauta. Pero no sirve de nada copiar posts íntegros o párrafos de Carta Abierta con la ilusión de que alguien lo lea. La idea es adaptar el mensaje a un formato más simple y entretenido, y difundirlo a todos sus conocidos.

Aquí sería bueno recopilar información de varios blogs para difundir por mail. Vuelvo al ejemplo del fallecimiento de Alfonsín: ante el hecho político, sacar un pedacito de cada post para armar una argumentación general. Bombardear las casillas con mails bien explicados, pero claros y breves, puede ser una de las formas más efectivas de campaña, aunque debe usarse con moderación. Si a la persona que lo lee le gusta, lo reenviará. El caso de Suponete, de los muchachos de Un Día Peronista, también es paradigma.

El otro medio a explotar es ese zaguán virtual conocido como Facebook. Para quienes aún no lo usen, se trata de una red social para mantenerse en contacto con familiares, amigos, compañeros laborales y cualquier persona que uno quiera buscar. No me parece demasiado útil crear grupos de “En apoyo a tal cosa”, aunque en algunos casos es bueno y recomendable. Me refiero a usarlo como territorio de terrorismo ideológico y debate express.

¿Cómo es eso? Pensemos lo siguiente: cada persona tiene unos 100 amigos en Facebook. De esos, la mitad deja de chequear mails y se pone a navegar la página. Si la persona publica un mensaje (recuerden: breve, contundente), por ejemplo, con un argumento contra un político de la oposición, lo leerán las 50 personas que entren a Facebook en ese momento. Algunos lo pasarán de largo, otros leerán y muchos menos responderán, pero el mensaje ya está en el aire y en el inconsciente. Un hit and run de pura impunidad.

Por la tarea que vienen llevando a cabo hasta ahora, compañeros, sé que puedo confiar en ustedes para seguir estas instrucciones, y confío en que sabrar encontrar nuevos caminos. La victoria no depende sólo de ustedes, pero si llevan a cabo su misión, habrán ganado un poco más de terreno en el camino. A triunfar.

Juan Domingo Perón

Net1: Si Keynes viviera, pondría banda ancha

¿Qué es más importante hoy para un pueblo aislado, que pase el tren o que llegue la banda ancha?
José Natanson

Es innegable el rol de Internet para democratizar la información. Sólo en la red puede existir una comunidad horizontal de personas que compita cabeza a cabeza con el más poderoso de los multimedios. Todavía en Internet David puede cascotear a Goliat, como mostró ayer Pablo.

La web puede cambiar la forma en que se distribuye la información, reformatear los medios de comunicación. Puede revolucionar la educación y cambiar la forma de hacer política. Pero para eso no podemos dejar Internet a su suerte. Hay que ayudar a la red.

Lo primero y principal es conocer la infraestructura de internet en nuestro país. Sobre 40 millones de argentinos, la mitad tiene acceso a Internet, y pasan unas 22 horas semanales promedio frente a la pantalla (fuente).

En Argentina hay 3 millones de conexiones de banda ancha hogareñas (fuente). Más de 7 de cada 10 (71,7%) de esas conexiones está en Capital Federal y Gran Buenos Aires. Las provincias están muy lejos: Santa Fe tiene el 7,1%, Córdoba un 6,9% y Mendoza 2,7%. Los 20 distritos restantes poseen menos de un punto de las conexiones cada uno (fuente). Lo que se dice un panorama muy poco federal.

Ocurre que no es fácil armar una infraestructura de internet en un país tan grande, con una población tan dispersa y poco concentrada (apenas 14 personas por kilómetro cuadrado). Un amigo que trabaja para una empresa telefónica me explicó que levantar una torre y tirar un cable de un lado a otro para conectar a la red es muy caro. A las empresas sólo les conviene hacerlo si tienen un cosumo garantizado que les genere suficiente ganancia para justificar el gasto.

Para el usuario, internet tampoco es barato: una computadora básica se consigue por 1.000 pesos. Un abono con cualquier empresa proveedora del servicio ronda los 70 pesos. Eso es casi el 6 por ciento del salario mínimo de $1200.

Entonces, ¿cómo se conecta a internet esos 2/3 de la población del país que no están en el Área Metropolitana de Buenos Aires? ¿Cómo acceden a la red los sectores de menores recursos?.

El cibercafé, esa isla social

Unas seis millones de personas (tres de cada diez) que se conectan a internet provienen de las clases bajas. Su salida, o mejor dicho entrada, es el famoso “ciber” de barrio: donde haya un kiosco, un locutorio, o una mercería con suficiente espacio, allí habrá media docena de pibes usando el MSN o jugando al Counter Strike. En 2006, sólo en Capital y GBA, existían más de 6.000 locales de este tipo; hoy se estima que llegan a 10.000 en todo el país.

Además, mientras que un tercio de las personas (34%) “debuta” en internet a través de su conexión hogareña, casi la mitad (42%) llega a la red por primera vez en un cibercafé. Tampoco es un dato menor.

Acá puede verse el costo social de la falta de banda ancha. Para quienes no pueden pagar una conexión propia, el cibercafé es una alternativa cara. La hora de uso cuesta entre $2 y $4, y una persona puede pasar entre 10 y 20 horas semanales allí. O sea, una persona de bajos recursos puede llegar a gastar entre $80 y $240 mensuales para conectarse a la red. ¿Alguien se acuerda a cuánto estaba la canasta básica?

Algún lector vivo me dirá que internet no es un derecho humano (todavía) y que un pibe primero tiene que comer e ir a la escuela antes que jugar al Counter. Que la fibra óptica no se come, bah. Y tienen razón, es cierto. Pero para comer, ese pibe necesita que su familia tenga trabajo. Y para eso puede que su padre tenga que manda curriculums y revisar a ver si obtiene una respuesta. ¿Cómo lo hace? El pibe que necesita estudiar un idioma, o buscar un texto, ¿va a acudir al Billiken, al Manual del Alumno Bonaerense? ¿O va primero a YouTube y Wikipedia? Si su madre tiene que pagar una factura, ¿va a hacer un viaje largo con el riesgo de que le afanen los pocos pesos que tiene, o la va a pagar online si puede? ¿Cuánto más barato es chatear con un pariente que vive en el exterior que comprar una tarjeta telefónica?

Ni siquiera hablo del acceso a la información que los medios masivos de comunicación manipulan o censuran. En definitiva: ¿Se entiende de qué hablamos cuando hablamos de “brecha digital”? ¿Puede negarse que la falta de acceso a internet sólo agrandala distancia entre ricos y pobres? ¿Que la brecha digital es en esencia una brecha social?

Instalar banda ancha es agrandar la Nación

Volvamos sobre la frase que abre el post. Gran parte de la actividad económica corre por los cables de la red, que es imprescindible para el funcionamiento actual del mercado interno. Pero también puede ayudar a estimularlo. Internet será uno de los pocos sectores que seguirá creciendo a pesar de la crisis.

En su paquete de reactivación de la economía, Obama invertirá 7.000 millones de dólares en desarrollar banda ancha de alta velocidad, de media velocidad, e inalámbrica. Ya que tanto nos ufanamos de que Barack es peronista, bien podríamos imitarlo al menos una vez.

Repito que instalar fibra óptica en Argentina no es barato. Esto no es como Corea del Sur, un país del tamaño de Entre Ríos donde vive tanta gente como en Argentina (40 millones), de los cuales el 95% tiene acceso a internet. Por un tema de espacio, revoleás un cable y aterriza en Corea del Norte. No obstante, creo que vale la pena empezar a pensar cómo integramos al resto del país, a los pueblitos perdidos que necesitan más la llegada de internet que la vuelta del tren.

Otro tema para pensar es el hardware. ¿Cómo llevamos computadoras a lugares que ni siquiera tienen electricidad o agua potable? No la veo mucho a Alicia Kirchner subida a un camión, septiembre de por medio, repartiendo laptops. ¿Abrimos cibercafés estatales, y que los chicos entren boletín en mano? ¿Reforzamos el rol de la escuela para esto? Una netbook básica se puede producir por 200 dólares. ¿Subsidiamos desde el Estado la fabricación de una PC Argentina a precio accesible?

Acá ya pueden empezar a tirar ideas ustedes. En el próximo número la seguimos.

Link Recomendado – “Brecha digital: la función social de los cibercafés”

Autor de la foto

Último Momento: Se conoció al autor intelectual del golpismo de Carrió

El benemérito diario La Voz del Interior nos informa hoy que una “Secta amenaza con derrocar a Cristina antes de fin de año“.

Una vez adentrados en el artículo nos enteramos de que “la secta católica está dirigida por Segundo Rolón, un ex diputado peronista por la provincia de Buenos Aires que integró el grupo Guardia de Hierro entre 1983 y 1987, de la mano de Herminio Iglesias”.

Este becerro de oro, bochado de la Escuela Científina Basilio que dirigiera el inefable Hermano Daniel pronostica que el próximo 31 de este mes se producirá “la caída de todas las instituciones, todas. Caerá el gobierno actual de Cristina Fernández de Kirchner y todos los demás gobernantes; junto con los ricos y los que se creen poderosos”.

Un poco de googleo nos arroja esta noticia, con más detalles sobre su profecía (warning: contiene párrafos de lisérgico vuelo literario, consuma bajo su propio riesgo), y el blog de don Rolón, en el que explícitamente se rebautiza como Pedro II, el verdadero Papa Peronista, “siervo de los siervos fieles a Jesús”. Los textos del mismo son inclasificables.

Mi insaciable sed de verdad y pasión por el periodismo me llevó a contactarme con Pedro II, digo, con Segundo Rolón, para pedirle más detalles sobre sus predicciones, y ver si podía escribir una nota al respecto. Como respuesta, recibí en mi casilla de correo electrónico una serie de textos que aún no pude analizar en profundidad.

De toda la parrafada, no me interesan más que estos tres últimos extractos

Es tan grande la necesidad de este pueblo porque está en un estado de emergencia, en el cual es imprescindible, obligatorio, el paso de la Argentina muerta a la Santa Argentina.

Los últimos de estos tiempos serán los primeros beneficiarios del gobierno de Cristo, Rey de reyes. Su Plan de Gobierno es sencillo: es para los pobres; a ellos hay que llevarles lo que les han quitado. Así incluimos a todos, tengan o no tengan, porque, en realidad, es para salvarlos a Todos.

Todas las políticas de desarrollo espiritual y humano están dirigidas, y serán aplicadas a los que nunca tuvieron nada, excepto la esperanza firme en el Padre celestial, María y sus hijos elegidos. Que así sea, si así lo sienten todos y cada uno de los habitantes de este suelo. 

En resumidas cuentas, no sólo la comunidad blogger toda, sino hasta un peronista de derecha con delirios místicos es capaz de darse cuenta de que hay que hacer gasto social. Mientras, el gobierno sigue pagando aguinaldos desorbitantes para que consuman más los que ya consumen (y que en algún momento dejarán de consumir y empezarán a ahorrar, realentizando la economía).

Néstor, Cristina, Alicia, teléfono. ¿O lo tengo que llamar a Horangel para que se las explique?

Miedo

Tengo miedo, nene, como diría el Bambino. No, no es el miedo de salir a la calle, que me maten, me organicen una marcha por la inseguridad y la Cadena Televisiva del Pavor (TN, Crónica, C5N, siguen las firmas) repitan la noticia ad nauseam. No, no es eso. Me da miedo el pos-kirchnerismo, mamá.

Porque sí, hay que vivir el momento. Pero no sabemos qué va pasar en el 2009. Ni hablar del 2011. Me da mucho miedo pensar en qué va a pasar con el país cuando el-proceso-que-comenzó-en-2003 abandone el poder. Sea cuando sea. Porque va a pasar, es inevitable, y lo más probable es que la salida sea por derecha.

Pero no es eso lo que me quita el sueño a la 1.20 de la mañana tras la Reunión Dominical y Choripanera de Bloggers Peronistas. Lo que no me deja dormir es pensar en qué será de nosotros cuando ese proceso haya terminado. Me refiero a “nosotros” en términos de esos incorregibles, rentados, arriados por el chori y la coca, incondicionales, soberbios, agresivos, fundamentalistas cyber ñoquis K. O sea, exagerando, todos aquellos que de una forma u otra hemos expresado nuestro apoyo al gobierno y/o a algunas de sus políticas, tanto en el terreno virtual como en el llano.

Estoy convencido de lo que pienso, y sé que la mayoría, sino todos, de ustedes también. Pero en lo más profundo tengo miedo de que estemos cometiendo un error histórico. De que hayamos meado fuera del tarro. De que mañana, en 2009, 2011, o cuando sea, despertemos y nos demos cuenta de que fue todo una ilusión. Que todo lo que dijimos y creímos estaba mal. Porque, pienso, en todos los procesos histórico-políticos ha habido pensadores, intelectuales, y hasta gente como yo que no es ninguna de las anteriores, que ha apoyado ideológica y sinceramente, creyendo en lo que decía.

Mi miedo es que, a los ojos de la historia, el kirchnerismo quede como un neomenemismo, y nosotros como sus ideólogos. Paradojicamente, cuando pienso eso es cuando mayor alivio me da, porque recuerdo que los el menemismo no tuvo ideólogos mayores que Bernardo Neustadt, Moisés Ikonikoff o Jorge Asís(*). En cambio, de sólo mirar las firmas al pie de la Carta Abierta, me reconforta pensar que, como proponía un Capusotto Punk en Cha Cha Cha, “seremos boludos, pero somos una bocha”.

Mi otro miedo es a la Lizfassilavallización (?), a volvernos parias, a ser rechazados por la sociedad. Por suerte, choripán en mano, Diego F. se encargó de sacarme de mi preocupación, equivalente a la de un ciego a que se le meta algo en un ojo. “Ya somos parias”, me dijo. Y es un poco cierto. Somos incomprendidos y mirados como extraterrestres, más en los ámbitos clasemedieros porteños en los que nos movemos la mayoría de nosotros. Yo, por ejemplo, tengo pavor de decirle a mis suegros que soy peronista, a ver si me pasa lo que le pasó a Mendieta.

Son temores en offside, es cierto, acaso un poco infundado, pero me asaltan a veces. De todas formas, como toda perspectiva hacia el poskirchnerismo, es lo que hay, por ahora. Hasta que no cambien los escenarios, tendremos que seguir en esta. Si estás en el baile, tenés que bailar. O como siempre dice una amiga: ya que nos vamos al infierno, que sea por la puerta grande.

(*) Para hacer justicia, puede que el menemismo haya tenido mejores y más presentables idéologos. Pero en 1989 tenía tres añitos, así que puede que mi visión de la época esté un tanto incompleta, digo. Si quieren corregirme, ahí están los comentarios.

El arte de la guerra

“El verdadero Tao es el Tao del que no puede hablarse”, dice el Tao Te King en su capítulo primero.

Aún así, intentaremos decir que el taoísmo sostiene que toda situación está constituída por dos elementos (A y B) a los que les corresponde una solución (C). Pero las soluciones C no son universales, sino que dependen de lo que constituyan los elementos A y B.

Esto implica que una solución que puede ser beneficiosa en un caso, puede resultar intrascendente y hasta perjudicial en el otro.

Este principio, dicen, es fundante del I-Ching y de las artes marciales taoístas. Las artes marciales se basan también en otro fundamento: la sorpresa.

Los golpes deben ser certeros a la primera vez, o fallarán también la segunda. La espada debe permanecer envainada, pues fuera de la funda es más debil y predecible.

Este concepto podría ser de Sun Tzu en el Arte de la guerra, pero mi generación lo aprendió Los Caballeros del Zodíaco. En definitiva, contiene la idea de que la violencia tiene fuerza como recurso en tanto esté censurada, porque cuando la violencia se generaliza, ya no tiene argumentos.

Escribo esto mientras veo a Alfredito De Angeli pasearse como un toro embravecido por las calles del Congreso, en busca de repudiar un proyecto que su organismo de pertenencia (la FAA) ya apoyó. Amenazando, una vez más, con cortar las rutas si no liberan a unos detenidos.

Esperen sentados en la comisaría, muchachos, las hordas de caceroleros enfurecidos. Aguanten y resistan, mártires provisionales, que ya vienen los gauchos, reserva moral de la patria, a bordo de sus tractores para liberarlos y liderar la toma de la bastilla. Ya los oigo venir.

Los cientos de miles de ciudadanos libres, clasemedieros y autoconvocados que se juntaron en el Monumento a los Españoles para enfrentarse al zóologico de peronistas feos y rentados, se fueron a sus casas y no se hablaron más. Lo mismo hicieron los líderes opositores.

Hoy está cada uno en la suya, esperando el milagro para 2009, o tejiendo por otro lado con vistas un poco más allá. La Mesa de Enlace está al borde de ser el cabaret boquense. Y esto De Angeli no lo pudo evitar. No lo tolera. Y parece que tampoco lo entiende.

Por eso patalea y amenaza, porque no le queda otra. No supo construir política, o no quiso hacerlo por ese rechazo de la gente como uno a la política. Sólo le queda agitar la bandera de la guerra. De nada le servirá si ya olvidó que, invirtiendo a Clausewitz, la política es la continuación de la guerra por otros medios.

La quinta pata del movimiento

Al mundo lo hicieron los albañiles y al peronismo lo hicieron los obreros. No por nada uno de los partidos que enarboló la candidatura de Perón era el Laborista. Con el ingreso al sistema de poder real, se incorporaron los políticos. Y con la militancia por los derechos de la mujer y la conquista del voto femenino, las mujeres se hicieron peronistas.

Quedaron así conformadas las tres ramas fundamentales del Movimiento Nacional Justicialista: la sindical, la política y la femenina. En 1957 se crea la Juventud Peronista, pero no es hasta los ’70, cuando se masifica la militancia, que se crea la cuarta rama, la juventud.

Esta división no era ficcional, ni formal, todo lo contrario, sino que fue dándose según era necesario poner orden dentro del Movimiento y darle a cada actor su lugar de acuerdo a su peso específico.

En la coyuntura actual es necesaria la incorporación de un actor cuyo peso es despreciado y hasta ignorado por la mayoría de la política argentina. Son al menos dos millones de personas, repartidos en todo el país pero, como siempre, concentrados en Capital y Gran Buenos Aires. Aún están dispersos, pero tienen gran capacidad de organización y novedoso manejo de la comunicación, en especial a través de las nuevas tecnologías. Y cada vez son más.

Hablo, por supuesto, de los floggers. No, no es joda. O no del todo, veamos.

Fotolog.com dice que hay unos 2,7 millones de fotologs de Argentina. Descontemos duplicados y cerrados, nos quedan dos millones. Dos millones de pibes. Dos millones de “ciudadanos” (ay), de los cuáles comenzarán a votar algunos en 2009, otros en 2011, y otros recién en 2013. Atenti, nunca es muy temprano.

Los hay entre desde los 8 años, pero la mayoría tiene entre 13 y 17. Van al secundario (o polimodal), privado o público. Eso les deja mucho tiempo libre: pasan unas cinco o seis horas frente a la computadora, subiendo fotos, firmando otros fotologs, y demáses.

Pertenecen a la clase media (algunos) media-alta (la mayoría) y alta (pocos). ¿Cómo, sino, van a tener cámara digital de fotos y computadora personal para ejercer de floggers? Algunos usan la del celular y van a un cyber, sí. En Argentina, la brecha digital no es necesariamente por clase: el cyber democratiza el acceso a la red en lo más profundo del conurbano.

Son hijos del menemismo. La mayoría no conoce a Alfonsín. Maduraron (o no) durante el kirchnerismo. Los 90 fueron la infancia feliz de Disney y el 1 a 1. Atenti, acá el problema mayor: difícil movilizar a un grupo para quienes el menemismo fue la edad de oro, un recuerdo borroso y feliz. Hay que trabajar.

¿Vale la pena? ¿Por qué? Por lo dicho: son dos millones, son jóvenes. Pronto saldrán del útero escolar y se tendrán que enfrentar al mundo laboral, mucho mejor que el de hace 5 años pero aún muy mejorable. Muchos asistirán a universidades privadas, es cierto, pero quienes vayan a la UBA se toparán de frente con que, caramba, también hay un país.

Como dijo Escriba, Cumbio tiene 25 millones de visitas y es un hecho político. Junta gente en sus reuniones. ¿Fueron ustedes a las escalinatas de Agüero en el Abasto un fin de semana? Eso es poder de convocatoria sin parábolas.

Son pendejos, me dirán. Se les va a pasar. Ahora lo único que les interesa es ir a bailar, y cuando crezcan sólo les interesará cuidar su quintita. Son de una clase que nunca apoyará un proyecto popular. Nunca harán nada productivo.

Todas son réplicas válidas, es cierto, pero no lo suficiente como para no intentar. Si los blogs son una herramienta de acción política, ¿por qué no los fotologs? Es casi la misma plataforma en distinto

Hay gente, hay soporte, hay tecnología. Falta sacar el bastón de mariscal de la mochila y conducir, organizar. Mover, agitar. Algo se tiene que poder hacer. No perdamos el tren.

(Publicado también en La Ruta Láctea)

¿Kissinger Reloaded?

“El matrimonio Kirchner no es amigo de los EEUU, la Argentina sí”.

Otto Reich, ex subsecretario de Asuntos Latinoamericanos de EEUU y actual asesor de McCain.

Tiene razón Manolo, pateamos un hormiguero. Pero de hormigas rojas y carnívoras. Atenti a la contraofensiva.

Visto acá.

Rico el helado, pero no mide

Leo este comentario acá

Anoche vi a Emilio Perssico asegurando categoricamente que el estado va a pagar mas a todos los jubilados y creía que la empanada que cené tenía algún alucinógeno.

Todo bien con Pérssico, el Evita y el MLS (que no es la Major League Soccer, atenti). Pero si estamos tratando de comunicar a un sector cuya mayor preocupación es aferrarse a la mosca, vamos fritos.

Sí, ustedes me van a decir que no es a ellos a quienes hay que hablarles, que no hay formas de convencerlos, que si es por la papota y no por ideología no hay discusión que valga. Y ya la veo venir a Eva reivindicando la barbarie justicialista frente al gorilismo. Bárbaro, también los banco a muerte.

Pero hasta que no salga nadie a decir que con esta medida va a haber aumentos jubilatorios antes de fin de año y que por el burako fiscal que existía (¿existe?) con las AFJP, mi abuela llegó a cobrar 145 pesos, vamos mal.

Dale con el Caniche’s Style, con estudiantes de cuarto año de comunicación, con lo que sea, pero a comunicar. ¿Cómo era lo de las colectoras, Escriba?

Post-Scriptum: El samurai destaca un punto en el que hay que machacar mucho: el lobby que van a hacer las empresas (AFJP, bancos y siguen las firmas) para que esto no salga. En el Congreso van a correr tantas valijas que Antonini va a quedar como un pichón de Samsonite.

Leña del árbol caído

Vamos a decirlo: somos unos jodidos. Mala gente, la blogósfera nacional y popular. Está bien, fueron años y años de doctrinas dominantes, del fin de la historia, de neoliberalismo salvaje. Entonces es lógico que cuando el sistema empieza a mostrar quebraduras estemos todos saltando en una pata. Pero ésta última semana nos fuimos un poco de mambo.

Primero fue con el salvataje de Fannie Mae y Freddie Mac. Como los cínicos que somos, salimos a espetarle al imperio “¡Estatistas, estatistas! ¿No era que el mercado se autoregulaba? ¿No era que ramal que para, ramal que cierra?”.

La cosa no terminó ahí: cuando el Estado compró AIG  nos fuimos todos en seco y salimos al obelisco a gritar “Aerolíneas Corazón”, “IAPI not dead” y cantando las estrofas de “Que vuelva Keynes, que vuelva ia”.

Insisto que es lógico, que está bien un poco de jarana tras tantos años de amargura, pero recatemonos un poco muchachos. Hoy me despierto y leo que el Gobierno de EEUU andará rasqueteando entre los almohadones del sillón para juntar 700 mil millones de chirolas verdes.

No contentos con eso, me entero que Walker Texas Bush II se hizo alumno de Duhalde (manual bonaerense bajo el brazo) y prometió que “el que puso dólares, recibirá dólares”.

¿Y qué hicimos nosotros? En lugar de tomar el ejemplo de solidaridad y apoyo del intrépido cazador de escualos de gran porte, nos cagamos de risa y nos burlamos de Bush. Así no va. Así no se construye la Patria Grande (¿Latino?)Americana.

¿Cómo es eso? Y claro, muchachos, si ahora ellos también son tercer mundo. Sugiero entonces dejar nuestras viejas inquinas y rencores detrás, dejar de hacer leña del árbol caído, y trabajar todos juntos para ayudar a nuestros hermanos americanos del norte.

Ya que Bush toma enseñanzas y frases del compañero Eduardo Duhalde, lo mejor sería dejarle otras enseñanzas de nuestros compatriotas que pueden serle de utilidad:

“We have to go through the winter” – Álvaro Charles

“Making the State smaller is making the patria bigger” – Joe Alfred

“I spoke to them from the heart and they answered me with their pockets” – Pugliese, Pugliese, Pugliese

“Today we can thank god: the house is in order and there is no blood in Wall Street. ¡Happy Thanksgiving!” – Richard

“Let go of grandma’s jewelry, George” – Bernie the Dinosaur

“Investment bank that stops, investment bank that closes, ea pepé” – Sunday Philip Horse

“We have to stop stealing for two years, we have” – Lewis New Neighbourhood

“For the poor kids, that are hungry. For the rich kids, that are depressed (emo)” – Charlie Brown I

“We are doomed to success” – Edward the great

Si se les ocurre alguna otra, por favor no duden en colaborar con la causa.

Y recuerden:
God bless your country

Una pequeña fábula

Cuenta la leyenda que allá lejos y hace tiempo había un planeta que vivió una era dorada, en la cual se podía comerciar, ganar mucha plata, establecer algún que otro monopolio. Pero “la gente” en la mayoría de los países vivía más o menos bien, como nunca habían vivido en toda la historia, tenían más trabajo que nunca y en algunos casos hasta tenían educación, salud y seguridad social.

Parece que a algunos no les alcanzaba con ganar mucha mucha plata, sino que querían ganar mucha mucha mucha plata. Esto no era nuevo, y tampoco iba a ser la última vez que pasaba.

Parece que había también unos señores que estudiaban el tema de la economía y querían ayudar a los señores del párrafo de arriba a ganar toda la plata que quisieran.

Estos estudiosos de economía creían que ya estaba bien, que la época dorada era muy sólida, que la gente ya se sabía cuidar sola y no necesitaba que el Estado hiciera nada más por ellos. Cuidar que los negocios funcionen y la seguridad de la gente, no mucho más. Del resto se iba a encargar papá, el Mercado.

Parece que además de todo esto había unos jóvenes que también estaban estudiando economía, y la estaban aprendiendo de estos señores.

Estos jóvenes acaso tuvieran amigos hippies, y pensaban que si ellos podían creer en el amor libre, por ¿qué no creer en la libertad de los mercados?

No entendían mucho el amor que sus padres tenían por el Estado, esa burbuja gris y burocrática que no los dejaba ser libres.

Entonces se terminó la era dorada. Vino Papá Mercado, mandó al Estado a freir churros y se dedicó a juntarla en pala. Hubo crisis, sí: la del petróleo en 1973, la de 1979-1982, la de la caída del comunismo y siguen las firmas. Pero la historia se había acabado y ellos habían ganado. Eran contingencias, desviaciones de Papá Mercado, y Papá Mercado las corregía solito.

No importaba mucho, porque Papá Mercado siempre encontraba una forma de arreglarse y ellos, todos, estaban haciendo mucha mucha mucha plata. Poco importaba también que mucha gente no la estuviera pasando tan bien: era otra contingencia que el Mercado arreglaría cuando ellos se cansaran de juntarla en pala y la mucha mucha mucha plata que ganaban comenzara a derramar sobre los menos afortunados. Que, dicho sea de paso, mucho no lo merecían, porque eran parásitos que habían vivido siempre del Estado, de la dádiva externa, no querían trabajar, no sabían adaptarse.

Los jóvenes estudiantes se convirtieron en gurúes que ganaron y ayudaron a ganar mucha mucha mucha plata, pregonando las bondades de la nueva era platinada. Cuando alguien (una persona, una empresa, un país), sufría una crisis, se iba al tacho, era por esos mismos desarreglos, por trabajar mal o no querer trabajar.

Salían ellos entonces por TV a decir lo bueno que era el sistema, lo malo que era aquel que entraba en crisis, y tirando los mejores consejos para que ud, señora, país con dificultades, pudiera mejorar.

Hasta que, cuenta la leyenda, un buen día la era platinada se fue un poco bien al tacho. Papá Mercado, tan autosuficiente él, no supo regular las desviaciones que había prometido controlar. Se le fueron de las manos, se le quemaron los papeles, todo por su culpa. Y tuvo que salir corriendo a pedirle a Estado que de onda, sin rencores, le diera una manito.

Para ese entonces, los jóvenes estudiantes ya no eran tan jóvenes y sus estudios tampoco eran tan útiles. Pero seguían siendo emprendedores, optimistas del gol, creyentes en el modelo, descarados.

Desfilaron pues por TV como siempre lo hicieron, para explicar lo inexplicable, defender lo indefendible. El modelo está lo más bien, decían. Papá Mercado se las va a arreglar solito como siempre lo hizo, con una pequeña ayuda de mi amigo el Estado. Acá no pasó nada y todo va a volver a la normalidad.

Podían hacerlo, porque habían ganado la guerra. Habian ganado la batalla económica primero, luego la política, y al final la cultural. No quedaba ningún economista que los refutara. Nadie había escuchado, en esos años, a quien saliera a defender al Estado. Los canales de TV eran amigos de los (no tan) jóvenes estudiantes, cuando no propiedad de ellos. Así que si alguien tenía que explicarselo a la gente, iban a ser ellos, los mismos culpables.

La leyenda no cuenta más nada. Al final de la fábula, sólo hay un pie de página que invita a volver al principio de la historia. Cree el traductor que puede llegar a volver una era dorada como la primera, donde la Economía se regule y mejore con inversion estatal.

No lo cuenta la leyenda, pero pasarán unos años de eso y apareceran otros jóvenes estudiantes, con otros viejos gurúes, que querrán volver al reinado de Papá Mercado. De eso depende recordar esta historia.

Los carriles de las rutas argentinas

General Paz y Libertador

La aprobación del proyecto oficialista en la Cámara de Diputados deja mucha, demasiada tela para cortar, aún si se lo considera comienzo del fin del “conflicto con el campo” o sólo comienzo de otra etapa del mismo.

Demasiada tela para este redactor, que pasó un fin de semana de surmenage en Córdoba Capital a fin de no volverse tan loco con el tema; cuando se enteró de la noticia temió que los Salieris de De Angeli interrumpieran su retorno en algún punto. Consciente de sus limitaciones como costurero, se limitará sólo a unas pocas gotas de este océano de información e interpretaciones.

Hablaré de algo que considero inútil, de movida, pero que acaso sirva discutir en este punto: ideología. Comenzaré, como comienza todo, por citar a Perón. Cuenta Jorge Taiana que Vicente Solano Lima le dijo al Pocho que era, en el fondo, un conservador

Un día le dijo: “Usted es un conservador, un hombre que está con nosotros”. “Claro”-respondió Perón-, en el fondo hay que conservar las grandes cosas, porque el cambio de estructuras es lo último que hay que hacer”.

Esteban Peicovich, El Ocaso de Perón, Marea Editoria, Buenos Aires, 2007.

Una definición ideológica precisa del actual gobierno es algo complejo que no lograremos, es probable, aquí. Pero podemos acercarnos y esbozar. Partamos del Escriba:

El kirchnerismo es la forma concreta que tomó en la Argentina la ola latinoamericana de gobiernos que actúan en base a la heterodoxia y que no cumplen de manera automática los dictados de Washington ni los de los otrora poderosos oragnismos internacionales de crédito. (…) Es además la consolidación de la forma que encontraron los dirigentes políticos profesionales argentinos -administradores del período democrático iniciado en 1983- de darle una determinada estabilidad institucional al país luego la caída del gobierno de Fernando de la Rúa en 2001. (…) El kirchnerismo es el progresismo-realmente-existente.

Pero luego lo tenemos a Hal que dice que el Gobierno es más bien la versión más lucida del conservadurismo. “Sí, también es eso”, respondería automáticamente Escriba. ¿Puede ser ambas?

Creo que necesita serlo. Si el kirchnerismo parte, surge o forma parte del peronismo, aceptaremos que es en esencia pragmático. En esta etapa, el peronismo gobernante se enmarca pues en un populismo, estatista y de centroizquierda (relativice lo anterior a gusto) que se da en toda latinoamérica, mientras que en Argentina es un conservadurismo lúcido que elige representar al progresismo existente. Puede que sea así porque acaso el conservadurismo sea lo más progresista que permitamos que nos gobierne, en tanto el “populismo-estatista-de-centroizquierda” sea lo más progresista que pueda gobernar latinoamérica.

Al comienzo del conflicto, Escriba pronosticaba que el gobierno se tiraría hacia la derecha para ubicarse más al centro con la integración del PJ. Entonces pregunté “Si hacen eso, ¿dejarán un márgen a la izquierda de sí mismos desde donde se los pueda empujar, o mejor dicho, tironear hacia el otro lado?”

Leamos ahora, si aún no lo hicimos, el diario de ayer, en especial aquí, aquí y aquí. Preguntemos: ¿Qué pasó con el peronismo, la fuerza fundamental en la que el gobierno esperaba apoyarse para aprobar su proyecto? Cedieron ante las presiones de sus bases, temieron no poder volver a sus provincias, juzgaron que las compensaciones eran insuficientes, y votaron en contra.

¿Qué hizo el kirchnerismo para resolverlo? Se apoyó en el SI y en otros progresistas para negociar con la Federación Agraria, cedió beneficios a pequeños y medianos productores, y así logró los votos necesarios.

No sólo eso, sino que terminó con un proyecto de ley mucho más progresivo que el original, a pesar de lo que griten De Angeli, las cuatro entidades, la oposición y la mar en coche. Y si todo sale bien, será, además, una norma aprobada por el Congreso. ¿Qué más querés? Ponele la firma de la Corte Suprema, Benedicto XVI y echá los fideos que estamos todos.

“El campo, en su ofensiva, provoca un giro a la izquierda en la política oficial, contra la voluntad del propio oficialismo y de buena parte de los agentes que confluyen en el sujeto nuevo y agrario”, había anticipado Hal. Es que los actores antes mencionados debieron estar en esa posición desde un principio; responsabilidad del Gobierno que demoró en articularlo así.

¿Qué aprendimos de todo esto?

1) El kirchnerismo sería suicida si pretende seguir basando su gobernabilidad en cerrarse sobre el PJ. Acaso deba cerrar el frente, reconquistarlo, expulsar rebeldes, realinear la tropa. Pero esa es tarea de Néstor, no de la Presidente. Que aprenda con qué sectores puede negociar (en criollo, ceder algo para ganar algo). Si son los sectores adecuados, como en esta votación, saldrá favorecido, como en esta votación.

2) Debe, además, ampliar su espectro de “apoyo popular” para sobrevivir. Lo dicho, ampliar la participación para tener un contrapeso con capacidad de movilización. Eso requiere algo que ya pedimos todos: mayor redistribución, mayor inclusión.

3) Si quiere, también, reconquistar a los sectores medios, deberá resolver la inflación y otros problemas macroeconómicos, por un lado. Por el otro, y esto es importante para cualquier objetivo, mejorar la “pésima” comunicación. Es otro tipo de batalla, pero una de las más necesarias. Decir lo que se hizo mal es fácil. La nueva tarea es plantear cómo mejorar.

4) Último, y el quid de esta cuestión. Algún chistoso bromeará sobre los logros de la derecha en “profundizar las contradicciones”, con bastante razón. Al kirchnerismo ¿hay que empujarlo por derecha o tironearlo por izquierda? Ninguna de las dos: el conflicto enseña que para lograr algo se necesita coacción bien entendida: capacidad de consensuar una demanda, de movilización en pos de esa demanda, de lograr atención mediática sobre esa movilización y esa demanda, de forzar respuestas institucionales. Política, bah.

En eso venía pensando este redactor el domingo, mientras atravesaba la ruta 9. Y en lo bien que vendría un plan extraordinario para ensanchar todas las rutas nacionales a tres carriles. No sólo para mejorar la circulación, evitar accidentes de tránsito, generar trabajo, fortalecer la economía. Sino, más que nada, porque en una ruta de tres carriles, el izquierdo no es de contramano, sino el rápido. Y es también -en algunos países como Estados Unidos- el carril del “pool”, el comunitario, para autos que llevan varios pasajeros.

El redactor reconoce que todo texto posee marcas subjetivas del emisor. Y que una de ellas son sus esperanzas y deseos. Por eso no puede negar que desea, espera, ruega que el carril a transitar para movilizar todo esto sea ese, el izquierdo.

Actualización: Leo a Aliverti y veo que palabras más o menos, dice algo parecido, y por supuesto mejor. Y bueno, no pude ponerme aún del todo al día. Está bien que todo está ya dicho y sólo reescribo para pensar, pro tampoco la pavada… Mis disculpas.

Los fusiles ¿están bien guardados?

La AAA de los KK

“Los gobiernos democráticos sacaron a los militares de la escena política y eso estuvo bien. Si todavía fueran actores políticos no habría habido tres meses de protestas y bloqueos en las rutas. (…) Antes cuando había una crisis los tanques salían a las calles. Hoy ya tenemos más de cien días de conflicto y nada.”

Las frases pertenecen a Robert Potash, un historiador entrevistado hoy por Página/12, y son muy interesantes en el marco del conflicto agrario, cuando se habla tanto de “golpismo”. Ya que de historia hablamos, repasemos un poco la nuestra.

Los militares fueron el instrumento del que se valieron la oligarquía primero y luego los intereses económicos en general para imponer sus intereses sobre la voluntad popular en el período que va desde la conformación del estado nacional (1853) hasta el último retorno a la democracia (1983). El resto de latinoamérica (y en cierta medida, del tercer mundo) vivió procesos similares a lo largo del siglo XX.

En 1916, Argentina pasó por una transición particular: el populismo (en ese caso encarnado en el radicalismo) accedió a la democracia y a elecciones limpias. La oligarquía (y los intereses económicos mencionados), que habían cedido -obligados por los movimientos radicales, socialistas y anarquistas- se dieron cuenta de que no tenían una representación que pudiera contrapesar a las masas. En criollo, al haber gobernado 50 años en favor de los intereses de su clase, con poca gente, las clases medias y bajas, necesarias para ganar las elecciones, no apoyaron su proyecto político.

Al no poder imponer su voluntad por el voto, por vía democrática, esos intereses acudieron a los militares para que les devuelvan por la fuerza el poder que habían cedido por obligación. Todo el período 1930 – 1983 se explica en el marco de esa tensión: el populismo que reclamaba satisfacer los derechos de las mayorías y los intereses económicos que se apoyaban en los militares para desplazarlos, recuperar poder y rentabilidad.

Esa lógica se quebró durante el gobierno de Raúl Alfonsín: por un lado se intentó enjuiciar a los militares, mientras que por el otro se mantuvo la defensa de los intereses económicos que estos habían salido a defender (reconocimiento de la deuda externa, por ejemplo).

Con el correr del tiempo, los militares pactaron: no intervendrían más en política (total, si la democracia se encargaba de defender los intereses económicos aún mejor que ellos) a cambio de que no se continúe con los juicios. Carlos Saúl Menem cristalizó el pacto con los indultos y su política (ejecutada a través del Jefe del Ejército, Martín Balza) de “guardar” a los soldados (ayudada también por el desmantelamiento y privatización del Estado).

Las fuerzas armadas dejaron de ser un factor de poder y un actor político de peso. Aún a pesar de ciertas políticas equivocadas como la de Ricardo López Murphy, que intentó reflotarlos cuando fue ministro de Defensa de De La Rúa. No lo logró: durante la crisis de diciembre de 2001, hubo contactos con el Gobierno para una posible represión militar, que ellos mismos descartaron: no querían afrontar ni el rechazo de la gente por los tanques en la calle, más para defender una gestión indefendible, ni la posibilidad de hacerse responsables de alguna de las muertes por la represión de esos días.

Cuando asumió, Kirchner olfateó que no seguirían inmóviles por mucho tiempo. Acaso estaba al tanto de que algunos militares habían intentado promover un golpe contra su antecesor, Duhalde. Acaso sabía que no aceptarían la política de Derechos Humanos que quería imponer.

“Hoy las Fuerzas Armadas sólo existen en el papel, perdieron gran parte de su capacidad operativa. Sospecho que el gobierno de Néstor Kirchner pensó que si los militares no eran operativos, no podrían organizar un nuevo golpe de Estado y entonces el país estaría seguro. Descabezó a la cúpula, les quitó presupuesto y puso gente que conoció en Santa Cruz al mando.”, explica mejor Potash.

Cuando hablamos de golpismo, se nos tílda de exagerados, pero lo cierto es que la situación es la misma de siempre: un sector e intereses económicos que no apoya las políticas populistas de un Gobierno e intenta imponer por la fuerza lo que no pudo obtener con votos.

Hay diferencias, por supuesto: mientras unos intereses pierden, otros ganan. No me refiero al sector popular precisamente , sino a ciertas corporaciones, como bien explican quienes creen que este Gobierno es un “conservadurismo inteligente”. Además, en el medio están los llamados “pequeños y medianos productores”, que dificultan la polarización (gracias a ellos es más difícil construir un “acá el pueblo, allá los otros”). Pero la principal diferencia es que los militares no son ya un actor político de peso como para intervenir en el conflicto.

Puede que esto no sea así por siempre. Ahí está Carrió, que promete “dejar de humillar” a las Fuerzas Armadas. Ahí está Macri, que propone “dejar de lado la estupidez ideológica y pedir colaboración a las fuerzas militares para resolver la coyuntura” de la inseguridad, o que reprueba el retiro de las placas de los militares que gobernaron la ciudad. La oposición no sólo tiene afinidad ideológica con ellos: saben que en algún momento pueden volver a necesitarlos para reemplazar su falta de apoyo popular.

No exagera la presidente cuando habla de golpismo, de defender la democracia y los derechos humanos. Más convencido estoy desde que vi ese afiche nefasto de “La AAA de los K”, que propone como “patoteros” a Hebe de Bonafini y a Estela de Carlotto (!), que graciosamente ilustra este post.

Esto ya no es por defender la capacidad del Estado de intervenir en la economía, como dice Escriba. Ese es otro conflicto distinto. El kirchnerismo no es la única fuerza que reivindica los Derechos Humanos; incluso, su política puede ser criticable. Pero es el único progresismo existente que los reivindica y a la vez tiene capacidad real de gobernar. Si miramos la vereda de enfrente y la alternativa que propone la derecha, creo que salta a la vista: ante la disyuntiva, sé a quién apoyar.

Hablemos claro

Volver a hablar de política en casi todos los ámbitos es una de las pocas cosas buenas que nos deja el “conflicto del campo”, si es que hay otras. Mejor aún, nos puso a discutir sobre política no sólo en términos superficiales (aunque demasiado nos quedamos a veces en chicanas), sino también de la esencia del asunto, el reparto de la torta.

Hablamos de política quienes la ejercen y quienes sólo nos dedicamos a debatir (pasemos por alto que todo hecho es político). Las palabras, el lenguaje, el signo son centrales para los primeros y los segundos. Mientras pienso en esto, leo a Rodrigo Fresán en la Contratapa de Página/12

(…) se acabó eso de hablar con eufemismos falsamente tranquilizadores del tipo “esto no es una crisis, sino una contracción inevitable de ciertos parámetros económicos como consecuencia de las fluctuaciones en los índices internacionales y del aumento del precio del barril de crudo, afectando puntualmente ciertas industrias y grupos de poder que influyen directamente en los presupuestos y el poder adquisitivo del ciudadano medio”, y todo eso.

Imagino los millones de diálogos que pueden ocurrir en cualquier familia de cualquier país que termina de ver un mensaje parecido por televisión. El que más me cierra es este.

-¿Qué dijo el presidente?
-Que no hay crisis.
-¿Y qué hay?
-Ni puta idea.

En este caso imaginario, si no se puede entender la idea que reemplaza a “crisis”, lo que queda grabado es “no-crisis”, y en definitiva el único concepto que quedará es el original.

No es que sea antiintelectual o simplista. Creo, sí, que para que todos entiendan algo tiene que ser simple, que es la forma más difícil de expresarse.

“No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicarselo a tu abuela”, decía Albert Einstein. De poco sirve entender ideas complejas si no se pueden transmitir en ideas simples. Ese es el desafío.

¿Por qué es importante esto? Porque “en el signo late la lucha de clases“. Si en este conflicto, y en política en general, apoyamos a los más necesitados (o a las políticas que los beneficiarán), tenemos que considerar que esos sectores fueron los más afectados por las crisis económicas y por el vaciamiento educativo. Porque de nada sirve apoyar a un sector si el mismo no entiende la causa.

“El campo” (sí, en esto los metemos en la misma bolsa) tuvo la suerte de encontrar un vocero como Alfredo De Angeli, que basa la mayor parte de su liderazgo carismático en su simpleza al hablar. La presidente es una gran oradora, habla sin leer y todo eso, pero pierde por goleada contra las palabras claras del ruralista. Por eso midió tanto Néstor Kirchner, mucho menos complejo, cuando dio la conferencia de prensa.

Alejandro Seselovsky lo pone de otra forma en una columna de Crítica: “a Horacio González le hubiera llevado doscientas cincuenta subordinadas explicar las tensiones de clase que Luis D’Elía puso en seis palabras: odio a los blancos del centro. No se puede ser más exacto, más drástico. Lo que tiene de bueno D’Elía es que no te sofoca con tener que interpretarlo. El tipo dice que va a defender este Gobierno a los tiros y que odia a los blancos del centro: pum, te la puso, nada que explicar.”

Debemos aceptar que De Angeli, como D’Elía (acaso puntos iguales opuestos por el diámetro) ganan la batalla dialéctica por simples. Si creemos que están equivocados, vemos la importancia de esta pelea. No podemos dejar que nos gane la palabra alguién que no tiene razón pero habla mejor.

Si la pelea es en el signo, debemos luchar la palabra. No es fácil: hace falta entender el doble para poder desovillar, saber resumir para explicar, saber transmitir, y a su vez saber ovillar para ver los errores complejos escondidos tras el lenguaje simple de otro. Borrar adverbios que terminen en mente, gerundiar menos, distribuir mejor en párrafos (una idea por oración, en lugar de las doscientas cincuenta subordinadas), releer-reescribir-releer (en el caso de lo escrito) no forman un manual de estilo pero son buena forma de empezar.

Alguna vez dije en twitter que el día que los troskistas aprendan a resumir ideas en 140 caracteres, llega el socialismo en cinco años. Más allá de la humorada, la idea es válida. Si luchamos con la palabra, que el presente sea simple. El futuro será nuestro.

La conciencia de clase, ¿con qué se come?

Está todo dicho, hoy, domingo día del padre en el que el Gobierno y “el campo” nos regalaron un día de descanso para digerir lo ocurrido en la semana (y en especial ayer) con la misma parsimonia que los ravioles con tuco, quienes aún podemos comerlos. El tablero se detuvo justo en tablas, cuando la pregunta de la hora y del fin de semana largo es “¿Cómo se sale de esto?”

“Ni puta idea”, comenzaré por aclarar. Digo esto porque estoy convencido de un par de cosas. La primera y principal es que el Gobierno puede -acaso debe- negociar. Pero eso no quiere decir que pueda ceder. Lo que está en juego aquí es el derecho del estado a intervenir en la economía. Si no queremos terminar en la colonia agroganadera que describió Diego F (y que no está muy lejos de nuestra realidad inmediata), no podemos darnos el lujo de perder ese derecho.

Las entidades agropecuarias y la derecha vienen “por todo”, de eso también estoy convencido. Hace rato que dejó de ser un reclamo impositivo, y que ayer haya sido “el 17 de octubre de De Angeli” (¿no será mucho, che?). Quieren poder, el que no pudieron ganar por construcción política, ni en las elecciones. Se puede ganar poder cuando otro lo pierde por desocupar espacios. Pero cuando el poder no se disfraza de otra cosa, es el botón central en la mesa, perderlo es demasiado caro.

No me gusta polarizar, me hubiera fascinado (?) una salida dialogada y consensuada al conflicto. Pero no hay negociación posible cuando ambas partes se niegan a ceder (menos si una de ellas no debe ni puede hacerlo). “En política no alcanza con herir, hay que salir a matar, porque el que queda en una pierna puede hacer muchísimo daño”, decía el Pocho. Y de paso aclaro que hablo de lucha en términos de política. Repudio la violencia y creo que en este escenario beneficiaría a los sectores equivocados.

Planteado esto, vuelvo a preguntar “¿qué hacer?” y vuelvo a responderme que “ni puta idea”. Si supiera. En esto venía pensando cuando, al leer crónicas sobre los cacerolazos en miniatura de ayer, pensé que mucha gente no apoyaba al Gobierno y debería hacerlo, al menos en este conflicto. Que tenían el interés de clase (?) equivocado y que, gracias a la falta de militancia, no había nadie que se los explique.

Después recapacité un poco y pensé que caí en el mismo error que el Partido Comunista durante los ’60, cuando iban a las villas de emergencia a hablar de conciencia de clase y materialismo dialéctico, a gente que sólo tenía hambre, necesidad de arreglar una canilla, y esperanzas de que volviera Perón, que con él estaban mejor. No es por vago, ni por pancista, pero yo no tengo que explicar nada, ni convencer a nadie. Un Gobierno con verdaderas medidas redistributivas se defiende solo, como se ha dicho también por aquí.

Ayer los Fernández se quejaban por la falta de militancia, al mismo tiempo que yo me quejaba por la falta de espacios para militar. ¿Es tan difícil hacer 2 + 2 y darse cuenta de que si quieren ganar no tienen que cerrarse cada vez más en el PJ, en el riñón y el hígado kirchnerista? ¿Que hace falta abrir el juego? ¿Que entre sus deseos y los míos hacen falta un par de medidas?

Ya se habrán cansado de reclamarlo, del Escriba pidiendo que pongan a los pibes, pero lo vamos a seguir haciendo. Porque para que esto pase, también hace falta que dejemos de asociar “política” a “corrupción”, “robar”, “puto, feo, malo” (?). Y que empecemos a relacionarlo a “las leyes que regulan el lugar donde vivo” y más importante aún, “el reparto de la plata que aporto y de la que me vuelve”.

Si a mi abuela le aumentan la jubilación a media canasta básica, no le tengo que explicar por qué el Gobierno pelea por cobrar lo que cobre. Si sacan la ley de boleto estudiantil y subsidian fotocopias, va a ser más fácil pelear los centros de estudiantes. Si sacan una ley de regulación call centers, con salarios mínimos y condiciones de trabajo, no van a tener que preguntar dónde está la juventud, porque despacio y de a poco, parte de la juventud va a estar. Si instauran seguros de desempleo con asignaciones por hijo, se van a cagar de risa de los 300.000 “autoconvocados” de Rosario. Ni van a tener que llamarlos, van a ganar los territorios ellos solos.

Esto no resuelve el conflicto el martes. De hecho, esto toma un tiempo, esos que en política son tiranos. Pero debería estar en la lista de prioridades si el Gobierno quiere ganar las elecciones legislativas de 2009 y las presidenciales de 2011. Porque entonces el Partido Agrario Nacional va a ser otra cosa. La Coalición Cívica Democrática PRO también. Cuando haya que poner a los pibes, no van a poder llorar sobre la leche derramada.

Post de la bronca

Jóven argentino: si tienes entre 18 y 20 años, tienes 19. Yo tengo 21, estoy fuera del viejo chiste, pero nadie podría negar que pertenezco a la juventú’, y mi DNI acredita mi argentinidad sin palos. Huelga decir, pues, que no milité en los ’70, ni en los ’60, ni viví la resistencia peronista, y tampoco iba a los conclaves de Alem en la primera Unión Cívica (?).

Cuando tenía un añito, mi viejo me llevaba a upa a la plaza de Alfonsín. Creíamos en él, como creíamos y seguimos creyendo en la democracia. Sí, al año de vida ya creía, después les explico. Antes de proseguir voy a aclarar que lo más probable es que cuando termine de escribir esto siga acá, en mi casa suburbana y pequeñoburguesa [a la mierda (?)]. Ni siquiera voy a salir “de joda”, porque mañana laburo. Nada, desmovilización total.

Hoy lo discutía con alguien: si hubiera tenido esta edad 35 años atrás, o antes inclusive, habría podido hacer algo. Digo, uno podía dejar el diario de lado, apagar la radio o la TV y decir “voy a hacer algo”. No me voy a explayar sobre militancia, pero se entiende. Mi pregunta es, ¿dónde está el colectivo hoy? Si yo quiero apoyar al gobierno y a sus medidas, o ni siquiera, salir a defender algunas ideas, ¿a dónde carajo voy? No estudio en ninguna facultad, no conozco nada por mi barrio, por lo cual reconozco que es todo responsabilidad mía. Bien, ahora, ¿qué hacer?

La mayor victoria de la dictadura es esa. La desmovilización. La pérdida de estructuras. La imposición del miedo de salir a la calle, cuya muerte se decretó el 20 de diciembre de 2001, según un editorial de Página/12, pero es claro que todo lo anterior es un poco zombie, como el hombre que volvió de la muerte. Y a la vez es producto de esa misma crisis de la política ocurrida hace casi 7 años. El miedo a la política instaurado por la dictadura fue derribado directamente por el franco y abierto rechazo de la misma política con el cacerolazo. Estamos en el horno.

Sé que no digo nada nuevo con este post incoherente y en caliente. Es nada más que una forma de rodear la bronca que me genera la impotencia de querer “hacer algo” y no tener nada para hacer. Ni propuesta, ni ideas, ni expresión de deseo, nada tengo para ofrecer más que eso. Sólo bronca. Y lo único que me viene a la mente para cerrar es el buen Blake, que decía “quien desea y no obra, engendra peste”. Buenas noches.

Y vos, de qué lado (del mapa) estás?

Todavía no había callado el teflón de algunas cacerolas el sábado 12 de abril mientras Jorge Fontevecchia se frotaba las manos al ver que Clarín comenzaba un breve enfrentamiento con el Gobierno.

En un editorial titulado “¿Por qué tan pronto?”, anticipaba que si El Grupo se peleaba con Cristina era porque su “termómetro social” (o “retroalimentador de esos estados de ánimo”, como dice) había percibido o determinado que el Kirchnerismo perdería las elecciones legislativas de 2009 y luego las presidenciales de 2011. Albricias, albricias, ea ea pepé.

No contento con comenzar a descorchar por anticipado (lo dicho, los analistas políticos son gente muy rara), Fontevecchia afirma que la línea editorial de Clarín “podría resumirse en la búsqueda por alcanzar siempre la mayor cantidad de audiencia”. Y remata: “Se podría decir de Clarín lo mismo que se dice del peronismo: su ideología es el éxito”.

Casi nunca estoy de acuerdo con él, pero le reconozco un mérito muy valioso en este editorial. Fontevecchia plantea que hay cuatro grandes tipos de medios periodísticos: “el técnico o puro (puro no implica que quienes lo hacen sean puros, como no son puros quienes fabrican alcohol puro), que es siempre crítico como el periodismo del watchdog norteamericano; el ideológico que, consecuente con su sistema de creencias, aplaude o critica a quienes se acercan o rechazan sus ideas y que a lo largo de los años puede ser oficialista con un gobierno y crítico con otro, manteniendo su coherencia; el “utilitarista”, cuya versión suave aplaude a quien le paga o le hace favores y en su versión dura critica a quienes todavía no le pagaron o a quienes se oponen a quien le pagó; y el marketinero, que busca satisfacer a la mayor cantidad de consumidores”.

Paren las rotativas, nadie se mueva, creo que se me cayó una idea. Fontevecchia dice que Clarín es del grupo “marketinero” y en eso justifica su tésis. Perfecto. ¿Qué podemos decir del resto de los medios periodísticos de nuestro país?

Empecemos por casa: Perfil es, o aspira a ser un “técnico o puro”, como anticipaba en su slogan de lanzamiento, “Periodismo puro”. Lo logre o no, la editorial intenta serlo por el camino más fácil, que es ser siempre opositor, aún con obstinación (lean lo que dice Feinmann sobre esta última palabrita en el primer fascículo de “Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina“)

Luego tenemos a Infobae, y el grupo Hadad en general, un ejemplo tan claro de “utilitarismo salvaje” que ni hace falta abundar. En otro eje distinto, y en las puntas opuestas del mismo, se ubican La Nación y Página/12. Ambos son ideológicos, sostienen un sistema de ideas y se guían en él para aplaudir a los gobiernos que, creen, operan bajo su misma ideología, y criticar a los de ideas opuestas.

Este planteo es muy inocente. En principio, porque todo medio es “marketinero”, en tanto siempre quieren vender más. No hay ideología que anule la perenne voluntad de recaudar, incluso para los folletines partidarios. Todo medio, además, es susceptible de caer en el utilitarismo, en mayor o menor medida. Sólo es cuestión de poner un precio.

En esas contradicciones venía pensando cuando recordé el Political Compass, ese gráfico que ubica las ideologías en un mapa que determina su posición en política y economía en términos de izquierda – derecha y proteccionismo – libre cambio. O mejor aún, revisemos la Brújula Táctica propuesta por Rollo (lo mismo, pero aplicado al fútbol).

Con eso en mente, armé éste gráfico:

Hay dos ejes, como puede verse: el horizontal ubica a los más “marketineros” a la izquierda y a los “ideológicos” a la derecha. Y el vertical separa a los “utilitaristas” abajo y a los “técnicos o puros” arriba. La división no es arbitraria: un medio que busca ganar público a veces debe alejarse de sus principios dogmáticos, o arriesgarse a perder espectadores si quiere reforzar una línea ideológica.

Por el contrario, un medio que quiera ser siempre opositor (si descubre que ese es su negocio), se alejará del utilitarismo y será inflexible para con el gobierno; mientras que uno que deba compensar un favor, tendrá que hacer un lindo bollito con su “pureza”. Cabe aclarar que la ubicación de cada medio, al igual que la descripción hecha más arriba, es pura opinión mía. Son más que bienvenidos a discutirla y proponer la propia.

¿Para qué sirve éste cuadrito? La verdad, para poco y nada. Pero hemos leído muy buenas ideas y posts aquí en AP en torno a la nueva ley de Radiodifusión y una de ellas en particular hablaba de las responsabilidades de los medios y las cuentas que deberían rendir (no encuentro ni puedo linkear ese post, si alguien sabe de qué hablo, le agradezco que me avise).

Plantear una nueva ley de Radiodifusión, en un tiempo en que los medios están cambiando mucho por las nuevas formas de comunicación, nos obliga a re-pensar el periodismo, los medios mismos, las categorías, las ideologías (superar el maniqueísmo “opositor vs. oficialista”). Por algún lado hay que empezar.