Fernando V.

Un análisis sobre la deuda externa Argentina

Quizá la noticia económica más importante de los últimos días haya sido el anuncio del Ministro de Economía Amado Boudou de reabrir el canje de deuda para los llamados Hold-outs.

Se trata de 19.800 millones de dólares que quedaron afuera del Mega-Canje realizado en el 2005 por Kirchner-Lavagna. El Mega-Canje del 2005 consistió en un canje de bonos (par- cuasi par – descuento) por un monto de 82 millones de dólares, de los cuales adhirieron el 76 % de los tenedores. El 24 % restante de los tenedores son los llamados Hold-Outs, los cuales quedaron excluidos de cualquier posterior intento de canje debido a la llamada Ley Cerrojo. Si ésta no se deroga o suspende, cualquier intento de reapertura de canje de bonos para los Hold-outs se desvanece. El lunes ingresaría a diputados la suspensión de la citada ley.

Dado que se trata de un tema clave en la economía Argentina, es necesario analizarlo en detalle y preguntarse si hay que pagar o no la deuda, y quien debe pagarla.

Origen y evolución de la deuda externa

Para tener una idea de la importancia y la velocidad de crecimiento de la deuda externa, señalamos que:

  1. En 1970 era de 2 mil millones de USD.
  2. En 1975 de 7,8 mil millones de USD.
  3. En 1982 de 45 mil millones de USD.
  4. En 1990 de 60 mil millones de USD.
  5. En 2001 de 144 mil millones de USD.
  6. En 2004 de 190 mil millones de USD.

De lo anterior es bueno señalar la importancia que tuvo la última dictadura militar en el endeudamiento Argentino. La deuda externa nace viciada, es una deuda odiosa impuesta a sangre y fuego por un gobierno que nadie eligió. Es una deuda ilegítima de la cual no tenemos obligación alguna de pagar.

El incremento posterior es debido en parte a:

Más allá de observar como fue el origen, la evolución y las causas de la deuda externa, es bueno identificar quienes fueron sus beneficiarios.

La primera etapa de la deuda, que abarca desde 1975 hasta 1983, y según estimaciones del Banco Mundial, fue dedicada a:

  1. Evadir capitales: 44 %
  2. Pagar intereses de deuda: 33 %
  3. Armas e importaciones no registradas: 23 %

Es decir, nos endeudamos para que los empresarios puedan fugar sus dólares al exterior, y para pagar intereses de esa misma deuda contraída. El saldo de la balanza comercial no bastaba para alimentar la avidez de dólares del sector empresario con liquidez en pesos, por lo que el endeudamiento sirvió para cubrir ese déficit de dólares.

Es importante recordar que este exceso de dólares, que permitieron a varios países del Tercer Mundo endeudarse fácilmente y a tasas relativamente baratas, estuvo ligado al alza del precio del petróleo y los llamados “petro-dólares”. Esta etapa de liquidez tuvo su fin con la crisis de México en 1982.

Comienza así la segunda etapa, con tasas de interés elevadas y escasez de divisas. Solamente se conseguía crédito para pagar los servicios de la deuda externa para evitar moratorias de los países endeudados tanto en el sector público como el privado.

Si la primera etapa se caracterizó por el endeudamiento público para financiar la evasión de los empresarios y el endeudamiento privado para evadir capitales especulando con la diferencia de tasas en pesos y dólares, la segunda etapa, que transcurrió desde 1982 hasta 1990, se caracterizó por el endeudamiento público para financiar el interés de la deuda antes adquirida y para pagar la deuda privada a través de seguros de cambio (circulares A-31 del 81, A-137 del 82 y A-251 del 82) y estatizaciones de la deuda privada (originada a través del endeudamiento de empresas públicas que tomaban préstamos en dólares, que iban a parar al banco central para alimentar a los empresarios, el caso emblemático es el de YPF, abordado por Alejandro Olmos en su denuncia sobre la deuda externa, Causa Nº 14.467).

La tercera etapa fue la etapa del Menemismo, y consistió en el mantenimiento de un tipo de cambio artificialmente alto, el “1 a 1”. Formalmente era un seguro de cambio por el cual el estado les garantizaba a los empresarios la conversión de sus activos internos en activos externos. Para la conversión se utilizaron capitales que en principio ingresaron vía privatización de empresas públicas, pero que después ingresaron vía aumento significativo de la deuda externa, que a su vez tuvo que compensar el déficit en la balanza de pagos provocado por la pérdida de competitividad internacional.

La cuarta etapa de endeudamiento fue la del derrumbe de la convertibilidad descrita anteriormente. Y la quinta comienza con el Default de la deuda y la posterior re-negociación de la misma en el canje de Kirchner-Lavagna del 2005, que otorgó una salida parcial del default de una manera que permitió a su vez el desarrollo económico, el crecimiento del país y una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos.

El anuncio del canje de deuda a los “Hold Outs” tiene como objetivo permitir a la Argentina la vuelta a los mercados internacionales de crédito, es decir, facilitar el acceso al crédito externo.

En este espacio creemos que el endeudamiento en sí no es ni bueno ni malo., ya que éste depende del uso posterior que se le dé al mismo. Lamentablemente nuestra historia Argentina en lo que a endeudamiento se refiere es decepcionante por todo lo comentado. Sin embargo creemos que nunca es tarde para cambiar. El hecho de oponerse “porque sí” a cualquier intento de nuestro país a endeudarse nos parece poco constructivo. Sin embargo, lamentable sería que el acceso al crédito externo tenga como finalidad el pago de deuda o la evasión de capitales. El endeudamiento de un país debe estar acompañado de un proyecto de inversión que garantice el crecimiento y la industrialización.

El camino comenzado en el 2003 fue en sentido correcto pero no es suficiente. La reestructuración de la deuda externa permitió a la Argentina aliviar las cuentas fiscales y comenzar una política de crecimiento económico con inclusión. El pago al FMI otorgó soberanía económica y el fin de las “reformas estructurales”. La estatización de las AFJP fue un golpe a la especulación financiera y permitió disminuir el volumen de la deuda externa en un monto igual a los bonos que estas poseían, por identidad entre deudor y acreedor. Pero la deuda la seguimos pagando todos, los que no nos beneficiamos y los que sí.

Por eso creemos que la deuda externa, así como fue utilizada a beneficio de los grandes grupos económicos nacionales e internacionales y el sistema financiero, debe ser pagada por ellos mismos. Para ello es necesaria una reforma económica que grave al sector financiero y los capitales de los Argentinos en el exterior.

No es justo que esta carga agobie a la población Argentina en su conjunto.

La ley de medios y el gran beneficio de la duda

La semana pasada la presidenta Cristina Kirchner envió al congreso de la nación la Ley de servicios audiovisuales, que reemplazaría, en caso de aprobarse, a la antigua ley de radiodifusión de la dictadura.

Es una ley que, por su contenido, ataca directamente al corazón de los grandes multimedios del país, entre ellos, el mas perjudicado resultaría el Grupo Clarín. Es muy interesante analizar el enfoque que estos mismos grupos le han dado a la ley, ya que, de dicho análisis se pueden extraer importantes conclusiones.

Como primera observación, resulta llamativa la escaza información brindada por estos mismos grupos al respecto.

Como segunda observación, sí existe una gran cantidad de opiniones que si nos ofrecen a diario políticos, periodistas y analistas, que comparten su repudio a la ley en cuestión. Voces a favor de la nueva ley de medios son ignoradas absolutamente. Quizá el personaje mas importante que se ha pronunciado a favor de esta ley es el relator para la libertad de expresión de la ONU.

Como tercera observación, se puede decir que la mayoría (por no decir todas) las opiniones en contra de la ley de medios carecen de argumentos concretos, pero mantienen un alto contenido de subjetividad sin fundamentos, meras intuiciones, meras impresiones, que las hacen inválidas para sacar algún tipo de conclusión al respecto:

“El proyecto de ley de Radiodifusión es una ley de amenaza. El que no juegue a favor del Gobierno le sacamos la licencia. Es una ley extorsiva” Elisa Carrió.

“El Gobierno quiere crear un monopolio de medios amigos” P. Bullrich

Una nueva “ley mordaza” que apunta a silenciar determinadas voces

El otro segmento de críticas hacia la ley no fue en relación a su contenido, sino en relación a las formas:

Ley de Medios: la mayoría de la oposición reclama más tiempo de debate

UCR insiste con que la ley de medios sea debatida con el nuevo parlamento

Más veloces que Usain Bolt

Lo cierto es que, dada la escandalosa concentración mediática que existe hoy en la Argentina (no hace falta ser especialista para darse cuenta), cualquier argumento que se oponga a un cambio en el mapa de los medios deberá, casi obligatoriamente, estar cargado de subjetividad, de argumentos falaces, o deberá apuntar a cuestiones que más tienen que ver con las formas que con el objeto en sí.

Es ahí donde se debatirá la ley, por lo menos eso es lo propuesto por los grandes medios de comunicación. Se dice y se seguirá insistiendo en que el tiempo para debatir es insuficiente, que hacen falta mas audiencias públicas, que el actual congreso es ilegítimo, que la ley es una mordaza a la prensa libre, que se busca crear un nuevo monopolio, y muchas otras opiniones que se pueden refutar una a una con solo repasar la ley.

Lo cierto es que detrás de todas esas opiniones políticas y periodísticas, de toda esa maquinaria mediática, que se presenta como defensora de la libertad de expresión, se oculta su único objetivo: postergar la discusión sobre la ley para que nunca mas se trate, para que todo siga igual. Mas profundamente, este debate presenta de hecho una batalla ideológica, por un lado los defensores de la idea de la no política, del mercado autoregulado y por el otro, los defensores del intervensionismo estatal, hoy en día imprescindible para romper el esquema oligopólico que presenta nuestra economía en sus diferentes ramas, incluida la del mercado de la información.

Esta es una de las leyes más importantes de nuestra democracia. Basta con leerla para darse cuenta. Abrir el mapa de medios permitirá la presencia de voces con diferentes puntos de vista, con diferentes opiniones, con diferentes intereses, es decir, una democratización el mercado informativo. En entradas anteriores ya debatimos acerca de la problemática que se genera a partir de un mercado informativo con tan pocos actores. Con una participación mas amplia y plural en el mapa mediático, los receptores de la información podrán escuchar diferentes opiniones, podrán elegir, y lo que es más importante:
Podrán volver a dudar.

El principio de inducción y la clase media

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Antes de salir, si uno es previsible, puede prender el televisor y fijarse los valores de temperatura ambiente y de sensación térmica para saber que ponerse. Claramente lo correcto sería enfocarse en la sensación térmica, que es al fin y al cabo el parámetro que más se ajusta a la sensación aparente que las personas sienten en un determinado ambiente.

Para ser mas precisos, también es necesario saber en que zona está calculada esa sensación térmica que observamos en la televisión. Poco servirá la sensación térmica en algún punto de la provincia Buenos Aires si estamos en la ciudad de San Carlos de Bariloche, las distancias son grandes y las condiciones geográficas y atmosféricas son completamente diferentes. Sin embargo, podremos utilizar esa medición mientras estemos en un entorno cercano al punto de medición. Dentro de ese entorno, la sensación térmica se puede inferir utilizando el principio de inducción.

La inducción es una de los principios que nosotros utilizamos con frecuencia a lo largo de nuestra vida. Cuando afirmamos que después de la noche sale el sol, cuando afirmamos que si está nublado con frecuencia llueve, estamos utilizando, quizá sin saberlo, el principio de inducción. En efecto, la totalidad de la ciencia acepta como válido el principio de inducción.

El principio de inducción reza, más o menos,  así: “Si en una gran variedad de condiciones se observa una gran cantidad de A y todos los A observados, sin excepción, poseen la propiedad B, entonces todos los A poseen la propiedad B”.

Es un principio que está basado en la experiencia, en la capacidad de las personas de retener en la memoria durante un tiempo determinado diversos sucesos que ocurren en la vida. Volviendo al ejemplo del sol, si observamos que una vez que el sol se oculta luego vuelve a salir, tal suceso no es suficiente para afirmar que la próxima vez sucederá lo mismo. Sin embargo, luego de observar una gran cantidad de sucesos, podremos afirmar que la próxima vez sucederá lo mismo, que el sol saldrá por la mañana.

Las estadísticas, por ejemplo, utilizan el principio de inducción. Si queremos saber cuantos habitantes de capital fuman, no necesitamos hacer una encuesta sobre todos y cada uno de los seres que habitan la misma. Basta con entrevistar una muestra de habitantes lo suficientemente grande y representativa de la zona, para luego inducir al resto de la población.

Evidentemente, luego de la breve introducción realizada sobre el principio de inducción, se desprende que la misma no es una verdad absoluta, sino una afirmación basada en la experiencia del ser humano que debe ser utilizada cuidadosamente, y que puede fallar. ¿Quien puede afirmar que las manzanas siempre caerán al piso, que el sol siempre sucederá a la noche, que el tiempo siempre irá hacia adelante? Nadie. Simplemente creemos que, debido a la gran cantidad de sucesos observados, estos ocurren de determinada manera.

La inducción en la clase media

Es muy importante saber aplicar correctamente el principio de inducción, para no sacar conclusiones erróneas sobre una hipótesis en particular. Mas en estos tiempos donde las afirmaciones apresuradas y sin un análisis previo son moneda corriente. Algunos ejemplos del principio de inducción utilizado frecuentemente (y aplicados erróneamente) por la clase media:

Hipótesis:

Demostración por inducción:

Este es un ejemplo de inducción mal aplicada. Lo correcto antes de afirmar de manera determinante que el estado de la salud pública es un desastre, sería analizar una muestra importante de hospitales a lo largo y ancho del país y analizar su estado. De lo contrario podemos utilizar estadísticas oficiales o privadas (dependiendo de la confianza que le tengamos a cada una) y afirmar que, en base a tal referencia, la salud es, o no, un desastre.

Hipótesis:

Demostración por inducción:

Otro claro ejemplo de inducción mal aplicada. Uno puede, si asi lo desea, sacar un índice de índice de inflación en un lapso de tiempo analizando los alimentos que consume, utilizando incluso las ponderaciones que el INDEC utiliza. Sin embargo, inducir ese índice, que efectivamente puede ser mayor a lo que marca el INDEC, a toda la población Argentina, es un tanto apresurada.

Podríamos seguir agregando ejemplos y continuaríamos varias páginas mas. La inseguridad, la pobreza, la educación, las drogas, son temas de los que mucha gente habla y saca conclusiones erróneas (o por lo menos apresuradas) por no aplicar correctamente el principio tratado aquí. Sin embargo no es el objeto de esta publicación enumerar todos y cada una de las hipótesis mal demostradas.

El principio de inducción: De la realidad mediática a la realidad del país

Mas interesante aún podría ser la explicación acerca de las raíces de esta cualidad de nuestros tiempos, que nos hace afirmar sentencias de una manera por lo menos apresurada, sin análisis, sin base que fundamente dicha afirmación.

¿Son los medios de comunicación? Es sabida e incluso estudiada la influencia de los medios de comunicación en la opinión pública. ¿Porque no suponer que dichos sujetos comunicacionales manejan a la misma con un determinado fin? No parece una suposición descabellada.

“Ellos” manejan la información, la moldean y nos la entregan. La consumimos para enterarnos de los acontecimientos sociales, políticos, económicos y culturales que se dan en nuestro país, y que de otra manera no nos podríamos enterar. Esta información que nos llega es solamente una ínfima parte de lo que ocurre en nuestra sociedad, y es seleccionada y editada cuidadosamente para ser digerida por el consumidor final.

Los medios pueden de esta manera “atacarnos” con sucesos relacionados a la inseguridad, con sucesos relacionados a la pobreza, con sucesos relacionados a la inflación, etc. Incluso muchos de estos sucesos vienen “ya interpretados” por alguna figura del medio.

El consumidor final digiere toda esta información y arma en base a ella una realidad, una representación mental que el mismo construye en base a su interpretación, (realidad cargada por lo tanto de subjetividad, no solo del emisor, sino también del receptor). Es en el momento de interpretar donde podemos cometer errores. En todo caso podemos preguntarnos:

¿Es válido o no generar una realidad en base a informaciones y opiniones estríctamente seleccionadas y cuidadosamente editadas por “alguien” que no conocemos?

Si podemos realizarnos esta pregunta, la respuesta es sí, ya que sabremos las limitaciones de nuestra realidad que llamaremos mediática, y que no tiene porque ser la realidad del país. A modo de ejemplo, luego de meses y meses de recibir información sobre la inseguridad en nuestro país, podemos decir que en dicha realidad mediática la inseguridad es un gran problema. Inducir esa realidad “mediática” a la realidad de nuestro país requiere de un análisis mas riguroso. Y para ello debemos recurrir a las estadísticas. No existe otra manera.

Las estadísticas son por lo tanto, nuestra única manera de conocer la realidad de nuestro país, y en base a ella sacar conclusiones. Su importancia es decisiva, y por ello se convierte en una herramienta política muy importante. Conocer donde está y que porcentaje de pobreza existe, conocer los índices de desigualdad social, de empleo, de trabajo en negro, de concentración de la tierra, y no sólo en determinado momento, sino también su tasa de variación, es imposible sin un análisis estadístico confiable y bien realizado.

Las estadísticas son nuestra única arma para analizar la realidad mediática e identificar sus intenciones. El estado a través del INDEC muestra sus estadísticas. Que algunos medios de comunicación deseen generar una sensación de desconfianza sobre las estadísticas oficiales, para de esta manera anteponer su realidad ante cualquier otra, mas si dichos medios están políticamente enfrentados con el gobierno, es una suposición fundamentada.

Que el estado quiera manipular los índices oficiales para mostrar otra realidad evidentemente mas favorable a sus intereses, es igualmente posible, y esto mismo se puede aplicar a los organismos privados de estadística.

¿Como construir entonces la realidad de nuestro país? Quizá nunca la sepamos. En todo caso habrá que analizar la mayor cantidad de estadísticas disponibles, estatales, privadas, nacionales e internacionales, comparar y descartar algunas, o promediarlas.

Lo importante es que si llegamos a plantearnos estas dudas, es porque estamos identificando a la realidad “mediática”, la conocemos, sabemos sus limitaciones y su alcance. La diferenciamos de la realidad del país, que puede resultar muy díficil determinar. Estamos pensando, no siendo pensados. Y eso, en un contexto de bombardeo mediático casi insoportable, es muy importante.

Carta a la clase media

Vivimos para consumir. Nos pasamos la vida consumiendo. Y cuando no consumimos, producimos lo que luego consumiremos. Nos levantamos a la mañana, vamos al trabajo, en el trayecto miles de carteles publicitarios nos dicen que necesitamos cosas, que no tenemos nada, que somos infelices por no poseer lo que nos falta, que estamos insatisfechos. Una vez en el trabajo, empezamos a producir de la manera que nuestros superiores desean. Así nos pasamos la mayor parte del día, obedeciendo. A la salida del trabajo ya nos podemos dedicar a consumir. Antes de retornar a nuestra casa pasamos por el Shopping y adquirimos un par de prendas a precios de promoción. Ahora sí, volvemos a nuestro hogar, y seguimos consumiendo. Esta vez, propaganda mediática, la misma que nos hace pensar como pensamos. La misma que obliga al ser humano a estar inseguro, infeliz, insatisfecho, en fin, ¿no será el momento de replantearnos el mundo en que vivimos?

No somos cocientes de nuestro sometimiento. Somos receptores de información que digerimos sin analizar, sin razonar, sin filtrar. Estamos demasiado cansados después de 8 horas de trabajo, y no tenemos más ganas de pensar. Los medios manejan nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestro comportamiento en tanto miembros de una sociedad igualmente manipulada. ¿Tiene sentido vivir diciendo lo que los medios dicen, comprando lo que los medios nos hacen comprar, siendo pensados todo el tiempo por ese agente externo?

No somos conscientes de ese poder que nos oprime. Es esa inconsciencia la que nos impide despertar de este letargo mediático. Letargo del cual – por otra parte – muchos no queremos despertar. Aquella posición es muy cómoda. No tenemos que pensar que comprar, que pensar que comer, que pensar que decir. No tenemos que pensar. ¿Y que mejor que dejar ese gasto energético que implica el hecho de pensar, para dedicarnos a ser mejores trabajadores y algún día subir de categoría?

Está en uno la facultad de elegir. De eso se trata, después de todo, nuestra vida. Nos pasamos la vida eligiendo, aunque la mayor parte de las veces nos dicen que elegir. En realidad no existiría problema si el ser que nos hace pensar y elegir de determinada manera nos tiene afecto. De hecho, son nuestros padres los que nos enseñan durante nuestra infancia a elegir lo bueno y lo malo, a pensar de determinada manera y a tener determinadas creencias, y lo hacen por nuestro bien, por nuestro futuro. Sin embargo, cuando el que nos forma es un medio de comunicación, ajeno a nuestra vida y nuestros afectos, y que pertenece a grupos económicos altamente concentrados, la situación es totalmente distinta, ya que lo hacen para defender sus propios intereses, su propio futuro. Después de todo, no dejan de ser empresas, pero dedicadas al comercio de la información.

Es por ello que debemos despertar, y empezar a desconfiar de los medios. Una vez que uno se da cuenta de que puede pensar de manera autónoma, pasa a estar solo. Y no es fácil estar solo. Es en ese giró del subconsciente donde uno se indigna. Se indigna de la vida mediocre a la que pertenece. Se indigna de vivir en un mundo miserable, lleno de injusticias. Y es en ese sentir ignominioso donde se empieza a conocer la libertad. Retrocede en el tiempo y recuerda que estuvo marcado por un pensamiento que le era ajeno, pero que compartía con la mayor parte de la sociedad. Atrás quedan aquellas charlas de trabajo en las que jamás se discutía con nadie, y ese sentimiento de comodidad compartiendo la mayoría de sus puntos de vista con los demás, y en que los temas de conversación iban de la mano con el matutino de la mañana (el matutino que compraban todos) y pocas veces salían de ese libreto impuesto. Es el momento de empezar a dudar. Dudar de lo que nos dicen, dudar de lo que decimos, y dudar de lo que pensamos.

En este mundo que está atravesando una intensa crisis ocasionada por la desregulación de la economía, donde el modelo económico que nació tras la caída del muro de Berlín y que se impuso de manera hegemónica en nuestro planeta, cuyos 3 ejes fundamentales fueron la desregulación del mercado, la reducción del gasto público y las privatizaciones, y que está siendo puesto en duda y con mayor fuerza en varios países de América Latina, poder despertar de este letargo cerebral que nos adormece puede significar algo muy importante para poder ser un país con mas igualdad y justicia social.

Tenemos que recordar nuestro pasado. Vivimos una década entera bajo los tentáculos de un modelo neoliberal que se llevó nuestra industria, nuestros recursos y nuestra dignidad, dejando a la población altamente endeudada, ecológica, económica y socialmente devastada. El modelo que fracasó nos prometió desarrollo y igualdad social, pero solamente trajo pobreza y hambre. Aumento la brecha entre ricos y pobres, aumentó la renta de los inversores nacionales y extranjeros, aumentó la concentración de nuestra economía, a costa de endeudamiento externo, cierre de fábricas, despidos masivos y un pueblo sin derecho a nada. Hoy, son esas mismas medidas que condujeron a la ruina nuestro país, las que asoman en el horizonte. Pero también hoy, tenemos algo que a comienzos de los años noventa no teníamos: experiencia.

Son momentos en que a los economistas liberales les cuesta mucho defender su postura sin caer en contradicciones, sobre todo en nuestro país, donde se ha crecido a tasas “chinas” y sin embargo los índices de desigualdad se mantienen constantes o aumentan. No se trata de ser oficialista u opositor, sino de encontrar un razonamiento coherente que nos haga reflexionar sobre las medidas económicas que se debaten, a fin de tomar partido de una manera crítica, individual, con soporte histórico y sin manipulación externa.

El año pasado tuvimos la posibilidad de elegir, y elegimos mal. Era la oportunidad para otorgar mayor intervención económica al estado, de gravar una renta extraordinaria para utilizarla en política social, de desalentar la sojización que tanto daño le está haciendo a nuestras tierras. Pero elegimos la comodidad de ser pensados por los medios concentrados de comunicación, y defendimos la postura incorrecta.

Hoy es el momento de quitar nuestra atención hacia el gobierno, y empezar a mirar a los verdaderos dueños de nuestro país. Los que causan la inflación, los que despiden personal, los que evaden impuestos, los que abogan por mas desregulación, por menos impuestos y políticas económicas que les permitan mayores retornos. Son ellos los que pretenden un país y un mundo desigual, los que desean mantener el Statu Quo actual, los que desean conservar su poder, y los que tienen en sus manos a los medios de comunicación, que manipulan nuestro pensamiento para enfocar nuestra mirada en el gobierno, y ocultando a los verdaderos dueños del poder. Noam Chomsky lo explica de la siguiente manera:

“En el nivel más profundo, los medios contribuyen a la percepción de que el Gobierno es el enemigo, ocultando así las fuentes de poder real de la sociedad que se encuentran en las instituciones totalitarias -los grandes consorcios, ahora de dimensiones internacionales- que controlan la economía y gran parte de nuestra vida. En realidad, los consorcios establecen las condiciones conforme a las cuales funciona el gobierno, y ejercen un gran control sobre él. El panorama que se presenta en los medios es constante, cotidiano, y la gente no tiene la menor conciencia del sistema de poder que la oprime. Como resultado -según se pretende- vuelve su atención contra el gobierno.”

Mientras tanto, los medios de comunicación masivos seguirán con su agenda, haciéndonos defender sus intereses en detrimento de los nuestros, haciéndonos pensar lo que ellos necesitan que pensemos, haciéndonos salir a protestar lo que ellos quieran que protestemos, haciéndonos odiar a los que ellos en realidad odian. Y así se nos pasará la vida, viviendo indignados de nuestros gobernantes, indignándonos de la pobreza y el hambre de nuestro país, sin darnos cuenta de que somos los principales culpables de que ello ocurra. Pero está en nuestras manos pensar diferente, indignarnos con quienes tenemos que indignarnos, protestar por lo que en realidad es injusto, odiar a los que se merecen ser odiados, y de esa manera comenzar la lucha por un país mas justo y soberano.

“Seamos libres, lo demás no importa nada”

San Martín

Un Pais Normal…

“el 28 de junio hay dos países a elegir: un país sensato, normal, con gobierno equilibrado resolviendo los problemas de seguridad, de empleo, de pobreza, donde termine el gobierno de los favores a los amigos y comience el gobierno de los derechos y sobre todo de las obligaciones para los hombres públicos. Y el otro país, si gana el kirchnerismo, donde las libertades individuales empiezan a estar en riesgo; la propiedad privada, sin ninguna duda ya lo está, y el uso del Estado para sostenerse en el poder a costa de cualquier cosa”

F. De Narvaez
 

 

“nos cabe ahora la responsabilidad de representar la votación de millones y millones de bonaerenses que quiere una alternativa al kirchnerismo, y construir un país y una provincia normal. Ya lo está haciendo Mauricio en la Capital”

F. De Narvaez

“El modelo propuesto por el partido Unión PRO para las próximas elecciones ya existió en la Argentina, simplemente, un país normal

F. De Narvaez

La del 28 de junio no es una elección entre Néstor Kirchner y Francisco de Narváez, sino que es una elección de vida: la vida en un país normal o en una Argentina de la confrontación permanente, donde todos los días buscamos un problema o alguien con quien pelearnos”

F. De Narvaez

Las palabras de Francisco De Narvaez son contundentes: El País, nuestro país, no es un país normal. Es un país anormal y hay que corregirlo. Hay que retornarlo a su “cause natural”, para que vuelva a ser normal. Claro que, para que sus pensamientos terminen de entenderse, hace falta comprender lo que entiende este empresario por “país normal”.

Por lo pronto podemos desprender de sus citas, que Argentina fue, por lo menos alguna vez en su historia, un país normal. Dependiendo de la mirada de cada individuo, condicionado por su entorno y por los sucesos que le ocurrieron a lo largo de su historia, la definición de “normal” puede tener varias interpretaciones: La clase media acomodada podría pensar que su país fue normal en la década del 90, cuando su salario alcanzaba para disfrutar de unas lindas vacaciones en Miami Beach, o para comprarse un Alfa Romeo último modelo, en fin, todos los lujos que seguramente hoy no se pueden dar. Para algunos militares, el país puede haber sido normal desde el 76 al 83, donde estaba dirigido, justamente, por ellos mismos. Para los empresarios, quizá la Argentina normal se extendió un tiempo mas y llegó a durar toda la década del 90. Fue una época donde el seguro de cambio era gratuito, donde los trabajadores no tenían derechos, y nuestras buenas relaciones con el stablishment internacional nos permitieron abastecer de dólares baratos al empresariado local. Para los trabajadores de la industria, la época de Perón seguramente fue la mas normal. Para los ninguneados del sistema, los indigentes, quizá la Argentina nunca fue un país normal.

El candidato de Unión-Pro, nunca explicitó, en todo caso, a que Argentina se refería, cuando deseaba que nuestra Argentina vuelva a ser un país “normal”. Pero sigamos analizando lo que, de sus propias palabras, se desprende.

De Narvaez afirma que si gana el Kirchnerismo, la propiedad privada estará en riesgo. En un país donde el crecimiento promedió el 8 % anual, y donde sin embargo la brecha entre pobres y ricos no se redujo, está claro que hace falta redistribuir. Y para eso hace falta intervenir en la propiedad privada de los que mas tienen. Sin embargo, sabiendo que sus intenciones de cara al gobierno se centran en una rebaja a las retenciones de la soja, podemos afirmar que la idea de redistribuir no está en sus planes.

De Narvaez afirma que no quiere un país donde se confronte. El juicio a los militares, confronta con los milicos asesinos de la dictadura. El impuesto a la exportación de granos, confronta con los productores de granos. La ley de servicios de comunicación audiovisual, confronta con los grandes grupos económicos, dueños de los medios de comunicación. La reforma de la ley de entidades financieras, confronta con los banqueros. De Narvaez se opone a la confrontación, por lo tanto podríamos concluir que se opone a dichas intervenciones del estado, ya que en cualquier lucha de intereses, la confrontación surge como algo natural.

Resulta hipócrita entonces querer proponer una política de no confrontación como base de un modelo de país, debido a que, en todo caso la no confrontación se aplicaría a los grandes grupos económicos, dejando de lado a las millones de personas que en este país están pidiendo a gritos atención social y un estado presente. Habría que preguntarse, si el solo hecho de no confrontar con el empresariado local, con los grupos económicos, no implica de facto confrontar con los que menos tienen. El problema es que los excluidos son invisibles para la derecha, son invisibles para los mass media. Nadie confronta con los excluidos, porque no existen.

Este es el marco en donde se mueve la oposición en general, que en conjunto con los medios de comunicación, intentan instalar en el inconsciente colectivo la idea de que estamos ante la presencia de un gobierno autoritario, confrontativo, estatizante, un gobierno que nos aisla del mundo, que sumerge al país en una anormalidad a la que los argentinos no queremos pertenecer. Es autoritario porque logra Quórum en el congreso, es confrontativo porque enfrentó a los intereses sojeros, es estatizante porque recuperó el rol del estado en tanto administrador de las jubilaciones, nos aisla del mundo porque tiene una política internacional de relación con nuestros hermanos latinoaméricanos. En realidad, lo que los medios ocultan tras estos mensajes, es que lo que está en juego es el rumbo del modelo Kirchnerista que el oficialismo está plebiscitando en estas elecciones:

“Las políticas contra la impunidad de los crímenes de lesa humanidad de la última dictadura, el saneamiento de la corte suprema de justicia, las reestatizaciones de Correo Argentino, de AySA, de Aerolíneas Argentinas, las tan esperadas estatizaciones de las AFJP, las políticas de autonomía respecto a los organismos internacionales de crédito, las políticas de crecimieno económico (crecimiento que la oposición insiste en presentar como casual resultado de una circunstancia internacional), el cuidado del mercado interno, políticas económico-sociales que hacen que el país vea en mejores condiciones para afrontar los embates de la crisis internacional. Son esas políticas las que han suscitado el odio de los grupos de poder” (Marta Vassallo, Los Silencios de la derecha)

Es en ese marco donde además los medios utilizan a la izquierda argentina, tan segmentada como siempre, para atacar al Kirchnerismo desde otro ángulo. Y es que, cuando de campaña electoral se trata, cualquier argumento es válido para restar votos del enemigo. Por eso, hoy la izquierda, está siendo funcional a la única alternativa claramente viable de nuestro país, el retorno de la derecha, un retorno que devendrá en la “normalización” de nuestro país, con todo lo que eso implica.

Reflexiones de campaña (mediática)

Treinta días es la distancia temporal que nos separa de un punto, que puede significar una inflexión en lo que respecta a la Política de nuestro país. Esta cualidad decisiva, de por sí, le otorgan al 28 de junio del 2009 una importancia relevante, un hito que marcará el rumbo de nuestra historia política.

El país se encuentra sumergido en una feroz guerra mediática, que ha sido lanzada con el único objetivo de restaurar los aires conservadores que reemplazarán, en todo caso, cualquier intento de poder hacer realidad el sueño ansiado de alcanzar la igualdad, la justicia social, y por transitividad, la democracia de nuestra hostigada Argentina.

Esta guerra a sido declarada: De un lado la corporación, cuyas armas de poder están representadas en los medios de comunicación, la oposición “oficial”, y los históricos sectores conservadores del país, entre los cuales se encuentra la Sociedad Rural Argentina.Del otro lado, el Kirchnerismo.

La corporación mediática, nos da a conocer en su accionar el campo en que tienen lugar sus actos: el seno de una de las tantas fisuras de la democracia, la libertad de prensa. Una libertad de prensa muchas veces confundida con la idea de libertad de empresa, que es a su vez uno de los pilares en los que se basó occidente luego de la caída del muro de Berlín, para llevar a cabo su revolución neoliberal. Otras veces es confundida con la idea de libertad de expresión, un derecho humano que simboliza nuestro medio para poder difundir nuestras ideas y opiniones sin censura.

Es en este punto en el que no se puede dudar. Es la existencia en si misma de este conglomerado mediático lo que explica ´per sé´ que la libertad de prensa no tiene lugar en nuestro país. No existe libertad de prensa porque no existe perfecta competencia entre los actores que se disputan el mercado de la información, o dicho de otra manera, existe solo libertad negativa o de acción, pero no libertad positiva, o de praxis.

Con un expertise que ha adquirido con el paso de los años, este conglomerado mediático a sabido identificar y canalizar para su propio beneficio y los de la corporación que representa, las fisuras de nuestra democracia. A lo largo de la historia, la corporación ha ido ganando terreno año tras año, presidente tras presidente, y ha dejado en claro que las reglas que la democracia impone son, hasta el momento, ineficientes para detener a este actor social que lejos de informar, se ha centrado, y siempre lo hizo, en la tarea de formar una opinión pública afín a los intereses de la corporación.

Hoy el país atraviesa momentos electorales, y es visible a simple vista la fuerte presión que imponen las corporaciones mediáticas para repuntar a las masas hacia los partidos políticos afines a los intereses del stablishment. La consigna es simple: “Vota bien: Vota no-K”. Y no es para menos, el Kirchnerismo ha tenido (ya sea siguiendo un ideal político, o siguiendo sus propios intereses, esto para mí es irrelevante) la iniciativa de cambiar el esquema informativo, el mapa mediático, la estructura por la cual se realiza el delivery de información hacia un público cautivo, indefenso. Esta iniciativa ha sido la gota que rebalsó el vaso, y ha dado aviso a la cúpula de poder, a la cúspide conservadora, que no puede permitirse seguir cediendo terreno ante el ahora declarado rival.

És en ese sentido que la corporación ha comenzado esta batalla, que en definitiva, viene a dinamitar los logros conseguidos por el Kirchnerismo en estos últimos años de lucha social.

El monopolio mediático está dejando tras su paso, una oleada de Anti-Kirchnerismo observable en los sectores de nuestra clase media, y que ha comenzado el año pasado luego del conflicto con un sector al que los medios bautizaron “campo”. La tri-articulación Medios-Pro/ACS-SRA ha funcionado a la perfección, generando en el inconsciente de la clase media, la idea de un gobierno inquisidor, autoritario, que venía a robarse el esfuerzo de la gente trabajadora, para usarlo en su propio beneficio, o para decirlo en un término mas mediático, para llenar su propia “caja”. Fue el comienzo del divorcio del Kirchnerismo con la clase media.

El constante bombardeo mediático, cuyo combustible siguió siendo el mismo argumento (que había logrado ser exitoso) ha generado un odio visceral muchas veces infundado, en los sectores con mas exposición hacia estas voces. Así, cualquier iniciativa gubernamental es calificada mediáticamente como autoritaria, aunque para ello deba lograrse un quorum en un congreso para el cual el Kirchnerismo nunca tuvo mayoría, cualquier iniciativa es tildada mediáticamente como una medida con fines de recaudación, como la estatización de las AFJP, que sin embargo a significado cortar con la exorbitante ganancia de estas multinacionales, para utilizar en cambio ese flujo de dinero en acciones para el beneficio común de nuestro pueblo.

La maquinaria propagandística, al mismo tiempo que hace de intérprete de las masas, convocándolas hacia una causa común que converge en la defensa de los intereses de las corporaciones, son utilizadas para realizar ataques especulativos que devengan en una desestabilización del mercado, promocionando la fuga de capitales, anunciando fisuras en nuestra economía, anunciando devaluaciones, y demás técnicas por demás estudiadas para realizar dicho objetivo. La fuga de capitales es, quizá, el arma mas fuerte que el stablishment posee para contrarestar políticas redistributivas.

Este artículo presenta un análisis de los mass media porque no es un tema menor a la hora de proyectar un futuro en nuestra Argentina. Darle a nuestro pueblo la opción de poder “ser pensada” por una voz diferente a la actual, la opción de ver las cosas desde otra perspectiva social y cultural, la opción de poder elegir la verdad que le parezca mas sensata, es un paso muy importante si de reconciliación con los sectores medios se trata. No creo que ésta sea de un día para el otro, pero será un gran avance en tal sentido. Y esto solo se logra reformando las leyes que hicieron posible la formación de estos monopolios, mediante una nueva ley de radiodifusión.

No solo basta con hacer, también se debe dar a conocer lo que se hace. Algo que hoy en día no está pasando. El ejemplo mas claro ocurre con esta misma ley de medios de comunicación audiovisual. El solo hecho de que ningún medio publique alguna información al respecto, el solo hecho de que ningún periodista opine, para bien o para mal, habla de la escaza libertad de prensa en este contexto de concentración mediática.

Treinta días es la distancia temporal que nos separa de un punto, que puede significar una inflexión en lo que respecta a la Política de nuestro país. Una inflexión que, de existir, logrará cambiar el rumbo de nuestra política actual, la que tiene en su haber logros tan importantes como la estatización de las AFJP, la recuperación del Correo Argentino, de Aguas Argentinas, la de las obras públicas, la keynesiana, la de las madres de plaza de mayo, la de la no represión, la que todavía tiene muchas deudas en materia de redistribución y equidad social, pero que ha sabido capitalizar los momentos de auge económico para hacer frente a una de las crisis mas grandes del capitalismo, y la política encarnada por la oposición, bajo premisas de tinte conservadora, que intentarán regresar a los pilares del neoliberalismo: La desregulación del mercado, la privatización de la economía y los recortes del gasto público.

Hoy estuve en la Casa Rosada por el 50 aniversario de Raúl Scalabrini Ortiz. Él mismo dijo hace tiempo:

“no debemos olvidarnos que las opciones que nos ofrece la vida política son limitadas. No se trata de optar entre el general Perón y el arcángel San Miguel. Se trata de Perón o Federico Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento vivo del país”.

Me parece importante traerla a la memoria, ya que hoy, casi 70 años después,  la historia se repite. Y esto es algo que los sectores progresistas que confluyen en el Proyecto Sur deberían saberlo. No estamos eligiendo entre el Arcángel Miguel y Kirchner. Todos queremos lo que Proyecto Sur propone, pero el problema no es lo quiere, sino lo que se puede. Cuando nos querramos acordar, le habremos hecho, tal vez, el juego a la derecha conservadora. Y así repetiremos el ciclo, otra vez.
Aprendamos de las enseñanzas de nuestros mas brillantes pensadores.