Mariano Fraschini

¿La opo tendrá su Capriles?

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La idea me la tiró el Escriba mientras le iba contando las peripecias de mi viaje a Caracas. ¿Por qué no te escribís algo para explicar la estrategia de Capriles?. Al principio la idea no me pareció muy motivante. ¿Para qué?, ¿para avivar giles? No, me respondió mi colega y amigo, “para saber la que nos puede esperar acá… y estar preparados”

Las elecciones del domingo en Venezuela  dejaron un sabor agridulce: se ganó (como se esperaba) y por poco (como no se preveía). La diferencia de 2% entre Maduro y Capriles y las razones de la fuga de votos entre el chavismo y la oposición ya fue analizada acá y acá, y los días sucesivos que bien están detallados acá, por lo que aquí lo que me interesa analizar no es tanto lo que se viene en Venezuela, sino el impacto que puede tener, en cuanto a las estrategias opositoras, esta elección en nuestro país.

Hace un tiempo, en esta misma casa expliqué (perdón por la segunda auto-cita) lo que consideraba la muy buena estrategia del antichavismo en la elección del 7O, que le permitió por primera vez convertirse en una alternativa real al socialismo bolivariano. Mi viaje a Caracas me sirvió para afinar aún más mi hipótesis, ya que allí la mayoría de los medios de comunicación privados (todos opositores) actúan en cadena cuando se trata de darle la palabra al candidato perdedor de la elección de hace una semana, por lo que pude ver varias veces los discursos de Capriles.

La gestualidad del candidato de la derecha venezolana, su palabra caracterizada por espacios largos entre frase y frase y su vestimenta informal y llena de colores patrios son la evidencia ostensible de una estrategia muy pensada por las usinas antichavistas internas y externas. Uno observa a Capriles y todo lo remite al fundador de la Revolución Bolivariana: cuando toma en sus manos la constitución azul pequeña, cuando se arropa con gorro y camiseta venezolana, cuando hace cantar el himno, cuando llama a su Comando de Campaña Simón Bolivar, etc.  En ese sentido, Capriles no sólo intenta presentarse como la continuidad del chavismo, sino también se dice que es “la mejor opción para mantener los logros del chavismo” ya que “nosotros no somos la oposición, somos la solución”.

La mutación alrededor de la estrategia electoral del antichavismo venía avizorándose desde la parlamentaria de 2010. Las listas únicas, las internas abiertas de selección de candidatos, una propuesta más corrida hacia el centro ideológico, la valoración de las políticas sociales chavistas, fueron avances de la oposición venezolana luego de los intentos frustrados de liquidar al oficialismo por las vías del golpe cívico- militar (2002), huelga petrolera indefinida (2003), revocatoria de mandato (2004) y de la deslegitimación de la elección (2005). Dicha estrategia le permitió crecer en recursos institucionales y proyectar una imagen de responsabilidad política para presentarse como una alternativa viable al chavismo gobernante. Es decir, y aquí está lo paradójico en una sociedad tan polarizada en lo ideológico: Capriles, para tener chances de triunfo, debe tomar banderas chavistas.

A pesar de que el intento de emprolijar la propuesta de cambio a veces se va por la borda (como vimos el día posterior a la elección del domingo), el antichavismo ya encontró el mecanismo de presentar batalla. Es cierto, que dentro de la oposición anidan en su seno quienes pretenden ir por todo en lo inmediato (volviendo a las fuentes del periodo 2001- 2005) y la convivencia con el sector más moderado está en pleno procesamiento, también es claro, que de ganar la propuesta de “ir por todo”, son muchas más las chances de perder que de ganar. El chavismo no es el mismo, en términos defensivos, que el de 8 años atrás y una estrategia golpista no tiene eco en el ámbito internacional por lo que se echaría por la borda los éxitos conseguidos en esta última etapa.

Con la nueva estrategia, la oposición venezolana creció numéricamente desde 2010 (salvo la elección de gobernadores de diciembre de 2012 donde primó la abstención), pero aún no le alcanza para destronar al chavismo.  Logró, por primera vez, ganar votos del potente movimiento bolivariano en un escenario distinto caracterizado por la ausencia física del Comandante presidente. La fuga de votos a la oposición se explica por múltiples variables pero un análisis precoz indica que importantes sectores que otrora contaban entre la masa de pobres del país y hoy pasaron a formar parte de la clase media (o simplemente salieron de ella), le dieron la espalda (una vez muerto Chávez, su garante) al proyecto liberador. Este pase de opción partidaria puede también ocurrir de diversas formas y modos en países que incluyeron nuevamente en el circuito productivo a amplios segmentos del pueblo, como sucedió en la mayoría de los países de Sudamérica, según el mismísimo Banco Mundial.

Hasta la fecha, el “desafío Capriles” fue el que en mayor medida afectó a los gobiernos progresistas y de izquierda de la región. Las oposiciones ecuatorianas, bolivianas, brasileras, uruguayas y argentinas, a pesar de sus esfuerzos, no han podido encontrar “el” candidato, ni “la” propuesta alternativa. Lo han intentado por otras vías (cuartelazo policial a Correa, paro indefinido a Evo, lock out patronal a CFK), pero han fallado en los intentos. Sin embargo, ahí tienen a la mano a la experiencia venezolana. Es cierto que ningún proceso político es igual a otro en sus líneas maestras, pero los parecidos en algunos aspectos son evidentes como se plantea desde dos visiones distintas acá y acá. También lo son las oposiciones.

¿Podrá la Argentina ir a una oposición en una dirección venezolana?¿Se animará el antikirchnerismo a tomar algunas banderas del gobierno y hacerlas propia? ¿Es sólo encontrar el candidato o alcanza la propuesta?¿Encontrarán las dos?¿Como debería reaccionar el kirchnerismo ante esa encrucijada? De no encontrar un Capriles ¿los 18A podrán pasar a formar parte del cotidiano político de la Argentina? Preguntas que en los próximos meses, por ahí, tendrán respuesta.

Apuntes del 14 A venezolano

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Las elecciones venezolanas de este 14 de abril dejaron los siguientes elementos  de análisis:

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Elecciones en Venezuela: a dos días

“¿Qué representó Chávez para su vida?”

Para mi Chávez (emoción)… (silencio)…(llanto)

No puedo hablar de él sin llorar, lo amo”

Diálogo con una caraqueña en el metro de Caracas

“Ellos creen que al matarlo, nosotros nos íbamos

a rendir. Se equivocaron feo, nos dieron un mártir”

Un Coronel bolivariano en el Cuartel de Montaña

“Nos lo quitaron, es así”

Otro coronel bolivariano

 

Cuando uno llega a Caracas ingresa en una atmósfera única. Apenas se sale de la manga del avión puede leerse: “Construyendo el socialismo bolivariano” “Venezuela ahora es de todos” “1er lugar en Latinoamérica… Justa distribución de la riqueza”. El contacto con el mundo político venezolano es inmediato. Una charla en un colectivo, camisetas en su mayoría rojas en las grandes avenidas caraqueñas, banderas colgadas de edificios que manifiestan el amor a Chávez, música proselitista a diez mil decibeles, muestran que acá el 14 de abril no se define sólo una elección, sino una forma de vida, un proyecto de país y un modo de conectar el Estado y la sociedad. Lo que se pondrá en escena el domingo es ese clivaje irreconciliable entre dos modelos de país: socialismo bolivariano o capitalismo neoliberal. Y será el pueblo, como en un proceso democrático cabal como el que hoy transcurre Venezuela, quien será el juez que decida en esta disputa.

Los apoyos para ambos proyectos son muy nítidos y tienen un corte clasista. Los sectores más altos son antichavistas y los sectores populares son oficialistas. Nada más que recorrer los actos para tomar nota de este fenómeno. Es cierto que hay pobres que son opositores (muy pocos) y sectores medios y altos que son chavistas, pero la fractura social es clarita. Desde allí que esto no tenga vuelta atrás. Se está en un lugar o se está en el otro. Los medios de comunicación (radio y TV) también expresan este clivaje y sintonizar cualquiera de ellos es de antemano conocer la línea editorial que defienden. En este terreno la oposición cuenta con más visibilidad, a pesar que el crecimiento de los medios chavistas fue importante luego de 2003. Desde allí que nadie se sorprenda de las agresiones verbales entre ambos candidatos durante  la campaña, ya que la fisura existente en la sociedad se expresa también en los discursos de Maduro y Capriles.

A pesar de los esfuerzos opositores por sumarla la Fuerza Armada Venezolana (FAB) es claramente chavista. Sin dudas, los sucesos de abril de 2002 jugaron a favor de Chávez quien pudo, a partir de ese momento, limpiar de enemigos internos a un actor clave de este proceso de transformación. Hoy la FAB tiene una posición política nacional y bolivariana que será muy difícil de desarmar ideológicamente o convencer de las bondades de una vuelta al pasado. Hoy los militares venezolanos forman parte de un proyecto nacional y se encuentran insertos en una sociedad que los respeta y acepta como parte de un proceso de liberación.

El predominio del oficialismo en las últimas 15 elecciones (sólo perdió una) evidencia que el proyecto bolivariano se consolidó a base de victorias y movilización. Aquí en Caracas se puede observar una tienda (porque son tiendas de campaña) por cuadra con un mínimo de 10 militantes que reparten la propuesta de gobierno.  La oposición se encuentra menos visible y desde años apuesta a los beneficios de una campaña electoral mediática y con movilizaciones puntuales. En este terreno, un observador neutral diría que el chavismo es hegemónico y que la oposición casi inexistente. Sin embargo, tener la calle ganada no garantiza un triunfo si no se tiene un aparato que asegure la asistencia el día de la elección.

La campaña electoral comenzó oficialmente el 2 de abril. En 10 días ambos candidatos recorrieron el país de punta a punta.  La estrechez de la campaña obligó a ambos candidatos  a realizar dos y a veces tres actos por día. Inclusive un acto del oficialismo llegó a comenzar después de las 11 de la noche. Nada fue un impedimento para que la gente se volcara a la calle a apoyar ambos proyectos. Sin lugar a dudas, el chavismo duplica en número a la oposición y las marchas de estas horas atestiguaron esa superioridad. El acto de ayer en Caracas del presidente Maduro fue impresionante. La convocatoria chavista se extendió en 7 avenidas. Una vuelta por la misma sirvió para entender porque el oficialismo se muestra imbatible en este terreno.

El 14A marcará el inicio electoral de la era post Chávez.  La novedad de esta elección será que por primera vez en 15 años el líder máximo de la Revolución Bolivariana no formará parte de la contienda. Un vacío enorme que impactará con seguridad en la abstención de chavistas y antichavistas. De todas maneras, todo parece indicar que la victoria de Maduro será entre el 8% y el 19% según las diversas encuestas serias que se expresaron en estos días.  Faltan dos días. Acá en Caracas se respira victoria “roja, rojita”. La marcha de ayer, por cantidad y calidad, pareció inclinar definitivamente la balanza para el lado local. Sin embargo, los partidos se juegan hasta el final. El chavismo parece tenerlo claro ya que Maduro llamó a no confiarse e ir a votar temprano para garantizar el triunfo. La oposición reza por un batacazo y se muestra ambivalente a la hora de la aceptación de los resultados del CNE.  A 48 horas de la elección Venezuela se prepara para la era post Chávez.

Elecciones venezolanas: panorama

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“A Dios lo que es de Dios, al César lo que es del César y al pueblo lo que es del pueblo”, de esa forma comenzó el discurso de Hugo Chávez en la madrugada del 14 de abril de 2002, una vez que era rescatado por el pueblo y los militares leales, tras el intento de golpe de estado comandado por las principales corporaciones del país y los medios de comunicación.

Las piruetas del destino y de la historia marcan que once años después de ese suceso se realizará la primera elección nacional sin la presencia física de quien fue la figura protagónica de los últimos 15 años en el país. A pesar que la campaña electoral comenzará oficialmente el martes 2 de abril, los días previos a la inscripción de candidaturas se caracterizaron por duelos verbales de alto voltaje, lo que preanuncia días intensos en eventos políticos. El duelo entre chavistas y antichavistas en un contexto de despedida del líder de la Revolución Bolivariana conforma una novedad histórica para esta disputa que hasta hoy se encuentra teñida de un claro color “rojo, rojito”.

¿Cuáles serán las estrategias políticas y las posibilidades concretas de ambos espacios partidarios?

La oposición política al chavismo nucleada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) llevará nuevamente como candidato a Henrique Capriles. El actual gobernador del Estado de Miranda, derrotado por más de 11% por Chávez en octubre del año pasado, tendrá la difícil tarea de desafiar el predominio electoral del chavismo en un contexto difícil para sus aspiraciones presidenciales. A pesar de ser uno de los tres estados que el MUD pudo conservar en las elecciones de gobernadores del 16 de diciembre pasado, las derrotas seguidas de su espacio político generaron un clima de cuestionamientos internos que rozaron al propio candidato presidencial. De hecho, la aceptación de la candidatura de Capriles no estuvo exenta de controversias debido a que el propio candidato esperó hasta último momento para hacerla efectiva. La estrategia de no presentar candidatura (que ya fue utilizada por la oposición en las parlamentarias de 2005 con sus costos de representación en la Asamblea Nacional) con la finalidad de deslegitimar el previsible triunfo oficialista, fue finalmente descartada. Las críticas opositoras a la designación como presidente encargado de Nicolás Maduro fue uno de los principales argumentos esgrimidos para deslegitimar la contienda electoral. Sin embargo, una atenta lectura al artículo 233 de la Constitución Bolivariana se prevé esta alternativa. Leamos: “Si la falta absoluta del Presidente o la Presidenta de la República se produce durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o la Vicepresidenta Ejecutiva”. No hay que olvidar que Chávez inició su nuevo mandato (pese a no jurar) por decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), por lo que la figura de presidente encargado esta prevista en la CB. Desde allí que el antichavismo no haya insistido en la alternativa deslegitimadora y ponga todas sus expectativas en una estrategia electoral que reafirme el voto histórico propio e intente divorciar la figura de Maduro de la de Chávez. Por ese camino pareció dirigirse Capriles cuando oficializó su candidatura con fuertes críticas al tratamiento de la enfermedad por parte del alto mando político chavista, la utilización del cuerpo de Chávez para hacer campaña, desconfiando de las lágrimas de Maduro y poniendo en duda la fecha de muerte del líder bolivariano. A pesar de que días más tarde se retractó de su ofensa a la familia de Chávez, la estrategia de apuntar en forma directa a la figura de Maduro parece ser la única táctica de la oposición para revertir el, desde el vamos, difícil camino electoral.

En el chavismo, a pesar de la desazón de la muerte de su jefe político, las cosas parecen estar más claras. La totalidad de las fuerzas que componen el movimiento político y social de gobierno se cuadraron detrás de la candidatura de Maduro, el candidato bendecido por Chávez en vida. En términos institucionales, el chavismo cuenta con 20 de las 23 gobernaciones, 98 de 165 diputados de la Asamblea Nacional unicameral (mayoría absoluta), ha ganado 14 de las 15 elecciones realizadas en los últimos 15 años y cuenta con un poder de movilización imponente que le permitió al chavismo sortear los momentos más difícil de gestión. Las últimas dos victorias (octubre y diciembre de 2012) le permitieron consolidar su poderío electoral que venía en detrimento luego del impacto de la crisis internacional de 2008 y 2009 y de las elecciones parlamentarias de 2010 en el cual el chavismo perdió la mayoría especial de los dos tercios de la AN.

De esta manera, el chavismo se encamina a una nueva victoria que, según las primeras encuestas que aparecieron por estos días, podría ser superior a la del año pasado. En ese contexto, Maduro hizo un llamado a la paz social para evitar que el discurso “incendiario” de la oposición no tenga una traducción directa sobre la estabilidad del país, la cual emerge hoy como la única posibilidad para las chances opositoras. Desde allí que el candidato del chavismo alerte sobre los escenarios de inestabilidad, al compás de que fortalece su figura (asociándola a la de Chávez su maestro y sucesor), su principal tesoro político en esta hora. Llegar será más sencillo que durar para este dirigente que comenzó su carrera política en los albores del chavismo. Convencional constituyente, dos veces diputado por la AN, canciller desde 2006, la experiencia de Maduro en la gestión pública se pondrá a prueba en un contexto económico difícil.

A un mes de las elecciones en Venezuela, los pronósticos parecen marcar que se impondrá, una vez más, el oficialismo.

Foto.

(Texto publicado originalmente aquí)

Prohibido llorarlo

CHAVEZ-CANTANDO

Es la noticia que uno jamás hubiese querido escuchar. Murió Hugo Chávez Frías. Su muerte nos desgarra, nos enluta, nos noquea, pero su ejemplo de vida, su palabra rectora, su acción política y su obra de gobierno, nos hace menos doloroso ese dolor infinito. Sospecho que sólo desaparece su cuerpo, ya que su alma se expande hecha bandera entre los millones que luchan por una Sudamérica unida, libre y soberana.  Su muerte física, entonces, a pesar de dejar un hueco profundo en el camino de la independencia, nos deja el sabor del haberlo conocido, de haber sido contemporáneo a ese líder gigantesco ya hecho prócer de la Patria Grande.

Su vida política se inició con una derrota. El 4 de febrero de 1992 se rendía asumiendo en soledad su responsabilidad en una Venezuela poco acostumbrada a “hacerse cargo”. En su discurso de rendición, de menos de dos minutos, soltó el famoso “por ahora los objetivos no fueron logrados”, dejando, profético, al tiempo como aquél  ángel que pondría las cosas en su lugar.

Pagó la osadía de desafiar militarmente al Pacto de Punto Fijo con dos años y dos meses de prisión. Estando encerrado tomó conciencia del ejemplo de su lucha y los miles que apoyaron su intentona le mostraron que algunas veces las derrotas militares se convierten en triunfos políticos. Su salida de la prisión lo encontró armando el movimiento cívico militar que más tarde lo catapultaría al Palacio de Miraflores. El camino no fue fácil. Desde Sudamérica se lo espantó con el mote de golpista. Sólo Fidel, desde el olfato de gigante, fue capaz de ver en ese coronel un proyecto de líder revolucionario.

La campaña electoral por la elección  presidencial de diciembre de 1998 lo encontró con una intención de voto que no superaba un dígito para principio de año. Bajo el lema de la convocatoria a la Asamblea Constituyente y “lanzado por los caminos, como arrastrado por un huracán”, el candidato del Polo Patriótico (PP alianza de partidos, en su mayoría de izquierda que apoyaron a Chávez) recorrió el país mediante la estrategia del “cara a cara”. Los meses siguientes encontraron al candidato opositor al sistema aumentando de forma sideral su intención de voto para alcanzar la punta en las encuestas a menos de tres meses del escrutinio.  Los partidos de Punto Fijo, AD y COPEI, gracias a la mayoría parlamentaria que gozaban, separaron las fechas de las elecciones legislativas de las presidenciales, adelantando en un mes las primeras. El objetivo de la triquiñuela era aprovechar la fuerza de sus bastiones provinciales y crear así un ambiente de victoria antes de la elección ejecutiva. A pesar de ello, las fuerzas del PP realizaron una gran elección y los partidos del sistema debieron resignar sus presidenciables en pos de una candidatura unificada. Pese a ello, Chávez venció por el 56% mostrando que las artimañas electorales son apenas piedritas en el camino cuando la voluntad de un pueblo está a favor del cambio.

El 4 de febrero de 1999, con 44 años de edad Hugo Chávez Frías juraba sobre la “moribunda constitución…  impulsar las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta magna adecuada a los tiempos”. Esto implicaba la convocatoria a una Asamblea Constituyente para refundar el estado. El contrato social, decía Chávez, que el país necesitaba emergía como el pacto (y paso) previo para cualquier proyecto de transformación económico y social.  Para ello debió llamar a una serie de elecciones (convocatoria a la AC, elección de convencionales y aprobación de la nueva constitución) para poder materializarlo. Como nunca había sucedido en la historia del país, era el pueblo, mediante el voto popular, quien aprobaba el nuevo texto constitucional.  Con porcentajes superiores al 80%, a pesar de la importante abstención, Chávez cumplimentaba la primera promesa de campaña.

Una vez sancionada la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el presidente en ejercicio volvió a revalidar credenciales en julio de 2000. Esta vez bajo la nueva Constitución incrementó en 3% la elección de 1998 y logró obtener la mayoría de las gobernaciones y de la Asamblea Nacional (AN, el órgano legislativo unicameral de la nueva Venezuela). Esta ingeniera institucional (presidentes que revalidan su poder en constituciones reformadas por el pueblo) fue marca registrada del chavismo, que luego en los años sucesivos tomaron como modelo para sus países Evo Morales y Rafael Correa. Una vez reelecto (o elegido en nuevo formato constitucional) Chávez apuntó los cañones a la transformación económica y social del país.

Las leyes habilitantes de diciembre de 2001, que afectaban seriamente a los poderes fácticos locales, hicieron emerger una nueva oposición anclada en actores sociales (Empresarios y sindicatos) que reemplazaban a los agotados partidos políticos del Punto Fijo  en su rol de resistencia frente a la transformación encarnada en la Revolución Bolivariana. El primer trimestre de 2002 encontró al antichavismo mostrando sus garras frente al presidente y abril se convirtió en el mes en el cual jugó al todo o nada. La movilización del 11 de abril con pretensiones de protesta pacífica, fue desde el vamos el principal intento de darle el golpe de gracia a la Revolución.  En colaboración con los grandes medios de comunicación del país (se deberá escribir un tratado de cómo estos “medios” jugaron y juegan un papel clave en la deslegitimación de gobiernos populares), quienes armaron literalmente un cuadro de represión oficial inexistente, la oposición creó las condiciones para meter una cuña en la fuerza militar y de esa forma sacar a Chávez antes de tiempo. En los días 11 y 12, estos grupos se creyeron el cuento de la “recuperación de la democracia”, pero el baño de realidad  que implicó la movilización popular no televisada del 13 le devolvió a Chávez el gobierno legítimo.

A partir de ese momento el líder bolivariano apresuró los tiempos de la Revolución y creó las Misiones Bolivarianas (MB) al compás que afianzaba su liderazgo en el interior de la fuerza militar (uno de los principales recursos de poder chavista) realizando un proceso de reestructuración en sus filas. A la vez que comenzaba un proceso de transformación social con las MB, creaba Telesur, alimentaba el fenómeno de los medios comunitarios, afianzaba la alianza estratégica con Cuba y América Latina (vendiendo petróleo a precios accesibles, el verdadero socialismo económico), compraba bonos argentinos, se puteaba con Bush (antológico y recomendable el discurso de “váyanse al carajo cien veces yanquis de mierda” o aquel de Naciones Unida “Aquí ayer estuvo el diablo”), apoyaba a todos los candidatos de izquierda del continente, Chávez emergía como un líder popular indiscutido en la región.

Por primera vez en Venezuela la renta petrolera no se iba en canaleta para los “de siempre”, sino que se ponía en función del bienestar social. La disminución de la pobreza, de la extrema pobreza, de la mortalidad infantil, fue consecuencia de esta nueva política. La ampliación de la educación y la salud a quienes antes no gozaban de esos derechos, dio dignidad a los que con anterioridad eran invisibilizados por la política puntofijista. Una transformación monumental en escasos años explican el amor que ese pueblo siente por su Comandante presidente.

Las victorias al hilo en el referéndum revocatorio (único en la región) de agosto de 2004, las provinciales del mismo año, las parlamentarias de 2005 por abandono (la opo venezolana no presentó candidatos para deslegitimar la contienda) y la reelección presidencial en 2006 con el 62% de los votos, le indicaron al líder bolivariano que estaban las condiciones para avanzar hacia el socialismo del siglo XXI (creación chavista) y la reelección indefinida. Una vez más, como lo hizo en cada una de esas coyunturas, llamó al pueblo a referéndum. En diciembre de 2007 se dejó en manos del voto popular este nuevo desafío y por primera vez en la historia, las urnas le fueron adversas al primer mandatario. A pesar de perder por menos del 2% de los votos, esa misma noche reconoció la derrota y anunció, una vez más, que “por ahora” no se había cumplido el objetivo.
Lejos de amilanarse con el fracaso, llamó a la rectificación del gobierno. Realizó cambios internos y se preparó para los comicios regionales de 2008, el cual implicó el debut de su nueva criatura: el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). El triunfo en estas elecciones dio pié para insistir con el proyecto de reelección indefinida. En febrero de 2009, finalmente, mediante el referéndum (una vez más era el pueblo quien dictaba los destinos de la Revolución Bolivariana) se eliminaron las limitaciones reelecticas de un presidente. A pesar de la victoria electoral, la crisis internacional comenzaba a hacerse sentir en el país. Los años 2009 y 2010 debió enfrentar protestas de diferentes sectores sociales y de algunos aliados que saltaron del barco bolivariano. La elección parlamentaria de septiembre de 2010 marcó que la hegemonía del chavismo se encontraba en jaque: a pesar de la victoria bolivariana, la oposición realizó una gran elección. El gobierno, pese a perder la mayoría especial, mantuvo la mayoría absoluta.

Hasta que llegó el fatídico junio de 2011. Luego de semanas sin apariciones públicas tras un viaje a La Habana, Chávez, desde la isla, anunció la aparición de células cancerígenas en su trajinado cuerpo. La humanidad del héroe encontraba el límite en su propia biología. El hombre “sin vacaciones” y con “escasas horas de sueño y litros de café” encontró su primer desafío real.  Los meses sucesivos mostraron a un Chávez recuperado. A principios de 2012 habló más de ocho horas seguidas en la Asamblea Nacional, desafiando a la cadena del desánimo mundial con sede en Madrid y Miami que hablaban de “dos meses de vida”. La recaída de abril de ese año parecía dar razones a los inhumanos agoreros de esas usinas, y las elecciones de octubre aparecían como una quimera para un cuerpo tan golpeado por las operaciones.  Sin embargo, en un último esfuerzo descomunal, Chávez priorizó el proyecto por sobre su vida y dio batalla en un campaña electoral extenuante. El sabía de los riesgos de afrontar esta nueva lucha y creemos que como el líder excepcional que fue optó por la mejor elección: cuidar el proyecto bolivariano.

Tras una campaña electoral eterna y poniendo su cuerpo cansado en pos de asegurar el triunfo, Hugo Chávez hizo el último esfuerzo para garantizar la continuidad de la Revolución Bolivariana. Como no recordar en esta hora la firmeza de sus palabras, los gritos infernales dados por él mismo cuando exclamaba la palabra revolucionaria ¡Chávez! al que las mismas piedras, de ser posible, votarían. Y llegó el 7 de octubre histórico. Y una vez más desmintiendo a los pasquines internacionales y locales (que arman sus mentiras, las repiten en cadena y después se las terminan creyendo) que aseguraban un empate técnico, Chávez volvió a triunfar. Con una ventaja de 11% y venciendo en todos los estados, aún en el distrito de su desafiante, el líder bolivariano aplastó las ilusiones de los enemigos de siempre. Fue su última elección como candidato y una digna despedida ya que el mundo posó sus ojos en esa votación con record de asistencia y rápida definición.

El discurso de la victoria en la noche del 7O se lo vio agotado. El esfuerzo le empezaba a cobrar el precio sobre su humanidad. Al otro día del triunfo presidió una reunión de gabinete. Íntimamente Hugo creía que ya no quedaba tiempo y había que apurar las cosas. En uno de los últimos discursos exigió a sus funcionarios más trabajo, más compromiso, “no puedo ser yo el intendente de esa ciudad, no puedo estar controlando todo” declaró.

El sábado 8 de diciembre en cadena nacional anunció que se debía someter a una nueva intervención quirúrgica por la reaparición de células malignas. Fue un discurso largo en el que se lo vio serio y sin la sonrisa que lo caracterizaba. Esa sonrisa, plena de alegría que era su marca registrada y que nunca lo abandonaba, ese sábado no brotó. Sabiendo de los riesgos a los que se sometía en la operación, no quiso cometer el mismo error de Perón y le dio nombre a su sucesor: Nicolás Maduro.

Como siempre sucedió y hasta donde pudo, Chávez mismo fue el comunicador de su enfermedad. Y a pesar de todas las mentiras que se dijeron sobre su padecimiento y que hoy podríamos recordar sólo poniendo google en internet (“le quedan dos meses”, “tiene muerte cerebral”, “metástasis”, etc.), el líder bolivariano siempre le dijo la verdad a su pueblo y al mundo.

El 11 de diciembre bancó una operación de seis horas. Maduro cuando comunicó el resultado de la intervención quirúrgica tardó en decir la palabra “exitosa”. Ahí muchos caímos en la cuenta que sólo pendía de un milagro. Los escuetos partes sobre la enfermedad dados por Villegas y el propio Maduro hablaron siempre con la verdad: “delicado”, insuficiencia respiratoria”, “batalla por su vida” “aferrado a Cristo”. Sólo los canallas de siempre decían que no se informaba al pueblo, claro ellos demandaban una sola verdad: el anuncio de su muerte. No respetaron nada, no hubo límite que no hayan sobrepasado. Chávez desde su lecho de enfermo nos mostró lo que son esos diarios sagrados para la prensa canlla nativa: cínicos a los que no les tiembla el pulso para mentir descaradamente al extremo de inventar una foto.

A partir de hoy Chávez pasa a formar parte de la galería de los próceres latinoamericanos. Indiscutiblemente. Escuchar que aún quedan dentro de los ámbitos políticos y académicos dudas sobre el espíritu democrático que guió la acción de este gigante sudamericano da gracia. Basados en esquemas foráneos vaciaron de contenido al concepto  de democracia cuestionando al tipo que se sometió a más de 15 elecciones en 14 años. Con un dedo acusador intentan enseñarnos que los líderes como Chávez no respetan la democracia, habiendo sido él mismo quien más ha acudido a la voluntad popular para llevar adelante su proceso transformador.  ¿Dónde hacen descansar el origen de la democracia esta gente? ¿Cómo son capaces de caracterizar este proceso como autoritario? ¿Qué aprendieron en las universidades? En fin… Quienes critican desde ese mismo palo a la reelección indefinida deberán tomar nota que son pocos los líderes que pueden revalidar en las urnas sus mandatos. La tarea titánica que llevó adelante Chávez muestra que un cuerpo sólo no soporta más de tres quinquenios. Hasta hoy Helmut Kohl logró superarlo (los estadistas – y grandes demócratas para los medios “republicanos”- Mitterrand y Felipe González duraron como el líder bolivariano). Lidiar, como en el caso de Chávez, con los muchos enemigos de la Revolución es un proceso desgastante y agotador.

Se fue el Fidel de nuestros tiempos. El primero que nos devolvió la esperanza de que el neoliberalismo pudiera ser enterrado y que otro camino era posible. Lo comenzó allá en 1998 y bancó en soledad la parada. Más tarde llegaron Lula, Néstor, Evo, Correa, Pepe, Cristina y Dilma para hacer más grande la patria sudamericana. Recuerdo en esta hora las cuatro veces que vi a Chávez: la primera en enero de 2003 en Porto Alegre, salió al balcón de la intendencia y me puse a llorar junto a mi compañera de la vida; la segunda en Montevideo, en marzo de 2005, la tercera en Mardel allá por octubre de 2005 y la última en Ferro, en marzo de 2007. Todas esas veces dejaba una frase, un grito, una cita, que nos hacía pensar y sentirnos más sudamericanos. Como te vamos a extrañar Hugo. Un mensaje de texto fue la forma de enterarme de tan penosa noticia. Lloré hasta que me llamó un amigo y me recordó las palabras de Maduro: “Prohibido llorarlo”. Que tristeza carajo. Que dolor. Creo no poder terminar a sabiendas que me quedaré con ese vacío, con ese hueco en el alma y todas estas palabras sólo fueron la excusa para no sentirme con este inmenso desconsuelo. Hasta siempre Comandante.  Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos.

La Revolución Ciudadana al poder

Correa

Con el 56% de los votos, Rafael Correa no necesitó de un segundo turno electoral para lograr su reelección presidencial e integrarse al club de los “cincuenta y pico” (CFK 54%, Chávez 55%). Doblando en votos a su más inmediato perseguidor, el empresario Guillermo Lasso (23%) e incrementando su adhesión en un 4% con referencia a la presidencial de 2009, Correa instó a profundizar su “Revolución Ciudadana” al compás de insistir que lo principal se ha ratificado que es que “aquí ya no mande la bancocracia, la partidocracia, el poder mediático, no mande ningún poder fáctico. Con esta revolución mandan los ecuatorianos”.

El liderazgo presidencial de Rafael Correa presenta características atípicas para la región. Economista nacido hace 49 años en Guayaquil, de formación escolar católica y con estudios de postgrado en EEUU, el líder ecuatoriano inició su carrera política como ministro de economía del gobierno de Alfredo Palacio. Durante su corta estadía en dicha cartera (cuatro meses), Correa pulseó con los grandes poderes fácticos del país, se mostró crítico de la aprobación del TLC y fue un duro crítico de las políticas del FMI y del Banco Mundial. A su vez, bregó por una mayor inversión social del Estado y se mostró favorable a una mayor integración regional, lo que le valió su pronta salida del gobierno. Lejos de amilanarse ante la adversidad, Correa preparó su siguiente paso político que fue la pelea por la presidencia.

Con la bandera de la Alianza PAIS (Patria Altiva y Soberana) Correa disputó la elección presidencial de octubre de 2006 frente a gran parte de la partidocracia ecuatoriana. Al igual que Néstor Kirchner, con un 22% de los votos logró alcanzar la segunda vuelta electoral y disputar el ballotage frente al empresario Álvaro Novoa (que había obtenido el 26%). A pesar del desigual apoyo económico que implicaba esa disputa política, el líder ecuatoriano se alzó con la victoria con el 56% de los votos.

Una vez en el gobierno, Correa llevó adelante su principal bandera de campaña: la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Con el objetivo de “refundar el sistema político, económico y social”, el primer mandatario avanzó en un proceso de transformación de la arquitectura institucional por intermedio de una serie de referéndums que permitieron modificar aspectos centrales de la norma fundamental de la República. El apoyo popular brindado durante esas compulsas electorales (entre finales de 2007 y septiembre de 2008) mostraba el nivel de adhesión que concitaba la figura de Correa, en algunos casos superiores al 80% de los votos.

Para abril de 2009 bajo el nuevo texto constitucional, Correa se presentó nuevamente a elecciones presidenciales obteniendo el 52% de los sufragios. Al igual que sus homónimos Hugo Chávez y Evo Morales, el líder ecuatoriano se reeligió en su cargo bajo la nueva constitución aprobada en consulta popular, tiñendo de un carácter fundacional a este proceso de transformación política. Es decir, los procesos venezolano, boliviano y ecuatoriano comparten, en el interior del archipiélago sudamericano, una misma modalidad de construcción política- institucional. En estos tres países, la transformación de estructuras se asienta en valores antagónicos a los encarnados por las elites tradicionales que gobernaban el esquema institucional precedente.

La adhesión popular generada por Correa durante los primeros años de gobierno le permitió sortear momentos difíciles a nivel nacional e internacional. Los conflictos con Colombia durante el 2008 y el fallido golpe de estado de septiembre de 2010, fueron dos episodios que pusieron a prueba la virtud del líder ecuatoriano y de las cuales salió fortalecido. Sin lugar a dudas que el apoyo político a Correa proviene de sus logros a nivel social. Según el sociólogo Esteban Gori , el aumento de la inversión social (de 90 a 446 dólar por persona en cinco años), un muy importante descenso del desempleo (casi ocupación plena), de la pobreza y la extrema pobreza (más del 10%), el aumento de la inversión en educación (se multiplicó por ocho), son los datos salientes que permiten explicar el apoyo popular al primer mandatario.

Las elecciones de ayer fueron una muestra fehaciente de esta popularidad presidencial y del respaldo al proyecto político encarnado por el líder ecuatoriano que ya prometió avanzar con la ley de comunicaciónque aún se encuentra demorada en la Asamblea unicameral. Según los datos a boca de urna (se conocerán en las próximas semanas), la Alianza PAIS podría alcanzar 90 de 137 ediles  alcanzaría una importante mayoría que rozaría los 2/3 del parlamento. Con este capital político, Correa estaría en condiciones de continuar profundizando su revolución ciudadana y avanzar sobre uno de los principales enemigos de esta transformación: los grandes medios de comunicación. En el discurso de ayer, el presidente fue muy claro al expresar que “esta es la oportunidad para cambiar el país. Una de las cosas que hay que arreglar en la prensa es la falta de ética, sin escrúpulos, que quiere gobernar afectando el estado de derecho, y no lo vamos a permitir”.

El triunfo de Correa implica la consolidación de un proceso político que se encuadra en el interior de la corriente política ideológica del socialismo del siglo XXI y que forma parte del ALBA. A su vez, la derrota de los grandes banqueros y de los medios de comunicación ecuatorianos irradia hacia Sudamérica inyecciones de estímulos para los que aún sueñan con la patria grande, en estos días de felicidad por el regreso de Chávez a su patria.

Algunos apuntes sobre Venezuela

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Nota de los editores: Subimos esta nota originalmente publicada acá. Son apenas unos minutos de lectura que dan algo más de información para entender por qué las decisiones tomadas por las instituciones venezolanas en las últimas horas fueron legales y legítimas y que no le pasan ni de cerca a la necesidad de aplicación de las “cláusulas de democráticas” del Mercosur y Unasur, como se discutió en algunos medios argentinos.

 

A raíz de la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela (el máximo poder de justicia) de posponer la fecha de jura del presidente electo Hugo Rafael Chávez Frías, se abre un nuevo escenario en las tierras de Bolívar:

Art. 231: El candidato elegido o candidata elegida tomará posesión del cargo de Presidente o Presidenta de la República el diez de enero del primer año de su período constitucional, mediante juramento ante la Asamblea Nacional. Si por cualquier motivo sobrevenido el Presidente o Presidenta de la República no pudiese tomar posesión ante la Asamblea Nacional, lo hará ante el Tribunal Supremo de Justicia.

¿Qué significa esto?. La letra es muy clara, “Si por cualquier motivo sobrevenido”, es decir, la recurrencia de la enfermedad de Chávez,  “el Presidente o Presidenta de la República no pudiese tomar posesión ante la Asamblea Nacional, lo hará ante el Tribunal Supremo de Justicia”. Es decir, el texto constitucional habilita una instancia posterior para el acto de jura presidencial. Entonces, el 10E no es la única fecha que el presidente pueda juramentar, por lo que se derrumba el argumento de la que deber ser categóricamente esa fecha la única fecha de asunción.

Art. 233: Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: su muerte, su renuncia, o su destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, su incapacidad física o mental permanente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional, el abandono del cargo, declarado como tal por la Asamblea Nacional, así como la revocación popular de su mandato. Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional.

El artículo continúa, pero a los efectos de nuestro argumento, aquí se encuentran las razones por las cuales no se debe hablar de “falta absoluta” del presidente, argumento que viene alegando la oposición venezolana para llamar a nuevas elecciones. Ninguna de las causales de “Faltas absolutas” se puede atribuir a este caso, ya que Chávez, con anterioridad a esta fecha pidió una nueva licencia por su enfermedad que fue aprobada por unanimidad para la AN.

Art. 234. Las faltas temporales del Presidente o Presidenta de la República serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional por noventa días más. Si una falta temporal se prolonga por más de noventa días consecutivos, la Asamblea Nacional decidirá por mayoría de sus integrantes si debe considerarse que hay falta absoluta

En esta situación nos encontramos. Por ello, es el Vicepresidente Ejecutivo Nicolás Maduro, el elegido por Chávez el 10 de octubre, quien se encuentra al frente del ejecutivo supliendo al presidente electo. Aquí habría que aclarar que a diferencia del caso argentino, en Venezuela no se elige al presidente en una fórmula, sino que es el propio presidente quien elige a su vice luego de la elección, siendo una de sus varias potestades (Art.236, inc. 3) normadas por la CB.

Artículo 235. La ausencia del territorio nacional por parte del Presidente o Presidenta de la República requiere autorización de la Asamblea Nacional o de la Comisión Delegada, cuando se prolongue por un lapso superior a cinco días consecutivos.

§         Como se sabe esta autorización fue dada por la AN en sesión extraordinaria y en forma unánime el 10 de diciembre. Desde allí que se ha dictaminado la continuidad administrativa del gobierno encabezado por Chávez en uso de su licencia por enfermedad.

§         La oposición, que como nunca antes apeló a la CB (a la cual violentaron en más de una oportunidad), quedó huérfana de argumentos y se mantiene a la expectativa de un desenlace fatal de la enfermedad presidencial. Luego de perder en 15 de las 16 elecciones en estos 14 años y tras ser vapuleada por partida doble en los últimos tres meses, especula con la demanda de nuevas elecciones inmediatas, a la vez que tácitamente acepta la extensión del proceso electoral para poder rearmarse. El amago a un “paro cívico”, como fórmula para deslegitimar el 10E, fue desbordado por la marea roja chavista, que volvió a ganar la calle como en las disputas políticas de antaño, en una muestra de fortaleza oficialista.

§         La región acudió al llamado del gobierno venezolano: presencias de Mujica y Evo y de los cancilleres de Argentina, Ecuador, más la del ex presidente Lugo. La ausencia de Brasil se compensa por las múltiples declaraciones de Dilma y de su asesor en política internacional Marco Aurelio García a favor de la continuidad del proceso político en el país. Las ausencia de representación de Chile y Colombia se explica por la falta de afinidad ideológica con el proceso bolivariano.

§      Por último: ¿cuál es el panorama político que se vislumbra a futuro? Los partes médicos sobre la salud de Chávez hablan de un proceso postoperatorio complejo y difícil. Las faltas temporales contempladas en la CB permiten pensar en un plazo no mayor a 180 días para el retorno del presidente. Pasado ese tiempo se deberá llamar a elecciones. Parece un lapso demasiado prolongado para los tiempos políticos. Daría la sensación que, en un corto plazo, habrá un desenlace al respecto. El acuerdo tácito entre el oficialismo y una parte de la oposición venezolana (con Capriles a la cabeza), en extender el tiempo de las definiciones parece ser la mejor opción para ambas partes. El chavismo, con vastos recursos de poder (20 de 23 gobernaciones, 3/5 partes de la AN y la movilización popular) espera una recuperación de Chávez, de máxima y una extensión de tiempo que dé lugar a la consolidación de Maduro como candidato triunfante, de mínima. La oposición, por otro lado, sabedora de las dificultades competitivas en la arena electoral frente al chavismo, apela a una extensión del tiempo que le permita reorganizar su fuerza, curar sus heridas y cicatrizar sus infinitas diferencias.

Todo parece indicar que el chavismo, con o sin su líder en el gobierno, seguirá siendo hegemónico en Venezuela. La profundidad de los cambios estructurales realizados por Chávez durante estos últimos catorce años, dejaron una huella indeleble que será muy difícil de borrar en el corto plazo.

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16D: elecciones regionales en Venezuela (Parte II)

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El mapa político del país se puso “rojo, rojito”. La “victoria patria” que demandaban los chavistas como ofrenda a su líder que se recupera en Cuba no pudo ser más contundente. A pesar que se avizoraba que el oficialismo venezolano podría recuperar estados en manos opositoras y aumentar con ello la cantidad de ejecutivos provinciales, la victoria chavista resultó superior a la pensada semanas atrás.

A continuación algunos apuntes de la compulsa de ayer:

Los resultados de la elección demostraron la clara hegemonía que continúa teniendo el chavismo en Venezuela luego de 14 años de gobierno. El aumento de estados, en un contexto especial como en la que se desarrolló la votación de ayer, demuestra esta fortaleza. En ese sentido, como bien observa el especialista Bruno Sgarzini “Hay una cuestión a destacar: Chávez no participó en ningún acto de campaña de las regionales. Solo apoyó en discursos o comentarios”.

También queda en evidencia la incapacidad de la oposición nucleada en torno al MUD de convertirse en una opción ganadora y las declaraciones de Henrique Capriles, corren en el mismo sentido: “No siento una sonrisa por Venezuela, sí por Miranda”. La derrota de los candidatos opositores, algunos de ellos con aspiraciones presidenciales, harán eclosión en la interna antichavista que verá cada vez más lejana las posibilidades de convertirse en fuerza hegemónica.

La unidad demandada por el líder se materializó en votos hace horas y se pondrá a prueba en las próximas semanas. La interna chavista, que existe (como existe en cualquier partido de gobierno con una dirección tan fuerte), se moverá al calor de la recuperación de su conductor. Sin embargo, se debe destacar que a pesar de los heridos que dejó la designación de candidatos por el “dedazo” ésta no afectó la cosecha de votos.

A partir de la elección de ayer se abren varios interrogantes: ¿asumirá Hugo Chávez desde Cuba el 10 de enero? ¿Lo hará desde la propia Venezuela? ¿Podrá retomar funciones o se convertirá en un embajador itinerante de América Latina? ¿Habrá una reforma constitucional para dar lugar a un referéndum constitucional que habilite una continuidad sin llegar a nuevas elecciones? ¿Se llamará a nuevas elecciones?

Sea cual fuera la respuesta, queda nítido luego de la elección de ayer que el chavismo (aún sin la presencia de Chávez) continúa siendo pujante. El último párrafo de post del viernes resume en forma manifiesta esta potencia oficialista y la dificultad opositora: “Una mayoría absoluta de diputados en la Asamblea unicameral venezolana (producto de las elecciones de septiembre de 2010) y más de un 85% de gobernaciones en su haber (si es que se traducen los guarismos electorales), no sólo mostrarían un mapa institucional furiosamente rojo, sino también, reflejaría lo difícil que será para cualquier candidato opositor transformar las relaciones de fuerzas en el interior del sistema político local”.

16D: elecciones regionales en Venezuela (Parte I)

El próximo domingo el pueblo venezolano acudirá a las urnas en un contexto marcado por la incertidumbre política alrededor de la salud de su presidente. El sábado pasado, en un mensaje cargado de emotividad y sinceridad, el líder bolivariano anunció la necesidad de partir con urgencia a Cuba por una recaída en la enfermedad con la que viene luchando desde julio de 2011 y, por primera vez desde que es presidente designó como sucesor, en caso de no poder asumir el 10 de enero y que se haga necesario un nuevo llamado electoral, a Nicolás Maduro.
En ese marco, las elecciones del domingo, que en un primer momento no contaban con la atención de la opinión pública, se torna producto de este escenario, unos comicios al que habrá que prestarles mucha atención.
¿Qué se elige el 16D? La totalidad de las 23 gobernaciones y 237 diputados a Consejos Legislativos. Sin lugar a dudas, la elección de ejecutivos regionales es la de mayor importancia. Veamos por qué:
·         En las últimas elecciones regionales de 2008 se eligieron 22 gobernaciones de los cuales el chavismo obtuvo 17 y la oposición 5. Dicha elección aunque representó un desquite para el oficialismo luego de la derrota en el referendo de 2007 (única desde que gobierna Chávez) le permitió a la oposición recuperar las cinco gobernaciones con las que contaba al comienzo de la gestión del líder bolivariano
·         Luego de estas elecciones, dos gobernadores (Lara y Monagas) abandonaron el barco oficialista y dejaron la representación de ejecutivos regionales color rojo en 15.
·         Tras la elección presidencial de octubre pasado, las fuerzas opositoras veían a esta elección un hito en su proceso de crecimiento electoral y apostaron a derrotar al chavismo para controlar espacios institucionales.
·         El chavismo puso toda la carne en el asador. Los candidatos que el oficialismo hizo jugar así lo demuestran: el ex vice Elías Jaua, en Miranda, Adán Chávez, para reelegir en la tierra familiar de Barinas,  Francisco Arias Cárdenas (el compañero de rutas de Chávez en la intenta militar de 1992), en Zulia, el ex ministro de justicia, Tareck El Aissami, en Aragua, la ex ministra Érika Farías, en Cojedes, para nombrar los más importantes.
·         La oposición también apuesta fuerte y su candidato estrella, Enrique Capriles intentará la reelección en el Estado de Miranda.
Más de 17 millones de venezolanos en condiciones de votar (recordemos que el voto es optativo)  decidirán cómo quedará configurado el nuevo mapa regional del país. Esta elección, por lo tanto, tendrá consecuencias directas sobre el futuro de Venezuela y para lo que se viene. La pelea electoral de Miranda entre Jaua y Capriles estará en juego una buena parte del capital político de ambos, como así también, las posibilidades concretas de la oposición venezolana de poder ungir un candidato en caso de que Chávez no pueda retornar al gobierno. Una derrota en Miranda, dejará al antichavismo (y a la opo local, por qué no) con un destino incierto para su figura mimada.
De obtener más de veinte gobernaciones, el chavismo contará con espacios institucionales indispensables para acelerar su proceso de transformación política y dejará a la oposición con escasos recursos de poder.
Una mayoría absoluta de diputados en la Asamblea unicameral venezolana (producto de las elecciones de septiembre de 2010) y más de un 85% de gobernaciones en su haber (si es que se traducen los guarismos electorales), no sólo mostrarían un mapa institucional furiosamente rojo, sino también, reflejaría lo difícil que será para cualquier candidato opositor transformar las relaciones de fuerzas en el interior del sistema político local.

Capriles, la opo y vos

Desde hace un buen tiempo, y en mayor medida luego del triunfo electoral de octubre de 2011, se viene insistiendo, en los análisis mediáticos y en las marchas opositoras, con los parecidos políticos entre Argentina y Venezuela. Los editoriales de los medios antikirchneristas en la pluma de sus, enojados y cada vez menos cercanos a la realidad, periodistas estrellas, se viene atizando la existencia de un paralelo equivalente entre el gobierno argentino y el bolivariano. La calle, que la oposición política viene de copar por partida doble, también refleja esta semejanza económica y social entre ambos gobiernos. No intento en este post explicitar si esto correcto o no, aquí ya lo hicieron en extenso, sino que me gustaría apuntar un par de elementos sobre el eco que la oposición partidaria hace de este ecuación Argentina = Venezuela.

La búsqueda “de un Capriles” se ha convertido para la oposición en una estrategia que parecería contentar a la mayoría, tanto mediática, como partidaria. La idea de construir un único candidato opositor al gobierno que evite, no sólo la natural dispersión de las fuerzas de la opo “made 2011”, sino que logre aglutinar el universo antikirchnerista con la finalidad de presentar una formula competitiva para el 2015, parece ser la única coincidencia hasta hoy. Construir, entonces” “el Capriles” sonaría desde el vamos como la estrategia adecuada para el momento político. Sin embargo, daría la sensación que la oposición entendiera que esta fusión en torno al capaz de vencer al kirchnerismo sería una consecuencia feliz de una suma de antikirchneristas que lograron desprenderse de sus egos políticos y de sus diferencias ideológicas, alrededor de una idea superadora que descansaría en vencer al “autoritarismo K”. Es como sí sólo fuera la cantidad y no la calidad de una alianza lo que garantizaría el triunfo ante el oficialismo.

La experiencia que debió transitar la oposición venezolana no parece ir sólo en la dirección cuantitativa. De hecho esa fue la versión que jugó el antichavismo hasta la elección parlamentaria de septiembre de 2010 y que repitió en la última, la votación presidencial del mes pasado. Y la estrategia de los primeros años se basó, además del intento de derribar a Chávez en el 2002 y 2003, en la estrategia de la sumatoria para desalojar a lo que se acusaba de ser un líder irracional y se catalogaba de una anomalía para el sistema político venezolano. Inclusive en el año 2005 no se presentaron a la elección legislativa acusando al gobierno venezolano de orquestar un fraude masivo, como el del referendo revocatorio del 2004, paradójicamente al cual la Fundación Carter y la totalidad de los veedores internacionales certificaron como un acto electoral impecable. Ese esquema de confrontación, poco rédito le trajo a la antichavismo y una gran cosecha de derrota por goleada fue la respuesta a esa estrategia cuantitativa y deslegitimadora.

A partir de la elección de 2010, la estrategia opositora venezolana viró hacia otro esquema. La unificación de todos sus candidatos en torno a una única propuesta electoral fue acompañada de 1) candidatos únicos en todas las regiones seleccionados por internas abiertas y 2) un tímido reconocimiento de las bondades del modelo chavista. Amén del desgaste del gobierno y de no tratarse de una votación en la que participara en forma directa Chávez, el antichavismo perdió por un pelito la elección del congreso y dejó sin mayorías especiales al bolivariano. Para el año 2012, la oposición venezolana apostó aún más fuerte todavía, ya que volvió a repetir la mecánica anterior (unificación e internas) y ungió un candidato joven y con gestión de gobierno.

Henrique Capriles Radonski fue el elegido por la oposición como “el” candidato a enfrentar al imbatible Chávez (su única derrota había sido en diciembre de 2007 y en la que parte del chavismo no fue a votar). Ya conocemos que el líder bolivariano ganó la elección por más de 10%, pero fue la primera y única, hasta hoy, votación en la cual Chávez tuvo un competidor con posibilidades concretas de pelear. La pregunta sería entonces: ¿Qué tuvo de novedoso la candidatura de Capriles?. Podríamos marcar al menos tres elementos: 1) plantear una alternativa superadora (y a la vez inclusiva de los logros del gobierno) al chavismo, 2) mostrarse como una oposición anclada en los liderazgos sudamericanos y 3) dar por culminada la etapa de la deslegitimación chavista.

La combinación de estos tres conjuntos fue lo que explicó, en mi concepto, el “éxito “de la oposición en Venezuela.  Capriles no solo juntó al antichavismo, sino que se presentó como una superación de la “era Chávez”, al cual le adjudicó importantes logros en el área social (se comprometió a mantener y ampliar las Misiones Bolivarianas, a las que consideró importantes para combatir la pobreza y buscar la igualación social), se mostró como un admirador de Lula, al cual eligió como un modelo a seguir en Sudamérica (fíjense que no nombró a Piñera, ni a Santos) y culminó la etapa de deslegitimación (legal y no legal) del chavismo, al cual prometió ganarle por votos. De hecho, a horas de la derrota, reconoció el triunfo de Chávez sin enturbiar la histórica y democrática jornada del 7- O.

Mucho que aprender tendrá la oposición argentina de esta estrategia venezolana. El antichavismo no sumó sólo desde la aritmética: primero se reunión en la Mesa Democrática, luego realizó una elección interna en febrero de 2012 y de ahí seleccionó su candidato que no sólo reivindicó los logros sociales del chavismo, sino que también se mostró como una alternativa en el interior de un sistema político que le dio fin al Pacto del Punto Fijo.

Ahora: ¿podrá la oposición partidaria argentina crear un Capriles?¿Entenderá que sus chances electorales aumentarán si logra asumir públicamente lo positivo del gobierno?¿tendrá la Opo el coraje de reivindicar los logros del kirchnerismo a riesgo de “enojar” a los muchachos del 8N?¿se bancará el candidato opositor los retos de los medios hegemónico por superar conteniendo al proyecto K?

Muchas preguntas, aún, están por jugarse las respuestas.

Uh, ah, Chávez no se va

“Primero que nada quiero dar buenos días a todo el pueblo de Venezuela, y este mensaje bolivariano va dirigido a los valientes soldados que se encuentran en el Regimiento de Paracaidista de Aragua y en la Brigada Blindada de Valencia. Compañeros: lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir, nosotros, acá en Caracas, no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien allá, pero ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor…. Compañeros: Oigan este mensaje solidario. Les agradezco su lealtad, les agradezco su valentía, su desprendimiento y yo, ante el país  y ante ustedes, asumo toda la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano”. Con esas palabras ingresaba en la historia venezolana el Teniente coronel Hugo Chávez Frías aquél 4 de febrero de 1992. Su discurso televisivo de escaso minuto y doce segundos intentaba graficar las razones del ese “por ahora” fracaso militar, a la par que demandaba a sus camaradas de armas la rendición. A partir de ese momento comenzaba la historia pública del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), la organización militar que operó en los cuarteles durante más de una década y que tuvo como figura estelar al líder venezolano. Desde el frustrado 4F la popularidad de Chávez comenzó a ascender de manera vertiginosa. La legitimidad popular que habían obtenido los militares del fallido golpe era consecuencia directa de un clima de malestar social que tres años atrás había dado muestras claras en la capital venezolana, en lo que fue conocido como el “Caracazo”. Todos los días llegaban a la prisión en la que estaba confinado Chávez cientos de personas a expresar su apoyo a la intentona militar que intentó quebrar la democracia bipartidista pactada conocida como el Pacto del “Punto Fijo” que venía gobernando en forma ininterrumpida Venezuela desde 1958. Los partidos AD y Copei había mantenido el predominio sobre un sistema político basado en los acuerdos de cúpulas y con escasas variantes por fuera de ese recambio partidario que dejaba a más del 50% de la población a la intemperie social.

La salida de la cárcel, luego del indulto del presidente Caldera, el 26 de marzo de 1994, puso a Chávez en condiciones de poder reconstituir una organización política de composición cívico-militar con el objetivo declarado de aspirar a la presidencia. Luego de arduos debates, la organización decidió apostar sus fichas a la elección presidencial de 1998. La principal bandera política del Movimiento Quinta República (se cambiaba el nombre y se mantenía la fonética, el MVR) tenía como prioridad la realización de una “Asamblea Constitucional” para la creación, según palabras de Chávez, de “un nuevo contrato social para refundar la República”.

La victoria electoral de diciembre de 1998 con el 56% de los votos sobre el candidato apoyado por los partidos tradicionales (quienes debieron bajar sus candidatos en pos de la unidad anti Chávez) le permitió al líder bolivariano comenzar un proceso de transformación económica, política y social que llega a nuestros días. La jura el 4 de febrero de 1999 fue sobre la “moribunda Constitución” a la que el flamante presidente prometió modificar y “actualizarla a los nuevos tiempos”. De forma inmediata a la asunción, Chávez comenzó el proceso constituyente con tres victorias populares sucesivas (convocatoria a la Asamblea, en abril; elección de convencionales, en junio y aprobación de la Constitución en diciembre de 1999) que dieron como resultado una nueva llamada electoral, esta vez bajo las reglas de la nueva constitución bolivariana. Los triunfos electorales en las 3 primeras elecciones, superiores al 70% de los votos se dieron en paralelo a una fuerte abstención electoral que orilló el 50%. La capacidad de movilización chavista fue desde el vamos una marca registrada del movimiento bolivariano.

Para julio de 2000 se realizaron las elecciones para la totalidad de los cargos del país, esta vez sí, bajo la nueva constitución votada por el propio pueblo y el triunfo de Chávez fue superior al de 1998, ya que obtuvo el 59% y la mayoría de las gobernaciones y alcaldías, al tiempo que se alzaba con la mayoría absoluta de la Asamblea nacional convertida en unicameral desde la reforma. Una vez consolidado a nivel institucional las transformaciones en el campo político, el líder bolivariano avanzó hacia los cambios en la arena económica- social. A finales de 2001, el gobierno lanzó una serie de medidas de hondo contenido estatista y distributivo que desafiaba la tradicional política de intervención pública y dio lugar a una fuerte resistencia social que encontró en las cámaras empresariales y sindicales a sus principales resistencias. Durante todo ese año y el primer trimestre de 2002 las movilizaciones opositoras se desplegaron por todo el país, con un fuerte apoyo de las cadenas mediáticas venezolanas, un recurso de poder opositor. Se hizo evidente, durante esas históricas jornadas de movilizaciones chavistas y antichavistas, la disputa bipolar que sucedía en Venezuela. El golpe de estado de la oposición desarrollado durante los días 11 y 12 de abril de 2002 montado en una cobertura mediática insidiosa y jugada por el camino de la ilegalidad, abrió una grieta en el interior de la coalición chavista que tardó horas en recomponerse. Sin embargo, los militares leales al proceso junto a la impresionante movilización popular (dos recursos de poder típicamente chavistas) del 13 de abril dieron vuelta la situación y Chávez retornó a Miraflores, luego del interinato del presidente de Fedecamaras, el empresario Carmona, más conocido como Pedro “el breve”.

A partir de ese momento, y luego del retorno al gobierno el presidente pudo transformar la relación de fuerzas militares internas a su favor y limpió de antichavistas el campo castrense. La oposición a pesar de la derrota, insistió mediante diferentes estrategias expulsar a Chávez antes de tiempo y de eso son muestras el paro petrolero de enero de 2003 y el intento de revocatoria de mandato de agosto de 2004. El primero de ellos, que implicó un importante desabastecimiento de la principal fuente de divisas del país, le permitió al presidente recuperar un recurso financiero clave como era PDVSA e iniciar un proceso de transformación social en el marco de las más de veinte Misiones Bolivarianas, que llegan hasta hoy. El segundo intento, esta vez en el marco legal, apuntaba a revocar el mandato del primer mandatario (instituto único en el mundo) del cual Chávez volvió a salir victorioso en las elecciones del 15A con el 60% de los votos y un presentismo hasta ese momento histórico del 70%. Una nueva victoria durante ese año en las regionales le mostró a la oposición que el camino electoral era un tránsito complicado para destronar a Chávez. La estrategia opositora de deslegitimar la elección parlamentaria de 2005 no presentando candidatos por temor a un fraude (¿?) le permitió al chavismo obtener la totalidad de las bancas en la Asamblea Nacional y continuar la profundización del proceso a partir del llamado del líder bolivariano a la construcción del socialismo del siglo XXI. La constitución del ALBA, la derrota del ALCA, las nuevas alianzas internacionales con países alejados del formato histórico de relaciones del país, las peleas mediáticas con el presidente de EEUU Bush,  dieron lugar a la instalación regional y mundial del liderazgo presidencial de Hugo Chávez.

La elección presidencial de 2006 fue un paso más en la carrera triunfal del primer mandatario y el 62% de los votos obtenidos era una muestra fehaciente de su poderío electoral. La victoria dio lugar a que se aceleraran los pasos hacia el socialismo bolivariano y Chávez anunció una nueva reforma constitucional que tenía como finalidad la incorporación de nuevas leyes socialistas al marco legal y la reelección indefinida del presidente. Luego de nueve victorias consecutivas, Chávez mordió el polvo de la derrota y por un escaso punto y medio de desventaja, el primer mandatario aceptó el triunfo del NO en las elecciones. Lo hizo la misma noche de conocido los resultados y llamó a una fuerte autocrítica interna ya que la evidencia de los datos indicaba que se habían perdido más de 3 millones de votos desde la elección presidencial de 2006 quienes habían adoptado el camino de la abstención. Se trataba de una derrota oficialista, más que de una victoria opositora, que había aumentado su caudal electoral sólo en 100.000 votos.

La recuperación electoral de la “marea roja” fue la victoria en las regionales de 2008, la cual dio lugar a un nuevo intento presidencial por conseguir la reelección indefinida. En febrero de 2009, finalmente Chávez pudo obtener esa posibilidad tras vencer por el 55% de los votos, casi un calco de lo de ayer. Durante esos años, la crisis internacional se hizo sentir en Venezuela y el proceso chavista debió avanzar hacia nuevas reformas en el campo de la producción (nacionalización y expropiación de empresas nacional e internacionales, recuerdos antológicos del “exprópiese”) en un contexto de incipientes protesta sociales. El socialismo del siglo XXI avanzó en nuevos institutos legislativos, mientras que la oposición se fue rearmando para las elecciones siguientes apostando al desgaste presidencial. Las elecciones legislativas de septiembre de 2010 se presentaron como un nuevo test electoral al primer mandatario, quien puso toda la carne en el asador para mantener la mayoría parlamentaria. La unificación de la oferta opositora unificada en candidaturas comunes y con un discurso renovado puso en aprietos la hegemonía chavista, que a pesar de lo reñido de la elección alcanzó la mayoría absoluta, no así la calificada que le hubiera posibilitado a Chávez continuar gobernando con herramientas legales con fuerte poder discrecional.

La enfermedad del presidente venezolano descubierta mediados de 2011 en Cuba, puso un manto de incertidumbre sobre las posibilidades de Chávez de superar el desafío de la biología y alertó a la oposición sobre las posibilidades de vencer al primer mandatario bolivariano en las elecciones presidenciales. Durante todos estos meses se observó un presidente activo y una oposición que apostó todas sus fuerzas a la compulsa electoral de ayer. Como preveían las encuestas, la ventaja del oficialismo se tornaba clara e irreversible a pesar de la instalación de un virtual empate técnico que sólo estaba en las cabezas deseosas de quienes continúan apostando por la salida de Chávez del Palacio de Miraflores.

Las elecciones de ayer mostraron un triunfo chavista casi cercano al pedido del líder de una “victoria perfecta”. Con más del 80% de presentismo en un país donde el voto es voluntario, una jornada electoral pacífica y competitiva y una diferencia para el candidato de gobierno holgada y segura, el triunfo de Chávez se convirtió en un mensaje claro y contundente que trasciende la frontera venezolana. El sistema electoral venezolano superó, una vez más, otra prueba de fuego demostrando una eficacia pocas veces vista. Dos horas después de culminada la elección, los resultados fueron publicitados sin existir denuncias de fraude (sólo en la cabeza loca de algunos periodistas opositores locales, y por minutos) y con el acompañamiento de miles de veedores internacionales (entre los cuales se destacaron algunos que siguiendo el guión de vaya a saber donde, hablaban de bocas de urna con triunfo opositor) que atestiguaron con su presencia la efectividad del voto electrónico.

El proceso chavista, a pesar del desgaste que implica 14 años de gestión continúa siendo hegemónico. Las transformaciones en el área social del gobierno que implicaron un giro copernicano de las políticas económicas de las administraciones pre Chávez, se convirtieron en el principal argumento de la victoria de anoche. La disminución de la pobreza a menos de la mitad, de la indigencia hoy en un dígito, la abrumadora inclusión de millones de venezolanos en el campo de la educación (los datos oficiales de Unesco me eximen de más detalles) y la salud (la mortalidad infantil es de las menores del continente), las políticas de vivienda, se convierte en el principal factor explicativo del triunfo rojo. La dignidad ganada por los invisibles del Pacto Fijo en estas décadas explicitan los derechos intangibles obtenidos por los sectores más pobres del país chavista que se suman a las cuantiosas ganancias materiales de estos catorce años.

La evidencia que arrojan los datos de ayer, alertan de cara al futuro sobre las próximas jugadas del antichavismo. Clausuradas sus posibilidades en la vía electoral (sobre 13 elecciones, el chavismo perdió sólo una y por muy escaso margen), se esperan nuevas acciones en otros campos. La “salud presidencial”, la “sociedad dividida”,  el “enfrentamiento social”, serán, en las próximas semanas y meses, los argumentos de una derecha que a pesar de su fuerte apuesta de anoche, se vio nuevamente derrotada en el campo electoral. El voto popular, la fuente de legitimidad de cualquier sistema democrático, acudió nuevamente a la cita venezolana e ungió a Chávez para un nuevo mandato presidencial hasta 2019. Para los críticos del chavismo, en el país sigue gobernando una dictadura que paradójicamente se sostiene a partir del único principio que hace a la democracia ser democracia. El voto popular, expresión de la voluntad soberana continúa siendo hasta hoy el principal sostén de los gobiernos nacionales y populares que habitan nuestra Sudamérica

 

 

De liderazgos, proyectos y reelecciones

¿Es viable una reforma constitucional para eliminar la cláusula de reelección por un solo periodo?¿Está el kirchnerismo en condiciones de lograr los dos tercios necesarios para reformar la Carta Constitucional?¿Desea Cristina un tercer mandato?¿Soporta nuestro país una tercera vuelta presidencial? Y para formularlo en término del muy citado post del Escriba: ¿Cuánto conflicto traería aparejada esta reforma constitucional?¿Podrá administrarla el gobierno?

A lo largo de estas últimas décadas se ha producido en Sudamérica distintas reformas constitucionales con la finalidad de habilitar la reelección presidencial, sea por un nuevo periodo o de forma permanente. Este mecanismo institucional no constituye una novedad para estas latitudes. Durante estos últimos años se han producido varios intentos exitosos y fallidos de reformas que tuvieron por objetivo primordial la permanencia del líder de un partido o alianza de partidos al frente del gobierno.

En el interior de Sudamérica se presenta un conjunto de países que pueden alinearse en celdas excluyentes a partir de un parecido de familia en cuanto al desarrollo económico, a niveles educativos y de una emergente clase media, a la capacidad estatal, a procesos de industrialización y a una historia común ligada a la cuestión migratoria. Argentina, en ese marco, se acerca más a un cuadrante en el cual se ubican Uruguay, Chile y Brasil, que el que pueden compartir, por otro lado, el resto de los países sudamericanos quienes ofrecen un particular colorido en los términos señalados en los párrafos precedentes.

Desde esta división propuesta, por lo tanto, nuestro país tendría una afinidad mayor con los modelos brasilero, chileno y uruguayo. ¿Qué nos muestra la experiencia de esos tres países en cuento a la factibilidad reformista? Veamos: en cuanto a Brasil, el liderazgo presidencial de Lula, que tuvo su génesis en las luchas en el campo sindical y que se fortaleció luego de las 3 derrotas consecutivas presidenciales, era indiscutido a la hora del recambio presidencial en 2010. Con una imagen positiva que alcanzaba el 80% de aceptación y un liderazgo natural en el interior del PT (que le permitió ungir como candidata a una desconocida Dilma Rousseff), Lula se encontraba en condiciones de avanzar hacia un tercer mandato presidencial. Sin embargo, lejos de intentar forzar la constitución, el ex tornero paulista, eligió “que haya una especie de alternancia en el poder” para evitar convertirse, según sus palabras, en un “dictadorcito”

En cuanto al país trasandino, encontramos dos casos: el de Lagos y Bachelet. Ambos culminaban sus mandatos con muy altos niveles de aceptación (superior a 80%, e histórico el de Michelle), y en los dos casos no intentaron reformar sus constituciones. Se debe aclarar que en el caso chileno, la reelección inmediata no está permitida siendo posible luego de un periodo, por lo cual el intento reeleccionista implicaba alinearlo con la mayoría de los países de Sudamérica que tienen “la inmediata”. Sin embargo, y a pesar de tales niveles de aceptación, los dos líderes desistieron de prolongar sus mandatos en forma consecutiva.

En cuanto a Uruguay encontramos el caso de Tabaré, quien también al filo de la culminación de su mandato contaba con una adhesión popular por demás significativa. De hecho, luego de varios debates en el interior del parlamento y el Frente Amplio, el líder uruguayo, desistió de la alternativa reeleccionista y apostó a su delfín Astori quien no pudo vencer a Mujica en la interna del FA.

El denominador común de las tres experiencias es que los cuatro líderes presidenciales en condiciones de continuar (por nivel de popularidad y apoyo popular, específicamente) renunciaron a la posibilidad de reformar la constitución con la finalidad de reelegirse. Es cierto que las razones de la negativa obedecieron a diferentes causas, pero un elemento que confluye tiene que ver con la tolerancia de esas sociedad a modificar el status quo vigente (parte de ese apoyo popular se explica porque esos líderes desisten de jugar por un periodo más) en beneficio de su propio y único interés.

Volvamos a nuestro país: Durante la semana, sectores de la oposición expresaron que el año próximo el oficialismo intentará instalar el debate de la reforma constitucional con la evidente intención de lograr la reelección indefinida. La elección legislativa del 2013 marcará el termómetro político sobre la viabilidad política de la reforma. La escasa, hasta hoy, propuesta del kirchnerismo paladar negro por afuera de la de CFK, sumado a la amenazante alternativa de una candidatura como la de Scioli, prueba que el mapa político de los próximos años estará marcado por este debate.

Las condiciones, de llegar al año próximo con una sólida situación económica y manteniendo el actual nivel de adhesión, sería similares a las que transitaron los líderes de los países vecinos y estará en la presidenta la decisión de avanzar hacia un nuevo mandato o repetir la ecuación de Lula, Lagos, Bachelet y Tabaré. Esta alternativa transitada por los países señalados tuvo suerte dispar (exitosa en Lula y Lagos, mediana en Tabaré y derrota en Bachelet) y descansaría en que interior del universo del oficialismo, CFK seleccione un candidato/a a sucederla.

Los países que muestran más similitudes a la Argentina han resuelto transitar el camino de la alternancia dentro del mismo universo partidario. Es decir, no intentaron avanzar hacia la reelección y apostaron a un delfín hacia dentro de su espacio. Los líderes presidenciales de esas sociedades ahora observan a sus sucesores (menos el  caso chileno) y no han decidido volver al ruedo político (Tabaré insinúa más, Lula avisó que depende del éxito de Dilma y Bachelet y Lagos siguen de vacaciones), aun manteniendo niveles significativos de popularidad. Sus proyectos han tenido suerte dispar. Lo que se asemeja más a una continuidad tal vez lo expresa Brasil. Esto evidencia que el liderazgo no es trasladable a otra figura, ni siquiera del mismo palo político (el caso de Bachelet- Frei es antológico) y por lo tanto, un líder que se retira con un abrumador porcentaje de aprobación no necesariamente facilita la victoria de su designado sucesor.

Aquí se evidencia la relación de tensión entre los proyectos partidarios y los liderazgos. Es decir, la relación que se establece entre un proyecto económico y político y el líder que lo inspiró es, en mi concepto, una correlación difícil de escindir y más cuando la profundidad de la transformación y el cambio en esa sociedad marcó a fuego los pilares del entramado económico y social. Y de establecer si ella es una relación contingente o determinante para su perdurabilidad, resulta ser un interrogante trascendental para dar cuenta de los caminos que tienen a disposición dichos líderes.

Entonces: el interrogante capital, el que inspiró el espíritu de este post, está en responder si es posible que un proceso político tan íntimamente asociado a un liderazgo personal (y de características transformadoras) sea trascendido a la figura principal de quien lo encarna. Es decir, para plantearlo en términos de pregunta: ¿hay kirchnerismo sin conducción de CFK? ¿Hay “ismo” sin la parte que la antecede?. Si esta respuesta es negativa, la siguiente será develar si hay “soporte popular” para “bancar” una nueva reforma. ¿Dejará Argentina el cuadrante B- Ch- U y pasará al de los reelegibles indefinidos?¿Se acabará el kirchnerismo si Cristina decide no ser candidata?. En síntesis: la continuidad de CFK en el gobierno ¿es la condición necesaria y suficiente para la continuidad del proyecto kirchnerista?

 

La fotografía proviene del blog: http://chinganitaperu.blogspot.com.ar/2009/11/dream-team-presidentes-de-america-del.html

 

 

 

 

Postales del peronismo, el sindicalismo y la conducción política

Postal N° 1: 1945- 1947

El primer secretario general de la CGT bajo el gobierno de Perón fue Luis Gay, proveniente de la Federación de obreros y empleados telefónicos. Gay, junto a Cipriano Reyes y muchos otros dirigentes sindicales (los que Juan Carlos Torre denominó la “Vieja Guardia Sindical”) que apoyaron la obra de Perón al frente de la Secretaria de Trabajo y Previsión Social, fueron partícipes necesarios del 17 de octubre de 1945 y del triunfo electoral del 24 de febrero de 1946 creándole al entonces Coronel la herramienta partidaria constituida en torno al Partido Laborista. Una vez iniciado el primer gobierno peronista, la estrategia sindical del líder cegetista comenzó a tomar una dirección distinta a la anhelada por Perón. La autonomía del gobierno proclamada por Gay colisionaba de frente con la estrategia presidencial de construir una central obrera fuertemente asociada al gobierno y pilar de la transformación económico y social que se avecinaba.  En ese sentido, las estrategias del poder ejecutivo y del líder sindical se encontraban en abierto antagonismo y el resultado de este enfrentamiento fue el triunfo de Perón y la expulsión de Gay al frente de la CGT. A su vez, Perón disolvió el Partido Laborista y unificó sus apoyos en torno al Partido Único de la Revolución, lo que a la postre sería el Partido Justicialista.

Postal N° 2: 1952

El segundo secretario general de la CGT, luego de la caída en desgracia de Gay, fue José Espejo, de la Federación Obrera de la Alimentación. Durante los 5 años que Espejo condujo la central de trabajadores construyó una excelente relación personal con Eva Perón la cual tuvo dos hechos que lo grafican de manera notable: el Cabildo Abierto del 22 de agosto de 1951 propuesto y organizado por la CGT para ungir la candidatura de Eva a la vicepresidencia, que luego la “abanderada de los humildes” rechazó,  y  las armas encargadas por la esposa del General desde Holanda para defender al gobierno popular y custodiadas por la CGT, que más tarde Perón bochó.

Luego de la muerte de Evita, la suerte de muchos de sus aliados naufragaron al compás de la creciente “burocratización” de la administración peronista. En el día de la lealtad de 1952, Espejo fue abucheado por la multitud de trabajadores (en un trabajo de pinzas, según Galasso, por parte del ministro de educación y sus aliados sindicales de aquél entonces, en el cual no estaba involucrado Perón) y se vio obligado a dimitir. En este caso, a diferencia del “caso Gay” no se trató de proyectos diferentes, sino de la pérdida de legitimidad del líder sindical que frente a una colmada Plaza de Mayo se vio cuestionado por sus propias bases.

Postal N°3: 1966

Luego del golpe militar a Perón de septiembre del 55, la CGT pasó por varios momentos que transitaron desde la ilegalización, la normalización, la intervención y la recuperación. Luego de años de lucha y persecución, Augusto Timoteo Vandor se erigió como líder del sindicalismo y fue, aún sin ostentar el título, el principal dirigente gremial de los años sesenta. Su hábil estrategia política le permitió maniobrar en esos años en las que el país alternó la semilegalidad democrática con la clausura del ciclo electoral de los años 1955 y 1966, y convertirse en un virtual sucesor de Perón al frente del Movimiento. Durante aquellos años, el líder exiliado dejó jugar las fichas autónomas del dirigente de la UOM en el plano sindical, e inclusive político, para oponer  la mayor resistencia cuando Vandor planteó de manera abierta el proyecto del “peronismo sin Perón”. En el momento en que el ex presidente  vio cuestionado su lugar al frente del Movimiento (la primera vez en la historia en que esto sucedía) reaccionó de manera directa frente a tamaña indisciplina en dos espacios: creando “las 62 Organizaciones de pié junto a Perón” (dividiendo el espacio sindical) y enviando a su esposa Isabel Martínez con expresas directivas de acabar con la insubordinación (en el plano político). Se trató del segundo momento en que Perón incursionó de lleno en la interna sindical, con el mismo resultado.

 

Postal N° 4: 1973

Desde el año 1970, José Ignacio Rucci había sido elegido secretario general de la CGT.  Eran los tiempos en los que la guerrilla, en el dispositivo estratégico de Perón, jaqueaba al régimen militar y lo obligaba, en la retirada, a negociar con él. En esos instantes Perón hablaba de “la juventud maravillosa y esclarecida” y de “los viejos que no están en la evolución” para traducir el tiempo histórico convulsionado de los años setenta. La CGT mientras tanto, esperaba su momento y jugaba a que el líder exiliado ungiera alguno de sus candidatos (en especial Cafiero) en la fórmula presidencial de las elecciones que se avecinaban en marzo de 1973. Sin embargo, Perón, lejos de escuchar los anhelos cegetistas, jugó la “carta” de la lealtad absoluta con Cámpora- Solano Lima.

Enterados del desaire, Rucci y otros dirigentes sindicales sacaron boleto a Paraguay para protestarle en la cara a Perón por la selección del binomio presidencial que los dejaba sin representación. Todavía resuena la queja del líder cegetista “podía poner una escoba, que nosotros por lealtad la votábamos, pero esto…”.  La historia continuó y “el aguante con quejas” de la CGT tuvo su premio en los años posteriores. A pesar de las puteadas, Perón mantuvo a su secretario general y luego de la vuelta a la institucionalidad en mayo de 1973, el sindicalismo se convirtió en una pata central del Pacto Social.

Postal N° 5 (y última): 1989

Luego de los 14 paros durante el gobierno de Alfonsín, la figura del cervecero Saúl Ubaldini, rankeaba bien arriba en el interior del peronismo. El cascoteo a la administración alfonsinista se convirtió en uno de los arietes del desgaste del radicalismo en el gobierno (los otros fueron las torpezas de Alfonsín y el juego sucio de los empresarios que lo querían todo para sus arcas, como siempre). El ascenso de Carlos Menem a la presidencia a mediados de 1989 marcó el fin de la estrella ubaldinista. El proyecto privatizador neoliberal del ex gobernador de La Rioja necesitaba, como garantía de triunfo, de una CGT disciplinada detrás de su figura y haciéndole el aguante al modelo de exclusión en desarrollo. Para ello era necesario dejar afuera a los principales dirigentes “duros” y “resistentes” al modelo y dividir (para hacerla más débil y por ende con menor capacidad de resistencia) a la CGT. El objetivo menemista se cumplió con creces y un sindicalismo dividido (del 89 al 92) y endeble (con dirigentes gremiales sin peso propio y adherentes sin fisuras al proyecto menemista) fue la consecuencia de la estrategia de líder peronista.

Las 5 postales de la relación entre un gobierno peronista y el sindicalismo nos muestran diversas estrategias (y resultados) por parte de la conducción política. En el caso de Perón, su incursión en el campo de la conducción gremial  se dio en dos ocasiones (1946- 47 y 1965- 66) en las que vio desafiada su autoridad y en donde el status quo de la relación la movió el conjunto sindical. En el caso de Menem, fue evidente que su decisión de descabezar la dirigencia sindical dura iba de la mano de la implementación de un modelo económico excluyente.

Luego de este repaso veloz, volvamos al 2012: ¿Dónde encuadrar, si se puede hacerlo, el conflicto entre Cristina y Moyano a partir de esta evidencia histórica?¿Tiene aristas comunes con alguna de las mencionadas?¿Se trata de una nueva forma de relación entre gobierno y sindicatos?. Para entrar más de lleno en los interrogantes: ¿las relaciones entre el peronismo en el gobierno y la CGT deben ser siempre armónicas o hay lugar para la tensión dentro de ellas? O como siempre se pregunta el Escriba: ¿las tensiones que se plantean entre el gobierno y la CGT son “políticas” o “sindicales”?. Por último, ¿es funcional una CGT dividida para avanzar en la profundización del modelo nacional y popular?¿Por qué motivos Cristina movió el status quo de la relación?

 Foto.

Apuntes acerca de la amplitud de las coaliciones políticas en Sudamérica

¿Puede el modelo nacional, popular y democrático (o el proyecto kirchnerista, a secas) ser encarnado en una nueva etapa por un liderazgo que no porte el apellido Kirchner?¿Existe alguna alternativa viable y eficaz en el kirchnerismo “paladar negro” que asegure el triunfo electoral del 2015?¿Representa la candidatura de Daniel Scioli la continuidad del proyecto K?. El modelo para lograr institucionalizarse ¿puede dejar la conducción del mismo en manos de un moderado?¿Es central para el proyecto de transformación un liderazgo de credenciales ideológicas definidas? Los procesos políticos de corte reformista (para denominarlo con un concepto abarcativo y que dé cuenta del conjunto de transformaciones en interior del entramado económico- social) ¿son indivisible de la conducción de sus líderes?.

La suma de preguntas que se concatenan en el inicio de este post son las que vienen formando parte del menú de interrogantes que sobrevuelan los análisis políticos interesados en el buen porvenir del proceso (aunque por ahora tímidamente y de reojo) y que de alguna manera forman parte de una suma de enigmas que no cuentan con una respuesta rastreable fácilmente en el pasado nacional. El liderazgo de las figuras emblemáticas de la política argentina desde la restauración democrática ofrece un abanico dispar en cuanto a muchas de las preguntas esgrimidas al comienzo de estas líneas. El menemismo no pudo administrar la sucesión y el proyecto neoliberal, por ausencia de reemplazo y agotamiento social, quedó sepultado en el “que se vayan todos”. El alfonsinismo cayó en las ruinas de la hiperinflación y del golpe de mercado, sin alternativas continuistas. Las otras versiones radicales y peronistas del periodo, no cuentan como evidencia. Y hasta hoy, el kirchnerismo, sólo pudo sucederse a costa de llevar en la boleta el mismo apellido.

Desde allí que se torne necesario cruzar las fronteras nacionales y observar qué panorama nos muestran los países vecinos. Tomaré en cuenta tres procesos: Brasil, Uruguay y Chile. No sólo por que forman parte de un conjunto similar por geografía y por historia común, sino también por otras cuestiones, ligada al sistema político y sus líderes, que lo muestran más afín que el resto de los países sudamericanos.

Empecemos por  Uruguay. Desde el año 2005, el FA gobierno el país vecino a partir de una alianza de partidos en la que conviven diversas líneas internas. La sucesión presidencial del moderado Tabaré Vazquez recayó en el más “osado” Pepe Mujica, quien había sido el rival en la interna del partido del delfín del primer presidente frenteamplista, el más que moderado, Danilo Astori. Es decir, Tabaré no pudo asegurar su propia sucesión y debió aceptar que el voto interno del Partido (una vez más) definiera el candidato presidencial del 2011. Así la fórmula Mujica- Astori fue la vencedora mostrando, por un lado, la amplitud ideológica (y de estilos) de la coalición centroizquierda uruguaya y por el otro, la capacidad del Partido para delinear las estrategias electorales sin aceptar mansamente el dedo de su líder.

En Brasil, la historia política del PT se construyó a partir de las derrotas de 1990, 1994 y 1998 en donde el candidato Lula no logró convencer al electorado de su proyecto, que a la postre se alejaba en cada contienda electoral de sus posturas históricas (hacia una mayor moderación), debiendo rearticular una alianza más amplia para poder captar los votos necesarios para vencer en la elección de 2002. Para elló debió ceder la vicepresidencia a un empresario, José Alencar, extendiendo cualitativamente la coalición de gobierno en una dirección más moderada (por no decir conservadora). La primera gestión del ex tornero, tuvo como característica principal un excesivo cuidado por las cuentas fiscales, dando paso al segundo mandato en el cual, la prioridad se dirigió al área social. El éxito obtenido, le permitió digitar la sucesión, sin grandes resistencias en el interior del partido.

En cuanto a Chile, la propia extensión ideológica de su coalición de gobierno que durante 20 años gobernó el país trasandino, marcó desde su génesis una extensión ideológica amplia (que va desde la democracia cristina ailwinista hasta el Partido Comunista) con un nucleo duro de moderados alrededor de figuras como Lagos y Bachelet. Es decir, se trata de una alianza de partidos con característica similares a las anteriores en cuanto a su extensión, pero en el caso chileno esta se mimetizó, por su moderada gestión política, con una derecha pragmática de la cual cada vez más le cuesta diferenciarse (parte de la derrota puede explicarse desde ahí). La explosión de la sociedad civil chilena de estos últimos años, en especial en la arena juvenil y educativa, afecta a las dos coaliciones por igual y evidencia las particularidades del caso trasandino, a la que durante décadas se lo solía caracterizar como la democracia modelo en la región.

¿Qué factor común tienen estos procesos?

 

Después del breve repaso por la expericiencia de los países del cono sur volvamos al caso argentino. Al no tener a mano una respuesta inmediata a las inquietudes que encabezan este post, me guarezco nuevamente en los interrogantes: ¿Es posible repetir un proceso de recambio presidencial con características similares a las descriptas en forma precedente? ¿Podrá el kirchnerismo avanzar hacia un proceso de sucesión amplio en lo ideológico pero que mantenga los pilares centrales del modelo?. Poniendo nombres y apellidos a las preguntas ¿Será Daniel Scioli el candidato del espacio kirchnerista? El moderado (o conservador) Scioli, ¿tendrá la voluntad de poder para modificar el “nucleo duro” de políticas económicas y sociales del kirchnerismo (como piensan algunos) o simplemente mantendrá constante el esquema del modelo agregando su impronta ideológica en dosis homeopática?. ¿Puede un moderado, que a la postre y en forma paradójica sostuvo durante los últimos nueve años las medidas más importantes del proyecto, conducir un proyecto de transformaciones económicas como el que encarna el kirchnerismo, sin dar grandes volantazos?

Arriesgo una respuesta: el pragmatismo de Scioli no le impide sostener en sus trazos gruesos el modelo, aunque considero que con esa candidatura se clausuraría la profundización del proyecto: es decir, Scioli sería una de las cartas para institucionalizar el modelo (ampliando la extensión de la coalición) pero poniéndole al mismo tiempo un coto a la ampliación del mismo. Lo que el ex motonauta asegura (candidatura ganadora, sostenimiento (muy) moderado del modelo e sucesión ordenada – dejando abierta la posibilidad de retorno de CFK) se convierte al mismo tiempo en un congelamiento de propuestas de un mayor nivel de profundización. La otra alternativa que el gobierno tendrá a mano, es la constitución de un candidato “K puro” que deberá desafiar en una interna (con los costos que ello contrae) al hasta ahora seguro (por sus propias palabras) candidato en el 2015. Qué hará el kirchnerismo, es para estas horas, una pregunta cuasi retórica a tres años de la próxima elección presidencial.

 

 

 

¿Reelección indefinida o sucesión controlada para institucionalizar el modelo?

El 10 de diciembre de 2015, el texto constitucional vigente indica que Cristina Fernández de Kirchner deberá dejar el gobierno y culminar, de esa manera, con 12 años consecutivos de Kirchnerismo, una experiencia inédita para la política argentina.

Durante la semana que culmina y luego de la abrumadora mayoría obtenida para devolverle al Estado el 51% de las acciones de YPF, se volvió a instalar con más fuerza en la opinión pública el futuro del oficialismo de cara a los próximos años. ¿Quién será el candidato del kirchnerismo en las presidenciales de 2015? ¿Qué perfil será el requerido para consolidar el modelo? ¿Este proceso dependerá, en soledad, de la presencia indiscutible de Cristina? ¿Quién será el delfín elegido por la presidenta?

Dos grandes propuestas anidan en la superficie en la que se debate como institucionalizar el modelo. La primera de ellas (desde aquí en más Opción I) descansa en la necesidad de una reforma constitucional que no sólo plasme en el texto constitucional los cambios operados durante esta década por el Estado, sino que también incluya la habilitación para  un tercer periodo presidencial. La segunda propuesta (de aquí en más Opción II), apunta a enhebrar acuerdos en el interior del peronismo que dé lugar a una sucesión ordenada (con un K paladar negro de máxima o un peronista K condicionado, de mínima)

Estas opciones que emergen como las principales (y tal vez únicas) alternativas del kirchnerismo, ya fueron materia de decisión en varios de los países de Sudamérica. Veamos, brevemente, que nos ofrece el menú regional: Por un lado observamos tres procesos en los cuales la opción I fue la elegida: Venezuela, Bolivia y Ecuador. En estos tres países, la institucionalización de los modelos de cambio (con sus características distintivas) es indivisible del liderazgo que lo lleva a cabo. Es decir, los liderazgos que encabezan esos procesos no son fácilmente reemplazables, ya sea por la ausencia de alternativas ganadoras o porque la oferta es escasa o insuficiente. En estos casos, dichos liderazgos deben necesariamente, para salvaguardar los procesos, modificar la constitución y habilitar institutos como la reelección inmediata o indefinida.

Por otro lado la Opción II tiene dos variantes: Brasil (hasta hoy efectiva) y Colombia (el caso fallido). En el primer caso, que llamaremos acá de “sucesión controlada” es la fórmula que encontró Lula para darle continuidad al proceso de cambio. En ese sentido, el líder brasilero ungió su propio delfín y sucesora, a la que no sólo popularizó (hay que recordar que Dilma tenía una intención de voto inferior a las dos unidades, un año antes de la elección) y sostuvo hasta en los peores momentos. Dilma había sido ministra de gobierno de Lula y se convirtió en la figura de recambio en el interior del PT. La excelente convivencia entre ambos augura que dicha relación puede mantenerse en el tiempo, al menos hasta el 2014 que será el tiempo de la disputa por la candidatura presidencial.

El caso de Uribe, que aquí denominé como “fallido”, es la sucesión que no pudo controlarse. El líder antioqueño eligió como delfín a uno de los ministros más importante de su gabinete, Santos (casualmente un ministro como el caso de Lula, a los que puede agregarse los casos de Mujica- Tabaré, en Uruguay y Bachelet- Lagos en Chile. ¿Será la estrategia de los casos de sucesión?) pero a los meses de avanzar en el gobierno, comenzó el divorcio político. En este caso, el sucesor (al igual que Néstor con Duhalde) rompió lanzas con el “patrocinador” y produjo un desfasaje del proyecto en curso. Es cierto que Uribe intentó reformar la constitución por segunda vez (ya había sido reelegido en 2006 reformando el texto) y no pudo superar la resistencia legal de la Corte colombiana, pero a la hora de seleccionar a su delfín, contaba con índices de popularidad cercanos al 70%.

Como se observa el panorama variopinto de casos sudamericanos no indica un camino unívoco y seguro, sino diversas alternativas con resultados dispares. Nada asegura un resultado óptimo y en la política la incertidumbre parece ser moneda corriente para las decisiones de los jefes de estado.

El abanico de alternativas existente en el interior del kirchnerismo, como se dijo al comienzo, muestra dos grandes salidas (Opción I y II) que daría lugar a  tres cursos de acción a los cuales les vamos a poner nombre propio.

Una primera variante (Opción I) es reformar la constitución con el objetivo de institucionalizar el modelo y con ello tocar el artículo 90 con el fin de eliminar la cláusula que impide la reelección por tercera vez consecutiva. Esta opción tendría la ventaja de no abrir el debate de la sucesión y asegurar que sea quien lidera el proyecto quien lo continúe sin grandes contradicciones internas. La desventaja de esta salida sería la resistencia institucional, no sólo de parte del parlamento, sino también de la Corte Suprema de Justicia. Dentro de esta variante está la alternativa de construir un diseño parlamentario para reemplazar al actual presidencialismo, la que, desde el vamos, asegura la reelección ilimitada (al igual que en los parlamentarismos europeos, “horror” que las usinas mediáticas omiten descaradamente cuando hablan de la calidad institucional del viejo continente), pero que dicen no cuenta con el apoyo de la propia beneficiada. Como se dijo, esta elección fue la de Venezuela, Bolivia y Ecuador y se plantea como una reforma constitucional a gran escala.

La segunda, la Opción II que denominé “sucesión controlada” es la selección de un delfín del riñón más cercano y es la que hoy cuenta con mayores posibilidades. Esta variante supondría la selección presidencial de un sucesor de su confianza (¿Alicia?, ¿Boudou? ¿Máximo?, ¿Un tapado/a?) que asegure fielmente la continuidad del modelo. La evidencia histórica, en el caso sudamericano, muestra dos claros ejemplos de éxito y fracaso en dicha sucesión: el primero lo ejemplifica Brasil y el segundo Colombia. En ambos casos el delfín emergió del gabinete y tuvo un apoyo explícito del presidente. Esta opción, sin embargo, implica siempre un costo para el oficialismo ya que dicha candidatura deberá construirse, implicará seleccionar a una de las agrupaciones internas y habrá que hacer al candidato/a un presidenciable. La ventaja de optar por esta alternativa es que se evita el costo de reformar la constitución y de ser exitosa, permitiría institucionalizar el modelo amén de las personas. Lo negativo de esa opción es que no asegura el triunfo electoral y el elegido puede dar marcha atrás en las políticas oficiales.

Dentro de esta Opción II aparece el tercer curso de acción que es la selección de un candidato que no forma parte del riñón del kirchnerismo pero que aseguraría la victoria en el 2015. Estamos pensando en el caso de Scioli, quien sin lugar a dudas sería un candidato ganador, pero que a gran parte de la militancia del espacio le genera muchas dudas y oposición. Una nota al pié al respecto: (Lo paradójico del caso es que el gobernador de la provincia de Buenos Aires ha sido un histórico del kirchnerismo y nunca ha sacado los pies del plato. La duda será siempre la misma: ¿Continuará Scioli el legado kirchnerista? ¿Es el gobernador la expresión del kirchnerismo moderado o simplemente parte de la derecha disfrazada en un proyecto nacional y popular?. La evidencia histórica muestra que Scioli es parte de un peronismo que siempre en su interior anida las diferentes patas que compondrían casi un propio sistema político).

Volvamos. La alternativa de Scioli vendría de la mano de un fuerte condicionamiento en el armado electoral, que implicaría la presencia de actores de veto en lugares clave para evitar que el modelo tomé una dirección distinta a la oficial. De todas maneras, en un sistema presidencialista como el nuestro, estos controles pueden servir, siempre y cuando, el poder ejecutivo cuente con una escasa legitimidad de origen y no tenga voluntad de cambio. En los otros escenarios, estos frenos pueden ser gambeteados con éxito por un presidente con voluntad de poder y de transformación.

Estas distintas alternativas aparecen en el horizonte como las opciones a seguir en un mundo político cada día más apasionante. ¿Será Cristina nuevamente la candidata del espacio? ¿Será un delfín de la presidenta? ¿Será Scioli condicionado con en capacidad e iniciativa política? Hagan sus apuestas, faltan tres años, que en política están a la vuelta de la esquina.

 

La autonomía estatal Kirchnerista vs. el poder de Moyano

¿Es el kirchnerismo la cristalización de un proceso político de autonomía estatal inédita en nuestro país? Dicha autonomía estatal como estrategia de poder ¿es la táctica en la que se guarece el kirchnerismo para los próximos años? ¿La autonomía estatal como construcción de poder, permite un sostenimiento político acorde a los tiempos de crisis? Mediante esta tipo de construcción ¿se ensancha la coalición de apoyos o se resta aliados?

Este post no pretende dar respuestas cerradas en torno a estos interrogantes, pero sí procura entender la estrategia de poder del kirchnerismo, para la etapa que se avecina. Como se escribió hace poquito tiempo aquí, estas notas le dan continuidad al análisis en clave de autonomía estatal- incertidumbre- factor de poder, esquema por el cual intentaré entender las razones por la que el gobierno termina de divorciarse de uno de los aliados naturales durante gran parte de las administraciones kirchneristas, como es Hugo Moyano.

Sin aspirar a un detallado examen de las razones personales que habitan en los vínculos políticos y que pueden convertirse en factores explicativos del divorcio Gobierno- Moyano  (que muchos análisis periodísticos le dan categoría de verosímil) aquí exploraremos una respuesta basada en razones políticas y formuladas en clave de pregunta. Es decir, los avatares personales de la relación CFK- Moyano, carecen, por sí solas, de la fuerza explicativa para poder explicitar el divorcio de los otrora aliados.

La autonomía esgrimida por el gobierno a lo largo de estos 9 años (y más claramente palpable en los últimos cuatro) resulta el factor explicativo más importante para comprender su relacionamiento con el resto de los actores sociales y políticos, incluido por supuesto el sindical. El kirchnerismo ha pretendido convertirse en un factor de poder inédito para la historia política del país desde la restauración democrática, a partir de un proceso de emancipación que generó importantes grados de incertidumbre para el resto de los actores.  Como se dijo, esta incertidumbre produce mayores temores en lo más alto de la pirámide social, ya que en su mayoría, son los empresarios y los grupos de poder más importantes quienes vieron durante décadas asegurados sus negocios al amparo de un estado dócil y poco renuente a la transformación de las reglas del juego y hoy se muestran escandalizados ante la “avanzada K”. Esta incertidumbre puede entenderse a partir de que dichos grupos sufren la pérdida de la iniciativa propia sin intromisiones oficiales y  deben contar con la presencia de un Estado con juego propio y con capacidad de dominio sobre el entramado social.

El kirchnerismo, en ese sentido, ha pateado el tablero político a partir de una estrategia de avanzada, basada en hacer del Estado un agente de poder con capacidad de disciplinar al resto de los actores. Desde allí que no sólo los empresarios sientan el desamparo oficial  sino que también hoy pasen por el mismo desfile los dirigentes sindicales, en especial, su líder. Es decir, el disciplinamiento oficial se dirige hacia los actores con poder de veto sin distinción de credenciales y aquí el poder de Hugo Moyano emerge como uno de los desafíos a los que se enfrenta (ba) el gobierno.

En ese sentido, el gobierno se mueve suelto de cuerpo frente a las corporaciones y haciendo sentir fuertemente su presencia en la arena de la toma de decisiones. Sin embargo, es justo aclarar que el planeo aéreo sobre los intereses en pugna puede resultar una eficaz estrategia en sociedades donde priman los negocios corporativos que ahogan el accionar el estatal (aquellos hijos de la “conciliación de clases” atada al estado de Bienestar, tipo europeo), pero ¿es una jugada eficaz en países en donde el poder real de dichos actores es desigual como en el nuestro y en general, en los sudamericanos?.  ¿Es lógico tratar por igual a las cámaras empresariales que a las sindicales?¿No colisiona esta táctica frente a la postulada por la presidenta de “no neutralidad” en el conflicto social?

Hoy el kirchnerismo ha decidido dejar en el camino a una de sus espadas de antaño, sin tener, al menos a simple vista, a su reemplazante en el trono de Azopardo. El “aguante de Hugo”, en las buenas y en las malas, durante la etapa kirchnerista no puede cuestionarse y fue palpable en los últimos años. Es cierto que el modelo económico que primó le permitió al sindicalismo gozar de una importante porción de poder y obtener para sus asociados jugosos dividendos (aunque, como es evidente, no se trate del mejor de los mundos) para poder legitimarse. Con seguridad, la táctica gremial de demandar lugares en las listas, su reclamo histórico de aumento del mínimo no imponible, el amago de parar el país luego del exhorto suizo, entre otros, fungieron como elementos que sumados dan como ecuación un proceso de desgaste frente a un gobierno poco proclive a verse corrido de su estrategia de “control social”.

En ese marco, la pregunta a responder es ¿al debilitar la posición de Moyano al frente de la CGT, no se está resintiendo al sindicalismo? Al atacar al líder camionero, ¿no le estamos sacando los argumentos históricos a los sectores antisindicales? Conviene recordar que la derecha durante años denostó el comportamiento de Moyano, no sólo por ser un estrecho  aliado del kirchnerismo, sino también por que su accionar colisionaba con la histórica docilidad gremial de los tiempos del neoliberalismo. Por lo tanto, ¿Qué utilidades obtiene el gobierno, salvo la de desalojar del trono a un actor con pretensiones de poder?  En pos de mantener indemne la autonomía estatal ¿es conveniente dejar al sindicalismo flaco de poderes? ¿Es Moyano un actor con capacidad de dañar al gobierno?

Se torna innegable aclarar que la estrategia de autonomía de los actores económicos sociales por parte del Estado en esta década le permitió al kirchnerismo producir un proceso de  transformaciones vitales para dejar atrás las consecuencias nefastas del neoliberalismo militar- menemistas de los últimos treinta años. Lo que se plantea en este post es si esta exitosa estrategia de poder puede convertirse en un fin en sí misma (la estrategia para ayer, hoy y siempre) o sí ya esta variante de poder estatal necesita de “otras dependencias” para avanzar hacia una mayor transformación económica y social.

¿Habrá llegado la hora de una autonomía con sintonía fina? ¿Se puede profundizar el modelo desde esta estrategia y cercando a los aliados naturales? ¿Se fortalece a los aliados restándole poder a sus líderes? Como siempre la realidad se encargará de responder estos ansiosos interrogantes.

El Estado kirchnerista, la autonomía y la incertidumbre

¿Es el kirchnerismo un modelo económico de inclusión social inédito para la historia argentino? ¿Presenta este gobierno las credenciales históricas para ubicarlo como de izquierda democrática? ¿Es el kirchnerismo una etapa de consolidación del Estado capitalista dependiente? ¿Es el kirchnerismo la continuidad del neoliberalismo por otros medios? ¿Representa este gobierno la herencia del módulo nacional y popular?

Muchas son las preguntas que se reproducen a diario al interior del mundo intelectual, político, académico y de la opinión pública para intentar dar cuenta del fenómeno kirchnerista. También son varios los abordajes por donde se lo observa en una época caracterizada por la centralidad que vuelve adoptar la política en su faz transformadora.

Lo que sí comparten la mayoría de los analistas del periodo es que, como no sucedía desde hace más de cincuenta años, el Estado argentino tomó una centralidad como agente político económico y social desconocido desde la restauración democrática en 1983. Y desde allí que podamos indicar, sin temor a equivocarnos, que el kirchnerismo, tomado como modelo económico, como liderazgo político o como proceso disruptivo de la política local, en cualquiera de las esferas que se lo mida, ha vuelto a poner en el centro dos cuestiones: el Estado y la incertidumbre de los principales actores (en un rato volvemos a esto).

Desde el año 2003 el kirchnerismo ha producido un proceso de cambio económico, político y social que ha afectado, en mayor o menor medida, a los distintos estamentos sociales de nuestro país. Lo que se ha dado a llamar “el modelo” implica una serie de transformaciones de una buena parte de la estructura productiva, que tiene como resultado (positivo) una sociedad más equilibrada, con mayor empleo y con salarios recompuestos.

Sin intentar enumerar el resto de las “bondades” y limitaciones que tiene el esquema inaugurado luego del desastre neoliberal (que aquí en Artepolítica ha sido desmenuzado de manera abundante), lo que aquí intento advertir es que uno de los rasgos que caracteriza al kirchnerismo (el cual me interesa resaltar) es justamente el haber convertido al aparato del Estado en un agente con poder propio, con un alto grado de autonomía y con capacidad de disciplinar, al hacer uso de sus instrumentos, al resto de los actores.

Está claro, como nos cuenta la historia, que cuando el Estado adopta tal nivel de autonomía, y por ende, de intervención son los sectores sociales populares, en la mayoría de los casos, quienes se benefician. Casi toda injerencia del aparato estatal en el ámbito económico, colisiona, la mayor de las veces y en especial en los países periféricos (esos que los neoliberales suelen denominar “emergentes”), con los intereses empresariales deseosos de la manutención de un orden estable sin mayores disrupciones ajenas a las del mercado.

En nuestro país, durante  más de 30 años fue instaurado un modelo de país en donde el Estado fue perdiendo, en forma paulatina, su poder de intervención, Los militares genocidas, haciendo el trabajo sucio en connivencia con algunos sectores empresariales, limaron los instrumentos de injerencia estatal y ejecutaron una política de destrucción y abandono de las políticas laborales sometiendo a los trabajadores a un escarnio social revanchista (Basualdo dixit). El menemismo continuó estos lineamientos y profundizó el esquema de expoliación añadiendo el desguace estatal e inaugurando un proceso de exclusión desconocido para la historia nacional que se extendió durante el gobierno de la Alianza. Como sabemos este modelo neoliberal terminó de la peor manera en diciembre de 2001 y fue a partir de mayo de 2003 (previo interinato del senador Duhalde) que este proceso comenzó a revertirse de manera gradual.

En todos esos años, el aparato estatal sufrió un sistemático proceso de deterioro en sus capacidades que lo limitó de cualquier posible intervención a favor de los sectores más desprotegidos de la sociedad. Y en consecuencia, fueron los sectores empresariales quien más se vieron beneficiados de esa ausencia por partida doble: menor control para el lucro y empresas estatales en la modalidad de concesión.

El kirchnerismo dio punto final a este modelo concentrador (aunque es cierto que aún quedan enclaves a desterrar, tarea urgente de la administración) y ubicó en el centro de su quehacer al Estado, como un nuevo actor con capacidad no sólo de intervenir y direccionar a los agente privados, sino también como un protagonista con un nivel de autonomía que sobrevuela los intereses de los sectores en pugna y que inyecta, cada vez en mayor medida, dosis de incertidumbre al entramado económico social. Es decir, el planeo por los intereses en conflicto (“No vine a custodiar la rentabilidad empresarial…ni a ser parte de las internas sindicales”, por mencionar algunas) sumado a la constante modificación de las reglas de juego empresarial (La tan mentada “seguridad jurídica” esgrimida por los popes mediáticos del neoliberalismo vernáculo) suscitan temores en el interior de los sectores patronales. Es cierto que los sectores empresarios continúan obteniendo jugosos beneficios (el complejo sojero es un ejemplo paradigmático al respecto) pero, dichos sectores temen, aún más, que el entramado legal sufra modificaciones que recorten sus ganancias a futuro.

Lo que los gobiernos anteriores al kirchnerismo le permitía a estos sectores, era la certeza de que sus intereses iban a ser custodiados o, al menos, que las reglas del juego (su propia seguridad jurídica y económica) no sufriría grandes alteraciones. Por esa razón, para el empresariado tradicional, este gobierno es más peligroso que cualquier experimento político, que a pesar de afectar sus intereses, logre dotar de certeza a sus acciones.

El kirchnerismo, y aquí está en mi concepto su principal punto fuerte, fue el primer gobierno después del de Perón, de poner en el tapete la ausencia de certeza en el entramado económico, político y social. Desde allí que cada vez que rugen las usinas mediático- empresarias ladrando sobre el grado de “inseguridad jurídica” o sobre los sistemáticos “cambios en las reglas del juego”, las acciones gubernamentales aumentan y absorben mayores grados de poder.

Es cierto que un cambio sistemático en las pautas de conducta de los actores afecta el normal desenvolvimiento de las sociedades, sin embargo, la evidencia histórica nos muestra que en los países en los que se gozó durante décadas de una “estabilidad” para los negocios, el hambre y la pobreza fueron los resultados más importantes. Desde allí que no hay que confundir incertidumbre con anarquía. Y como aprendimos en estas décadas, la certeza para los negocios no es igual a mayor empleo y mayores derechos.

Desde este encuadre es entendible la desazón de los sectores del verdadero poder frente al estado kirchnerista. Estos sectores se siente más cómodos con gobiernos dóciles (inclusive sean o no proclives a políticas neoliberales) y seguros en lo que atañe a la certeza en la cosmovisión de sus negocios. Con ello, acá no se intenta decir que el kirchnerismo haya afectado de manera frontal sus negocios sino que perturbó su certeza del “estado seguro”. Es decir, es cierto que el gobierno, al tener una política de mayor distribución “tocó” determinados intereses (que en un contexto de crecimiento no fueron determinantes para sus balances), pero el temor principal de estos actores es y fue no tener el control del Estado de antaño.

La autonomía adquirida por el Estado kirchnerista estos años, permitió avanzar en un proceso de cambio de la matriz neoliberal de los noventa. Sin embargo, desde este mismo esquema ¿es posible generar procesos de mayor profundidad en lo político- social?¿Dicha autonomía estatal permitirá una mayor transformación en lo social, con mayores dividendos para la clase trabajadora?¿La no- neutralidad esgrimida por la presidenta en sus discursos puede dar lugar a una transformación cabal de la economía argentina o sólo se quedará en el discurso?¿No ser neutral implica convertirse en representante genuino de los intereses de los más pobres?¿Es posible que el modelo para sustentarse deberá dar lugar a una mayor autonomía del Estado y por ende de una mayor incertidumbre empresarial?

En síntesis; no se corre el riesgo de que al aumentar su autonomía, el Estado -el Gobierno- se autonomice también “demasiado” de los sectores populares?. Ese mayor grado de autonomía (el planear por “arriba de todos”)  que en los hechos implica un disciplinamiento generalizado de actores ¿es funcional a un modelo de no neutralidad o dicho disciplinamiento en los hechos termina jugando siempre para los más ricos?

Las respuestas a estas preguntas serán parte de la realidad de los próximos años.

De eso no se habla

Afiche de la película De eso no se habla

 Este post contó con la colaboración de la Licenciada Lorena Guzzetti

 “Quiero volver a ser como antes”, pidió la niña entrerriana de 11 años a sus familiares luego de la violencia sexual sufrida, seguida de embarazo, se calcula hace dos meses.

El episodio llegó a la opinión pública esta semana luego que la niña fuera revisada en un hospital regional, tras advertirse intensos dolores abdominales. Lo que, en un primer momento, se especuló como un cuadro de apendicitis, dio lugar a la conmocionante noticia de un embarazo. El nosocomio realizó, de manual, la denuncia judicial comprobándose durante las pericias, realizadas esta vez en el Hospital Masternat de Concordia, que el abuso sexual lo cometió un joven de 17 años. La madre de la niña violentada demandó al hospital la práctica del aborto contemplada en el marco del Código Penal en su artículo 86. Dicho artículo observa el aborto no punible en los casos de violación o cuando se encuentre en peligro la vida de la mujer.

El director del hospital donde se realizaron las pericias mencionadas (el Masternat de Concordia) al mejor estilo “Poncio Pilato”, derivó el caso a la justicia, siendo esto innecesario ya que los instrumentos judiciales avalan la práctica de interrupción del embarazo. En la misma línea y desde una lógica fundamentalista y conservadora, el ministro de salud del estado provincial, Hugo Cettour expresó que la niña debería continuar con su embarazo ya que la “naturaleza es sabia”. Tal frase, que remite a los clérigos de la Edad Media y es poco feliz en el contexto actual caracterizado por el proceso de secularización acaecido en los últimos siglos, muestra un nivel de anacronismo que asusta.

Días después  de presentar el pedido de autorización judicial por intermedio de su abogada, la madre de la niña violada desistió en forma sorpresiva de dicha intervención.

Las preguntas que desde este espacio nos realizamos luego de analizar este suceso son: ¿puede una niña de 11 años no ser impactada física y emocionalmente  en su salud luego de un abuso sexual y posterior embarazo? ¿Es simplemente una niña- incubadora ? ¿Desde que principio se la protege al momento en que la niña pide volver a ser una niña? ¿Quiénes son los guardianes de su vida que no se molestaron en informarle de todos sus derechos ? ¿Los que si lo sufrieran en carne propia, en su mayoría irían corriendo al hospital privado más cercano para hacer el aborto de manera silenciosa silencioso? ¿Y el Protocolo de atención a las víctimas y la guía de los abortos no punibles, no valen para las niñas pobres? ¿Desde que lugar, principios y valores actúa el estado entrerriano?

Y aquí emerge la pregunta que más nos preocupa: ¿Por qué el silencio del Estado nacional?. Existen datos elocuentes de la posición que han tomado en estos últimos meses algunas provincias y gobernadores que han expresado su opción “pro vida” (que en el caso de esta niña es mas que discutible donde se encuentra la vida), que es alimentado, como se sabe, por sectores ajenos a la responsabilidad estatal como es el caso de la Iglesia.Pero lo que sí sorprende es la actitud del Ministro de Salud de la Nación. Su silencio, hasta que no exista una declaración en contrario, es tácitamente una aceptación de la posición de su par provincial.

Ante la evidencia de, la no utilizada en este caso, protección estatal y social amparada en las leyes anteriormente nombradas mas las dos especificas como son las leyes nacionales 26061 (de Protección Integral de los derechos de niñas, niños y adolecentes) y 26485  (de Protección Integral contra la violencia contra las mujeres), resulta al menos asombroso, que desde las más altas esferas del Estado nacional no se haya tomado una posición más clara (como sí ha tenido en innumerables situaciones) sobre el pisoteo en los derechos de las niñas pobres.

Salvo algunas excepciones este silencio oficial colisiona frente al conjunto de medidas de ampliación de derechos y garantías hacia las mujeres tomadas por este gobierno a lo largo de los últimos años. El kirchnerismo, que tiene en su haber una serie de iniciativas que le otorgó status de igualdad de género a muchas de sus decisiones, tendrá en un futuro cercano que tomar una posición respecto al tema que subyace en este y otros casos, como es el derecho al aborto. Amén (y el término es utilizado adrede) de la siempre evocada “libertad de conciencia”, un gobierno que ha hecho de la ampliación de derechos cívicos y sociales de vastos sectores de la sociedad y haber dado respuesta a los sectores más vulnerables de la misma con la AUH, su principal valuarte, debería en consecuencia, garantizar el derecho a las mujeres más pobres de la sociedad a acceder libremente a un amplio abanico de los derechos sexuales y reproductivos.

A sabiendas que es una temática compleja, esta cuestión no debería dirimirse en el terreno de las creencias personales, ni valores subjetivos, sino en el campo de la salud pública que es el marco donde hay que ubicarlo. Los datos y vivencia del sufrimiento de miles de mujeres que año a año se enfrentan en forma individual al aborto clandestino, muchas veces pagándolo inclusive con su propia vida, necesita, al menos, de un debate franco y abierto en toda la sociedad y de una legislación que acompañe la garantía de los derechos. La incansable lucha de muchas organizaciones de mujeres  y de las más pobres del país lo siguen esperando.

Sabbatella y el sendero que no se bifurca

Durante estos últimos días, en el seno del EDE (o sin más, el sabbatellismo) las aguas dejaron de estar calma. El debate que tardó más de cuatro años en desatarse irrumpió de golpe en los medios a partir de declaraciones de sus máximos dirigentes de Capital. Las posturas son claras: integración al FPV como un espacio interno o acompañamiento con autonomía desde afuera de esas filas como hasta hoy.

Poder interpretar cuales serán los pasos a seguir por el sabbatellismo en la coyuntura nos lleva a retroceder en el tiempo, para observar las huellas del camino, que parece ir sin retorno hacia la integración formal.

Con sólo 29 años Martín Sabbatella (desde acá en adelante MS) ingresaba a la intendencia de Morón acompañando el proyecto político, que allá en 1999, encarnaba la Alianza por el Trabajo, la Justicia y la Educación. MS integraba el grupo de intendentes provenientes de las filas del FrePaSo (había llegado allí luego de una primeriza experiencia en el PJ y una mayor en el PC) que habían ganado con el viento de cola delarruista, intendencias con historia peronista, como la de Avellaneda, Quilmes y Lomas de Zamora. Como se sabe la experiencia de la Alianza se fue destruyendo al compás de las renuncias, los megacanje y los corralitos y la explosión se extendió a lo local quedando los municipios aliancistas cercados por el insaciable PJ. En ese sentido, Morón no fue la excepción y el 2001 los encontró atrincherados en la intendencia defendiendo la legitimidad obtenida por los votos dos años atrás. La recomposición del sistema político a partir del interinato duhaldista, le permitió a MS enhebrar acuerdos tácticos con Felipe Solá para sortear la crisis económica de aquellos años y comenzar así su alejamiento definitivo del FrePaSo.

El 2003 representó para MS el año decisivo para su supervivencia política. Sin adherir a ninguna representación nacional conformó el espacio político Nuevo Morón, un partido local, en vista a reelegir en su distrito. Apelando al corte de boleta, su campaña electoral tuvo en la “tijera” la herramienta principal de promoción, convirtiéndose en marca registrada de la lógica moronense de hacer política. Mientras los tres distritos gobernados por frepasistas volvían a sus antiguas manos peronistas, Morón se convertía en el caso distintivo que revalidaba credenciales a partir de la mística que le imprimían sus jóvenes gobernantes. El triunfo de ese año le permitió sortear con éxito la legislativa de 2005 y la nueva reelección de 2007. Durante ese lapso intentó construir una fuerza provincial que a falta de elecciones se quedó sin nafta antes de empezar. Lo poco que se juntó sirvió para insertarlo en el interior del espacio sabbatellista que algún día iría a jugar, pero no para mantenerlo dentro de una herramienta política de construcción a futuro al carecer de la zanahoria electoral que incentiva al encuadre interno. Tanto en Capital, como en provincia, se lanzaron experimentos de ese estilo que no llegaron a la cosecha ante la ausencia de cargos a la vista.

Hasta ese momento la relación con el gobierno nacional mantuvo la distancia existente entre dos gestiones que tenían horizontes diferentes. Para MS la prioridad pasó a ser custodiar el distrito y la “tijera” como instrumento político de corte, le permitía ser votado, por las diferentes fuerzas que se presentaban a nivel nacional y provincial. Es poco lo que quedará para el recuerdo de esos cuatro primeros años en lo que hace al posicionamiento político frente al gobierno nacional, salvo los elogios a la política de derechos humanos, Corte Suprema y la política regional y sus críticas a la calidad institucional y la escasa voluntad de profundizar el “modelo”. La única salida nacional había sido el encuentro con Binner, Juez y Martínez Garbino, una entente que se disolvió a poco de empezar.

Luego del triunfo de octubre de 2007 (el último de MS en el distrito) y tras varios amagues, se decidió jugar de lleno en la arena electoral provincial. Para ello, se construyó el Encuentro por la Democracia y la Equidad (EDE) que tuvo su eje en Bs As, Capital y Santa Fe. Sin lugar a dudas, el primero era el distrito donde el EDE ubicó toda su energía, ya que desde allí MS daría el salto hacia las grandes ligas.

En ese sentido, el posicionamiento político nacional comenzó a partir del conflicto con las entidades patronales del campo. Allí Sabbatella jugó claramente a favor de los intereses del gobierno argumentando que la legitimidad del Estado para intervenir en la economía es uno de los pilares de cualquier administración política que pretenda modificar el status quo sistémico. Sin embargo, ese apoyo venía cargado de críticas por izquierda en las que se definía al kirchnerismo como un espacio en el que “conviven el antídoto y el veneno” y de ser un gobierno que había puesto un “piso”, pero no había podido perforar el “techo” en lo que hace al conjunto de medidas económico- políticas. Desde allí que el planteo de la autonomía era la estación en la que se guarecía MS para no ingresar en el “tren fantasma”, pero tampoco para subirse a esa oposición “que quiere retroceder al pasado”. Esos fueron los principales argumentos para avanzar en un armado en vistas a la elección legislativa de 2009.

A sabiendas que el novel partido no alcanzaba para disputar con pretensiones en el distrito más poblado y extenso del país, enhebró una serie de acuerdos partidarios que abarcó desde Libres del Sur hasta la CTA. El armado interno del Nuevo Encuentro determinó que el orden de la lista de la alianza sería MS, Graciela Iturraspe (por la CTA) y el “Huevo” Ceballos (por Libres). En Santa Fe se decidió jugar con Rossi (el primer acercamiento concreto al kirchnerismo) y en la Capital se resolvió no jugar (en una decisión no exenta de polémica), aduciendo la imposibilidad de un acuerdo similar al de la provincia entre Pino (en ese momento nac&pop), Heller (FpV) e Ibarra.

Durante la campaña electoral MS se mostró respetuoso de su contrincante Kirchner (“el mejor presidente desde el 83”) y le pegó duro y parejo a la oposición y a su punching ball provincial Daniel Scioli. Aquí aparecía con claridad la ecuación sabbatellista: “una cosa es el gobierno nacional y otra el provincial”. Inclusive hoy dicha ecuación tiene nombres propios.

La elección del 2009 le reportó buenos dividendos a la fuerza que obtuvo el 5,7% pudiendo colar dos diputados en el Congreso. A partir de ese año, el kirchnerismo, como se sabe, profundizó su política de inclusión democrática que había comenzado por la estatización de las AFJP y que continuó con la ley de medios, la asignación universal, el matrimonio igualitario, entre los salientes, lo que configuró un nuevo posicionamiento al interior de la fuerza. El armado del bloque en diputados respondía a esa nueva caracterización y se diferenciaba de la alianza del NE. Es decir, se sumaba por el lado del kirchnerismo “autónomo” (Heller, Rivas, Basteiro) y se restaba por el lado del progresismo blanco (Lozano, Iturraspe, CTA).

El camino hacia el kirchnerismo se encontraba en el horizonte inmediato y el acuerdo electoral con vistas a la elección de octubre de 2011 con Kirchner y, luego de la muerte de este, confirmado por Cristina abrió las puertas para un acercamiento mayor. El “antídoto” superó al “veneno” y MS jugó en forma decidida por la candidatura de CFK a la cual acompañó a nivel nacional en la totalidad de las categorías (senadores y diputados con listas comunes), manteniendo sólo la autonomía a nivel provincial y local. El 5,74% de las PASO y el 6,48% del 23/10, evidenciaron que el piso electoral es muy parecido al techo y que la autonomía esgrimida como un tercer espacio político entre el kirchnerismo y la oposición tiene réditos minúsculos.

Hoy se sabe, el EDE se encuentra inmerso en un debate sobre la conveniencia de incorporarse a las filas del FpV, como un espacio dentro del kirchnerismo o continuar ligada a esta lógica que descansa en el apoyo al gobierno con autonomía partidaria. Se debe indicar de todas maneras, que el acierto de Sabbatella fue comprender los distintos momentos  políticos y jugar en consecuencia. El olfato político le indicó cuando debía dar los pasos necesarios para posicionarse en forma correcta ante las diversas coyunturas. En eso colaboró su apertura ideológica alejada del “gorilismo tradicional” del progresismo local.

La pregunta que deberá responder el sabbatellismo es desde dónde es conveniente dar el apoyo al gobierno, es decir, desde qué espacio se robustece de mejor forma al Proyecto. A su vez, el debate sobre la identidad también será puesto sobre tablas, ya que el ingreso pleno al kirchnerismo dejaría soldados heridos. Dentro del EDE, también se encuentran los que añoran una vuelta al progresismo blanco y hacen fuerza por una autonomía que deje espacio a un posterior acuerdo con el socialismo de Binner (a quien le fue bárbaro en Morón y del que se sospecha generó un cruce de votos entre su candidatura y MS- Ghi). Convertirse en una parte de un proyecto político que contiene otras, a veces disímiles y antagónicas, será todo un desafío para una fuerza poco propensa a ser conducida. En ese sentido, el “Movimiento Evita” sería un buen espejo donde el EDE podría mirarse.

Zanjar el debate interno será la tarea que se dará el sabbatellismo en esta hora, que daría toda la sensación tiene un camino único. El dilema será: O se conduce a los buenos, pocos, pero bien definidos ideológicamente (el grupo esclarecido) o se forma parte de un proyecto nacional y popular, siendo eso, una parte de un todo no conducido, pero con una gran proyección provincial y nacional como pieza de recambio para lo que viene. . El temor a quedar encorsetado en el interior del Proyecto deberá ser otro miedo a superar ya que para empujar en una dirección de mayor profundización del modelo, hace falta mostrar credenciales de acompañamiento desde adentro. Y estaría bueno, que desde las propias filas del kirchnerismo aparezcan voces que respalden un incremento de las medidas que apunten a morderle mayores tajadas a los sectores concentrados de la economía.

Hagan sus apuestas, pero volviendo al comienzo, son pocos los caminos que da la sensación le  quedan al EDE en un sendero que parece dejar de bifurcarse.

Se viene Cristina, se viene…

Con la colaboración del excelente blog electoral de Andy Tow, entre otras fuentes bibliográficas y mentales, hilvané algunos datos estadísticos sobre la elección del próximo domingo. Teniendo en cuenta que se trata de las elecciones más previsibles de la historia argentina (comparables, en algunos aspectos, con las últimas de Perón) ahí van una serie de perlitas electorales, que claro está espero que se vean enriquecidos por más datos que no se me ocurren, para poder ir con más fuerza el domingo a dejar el voto en esta histórica elección.

Van algunas para ir preparando los botines en estos días de veda: