Mariano Fraschini

Elecciones en Colombia: triunfo de Santos y regreso de Uribe

Alvaro Uribe, Juan Manuel Santos
El domingo se realizaron elecciones legislativas en Colombia. Como marca la constitución del país, estas elecciones anteceden en dos meses a la votación presidencial, y muchas se convierten en una especie de termómetro político que mide la temperatura político- electoral previa a la principal contienda. A su vez, se trata de una elección en la que se renueva la totalidad de las bancas en juego: 102 senadores y 166 diputados (llamados representantes), en un sistema de elección optativa.
A continuaciones algunas viñetas de la compulsa electoral del 9M:

• La coalición de gobierno del presidente Juan Manuel Santos integrada por el Partido de la U, el Partido Liberal y Cambio Radical resultó ser la más votada en el Senado y en la Cámara de Representantes. En la primera obtuvo 47 curules (como llaman los colombianos a las bancas), quedando a pelito de la mayoría absoluta y en la segunda 92, alcanzando el quorum propio con comodidad. Esto le asegura al primer mandatario colombiano un importante plafón para las elecciones presidenciales a realizarse en mayo y un sólido sostén parlamentario de cara a los próximos cuatro años.

• La fuerza del presidente, el Partido de la U, se convirtió en el partido más votado en la Cámara de Senadores, obteniendo el 15,58%, frente al 14,29% de Centro Democrático, 13,5% del Partido Conservador y 12,22% del Partido Liberal. Como viene ocurriendo en las últimas elecciones, a partir del ascenso de Uribe, y con ello del declive de los partidos tradicionales, se observa una importante dispersión partidaria. Esto ha obligado a los últimos mandatarios a realizar distintos tipos de acuerdos partidocráticos con el objetivo de alcanzar mayorías parlamentarias que les permitieron gobernar con un sólido apoyo legislativo.

• En la Cámara de Representantes, por otro lado, fue el Partido Liberal quien obtuvo la mayor cantidad de representantes (39), seguido por el PU con 37. Aquí la coalición de gobierno obtuvo su mejor resultado, quedando la oposición del Partido Conservador (27) y del Centro Democrático (12) relegada a un tercero y quinto lugar respectivamente.

• El principal eje de campaña, y en el que se centra el debate político en Colombia es el proceso de paz que se está realizando en La Habana. A pesar de haber sido uno de los principales antagonistas de la guerrilla cuando ocupaba el ministerio de defensa de Uribe, Santos fue quien le ofreció a las Farc una salida negociada al conflicto militar de los últimos 50 años. A pesar que en la actualidad la negociación entre el gobierno y la guerrilla se estancó en el tema de los cultivos ilícitos, los acuerdos en otros puntos evidencia que el camino hacia la paz parece allanado y es factible. Desde el último fracaso del “Caguan” (1999- 2002), nunca se estuvo tan cerca de arribar a un acuerdo estructural que de paso a un nuevo ciclo político.La elección del domingo permite avanzar en la profundización de dicho acuerdo de paz.

• A pesar de que los números les sonrieron a Santos, la estrella de la jornada, sin embargo, fue Álvaro Uribe. Aunque lejos de sus notables índices de popularidad (promedió el 70% a lo largo de sus dos presidencias) y de éxito electoral, el líder antioqueño logró un segundo lugar encabezando la boleta del Centro Democrático. Acérrimo enemigo de los procesos de paz (del Caguan y del de hoy) Uribe expresa en la actualidad la posición más dura en contra de la negociación. De cara a la elección presidencial, el delfín del expresidente, Oscar Iván Zuluaga aún no logra concitar los apoyos necesarios para convertirse en alternativa viable a Santos. La buena elección de Uribe permite pensar en una posible transferencia de votos hacia dicha candidatura, que en las semanas sucesivas se verá en qué dimensión.

• Los resultados electorales del domingo evidenciaron la potencia que aún hoy mantienen los partidos tradicionales, a pesar de que ninguno de sus dirigentes gobierna desde la administración del conservador Pastrana (1998-2002). El Partido Liberal, que tuvo su última experiencia con Samper (1994-1998) tuvo una buena elección en la cámara de representantes y el Partido Conservador fue parejo en ambas. Es cierto que el PL es parte de la coalición de gobierno de Santos y que el PC lo fue de Uribe, sin embargo lejos quedaron los guarismos que solían obtener en todas las elecciones nacionales antes de 2002. Los nuevos partidos tampoco lograron mantener sus votos históricos: el Partido Verde que peleó con Santos hace cuatro años la segunda vuelta, obtuvo 5 senadores y 6 representantes, mientras que la izquierda del Polo Democrático nunca volvió a los guarismos de la elección de 2006 y se debió consolar con 5 senadores y tan sólo 3 representantes.

• La abstención electoral volvió a repetir los índices de esta clase de votaciones y alcanzó el 57%. En otros tiempos la violencia era considerada la explicación fundamental de este resultado, pero hoy, más allá de algún foco, ésta ha disminuido en forma notable. El proceso de paz (la “Ley de paz y justicia”) del paramilitarismo desde 2005 y las negociaciones con la guerrilla en estos años, explican a grandes rasgos, este cambio en lo relativo a la inseguridad a la hora de sufragar de los años anteriores. Habría que pensar en la apatía o el desgano con las alternativas electorales ofrecidas como una posible explicación de este nivel de abstención. Salvo en Venezuela, en la mayoría de los países con voto optativo se observan altos índices de abstención, proceso que permite revisar la “calidad de la democracia” que muchos le objetan al país de Bolívar y ensalzan en Chile y Colombia.

De cara a la presidencial de mayo, la reelección de Santos parece asegurada. Ni el Partido de Uribe, ni el Polo Democrático, ni el Partido Conservador, aparecen como opciones con capacidad de competencia frente a una candidatura instalada y con un sólido porcentaje de votos. A pesar que las encuestas aún no hablan de victoria en primera vuelta, la amplia diferencia que Santos le lleva a la segunda fuerza (hoy Zuluaga) permite aventurar un triunfo holgado de la coalición gobernante.

Faltan dos meses, un tiempo prolongado para la política en Sudamérica, pero las fichas ya están en juego.

Un año sin El

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Hace un año escribí el post más triste de mi vida. “Prohibido llorarlo” lo titulé; imposible no haberlo hecho. Allí intentaba hacer un recorrido por la vida política de Hugo Rafael Chávez Frías, desde su primera aparición pública luego del fallido y “por ahora” según sus palabras, fracaso militar, hasta su última victoria electoral en octubre de 2012, por más de 11% de ventaja sobre Capriles y con record absoluto de asistencia electoral, superior al 80%.

Sobre Hugo Chávez se ha escrito disímiles biografías, trabajos académicos y artículos, se han realizado películas, cortos y documentales, se ha discutido sobre su obra de gobierno, sobre su vida y sus circunstancias, se lo ha caracterizado como revolucionario, demócrata, libertador, prócer, luchador, antiimperialista, demagogo, tirano, dictador, autoritario, golpista, entre muchas de las denominaciones. Sin lugar a dudas, una personalidad como la de Chávez atrajo diferentes y antagónicas caracterizaciones, lo que explica de forma acabada la estatura política de un liderazgo que no dejó indiferentes en el camino.

En ese sentido, se lo acusó de ser sólo un militar golpista, pero a la par fue el líder que más se sometió a elecciones en el mundo. Se le imputó relaciones con el sociólogo argentino y confeso fascista, Norberto Ceresole en su ascenso al poder y fue según palabras de Fidel Castro “el mejor amigo de Cuba”. Se lo sindicó de ser el típico militar nacionalista latinoamericano y fue el primero en retomar el concepto de socialista en pleno siglo XXI. Estas peripecias de la vida política lo llevó a ser en los noventa, y previo a su ascenso al gobierno, denostado por intelectuales como Eduardo Galeano y elogiado por Radio 10, quien inclusive festejó su triunfo de diciembre de 1998. La complejidad del personaje nos permite alejarnos de los “binarios” de la vida (los buenos y los malos) e internarnos en las contradicciones de las personas públicas, que como el propio Chávez fue creciendo al compás de su frase de cabecera “Inventamos o erramos”, escrita por el genial Simón Rodríguez.  De esta forma es posible observarlo en toda su magnitud, y no por pedazos inconexos, que con dos frases locas nos quieren definir a un personaje de semejante estatura histórica. La creencia de que existe una hoja de ruta marcada, de la cual sería imposible desviarse, empobrece la figura de un líder que fue haciéndose en lo cotidiano.

Desde ese prisma es que podemos comprender la vida política de Chávez (y también de cualquiera de los próceres de la Patria Grande) y entender la mixtura de su vida y sus proyectos. Ya desde el vamos esto se puso de manifiesto, cuando Chávez ingresó en la Academia militar más interesado en una carrera para convertirse en un gran pitcher, como su ídolo Néstor “Látigo” Chávez, que en tener mando de tropa y convertirse en un Libertador de América. La salida laboral y de vida que en ese momento brindaba la carrera militar le permitió a Chávez ingresar a los cuartes, para desde allí convertirse en un gran lanzador de beisbol. El paso de los años y su encuentro con la literatura política, producto de las características distintivas de la carrera militar venezolana, que admite el estudio en Universidades públicas de sus miembros, le permitió a Chávez conectar con los grandes pensadores mundiales y alimentar su conocimiento en los sucesos universales. Esto dio lugar a un salto de calidad en su pensamiento sudamericanista basado en la trilogía de las tres raíces de su amado Simón Bolívar, Ezequiel Zamora y Simón Rodríguez, y le permitió más adelante, conformar en el interior del ejército la fracción nacionalista EBR- 200 creado en el marco del bicentenario de Bolívar, a principio de los ochenta. Este núcleo fue el embrión del Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR-200), que pasará a la luz pública como el grupo que dio el fallido golpe militar en febrero de 1992. Sin dudas la conexión con estas experiencias dio lugar a una formación militar más politizada y con un fuerte compromiso social. Esto se pudo observar durante los sucesos del “Caracazo”, donde se produjeron disidencias entre los militares a la hora de reprimir la protesta social, y Chávez fue uno de los miles que se negaron a usar sus armas contra el pueblo. Esta experiencia sin duda fue de vital importancia para comprender los hechos que se desencadenaron a partir de 1992 en Venezuela.

La fallida intentona militar del 4 de febrero de 1992 y su posterior cárcel durante dos años, le brindaron a Chávez la posibilidad de continuar su crecimiento político. Hasta ese momento sólo conocemos por boca del líder del golpe un pensamiento profundamente bolivariano y nacionalista. En las tres entrevistas brindadas desde la cárcel a José Vicente Rangel, hoy hecha libro (“De Yare a Miraflores, el mismo subversivo”), se observa que su posición ideológica se afinca en un bolivarianismo primitivo con nulas referencias al socialismo.  No resultaba ilógico, entonces, la relación que Chávez trabó con Norberto Ceresole (teórico de la alianza “Ejército y pueblo”), quien a su vez intentó acercarlo a los militares carapintadas con escaso éxito. Fueron los años del llano para Chávez, quien desde marzo de 1994 gozaba de libertad gracias al indulto del presidente Caldera. Años en lo que su presencia era considerada peligrosa para los núcleos progresistas y de izquierda en nuestro continente sudamericano.

Los años que van desde esa fecha hasta diciembre de 1998, el Comandante los utilizó para conformar la base partidaria de sustentación para alcanzar la primera magistratura. Esta decisión no estuvo exenta de vaivenes, ya que fueron varias las idas y vueltas en ese terreno. Diversas encuestas acercadas a Chávez, las cuales mostraban un importante piso de apoyo y votos, fueron lo que lo decidió finalmente a emprender la lucha por la presidencia. Su principal consigna de campaña fue la “Convocatoria a una Asamblea Constituyente” para dar una vuelta de hoja a la historia del país. No mucho más. Sus actos proselitistas se caracterizaban por su crítica al “Punto Fijo” y a la necesidad de un nuevo pacto social constituyente. Con ello le alcanzó para ganar por el 56% de los votos, con el apoyo de una sociedad hastiada de los partidos tradicionales y deseosa de un cambio.

Como ya se sabe, los primeros años de gobierno, el flamante presidente las dedicó a conformar una arquitectura institucional sólida (que se graficó en la nueva Constitución bolivariana) y a bancar la ofensiva de la derecha venezolana, poco acostumbrada a no decidir sobre los destinos del país. Los años 2002- 2003 vieron peligrar la sostenibilidad del proyecto chavista, pero fue el propio pueblo y el brazo militar quienes finalmente lograron doblegar las intentonas golpistas. Una vez consolidado a mediados de 2003, pudo recién allí (fíjense que paradoja) iniciar un proceso de ampliación de derechos económicos y sociales inéditos para Venezuela. Elegir cualquier dato comparativo con las décadas anteriores permitirá observar el tamaño de la transformación en aspectos esenciales como la educación, la salud y la vivienda, que no sólo se mide en números, sino también en términos cualitativos (“Antes de Chávez éramos invisibles”, me dijo una mujer caraqueña cuando realizaba mi tesis doctoral).

Superados las peripecias golpistas, Chávez se encontró en condiciones de profundizar la “Revolución Bolivariana”. Es recién allí que para febrero de 2005 en un reportaje de los tantos que le hicieron en vida, habló del Socialismo del Siglo XXI. Como él mismo lo expresó se trataba de un “salto adelante” al que llamó a “inventar y habrá que ver por qué vías”. La labilidad del concepto no fue excusa para instalarlo y motivar a una buena porción de intelectuales, académicos y militantes que ya habían olvidado con qué se comía. Justamente un militar volvía a poner sobre la mesa a la ideología que parecía derrumbada luego de 1989, y lo hacía en nombre del futuro. ¿Este era el mismo Chávez que dio el golpe en 1992? ¿Importa eso? ¿Pero no era que Chávez era un nacionalista golpista hace unos años?. Las complejidades de los protagonistas de la historia nos permiten observar la riqueza de sus propias contradicciones y la ausencia de una hoja de ruta que marca el devenir histórico de los procesos políticos.

Detrás de este llamado a construir el socialismo del siglo XXI se fueron encolumnando presidentes, Evo, Correa, Ortega, entre otros. A la par de ese proceso Chávez se abría camino hacia ámbito internacional: fuerte alianza con el Mercosur, violentas diatribas al presidente de EEUU, acuerdos con Irán, Rusia, China, hermandad con Cuba, como núcleo central. Comparado con sus comienzos, la soledad de Chávez allá por el 99 dio lugar a un conjunto de líderes amigos que a pesar de las diferencias, le dijo no al ALCA y sí a la integración en las diferentes modalidades (UNASUR, CELAC,etc). ¿Hubiera sido posible esa integración sin el liderazgo de Hugo Chávez? ¿Hubiera sido posible ese despertar sudamericano sin la presencia de este gigante?

La profundización del rumbo en una dirección socialista, le costó aliados internos y una derrota electoral. La de diciembre de 2007, en la que intentaba modificar la Constitución para reelegirse indefinidamente y avanzar hacia el socialismo, fue la primera y única de su vida, y la reconoció cual demócrata era, a pesar de lo ínfimo de la diferencia. Esa misma diferencia fue por la cual salieron los opositores el 15 de abril de 2013 a romper todo y dejar un saldo de más de 10 chavistas muertos, suceso que la derecha mundial olvida (o tapa) con frecuencia. La recuperación llegó rápido, luego de una fuerte autocrítica propia, que le permitió saber con cuánto contaba para ir más tarde por un nuevo intento. Finalmente en febrero de 2009 logró la reelección indefinida en un contexto económico difícil producto de la crisis mundial.

La emergencia de los estudiantes, como espacio opositor, y la buena performance electoral del antichavismo desde 2010, encontraron a un Chávez enojado y poco tolerante con esta novel irrupción. En un “Alo Presidente”, cuando le hablaron de los planes estudiantiles envió a darle “gas del bueno” a estos grupos estudiantiles, y a ordenar la represión ante el primer disturbio, “guarimba que pretenda montarse debe ser disuelta de inmediato, sin diálogo ni nada ¡cómo va a haber diálogo! Nada de ‘por favor’ ¡métanle la ballena señores!”. ¿Mandar a reprimir una marcha es de dictador? ¿No es potestad del Estado? ¿Podemos estar de acuerdo con esto? Seguramente no, pero esa es la complejidad que nos depara personalidades como la que encarnó Hugo Chávez.

Luego de detectada la enfermedad en junio de 2011, Chávez siguió siendo el mismo pero con el ritmo que su cuerpo le indicaba. Es cierto que forzó la carrocería más allá de sus fuerzas, ya que según sus palabras “me quedan muchas cosas por hacer por la patria”. Y vaya que pudo, ya que en condiciones totalmente desfavorables ganó la última elección de su vida con el 56%, más de 8 millones de votos y casi el 85% de asistencia electoral, todo un record para elecciones que son optativas. Dos meses más tarde se despedía por cadena nacional para iniciar el último viaje a Cuba para operarse, una vez más, de la enfermedad que lo carcomía con mayor virulencia. Antes, como dijimos en el post anterior, no repitió el error de muchos (de Perón, entre otros) y le puso nombre y apellido a su sucesor: Nicolás Maduro, su hombre de confianza en el plano internacional. Sería la última vez que se lo vio con vida, salvo las fotos de febrero del año pasado con sus hijas, en la cual se lo ve agotado.

Pasaron 365 días sin Chávez y Venezuela continúa vistiendo los colores “rojo- rojito” en un contexto difícil para el gobierno y para la región. Su ausencia se siente, y mucho, en esta coyuntura plagada de zancadillas a nivel nacional e internacional.  Luego de su desaparición física, Maduro logró vencer por poco y eso fue la principal argucia para poner en marcha la máquina de impedir sustentada en la deslegitimación y el desabastecimiento. La excusa de la legitimidad de origen, postulada desde el mismo 14 de abril,  quedó enterrada luego del llamado de la oposición a un plebiscito en la elección regional del 8 de diciembre. A un año de la última alocución pública de su líder, el chavismo volvió a vencer al antichavismo, esta vez, por una diferencia superior a los 10%. La victoria 18, sobre las 19 disputas electorales, dejó a la oposición venezolanas sin excusas para reconocer la legitimidad de origen y de ejercicio de Nicolás Maduro. Sin embargo, como lo hicieron frente a Chávez en el fallido golpe militar de 2002, el lock out patronal petrolero  de 2003 y las guarimbas del 2004 (sólo para mencionar las más importantes), el antichavismo tomó la calle con la excusa de la situación económica, difícil por cierto, para doblegar la institucionalidad política del país. Nada nuevo para una Venezuela que se acostumbró a convivir con los malos perdedores de las elecciones que hacen flamear la bandera de la democracia con el objetivo final de destruir la misma a patadas.

Un año sin Chávez. Lo extraña la Patria grande de San Martín y Bolívar. Lo extrañamos todos los que creemos que una región y un mundo distinto, más libre y más igualitario pueden ser posibles. Lo extraña el pueblo chavista, aquél que aún sin su presencia física se moviliza de a millones para defender la Revolución, defender su propio porvenir, que se observa y es tangible en su nueva calidad de vida, esa que le otorgó Chávez a los invisibles de la Venezuela del Punto Fijo.

Todavía se oye aquel clamor de ese cuerpo cansado en la noche del 8 de diciembre de 2012, el último testimonio público y televisado del Comandante eterno, exclamar “¡Hoy tenemos Patria! Y pase lo que pase en cualquier circunstancia seguiremos teniendo Patria. ¡Unidad, Unidad y más Unidad!. No faltaran los que traten de aprovechar circunstancias difíciles, para mantener ese empeño de la restauración del capitalismo, de la restauración del neoliberalismo, para acabar con la patria. Ante esta circunstancia de nuevas dificultades – del tamaño que fueran- la respuesta de todos y todas los patriotas, es unidad, lucha, batalla y victoria”.

Un año sin él y el mismo dolor, la misma ausencia y el llanto eterno de haberlo perdido.

Venezuela somos todos (y todas)

(Publicado originalmente aquí)

¿Es un golpe de estado lo que hoy se prepara en Venezuela? ¿Se trata de protestas pacíficas que son violentamente reprimidas por el gobierno de Maduro? ¿Está dividida la oposición política? ¿Qué rol está cumpliendo EEUU en estos momentos? ¿Hay riesgo de golpe institucional? ¿Los chavistas se están movilizando? ¿Maduro es sólo un presidente débil sólo con apoyo militar? ¿Cuáles son las propuestas de los estudiantes?

 

Como hace unos días decíamos acá, la derecha venezolana ha iniciado un proceso de desestabilización política e institucional en el país, que tiene como principal finalidad la salida anticipada de Nicolás Maduro de la presidencia. Los medios para obtener dicho propósito han quedado evidenciados y se puede sintetizar en 4 procesos activados por estos días:

 

 a) Instalar las protestas legítimas de los estudiantes, que dieron paso a las guarimbas (protestas violentas) y el ataque a edificios públicos, quema de autos, etc, como la única imagen de lo que hoy pasa en Venezuela, haciendo aparecer a los violentos como víctimas de la represión del Estado.

 

 b) Realizar una falsificación alevosa y evidente del desenlace de las marchas, acusando al gobierno de las decenas de muertes de esta semana (en las que se cuenta varios chavistas) y ninguneando las diferentes marchas oficialistas (muchas multitudinarias) de apoyo a Maduro y pidiendo por la paz.

 

c) Poner a los principales instigadores de las protestas violentas como víctimas del régimen (cuando en realidad son los agitadores) en el lugar de “luchadores de la libertad” que necesitan del apoyo externo para instalar una verdadera democracia en Venezuela. Esta estrategia tiene como fin la intervención de alguna fuerza internacional en el país.

 

Y d) Mostrar al mundo (con imágenes de dudoso valor) que la sociedad civil venezolana está partida en dos partes iguales y se torna ingobernable, gambeteando que una de esas partes ganó 18 de las 19 elecciones en últimos 15 años y tienen todos los recursos de poder a su favor (20 de 23 gobernaciones, 3/5 de la Asamblea Nacional y más del 70% de alcaldías)

 

Retrocedamos un poquito: ¿Cuándo comienza este proceso de violencia opositora?

 

Haciendo un poco de historia podemos indicar que la lucha antichavista por recuperar el poder perdido en febrero de 1999, comenzó hace bastante tiempo. Luego del desconcierto provocado por su salida del poder, los grandes partidos venezolanos AD y Copei (ejes del bipartidismo pre- Chávez) en un primer momento, la cámara empresarial Fedecamaras (que metió un presidente por 48 horas, Pedro Carmona) y su aliada Central de Trabajadores de Venezuela CTV), en un segundo momento, se convirtieron en los principales antagonistas del gobierno. Las tácticas utilizadas a tal fin fueron: golpe de estado en abril de 2002, lock out patronal en PDVSA en enero 2003, las guarimbas de principios de 2004, el revocatorio de agosto del mismo año, deslegitimación de la parlamentaria de 2005 (no presentando candidatos), entre las salientes. La victoria (la única hasta hoy) sobre el chavismo en el referéndum de diciembre de 2007 y los buenos resultados electorales en las regionales de 2008 y la parlamentaria de 2010 dieron paso a un giro táctico en su objetivo. La emergencia de la protesta estudiantil desde 2009 y 2010 oxigenó a la oposición permitiéndole volver a hacerla visible en las calles, luego de la inercia 2004- 2007, años estos de gran predominio político y electoral chavista. La potencia del movimiento estudiantil, junto a la mejora en la performance electoral brindó a la oposición de mayores alicientes para volver a jugar en la arena institucional, esta vez, de la mano de la Mesa de Unidad Democrática (MUD). El surgimiento de un candidato taquillero, como Henrique Capriles, junto a un discurso que incorporaba elementos de continuidad y ruptura y que en otro lado llamamos caprilización, le permitió al antichavismo presentar una propuesta electoral competitiva que tuvo su punto máximo en la elección presidencial de abril de 2013, cuando orilló el 49%. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, de la desaparición física de Chávez y de la desazón que esto implicó en las filas bolivarianas encontrarse huérfanas del líder, no pudo vencer al chavismo, conformándose con deslegitimar el gobierno de Maduro desde sus inicios.

 

La elección regional de diciembre del año pasado emergía como el escenario ideal para la oposición venezolana. Su principal figura entendió que era el momento para darle el golpe de gracia al incipiente gobierno de Maduro y llamó a que esa elección se convertiría en un plebiscito de la gestión del sucesor de Chávez. En un contexto económico difícil y una situación política plagada de incertidumbre, el chavismo volvió a ganar. La figura de Maduro se fortaleció en esa coyuntura, ganando oxígeno político ya que el próximo turno electoral será la parlamentaria de diciembre de 2015. Sin dudas, estos elementos permiten entender el apuro opositor por dar el zarpazo y la vuelta, en cuanto a estrategia, a los años de la desestabilización 2002- 2005.

 

A su vez, en el interior del MUD los quiebres y cambios de alianzas permitieron la emergencia de nuevos liderazgos en el interior de la coalición. El sector golpista, que se mantuvo agazapado en los años electorales se convirtió en la vanguardia de la protesta. En ese marco, el dirigente de Voluntad Popular (VP), partido que ganó 18 alcaldías de 335 en la última elección regional (5% del total), Leopoldo López, junto a la dirigente de Súmate, Corina Machado, se convirtieron en puntales de esta movida desestabilizadora. Trece muertos (tanto chavistas, como antichavistas)  fue la consecuencia directa de la activación de las protestas violentas, y aún quedan por develarse varios de los responsables directos de esos asesinatos. A pesar de la magnitud aún no llegan a las más de 3000 muertes de las jornadas conocidas como el “Caracazo”, que en estos días cumplirán 25 años, en los tiempos de la democracia pactada de “Punto Fijo”-

 

Las derrotas de Capriles de los últimos años (en especial en las regionales) permitieron un corrimiento en el interior de las filas opositoras dando lugar al ala menos democrática. Sin embargo, luego de la detención de López, los créditos de Capriles parecen volver a activarse a pesar de la acusación de “blando” que le propina una buena parte de la MUD. Otros dirigentes, como el titular de la gobernación de Lara, Henry Falcón, un exchavista pragmático y de Antonio Ledezma, Alcalde Mayor de Caracas, esperan su oportunidad apostando en un caso y en el otro, al desgaste de estos dirigentes para tomar la posta del antichavismo. La presencia del primero en la reunión de ayer, junto a Liborio Guarulla (otro exchavista) titular del Estado de Amazonas (dos de los tres gobernadores opositores) implicó un avance en ese sentido. El retaceo de Capriles al convite parece indicar que la posición dura en la MUD vuelve a ser expresada por el candidato derrotado en menos de siete meses en dos elecciones presidenciales.

 

Los mecanismos institucionales de la Constitución Bolivariana, prevé el instituto del revocatorio de mandato cuando el presidente haya cumplido más de la mitad de su periodo (abril de 2016) por lo que las razones esgrimidas por la oposición a veces caen en un vacío contradictorio.

 

¿Qué hace el gobierno mientras tanto?

 

 

A partir de la elección del 8D, el gobierno se fortaleció luego de meses de un jaqueo permanente a su gestión. La convocatoria posterior a la oposición, a semanas del triunfo, en Miraflores, a la que Capriles asistió sorpresivamente con una barba crecida que no volvió a usar posteriormente, parecían dar cuenta de un escenario más holgado para el chavismo. Sin embargo, desde enero  de este año, la oposición aceleró los tiempos y activó su frente más violento. Sorprendido en un primer momento, el gobierno de Maduro respondió débilmente permitiendo que se instale mediáticamente en el país una imagen de desgobierno y represión de la protesta. De la mano de CNN y sus satélites sudamericanos se describió un paisaje de violencia estatal frente a unos inocentes estudiantes que demandaban por la inseguridad, la inflación y la escases económica. Como se señaló anteriormente, la protesta estudiantil no es nueva en Venezuela, si lo es la violencia con la que se presentó en estos días. Las muertes de un lado y del otro, recordaron los sucesos de abril de 2002, lo que permitió poner en alerta a las fuerzas del chavismo, como muestran las numerosas movilizaciones de estas semanas bien invisibilizadas por la prensa internacional. El pedido de Maduro de mantener la calma, no reaccionar a las provocaciones y fomentar la paz, se realizó en un contexto en que varios integrantes de los movimientos cayeron en las calles de Caracas y del Estado Táchira. El problema que tiene el gobierno, en este marco, es que se encuentra con una protesta que no tienen líderes estudiantiles mediáticos (no existe una Camila Vallejos, como en Chile, por ejemplo) y sus demandas son tan generales que sentarse en una mesa de negociación resulta una quimera. A pesar de la convocatoria al diálogo realizado por Maduro, las demandas generales de los estudiantes tienen como objetivo final la renuncia del presidente, el fin de la represión, la inseguridad o la corrupción, demandas que se ponen en disputa durante las elecciones y que parece de difícil respuesta en el corto plazo. Sin embargo, Maduro, sabe que debe ganar una buena parte de la opo al juego institucional para neutralizar a los violento. La reunión de ayer, el llamado a una Conferencia por la paz para el miércoles, son iniciativas en ese sentido.

 

La hiperactividad del presidente bolivariano durante estos días, evidencia que su liderazgo se va construyendo en estas horas de incertidumbre. El chavismo, también, comprendió que se está ante momentos decisivos que implican un grado de movilización mayor al de antaño, y las marchas de las mujeres (sábado), de los adultos mayores (domingo) y de los motorizados (de ayer) son muestras nítidas de esa sensación. A pesar de que, como se dijo, las marchas oficialistas no tienen el mismo peso en la arena mediática que las opositoras (incluso algunas son muy superiores como la del 18 de febrero), el pueblo bolivariano activó su fibra más íntima de resistencia dando muestras cabales de que no sólo defienden a un gobierno propio, sino que es su propio bienestar el que se encuentra en disputa.

 

Lo que viene, lo que viene

 

 

Una vez que culminen las guarimbas y el sector “electoralista” de la MUD acepte de una vez la legitimidad democrática del gobierno de Maduro, el chavismo se encontrará con las mismas dificultades que se encontraba desde antes del intento desestabilizador: una economía con cuellos de botella importantes, inflación, dólar paralelo, escases de productos y un desabastecimiento que procura quedarse por un tiempo para acelerar la deslegitimación del gobierno. Agravar la crisis económica, que es verdaderamente donde se juega el partido principal, es el objetivo de la hora para el campo deslegitimador. El éxito del gobierno en esta tarea resulta vital para su propia supervivencia. Sin embargo, todo este proceso de desestabilización sirvió para solidificar la base chavista, que previo a estos sucesos le pedía a Maduro mayor firmeza en el terreno económico. La “desgracia” estructural de la economía venezolana es la dependencia del petróleo, fuente de divisas que permitió la inédita ampliación de derechos sociales a un gran segmento de la población, y fuente que explica también los pocos incentivos para diversificar una economía que requiere correctivos en forma urgente. A su vez, el petróleo es en la geopolítica mundial un recurso clave para los intereses de la mayor potencia mundial que juega desde hace 15 por la salida del chavismo, apoyando financieramente a la oposición venezolana.

 

Así están las cartas hoy en las tierras del Comandante. El presidente Maduro necesitará de mucha virtud y fortuna para los próximos meses. Tiene el poderío institucional, las fuerzas armadas, fortaleza partidaria, movimientos sociales y la capacidad de la ganar la calle, de su lado. También los gobiernos sudamericanos, con la Unasur a la cabeza, quienes esperan que la desestabilización, que hace unas semanas comenzó en Venezuela, no se extienda al resto de continente. Hoy la región observa detenidamente los sucesos en el país, con un grado de preocupación. El Mercosur, la Unasur  y la Celac ya dieron su veredicto y el apoyo irrestricto a la democracia. Pero lo que ocurra de ahora en más en las tierras de Bolívar impactará de forma decisiva en toda América Latina.  Por eso, hoy, “Venezuela somos todos”.

Apuntes sobre la situación en Venezuela

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Como viene sucediendo desde el inicio de la gestión Maduro, Venezuela vuelve a estar en los titulares de los diarios más importantes (y hegemónicos) del mundo asociado a episodios de crisis económica y de violencia política. El desabastecimiento económico provocado por los principales actores productivos y financieros del país, junto al aumento del desorden social representan las principales pinceladas que el mundo mediático muestra como realidad venezolana. A escasos 10 meses de iniciado su mandato de 6 años, el sucesor de Chávez debió arroparse de virtud para conducir un proceso económico, político y social convulsionado y rodeado de dardos venenosos. Aquí van algunos elementos que permiten comprender el momento político actual del país.

Así viene la cosa en Venezuela en estas horas. Habrá que estar atento estos días a lo que sucede en las tierras de Chavez, que hoy brilla, junto a los vaivenes de la economía argentina, en los censores de los centros de poder más importantes a nivel mundial. No es casual que los parecidos entre ambos países vuelvan a reflotarse, como así también la necesidad de ambos gobiernos de avanzar hacia una nueva etapa.

 

 

¿De la caprilización a la descaprilización?

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Desde hace mucho tiempo, insistimos en este blog sobre la nueva estrategia opositora que tuvo epicentro en Venezuela, luego de la emergencia del primer liderazgo opositor que desafió con cierto éxito al imbatible chavismo y que poco a poco fue extendiéndose al resto de la región. Henrique Capriles, gobernador del Estado Miranda se convirtió en el principal líder opositor al oficialismo venezolano y le señaló, al resto de sus homónimos sudamericanos, una estrategia novedosa para enfrentar a los gobiernos antineoliberales, que aquí llamamos caprilización. La misma, como ya se escribió, consistía en tomar (o apropiarse de) una parte de la agenda oficial y ofrecerse como el espacio capaz de subsanar los “males” que habitan en el modelo. La lógica opositora, entonces, apunta a valorar y tomar como propio las banderas de lo “bueno” y criticar con firmeza los “debe”, presentándose más como “la solución” que como la “oposición”. Este camino es el que están comenzando a transitar las oposiciones sudamericanas con cierto éxito: Massa en Argentina y Marina Silva en Brasil, por mencionar algunos.Esta estrategia opositora, que por supuesto se encuentra hoy en el plano de lo discursivo, se asienta, entonces, en los cuántos de continuidad y ruptura expresan.

Pero como “It takes two to tango” los grados de continuidad y ruptura también dependen de la posición política del gobierno. Una posición política de fortaleza o de debilidad, con seguridad moverá el amperímetro de la continuidad y ruptura. Enfrentar un gobierno debilitado permitirá insistir en la ruptura sin perder muchos grados de continuidad y una posición gubernamental fuerte dará lugar a un mayor énfasis en la continuidad que en la ruptura. Es decir, la estrategia opositora danza al compás del porvenir del gobierno. Pero siempre manteniendo la ecuación. Los riesgos de salir de ella, se comenzaron a ver recientemente en Venezuela y los resultados no parecen ser los mejores.

Luego de perder la elección por menos del 2%, Capriles inició una gira por Sudamérica con la finalidad de denunciar el supuesto fraude del chavismo en la compulsa del 14 de abril. Durante los meses sucesivos, intentó de diversas maneras deslegitimar al gobierno de Maduro en lo interno y jugó todas las fichas a la elección municipal del pasado 8 de diciembre a la cual calificó como un plebiscito. Es cierto que durante esos meses, la administración Maduro no gozó de los vientos de la “fortuna” (y en algunos casos de la “virtud”), lo que dentro de la lógica descripta en forma precedente inclinaba la balanza de la ecuación más hacia el lado de la ruptura que a la continuidad. Sin embargo, Capriles fue un paso más adelante: la deslegitimación lisa y llana del presidente en ejercicio. Desde allí que digamos que Capriles se descaprilizó. Dejó de lado la tensión continuidad- ruptura y se inclinó por acortar el mandato de Maduro. Es decir, intentó superar la ecuación que le había permitido convertirse en uno de los principales candidatos opositores en desafiar seriamente al chavismo, dando lugar a la deslegitimación del sucesor de Chávez. De esa manera, el abandono de la estrategia que le permitió crecer electoralmente en pos de una táctica impaciente e inconstitucional, llevó a Capriles a la derrota. Las elecciones de diciembre les marcaron un límite al gobernador de Miranda y la ampliación de la brecha entre oficialismo y oposición (de 2% a casi 10%) y la derrota en su propio Estado, fueron la consecuencia directa de un giro estratégico a destiempo. Patear el tablero del mix continuidad- ruptura y tomar el atajo de la deslegitimación no le ofreció réditos electorales y políticos. Capriles no sólo gambeteó su propia estrategia exitosa, sino que también dejó al mirandino en una posición de debilidad en el interior del antichavismo. La emergencia ( y consolidación) de nuevos liderazgos en el MUD, como el Alcalde Mayor de Caracas, Antonio Ledezma, como así también el titular del Estado de Lara, Henry Falcón (quien proviene de las filas del chavismo) ponen en tensión al liderazgo de Capriles en el interior de las fuerzas antichavistas.

Los riesgos de la descaprilización están a la orden del día. La debilidad de los gobiernos pareciera aumentar las oportunidades de salir del esquema continuidad- ruptura y tomar el atajo de la deslegitimación (o de la oposición a todo el paquete). Desde allí que, volviendo a nuestro país, observemos un tímido giro en la estrategia de nuestro Capriles argento, Sergio Massa. El ex intendente de Tigre ha tomado, en estos últimos meses, decisiones un tanto polémicas que muestran un cierta prisa por llegar sin importar salir del equilibrio que tanto rédito político le originó: 1) viaje a España (el país más de derecha de Europa) para sacarse fotos con hombre prominentes del (¿franquista?) PP 2) invitación al exalcalde de Nueva York, el duro Rudolph Giuliani para disertar sobre seguridad, 3) aumento del perfil público del neoliberal Martín Redrado, 4) reuniones con la Mesa de Enlace (como las de ayer) con promesas de eliminar retenciones, entre otras. Sin dudas, esto no significa el abandono de la estrategia original, pero este corrimiento a la derecha del espectro político lo va alejando del redituable equilibrio. Caprilizar, no sólo es posicionarse frente al gobierno desde el par continuidad- ruptura, sino también es ubicarse en el centro del contínuum ideológico. Sumado a esto, siempre está latente la alternativa de la descaprilización, que alientan muchos de sus aliados en el terreno económico y partidario.

¿Podrá Massa mantener el equilibrio y la tensión del mix continuidad- ruptura? ¿Sufrirá la tentación de patear el tablero? ¿Un bajón del gobierno, acelerará la estrategia de descaprilización? ¿Un repunte del gobierno hará virar la estrategia hacia mayores grados de continuidad? ¿Podrá mantener esta estrategia hasta la hora de las definiciones? ¿Será empujado Massa por el ala que necesita de la ruptura? ¿Los socios empresarios del ex intendente de Tigre quieren caprilizar o descaprilizar?

 

 

 

 

La primera para nosotros

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“Misión cumplida, Comandante eterno” declaró el presidente Nicolás Maduro a horas de un triunfo electoral muy celebrado en la capital venezolana. A un año de la última alocución pública de Hugo Chávez previo a su viaje a Cuba, el país volvió a teñirse de “rojo- rojito”.

Como decíamos hace unos días, las elecciones municipales en Venezuela abrieron el calendario electoral de Sudamérica. En un 2014 plagado de votaciones y de definiciones, la elección de ayer se convierte en la primera estación de este extenso viaje que marcará el devenir de varios presidentes de la región (reeligen tres), como así también el color político del que se teñirá Sudamérica. Esta primera elección deja un sabor bastante dulce para los gobiernos más radicales que abogan por cambios más profundos y un sabor agrio para aquellos que esperaban infligirle a Maduro una derrota (con visos destituyentes) a siete meses de iniciado su gobierno.

Aquí van algunas apostillas del 8D:

• Las elecciones de ayer ponían en juego 335 alcaldías y más de 2400 concejales. A pesar de tratarse de una elección de menor nivel, fue tomada por una buena parte de la oposición como un plebiscito sobre la gestión de Maduro. De aquí la importancia que tuvo esta compulsa electoral para el devenir futuro del chavismo (y de la MUD).

• El chavismo (hasta los datos de hoy, ya que faltan procesar más de 50) se alzó con 210 alcaldías, frente a más de 70 de la MUD. Esto en preferencias electorales se traduce en más de 5 millones de votos para el PSUV (49%) frente a casi 4 millones y medio (42%) del antichavismo

• El presentismo rozó el 59%, convirtiéndose en un porcentaje record para este tipo de elección. Solo comparándola con la de gobernadores de diciembre de 2012 (51%) y con la parlamentaria de 2010 (53%) se advierte su importancia.

• Los datos duros de estas elecciones (que vale aclarar se realizan en forma separadas de otras, “para mirarte mejor”) muestran que a pesar de los análisis apresurados el PSUV salió bien parado en el conteo de las capitales. A pesar de perder en la capital del simbólico Estado de Barinas, éste se compensó con los triunfos en casi todo el Estado Miranda del opositor Capriles, capital incluida.

• En la cuenta final de capitales, entonces, el PSUV ganó 15 (Caracas, Anzoategui, Amazonas. Guarico, Apure, Aragua, Bolívar, Cojedes, Delta, Portuguesa, Miranda, Sucre, Trujillo, Yaracuy, Vargas) y el MUD 8 (Barinas, Monagas, Carabobo, Zulia, Lara, Mérida, Nueva Esparta, Táchira) y el Municipio Metropolitano (una especie de gobernación, como es acá la jefatura de gobierno).

• Si esta elección se compara con la última presidencial (como suelen hacer los analistas argentinos a la hora de comparar peras con edificios) el chavismo apenas perdería un punto porcentual y la oposición más de 7%. Aunque comparada con la última elección municipal de 2008, el chavismo perdió varias y la oposición gana algunas. Igualmente, nada muy distinto al paisaje de colores de hoy.

• A pesar de que desde la elección presidencial de diciembre de 2006 (62%), en las elecciones sucesivas el chavismo no pudo ampliar los guarismos electorales (de hecho los disminuyó), sí pudo mantener una porción de votos que le alcanza para convertirse en hegemónico. A pesar del avance electoral del antichavismo desde 2010, basado en candidaturas unificadas y en una estrategia política afincada en tomar parte de la agenda oficialista, el chavismo continúa siendo una fuerza potente desde el punto de vista electoral, político, social y cultural, aún en su peor año desde su existencia.

• La victoria chavista de ayer se convierte en la número 17 de las 18 realizadas en los últimos 15 años. Un dato que se suele desdeñar a la hora de medir a la democracia venezolana, a la que suelen acusar de muchas cosas y no de lo que es: una verdadera democracia en la que el pueblo define su provenir.

• Las elecciones transcurrieron (salvo casos excepcionales) con tranquilidad y el primer boletín oficial dado por la presidenta del CNE Tibisay Lucena (ay esas largas caminatas…) a la hora programada, constituyen datos elementales que demuestran la eficacia del sistema electoral venezolano tan elogiado en el mundo.

Las últimas medidas de Maduro, parecieron surtir efecto en la masa chavista y tuvo consecuencias directas en la elección de ayer. Estas líneas intentaron velozmente dar cuenta de los resultados electorales del día de ayer. Un análisis más profundo de los porqué de la victoria y sus consecuencias lo hará en unos días el especialista Bruno Sgarzini, uno de los que mejores entiende el proceso chavista.

A un año de señalar a su sucesor y de despedirse para siempre en una cadena nacional triste e inolvidable, Hugo Rafael, desde el cielo, estará haciendo una mueca de felicidad, ya que en Venezuela todo continúa siendo del color preferido del Comandante.

El tiempo no para (en Sudamérica)

Dilma_Rousseff_Carnaval_RecifeLas elecciones del próximo domingo en Venezuela  abrirán el año electoral 2014 en Sudamérica. A pesar de tratarse de elecciones municipales, esta compulsa electoral tendrá una importancia capital para la región y se convertirá en la primera prueba de fuego para los gobiernos que intentan revalidar credenciales en estas comarcas. El calendario electoral continuará con la segunda vuelta en Chile (mediados de este mes) y las que se desplegarán en el resto del continente durante el 2014 (Brasil, Colombia, Bolivia y Uruguay) que tendrán como característica principal la búsqueda de la reelección del presidente en ejercicio.

Realizamos un breve repaso de lo que se viene:

Venezuela, 8 de diciembre: a un año de la última declaración pública del Comandante eterno antes de viajar a Cuba y haberle puesto nombre y apellido a su sucesor, en Venezuela se realizarán las elecciones municipales para elegir 365 alcaldes y más de 2000 concejales. A pesar de que se trata una elección menor, desde el punto de vista de su incidencia en el plano institucional, la misma fue tomada por la oposición como un test para poner a prueba la sustentabilidad de Maduro en el gobierno. Los “democráticos” antichavistas prevén, de obtener un buen resultado, continuar con su prédica golpista de la mano de los grandes medios de la región que sólo anotician sobre Venezuela para deslegitimar a su presidente. El oficialismo irá con la bandera del Gran Polo Patriótico (con el PSUV como núcleo vertebral) y la oposición con la Mesa de Unidad Democrática (MUD). De las 16 elecciones realizadas desde 1998, el chavismo venció en 15, por lo que no se prevé grandes alteraciones en las opciones de los votantes a pesar que el oficialismo ha menguado en el porcentaje de votos desde antes de la muerte de Chávez.

Chile, 15 de diciembre: Al mes de la victoria en la primera vuelta electoral, Michelle Bachelet aparece como la segura candidata a convertirse nuevamente en presidenta de Chile. Con el 46,6% de los votos y una ventaja superior a 21% sobre la derechista Evelyn Matthei, la segunda vuelta electoral parece un simple trámite para la candidata de la Coalición Nueva Mayoría. Al igual de Dilma Rousseff, Pepe Mujica y Juan Manuel Santos, Bachellet no pudo alzarse con la victoria en la primera vuelta electoral, a pesar de orillar el exigente 50% requerido. La victoria de la dirigente socialista arrimará una nueva estrella al archipiélago de gobiernos progresistas de la región y una mujer que se sumará a Dilma y a Cristina, evidenciando una nueva geografía política (y de género) en Sudamérica.

La escasa eficacia del gobierno de Piñera a la hora de dar cuenta de (y conectar con) las nuevas demandas ciudadanas chilenas en conjunto con un fuerte cuestionamiento a la Constitución heredada de la dictadura, constituyen las principales críticas al núcleo del otrora modelo (para la derecha nuestra y de la región) de concertación partidaria.

Colombia 25 de mayo de 2014: Luego de varias idas y vueltas, Juan Manuel Santos decidió jugar las fichas a un nuevo periodo presidencial: “Quiero liderar una Colombia que pase del miedo a la esperanza, del atraso a la modernidad, de las divisiones a la unidad” declaró una vez que oficializó su candidatura. La apuesta más fuerte de su gobierno fueron  las negociaciones de paz con las FARC, iniciadas en septiembre de 2012 y que tuvieron como sedes a Oslo y La Habana. Luego de los 8 años de gobierno de Álvaro Uribe (2002- 2010), la guerrilla sufrió el avance de la fuerza pública que las dejó en una situación de vulnerabilidad e indefensión. Las muertes de Marulanda y Raúl Reyes, sumada a la deserción e infiltración de varios de sus Bloques (pérdida de Ingrid Betancurt incluida) inició el camino del repliegue y posterior inicio del proceso de paz. Frente a la candidatura favorita de Santos, la oposición se concentra en el Polo Democrático Alternativo (PDA) y en la agrupación del expresidente Álvaro Uribe, UCD. Los partidos tradicionales Liberal y Conservador aún no decidieron sus candidatos ya que sus estrategias van desde el apoyo de los primeros a Santos y de los segundos a la UCD, hasta sus candidaturas propias, con pocas posibilidades de victoria.

Brasil 5 de octubre de 2014: Luego del Mundial de fútbol, en el cual la selección anfitriona es la gran candidata, se realizarán las elecciones presidenciales. La candidatura de la presidenta Dilma Rousseff aparece como la más fuerte en un contexto caracterizado por las movilizaciones sociales y las críticas al gobierno por la inversión en la competencia deportiva. A pesar que estos sucesos deterioraron la imagen positiva de la presidenta y los acuerdos preelectorales entre Marina Silva (tercera en la última elección presidencial de 2010) y el Partido Socialista Brasilero se presenta como un desafío a tomar en cuenta, la oposición aún no logra poner en riesgo el cómodo primer lugar de Rousseff. La caída en la imagen pública de la primera mandataria luego de las masivas protestas en las grandes ciudades, alertó al oficialista PT sobre los riesgos que este declive se pronunciara y comenzaron a surgir en el interior del partido rumores sobre un retorno de Lula a la política electoral. Luego de la recuperación de Dilma en las encuestas y el apoyo del expresidente, el partido se encolumnó detrás del gobierno y de la reelección de la presidenta.

Uruguay 26 de octubre de 2014:

La anteúltima elección de 2014 tendrá, como es costumbre en Uruguay, un contexto de pugna entre tres partidos: Frente Amplio (FA), Partido Blanco y Partido Colorado. En los últimos ocho años el FA ha dominado la política uruguaya, merced a los triunfos consecutivos de Tabaré Vázquez y Pepe Mujica que le permitió a la fuerza de centroizquierda romper el bipartidismo otrora estabilizador de la democracia uruguaya. Las internas abiertas reprogramada para el 1 de junio debido a la inminencia del mundial definirá las candidaturas de los tres partidos. El retorno de Vázquez, luego de su anuncio indeclinable de abandonar la política, emerge como el principal favorito a ganar no sólo la lucha interna en el FA, sino también la elección general para finales de octubre. Las encuesta hoy le otorgan una nítida ventaja (superior a 20% en la mayoría de ellas) pero no logrando perforar el umbral del 50% para ganar en primera vuelta. El triunfo frenteamplista se convertirá en una incógnita para la región, ya que será celebrado tanto por el progresismo regional, que mantendrá un aliado ideológico, como por los sectores más moderados de centro derecha, que observan en Tabaré a un pragmático de posturas lábiles y estratégicas.

Bolivia diciembre de 2014: La última elección del año tendrá por escenario a Bolivia. Aquí las cosas están más claras. A pesar de que aún resta un año para esta compulsa electoral, la candidatura del presidente Evo Morales no muestra fisuras. Junto a Rafael Correa, Evo es uno de los dos presidentes con mayor imagen positiva en la región. Las transformaciones económicas y sociales realizadas en el país durante esta última década muestran a las claras que la popularidad de Morales proviene fundamentalmente de una importante ampliación de derechos sociales para un importante segmento de la población que resultó postergado durante décadas. La oposición política boliviana, no tiene  hoy un candidato taquillero para enfrentar al ciclón Morales y descansa su estrategia electoral en impugnar la candidatura de Evo por considerarla reñida con el texto constitucional. A pesar que la Constitución reformada en 2007 otorga una reelección al primer mandatario, el oficialismo interpretó que la victoria electoral de 2009 se convierte en la primera luego de la reforma por la que la de diciembre será la segunda (y primera reelección) del presidente.

Aquí tomamos en cuenta sólo las elecciones en Sudamérica. Es cierto que también se juegan cosas importantes en el resto de América Latina: en Costa Rica (presidenciales y legislativas en febrero), El Salvador (presidenciales en marzo) y Panamá presidenciales y legislativas en mayo). Sin embargo aquí nuestro universo de análisis es nuestra querida América del Sur.

Entonces, para finales de 2014 tendremos cinco nuevos presidentes. Visto desde hoy, cuatro de ellos podrían ser ubicados dentro del universo político ideológico de la centroizquierda (para decirlo en sentido amplio y generoso) y Santos en el centro derecha más integrado a la región. En los hechos, el único cambio de orientación ideológica sería el de Chile. La suma aritmética reporta buenos dividendos para los gobiernos que intentan mirar más hacia dentro que hacia afuera (en especial hacia el norte del mapa) por lo que se podría augurar que el giro a la izquierda aún persiste. Las incógnitas a develar en el corto plazo serán (en mi concepto, claro) las siguientes: ¿esta nueva configuración de presidentes implicará una mayor integración regional? ¿se fortalecerán los organismos supraregionales como Unasur, la Celac, el Banco del Sur, etc? ¿La presencia predominante de gobiernos moderados implicará un giro hacia el centro del tablero ideológico? ¿Se convertirá Brasil finalmente en el líder y locomotora de la región como le demandan sus socios? ¿Apostará Dilma de una vez por todas por potenciar la integración con epicentro en su país? ¿Cumplirá alguien el papel de Chávez?.

Se viene un año rico en elecciones y que mirada desde hoy, se presenta con escasas incertidumbres.

Habemus Capriles

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“El que busca encuentra” dice esa frase tan trillada para dar cuenta de la importancia de insistir en un objetivo. Nunca más oportuna en este caso: finalmente y después de mucho andar la opo encontró su Capriles. En dos post anteriores acá y acá (necesaria autocita para no abundar en los detalles)  hicimos referencia a esta búsqueda opositora por encontrar un candidato que sintetice en un solo espacio las expresiones de cambio y continuidad en relación al gobierno. El efecto “Capriles”, el primer y único político venezolano que representa un peligro para la continuidad del chavismo, se ofrece como una estrategia para “combatir” a los gobiernos antineoliberales de la región (también llamados populistas, exageradamente autoritarismo competitivo, etc). En Ecuador y Bolivia, aún las oposiciones están fuertemente marcadas por lo “anti” y no expresan rasgos de continuidad con la expresión política que pretenden superar.

Es decir, el antievismo y el anticorreismo aún persisten obstinadamente en un enfrentamiento directo y total frente a los dos presidentes más populares de la región en la actualidad. Las consecuencias de esta actitud hostil son la reciente reelección del ecuatoriano y el seguro triunfo de Evo en la presidencial del año próximo. Esta estrategia, hay que recordar, fue la seguida por el antichavismo durante los años 2001- 2010 que grandes sinsabores le ocasionó y que le permitió llevar adelante un giro en la misma. Debe señalarse, como se observa en la actualidad, que este giro en la táctica electoral va de la mano de una política de desabastecimiento y guerra a la administración Maduro, con lo que ocasiona daños colaterales a la propia unidad chavista.

En nuestro país, la oposición bregó en la búsqueda de ese dirigente, que paradójicamente (o justamente) surge del seno del propio partido de gobierno. Sergio Massa, de origen liberal (o conservador, tratándose de nuestro país), exmenemista, exduhaldista y exkirchnerista (en el cual tuvo su actuación más conocida como director del Anses y jefe de gabinete en tiempos de la Ley de Medios) tuvo una carrera veloz que lo convirtió en el niño mimado de la prensa local. Dos veces intendente de Tigre, un municipio ordenado y otrora gobernado por un partido local, Massa se convirtió el domingo 27 en el dirigente más votado en todo el país. Las luces del triunfo lo enfocaron en forma directa, otorgándole un futuro presidencial a dos años vista. Como dijimos hace poco, dos años en nuestro país son una eternidad, pero desde el lunes 28, el crédito del PJ disidente arranca en la pole position.

Los parecidos de Massa y Carpiles son realmente notables. Comenzaron desde jóvenes la praxis política, tuvieron experiencia en la gestión de gobierno (en el caso Massa nacional, Capriles en la arena provincial), se trata de dos liderazgos que desdeñan la construcción partidaria, vencieron en elecciones provinciales a importantes referentes oficialistas (Massa al tándem Scioli- Insaurralde en Buenos Aires y Capriles a Diosdado Cabello y a Elías Jaua en Miranda), son dos dirigentes de muy buena relación con la embajada norteamericana y por último tienen un parecido corporal increíble

Lo que queda a dilucidar es el cuánto de continuidad y el cuánto de ruptura representa la opción Massa. Desde lo discursivo, al igual que Capriles, el intendente de Tigre se muestra más como una opción superadora que opositora (“no somos oposición, somos la solución”, declaraba hace un tiempo Capriles). La labilidad de su discurso y de su posicionamiento frente al kirchnerismo se convierte en una estrategia en sí misma, que al igual a la de su homónimo venezolano, gira en torno a una combinación permanencia y quiebre en el marco de una oferta política que se caracteriza por la estabilidad. Es decir, los rasgos de continuidad se expresan en un conjunto de medidas oficiales, como son la AUH, los trazos principales del modelo económico industrialista, la política jubilatoria, entre las más importantes, y los de ruptura se afincan en las políticas de seguridad, inflacionaria y de control de cambios, por decir algunas. La lógica de esta estrategia, entonces, descansa en no mostrar la “hoja de ruta” para la gestión de gobierno, sino en perfilarse como el estadista que dará previsibilidad y seguridad al electorado (utilizaríamos el concepto  gente, si el Grupo no la hubiese agotado) sin grandes sobresaltos. Lo que se oculta del devenir futuro, se encubre con papel de regalo y en formato mix continuidad- ruptura, disimulando con ello la verdadera propuesta “superadora” de esta nueva oposición política.

Como dijimos, esta nueva estrategia para enfrentar a  los distintos liderazgos presidenciales sudamericanos que se caracterizaron por un sorprendente éxito en la aplicación de sus políticas económicas y por una extraordinaria prolongación de su estadía en la gestión del estado, representa un cambio en la modalidad de enfrentamiento opositor. Una década de frustraciones en la recuperación de la política económica, le permitió a la derecha regional repensar sus estrategias y plantear nuevas formas de enfrentamiento a dichos primeros mandatarios.  Como se dijo, esto emparenta las experiencias argentina y venezolana, como así también, tal vez pueda extenderse (¿por izquierda?) a la reciente alianza de Marina Silva con el socialismo brasileño en vistas a la elección presidencial del año próximo (hoy segunda en las encuestas) en el país más grande del continente. Aquí también se observa cómo la plataforma electoral de gobierno de esta fuerza toma gran parte de la agenda del PT  y se presenta como la opción superadora en ese escenario.

Sin lugar a dudas, la lección aprendida por los distintos conjuntos opositores sudamericanos que enfrentaban de lleno y en totalidad a los liderazgos presidenciales antineoliberales de la región fue que debían tomar una parte de la agenda de estos denostados líderes.  La maniobra de gambetear las supuestas virtudes de estos gobiernos poco rédito le trajo a sus posibilidades de retomar nuevamente la agenda económica de sus naciones. Los ejemplos en Bolivia y Ecuador demuestran que el enfrentamiento desde una plataforma electoral diametralmente opuesta a la oficialista, sólo genera un cúmulo de derrotas rotundas.

Los electorados sudamericanos parecieran demandar una cierta continuidad de los modelos económicos implementados  durante el comienzo del siglo XXI y las nuevas oposiciones están registrando este pedido. Las alternativas partidarias en Argentina y Venezuela (estará por verse en Brasil) le ofrecen a sus sociedades “cambio en la continuidad”, sin delatar sus verdaderas opciones de gobierno. Ante esta evidencia, los oficialismos se encuentran en una posición distinta al pasado porque deben enfrentarse a oposiciones que no impugnan en totalidad su obra de gobierno y que toman parte de su discurso político. Entonces, ¿cómo deben posicionarse los oficialismos ante esta nueva iniciativa opositora? ¿Qué ruptura y qué continuidad deben plantear a su vez al electorado? ¿”Garpa” en términos políticos tratar de “desenmascarar” lo que hay detrás de este tipo de candidato -que lo hay-? ¿Habrá que tomar parte de la agenda de “ruptura” de ellos y modificar la propia? ¿Empalmar con “lo que dice la encuesta”? ¿O tratar de modificar el mapa con nuevos ejes para los cuales este tipo de candidatos no tiene respuestas?

En fin, varias preguntas, aún pocas respuestas.

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Los 2 años

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Las elecciones legislativas de medio término en la mayoría de los sistemas presidencialistas se convierten en un test electoral que tiene diversas ramificaciones explicativas. En primer lugar, dicha votación tiene como principal objetivo modificar la composición parlamentaria (en el caso argentino la mitad de la cámara de diputados y un tercio de la de senadores). En segundo término opera como un termómetro político del devenir futuro. Por último, estas elecciones dejan claramente identificados a los ganadores y perdedores de la contienda, como así también las posibilidades futuras de los competidores. Sin embargo, una mirada atenta a la historia de nuestro país demuestra que muchas veces quienes emergían como los principales (y únicos) ganadores de la elección legislativa y favoritos a llevarse el premio mayor dos años después, no siempre dieron la talla virtuosa y culminaron siendo convidados de piedra. Veamos algunas postales de las últimas décadas.

Buenos Aires, 1987

A dos años del primer recambio en la esfera ejecutiva nacional, el alfonsinismo gobernante tenía por delante la elección más difícil de su mandato: gobernadores, senadores y diputados. Se debe recordar que previo a la reforma constitucional de 1994, el mandato presidencial tenía una duración de seis años, lo cual implicaba dos renovaciones parlamentarias y una de ejecutivos provinciales. En ese marco, y a pesar de haber triunfado en la elección legislativa de 1985, el radicalismo debía superar la prueba más difícil desde que era gobierno en un contexto socioeconómico que empezaba a mostrar incipientes dificultades. El 6 de septiembre de 1987 el peronismo volvió al triunfo luego de varios sinsabores y la elección en la provincia de Buenos Aires catapultó  a Antonio Cafiero a la cima política de aquél momento histórico. El peronista renovador, que ya había salido victorioso en la legislativa desafiando a la estructura del PJ, se convertía, para los medios, la sociedad y la opinión pública, en el principal hombre a ocupar el sillón presidencial en 1989. Lejos se encontraba Carlos Saúl Menem, por ese entonces gobernador de la Rioja y más conocido por las imitaciones del cómico Sapag, de convertirse en una alternativa concreta y viable para el movimiento peronista.

 

Buenos Aires, 1997

El menemismo cumplía ocho años desde su ascenso al gobierno y enfrentaba la elección más complicada desde 1989. El recambio legislativo de 1997 le auguraba a la oposición política, encarnada desde ese mismo año por la Alianza, grandes posibilidades de triunfo. La recesión económica, el desgaste gubernamental, las internas dentro del PJ, una sensación de final de ciclo, subyacía en el entorno político- institucional. El acierto de los dos grandes partidos de la oposición (UCR y Frepaso) de asociarse en una coalición superadora le otorgó competitividad electoral al sumar el voto antimenemista en una única opción. El 26 de octubre la flamante alianza partidaria triunfó en los principales distritos del país y en la provincia de Buenos Aires, Graciela Fernández Meijide derrotó a la esposa del “padre de la derrota”, hiriendo de muerte la sucesión duhaldista en el interior del peronismo. La senadora frepasista, estrella principal de la jornada, continuaba concatenando triunfos electorales allende la capital, su distrito original, y se convertía en la principal candidata a ser la opción opositora ganadora en la siguiente elección presidencial.  Atrás quedaba Fernando De la Rúa, jefe de gobierno porteño en esos momentos y ausente en dicha compulsa electoral, en el imaginario político y social de candidatos ganadores y posibles vencedores dos años después.

 

Buenos Aires, 2009

Luego de seis años de gobierno, el kirchnerismo enfrentaba la segunda elección legislativa en uno de los momentos (por no decir “el” momento) más difíciles desde el 25 de mayo de 2003. Luego de vencer en las elecciones presidenciales de dos años atrás, CFK enfrentaba su segundo año de gobierno en un contexto económico espinoso y con fuerzas opositoras movilizadas y en auge. El adelantamiento del calendario electoral (luego de que los gobernadores opositores adelantaran las elecciones distritales con antelación a la general prevista para octubre) advertía sobre las debilidades oficialistas y la confianza opositora en el triunfo. El 28 de junio de 2009 las distintas oposiciones vencieron en forma contundente a los candidatos kirchneristas, ubicando a sus principales exponentes en el lote de aspirantes al sillón de Rivadavia (¿o de Perón?). La lista encabezada por Carlos Reutemann y seguida a un pelito por Cobos y Macri (Y De Narvaez jugando a modificar la Constitución) mostraba que la oferta electoral opositora era amplia en su abanico y segura en la transición que se aventuraba  en el corto plazo. Nadie siquiera sugería una posible recuperación política del kirchnerismo, ni mucho menos que CFK reelegiría 24 meses más tarde.

 

La evidencia electoral es clara al respecto: los ganadores de la elección legislativa (y candidatos de cajón a repetir dos años después) no logran llegar a Balcarce 50. Las razones (que no es el objetivo de este post) resultan ser, como en la mayoría de las explicaciones de los fenómenos políticos, variadas y multicausales. En los tres casos descriptos, los candidatos “seguros” a) dos fueron al Congreso y uno a la gobernación, b) dos perdieron en internas y otro no se presentó, y c) su experiencia ejecutiva y legislativa era variada. Por lo que las explicaciones en torno al carácter institucional resultan ser insuficientes para comprender el frustrado intento. Eso sí: el camino que compartieron los tres fallidos candidatos fue la evaporación  de su capital político y, con ello, sus posibilidades de insistir en los años sucesivos.

 La elección legislativa de octubre parece estar definida en la mayoría de los distritos. Las PASO adelantaron las chances concretas de cada una de las fuerzas políticas. De repetirse, los ganadores (o el ganador) quedará muy claro. ¿Le alcanzará entonces con ello para convertirse en la figura de recambio de acá a 2015? Considerando la historia ¿le convendrá? ¿Los derrotados de octubre, serán los candidatos de fierro del 2015? ¿Los que hoy son descartados, tendrán alguna chance en dos años? Amigos y amigas, hagan sus apuestas. Los dados comenzaron a volar por los aires y la capacidad (la virtud dixit genio florentino) y fortuna de ellos dictaminarán los años por venir.

El festejo del 27O

Foto pasoHace un tiempo atrás y desde este mismo espacio nos preguntamos acá y acá: ¿qué pasa si en las elecciones legislativas de 2013 ganan todos? ¿Qué pasa si en los distritos más poblados ganan muchas oposiciones, pero a nivel nacional lo hace (y tal vez holgadamente) el gobierno? El argumento se sostenía en la imagen de este escenario a nivel nacional (van agregados propios a la hipótesis de ArtePolítica): en la ciudad de Buenos Aires gana el PRO en senadores y en diputados con el FPV llevándose la minoría de la cámara alta y Unen segundo en diputados; en Córdoba hace lo propio De la Sota con su delfín dejando atrás a Juez y Aguad; en Santa Fe se mantiene la hegemonía socialista a gran distancia de Obeid y el Midachi; en Mendoza resucita Cobos ganándole al justicialismo gobernante; en Buenos Aires gana por poquito Massa sobre Insaurralde y en el resto del país el peronismo hace el trabajo de siempre triunfando en la mayoría de los distritos. El mapa a nivel nacional marcaría un troquel multicolor en el que el FPV triunfa con el 37% de los votos ante un lejano segundo puesto del (podemos denominar) acuerdo entre el radicalismo y el socialismo, que esta vez no llevan la camiseta del ACyS pero las alianzas constituidas en la mayoría de los distritos un poco se les parece, un tercer lugar para el Peronismo Federal en sus múltiples variantes y un cuarto puesto solitario para el PRO.

La imagen, entonces, que emergía en ese escenario sería la de un domingo de finales de octubre de varios brazos levantados. Juguemos un poco con lo que podría venir. Escenifiquemos un 27 de octubre caluroso de votación y una noche más fresquita en el que los candidatos salen de sus bunkers con el fin de analizar la elección y las proyecciones irreversibles de la contienda. Veamos:

La pregunta sobre quién ganó tendrá, casi con seguridad, distintas respuestas. Cada una de ella tomará una parte de la historia y levantará las manos del o los ganadores que más se adecúe a sus intereses y preferencias. Aquí se esbozó un escenario poco favorable con el oficialismo, que inclusive en su peor variante deja bien parado al gobierno. Sin embargo, las preguntas que me parecen oportunas realizar acá son las siguientes: ¿Quién quedará mejor perfilado para el 2015? ¿Quién estará en mejores condiciones de encarnar el voto medio entre el kirchnerismo y el antikirchnerismo? ¿Quién quedará mejor perfilado para hacer la gran Capriles? ¿Quién estará en mejor condiciones de juntar la oposición? ¿Podrá ser Scioli quien encarne el postkirchnerisnmo? ¿Los resultados darán más fuerza al delfín de CFK? Las respuestas se empezarán a bosquejar la noche del 11 de agosto y se tendrá un panorama más claro la noche en que se recordará el tercer año sin la presencia física de Néstor Kirchner

A 100 del 14A

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A pesar de que parece que fue hace mucho tiempo, recién hoy se cumplen 100 días del ajustado triunfo chavista en las elecciones presidenciales del 14 de abril. Un tiempo razonablemente corto en términos de calendario, pero extremadamente largo para la fogosa política venezolana. Durante este lapso, Nicolás Maduro debió actuar con mucha “virtud” en un escenario donde la “fortuna” no siempre estuvo de su lado.

Recapitulemos: Luego de la dolorosa muerte del gigante bolivariano, la Constitución determinaba que en un lapso breve de un mes se debía llamar a nuevas elecciones. Con anterioridad a su partida a La Habana, Chávez había sido muy claro sobre el devenir inmediato: “En caso de que a mi me pase algo y no pueda continuar… ustedes deben elegir a Nicolás Maduro”. Es decir, alertado sobre los peligros de la nueva intervención quirúrgica en Cuba, el líder bolivariano anunció con nombre y apellido a su sucesor, dejando su testamento político en vida y evitando de esta manera la posible fragmentación del núcleo oficialista luego de su partida. La titánica tarea de Maduro por lo tanto no se encontraba tanto en legitimar su candidatura sino ponerse el “equipo al hombro”, ganar la elección y continuar el legado de Chávez en un contexto novedoso.

La primera parte de la prueba, el candidato chavista la cumplió en un camino lleno de ripios. Debió arroparse de candidato luego de haber pasado los últimos seis años como ladero de Chávez en la construcción de las múltiples instancias regionales e internacionales ideadas por el líder bolivariano. A su vez, Maduro se enfrentaba a un candidato fuertemente instalado política y mediáticamente.  A pesar de que las encuestas previas daban por seguro su victoria, la misma fue escasa y dio lugar a una nueva avanzada de la derecha venezolana (una más de las muchas) que volvió a poner en tensión el sistema político venezolano.

Durante los días posteriores a los comicios, la oposición siguió sin reconocer el resultado definitivo a pesar de que con el mismo sistema electoral que puso (y sigue poniendo) en tela de juicio, obtuvo triunfos en varios estados del país y ganó la única elección nacional en diciembre de 2007. Sin lugar a dudas, la lógica que orienta las acciones del antichavismo no bucea por el andarivel de la institucionalidad y se acerca más a un nuevo intento por torcer la voluntad popular, en este caso con la excusa de un recuento de votos manual innecesario cuando ya se cotejaron 100% de las mesas. A cien días de la derrota electoral aún persiste en su estrategia deslegitimadora que tuvo y tiene 3 fases : 1) la violenta, fase que dejó como saldo 11 muertos la noche posterior a la elección y poco rédito le trajo a la oposición venezolana, 2) La denuncia internacional, de la que da cuenta los viajes de Capriles a varios países de la región (hasta hoy sólo Santos le hizo un guiño público y Piñera en privado) y 3) el desabastecimiento económico, provocado desde antes de la elección y la que parece ser la única estrategia con posibilidades de éxito.

A pesar de que la oposición venezolana creció en su nivel de adhesión electoral en los últimos años, también debe señalarse que en forma paralela decreció su potencial movilizador para ganar la calle, lo que le resta al antichavismo un capital político central en su objetivo de derribar el gobierno de Maduro. En ese sentido, la ecuación podría expresarse, siguiendo al Profesor Norberto Bacher, de la siguiente forma: la oposición hoy cuenta con movilización electoral, pero carece de movilización de masas (no hay que olvidar que en los años 2001- 2004 movilizaba a millones de sus adherentes). A esta estrategia se suma la ausencia de cuadros militares adictos a su proyecto en posiciones de poder (debe haber como en toda organización de esas características) y con posibilidades de condicionar la dinámica política en el interior de los cuarteles. Por lo que pareciera, a primera vista, que las posibilidades reales del antichavismo se encuentran hoy a la espera de un cataclismo económico más que en una estrategia deslegitimadora propia.

Como venía advirtiendo desde la campaña electoral, el presidente venezolano identificó a la inseguridad, a la corrupción y a la ineficiencia en ese orden, como los principales males que afectan al proceso bolivariano. En una de las últimas alocuciones, antes de partir a Cuba, Chávez había sido muy crítico de la propia gestión de gobierno. En ese sentido llamó a dar un “golpe de timón” interno para caracterizar al nuevo ciclo de la revolución bolivariana. En ese sentido, Maduro recogió las líneas directrices de los cinco motores de la campaña electoral de octubre de 2012, firmado de puño y letra por el propio líder bolivariano, y apostó, desde el inicio de su gobierno, a subvertir estos déficits. En efecto, a las pocas horas de asumir activó lo que el mismo denominó el “gobierno de calle”, una forma de caracterizar el nuevo vínculo a constituirse entre el poder ejecutivo y la sociedad. Desde el primer día de gobierno, el heredero de Chávez recorrió el país, comenzando por el Occidente y continuando por el Oriente, empapándose en forma directa de las principales problemáticas de la comunidad. Los resultados de esta estrategia del gobierno son promisorios y se trata de uno de los principales aciertos de la administración Maduro.

A su vez, el primer mandatario apuntó su política de gobierno en tres direcciones:

A pesar de que la oposición venezolana y los medios de comunicación que reportan hacia el norte indicaban que Maduro tendría dificultades a nivel interno y externo y su pobre legitimidad de origen iba a conjugar contra la instalación de su figura, la realidad marcó que una vez más erraron en sus pronósticos. En lo doméstico, todo parece indicar que la dirección política del gobierno se encuentra unida y sin fisuras en su interior. Como cada vez que la derecha acecha y pone en riesgo la vitalidad del proyecto, el chavismo se fortifica y cierra filas en torno a su líder.

La desaparición física de Hugo Chávez no dio lugar a la dispersión de sus cuadros y seguidores, pero sí a una merma en la adhesión popular (sobre todo electoral) que Maduro tendrá el deber de recuperar. Su propia gobernabilidad estará sujeta a los vaivenes del proceso económico que en estos momentos está dando muestras de recuperación. Los cuellos de botellas de la economía venezolana serán un desafío que tendrá el presidente en esta etapa. La convivencia entre un sector estatal en vías de socialización (agrandado de manera notable desde 2008) y una economía de mercado, en el que el gobierno aún carece del control de la banca y en menor medida del comercio, serán retos que tendrá Maduro en el corto plazo. El crecimiento del consumo interno por sobre la producción en un contexto de inflación será otro de los problemas que el gobierno deberá dar respuesta en lo inmediato.

A 100 del triunfo electoral, Maduro se encuentra en una mejor posición de la que se le auguraba en el comienzo. Los desafíos económicos y políticos están arriba de la mesa. También dentro de ella está la audacia de un líder que parece tener pasta para llevar adelante los nuevos desafíos de esta etapa. Una fase histórica, novedosa para la política venezolana. A cuatro meses y medio de la partida de Chávez, el proceso bolivariano sigue dando muestras de vitalidad y energía, esa misma que derrochaba a borbotones el máximo líder que tuvo la historia del país.

¿La opo tendrá su Capriles?

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La idea me la tiró el Escriba mientras le iba contando las peripecias de mi viaje a Caracas. ¿Por qué no te escribís algo para explicar la estrategia de Capriles?. Al principio la idea no me pareció muy motivante. ¿Para qué?, ¿para avivar giles? No, me respondió mi colega y amigo, “para saber la que nos puede esperar acá… y estar preparados”

Las elecciones del domingo en Venezuela  dejaron un sabor agridulce: se ganó (como se esperaba) y por poco (como no se preveía). La diferencia de 2% entre Maduro y Capriles y las razones de la fuga de votos entre el chavismo y la oposición ya fue analizada acá y acá, y los días sucesivos que bien están detallados acá, por lo que aquí lo que me interesa analizar no es tanto lo que se viene en Venezuela, sino el impacto que puede tener, en cuanto a las estrategias opositoras, esta elección en nuestro país.

Hace un tiempo, en esta misma casa expliqué (perdón por la segunda auto-cita) lo que consideraba la muy buena estrategia del antichavismo en la elección del 7O, que le permitió por primera vez convertirse en una alternativa real al socialismo bolivariano. Mi viaje a Caracas me sirvió para afinar aún más mi hipótesis, ya que allí la mayoría de los medios de comunicación privados (todos opositores) actúan en cadena cuando se trata de darle la palabra al candidato perdedor de la elección de hace una semana, por lo que pude ver varias veces los discursos de Capriles.

La gestualidad del candidato de la derecha venezolana, su palabra caracterizada por espacios largos entre frase y frase y su vestimenta informal y llena de colores patrios son la evidencia ostensible de una estrategia muy pensada por las usinas antichavistas internas y externas. Uno observa a Capriles y todo lo remite al fundador de la Revolución Bolivariana: cuando toma en sus manos la constitución azul pequeña, cuando se arropa con gorro y camiseta venezolana, cuando hace cantar el himno, cuando llama a su Comando de Campaña Simón Bolivar, etc.  En ese sentido, Capriles no sólo intenta presentarse como la continuidad del chavismo, sino también se dice que es “la mejor opción para mantener los logros del chavismo” ya que “nosotros no somos la oposición, somos la solución”.

La mutación alrededor de la estrategia electoral del antichavismo venía avizorándose desde la parlamentaria de 2010. Las listas únicas, las internas abiertas de selección de candidatos, una propuesta más corrida hacia el centro ideológico, la valoración de las políticas sociales chavistas, fueron avances de la oposición venezolana luego de los intentos frustrados de liquidar al oficialismo por las vías del golpe cívico- militar (2002), huelga petrolera indefinida (2003), revocatoria de mandato (2004) y de la deslegitimación de la elección (2005). Dicha estrategia le permitió crecer en recursos institucionales y proyectar una imagen de responsabilidad política para presentarse como una alternativa viable al chavismo gobernante. Es decir, y aquí está lo paradójico en una sociedad tan polarizada en lo ideológico: Capriles, para tener chances de triunfo, debe tomar banderas chavistas.

A pesar de que el intento de emprolijar la propuesta de cambio a veces se va por la borda (como vimos el día posterior a la elección del domingo), el antichavismo ya encontró el mecanismo de presentar batalla. Es cierto, que dentro de la oposición anidan en su seno quienes pretenden ir por todo en lo inmediato (volviendo a las fuentes del periodo 2001- 2005) y la convivencia con el sector más moderado está en pleno procesamiento, también es claro, que de ganar la propuesta de “ir por todo”, son muchas más las chances de perder que de ganar. El chavismo no es el mismo, en términos defensivos, que el de 8 años atrás y una estrategia golpista no tiene eco en el ámbito internacional por lo que se echaría por la borda los éxitos conseguidos en esta última etapa.

Con la nueva estrategia, la oposición venezolana creció numéricamente desde 2010 (salvo la elección de gobernadores de diciembre de 2012 donde primó la abstención), pero aún no le alcanza para destronar al chavismo.  Logró, por primera vez, ganar votos del potente movimiento bolivariano en un escenario distinto caracterizado por la ausencia física del Comandante presidente. La fuga de votos a la oposición se explica por múltiples variables pero un análisis precoz indica que importantes sectores que otrora contaban entre la masa de pobres del país y hoy pasaron a formar parte de la clase media (o simplemente salieron de ella), le dieron la espalda (una vez muerto Chávez, su garante) al proyecto liberador. Este pase de opción partidaria puede también ocurrir de diversas formas y modos en países que incluyeron nuevamente en el circuito productivo a amplios segmentos del pueblo, como sucedió en la mayoría de los países de Sudamérica, según el mismísimo Banco Mundial.

Hasta la fecha, el “desafío Capriles” fue el que en mayor medida afectó a los gobiernos progresistas y de izquierda de la región. Las oposiciones ecuatorianas, bolivianas, brasileras, uruguayas y argentinas, a pesar de sus esfuerzos, no han podido encontrar “el” candidato, ni “la” propuesta alternativa. Lo han intentado por otras vías (cuartelazo policial a Correa, paro indefinido a Evo, lock out patronal a CFK), pero han fallado en los intentos. Sin embargo, ahí tienen a la mano a la experiencia venezolana. Es cierto que ningún proceso político es igual a otro en sus líneas maestras, pero los parecidos en algunos aspectos son evidentes como se plantea desde dos visiones distintas acá y acá. También lo son las oposiciones.

¿Podrá la Argentina ir a una oposición en una dirección venezolana?¿Se animará el antikirchnerismo a tomar algunas banderas del gobierno y hacerlas propia? ¿Es sólo encontrar el candidato o alcanza la propuesta?¿Encontrarán las dos?¿Como debería reaccionar el kirchnerismo ante esa encrucijada? De no encontrar un Capriles ¿los 18A podrán pasar a formar parte del cotidiano político de la Argentina? Preguntas que en los próximos meses, por ahí, tendrán respuesta.

Apuntes del 14 A venezolano

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Las elecciones venezolanas de este 14 de abril dejaron los siguientes elementos  de análisis:

Foto.

Elecciones en Venezuela: a dos días

“¿Qué representó Chávez para su vida?”

Para mi Chávez (emoción)… (silencio)…(llanto)

No puedo hablar de él sin llorar, lo amo”

Diálogo con una caraqueña en el metro de Caracas

“Ellos creen que al matarlo, nosotros nos íbamos

a rendir. Se equivocaron feo, nos dieron un mártir”

Un Coronel bolivariano en el Cuartel de Montaña

“Nos lo quitaron, es así”

Otro coronel bolivariano

 

Cuando uno llega a Caracas ingresa en una atmósfera única. Apenas se sale de la manga del avión puede leerse: “Construyendo el socialismo bolivariano” “Venezuela ahora es de todos” “1er lugar en Latinoamérica… Justa distribución de la riqueza”. El contacto con el mundo político venezolano es inmediato. Una charla en un colectivo, camisetas en su mayoría rojas en las grandes avenidas caraqueñas, banderas colgadas de edificios que manifiestan el amor a Chávez, música proselitista a diez mil decibeles, muestran que acá el 14 de abril no se define sólo una elección, sino una forma de vida, un proyecto de país y un modo de conectar el Estado y la sociedad. Lo que se pondrá en escena el domingo es ese clivaje irreconciliable entre dos modelos de país: socialismo bolivariano o capitalismo neoliberal. Y será el pueblo, como en un proceso democrático cabal como el que hoy transcurre Venezuela, quien será el juez que decida en esta disputa.

Los apoyos para ambos proyectos son muy nítidos y tienen un corte clasista. Los sectores más altos son antichavistas y los sectores populares son oficialistas. Nada más que recorrer los actos para tomar nota de este fenómeno. Es cierto que hay pobres que son opositores (muy pocos) y sectores medios y altos que son chavistas, pero la fractura social es clarita. Desde allí que esto no tenga vuelta atrás. Se está en un lugar o se está en el otro. Los medios de comunicación (radio y TV) también expresan este clivaje y sintonizar cualquiera de ellos es de antemano conocer la línea editorial que defienden. En este terreno la oposición cuenta con más visibilidad, a pesar que el crecimiento de los medios chavistas fue importante luego de 2003. Desde allí que nadie se sorprenda de las agresiones verbales entre ambos candidatos durante  la campaña, ya que la fisura existente en la sociedad se expresa también en los discursos de Maduro y Capriles.

A pesar de los esfuerzos opositores por sumarla la Fuerza Armada Venezolana (FAB) es claramente chavista. Sin dudas, los sucesos de abril de 2002 jugaron a favor de Chávez quien pudo, a partir de ese momento, limpiar de enemigos internos a un actor clave de este proceso de transformación. Hoy la FAB tiene una posición política nacional y bolivariana que será muy difícil de desarmar ideológicamente o convencer de las bondades de una vuelta al pasado. Hoy los militares venezolanos forman parte de un proyecto nacional y se encuentran insertos en una sociedad que los respeta y acepta como parte de un proceso de liberación.

El predominio del oficialismo en las últimas 15 elecciones (sólo perdió una) evidencia que el proyecto bolivariano se consolidó a base de victorias y movilización. Aquí en Caracas se puede observar una tienda (porque son tiendas de campaña) por cuadra con un mínimo de 10 militantes que reparten la propuesta de gobierno.  La oposición se encuentra menos visible y desde años apuesta a los beneficios de una campaña electoral mediática y con movilizaciones puntuales. En este terreno, un observador neutral diría que el chavismo es hegemónico y que la oposición casi inexistente. Sin embargo, tener la calle ganada no garantiza un triunfo si no se tiene un aparato que asegure la asistencia el día de la elección.

La campaña electoral comenzó oficialmente el 2 de abril. En 10 días ambos candidatos recorrieron el país de punta a punta.  La estrechez de la campaña obligó a ambos candidatos  a realizar dos y a veces tres actos por día. Inclusive un acto del oficialismo llegó a comenzar después de las 11 de la noche. Nada fue un impedimento para que la gente se volcara a la calle a apoyar ambos proyectos. Sin lugar a dudas, el chavismo duplica en número a la oposición y las marchas de estas horas atestiguaron esa superioridad. El acto de ayer en Caracas del presidente Maduro fue impresionante. La convocatoria chavista se extendió en 7 avenidas. Una vuelta por la misma sirvió para entender porque el oficialismo se muestra imbatible en este terreno.

El 14A marcará el inicio electoral de la era post Chávez.  La novedad de esta elección será que por primera vez en 15 años el líder máximo de la Revolución Bolivariana no formará parte de la contienda. Un vacío enorme que impactará con seguridad en la abstención de chavistas y antichavistas. De todas maneras, todo parece indicar que la victoria de Maduro será entre el 8% y el 19% según las diversas encuestas serias que se expresaron en estos días.  Faltan dos días. Acá en Caracas se respira victoria “roja, rojita”. La marcha de ayer, por cantidad y calidad, pareció inclinar definitivamente la balanza para el lado local. Sin embargo, los partidos se juegan hasta el final. El chavismo parece tenerlo claro ya que Maduro llamó a no confiarse e ir a votar temprano para garantizar el triunfo. La oposición reza por un batacazo y se muestra ambivalente a la hora de la aceptación de los resultados del CNE.  A 48 horas de la elección Venezuela se prepara para la era post Chávez.

Elecciones venezolanas: panorama

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“A Dios lo que es de Dios, al César lo que es del César y al pueblo lo que es del pueblo”, de esa forma comenzó el discurso de Hugo Chávez en la madrugada del 14 de abril de 2002, una vez que era rescatado por el pueblo y los militares leales, tras el intento de golpe de estado comandado por las principales corporaciones del país y los medios de comunicación.

Las piruetas del destino y de la historia marcan que once años después de ese suceso se realizará la primera elección nacional sin la presencia física de quien fue la figura protagónica de los últimos 15 años en el país. A pesar que la campaña electoral comenzará oficialmente el martes 2 de abril, los días previos a la inscripción de candidaturas se caracterizaron por duelos verbales de alto voltaje, lo que preanuncia días intensos en eventos políticos. El duelo entre chavistas y antichavistas en un contexto de despedida del líder de la Revolución Bolivariana conforma una novedad histórica para esta disputa que hasta hoy se encuentra teñida de un claro color “rojo, rojito”.

¿Cuáles serán las estrategias políticas y las posibilidades concretas de ambos espacios partidarios?

La oposición política al chavismo nucleada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) llevará nuevamente como candidato a Henrique Capriles. El actual gobernador del Estado de Miranda, derrotado por más de 11% por Chávez en octubre del año pasado, tendrá la difícil tarea de desafiar el predominio electoral del chavismo en un contexto difícil para sus aspiraciones presidenciales. A pesar de ser uno de los tres estados que el MUD pudo conservar en las elecciones de gobernadores del 16 de diciembre pasado, las derrotas seguidas de su espacio político generaron un clima de cuestionamientos internos que rozaron al propio candidato presidencial. De hecho, la aceptación de la candidatura de Capriles no estuvo exenta de controversias debido a que el propio candidato esperó hasta último momento para hacerla efectiva. La estrategia de no presentar candidatura (que ya fue utilizada por la oposición en las parlamentarias de 2005 con sus costos de representación en la Asamblea Nacional) con la finalidad de deslegitimar el previsible triunfo oficialista, fue finalmente descartada. Las críticas opositoras a la designación como presidente encargado de Nicolás Maduro fue uno de los principales argumentos esgrimidos para deslegitimar la contienda electoral. Sin embargo, una atenta lectura al artículo 233 de la Constitución Bolivariana se prevé esta alternativa. Leamos: “Si la falta absoluta del Presidente o la Presidenta de la República se produce durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o la Vicepresidenta Ejecutiva”. No hay que olvidar que Chávez inició su nuevo mandato (pese a no jurar) por decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), por lo que la figura de presidente encargado esta prevista en la CB. Desde allí que el antichavismo no haya insistido en la alternativa deslegitimadora y ponga todas sus expectativas en una estrategia electoral que reafirme el voto histórico propio e intente divorciar la figura de Maduro de la de Chávez. Por ese camino pareció dirigirse Capriles cuando oficializó su candidatura con fuertes críticas al tratamiento de la enfermedad por parte del alto mando político chavista, la utilización del cuerpo de Chávez para hacer campaña, desconfiando de las lágrimas de Maduro y poniendo en duda la fecha de muerte del líder bolivariano. A pesar de que días más tarde se retractó de su ofensa a la familia de Chávez, la estrategia de apuntar en forma directa a la figura de Maduro parece ser la única táctica de la oposición para revertir el, desde el vamos, difícil camino electoral.

En el chavismo, a pesar de la desazón de la muerte de su jefe político, las cosas parecen estar más claras. La totalidad de las fuerzas que componen el movimiento político y social de gobierno se cuadraron detrás de la candidatura de Maduro, el candidato bendecido por Chávez en vida. En términos institucionales, el chavismo cuenta con 20 de las 23 gobernaciones, 98 de 165 diputados de la Asamblea Nacional unicameral (mayoría absoluta), ha ganado 14 de las 15 elecciones realizadas en los últimos 15 años y cuenta con un poder de movilización imponente que le permitió al chavismo sortear los momentos más difícil de gestión. Las últimas dos victorias (octubre y diciembre de 2012) le permitieron consolidar su poderío electoral que venía en detrimento luego del impacto de la crisis internacional de 2008 y 2009 y de las elecciones parlamentarias de 2010 en el cual el chavismo perdió la mayoría especial de los dos tercios de la AN.

De esta manera, el chavismo se encamina a una nueva victoria que, según las primeras encuestas que aparecieron por estos días, podría ser superior a la del año pasado. En ese contexto, Maduro hizo un llamado a la paz social para evitar que el discurso “incendiario” de la oposición no tenga una traducción directa sobre la estabilidad del país, la cual emerge hoy como la única posibilidad para las chances opositoras. Desde allí que el candidato del chavismo alerte sobre los escenarios de inestabilidad, al compás de que fortalece su figura (asociándola a la de Chávez su maestro y sucesor), su principal tesoro político en esta hora. Llegar será más sencillo que durar para este dirigente que comenzó su carrera política en los albores del chavismo. Convencional constituyente, dos veces diputado por la AN, canciller desde 2006, la experiencia de Maduro en la gestión pública se pondrá a prueba en un contexto económico difícil.

A un mes de las elecciones en Venezuela, los pronósticos parecen marcar que se impondrá, una vez más, el oficialismo.

Foto.

(Texto publicado originalmente aquí)

Prohibido llorarlo

CHAVEZ-CANTANDO

Es la noticia que uno jamás hubiese querido escuchar. Murió Hugo Chávez Frías. Su muerte nos desgarra, nos enluta, nos noquea, pero su ejemplo de vida, su palabra rectora, su acción política y su obra de gobierno, nos hace menos doloroso ese dolor infinito. Sospecho que sólo desaparece su cuerpo, ya que su alma se expande hecha bandera entre los millones que luchan por una Sudamérica unida, libre y soberana.  Su muerte física, entonces, a pesar de dejar un hueco profundo en el camino de la independencia, nos deja el sabor del haberlo conocido, de haber sido contemporáneo a ese líder gigantesco ya hecho prócer de la Patria Grande.

Su vida política se inició con una derrota. El 4 de febrero de 1992 se rendía asumiendo en soledad su responsabilidad en una Venezuela poco acostumbrada a “hacerse cargo”. En su discurso de rendición, de menos de dos minutos, soltó el famoso “por ahora los objetivos no fueron logrados”, dejando, profético, al tiempo como aquél  ángel que pondría las cosas en su lugar.

Pagó la osadía de desafiar militarmente al Pacto de Punto Fijo con dos años y dos meses de prisión. Estando encerrado tomó conciencia del ejemplo de su lucha y los miles que apoyaron su intentona le mostraron que algunas veces las derrotas militares se convierten en triunfos políticos. Su salida de la prisión lo encontró armando el movimiento cívico militar que más tarde lo catapultaría al Palacio de Miraflores. El camino no fue fácil. Desde Sudamérica se lo espantó con el mote de golpista. Sólo Fidel, desde el olfato de gigante, fue capaz de ver en ese coronel un proyecto de líder revolucionario.

La campaña electoral por la elección  presidencial de diciembre de 1998 lo encontró con una intención de voto que no superaba un dígito para principio de año. Bajo el lema de la convocatoria a la Asamblea Constituyente y “lanzado por los caminos, como arrastrado por un huracán”, el candidato del Polo Patriótico (PP alianza de partidos, en su mayoría de izquierda que apoyaron a Chávez) recorrió el país mediante la estrategia del “cara a cara”. Los meses siguientes encontraron al candidato opositor al sistema aumentando de forma sideral su intención de voto para alcanzar la punta en las encuestas a menos de tres meses del escrutinio.  Los partidos de Punto Fijo, AD y COPEI, gracias a la mayoría parlamentaria que gozaban, separaron las fechas de las elecciones legislativas de las presidenciales, adelantando en un mes las primeras. El objetivo de la triquiñuela era aprovechar la fuerza de sus bastiones provinciales y crear así un ambiente de victoria antes de la elección ejecutiva. A pesar de ello, las fuerzas del PP realizaron una gran elección y los partidos del sistema debieron resignar sus presidenciables en pos de una candidatura unificada. Pese a ello, Chávez venció por el 56% mostrando que las artimañas electorales son apenas piedritas en el camino cuando la voluntad de un pueblo está a favor del cambio.

El 4 de febrero de 1999, con 44 años de edad Hugo Chávez Frías juraba sobre la “moribunda constitución…  impulsar las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta magna adecuada a los tiempos”. Esto implicaba la convocatoria a una Asamblea Constituyente para refundar el estado. El contrato social, decía Chávez, que el país necesitaba emergía como el pacto (y paso) previo para cualquier proyecto de transformación económico y social.  Para ello debió llamar a una serie de elecciones (convocatoria a la AC, elección de convencionales y aprobación de la nueva constitución) para poder materializarlo. Como nunca había sucedido en la historia del país, era el pueblo, mediante el voto popular, quien aprobaba el nuevo texto constitucional.  Con porcentajes superiores al 80%, a pesar de la importante abstención, Chávez cumplimentaba la primera promesa de campaña.

Una vez sancionada la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el presidente en ejercicio volvió a revalidar credenciales en julio de 2000. Esta vez bajo la nueva Constitución incrementó en 3% la elección de 1998 y logró obtener la mayoría de las gobernaciones y de la Asamblea Nacional (AN, el órgano legislativo unicameral de la nueva Venezuela). Esta ingeniera institucional (presidentes que revalidan su poder en constituciones reformadas por el pueblo) fue marca registrada del chavismo, que luego en los años sucesivos tomaron como modelo para sus países Evo Morales y Rafael Correa. Una vez reelecto (o elegido en nuevo formato constitucional) Chávez apuntó los cañones a la transformación económica y social del país.

Las leyes habilitantes de diciembre de 2001, que afectaban seriamente a los poderes fácticos locales, hicieron emerger una nueva oposición anclada en actores sociales (Empresarios y sindicatos) que reemplazaban a los agotados partidos políticos del Punto Fijo  en su rol de resistencia frente a la transformación encarnada en la Revolución Bolivariana. El primer trimestre de 2002 encontró al antichavismo mostrando sus garras frente al presidente y abril se convirtió en el mes en el cual jugó al todo o nada. La movilización del 11 de abril con pretensiones de protesta pacífica, fue desde el vamos el principal intento de darle el golpe de gracia a la Revolución.  En colaboración con los grandes medios de comunicación del país (se deberá escribir un tratado de cómo estos “medios” jugaron y juegan un papel clave en la deslegitimación de gobiernos populares), quienes armaron literalmente un cuadro de represión oficial inexistente, la oposición creó las condiciones para meter una cuña en la fuerza militar y de esa forma sacar a Chávez antes de tiempo. En los días 11 y 12, estos grupos se creyeron el cuento de la “recuperación de la democracia”, pero el baño de realidad  que implicó la movilización popular no televisada del 13 le devolvió a Chávez el gobierno legítimo.

A partir de ese momento el líder bolivariano apresuró los tiempos de la Revolución y creó las Misiones Bolivarianas (MB) al compás que afianzaba su liderazgo en el interior de la fuerza militar (uno de los principales recursos de poder chavista) realizando un proceso de reestructuración en sus filas. A la vez que comenzaba un proceso de transformación social con las MB, creaba Telesur, alimentaba el fenómeno de los medios comunitarios, afianzaba la alianza estratégica con Cuba y América Latina (vendiendo petróleo a precios accesibles, el verdadero socialismo económico), compraba bonos argentinos, se puteaba con Bush (antológico y recomendable el discurso de “váyanse al carajo cien veces yanquis de mierda” o aquel de Naciones Unida “Aquí ayer estuvo el diablo”), apoyaba a todos los candidatos de izquierda del continente, Chávez emergía como un líder popular indiscutido en la región.

Por primera vez en Venezuela la renta petrolera no se iba en canaleta para los “de siempre”, sino que se ponía en función del bienestar social. La disminución de la pobreza, de la extrema pobreza, de la mortalidad infantil, fue consecuencia de esta nueva política. La ampliación de la educación y la salud a quienes antes no gozaban de esos derechos, dio dignidad a los que con anterioridad eran invisibilizados por la política puntofijista. Una transformación monumental en escasos años explican el amor que ese pueblo siente por su Comandante presidente.

Las victorias al hilo en el referéndum revocatorio (único en la región) de agosto de 2004, las provinciales del mismo año, las parlamentarias de 2005 por abandono (la opo venezolana no presentó candidatos para deslegitimar la contienda) y la reelección presidencial en 2006 con el 62% de los votos, le indicaron al líder bolivariano que estaban las condiciones para avanzar hacia el socialismo del siglo XXI (creación chavista) y la reelección indefinida. Una vez más, como lo hizo en cada una de esas coyunturas, llamó al pueblo a referéndum. En diciembre de 2007 se dejó en manos del voto popular este nuevo desafío y por primera vez en la historia, las urnas le fueron adversas al primer mandatario. A pesar de perder por menos del 2% de los votos, esa misma noche reconoció la derrota y anunció, una vez más, que “por ahora” no se había cumplido el objetivo.
Lejos de amilanarse con el fracaso, llamó a la rectificación del gobierno. Realizó cambios internos y se preparó para los comicios regionales de 2008, el cual implicó el debut de su nueva criatura: el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). El triunfo en estas elecciones dio pié para insistir con el proyecto de reelección indefinida. En febrero de 2009, finalmente, mediante el referéndum (una vez más era el pueblo quien dictaba los destinos de la Revolución Bolivariana) se eliminaron las limitaciones reelecticas de un presidente. A pesar de la victoria electoral, la crisis internacional comenzaba a hacerse sentir en el país. Los años 2009 y 2010 debió enfrentar protestas de diferentes sectores sociales y de algunos aliados que saltaron del barco bolivariano. La elección parlamentaria de septiembre de 2010 marcó que la hegemonía del chavismo se encontraba en jaque: a pesar de la victoria bolivariana, la oposición realizó una gran elección. El gobierno, pese a perder la mayoría especial, mantuvo la mayoría absoluta.

Hasta que llegó el fatídico junio de 2011. Luego de semanas sin apariciones públicas tras un viaje a La Habana, Chávez, desde la isla, anunció la aparición de células cancerígenas en su trajinado cuerpo. La humanidad del héroe encontraba el límite en su propia biología. El hombre “sin vacaciones” y con “escasas horas de sueño y litros de café” encontró su primer desafío real.  Los meses sucesivos mostraron a un Chávez recuperado. A principios de 2012 habló más de ocho horas seguidas en la Asamblea Nacional, desafiando a la cadena del desánimo mundial con sede en Madrid y Miami que hablaban de “dos meses de vida”. La recaída de abril de ese año parecía dar razones a los inhumanos agoreros de esas usinas, y las elecciones de octubre aparecían como una quimera para un cuerpo tan golpeado por las operaciones.  Sin embargo, en un último esfuerzo descomunal, Chávez priorizó el proyecto por sobre su vida y dio batalla en un campaña electoral extenuante. El sabía de los riesgos de afrontar esta nueva lucha y creemos que como el líder excepcional que fue optó por la mejor elección: cuidar el proyecto bolivariano.

Tras una campaña electoral eterna y poniendo su cuerpo cansado en pos de asegurar el triunfo, Hugo Chávez hizo el último esfuerzo para garantizar la continuidad de la Revolución Bolivariana. Como no recordar en esta hora la firmeza de sus palabras, los gritos infernales dados por él mismo cuando exclamaba la palabra revolucionaria ¡Chávez! al que las mismas piedras, de ser posible, votarían. Y llegó el 7 de octubre histórico. Y una vez más desmintiendo a los pasquines internacionales y locales (que arman sus mentiras, las repiten en cadena y después se las terminan creyendo) que aseguraban un empate técnico, Chávez volvió a triunfar. Con una ventaja de 11% y venciendo en todos los estados, aún en el distrito de su desafiante, el líder bolivariano aplastó las ilusiones de los enemigos de siempre. Fue su última elección como candidato y una digna despedida ya que el mundo posó sus ojos en esa votación con record de asistencia y rápida definición.

El discurso de la victoria en la noche del 7O se lo vio agotado. El esfuerzo le empezaba a cobrar el precio sobre su humanidad. Al otro día del triunfo presidió una reunión de gabinete. Íntimamente Hugo creía que ya no quedaba tiempo y había que apurar las cosas. En uno de los últimos discursos exigió a sus funcionarios más trabajo, más compromiso, “no puedo ser yo el intendente de esa ciudad, no puedo estar controlando todo” declaró.

El sábado 8 de diciembre en cadena nacional anunció que se debía someter a una nueva intervención quirúrgica por la reaparición de células malignas. Fue un discurso largo en el que se lo vio serio y sin la sonrisa que lo caracterizaba. Esa sonrisa, plena de alegría que era su marca registrada y que nunca lo abandonaba, ese sábado no brotó. Sabiendo de los riesgos a los que se sometía en la operación, no quiso cometer el mismo error de Perón y le dio nombre a su sucesor: Nicolás Maduro.

Como siempre sucedió y hasta donde pudo, Chávez mismo fue el comunicador de su enfermedad. Y a pesar de todas las mentiras que se dijeron sobre su padecimiento y que hoy podríamos recordar sólo poniendo google en internet (“le quedan dos meses”, “tiene muerte cerebral”, “metástasis”, etc.), el líder bolivariano siempre le dijo la verdad a su pueblo y al mundo.

El 11 de diciembre bancó una operación de seis horas. Maduro cuando comunicó el resultado de la intervención quirúrgica tardó en decir la palabra “exitosa”. Ahí muchos caímos en la cuenta que sólo pendía de un milagro. Los escuetos partes sobre la enfermedad dados por Villegas y el propio Maduro hablaron siempre con la verdad: “delicado”, insuficiencia respiratoria”, “batalla por su vida” “aferrado a Cristo”. Sólo los canallas de siempre decían que no se informaba al pueblo, claro ellos demandaban una sola verdad: el anuncio de su muerte. No respetaron nada, no hubo límite que no hayan sobrepasado. Chávez desde su lecho de enfermo nos mostró lo que son esos diarios sagrados para la prensa canlla nativa: cínicos a los que no les tiembla el pulso para mentir descaradamente al extremo de inventar una foto.

A partir de hoy Chávez pasa a formar parte de la galería de los próceres latinoamericanos. Indiscutiblemente. Escuchar que aún quedan dentro de los ámbitos políticos y académicos dudas sobre el espíritu democrático que guió la acción de este gigante sudamericano da gracia. Basados en esquemas foráneos vaciaron de contenido al concepto  de democracia cuestionando al tipo que se sometió a más de 15 elecciones en 14 años. Con un dedo acusador intentan enseñarnos que los líderes como Chávez no respetan la democracia, habiendo sido él mismo quien más ha acudido a la voluntad popular para llevar adelante su proceso transformador.  ¿Dónde hacen descansar el origen de la democracia esta gente? ¿Cómo son capaces de caracterizar este proceso como autoritario? ¿Qué aprendieron en las universidades? En fin… Quienes critican desde ese mismo palo a la reelección indefinida deberán tomar nota que son pocos los líderes que pueden revalidar en las urnas sus mandatos. La tarea titánica que llevó adelante Chávez muestra que un cuerpo sólo no soporta más de tres quinquenios. Hasta hoy Helmut Kohl logró superarlo (los estadistas – y grandes demócratas para los medios “republicanos”- Mitterrand y Felipe González duraron como el líder bolivariano). Lidiar, como en el caso de Chávez, con los muchos enemigos de la Revolución es un proceso desgastante y agotador.

Se fue el Fidel de nuestros tiempos. El primero que nos devolvió la esperanza de que el neoliberalismo pudiera ser enterrado y que otro camino era posible. Lo comenzó allá en 1998 y bancó en soledad la parada. Más tarde llegaron Lula, Néstor, Evo, Correa, Pepe, Cristina y Dilma para hacer más grande la patria sudamericana. Recuerdo en esta hora las cuatro veces que vi a Chávez: la primera en enero de 2003 en Porto Alegre, salió al balcón de la intendencia y me puse a llorar junto a mi compañera de la vida; la segunda en Montevideo, en marzo de 2005, la tercera en Mardel allá por octubre de 2005 y la última en Ferro, en marzo de 2007. Todas esas veces dejaba una frase, un grito, una cita, que nos hacía pensar y sentirnos más sudamericanos. Como te vamos a extrañar Hugo. Un mensaje de texto fue la forma de enterarme de tan penosa noticia. Lloré hasta que me llamó un amigo y me recordó las palabras de Maduro: “Prohibido llorarlo”. Que tristeza carajo. Que dolor. Creo no poder terminar a sabiendas que me quedaré con ese vacío, con ese hueco en el alma y todas estas palabras sólo fueron la excusa para no sentirme con este inmenso desconsuelo. Hasta siempre Comandante.  Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos.

La Revolución Ciudadana al poder

Correa

Con el 56% de los votos, Rafael Correa no necesitó de un segundo turno electoral para lograr su reelección presidencial e integrarse al club de los “cincuenta y pico” (CFK 54%, Chávez 55%). Doblando en votos a su más inmediato perseguidor, el empresario Guillermo Lasso (23%) e incrementando su adhesión en un 4% con referencia a la presidencial de 2009, Correa instó a profundizar su “Revolución Ciudadana” al compás de insistir que lo principal se ha ratificado que es que “aquí ya no mande la bancocracia, la partidocracia, el poder mediático, no mande ningún poder fáctico. Con esta revolución mandan los ecuatorianos”.

El liderazgo presidencial de Rafael Correa presenta características atípicas para la región. Economista nacido hace 49 años en Guayaquil, de formación escolar católica y con estudios de postgrado en EEUU, el líder ecuatoriano inició su carrera política como ministro de economía del gobierno de Alfredo Palacio. Durante su corta estadía en dicha cartera (cuatro meses), Correa pulseó con los grandes poderes fácticos del país, se mostró crítico de la aprobación del TLC y fue un duro crítico de las políticas del FMI y del Banco Mundial. A su vez, bregó por una mayor inversión social del Estado y se mostró favorable a una mayor integración regional, lo que le valió su pronta salida del gobierno. Lejos de amilanarse ante la adversidad, Correa preparó su siguiente paso político que fue la pelea por la presidencia.

Con la bandera de la Alianza PAIS (Patria Altiva y Soberana) Correa disputó la elección presidencial de octubre de 2006 frente a gran parte de la partidocracia ecuatoriana. Al igual que Néstor Kirchner, con un 22% de los votos logró alcanzar la segunda vuelta electoral y disputar el ballotage frente al empresario Álvaro Novoa (que había obtenido el 26%). A pesar del desigual apoyo económico que implicaba esa disputa política, el líder ecuatoriano se alzó con la victoria con el 56% de los votos.

Una vez en el gobierno, Correa llevó adelante su principal bandera de campaña: la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Con el objetivo de “refundar el sistema político, económico y social”, el primer mandatario avanzó en un proceso de transformación de la arquitectura institucional por intermedio de una serie de referéndums que permitieron modificar aspectos centrales de la norma fundamental de la República. El apoyo popular brindado durante esas compulsas electorales (entre finales de 2007 y septiembre de 2008) mostraba el nivel de adhesión que concitaba la figura de Correa, en algunos casos superiores al 80% de los votos.

Para abril de 2009 bajo el nuevo texto constitucional, Correa se presentó nuevamente a elecciones presidenciales obteniendo el 52% de los sufragios. Al igual que sus homónimos Hugo Chávez y Evo Morales, el líder ecuatoriano se reeligió en su cargo bajo la nueva constitución aprobada en consulta popular, tiñendo de un carácter fundacional a este proceso de transformación política. Es decir, los procesos venezolano, boliviano y ecuatoriano comparten, en el interior del archipiélago sudamericano, una misma modalidad de construcción política- institucional. En estos tres países, la transformación de estructuras se asienta en valores antagónicos a los encarnados por las elites tradicionales que gobernaban el esquema institucional precedente.

La adhesión popular generada por Correa durante los primeros años de gobierno le permitió sortear momentos difíciles a nivel nacional e internacional. Los conflictos con Colombia durante el 2008 y el fallido golpe de estado de septiembre de 2010, fueron dos episodios que pusieron a prueba la virtud del líder ecuatoriano y de las cuales salió fortalecido. Sin lugar a dudas que el apoyo político a Correa proviene de sus logros a nivel social. Según el sociólogo Esteban Gori , el aumento de la inversión social (de 90 a 446 dólar por persona en cinco años), un muy importante descenso del desempleo (casi ocupación plena), de la pobreza y la extrema pobreza (más del 10%), el aumento de la inversión en educación (se multiplicó por ocho), son los datos salientes que permiten explicar el apoyo popular al primer mandatario.

Las elecciones de ayer fueron una muestra fehaciente de esta popularidad presidencial y del respaldo al proyecto político encarnado por el líder ecuatoriano que ya prometió avanzar con la ley de comunicaciónque aún se encuentra demorada en la Asamblea unicameral. Según los datos a boca de urna (se conocerán en las próximas semanas), la Alianza PAIS podría alcanzar 90 de 137 ediles  alcanzaría una importante mayoría que rozaría los 2/3 del parlamento. Con este capital político, Correa estaría en condiciones de continuar profundizando su revolución ciudadana y avanzar sobre uno de los principales enemigos de esta transformación: los grandes medios de comunicación. En el discurso de ayer, el presidente fue muy claro al expresar que “esta es la oportunidad para cambiar el país. Una de las cosas que hay que arreglar en la prensa es la falta de ética, sin escrúpulos, que quiere gobernar afectando el estado de derecho, y no lo vamos a permitir”.

El triunfo de Correa implica la consolidación de un proceso político que se encuadra en el interior de la corriente política ideológica del socialismo del siglo XXI y que forma parte del ALBA. A su vez, la derrota de los grandes banqueros y de los medios de comunicación ecuatorianos irradia hacia Sudamérica inyecciones de estímulos para los que aún sueñan con la patria grande, en estos días de felicidad por el regreso de Chávez a su patria.

Algunos apuntes sobre Venezuela

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Nota de los editores: Subimos esta nota originalmente publicada acá. Son apenas unos minutos de lectura que dan algo más de información para entender por qué las decisiones tomadas por las instituciones venezolanas en las últimas horas fueron legales y legítimas y que no le pasan ni de cerca a la necesidad de aplicación de las “cláusulas de democráticas” del Mercosur y Unasur, como se discutió en algunos medios argentinos.

 

A raíz de la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela (el máximo poder de justicia) de posponer la fecha de jura del presidente electo Hugo Rafael Chávez Frías, se abre un nuevo escenario en las tierras de Bolívar:

Art. 231: El candidato elegido o candidata elegida tomará posesión del cargo de Presidente o Presidenta de la República el diez de enero del primer año de su período constitucional, mediante juramento ante la Asamblea Nacional. Si por cualquier motivo sobrevenido el Presidente o Presidenta de la República no pudiese tomar posesión ante la Asamblea Nacional, lo hará ante el Tribunal Supremo de Justicia.

¿Qué significa esto?. La letra es muy clara, “Si por cualquier motivo sobrevenido”, es decir, la recurrencia de la enfermedad de Chávez,  “el Presidente o Presidenta de la República no pudiese tomar posesión ante la Asamblea Nacional, lo hará ante el Tribunal Supremo de Justicia”. Es decir, el texto constitucional habilita una instancia posterior para el acto de jura presidencial. Entonces, el 10E no es la única fecha que el presidente pueda juramentar, por lo que se derrumba el argumento de la que deber ser categóricamente esa fecha la única fecha de asunción.

Art. 233: Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: su muerte, su renuncia, o su destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, su incapacidad física o mental permanente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional, el abandono del cargo, declarado como tal por la Asamblea Nacional, así como la revocación popular de su mandato. Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional.

El artículo continúa, pero a los efectos de nuestro argumento, aquí se encuentran las razones por las cuales no se debe hablar de “falta absoluta” del presidente, argumento que viene alegando la oposición venezolana para llamar a nuevas elecciones. Ninguna de las causales de “Faltas absolutas” se puede atribuir a este caso, ya que Chávez, con anterioridad a esta fecha pidió una nueva licencia por su enfermedad que fue aprobada por unanimidad para la AN.

Art. 234. Las faltas temporales del Presidente o Presidenta de la República serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional por noventa días más. Si una falta temporal se prolonga por más de noventa días consecutivos, la Asamblea Nacional decidirá por mayoría de sus integrantes si debe considerarse que hay falta absoluta

En esta situación nos encontramos. Por ello, es el Vicepresidente Ejecutivo Nicolás Maduro, el elegido por Chávez el 10 de octubre, quien se encuentra al frente del ejecutivo supliendo al presidente electo. Aquí habría que aclarar que a diferencia del caso argentino, en Venezuela no se elige al presidente en una fórmula, sino que es el propio presidente quien elige a su vice luego de la elección, siendo una de sus varias potestades (Art.236, inc. 3) normadas por la CB.

Artículo 235. La ausencia del territorio nacional por parte del Presidente o Presidenta de la República requiere autorización de la Asamblea Nacional o de la Comisión Delegada, cuando se prolongue por un lapso superior a cinco días consecutivos.

§         Como se sabe esta autorización fue dada por la AN en sesión extraordinaria y en forma unánime el 10 de diciembre. Desde allí que se ha dictaminado la continuidad administrativa del gobierno encabezado por Chávez en uso de su licencia por enfermedad.

§         La oposición, que como nunca antes apeló a la CB (a la cual violentaron en más de una oportunidad), quedó huérfana de argumentos y se mantiene a la expectativa de un desenlace fatal de la enfermedad presidencial. Luego de perder en 15 de las 16 elecciones en estos 14 años y tras ser vapuleada por partida doble en los últimos tres meses, especula con la demanda de nuevas elecciones inmediatas, a la vez que tácitamente acepta la extensión del proceso electoral para poder rearmarse. El amago a un “paro cívico”, como fórmula para deslegitimar el 10E, fue desbordado por la marea roja chavista, que volvió a ganar la calle como en las disputas políticas de antaño, en una muestra de fortaleza oficialista.

§         La región acudió al llamado del gobierno venezolano: presencias de Mujica y Evo y de los cancilleres de Argentina, Ecuador, más la del ex presidente Lugo. La ausencia de Brasil se compensa por las múltiples declaraciones de Dilma y de su asesor en política internacional Marco Aurelio García a favor de la continuidad del proceso político en el país. Las ausencia de representación de Chile y Colombia se explica por la falta de afinidad ideológica con el proceso bolivariano.

§      Por último: ¿cuál es el panorama político que se vislumbra a futuro? Los partes médicos sobre la salud de Chávez hablan de un proceso postoperatorio complejo y difícil. Las faltas temporales contempladas en la CB permiten pensar en un plazo no mayor a 180 días para el retorno del presidente. Pasado ese tiempo se deberá llamar a elecciones. Parece un lapso demasiado prolongado para los tiempos políticos. Daría la sensación que, en un corto plazo, habrá un desenlace al respecto. El acuerdo tácito entre el oficialismo y una parte de la oposición venezolana (con Capriles a la cabeza), en extender el tiempo de las definiciones parece ser la mejor opción para ambas partes. El chavismo, con vastos recursos de poder (20 de 23 gobernaciones, 3/5 partes de la AN y la movilización popular) espera una recuperación de Chávez, de máxima y una extensión de tiempo que dé lugar a la consolidación de Maduro como candidato triunfante, de mínima. La oposición, por otro lado, sabedora de las dificultades competitivas en la arena electoral frente al chavismo, apela a una extensión del tiempo que le permita reorganizar su fuerza, curar sus heridas y cicatrizar sus infinitas diferencias.

Todo parece indicar que el chavismo, con o sin su líder en el gobierno, seguirá siendo hegemónico en Venezuela. La profundidad de los cambios estructurales realizados por Chávez durante estos últimos catorce años, dejaron una huella indeleble que será muy difícil de borrar en el corto plazo.

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16D: elecciones regionales en Venezuela (Parte II)

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El mapa político del país se puso “rojo, rojito”. La “victoria patria” que demandaban los chavistas como ofrenda a su líder que se recupera en Cuba no pudo ser más contundente. A pesar que se avizoraba que el oficialismo venezolano podría recuperar estados en manos opositoras y aumentar con ello la cantidad de ejecutivos provinciales, la victoria chavista resultó superior a la pensada semanas atrás.

A continuación algunos apuntes de la compulsa de ayer:

Los resultados de la elección demostraron la clara hegemonía que continúa teniendo el chavismo en Venezuela luego de 14 años de gobierno. El aumento de estados, en un contexto especial como en la que se desarrolló la votación de ayer, demuestra esta fortaleza. En ese sentido, como bien observa el especialista Bruno Sgarzini “Hay una cuestión a destacar: Chávez no participó en ningún acto de campaña de las regionales. Solo apoyó en discursos o comentarios”.

También queda en evidencia la incapacidad de la oposición nucleada en torno al MUD de convertirse en una opción ganadora y las declaraciones de Henrique Capriles, corren en el mismo sentido: “No siento una sonrisa por Venezuela, sí por Miranda”. La derrota de los candidatos opositores, algunos de ellos con aspiraciones presidenciales, harán eclosión en la interna antichavista que verá cada vez más lejana las posibilidades de convertirse en fuerza hegemónica.

La unidad demandada por el líder se materializó en votos hace horas y se pondrá a prueba en las próximas semanas. La interna chavista, que existe (como existe en cualquier partido de gobierno con una dirección tan fuerte), se moverá al calor de la recuperación de su conductor. Sin embargo, se debe destacar que a pesar de los heridos que dejó la designación de candidatos por el “dedazo” ésta no afectó la cosecha de votos.

A partir de la elección de ayer se abren varios interrogantes: ¿asumirá Hugo Chávez desde Cuba el 10 de enero? ¿Lo hará desde la propia Venezuela? ¿Podrá retomar funciones o se convertirá en un embajador itinerante de América Latina? ¿Habrá una reforma constitucional para dar lugar a un referéndum constitucional que habilite una continuidad sin llegar a nuevas elecciones? ¿Se llamará a nuevas elecciones?

Sea cual fuera la respuesta, queda nítido luego de la elección de ayer que el chavismo (aún sin la presencia de Chávez) continúa siendo pujante. El último párrafo de post del viernes resume en forma manifiesta esta potencia oficialista y la dificultad opositora: “Una mayoría absoluta de diputados en la Asamblea unicameral venezolana (producto de las elecciones de septiembre de 2010) y más de un 85% de gobernaciones en su haber (si es que se traducen los guarismos electorales), no sólo mostrarían un mapa institucional furiosamente rojo, sino también, reflejaría lo difícil que será para cualquier candidato opositor transformar las relaciones de fuerzas en el interior del sistema político local”.

16D: elecciones regionales en Venezuela (Parte I)

El próximo domingo el pueblo venezolano acudirá a las urnas en un contexto marcado por la incertidumbre política alrededor de la salud de su presidente. El sábado pasado, en un mensaje cargado de emotividad y sinceridad, el líder bolivariano anunció la necesidad de partir con urgencia a Cuba por una recaída en la enfermedad con la que viene luchando desde julio de 2011 y, por primera vez desde que es presidente designó como sucesor, en caso de no poder asumir el 10 de enero y que se haga necesario un nuevo llamado electoral, a Nicolás Maduro.
En ese marco, las elecciones del domingo, que en un primer momento no contaban con la atención de la opinión pública, se torna producto de este escenario, unos comicios al que habrá que prestarles mucha atención.
¿Qué se elige el 16D? La totalidad de las 23 gobernaciones y 237 diputados a Consejos Legislativos. Sin lugar a dudas, la elección de ejecutivos regionales es la de mayor importancia. Veamos por qué:
·         En las últimas elecciones regionales de 2008 se eligieron 22 gobernaciones de los cuales el chavismo obtuvo 17 y la oposición 5. Dicha elección aunque representó un desquite para el oficialismo luego de la derrota en el referendo de 2007 (única desde que gobierna Chávez) le permitió a la oposición recuperar las cinco gobernaciones con las que contaba al comienzo de la gestión del líder bolivariano
·         Luego de estas elecciones, dos gobernadores (Lara y Monagas) abandonaron el barco oficialista y dejaron la representación de ejecutivos regionales color rojo en 15.
·         Tras la elección presidencial de octubre pasado, las fuerzas opositoras veían a esta elección un hito en su proceso de crecimiento electoral y apostaron a derrotar al chavismo para controlar espacios institucionales.
·         El chavismo puso toda la carne en el asador. Los candidatos que el oficialismo hizo jugar así lo demuestran: el ex vice Elías Jaua, en Miranda, Adán Chávez, para reelegir en la tierra familiar de Barinas,  Francisco Arias Cárdenas (el compañero de rutas de Chávez en la intenta militar de 1992), en Zulia, el ex ministro de justicia, Tareck El Aissami, en Aragua, la ex ministra Érika Farías, en Cojedes, para nombrar los más importantes.
·         La oposición también apuesta fuerte y su candidato estrella, Enrique Capriles intentará la reelección en el Estado de Miranda.
Más de 17 millones de venezolanos en condiciones de votar (recordemos que el voto es optativo)  decidirán cómo quedará configurado el nuevo mapa regional del país. Esta elección, por lo tanto, tendrá consecuencias directas sobre el futuro de Venezuela y para lo que se viene. La pelea electoral de Miranda entre Jaua y Capriles estará en juego una buena parte del capital político de ambos, como así también, las posibilidades concretas de la oposición venezolana de poder ungir un candidato en caso de que Chávez no pueda retornar al gobierno. Una derrota en Miranda, dejará al antichavismo (y a la opo local, por qué no) con un destino incierto para su figura mimada.
De obtener más de veinte gobernaciones, el chavismo contará con espacios institucionales indispensables para acelerar su proceso de transformación política y dejará a la oposición con escasos recursos de poder.
Una mayoría absoluta de diputados en la Asamblea unicameral venezolana (producto de las elecciones de septiembre de 2010) y más de un 85% de gobernaciones en su haber (si es que se traducen los guarismos electorales), no sólo mostrarían un mapa institucional furiosamente rojo, sino también, reflejaría lo difícil que será para cualquier candidato opositor transformar las relaciones de fuerzas en el interior del sistema político local.