Mariano Fraschini

522 años después

evo

“A mí me hicieron crecer políticamente los errores de Estados Unidos… En 2002 antes de la segunda vuelta apenas teníamos 27 de 130 senadores y 8 de 27 senadores. Con esa mayoría: ¿qué hubiésemos hecho? Nada, hubiera fracasado. Y la embajada de Estados Unidos juntó a los dos partidos neoliberales para ganarme. Gran error de la embajada”, recordaba Evo Morales la derrota electoral del año 2002 frente a Sánchez de Losada, cuando aún el recursos de poder del dirigente del MAS eran escasos, y de haber sido ungido presidente, pobres perspectivas se abrían para las enormes transformaciones que el líder cocalero prometía para su Bolivia. Su inexperiencia de gobierno, una composición parlamentaria adversa, una coalición de partidos y movimientos aún no aceitados, un apoyo popular que apenas alcanzaba al 20% y una economía que se deshilachaba al compás del ajuste perpetuo, hubiese hecho muy cuesta arriba a un gobierno novel con ansia de cambios económicos, políticos y sociales. El triunfo de Sánchez de Losada, vivida como un alivio para los intereses norteamericanos, se convirtió posteriormente en un boomerang. Con apenas un año de gobierno, el presidente que hablaba mejor el inglés que el castellano, debió renunciar en medio de intensas movilizaciones por izquierda y por derecha, en el interior de un clima de ingobernabilidad creciente. La sucesión recayó en Mesa, el vicepresidente que intentó hacer pié entre el Oriente y el Occidente boliviano y navegar entre las protestas sindicales y autonomistas de la “media luna” con epicentro en Santa Cruz, y que debió renunciar tras casi dos años de gobierno. El camino quedó allanado para Evo Morales quien debió disputar en diciembre de 2005 la elección presidencial con Jorge “Tuto” Quiroga un representante de los sectores tradicionales y custodio de los intereses de la aristocracia del Oriente cruceño.

La  propuesta electoral de Evo para aquella elección, se ceñía fundamentalmente a la nacionalización de los recursos naturales y a la constitución de la Asamblea Constituyente como herramienta para refundar el Estado boliviano. A pesar que desde la recuperación de la democracia en los ochenta ningún presidente había podido alcanzar la mayoría absoluta de los sufragios (en Bolivia durante los años de la democracia pactada 1980-2003 la segunda vuelta electoral la decidía el Congreso), el dirigente del MAS alcanzó el 53,7%, sin necesidad de una nueva elección. El triunfo de Evo terminó no sólo con una democracia basada en pactos partidarios enamorados del consenso de elites, que dejaban afuera a más del 50% de la población (anulados de derechos civiles y sociales), sino que clausuró una etapa de gobiernos de coalición designados indirectamente por el propio parlamento. El sistema político al que le cantaban loas desde la ciencia política tradicional y sus satélites, por la atenuación del presidencialismo y la exaltación de los pactos, quedó barrido de un plumazo por las fuerzas plebeyas e indígenas del masismo.

Luego del triunfo electoral y en el primer viaje como presidente electo no asumido, Evo Morales viajó a Cuba y Venezuela (a quienes ayer les dedicó el triunfo) con el objetivo de firmar varios acuerdos relacionados con programas sociales y convenios de colaboración, que incluían la entrada a Bolivia de médicos cubanos y personal petrolero venezolano calificado. La señal que enviaba el líder del MAS era clarita: habría nuevas alianzas internacionales que se alejarían para siempre del norte imperial. Apenas asumido Morales se rebajó el sueldo en más de un 50% y eliminó los gastos reservados de los funcionarios públicos. Los fondos ahorrados fueron destinados a una cuenta especial del Tesoro General de Nación para que fuesen invertidos en educación y salud.

Desde el inicio de su primer mandato Evo procuró dar cumplimiento a su programa electoral y la política de hidrocarburos se convirtió en el eje de su estrategia de gobierno. El 1° de mayo de 2006 (a menos de seis meses de gobierno) firmó el decreto de nacionalización de hidrocarburos, desde el yacimiento de San Alberto en Carapari tomando el control del mismo las tropas del ejército. La nueva normativa obligaba a que las empresas que explotasen los yacimientos sean empresas mixtas en las que YPFB tendría el 51% del capital y las compañías extranjeras debían pagar el 82% en carácter de gravámenes revirtiendo, de manera simbólica, el porcentaje que era extraído de Bolivia por las mismas empresas en las décadas previas. Siguiendo al excelente libro de Martín Sivak “Jefazo”, el Estado boliviano pasó de percibir por ingresos de gas y petróleo 1299 millones en 2006 lo cual contrastaba de manera evidente con el exiguo 173 millones de 2002

Sin embargo, “la madre de todas las batallas” de su primer gobierno fue la sanción de la nueva constitución, una herramienta de transformación que también utilizó Venezuela y Ecuador y se convirtió en marca registrada sudamericana. A los tres meses de iniciado su mandato promulgó la ley de convocatoria a la Asamblea Constituyente y el Referéndum Autonómico y el 2 de julio se realizó la elección obteniendo el gobierno nuevamente el 53% de los votos, logrando 137 de los 255 convencionales. A pesar de que también ganó el Referéndum Autonómico por el 57,6%, en la opositora “media luna” (Santa Cruz Tarija, Pando y Beni) triunfaron las posturas autonómicas. El análisis del resultado no se tornaba sencillo, ni homogéneo, ya que para los opositores el triunfo en sus regiones debía de ser vinculante para el departamento. Por el contrario los partidarios del MAS esgrimían que el mismo era nacional y valían, por lo tanto, para todos los departamentos del país. Esta interpretación electoral se convirtió en una constante de aquellos años: el masismo argumentaba que los resultados eran nacionales, la oposición que eran regionales.

Finalmente, la nueva Constitución se aprobó a finales de noviembre sin la presencia de la oposición la cual se puso en pie de guerra frente al gobierno realizando marchas de carácter indefinidas, proclamando autonomías de facto y agrediendo todo aquello que tuviera color u olor a masismo. En aquellos turbulentos 2007 y 2008, Evo evitaba pisar suelo oriental por temor a reacciones violentas desatadas por los grupos autonómicos que eran mayoría en sus comarcas. El antagonismo llegó a tal extremo que ambos contendientes debieron llevar adelante una ardua negociación que derivó en una convocatoria a una amplia revocatoria de mandato que abarcó a la propia presidencia y a los gobernadores. Es decir, la imposibilidad de acordar se zanjó con un llamado a legitimar a todos los ejecutivos del país. El 10 de agosto de 2008, Morales fue ratificado en su cargo al obtener el 67.43% de votos, siendo también confirmados los prefectos de Santa Cruz, Pando, Beni, Tarija de la dura “media luna” opositora, y revocados de sus mandatos los prefectos de La Paz y Cochabamba. El resultado significó, una vez más, una victoria para ambas partes, aunque el aumento en el caudal de votos de Evo en un 12% (ganó en todos los departamentos, menos en Tarija, Beni y Santa Cruz, donde obtuvo el 40,73%, el porcentaje más bajo de todos), significó un salto de calidad en la legitimidad del gobierno. Con ese aval el primer mandatario avanzó en la ratificación de la nueva constitución y el 25 de enero de 2009, en lo que significó la tasa de participación más alta de todas las consultas electorales celebradas en el país hasta ese momento (90,2%), la nueva carta magna fue aprobada por el 61,43% Los resultados electorales igualmente, volvieron a resultar un calco de las contiendas anteriores: el SI triunfó en los departamentos de Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí, y el NO hizo lo propio en Tarija, Santa Cruz, Beni y Pando. Con la legitimidad del voto popular, el presidente avanzaba hacían su reelección. Para el 6 de diciembre de 2009 y con el 64% de los votos, Evo Morales se convertía en el presidente, del ahora Estado Plurinacional de Bolivia, con un aumento en términos porcentuales del 11% en referencia a la elección del 2005. Una vez más la “medialuna” le daba la espalda y el activo electoral provenía de los bastiones del Occidente, que en el caso de La Paz alcanzaba el 80% de los votos.

Luego de cuatro años intensos, el presidente lograba consolidar su gobierno con una política estatista e inclusiva. A pesar de los reiterados conflictos, el gobierno pudo llevar adelante una serie de medidas que implicaron la expansión del gasto público, una política de fortalecimiento de la moneda, inversiones productivas, sobre todo en el área de la construcción, aumento de las reservas internacionales y un conjunto de políticas sociales que permitió la inclusión de millones de bolivianos y bolivianas. Esto se materializó en el aumento del salario mínimo siempre por encima de la inflación, el congelamiento de tarifas de distintos servicios públicos y la expansión de distintos subsidios de la mano de diversos bonos sociales. Estos cambios se consolidaron durante su segunda presidencia a la par que el país se insertaba regionalmente en el ALBA, pedía pista en el Mercosur, y la figura de Evo Morales se proyectaba internacionalmente en su lucha por la legalización de los cultivos tradicionales. La política cocalera, otro de los puntos álgidos con EEUU fue abordado por el presidente boliviano con una estrategia muy nítida: “Narcotráfico cero” que antagonizaba con el tradicional “coca cero”. La reducción del 96% la ayuda militar a Bolivia junto a la expulsión del embajador norteamericano (con agencia antidroga incluida) marcaron momentos de una relación diplomática que comenzó malparida desde el vamos.

Luego del triunfo electoral de 2009 las tensiones al interior de la “media luna” se disiparon al compás de un sostenido crecimiento económico, de la extensión de la obra pública sobre esas latitudes, de una política pragmática de captación de dirigentes opositores, como anota aquí Pablo Stefanoni y de la evidencia empírica de que se debía convivir con un liderazgo imbatible en las urnas, del que se podría sacar ventajas en la negociación. En ese marco, las “tensiones creativas” se trasladaron al interior de las fuerzas oficialistas, en lo que García Linera denomina la contradicción entre los aspectos generales y particulares (el alcance universal del proyecto vs. el particularismo corporativo) que tensiona el bloque social popular. Las diversas movilizaciones sociales en estos últimos años por aumentos salariales y contra la política de gobierno apuntan en esa dirección. A pesar de que pudieron ser neutralizadas y contenidas por el masismo, fueron una llamada de atención sobre los aspectos irresueltos en el interior de las fuerzas oficialistas. Los resultados de ayer evidencian estas tensiones entre el interés general y el particular que son comunes a los gobiernos movimientistas y que emergen cuando las condiciones políticas son estables. En el caso boliviano en particular, las demandas particularistas proveniente de la base de sustentación histórica de Evo que se muestran en algunos casos poco tolerante con la política económica heterodoxa de su líder, y en otros, con las reivindicaciones de clase y del proyecto original. Las “impurezas” del Evo, tan similares (y distintas) a la de los liderazgos presidenciales sudamericanos del giro a la izquierda, evidencia, como sugiere Nicolás Tereschuk, “el pragmatismo impuro de su gestión, las idas y vueltas de estos procesos y el manejo de los tiempos que tienen sus líderes”. La inexistencia de un manual de contenidos revolucionarios o reformistas invita a pensar en la escasa linealidad que estos procesos políticos adoptan a la hora de llevar adelante la gestión de gobierno.

A pesar de que Morales apuntó al 70%, para superar la marca de cinco años atrás, el resultado es impresionante. Con el 61% de los votos y una ventaja casi del 40% al segundo y 50% al tercero, dos egresados de universidades norteamericanas, Evo superó una vez más sus propias marcas. Es cierto que disminuyó el porcentaje de votos si tomamos la última elección presidencial, pero esta vez el triunfo fue más homogéneo. Si en el 2009 la fortaleza de sus bastiones de Occidente le permitió compensar las derrotas en la “media luna”, esta vez la victoria fue en ocho de los nueve departamentos. Sólo Beni escapó del “Huracán Evo”, pero tanto Tarija, Pando y la ultraopositora Santa Cruz cayeron en manos del masismo. A estas horas y a la espera de confirmación oficial, Morales alcanzaba más del 50% en estas regiones, en una elección impensable cinco años ha. El aumento de votos en la “media luna” contrasta con una disminución en las zonas propias. En el Occidente boliviano, el masismo triunfó con guarismos superiores al 60%, pero no con la contundencia de la última elección presidencial. Parte de las tensiones comentadas en los párrafos precedentes, sumada a una política de alianzas diferente a la de 2009, explican a grandes rasgos esta leve disminución de las preferencias electorales. Una oposición disgregada en cuatro candidatos, incapaz de llevar adelante un proceso de unificación y con nula voluntad de caprilizarse, asistió pasivamente al festejo del MAS.

Si logra culminar con éxito el nuevo mandato Evo Morales llegará a cumplir lo que ningún presidente en la historia de Bolivia: estar catorce años sucesivos en el gobierno. Amado por las izquierdas sudamericanas, respetado por las derechas “racionales”, el primer presidente indígena de Bolivia se encamina a profundizar su revolución democrática. Sin reelección a la vista (sin embargo ayer habló de los “próximos nueve años”) el aquél simpático y pintoresco dirigente gremial hoy se lo observa con dimensión de estadista. Muchas cosas cambiaron en Bolivia. De la transformación monumental del país, mucho tuvo que ver el liderazgo presidencial de Evo Morales. Una presencia incasable, un líder de indiscutible carisma y un gobernante que finalmente se asemeja a su pueblo, son marcas indelebles de un presidente indígena que le hace honor a sus ancestros.

Nos vemos en tres semanas

Lula

El 26 de octubre y como preveían las encuestas, habrá segunda vuelta en Brasil. La presidenta y candidata del PT Dilma Rousseff y el candidato del PDSB, Aeceo Neves serán los que definirán mano a mano quien conducirá los destinos de la principal economía de Sudamérica en el periodo 2015- 2019. Al igual que en las últimas cuatro elecciones presidenciales en el país las coaliciones encabezadas por el PT y el PDSB competirán nuevamente por el premio mayor, en lo que ya se convirtió un clásico de los balotajes brasileros.
A continuación algunas viñetas de la elección
• En términos cuantitativos la candidata presidenta obtuvo 43.266.998 de los votos válidos, el equivalente a 41,6% de los sufragios. El socialdemócrata Neves consiguió 34.896.909 de las preferencias electorales, lo que en términos de porcentaje de votos es el 33,5%. En tercer lugar y fuera de toda posibilidad, quedó la candidata estrella Marina Silva con 22.176.404 (21,3%) de los votos. Estos tres candidatos (de los once que compitieron) totalizaron más de 96% de los sufragios válidamente emitidos.
• La diferencia entre Rousseff y Neves fue de casi 9 millones, una cantidad importante de votos, que a primera vista no parecería muy sencilla de descontar. El horizonte de sufragios a conquistar se redujo a menos de 40 millones (ya que 78 millones se lo repartieron los dos primeros y se trata de un voto que con seguridad se conserva en la segunda vuelta) si se repite el presentismo de esta votación que alcanzó los 115 millones de votantes. Para decirlo de otro modo: si Dilma y Neves mantienen la fidelidad de sus votantes, los votos de Marina, de los otros candidatos presidenciales y los no válidos (anulados o blancos) que casi siempre no modifican su preferencia, suman 36.957.977.
• En términos comparativos, las últimas cuatro elecciones el oficialismo petista venció por porcentaje distintos a la oposición neoliberal brasilera. En el 2002 el PT aventajó al PSDB 46,4% a 23,2%, en el 2006 48,6% a 41,6% y en el 2010 lo hizo 46,9% a 32,6%. Es decir, el doble de votos en el 2002 (23,2%, la mayor de todas), 7% en el 2006, 14% en el 2010 y 8% ahora. En los dos casos se da que tanto Lula como Dilma vencieron en su primera elección por un porcentaje de votos mayor a la segunda. Este domingo no fue la excepción.
• Además de la elección presidencial la votación de ayer definió (o está en vías de definir) 27 gobernadores estaduales, 513 diputados y 1/3 de los 81 senadores. De las 27 gobernaciones se definieron 14 y el resto deberá esperar al igual que la presidencial, la segunda vuelta. De estas se resalta la victoria del opositor PSDB en San Pablo, la victoria del PT de visitante en Mina Gerais (el estado de Neves), la resonante victoria en Bahía (Dilma, inclusive, obtuvo un 60%) En cuanto a la totalidad de la renovación de la cámara de diputados, los días posteriores quedará más nítida los colores políticos que primarán (hay que tener en cuenta que son coaliciones de muchos partidos), pero algunos aventuran que habrá una disminución de los escaños petistas.
• Fin a los números, vamos al análisis. Sin dudas, se tratará de uno de los mayores desafíos para el elenco gobernante. A pesar de que Lula ganó en el 2006 por una ventaja menor a la que se dio este domingo, al estar tan cerca del 50% requerido, limitó las chances opositoras. Como se dijo arriba desde una cuestión numérica no es tan fácil la tarea para Neves, pero sabemos que en política no siempre 2 más 2 da cuatro. Sin embargo desde una mirada evolutiva, el PT debería mostrarse conforme con los votos finales. Si tomamos en cuenta los vaivenes de las encuestas, en donde hace un mes Dilma perdía el balotaje con Marina por 10%, y en donde el “cabeza a cabeza” parecía la opción más razonable entre las dos candidatas mujeres, la ventaja de 8% muestra que el oficialismo aún mantiene un importante poderío electoral que le permite superar el 40% (como en todas las elecciones desde que es gobierno) en un contexto difícil desde el punto de vista económico y de un fuerte cuestionamiento desde lo social. No en vano la cadena O Globo, férrea opositora al PT, haya titulado que “La corrupción y la economía deberían dominar el debate en la Segunda Vuelta”
• A pesar que las encuestas marcaron un importante y abrupto giro de la elección a partir del accidente aéreo en el que perdiera la vida Eduardo Campos y la emergencia del “huracán” Marina, ésta se diluyó en el tiempo. A primera vista daría la sensación que los vaivenes del electorado brasileño en las encuestas, respondería más a un voto estratégico que se posiciona en el clivaje PT / anti PT, que a una simple opción entre “libre” preferencias electorales. Está más que claro que cuando Marina subió, el hipotético” electorado acompañó fuertemente ese crecimiento, y que cuando se pichó, trasladó rápidamente votos al mejor posicionado.
• Al igual que en la mayoría de los países del cono sur, las maquinarias electorales aún tienen su peso. Tanto PT y sus aliados (en especial el Partido Movimiento Democrático Brasilero, PMDB), como el PSDB y los suyos hicieron primar el trabajo territorial a favor de sus candidatos. Las idas y vueltas de Marina a la hora de sostener una levantada en las encuestas de tinte un tanto pragmático y otro tanto emocional, colaboró en que la segunda vuelta vuelva a convertirse en el clásico de las últimas cuatro elecciones. Y, en síntesis, todo volvió al orden anterior a la irrupción de Silva, ya que previo al siniestro, Campos ocupaba un cómodo tercer lugar, como a la postre mantuvo el PSB.
• La “caprilización” de Marina, que desde el inicio de su vida política ostentó posiciones progresistas le aseguraba la competitividad por el voto en la totalidad del espectro político-ideológico. Inclusive su credencial de ser una ex ministra del gobierno de Lula y una militante histórica del Partido, como escribe aquí Emiliano Flores  le permitía morder pedazos de votos por izquierda y por derecha. Sin embargo, una vez que las encuestas mostraron su ascenso viró hacia un posicionamiento más ortodoxo con el objetivo de ganarse los votos de la derecha del electorado brasilero, votantes que no hacía falta seducirlos ya que la hubiesen elegido sin dudar ante el cuco que representa el PT. Sabedores que la opción Marina representaba un mayor peligro que la que el tradicional PSDB, Dilma y Lula concentraron las críticas sobre la fragilidad de la ex ministra del PT, una especie de cantada de mancha, que consolidó el voto propio y restó el de su principal rival.
• Los 5% que perdió Dilma desde 2010 es la muestra fehaciente del desgaste de cualquier gestión que va para sus 16 años de mandato. En palabras del amigo Fede Vázquez “estamos ante un ciclo de elecciones donde los proyectos gobernantes se reeligen, pero con más dificultades que antes”. Y esto no sólo se aplica a los gobiernos del giro a la izquierda en la región, sino también a quienes abrevan en otra visión ideológica, como el presidente de Colombia Juan Manuel Santos, que debió remar y mucho para derrotar a Zuluaga en segunda vuelta. Es decir, los gobiernos que van por la reelección (salvo Evo, je), logran primar con mucho esfuerzo. Este camino parece seguir Uruguay para la elección del 26 de octubre.
• Sin embargo, no deja de ser admirable como estos gobiernos logran mantener una importante caudal de votos que evidencia la conformidad de una importante porción del electorado y que, a su vez, le asegura competitividad electoral. Es innegable que las políticas de inclusión social que llevó adelante el PT, le permitió a más de 40 millones de brasileros subir en la escala social, disminuir notablemente la pobreza y el desempleo, en un país que históricamente le dio la espalda a esa urgente tarea. El corte social del voto  de ayer fue claro: los sectores más pobres votan por el PT los medios-altos a la oposición. La ampliación de derechos sociales, cuestiones tangibles para una gran parte del electorado del país, le permite al PT continuar hegemonizando el proceso electoral, con grandes posibilidades de llegar a los 16 años en el poder político
• La orientación electoral que hará Marina Silva para la segunda vuelta, aún no es pública. Eric Nepomuseno, ayer en Página 12 hablaba de que la coalición de partidos que apoyó su candidatura muestra diferencias internas a la hora de elegir un candidato. Algunos sectores se inclinan por una alianza con la derecha, mientras que otros abrazarían la candidatura de Dilma. Veremos los próximos días.
En tres semanas, Brasil, parafraseando a Emir Sader, se debatirá entre “el pasado y el futuro” Será una elección que tendrá un impacto decisivo en la región y el mundo. Dos proyectos antagónicos que corresponden a una distinta inserción regional y a un disímil modelo económico y social de país jugarán sus fichas en tres semanas. La derecha que se relame previendo escenarios catastróficos para Venezuela sólo es el comienzo de semanas con una importante intensidad política. Para los países sudamericanos se trata de “la” elección. Dilma parte con una importante distancia, pero nada está dicho. Y como siempre se terminan estas crónicas, será el soberano el encargado de dictaminar el orden que prevalecerá en las tierras de la alegría.

De regreso a octubre

octubre

A lo largo de este mes que inicia, se realizarán tres elecciones presidenciales en Sudamérica. El próximo domingo será el turno de Brasil, el 12 la atención pasará a Bolivia y el 26 se realizaran las de Uruguay, y muy probablemente la segunda vuelta brasilera. Se trata de votaciones donde se podrá a prueba la sustentabilidad del “giro a la izquierda” en la región, ya que los tres gobiernos, en mayor o menor medida, abrevan en este universo político- ideológico. A su vez, las agrupaciones políticas que gobiernan desde la década anterior estos países (El PT, el MAS y el FA) lo hacen luego de años de haber sido parte de la oposición a las administraciones neoliberales de los noventa. Los tres mandatos del PT, los dos de Evo y los dos del FA se pondrá a prueba durante este mes de octubre y sellarán  la nueva cartografía regional que desde este año consolidó a la Revolución Bolivariana luego del resonante triunfo de Maduro en las elecciones de diciembre, la victoria de la Concertación de la mano de Bachelet en febrero y la revalidación del mandato de Santos en Colombia en el mes de junio.

Sin lugar dudas, las elecciones de octubre se desarrollan en tres países que tienen distinto peso en la arena internacional, pero los resultados tendrán un impacto inmediato en la región, y por supuesto, en Argentina. Pero empecemos por partes.

La primera estación tendrá por escenario al país más grande de Sudamérica y séptima economía del mundo. La elección del domingo en Brasil, será obviamente la que concentra la mayor atención. Por primera vez desde que es gobierno, el PT tiene un desafío nacido de las entrañas de su Partido, que puede poner en riesgo su hegemonía durante los últimos doce años. A pesar de que las principales encuestas realizadas durante estas semanas hablan de un repunte electoral de la presidenta Dilma Rousseff, que habría ampliado la ventaja a 13%, no le alcanzaría para triunfar el domingo con el 50% y deberá volver a medir fuerzas con la candidata del Partido Socialista de Brasil  Marina Silva en un segundo turno electoral que promete ser muy competitivo. A pesar del liderazgo excepcional de Lula durante esta década, el PT nunca pudo ganar en primera vuelta.En 2002 obtuvo el 46,4%, en el 2006 el 48,6% y en el 2010 el 46,8%, debiendo en todos los casos triunfar en el segundo turno electoral con porcentajes que fueron disminuyendo en el tiempo (61,3% en 2002, 60,8% en 2006 y 56% en 2010). Luego de doce años en el gobierno, el desgaste de la gestión, sumado a las recientes protestas en las grandes ciudades, la demanda de un salto de calidad en la provisión de servicios, lo que acertadamente el politólogo José Natanson denominó “crisis de crecimiento”, y una candidatura competitiva en la oposición, que promete mantener las conquistas petistas, explican muy a grandes rasgos esta declive electoral, que sin embargo aún le alcanza para mantener la hegemonía electoral.

En dos domingos, Bolivia irá a las urnas para revalidar el mandato de Evo Morales. Aquí la cosa parece más sencilla. Las encuestas hablan de un triunfo rotundo del líder del MAS frente a una oposición fragmentada y sin competitividad electoral. Muy atrás quedaron los años en que las movilizaciones anti- Evo ganaban las calles de la medialuna (los departamentos más ricos de Bolivia, que conforman una medialuna en el oriente del país) de Pando, Beni, Tarija, y en especial, Santa Cruz, pidiendo la renuncia del presidente aymara. Hoy, como dato de color, Morales estaría venciendo cómodamente en todo el país, y haciéndolo en la opositora Santa Cruz por casi el 50% de los votos. Sin lugar a dudas, el liderazgo presidencial de Evo Morales logró superar la prueba del tiempo y revolucionó la economía social y política del país a partir de un proceso de nacionalización de los principales recursos naturales (históricamente en manos foráneas), un proceso de distribución social inclusivo, cuentas fiscales ordenadas para envidia de la derecha regional, una nueva Constitución aprobada por el pueblo boliviano, una ampliación de la coalición de gobierno a partir de la captación de grupos opositores y un pragmatismo político que le permite gobernar su país con altísimos índices de apoyo popular. El principal líder opositor boliviano, Samuel Doria Medina se queja de antemano de una elección despareja, todo un síntoma que evidencia la derrota fatal  que se le avecina.

Para fin de mes, el país más pequeño de la región tendrá nuevamente a los tres principales partidos (FA, Partido Nacional y Colorado) dirimiendo electoralmente por el principal cargo del país. El candidato del Frente Amplio será nuevamente Tabaré Vázquez quien luego de haber anunciado su retiro de la política a fines de 2011, se presenta como el sucesor de Pepe Mujica (hay que recordar que Uruguay no tiene reelección) en el interior de las filas frenteamplistas. A pesar de no contar con la popularidad de antaño, Vázquez puntea las encuestas electorales por diez puntos de diferencia, pero no le alcanza, al menos por ahora, para vencer en el primer turno electoral. Al igual que el PT la performance electoral del FA viene disminuyendo desde el 51,6% que obtuvo el propio Vázquez en el 2004 y del 47,9 de Mujica en el 2009. Aquí también el desgaste de la gestión, junto a un opositor competitivo como es el caso de Luis Alberto Lacalle Pou (hijo del presidente que gobern{o entre 1990-1995), se presenta como las principales explicaciones de la incertidumbre que genera la posible segunda vuelta en el país charrúa.

¿Está en riesgo el giro a la izquierda en la región? ¿Podrán los tres oficialismos retener el gobierno en un contexto de desgaste intrínseco a más de diez años de gestión? ¿Qué tiene para ofrecer la oposición que logra generar expectativas en el electorado que otrora no forjaba?

El caso boliviano se presenta más claro. Evo será revalidado en las urnas con una importante distancia frente al segundo, según marcan algunas encuestas, superior al 40%. Las presidencias de Evo han generado beneficios tangibles en amplias capas de la población anteriormente postergadas de la renta del petróleo y de la tierra. La creencia de que aún “quedan cosas por hacer” que platea el MAS se mantiene incólume y le permite al presidente avanzar en un nuevo periodo que a la postre se presenta como factible. La oposición boliviana no ha encontrado la manera de entrarle a Morales y continúa su estrategia de deslegitimación. Este dispositivo no ha mostrado grandes avances electorales en estos años, salvo para permanecer en los reductos históricos de la medialuna. El efecto “Capriles” no ha motivado al antievismo hacia posturas de un mayor reconocimiento de la obra del MAS en el gobierno.

En Brasil y Uruguay las condiciones son diferentes. Tanto el PT, como FA, han sentido el desgaste de la gestió. Las protestas del año pasado en Brasil fueron la muestra fehaciente de la disconformidad de una sector de la población con el gobierno y el apoyo de una importante corriente de la opinión pública. En el caso de Uruguay, la crítica al no aprovechamiento de las épocas de bonanza económica y a una inserción regional que no dio réditos, evidencia las dificultades de la oferta política de Tabaré. A su vez, la emergencia de líderes opositores propositivos que se presentan más como “la solución que la oposición” y que rescatan parte de la agenda del gobierno a la que quieren suplantar, complica aún más el panorama electoral. El “dilema de la caprilización” que deben enfrentar los oficialismos gobernantes permite avizorar elecciones reñidas en ambos países vecinos. Sin embargo, las posibilidades de triunfo de Dilma y Vázquez son concretas, y el esfuerzo en estas últimas semanas realizados por ambos (presencia completa de Lula en la campaña y viraje de la estrategia electoral del FA) muestran a las claras el activo con lo que aún cuentan el PT y el Frente.

Se viene un octubre pletórico en novedades políticas. De las tres elecciones de este año dos fueron para los oficialismos y uno para la oposición en Sudamérica. Se viene otras tres, de las cuales, la de Brasil será vital para la región. A la espera de lo que ordene el soberano, única fuente de poder en nuestras democracias, quedamos con la incertidumbre que nos provee la política, cuando son los pueblos quienes dictaminan su destino.

Brasil, primera estación

Esta nota fue publicada originalmente en el sitio PolíticaArgentina

En escasas dos semanas, la atención político electoral se concentrará por un mes en Sudamérica. El 5 de octubre se realizarán las elecciones presidenciales en Brasil, una semana más tarde en Bolivia y el 26 en Uruguay. Ese mismo día también se realizará el segundo turno electoral en el país más grande de la región. En el lapso de veinte días Sudamérica vivirá cuatro actos eleccionarios que definirán el mapa político de los próximos cuatro años. Sin lugar a dudas la elección en Brasil concentra la atención de la región y del mundo por el peso específico del país, por la incertidumbre que genera la paridad que anuncian las encuestas, y por las consecuencias que tendrá el resultado para el hemisferio Sur, en especial para nuestro país.

En dos domingos, casi 160 millones de brasileros acudirán a las urnas para definir la continuidad o la clausura del proceso político iniciado por Lula da Silva en enero de 2003. El Partido de los Trabajadores (PT), la agrupación política que dominó la política carioca desde hace 12 años, tendrá la difícil tarea de revalidad títulos en una elección que aparece como la más reñida desde que el PT es gobierno. Esta vez, el desafío político proviene desde las propias entrañas del partido, ya que Marina Silva, la principal candidata opositora en esta contienda, no sólo fue ministra bajo los gobiernos de Lula, sino también una veterana militante del Partido creado por el dos veces presidente de la República. Es decir, por primera vez, el PT debe competir con un espacio político que rescata elementos de su gobierno, que no se presenta como una oposición conservadora en términos ideológicos y que se encuentra cabeza a cabeza en las encuestas preelectorales. Debe aclararse, sin embargo, que las otras contiendas electorales tampoco fueron sencillas para el oficialismo (todas las ganó en segunda vuelta), pero desde el inicio de la campaña partía con una nítida ventaja. A pesar de la popularidad de Lula las elecciones de 2002 y 2006, el PT no pudo obtener más del 50% requerido para vencer en primera vuelta (46,4% y 48,6% respectivamente), en tanto en el 2010 Dilma alcanzó el 46,8%. Por lo que la novedad no es la casi segura segunda vuelta a desarrollarse el 26 de octubre, sino las chances concretas que el oficialismo pierda con una candidata oriunda de sus pagos y con un discurso que promete “mantener lo bueno y cambiar lo malo”, una estrategia que parece ser una constante para los universos opositores en los últimos tiempos en la región.

Este desafío, a su vez, emerge en un contexto distinto a las otras elecciones. Además del lógico desgaste de más de una década de gobierno, se suman las protestas iniciadas el año anterior en las grandes ciudades del país, una economía con menor crecimiento comparado con los años precedentes y las deudas pendientes de una administración que deberá encarar a futuro las reformas de “segunda generación” para dinamizarse. Luego de años de una tasa de crecimiento económico sostenido y de haber incorporado al mercado a gran parte de la población, entre los que se contabiliza un aumento del 40% de los sectores medios según datos del Banco Mundial (la expansión de las clases medias en la región fue del 50% según la misma fuente), hoy el país pasa por los “cuellos de botella” de la mayoría de las economías sudamericanas. La necesidad de un “salto de calidad” en la gestión del Estado, lo que en palabras de José Natanson se expresa como “crisis de crecimiento”, alerta sobre la existencia de un nuevo conjunto de demandas que trasciende las mejoras otrora urgentes de principios de este siglo como eran el desempleo, la pobreza, la indigencia y el acceso a bienes de consumo. El claro mejoramiento de las condiciones de vida de buena parte de la sociedad luego de más de 10 años de gobiernos posneoliberales, dieron origen a nuevas demandas que se instalaron en la agenda pública como son la inseguridad, los problemas del transporte y el deterioro de la calidad de la salud y la educación.

La tasa de aprobación de la gestión de Dilma, según Latinobarómetro, promedió el 70% en sus tres primeros años, aunque es evidente que tuvo un fuerte retroceso en este 2014, tras las fuertes movilizaciones que tuvieron su epicentro en San Pablo, y que luego se desplegaron a otras grandes ciudades, las críticas a la primera mandataria por los gastos faraónicos para la construcción de estadios para el mundial, y los casos de corrupción que se destaparon durante el último mes en torno a Petrobras. De todas maneras, la presidenta brasilera aún mantiene un nivel de adhesión que le permite puntear en esta primera vuelta. Según las últimas mediciones, Dilma alcanza el 38% de las preferencias frente al 33% que cosecha Silva. Muy atrás tercero en las mediciones figura Aécio Neves del tradicional Partido conservador PSDB, quien hasta el trágico accidente del candidato Eduardo Campos, se encontraba en un cómodo segundo lugar, y que se vio superado por el “Huracán” Marina.

En catorce días se jugará el primer partido. El segundo y decisivo tendrá lugar el 26 de octubre. Allí se sabrá si los brasileros decidieron darle continuidad a un gobierno que dignificó la calidad de vida de vastas porciones de su sociedad, o sí resolvieron patear el tablero para iniciar un nuevo camino que, a pesar que desde el discurso no aparece como una ruptura total, significaría cortar con la hegemonía del PT y del principal proceso político de la región. Sin lugar a dudas, lo que suceda en un mes en Sudamérica tendrá un impacto directo en nuestro país. Una victoria de Dilma, permitirá mantener un grado de certeza mayor en lo que hace al intercambio comercial, la política de alianzas y en especial en lo relativo a la inserción regional del país. Una derrota del PT afectará de llenó en las economías del sur y será un cascotazo al rostro de los gobiernos que priorizan la alianza estratégica con Brasil. La evidencia regional muestra que no es nada sencillo ganarle a un presidente en vías de reelegirse. Hasta hoy, desde el giro a la izquierda en Sudamérica, no hay casos de presidentes derrotados. De todas formas, es siempre el soberano quien tiene la palabra ese día. Esperemos un rato entonces.

¿Qué más quieren?

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Desde hace un tiempo a esta parte, los periodistas estrella de los medios opositores vienen vaticinando una victoria opositora en el 2015. El argumento es más o menos el siguiente: en la primera vuelta el kirchnerismo, con cualquiera de sus candidatos, estaría en condiciones de alcanzar la primera minoría (lógicamente no arribando al dorado 40% que le permitiría ganar) y que en la segunda vuelta, perdería sin más atenuantes contra la fuerza opositora que llegue al balotaje. La tesis del “fin de ciclo K” (algunos lo vaticinaron hace 6 años) es lo que sostiene dicha hipótesis-deseo, la cual rememora históricamente a las posibilidades del menemismo en la elección de 2003. Es decir, quien sale segundo en la elección de octubre de 2015 será el próximo presidente. El kirchnerismo, desde esta visión, entonces, ya perdió.

Junto con dicho argumento (y un tanto contradictorio con el mismo)  la derecha económica, política, partidaria y mediática se muestra aún preocupada por el devenir futuro. Desde su cerril antikirchnerismo no logran disfrutar que la pole position de cara al 2015 no le muestra enemigos a la vista. Las principales figuras que hoy puntean en las encuestas es parte de la imagen del país con el que soñaron desde el año 2003. Ninguna candidatura les permite a estos sectores desconfiar del cuatrienio que se avecina, y la incertidumbre que rodeó la vida económica de los últimos once años parece evaporarse con dosis homeopáticas. Sin embargo, y a pesar de evidencia fáctica de que el kirchnerismo en la figura de su principal referente se retira del gobierno en poco más de un año, estos sectores se muestran preocupados. No los contiene siquiera que el próximo presidente será alguien que en mayor o menor medida les va a proveer de la certeza que vienen demandando hace una década. Esa certeza que no les incomode su clásica avidez a la fuga de capitales, su natural aversión a cualquier signo de populismo y su rencor de clase que se mantiene por siglos. A pesar de que durante los años en que imperó el modelo no perdieron en lo económico (ganaron, y bastante les dice siempre CFK), la suma les da negativo. Lo que demuestra que para una buena parte de estos sectores el eslogan es “no es sólo la economía, estúpido”. Desde allí, que la estrategia de avanzar en un plan que tiene como finalidad impedir que esta experiencia se reitere a futuro parece responder a la ecuación del “nunca más la incertidumbre será el barco en el que navegaremos como clase social dominante”.  Para decirlo de un saque: el empresariado ganó (y mucho) con este gobierno; pero a pesar de ello nunca sintieron que tenían la llave maestra del poder, la certeza de los negocios y la ganancia segura. Y este hecho se torna capital (jugando con el término) para comprender la profunda animadversión que estos sectores sienten por este proceso político que no sólo quieren ver fuera del gobierno, sino que también con la bandera de la rendición incondicional flameando en el helicóptero.Una buena parte de estos grupos de poder, la experiencia kirchnerista les produce un hondo desagrado, no tanto por sus rindes económicos, sino por la incertidumbre que les genera no poseer “la manija” de las líneas estratégicas de la economía. La ecuación con este gobierno ganamos mucho, pero nos sentimos inseguros parece ser la mejor descripción para dar cuenta de una situación paradójica teniendo en cuenta que desde la teoría y el discurso el único objetivo del capital es los vaivenes de su tasa de ganancia.

Desde allí el “qué más quieren” que encabeza este post intenta sintetizar el deseo profundo de esta clase social que nunca se imaginó que el kirchnerismo llegaría a tanto.  Ya no les importa que la sucesión de CFK les certifica la tranquilidad que otrora gozaron durante décadas, y que en cualquier modalidad de las cuatro opciones hasta hoy ganadoras en sus lemas le garantiza, sino que desean que este proceso termine de tal forma que no puede revalidarse en cuatro años.Los aterroriza una Cristina-Bachelet, aun cuando este gobierno jamás se salió de los márgenes del capitalismo dependiente argentino.  Si no resulta inentendible el grado de enfrentamiento en que ingresaron durante estos últimos meses. Ya no les alcanza que el gobierno haya acordado con el Club de Paris y con Repsol, haciendo los deberes del manual de la ortodoxia. Tampoco que hay resuelto no crear una Junta Nacional de Granos, no tocar tierras improductivas, ni avanzar con la estructura de la propiedad. Esto resulta secundario ya que no hay medida alguna que hoy les alcance ya que el horizonte estratégico de estos grupos se encuentra en otro lado, y no se mide en términos de política económica. La presencia de un dirigente juvenil con formación académica keynesiana en el Ministerio de Economía les eriza la piel, los desboca, les canta mancha a su profundo sentir aristocrático. Esa fue una de las últimas medidas adoptada por la presidenta que les mojó la oreja a la pretendida certeza histórica. La designación de Axel Kicillof fue el agua que desbordó el vaso de una cartera que durante décadas los sectores del poder reales sintieron como una más de sus propiedades. Lejos de ver a un dirigente con solvencia técnica, preparado y con didáctica explicativa, ven a un improvisado marxista que hará una guerrilla económica contra sus dividendos. Un repaso de sus medidas económicas evidencia que el temor a Kicillof es una fábula parecida al “chiste del Cricket” (se acuerdan? “Metete el Cricket en el c…”). Y una pequeña nota al pié: Lo irrisorio de todo esto es que desde los sectores progresistas y de izquierda miren el final del gobierno desde el prisma de una virtual alianza con un empresariado que lo que más desea es su retirada desordenada, tumultuosa y de imposible repetición. Algunas veces los procesos políticos deben ser analizados a partir de los enemigos que amontona.

Y para culminar volviendo al comienzo: ¿es tan segura la derrota del kirchnerismo en segunda vuelta con cualquier candidato?¿Daniel Scioli perdería en un balotaje con Massa, con Macri, o con Cobos?¿La sociedad está hastiada del modelo autoritario de los Kirchner?¿la sociedad no le gustaría mantener algunos pilares del modelo?¿No expresa Scioli los rasgos de continuidad y ruptura que evidencia una buena parte de la sociedad argentina?¿No subió CFK en las últimas semanas su imagen positiva?¿No es Scioli un candidato que gana por las dos ventanillas de la grieta?¿Las posturas rupturistas, tipo como las que hoy (no ayer) expresa Massa y Macri (o Faunen) son superiores en el peso electoral que las que combinan continuidad y ruptura?

A la fecha nada parece seguro. La candidatura de Scioli daría la sensación de ser la más atractiva para el votante medio, ese que, en general, define las elecciones. Sabemos que los grupos de poder (del verdadero, no el que nos quieren hacer creer que es el político) simpatizan con Daniel. En teoría les provee dentro del dispositivo kirchnerista algo que tal vez otros no, la certeza, la seguridad que la llave tiene duplicado. Sin embargo, ¿será Scioli made in 2015, el Scioli histórico?¿Cuánto de continuidad y cuánto de ruptura ofrecerá a la clase empresarial y a la sociedad?¿Será el Néstor Kirchner del 2003, ese del que se esperaba menos del que finalmente fue?¿Tendrá algo en sus manos Daniel para sorprendernos?

Va culminando un período político que muestra en su firmamento más logros que fracasos. Comenzará otro que puede combinar rasgos de continuidad y cambio o ser sólo ruptura. La sociedad tendrá algo que decir al respecto. Las fichas aún están en juego. Hay que jugarlas.

¿Hay espacio para la caprilización oficialista?

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Desde hace bastante tiempo desde este espacio hemos insistido en el concepto de “caprilización”. Decíamos aquí, aquí  y aquí que dicha estrategia política descansa en una posición discursiva y política que rescata elementos positivos del gobierno y se erige como la superación del mismo a partir de ser “la solución, más que la oposición”. Esta táctica opositora tuvo como epicentro la Venezuela chavista a partir de la asunción de una figura convocante como Henrique Capriles que combinó en su propuesta discursiva elementos de continuidad y ruptura frente al chavismo gobernante. Es cierto que luego de la derrota electoral frente a Nicolás Maduro en abril y diciembre del año pasado, el dirigente opositor venezolano viró su estrategia para reforzar el componente de la ruptura sin rasgos de continuidad. La última derrota electoral le señaló a Capriles que su firme posicionamiento a favor de una salida anticipada (y antidemocrática) del chavismo tuvo sus costos en la apreciación de su figura y en su imagen pública. Hoy en el interior de la opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD) le disputan seriamente la conducción de ese espacio partidario.

Decíamos entonces, que esta estrategia se evidenciaba como novedosa en el oasis sudamericano y se convertía en una modalidad de posicionamiento político que superaba a la oposición lisa y llana frente a los gobiernos de izquierda y progresistas de la región. Es decir, se comenzaba a perfilar una estrategia que combinaba elementos de quiebre y continuidad y que reemplazaba el enfrentamiento directo frente a estos gobiernos que validaban su poder y se reelegían con porcentajes históricos de votos. Puntualmente la continuidad se expresaba en términos de apoyo a una serie de políticas públicas que cuentan con amplios niveles de legitimidad en el interior de las sociedades sudamericanas. Los liderazgos presidenciales de Chávez, Correa, Evo, Lula, Dilma, Néstor y Cristina Kirchner se convertían en barreras infranqueables para estas oposiciones que denunciaban la concentración de poder, la corrupción y el autoritarismo de estos gobiernos a los que había que desalojar para defender los valores democráticos. La evidencia histórica mostró que la táctica de enfrentamiento (sin recuperar ningún elemento positivo de estas administraciones) pocos réditos le trajeron a dichas oposiciones sudamericanas, las cuales fueron sometidas a derrotas, en muchos casos aplastantes.

Como observamos en Venezuela, Capriles fue el primero en tomar nota de la dificultad de enfrentar a estos gobiernos desde la negación pura y absoluta de su obra, fabricando una estrategia de superación a partir de contener dentro del dispositivo discursivo elementos oficiales. La experiencia de Marina Silva en Brasil (a la que hoy se le abre nuevamente la posibilidad de caprilizarse) y la de Sergio Massa en nuestro país, emergían como los casos simbólicos de este nueva forma de posicionarse frente a los exitosos gobiernos regionales. algo de esto se discutió estos días en los medios opositores acá, aquí y allí 

El caso de Massa en Argentina de presentaba de manual. Su caprilización durante la campaña electoral del año anterior lo convertía en el candidato a “superar conteniendo” a la experiencia kirchnerista. Sin embargo luego de la victoria electoral, el ex intendente de Tigre pasó la frontera de la caprilización para iniciar un giro descaprilizador que hasta el día de hoy, a pesar de nuevos giros, se mantiene.  Por lo tanto, la pregunta que me formulo en este contexto es si es posible que la caprilización se convierta en un espacio vacío sin sujeto de representación. Para formularlo más adecuadamente: ¿ningún candidato/a ocupará el espacio de la caprilización? ¿Ningún candidato/a opositor tomará una agenda que combine continuidad y ruptura? ¿Es posible que ese espacio quede vacío?. Por lo tanto ¿es posible que ese lugar lo ocupe un candidato oficialista? ¿Podría desplegarse un intento de caprilización en el interior del kirchnerismo? ¿Es redituable ese lugar en términos electorales?

Pensemos juntos: de cara a las PASO y la elección presidencial emergen en el horizonte cuatro (hasta hoy) grandes propuestas político-electorales.  El oficialismo por un lado, con sus variados candidatos, los más K y los menos K; El Frente Renovador con la hegemónica candidatura de Massa; El Faunen con sus candidatos más a la derecha y más hacia el centro; y, por último, el Pro con Macri como bandera. A primera vista, nadie en el espacio opositor muestra interés hoy en caprilizar su discurso. Massa como ya dijimos, producto de las exigencias de los sectores del verdadero poder (el económico) que lo empujan a posturas cada vez más alejadas de la continuidad y más cercanas a la ruptura. Del lado de Faunen el sector Carrió- Sanz muestra desde siempre una postura principista anti K que los alejan de cualquier intento de caprilización, en tanto Cobos y Binner estarían en condiciones de ocupar ese espacio, pero hasta hoy se muestran reacios a hacerlo. Del lado de Macri obviamente no se puede esperar ninguna clase de caprilización.

Por lo tanto: ¿quedará vació el lugar de la caprilización? Démonos una vuelta por el universo oficialista: ¿es viable la existencia de un candidato kirchnerista pasible de caprilizarse?. Para decirle de un tirón, ¿puede ser Daniel Scioli el Capriles argento? Hasta hoy el gobernador de la provincia de Buenos Aires exhibe como uno de sus principales activos su pertenencia histórica al universo K, al tiempo que genera desconfianzas latentes en el interior del kirchnerismo más duro.  Su discurso, desde hace muchísimo tiempo, viene combinando dosis justas de continuidad y ruptura. Es cierto que hasta los rasgos del primero superan al segundo, pero al acercarse los tiempos electorales, los primeros en los que Scioli será cabeza de lista, es probable que sea a la inversa. No pretendemos realizar aquí un racconto histórico de sus posicionamientos políticos  y de sus aliados durante esta década, pero es nítido que se trata del candidato oficialista que más juego propio posee y el cual puede presentar credenciales de lealtad al proyecto (continuidad) y ofertas de cambio (ruptura). Se sabe que Daniel Osvaldo recoge adhesiones por igual dentro de cada lado de la “grieta” y su postura siempre distante del kirchnerismo ortodoxo lo ubica en la pole position del caprilismo nacional, algo de esto le adjudica Randazzo cuando sitúa al gobernador en el pelotón de los mediáticos junto a Massa y Macri.

Entonces, ante la ausencia de candidatos opositores que se asienten posicionalmente en este espacio, ¿es factible la caprilización de un oficialista? ¿La caprilización es sólo patrimonio del universo opositor? ¿Hablaremos de aquí a un año de un novedoso dispositivo caprilizante?. A un año de las PASO sobran las preguntas y escasean las respuestas

Santos reelecto

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El candidato- presidente Juan Manuel Santos seguirá morando por cuatro años en la Casa del Nariño. Luego de salir derrotado hace tres semanas en la primera vuelta electoral, logró dar vuelta el resultado, triunfando sobre el candidato del uribismo, Oscar Ivan Zuluaga por un porcentaje superior al 6%. La remontada del presidente reelecto, que la mayoría de las encuestas no preveía, se afincó, sobre todo, en su performance en la última semana de campaña, en la cual cerró acuerdos significativos con los grupos de poder empresarial y cultivó apoyos por parte de los sectores progresistas y de grupos que apuestan a la concreción de los acuerdos de La Habana. A continuación algunas viñetas explicativas de la elección de ayer.

Comienza una nueva etapa para el gobierno de Santos. Los acuerdos de La Habana con las Farc, la nueva instancia que se abre con el ELN, sumado a una economía que crece y poco distribuye, serán de cara al futuro los grandes desafíos del presidente reelecto.

Segunda vuelta en Colombia: Santos o Uribe

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(Esta nota fue originalmente publicada en el sitio PolíticaArgentina. com)

El próximo domingo el candidato de la Alianza Centro Democrático (CD) Oscar Iván Zuluaga y el actual primer mandatario Juan Manuel Santos por el Partido de la “U” (PU) dirimirán en la segunda vuelta electoral quien residirá en la Casa del Nariño por los próximos cuatro años. Luego de una elección caracterizada por la fragmentación de las preferencias electorales (la diferencia entre el primero y el cuarto fue menor al 15%), el candidato uribista y el presidente-candidato se ungieron con el primer y el segundo lugar con escasas diferencias entre ambas propuestas. A pesar que se preveía una elección reñida y polarizada, los resultados reflejaron una importante segmentación del voto y una mínima ventaja superior al 3% a favor de Zuluaga. La suma de votos entre los dos candidatos más votados fue inferior al 60% y la asistencia electoral orilló el 40% de los votos, convirtiéndose, por la baja cantidad, en un record histórico en lo que hace a elecciones presidenciales en los últimos veinte años. En ese marco, el segundo turno electoral presenta más interrogantes que certezas y las primeras encuestas realizadas muestran un virtual empate técnico. Aquí se sugieren algunos elementos de análisis y escenarios a futuro:

El 15 de junio habrá nuevo (o mismo) presidente en Colombia. Las ramificaciones del resultado se extenderán por toda la región y su impacto será mayor de la que hoy predicen los medios locales. A cara o cruz se debate hoy la suerte que tendrá el proceso de paz en el país de Jorge Eliécer GaitánGabriel García Márquez y Fernando Botero.

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Notas sobre la elección presidencial en Colombia

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El domingo 15 de junio habrá segunda vuelta en Colombia. El candidato de la Alianza Centro Democrático (CD), Óscar Iván Zuluaga y el candidato- presidente titular del Partido de la “U” (PU) medirán nuevamente fuerzas, pero esta vez en un mano a mano que promete ser reñido. Como anticipaban las encuestas (esta vez sí acertaron) Zuluaga le sacó una pequeña ventaja al actual mandatario, superior al 3% de los votos. Con el 29,2% de los votos el candidato del CD dejó a Santos en un incómodo segundo lugar con el 25,7%. Atrás, a una distancia no tan lejana, quedaron las candidaturas de Martha Lucía Ramírez del Partido Conservador con el 15,5%, la de Clara López con el 15,2%, dejando el último lugar con el 8,2% al ex alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa, de la Alianza Verde. El gran ganador de la jornada ayer no compitió en forma directa en la misma, pero la huella de sus dos gobiernos estuvo presente a lo largo de la campaña y en el resultado final. La alegría que mostraba el rostro de Álvaro Uribe ayer por la noche delataba el rol central que jugó su presencia en la victoria de su delfín político.

A continuación, algunos apuntes de la elección de ayer:

 

En tres semanas Colombia tendrá nuevo o mismo presidente. Las próximas semanas se convertirán en la clave para descifrar las posibilidades de ambos candidatos, a partir de las alianzas que se conformen en torno a Zuluaga y Santos. Después vendrá la opinión del soberano, única voz cuando se trata de ungir presidentes en estos tiempos en Sudamérica.

 

Apostillas de la elección presidencial en Colombia

El domingo próximo se realizan las elecciones presidenciales en Colombia. Se trata de la primera elección de importancia en Sudamérica del año calendario, aunque como alertábamos aquí la victoria del chavismo en las regionales de diciembre y el de Bachelet a mediados del mismo mes, abrieron un 2014 plagado de compulsas electorales en la región. La de Colombia, sin embargo, será junto a la de Brasil, las dos más importantes, no sólo por el peso de ambos países en el interior del archipiélago sudamericano, sino porque sus resultados afectarán de lleno en los procesos políticos de los países vecinos.
En dos días Colombia elegirá al presidente que gobernará entre 2014 y 2018. La mayoría de las encuestas predicen un escenario de segunda vuelta debido a que ninguno de los candidatos logra perforar el 50% de los votos necesarios para evitarla. Por lo que la definición se extenderá con seguridad a las próximas tres semanas y promete convertirse en un mano a mano de novela.
Acá van algunas apostillas de la compulsa:
• Los cinco candidatos que compiten por el pasaje a la Casa del Nariño son: el presidente- candidato Juan Manuel Santos por el Partido de la “U”, (PU) Oscar Ivan Zuluaga del “Centro Democrático” (CD), Clara López del Polo Democrático (PD), Enrique Peñalosa de la Alianza Verde (AV) y María Lucía Ramírez, del histórico Partido Conservador.
• La candidatura de Santos aparece como la favorita. La alianza que lo acompaña está integrada por su propio partido el PU, Cambio Radical y el Partido Liberal. A pesar de haber disminuido su performance electoral en las encuestas previas, el presidente colombiano logró enhebrar en estos cuatro años un acuerdo histórico con las Farc (ya se aprobaron los primeros tres de los cinco puntos de negociación) en un contexto socioeconómico positivo a pesar de las deudas aún pendientes con las comunidades campesinas. La constitución de una sólida mayoría parlamentaria, producto de las elecciones realizadas hace dos meses, le asegura contar con un recurso de poder clave para asegurar los acuerdos de La Habana.
• El candidato que aparece con mayores posibilidades de desafiar al presidente es el representante del CD Zuluaga. El delfín del expresidente Álvaro Uribe se perfila como el principal rival de Santos a partir de un posicionamiento de fuerte contenido opositor hacia los acuerdos de paz entre el gobierno y la guerrilla. Durante sus dos presidencias (2002- 2006 y 2006- 2010) Uribe llevó adelante una política de jaqueó y persecución permanente a la guerrilla que le permitió diezmar sus fuerzas y recuperar territorios. El retorno del clivaje políticas de paz/ discurso militarista es la novedad que presenta la elección del domingo. De ese escenario se alimenta las posibilidades de la dupla Uribe- Zuluaga de convertirse en la principal alternativa al oficialismo santista. A su vez, la instalación de esa temática, le permite al propio Santos correr de la agenda las deudas pendientes en el área socioeconómica y polarizar con su antiguo líder en un territorio donde el presidente puede mostrar significativos avances.
• En ese marco, la oferta electoral de los otros tres candidatos se licúa al compas de la consolidación del clivaje “guerrillero” (“la guerra y la paz” como la caracterizó el amigo Fede Vázquez). La candidata del PD Clara López no logró instalar la necesidad del cambio del modelo económico, Peñalosa tampoco pudo lograr que las propuestas de la Alianza Verde de oxigenar y moralizar el sistema político superen su techo histórico, mientras que las posturas del Partido Conservador no lograron concitar los apoyos históricos de antaño.
• Que cuatro de los cinco candidatos hayan sido ex ministros de Uribe durante sus dos presidencias refleja por un lado, la importancia que aún tiene la figura del ex presidente en la política colombiana, y por el otro que el antiguo formato bipartidista en Colombia ha llegado a su fin. El dos veces presidente colombiano se retiró del gobierno gozando de un importante apoyo popular que, a pesar de ir perdiéndolo con las disputas con su antiguo delfín Santos, le permitió convertirse en el segundo senador más votado en las recientes elecciones legislativas. Luego de la era Uribe, los dos partidos tradicionales, que gobernaron el país desde 1958 hasta 2002, no lograron revalidad su antigua hegemonía y sólo fueron parte de las distintas alianzas de gobierno (el PC con Uribe y el PL con Santos).
• Las últimas encuestas reflejan una paridad entre las candidaturas de Santos y Zuluaga a una buena distancia de los otros competidores. Sin embargo, debemos alertar que hace cuatro años los estudios previos mostraban un empate técnico entre el propio Santos y el entonces candidato del Partido Verde Antanas Mockus, que luego se convirtió en una ventaja de más de 20% para el candidato del PU.
• Sin dudas, la elección de este domingo tiene claros contornos regionales. Un triunfo de Santos permitirá avanzar en los acuerdos con la guerrilla, manteniendo estable las relaciones con el gobierno de Venezuela. El chavismo espera con ansia la reelección de Santos, no tanto por el amor que concita su figura, sino por el temor que produciría el triunfo de la candidatura de Zuluaga- Uribe para la estabilidad política de su gobierno.
• La región espera también con preocupación el resultado. A pesar de que no existen declaraciones al respecto, los gobiernos populares (populistas, de izquierda, progresista, etc) de Sudamérica esperan que Santos revalide y avance en el proceso de paz. La vuelta de las posturas guerreras, con la consecuente injerencia del gobierno de EEUU no parece ser un escenario simpático para esos gobiernos.
El próximo domingo más de 30 millones de colombianos en condiciones de ejercer su voto diagramarán los venidos cuatro años. La histórica abstención electoral en el país promete mantenerse en los niveles de siempre. A pesar de que en la actualidad los riesgos de ir a votar son menores que en el pasado, la motivación popular por los candidatos está en baja. Sin embargo, no todo está dicho en el país de Gaitán y Galán. El 25 por la noche estarán los resultados. A la espera nos quedamos.

Elecciones en Colombia: triunfo de Santos y regreso de Uribe

Alvaro Uribe, Juan Manuel Santos
El domingo se realizaron elecciones legislativas en Colombia. Como marca la constitución del país, estas elecciones anteceden en dos meses a la votación presidencial, y muchas se convierten en una especie de termómetro político que mide la temperatura político- electoral previa a la principal contienda. A su vez, se trata de una elección en la que se renueva la totalidad de las bancas en juego: 102 senadores y 166 diputados (llamados representantes), en un sistema de elección optativa.
A continuaciones algunas viñetas de la compulsa electoral del 9M:

• La coalición de gobierno del presidente Juan Manuel Santos integrada por el Partido de la U, el Partido Liberal y Cambio Radical resultó ser la más votada en el Senado y en la Cámara de Representantes. En la primera obtuvo 47 curules (como llaman los colombianos a las bancas), quedando a pelito de la mayoría absoluta y en la segunda 92, alcanzando el quorum propio con comodidad. Esto le asegura al primer mandatario colombiano un importante plafón para las elecciones presidenciales a realizarse en mayo y un sólido sostén parlamentario de cara a los próximos cuatro años.

• La fuerza del presidente, el Partido de la U, se convirtió en el partido más votado en la Cámara de Senadores, obteniendo el 15,58%, frente al 14,29% de Centro Democrático, 13,5% del Partido Conservador y 12,22% del Partido Liberal. Como viene ocurriendo en las últimas elecciones, a partir del ascenso de Uribe, y con ello del declive de los partidos tradicionales, se observa una importante dispersión partidaria. Esto ha obligado a los últimos mandatarios a realizar distintos tipos de acuerdos partidocráticos con el objetivo de alcanzar mayorías parlamentarias que les permitieron gobernar con un sólido apoyo legislativo.

• En la Cámara de Representantes, por otro lado, fue el Partido Liberal quien obtuvo la mayor cantidad de representantes (39), seguido por el PU con 37. Aquí la coalición de gobierno obtuvo su mejor resultado, quedando la oposición del Partido Conservador (27) y del Centro Democrático (12) relegada a un tercero y quinto lugar respectivamente.

• El principal eje de campaña, y en el que se centra el debate político en Colombia es el proceso de paz que se está realizando en La Habana. A pesar de haber sido uno de los principales antagonistas de la guerrilla cuando ocupaba el ministerio de defensa de Uribe, Santos fue quien le ofreció a las Farc una salida negociada al conflicto militar de los últimos 50 años. A pesar que en la actualidad la negociación entre el gobierno y la guerrilla se estancó en el tema de los cultivos ilícitos, los acuerdos en otros puntos evidencia que el camino hacia la paz parece allanado y es factible. Desde el último fracaso del “Caguan” (1999- 2002), nunca se estuvo tan cerca de arribar a un acuerdo estructural que de paso a un nuevo ciclo político.La elección del domingo permite avanzar en la profundización de dicho acuerdo de paz.

• A pesar de que los números les sonrieron a Santos, la estrella de la jornada, sin embargo, fue Álvaro Uribe. Aunque lejos de sus notables índices de popularidad (promedió el 70% a lo largo de sus dos presidencias) y de éxito electoral, el líder antioqueño logró un segundo lugar encabezando la boleta del Centro Democrático. Acérrimo enemigo de los procesos de paz (del Caguan y del de hoy) Uribe expresa en la actualidad la posición más dura en contra de la negociación. De cara a la elección presidencial, el delfín del expresidente, Oscar Iván Zuluaga aún no logra concitar los apoyos necesarios para convertirse en alternativa viable a Santos. La buena elección de Uribe permite pensar en una posible transferencia de votos hacia dicha candidatura, que en las semanas sucesivas se verá en qué dimensión.

• Los resultados electorales del domingo evidenciaron la potencia que aún hoy mantienen los partidos tradicionales, a pesar de que ninguno de sus dirigentes gobierna desde la administración del conservador Pastrana (1998-2002). El Partido Liberal, que tuvo su última experiencia con Samper (1994-1998) tuvo una buena elección en la cámara de representantes y el Partido Conservador fue parejo en ambas. Es cierto que el PL es parte de la coalición de gobierno de Santos y que el PC lo fue de Uribe, sin embargo lejos quedaron los guarismos que solían obtener en todas las elecciones nacionales antes de 2002. Los nuevos partidos tampoco lograron mantener sus votos históricos: el Partido Verde que peleó con Santos hace cuatro años la segunda vuelta, obtuvo 5 senadores y 6 representantes, mientras que la izquierda del Polo Democrático nunca volvió a los guarismos de la elección de 2006 y se debió consolar con 5 senadores y tan sólo 3 representantes.

• La abstención electoral volvió a repetir los índices de esta clase de votaciones y alcanzó el 57%. En otros tiempos la violencia era considerada la explicación fundamental de este resultado, pero hoy, más allá de algún foco, ésta ha disminuido en forma notable. El proceso de paz (la “Ley de paz y justicia”) del paramilitarismo desde 2005 y las negociaciones con la guerrilla en estos años, explican a grandes rasgos, este cambio en lo relativo a la inseguridad a la hora de sufragar de los años anteriores. Habría que pensar en la apatía o el desgano con las alternativas electorales ofrecidas como una posible explicación de este nivel de abstención. Salvo en Venezuela, en la mayoría de los países con voto optativo se observan altos índices de abstención, proceso que permite revisar la “calidad de la democracia” que muchos le objetan al país de Bolívar y ensalzan en Chile y Colombia.

De cara a la presidencial de mayo, la reelección de Santos parece asegurada. Ni el Partido de Uribe, ni el Polo Democrático, ni el Partido Conservador, aparecen como opciones con capacidad de competencia frente a una candidatura instalada y con un sólido porcentaje de votos. A pesar que las encuestas aún no hablan de victoria en primera vuelta, la amplia diferencia que Santos le lleva a la segunda fuerza (hoy Zuluaga) permite aventurar un triunfo holgado de la coalición gobernante.

Faltan dos meses, un tiempo prolongado para la política en Sudamérica, pero las fichas ya están en juego.

Un año sin El

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Hace un año escribí el post más triste de mi vida. “Prohibido llorarlo” lo titulé; imposible no haberlo hecho. Allí intentaba hacer un recorrido por la vida política de Hugo Rafael Chávez Frías, desde su primera aparición pública luego del fallido y “por ahora” según sus palabras, fracaso militar, hasta su última victoria electoral en octubre de 2012, por más de 11% de ventaja sobre Capriles y con record absoluto de asistencia electoral, superior al 80%.

Sobre Hugo Chávez se ha escrito disímiles biografías, trabajos académicos y artículos, se han realizado películas, cortos y documentales, se ha discutido sobre su obra de gobierno, sobre su vida y sus circunstancias, se lo ha caracterizado como revolucionario, demócrata, libertador, prócer, luchador, antiimperialista, demagogo, tirano, dictador, autoritario, golpista, entre muchas de las denominaciones. Sin lugar a dudas, una personalidad como la de Chávez atrajo diferentes y antagónicas caracterizaciones, lo que explica de forma acabada la estatura política de un liderazgo que no dejó indiferentes en el camino.

En ese sentido, se lo acusó de ser sólo un militar golpista, pero a la par fue el líder que más se sometió a elecciones en el mundo. Se le imputó relaciones con el sociólogo argentino y confeso fascista, Norberto Ceresole en su ascenso al poder y fue según palabras de Fidel Castro “el mejor amigo de Cuba”. Se lo sindicó de ser el típico militar nacionalista latinoamericano y fue el primero en retomar el concepto de socialista en pleno siglo XXI. Estas peripecias de la vida política lo llevó a ser en los noventa, y previo a su ascenso al gobierno, denostado por intelectuales como Eduardo Galeano y elogiado por Radio 10, quien inclusive festejó su triunfo de diciembre de 1998. La complejidad del personaje nos permite alejarnos de los “binarios” de la vida (los buenos y los malos) e internarnos en las contradicciones de las personas públicas, que como el propio Chávez fue creciendo al compás de su frase de cabecera “Inventamos o erramos”, escrita por el genial Simón Rodríguez.  De esta forma es posible observarlo en toda su magnitud, y no por pedazos inconexos, que con dos frases locas nos quieren definir a un personaje de semejante estatura histórica. La creencia de que existe una hoja de ruta marcada, de la cual sería imposible desviarse, empobrece la figura de un líder que fue haciéndose en lo cotidiano.

Desde ese prisma es que podemos comprender la vida política de Chávez (y también de cualquiera de los próceres de la Patria Grande) y entender la mixtura de su vida y sus proyectos. Ya desde el vamos esto se puso de manifiesto, cuando Chávez ingresó en la Academia militar más interesado en una carrera para convertirse en un gran pitcher, como su ídolo Néstor “Látigo” Chávez, que en tener mando de tropa y convertirse en un Libertador de América. La salida laboral y de vida que en ese momento brindaba la carrera militar le permitió a Chávez ingresar a los cuartes, para desde allí convertirse en un gran lanzador de beisbol. El paso de los años y su encuentro con la literatura política, producto de las características distintivas de la carrera militar venezolana, que admite el estudio en Universidades públicas de sus miembros, le permitió a Chávez conectar con los grandes pensadores mundiales y alimentar su conocimiento en los sucesos universales. Esto dio lugar a un salto de calidad en su pensamiento sudamericanista basado en la trilogía de las tres raíces de su amado Simón Bolívar, Ezequiel Zamora y Simón Rodríguez, y le permitió más adelante, conformar en el interior del ejército la fracción nacionalista EBR- 200 creado en el marco del bicentenario de Bolívar, a principio de los ochenta. Este núcleo fue el embrión del Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR-200), que pasará a la luz pública como el grupo que dio el fallido golpe militar en febrero de 1992. Sin dudas la conexión con estas experiencias dio lugar a una formación militar más politizada y con un fuerte compromiso social. Esto se pudo observar durante los sucesos del “Caracazo”, donde se produjeron disidencias entre los militares a la hora de reprimir la protesta social, y Chávez fue uno de los miles que se negaron a usar sus armas contra el pueblo. Esta experiencia sin duda fue de vital importancia para comprender los hechos que se desencadenaron a partir de 1992 en Venezuela.

La fallida intentona militar del 4 de febrero de 1992 y su posterior cárcel durante dos años, le brindaron a Chávez la posibilidad de continuar su crecimiento político. Hasta ese momento sólo conocemos por boca del líder del golpe un pensamiento profundamente bolivariano y nacionalista. En las tres entrevistas brindadas desde la cárcel a José Vicente Rangel, hoy hecha libro (“De Yare a Miraflores, el mismo subversivo”), se observa que su posición ideológica se afinca en un bolivarianismo primitivo con nulas referencias al socialismo.  No resultaba ilógico, entonces, la relación que Chávez trabó con Norberto Ceresole (teórico de la alianza “Ejército y pueblo”), quien a su vez intentó acercarlo a los militares carapintadas con escaso éxito. Fueron los años del llano para Chávez, quien desde marzo de 1994 gozaba de libertad gracias al indulto del presidente Caldera. Años en lo que su presencia era considerada peligrosa para los núcleos progresistas y de izquierda en nuestro continente sudamericano.

Los años que van desde esa fecha hasta diciembre de 1998, el Comandante los utilizó para conformar la base partidaria de sustentación para alcanzar la primera magistratura. Esta decisión no estuvo exenta de vaivenes, ya que fueron varias las idas y vueltas en ese terreno. Diversas encuestas acercadas a Chávez, las cuales mostraban un importante piso de apoyo y votos, fueron lo que lo decidió finalmente a emprender la lucha por la presidencia. Su principal consigna de campaña fue la “Convocatoria a una Asamblea Constituyente” para dar una vuelta de hoja a la historia del país. No mucho más. Sus actos proselitistas se caracterizaban por su crítica al “Punto Fijo” y a la necesidad de un nuevo pacto social constituyente. Con ello le alcanzó para ganar por el 56% de los votos, con el apoyo de una sociedad hastiada de los partidos tradicionales y deseosa de un cambio.

Como ya se sabe, los primeros años de gobierno, el flamante presidente las dedicó a conformar una arquitectura institucional sólida (que se graficó en la nueva Constitución bolivariana) y a bancar la ofensiva de la derecha venezolana, poco acostumbrada a no decidir sobre los destinos del país. Los años 2002- 2003 vieron peligrar la sostenibilidad del proyecto chavista, pero fue el propio pueblo y el brazo militar quienes finalmente lograron doblegar las intentonas golpistas. Una vez consolidado a mediados de 2003, pudo recién allí (fíjense que paradoja) iniciar un proceso de ampliación de derechos económicos y sociales inéditos para Venezuela. Elegir cualquier dato comparativo con las décadas anteriores permitirá observar el tamaño de la transformación en aspectos esenciales como la educación, la salud y la vivienda, que no sólo se mide en números, sino también en términos cualitativos (“Antes de Chávez éramos invisibles”, me dijo una mujer caraqueña cuando realizaba mi tesis doctoral).

Superados las peripecias golpistas, Chávez se encontró en condiciones de profundizar la “Revolución Bolivariana”. Es recién allí que para febrero de 2005 en un reportaje de los tantos que le hicieron en vida, habló del Socialismo del Siglo XXI. Como él mismo lo expresó se trataba de un “salto adelante” al que llamó a “inventar y habrá que ver por qué vías”. La labilidad del concepto no fue excusa para instalarlo y motivar a una buena porción de intelectuales, académicos y militantes que ya habían olvidado con qué se comía. Justamente un militar volvía a poner sobre la mesa a la ideología que parecía derrumbada luego de 1989, y lo hacía en nombre del futuro. ¿Este era el mismo Chávez que dio el golpe en 1992? ¿Importa eso? ¿Pero no era que Chávez era un nacionalista golpista hace unos años?. Las complejidades de los protagonistas de la historia nos permiten observar la riqueza de sus propias contradicciones y la ausencia de una hoja de ruta que marca el devenir histórico de los procesos políticos.

Detrás de este llamado a construir el socialismo del siglo XXI se fueron encolumnando presidentes, Evo, Correa, Ortega, entre otros. A la par de ese proceso Chávez se abría camino hacia ámbito internacional: fuerte alianza con el Mercosur, violentas diatribas al presidente de EEUU, acuerdos con Irán, Rusia, China, hermandad con Cuba, como núcleo central. Comparado con sus comienzos, la soledad de Chávez allá por el 99 dio lugar a un conjunto de líderes amigos que a pesar de las diferencias, le dijo no al ALCA y sí a la integración en las diferentes modalidades (UNASUR, CELAC,etc). ¿Hubiera sido posible esa integración sin el liderazgo de Hugo Chávez? ¿Hubiera sido posible ese despertar sudamericano sin la presencia de este gigante?

La profundización del rumbo en una dirección socialista, le costó aliados internos y una derrota electoral. La de diciembre de 2007, en la que intentaba modificar la Constitución para reelegirse indefinidamente y avanzar hacia el socialismo, fue la primera y única de su vida, y la reconoció cual demócrata era, a pesar de lo ínfimo de la diferencia. Esa misma diferencia fue por la cual salieron los opositores el 15 de abril de 2013 a romper todo y dejar un saldo de más de 10 chavistas muertos, suceso que la derecha mundial olvida (o tapa) con frecuencia. La recuperación llegó rápido, luego de una fuerte autocrítica propia, que le permitió saber con cuánto contaba para ir más tarde por un nuevo intento. Finalmente en febrero de 2009 logró la reelección indefinida en un contexto económico difícil producto de la crisis mundial.

La emergencia de los estudiantes, como espacio opositor, y la buena performance electoral del antichavismo desde 2010, encontraron a un Chávez enojado y poco tolerante con esta novel irrupción. En un “Alo Presidente”, cuando le hablaron de los planes estudiantiles envió a darle “gas del bueno” a estos grupos estudiantiles, y a ordenar la represión ante el primer disturbio, “guarimba que pretenda montarse debe ser disuelta de inmediato, sin diálogo ni nada ¡cómo va a haber diálogo! Nada de ‘por favor’ ¡métanle la ballena señores!”. ¿Mandar a reprimir una marcha es de dictador? ¿No es potestad del Estado? ¿Podemos estar de acuerdo con esto? Seguramente no, pero esa es la complejidad que nos depara personalidades como la que encarnó Hugo Chávez.

Luego de detectada la enfermedad en junio de 2011, Chávez siguió siendo el mismo pero con el ritmo que su cuerpo le indicaba. Es cierto que forzó la carrocería más allá de sus fuerzas, ya que según sus palabras “me quedan muchas cosas por hacer por la patria”. Y vaya que pudo, ya que en condiciones totalmente desfavorables ganó la última elección de su vida con el 56%, más de 8 millones de votos y casi el 85% de asistencia electoral, todo un record para elecciones que son optativas. Dos meses más tarde se despedía por cadena nacional para iniciar el último viaje a Cuba para operarse, una vez más, de la enfermedad que lo carcomía con mayor virulencia. Antes, como dijimos en el post anterior, no repitió el error de muchos (de Perón, entre otros) y le puso nombre y apellido a su sucesor: Nicolás Maduro, su hombre de confianza en el plano internacional. Sería la última vez que se lo vio con vida, salvo las fotos de febrero del año pasado con sus hijas, en la cual se lo ve agotado.

Pasaron 365 días sin Chávez y Venezuela continúa vistiendo los colores “rojo- rojito” en un contexto difícil para el gobierno y para la región. Su ausencia se siente, y mucho, en esta coyuntura plagada de zancadillas a nivel nacional e internacional.  Luego de su desaparición física, Maduro logró vencer por poco y eso fue la principal argucia para poner en marcha la máquina de impedir sustentada en la deslegitimación y el desabastecimiento. La excusa de la legitimidad de origen, postulada desde el mismo 14 de abril,  quedó enterrada luego del llamado de la oposición a un plebiscito en la elección regional del 8 de diciembre. A un año de la última alocución pública de su líder, el chavismo volvió a vencer al antichavismo, esta vez, por una diferencia superior a los 10%. La victoria 18, sobre las 19 disputas electorales, dejó a la oposición venezolanas sin excusas para reconocer la legitimidad de origen y de ejercicio de Nicolás Maduro. Sin embargo, como lo hicieron frente a Chávez en el fallido golpe militar de 2002, el lock out patronal petrolero  de 2003 y las guarimbas del 2004 (sólo para mencionar las más importantes), el antichavismo tomó la calle con la excusa de la situación económica, difícil por cierto, para doblegar la institucionalidad política del país. Nada nuevo para una Venezuela que se acostumbró a convivir con los malos perdedores de las elecciones que hacen flamear la bandera de la democracia con el objetivo final de destruir la misma a patadas.

Un año sin Chávez. Lo extraña la Patria grande de San Martín y Bolívar. Lo extrañamos todos los que creemos que una región y un mundo distinto, más libre y más igualitario pueden ser posibles. Lo extraña el pueblo chavista, aquél que aún sin su presencia física se moviliza de a millones para defender la Revolución, defender su propio porvenir, que se observa y es tangible en su nueva calidad de vida, esa que le otorgó Chávez a los invisibles de la Venezuela del Punto Fijo.

Todavía se oye aquel clamor de ese cuerpo cansado en la noche del 8 de diciembre de 2012, el último testimonio público y televisado del Comandante eterno, exclamar “¡Hoy tenemos Patria! Y pase lo que pase en cualquier circunstancia seguiremos teniendo Patria. ¡Unidad, Unidad y más Unidad!. No faltaran los que traten de aprovechar circunstancias difíciles, para mantener ese empeño de la restauración del capitalismo, de la restauración del neoliberalismo, para acabar con la patria. Ante esta circunstancia de nuevas dificultades – del tamaño que fueran- la respuesta de todos y todas los patriotas, es unidad, lucha, batalla y victoria”.

Un año sin él y el mismo dolor, la misma ausencia y el llanto eterno de haberlo perdido.

Venezuela somos todos (y todas)

(Publicado originalmente aquí)

¿Es un golpe de estado lo que hoy se prepara en Venezuela? ¿Se trata de protestas pacíficas que son violentamente reprimidas por el gobierno de Maduro? ¿Está dividida la oposición política? ¿Qué rol está cumpliendo EEUU en estos momentos? ¿Hay riesgo de golpe institucional? ¿Los chavistas se están movilizando? ¿Maduro es sólo un presidente débil sólo con apoyo militar? ¿Cuáles son las propuestas de los estudiantes?

 

Como hace unos días decíamos acá, la derecha venezolana ha iniciado un proceso de desestabilización política e institucional en el país, que tiene como principal finalidad la salida anticipada de Nicolás Maduro de la presidencia. Los medios para obtener dicho propósito han quedado evidenciados y se puede sintetizar en 4 procesos activados por estos días:

 

 a) Instalar las protestas legítimas de los estudiantes, que dieron paso a las guarimbas (protestas violentas) y el ataque a edificios públicos, quema de autos, etc, como la única imagen de lo que hoy pasa en Venezuela, haciendo aparecer a los violentos como víctimas de la represión del Estado.

 

 b) Realizar una falsificación alevosa y evidente del desenlace de las marchas, acusando al gobierno de las decenas de muertes de esta semana (en las que se cuenta varios chavistas) y ninguneando las diferentes marchas oficialistas (muchas multitudinarias) de apoyo a Maduro y pidiendo por la paz.

 

c) Poner a los principales instigadores de las protestas violentas como víctimas del régimen (cuando en realidad son los agitadores) en el lugar de “luchadores de la libertad” que necesitan del apoyo externo para instalar una verdadera democracia en Venezuela. Esta estrategia tiene como fin la intervención de alguna fuerza internacional en el país.

 

Y d) Mostrar al mundo (con imágenes de dudoso valor) que la sociedad civil venezolana está partida en dos partes iguales y se torna ingobernable, gambeteando que una de esas partes ganó 18 de las 19 elecciones en últimos 15 años y tienen todos los recursos de poder a su favor (20 de 23 gobernaciones, 3/5 de la Asamblea Nacional y más del 70% de alcaldías)

 

Retrocedamos un poquito: ¿Cuándo comienza este proceso de violencia opositora?

 

Haciendo un poco de historia podemos indicar que la lucha antichavista por recuperar el poder perdido en febrero de 1999, comenzó hace bastante tiempo. Luego del desconcierto provocado por su salida del poder, los grandes partidos venezolanos AD y Copei (ejes del bipartidismo pre- Chávez) en un primer momento, la cámara empresarial Fedecamaras (que metió un presidente por 48 horas, Pedro Carmona) y su aliada Central de Trabajadores de Venezuela CTV), en un segundo momento, se convirtieron en los principales antagonistas del gobierno. Las tácticas utilizadas a tal fin fueron: golpe de estado en abril de 2002, lock out patronal en PDVSA en enero 2003, las guarimbas de principios de 2004, el revocatorio de agosto del mismo año, deslegitimación de la parlamentaria de 2005 (no presentando candidatos), entre las salientes. La victoria (la única hasta hoy) sobre el chavismo en el referéndum de diciembre de 2007 y los buenos resultados electorales en las regionales de 2008 y la parlamentaria de 2010 dieron paso a un giro táctico en su objetivo. La emergencia de la protesta estudiantil desde 2009 y 2010 oxigenó a la oposición permitiéndole volver a hacerla visible en las calles, luego de la inercia 2004- 2007, años estos de gran predominio político y electoral chavista. La potencia del movimiento estudiantil, junto a la mejora en la performance electoral brindó a la oposición de mayores alicientes para volver a jugar en la arena institucional, esta vez, de la mano de la Mesa de Unidad Democrática (MUD). El surgimiento de un candidato taquillero, como Henrique Capriles, junto a un discurso que incorporaba elementos de continuidad y ruptura y que en otro lado llamamos caprilización, le permitió al antichavismo presentar una propuesta electoral competitiva que tuvo su punto máximo en la elección presidencial de abril de 2013, cuando orilló el 49%. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, de la desaparición física de Chávez y de la desazón que esto implicó en las filas bolivarianas encontrarse huérfanas del líder, no pudo vencer al chavismo, conformándose con deslegitimar el gobierno de Maduro desde sus inicios.

 

La elección regional de diciembre del año pasado emergía como el escenario ideal para la oposición venezolana. Su principal figura entendió que era el momento para darle el golpe de gracia al incipiente gobierno de Maduro y llamó a que esa elección se convertiría en un plebiscito de la gestión del sucesor de Chávez. En un contexto económico difícil y una situación política plagada de incertidumbre, el chavismo volvió a ganar. La figura de Maduro se fortaleció en esa coyuntura, ganando oxígeno político ya que el próximo turno electoral será la parlamentaria de diciembre de 2015. Sin dudas, estos elementos permiten entender el apuro opositor por dar el zarpazo y la vuelta, en cuanto a estrategia, a los años de la desestabilización 2002- 2005.

 

A su vez, en el interior del MUD los quiebres y cambios de alianzas permitieron la emergencia de nuevos liderazgos en el interior de la coalición. El sector golpista, que se mantuvo agazapado en los años electorales se convirtió en la vanguardia de la protesta. En ese marco, el dirigente de Voluntad Popular (VP), partido que ganó 18 alcaldías de 335 en la última elección regional (5% del total), Leopoldo López, junto a la dirigente de Súmate, Corina Machado, se convirtieron en puntales de esta movida desestabilizadora. Trece muertos (tanto chavistas, como antichavistas)  fue la consecuencia directa de la activación de las protestas violentas, y aún quedan por develarse varios de los responsables directos de esos asesinatos. A pesar de la magnitud aún no llegan a las más de 3000 muertes de las jornadas conocidas como el “Caracazo”, que en estos días cumplirán 25 años, en los tiempos de la democracia pactada de “Punto Fijo”-

 

Las derrotas de Capriles de los últimos años (en especial en las regionales) permitieron un corrimiento en el interior de las filas opositoras dando lugar al ala menos democrática. Sin embargo, luego de la detención de López, los créditos de Capriles parecen volver a activarse a pesar de la acusación de “blando” que le propina una buena parte de la MUD. Otros dirigentes, como el titular de la gobernación de Lara, Henry Falcón, un exchavista pragmático y de Antonio Ledezma, Alcalde Mayor de Caracas, esperan su oportunidad apostando en un caso y en el otro, al desgaste de estos dirigentes para tomar la posta del antichavismo. La presencia del primero en la reunión de ayer, junto a Liborio Guarulla (otro exchavista) titular del Estado de Amazonas (dos de los tres gobernadores opositores) implicó un avance en ese sentido. El retaceo de Capriles al convite parece indicar que la posición dura en la MUD vuelve a ser expresada por el candidato derrotado en menos de siete meses en dos elecciones presidenciales.

 

Los mecanismos institucionales de la Constitución Bolivariana, prevé el instituto del revocatorio de mandato cuando el presidente haya cumplido más de la mitad de su periodo (abril de 2016) por lo que las razones esgrimidas por la oposición a veces caen en un vacío contradictorio.

 

¿Qué hace el gobierno mientras tanto?

 

 

A partir de la elección del 8D, el gobierno se fortaleció luego de meses de un jaqueo permanente a su gestión. La convocatoria posterior a la oposición, a semanas del triunfo, en Miraflores, a la que Capriles asistió sorpresivamente con una barba crecida que no volvió a usar posteriormente, parecían dar cuenta de un escenario más holgado para el chavismo. Sin embargo, desde enero  de este año, la oposición aceleró los tiempos y activó su frente más violento. Sorprendido en un primer momento, el gobierno de Maduro respondió débilmente permitiendo que se instale mediáticamente en el país una imagen de desgobierno y represión de la protesta. De la mano de CNN y sus satélites sudamericanos se describió un paisaje de violencia estatal frente a unos inocentes estudiantes que demandaban por la inseguridad, la inflación y la escases económica. Como se señaló anteriormente, la protesta estudiantil no es nueva en Venezuela, si lo es la violencia con la que se presentó en estos días. Las muertes de un lado y del otro, recordaron los sucesos de abril de 2002, lo que permitió poner en alerta a las fuerzas del chavismo, como muestran las numerosas movilizaciones de estas semanas bien invisibilizadas por la prensa internacional. El pedido de Maduro de mantener la calma, no reaccionar a las provocaciones y fomentar la paz, se realizó en un contexto en que varios integrantes de los movimientos cayeron en las calles de Caracas y del Estado Táchira. El problema que tiene el gobierno, en este marco, es que se encuentra con una protesta que no tienen líderes estudiantiles mediáticos (no existe una Camila Vallejos, como en Chile, por ejemplo) y sus demandas son tan generales que sentarse en una mesa de negociación resulta una quimera. A pesar de la convocatoria al diálogo realizado por Maduro, las demandas generales de los estudiantes tienen como objetivo final la renuncia del presidente, el fin de la represión, la inseguridad o la corrupción, demandas que se ponen en disputa durante las elecciones y que parece de difícil respuesta en el corto plazo. Sin embargo, Maduro, sabe que debe ganar una buena parte de la opo al juego institucional para neutralizar a los violento. La reunión de ayer, el llamado a una Conferencia por la paz para el miércoles, son iniciativas en ese sentido.

 

La hiperactividad del presidente bolivariano durante estos días, evidencia que su liderazgo se va construyendo en estas horas de incertidumbre. El chavismo, también, comprendió que se está ante momentos decisivos que implican un grado de movilización mayor al de antaño, y las marchas de las mujeres (sábado), de los adultos mayores (domingo) y de los motorizados (de ayer) son muestras nítidas de esa sensación. A pesar de que, como se dijo, las marchas oficialistas no tienen el mismo peso en la arena mediática que las opositoras (incluso algunas son muy superiores como la del 18 de febrero), el pueblo bolivariano activó su fibra más íntima de resistencia dando muestras cabales de que no sólo defienden a un gobierno propio, sino que es su propio bienestar el que se encuentra en disputa.

 

Lo que viene, lo que viene

 

 

Una vez que culminen las guarimbas y el sector “electoralista” de la MUD acepte de una vez la legitimidad democrática del gobierno de Maduro, el chavismo se encontrará con las mismas dificultades que se encontraba desde antes del intento desestabilizador: una economía con cuellos de botella importantes, inflación, dólar paralelo, escases de productos y un desabastecimiento que procura quedarse por un tiempo para acelerar la deslegitimación del gobierno. Agravar la crisis económica, que es verdaderamente donde se juega el partido principal, es el objetivo de la hora para el campo deslegitimador. El éxito del gobierno en esta tarea resulta vital para su propia supervivencia. Sin embargo, todo este proceso de desestabilización sirvió para solidificar la base chavista, que previo a estos sucesos le pedía a Maduro mayor firmeza en el terreno económico. La “desgracia” estructural de la economía venezolana es la dependencia del petróleo, fuente de divisas que permitió la inédita ampliación de derechos sociales a un gran segmento de la población, y fuente que explica también los pocos incentivos para diversificar una economía que requiere correctivos en forma urgente. A su vez, el petróleo es en la geopolítica mundial un recurso clave para los intereses de la mayor potencia mundial que juega desde hace 15 por la salida del chavismo, apoyando financieramente a la oposición venezolana.

 

Así están las cartas hoy en las tierras del Comandante. El presidente Maduro necesitará de mucha virtud y fortuna para los próximos meses. Tiene el poderío institucional, las fuerzas armadas, fortaleza partidaria, movimientos sociales y la capacidad de la ganar la calle, de su lado. También los gobiernos sudamericanos, con la Unasur a la cabeza, quienes esperan que la desestabilización, que hace unas semanas comenzó en Venezuela, no se extienda al resto de continente. Hoy la región observa detenidamente los sucesos en el país, con un grado de preocupación. El Mercosur, la Unasur  y la Celac ya dieron su veredicto y el apoyo irrestricto a la democracia. Pero lo que ocurra de ahora en más en las tierras de Bolívar impactará de forma decisiva en toda América Latina.  Por eso, hoy, “Venezuela somos todos”.

Apuntes sobre la situación en Venezuela

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Como viene sucediendo desde el inicio de la gestión Maduro, Venezuela vuelve a estar en los titulares de los diarios más importantes (y hegemónicos) del mundo asociado a episodios de crisis económica y de violencia política. El desabastecimiento económico provocado por los principales actores productivos y financieros del país, junto al aumento del desorden social representan las principales pinceladas que el mundo mediático muestra como realidad venezolana. A escasos 10 meses de iniciado su mandato de 6 años, el sucesor de Chávez debió arroparse de virtud para conducir un proceso económico, político y social convulsionado y rodeado de dardos venenosos. Aquí van algunos elementos que permiten comprender el momento político actual del país.

Así viene la cosa en Venezuela en estas horas. Habrá que estar atento estos días a lo que sucede en las tierras de Chavez, que hoy brilla, junto a los vaivenes de la economía argentina, en los censores de los centros de poder más importantes a nivel mundial. No es casual que los parecidos entre ambos países vuelvan a reflotarse, como así también la necesidad de ambos gobiernos de avanzar hacia una nueva etapa.

 

 

¿De la caprilización a la descaprilización?

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Desde hace mucho tiempo, insistimos en este blog sobre la nueva estrategia opositora que tuvo epicentro en Venezuela, luego de la emergencia del primer liderazgo opositor que desafió con cierto éxito al imbatible chavismo y que poco a poco fue extendiéndose al resto de la región. Henrique Capriles, gobernador del Estado Miranda se convirtió en el principal líder opositor al oficialismo venezolano y le señaló, al resto de sus homónimos sudamericanos, una estrategia novedosa para enfrentar a los gobiernos antineoliberales, que aquí llamamos caprilización. La misma, como ya se escribió, consistía en tomar (o apropiarse de) una parte de la agenda oficial y ofrecerse como el espacio capaz de subsanar los “males” que habitan en el modelo. La lógica opositora, entonces, apunta a valorar y tomar como propio las banderas de lo “bueno” y criticar con firmeza los “debe”, presentándose más como “la solución” que como la “oposición”. Este camino es el que están comenzando a transitar las oposiciones sudamericanas con cierto éxito: Massa en Argentina y Marina Silva en Brasil, por mencionar algunos.Esta estrategia opositora, que por supuesto se encuentra hoy en el plano de lo discursivo, se asienta, entonces, en los cuántos de continuidad y ruptura expresan.

Pero como “It takes two to tango” los grados de continuidad y ruptura también dependen de la posición política del gobierno. Una posición política de fortaleza o de debilidad, con seguridad moverá el amperímetro de la continuidad y ruptura. Enfrentar un gobierno debilitado permitirá insistir en la ruptura sin perder muchos grados de continuidad y una posición gubernamental fuerte dará lugar a un mayor énfasis en la continuidad que en la ruptura. Es decir, la estrategia opositora danza al compás del porvenir del gobierno. Pero siempre manteniendo la ecuación. Los riesgos de salir de ella, se comenzaron a ver recientemente en Venezuela y los resultados no parecen ser los mejores.

Luego de perder la elección por menos del 2%, Capriles inició una gira por Sudamérica con la finalidad de denunciar el supuesto fraude del chavismo en la compulsa del 14 de abril. Durante los meses sucesivos, intentó de diversas maneras deslegitimar al gobierno de Maduro en lo interno y jugó todas las fichas a la elección municipal del pasado 8 de diciembre a la cual calificó como un plebiscito. Es cierto que durante esos meses, la administración Maduro no gozó de los vientos de la “fortuna” (y en algunos casos de la “virtud”), lo que dentro de la lógica descripta en forma precedente inclinaba la balanza de la ecuación más hacia el lado de la ruptura que a la continuidad. Sin embargo, Capriles fue un paso más adelante: la deslegitimación lisa y llana del presidente en ejercicio. Desde allí que digamos que Capriles se descaprilizó. Dejó de lado la tensión continuidad- ruptura y se inclinó por acortar el mandato de Maduro. Es decir, intentó superar la ecuación que le había permitido convertirse en uno de los principales candidatos opositores en desafiar seriamente al chavismo, dando lugar a la deslegitimación del sucesor de Chávez. De esa manera, el abandono de la estrategia que le permitió crecer electoralmente en pos de una táctica impaciente e inconstitucional, llevó a Capriles a la derrota. Las elecciones de diciembre les marcaron un límite al gobernador de Miranda y la ampliación de la brecha entre oficialismo y oposición (de 2% a casi 10%) y la derrota en su propio Estado, fueron la consecuencia directa de un giro estratégico a destiempo. Patear el tablero del mix continuidad- ruptura y tomar el atajo de la deslegitimación no le ofreció réditos electorales y políticos. Capriles no sólo gambeteó su propia estrategia exitosa, sino que también dejó al mirandino en una posición de debilidad en el interior del antichavismo. La emergencia ( y consolidación) de nuevos liderazgos en el MUD, como el Alcalde Mayor de Caracas, Antonio Ledezma, como así también el titular del Estado de Lara, Henry Falcón (quien proviene de las filas del chavismo) ponen en tensión al liderazgo de Capriles en el interior de las fuerzas antichavistas.

Los riesgos de la descaprilización están a la orden del día. La debilidad de los gobiernos pareciera aumentar las oportunidades de salir del esquema continuidad- ruptura y tomar el atajo de la deslegitimación (o de la oposición a todo el paquete). Desde allí que, volviendo a nuestro país, observemos un tímido giro en la estrategia de nuestro Capriles argento, Sergio Massa. El ex intendente de Tigre ha tomado, en estos últimos meses, decisiones un tanto polémicas que muestran un cierta prisa por llegar sin importar salir del equilibrio que tanto rédito político le originó: 1) viaje a España (el país más de derecha de Europa) para sacarse fotos con hombre prominentes del (¿franquista?) PP 2) invitación al exalcalde de Nueva York, el duro Rudolph Giuliani para disertar sobre seguridad, 3) aumento del perfil público del neoliberal Martín Redrado, 4) reuniones con la Mesa de Enlace (como las de ayer) con promesas de eliminar retenciones, entre otras. Sin dudas, esto no significa el abandono de la estrategia original, pero este corrimiento a la derecha del espectro político lo va alejando del redituable equilibrio. Caprilizar, no sólo es posicionarse frente al gobierno desde el par continuidad- ruptura, sino también es ubicarse en el centro del contínuum ideológico. Sumado a esto, siempre está latente la alternativa de la descaprilización, que alientan muchos de sus aliados en el terreno económico y partidario.

¿Podrá Massa mantener el equilibrio y la tensión del mix continuidad- ruptura? ¿Sufrirá la tentación de patear el tablero? ¿Un bajón del gobierno, acelerará la estrategia de descaprilización? ¿Un repunte del gobierno hará virar la estrategia hacia mayores grados de continuidad? ¿Podrá mantener esta estrategia hasta la hora de las definiciones? ¿Será empujado Massa por el ala que necesita de la ruptura? ¿Los socios empresarios del ex intendente de Tigre quieren caprilizar o descaprilizar?

 

 

 

 

La primera para nosotros

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“Misión cumplida, Comandante eterno” declaró el presidente Nicolás Maduro a horas de un triunfo electoral muy celebrado en la capital venezolana. A un año de la última alocución pública de Hugo Chávez previo a su viaje a Cuba, el país volvió a teñirse de “rojo- rojito”.

Como decíamos hace unos días, las elecciones municipales en Venezuela abrieron el calendario electoral de Sudamérica. En un 2014 plagado de votaciones y de definiciones, la elección de ayer se convierte en la primera estación de este extenso viaje que marcará el devenir de varios presidentes de la región (reeligen tres), como así también el color político del que se teñirá Sudamérica. Esta primera elección deja un sabor bastante dulce para los gobiernos más radicales que abogan por cambios más profundos y un sabor agrio para aquellos que esperaban infligirle a Maduro una derrota (con visos destituyentes) a siete meses de iniciado su gobierno.

Aquí van algunas apostillas del 8D:

• Las elecciones de ayer ponían en juego 335 alcaldías y más de 2400 concejales. A pesar de tratarse de una elección de menor nivel, fue tomada por una buena parte de la oposición como un plebiscito sobre la gestión de Maduro. De aquí la importancia que tuvo esta compulsa electoral para el devenir futuro del chavismo (y de la MUD).

• El chavismo (hasta los datos de hoy, ya que faltan procesar más de 50) se alzó con 210 alcaldías, frente a más de 70 de la MUD. Esto en preferencias electorales se traduce en más de 5 millones de votos para el PSUV (49%) frente a casi 4 millones y medio (42%) del antichavismo

• El presentismo rozó el 59%, convirtiéndose en un porcentaje record para este tipo de elección. Solo comparándola con la de gobernadores de diciembre de 2012 (51%) y con la parlamentaria de 2010 (53%) se advierte su importancia.

• Los datos duros de estas elecciones (que vale aclarar se realizan en forma separadas de otras, “para mirarte mejor”) muestran que a pesar de los análisis apresurados el PSUV salió bien parado en el conteo de las capitales. A pesar de perder en la capital del simbólico Estado de Barinas, éste se compensó con los triunfos en casi todo el Estado Miranda del opositor Capriles, capital incluida.

• En la cuenta final de capitales, entonces, el PSUV ganó 15 (Caracas, Anzoategui, Amazonas. Guarico, Apure, Aragua, Bolívar, Cojedes, Delta, Portuguesa, Miranda, Sucre, Trujillo, Yaracuy, Vargas) y el MUD 8 (Barinas, Monagas, Carabobo, Zulia, Lara, Mérida, Nueva Esparta, Táchira) y el Municipio Metropolitano (una especie de gobernación, como es acá la jefatura de gobierno).

• Si esta elección se compara con la última presidencial (como suelen hacer los analistas argentinos a la hora de comparar peras con edificios) el chavismo apenas perdería un punto porcentual y la oposición más de 7%. Aunque comparada con la última elección municipal de 2008, el chavismo perdió varias y la oposición gana algunas. Igualmente, nada muy distinto al paisaje de colores de hoy.

• A pesar de que desde la elección presidencial de diciembre de 2006 (62%), en las elecciones sucesivas el chavismo no pudo ampliar los guarismos electorales (de hecho los disminuyó), sí pudo mantener una porción de votos que le alcanza para convertirse en hegemónico. A pesar del avance electoral del antichavismo desde 2010, basado en candidaturas unificadas y en una estrategia política afincada en tomar parte de la agenda oficialista, el chavismo continúa siendo una fuerza potente desde el punto de vista electoral, político, social y cultural, aún en su peor año desde su existencia.

• La victoria chavista de ayer se convierte en la número 17 de las 18 realizadas en los últimos 15 años. Un dato que se suele desdeñar a la hora de medir a la democracia venezolana, a la que suelen acusar de muchas cosas y no de lo que es: una verdadera democracia en la que el pueblo define su provenir.

• Las elecciones transcurrieron (salvo casos excepcionales) con tranquilidad y el primer boletín oficial dado por la presidenta del CNE Tibisay Lucena (ay esas largas caminatas…) a la hora programada, constituyen datos elementales que demuestran la eficacia del sistema electoral venezolano tan elogiado en el mundo.

Las últimas medidas de Maduro, parecieron surtir efecto en la masa chavista y tuvo consecuencias directas en la elección de ayer. Estas líneas intentaron velozmente dar cuenta de los resultados electorales del día de ayer. Un análisis más profundo de los porqué de la victoria y sus consecuencias lo hará en unos días el especialista Bruno Sgarzini, uno de los que mejores entiende el proceso chavista.

A un año de señalar a su sucesor y de despedirse para siempre en una cadena nacional triste e inolvidable, Hugo Rafael, desde el cielo, estará haciendo una mueca de felicidad, ya que en Venezuela todo continúa siendo del color preferido del Comandante.

El tiempo no para (en Sudamérica)

Dilma_Rousseff_Carnaval_RecifeLas elecciones del próximo domingo en Venezuela  abrirán el año electoral 2014 en Sudamérica. A pesar de tratarse de elecciones municipales, esta compulsa electoral tendrá una importancia capital para la región y se convertirá en la primera prueba de fuego para los gobiernos que intentan revalidar credenciales en estas comarcas. El calendario electoral continuará con la segunda vuelta en Chile (mediados de este mes) y las que se desplegarán en el resto del continente durante el 2014 (Brasil, Colombia, Bolivia y Uruguay) que tendrán como característica principal la búsqueda de la reelección del presidente en ejercicio.

Realizamos un breve repaso de lo que se viene:

Venezuela, 8 de diciembre: a un año de la última declaración pública del Comandante eterno antes de viajar a Cuba y haberle puesto nombre y apellido a su sucesor, en Venezuela se realizarán las elecciones municipales para elegir 365 alcaldes y más de 2000 concejales. A pesar de que se trata una elección menor, desde el punto de vista de su incidencia en el plano institucional, la misma fue tomada por la oposición como un test para poner a prueba la sustentabilidad de Maduro en el gobierno. Los “democráticos” antichavistas prevén, de obtener un buen resultado, continuar con su prédica golpista de la mano de los grandes medios de la región que sólo anotician sobre Venezuela para deslegitimar a su presidente. El oficialismo irá con la bandera del Gran Polo Patriótico (con el PSUV como núcleo vertebral) y la oposición con la Mesa de Unidad Democrática (MUD). De las 16 elecciones realizadas desde 1998, el chavismo venció en 15, por lo que no se prevé grandes alteraciones en las opciones de los votantes a pesar que el oficialismo ha menguado en el porcentaje de votos desde antes de la muerte de Chávez.

Chile, 15 de diciembre: Al mes de la victoria en la primera vuelta electoral, Michelle Bachelet aparece como la segura candidata a convertirse nuevamente en presidenta de Chile. Con el 46,6% de los votos y una ventaja superior a 21% sobre la derechista Evelyn Matthei, la segunda vuelta electoral parece un simple trámite para la candidata de la Coalición Nueva Mayoría. Al igual de Dilma Rousseff, Pepe Mujica y Juan Manuel Santos, Bachellet no pudo alzarse con la victoria en la primera vuelta electoral, a pesar de orillar el exigente 50% requerido. La victoria de la dirigente socialista arrimará una nueva estrella al archipiélago de gobiernos progresistas de la región y una mujer que se sumará a Dilma y a Cristina, evidenciando una nueva geografía política (y de género) en Sudamérica.

La escasa eficacia del gobierno de Piñera a la hora de dar cuenta de (y conectar con) las nuevas demandas ciudadanas chilenas en conjunto con un fuerte cuestionamiento a la Constitución heredada de la dictadura, constituyen las principales críticas al núcleo del otrora modelo (para la derecha nuestra y de la región) de concertación partidaria.

Colombia 25 de mayo de 2014: Luego de varias idas y vueltas, Juan Manuel Santos decidió jugar las fichas a un nuevo periodo presidencial: “Quiero liderar una Colombia que pase del miedo a la esperanza, del atraso a la modernidad, de las divisiones a la unidad” declaró una vez que oficializó su candidatura. La apuesta más fuerte de su gobierno fueron  las negociaciones de paz con las FARC, iniciadas en septiembre de 2012 y que tuvieron como sedes a Oslo y La Habana. Luego de los 8 años de gobierno de Álvaro Uribe (2002- 2010), la guerrilla sufrió el avance de la fuerza pública que las dejó en una situación de vulnerabilidad e indefensión. Las muertes de Marulanda y Raúl Reyes, sumada a la deserción e infiltración de varios de sus Bloques (pérdida de Ingrid Betancurt incluida) inició el camino del repliegue y posterior inicio del proceso de paz. Frente a la candidatura favorita de Santos, la oposición se concentra en el Polo Democrático Alternativo (PDA) y en la agrupación del expresidente Álvaro Uribe, UCD. Los partidos tradicionales Liberal y Conservador aún no decidieron sus candidatos ya que sus estrategias van desde el apoyo de los primeros a Santos y de los segundos a la UCD, hasta sus candidaturas propias, con pocas posibilidades de victoria.

Brasil 5 de octubre de 2014: Luego del Mundial de fútbol, en el cual la selección anfitriona es la gran candidata, se realizarán las elecciones presidenciales. La candidatura de la presidenta Dilma Rousseff aparece como la más fuerte en un contexto caracterizado por las movilizaciones sociales y las críticas al gobierno por la inversión en la competencia deportiva. A pesar que estos sucesos deterioraron la imagen positiva de la presidenta y los acuerdos preelectorales entre Marina Silva (tercera en la última elección presidencial de 2010) y el Partido Socialista Brasilero se presenta como un desafío a tomar en cuenta, la oposición aún no logra poner en riesgo el cómodo primer lugar de Rousseff. La caída en la imagen pública de la primera mandataria luego de las masivas protestas en las grandes ciudades, alertó al oficialista PT sobre los riesgos que este declive se pronunciara y comenzaron a surgir en el interior del partido rumores sobre un retorno de Lula a la política electoral. Luego de la recuperación de Dilma en las encuestas y el apoyo del expresidente, el partido se encolumnó detrás del gobierno y de la reelección de la presidenta.

Uruguay 26 de octubre de 2014:

La anteúltima elección de 2014 tendrá, como es costumbre en Uruguay, un contexto de pugna entre tres partidos: Frente Amplio (FA), Partido Blanco y Partido Colorado. En los últimos ocho años el FA ha dominado la política uruguaya, merced a los triunfos consecutivos de Tabaré Vázquez y Pepe Mujica que le permitió a la fuerza de centroizquierda romper el bipartidismo otrora estabilizador de la democracia uruguaya. Las internas abiertas reprogramada para el 1 de junio debido a la inminencia del mundial definirá las candidaturas de los tres partidos. El retorno de Vázquez, luego de su anuncio indeclinable de abandonar la política, emerge como el principal favorito a ganar no sólo la lucha interna en el FA, sino también la elección general para finales de octubre. Las encuesta hoy le otorgan una nítida ventaja (superior a 20% en la mayoría de ellas) pero no logrando perforar el umbral del 50% para ganar en primera vuelta. El triunfo frenteamplista se convertirá en una incógnita para la región, ya que será celebrado tanto por el progresismo regional, que mantendrá un aliado ideológico, como por los sectores más moderados de centro derecha, que observan en Tabaré a un pragmático de posturas lábiles y estratégicas.

Bolivia diciembre de 2014: La última elección del año tendrá por escenario a Bolivia. Aquí las cosas están más claras. A pesar de que aún resta un año para esta compulsa electoral, la candidatura del presidente Evo Morales no muestra fisuras. Junto a Rafael Correa, Evo es uno de los dos presidentes con mayor imagen positiva en la región. Las transformaciones económicas y sociales realizadas en el país durante esta última década muestran a las claras que la popularidad de Morales proviene fundamentalmente de una importante ampliación de derechos sociales para un importante segmento de la población que resultó postergado durante décadas. La oposición política boliviana, no tiene  hoy un candidato taquillero para enfrentar al ciclón Morales y descansa su estrategia electoral en impugnar la candidatura de Evo por considerarla reñida con el texto constitucional. A pesar que la Constitución reformada en 2007 otorga una reelección al primer mandatario, el oficialismo interpretó que la victoria electoral de 2009 se convierte en la primera luego de la reforma por la que la de diciembre será la segunda (y primera reelección) del presidente.

Aquí tomamos en cuenta sólo las elecciones en Sudamérica. Es cierto que también se juegan cosas importantes en el resto de América Latina: en Costa Rica (presidenciales y legislativas en febrero), El Salvador (presidenciales en marzo) y Panamá presidenciales y legislativas en mayo). Sin embargo aquí nuestro universo de análisis es nuestra querida América del Sur.

Entonces, para finales de 2014 tendremos cinco nuevos presidentes. Visto desde hoy, cuatro de ellos podrían ser ubicados dentro del universo político ideológico de la centroizquierda (para decirlo en sentido amplio y generoso) y Santos en el centro derecha más integrado a la región. En los hechos, el único cambio de orientación ideológica sería el de Chile. La suma aritmética reporta buenos dividendos para los gobiernos que intentan mirar más hacia dentro que hacia afuera (en especial hacia el norte del mapa) por lo que se podría augurar que el giro a la izquierda aún persiste. Las incógnitas a develar en el corto plazo serán (en mi concepto, claro) las siguientes: ¿esta nueva configuración de presidentes implicará una mayor integración regional? ¿se fortalecerán los organismos supraregionales como Unasur, la Celac, el Banco del Sur, etc? ¿La presencia predominante de gobiernos moderados implicará un giro hacia el centro del tablero ideológico? ¿Se convertirá Brasil finalmente en el líder y locomotora de la región como le demandan sus socios? ¿Apostará Dilma de una vez por todas por potenciar la integración con epicentro en su país? ¿Cumplirá alguien el papel de Chávez?.

Se viene un año rico en elecciones y que mirada desde hoy, se presenta con escasas incertidumbres.

Habemus Capriles

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“El que busca encuentra” dice esa frase tan trillada para dar cuenta de la importancia de insistir en un objetivo. Nunca más oportuna en este caso: finalmente y después de mucho andar la opo encontró su Capriles. En dos post anteriores acá y acá (necesaria autocita para no abundar en los detalles)  hicimos referencia a esta búsqueda opositora por encontrar un candidato que sintetice en un solo espacio las expresiones de cambio y continuidad en relación al gobierno. El efecto “Capriles”, el primer y único político venezolano que representa un peligro para la continuidad del chavismo, se ofrece como una estrategia para “combatir” a los gobiernos antineoliberales de la región (también llamados populistas, exageradamente autoritarismo competitivo, etc). En Ecuador y Bolivia, aún las oposiciones están fuertemente marcadas por lo “anti” y no expresan rasgos de continuidad con la expresión política que pretenden superar.

Es decir, el antievismo y el anticorreismo aún persisten obstinadamente en un enfrentamiento directo y total frente a los dos presidentes más populares de la región en la actualidad. Las consecuencias de esta actitud hostil son la reciente reelección del ecuatoriano y el seguro triunfo de Evo en la presidencial del año próximo. Esta estrategia, hay que recordar, fue la seguida por el antichavismo durante los años 2001- 2010 que grandes sinsabores le ocasionó y que le permitió llevar adelante un giro en la misma. Debe señalarse, como se observa en la actualidad, que este giro en la táctica electoral va de la mano de una política de desabastecimiento y guerra a la administración Maduro, con lo que ocasiona daños colaterales a la propia unidad chavista.

En nuestro país, la oposición bregó en la búsqueda de ese dirigente, que paradójicamente (o justamente) surge del seno del propio partido de gobierno. Sergio Massa, de origen liberal (o conservador, tratándose de nuestro país), exmenemista, exduhaldista y exkirchnerista (en el cual tuvo su actuación más conocida como director del Anses y jefe de gabinete en tiempos de la Ley de Medios) tuvo una carrera veloz que lo convirtió en el niño mimado de la prensa local. Dos veces intendente de Tigre, un municipio ordenado y otrora gobernado por un partido local, Massa se convirtió el domingo 27 en el dirigente más votado en todo el país. Las luces del triunfo lo enfocaron en forma directa, otorgándole un futuro presidencial a dos años vista. Como dijimos hace poco, dos años en nuestro país son una eternidad, pero desde el lunes 28, el crédito del PJ disidente arranca en la pole position.

Los parecidos de Massa y Carpiles son realmente notables. Comenzaron desde jóvenes la praxis política, tuvieron experiencia en la gestión de gobierno (en el caso Massa nacional, Capriles en la arena provincial), se trata de dos liderazgos que desdeñan la construcción partidaria, vencieron en elecciones provinciales a importantes referentes oficialistas (Massa al tándem Scioli- Insaurralde en Buenos Aires y Capriles a Diosdado Cabello y a Elías Jaua en Miranda), son dos dirigentes de muy buena relación con la embajada norteamericana y por último tienen un parecido corporal increíble

Lo que queda a dilucidar es el cuánto de continuidad y el cuánto de ruptura representa la opción Massa. Desde lo discursivo, al igual que Capriles, el intendente de Tigre se muestra más como una opción superadora que opositora (“no somos oposición, somos la solución”, declaraba hace un tiempo Capriles). La labilidad de su discurso y de su posicionamiento frente al kirchnerismo se convierte en una estrategia en sí misma, que al igual a la de su homónimo venezolano, gira en torno a una combinación permanencia y quiebre en el marco de una oferta política que se caracteriza por la estabilidad. Es decir, los rasgos de continuidad se expresan en un conjunto de medidas oficiales, como son la AUH, los trazos principales del modelo económico industrialista, la política jubilatoria, entre las más importantes, y los de ruptura se afincan en las políticas de seguridad, inflacionaria y de control de cambios, por decir algunas. La lógica de esta estrategia, entonces, descansa en no mostrar la “hoja de ruta” para la gestión de gobierno, sino en perfilarse como el estadista que dará previsibilidad y seguridad al electorado (utilizaríamos el concepto  gente, si el Grupo no la hubiese agotado) sin grandes sobresaltos. Lo que se oculta del devenir futuro, se encubre con papel de regalo y en formato mix continuidad- ruptura, disimulando con ello la verdadera propuesta “superadora” de esta nueva oposición política.

Como dijimos, esta nueva estrategia para enfrentar a  los distintos liderazgos presidenciales sudamericanos que se caracterizaron por un sorprendente éxito en la aplicación de sus políticas económicas y por una extraordinaria prolongación de su estadía en la gestión del estado, representa un cambio en la modalidad de enfrentamiento opositor. Una década de frustraciones en la recuperación de la política económica, le permitió a la derecha regional repensar sus estrategias y plantear nuevas formas de enfrentamiento a dichos primeros mandatarios.  Como se dijo, esto emparenta las experiencias argentina y venezolana, como así también, tal vez pueda extenderse (¿por izquierda?) a la reciente alianza de Marina Silva con el socialismo brasileño en vistas a la elección presidencial del año próximo (hoy segunda en las encuestas) en el país más grande del continente. Aquí también se observa cómo la plataforma electoral de gobierno de esta fuerza toma gran parte de la agenda del PT  y se presenta como la opción superadora en ese escenario.

Sin lugar a dudas, la lección aprendida por los distintos conjuntos opositores sudamericanos que enfrentaban de lleno y en totalidad a los liderazgos presidenciales antineoliberales de la región fue que debían tomar una parte de la agenda de estos denostados líderes.  La maniobra de gambetear las supuestas virtudes de estos gobiernos poco rédito le trajo a sus posibilidades de retomar nuevamente la agenda económica de sus naciones. Los ejemplos en Bolivia y Ecuador demuestran que el enfrentamiento desde una plataforma electoral diametralmente opuesta a la oficialista, sólo genera un cúmulo de derrotas rotundas.

Los electorados sudamericanos parecieran demandar una cierta continuidad de los modelos económicos implementados  durante el comienzo del siglo XXI y las nuevas oposiciones están registrando este pedido. Las alternativas partidarias en Argentina y Venezuela (estará por verse en Brasil) le ofrecen a sus sociedades “cambio en la continuidad”, sin delatar sus verdaderas opciones de gobierno. Ante esta evidencia, los oficialismos se encuentran en una posición distinta al pasado porque deben enfrentarse a oposiciones que no impugnan en totalidad su obra de gobierno y que toman parte de su discurso político. Entonces, ¿cómo deben posicionarse los oficialismos ante esta nueva iniciativa opositora? ¿Qué ruptura y qué continuidad deben plantear a su vez al electorado? ¿”Garpa” en términos políticos tratar de “desenmascarar” lo que hay detrás de este tipo de candidato -que lo hay-? ¿Habrá que tomar parte de la agenda de “ruptura” de ellos y modificar la propia? ¿Empalmar con “lo que dice la encuesta”? ¿O tratar de modificar el mapa con nuevos ejes para los cuales este tipo de candidatos no tiene respuestas?

En fin, varias preguntas, aún pocas respuestas.

Foto.

Los 2 años

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Las elecciones legislativas de medio término en la mayoría de los sistemas presidencialistas se convierten en un test electoral que tiene diversas ramificaciones explicativas. En primer lugar, dicha votación tiene como principal objetivo modificar la composición parlamentaria (en el caso argentino la mitad de la cámara de diputados y un tercio de la de senadores). En segundo término opera como un termómetro político del devenir futuro. Por último, estas elecciones dejan claramente identificados a los ganadores y perdedores de la contienda, como así también las posibilidades futuras de los competidores. Sin embargo, una mirada atenta a la historia de nuestro país demuestra que muchas veces quienes emergían como los principales (y únicos) ganadores de la elección legislativa y favoritos a llevarse el premio mayor dos años después, no siempre dieron la talla virtuosa y culminaron siendo convidados de piedra. Veamos algunas postales de las últimas décadas.

Buenos Aires, 1987

A dos años del primer recambio en la esfera ejecutiva nacional, el alfonsinismo gobernante tenía por delante la elección más difícil de su mandato: gobernadores, senadores y diputados. Se debe recordar que previo a la reforma constitucional de 1994, el mandato presidencial tenía una duración de seis años, lo cual implicaba dos renovaciones parlamentarias y una de ejecutivos provinciales. En ese marco, y a pesar de haber triunfado en la elección legislativa de 1985, el radicalismo debía superar la prueba más difícil desde que era gobierno en un contexto socioeconómico que empezaba a mostrar incipientes dificultades. El 6 de septiembre de 1987 el peronismo volvió al triunfo luego de varios sinsabores y la elección en la provincia de Buenos Aires catapultó  a Antonio Cafiero a la cima política de aquél momento histórico. El peronista renovador, que ya había salido victorioso en la legislativa desafiando a la estructura del PJ, se convertía, para los medios, la sociedad y la opinión pública, en el principal hombre a ocupar el sillón presidencial en 1989. Lejos se encontraba Carlos Saúl Menem, por ese entonces gobernador de la Rioja y más conocido por las imitaciones del cómico Sapag, de convertirse en una alternativa concreta y viable para el movimiento peronista.

 

Buenos Aires, 1997

El menemismo cumplía ocho años desde su ascenso al gobierno y enfrentaba la elección más complicada desde 1989. El recambio legislativo de 1997 le auguraba a la oposición política, encarnada desde ese mismo año por la Alianza, grandes posibilidades de triunfo. La recesión económica, el desgaste gubernamental, las internas dentro del PJ, una sensación de final de ciclo, subyacía en el entorno político- institucional. El acierto de los dos grandes partidos de la oposición (UCR y Frepaso) de asociarse en una coalición superadora le otorgó competitividad electoral al sumar el voto antimenemista en una única opción. El 26 de octubre la flamante alianza partidaria triunfó en los principales distritos del país y en la provincia de Buenos Aires, Graciela Fernández Meijide derrotó a la esposa del “padre de la derrota”, hiriendo de muerte la sucesión duhaldista en el interior del peronismo. La senadora frepasista, estrella principal de la jornada, continuaba concatenando triunfos electorales allende la capital, su distrito original, y se convertía en la principal candidata a ser la opción opositora ganadora en la siguiente elección presidencial.  Atrás quedaba Fernando De la Rúa, jefe de gobierno porteño en esos momentos y ausente en dicha compulsa electoral, en el imaginario político y social de candidatos ganadores y posibles vencedores dos años después.

 

Buenos Aires, 2009

Luego de seis años de gobierno, el kirchnerismo enfrentaba la segunda elección legislativa en uno de los momentos (por no decir “el” momento) más difíciles desde el 25 de mayo de 2003. Luego de vencer en las elecciones presidenciales de dos años atrás, CFK enfrentaba su segundo año de gobierno en un contexto económico espinoso y con fuerzas opositoras movilizadas y en auge. El adelantamiento del calendario electoral (luego de que los gobernadores opositores adelantaran las elecciones distritales con antelación a la general prevista para octubre) advertía sobre las debilidades oficialistas y la confianza opositora en el triunfo. El 28 de junio de 2009 las distintas oposiciones vencieron en forma contundente a los candidatos kirchneristas, ubicando a sus principales exponentes en el lote de aspirantes al sillón de Rivadavia (¿o de Perón?). La lista encabezada por Carlos Reutemann y seguida a un pelito por Cobos y Macri (Y De Narvaez jugando a modificar la Constitución) mostraba que la oferta electoral opositora era amplia en su abanico y segura en la transición que se aventuraba  en el corto plazo. Nadie siquiera sugería una posible recuperación política del kirchnerismo, ni mucho menos que CFK reelegiría 24 meses más tarde.

 

La evidencia electoral es clara al respecto: los ganadores de la elección legislativa (y candidatos de cajón a repetir dos años después) no logran llegar a Balcarce 50. Las razones (que no es el objetivo de este post) resultan ser, como en la mayoría de las explicaciones de los fenómenos políticos, variadas y multicausales. En los tres casos descriptos, los candidatos “seguros” a) dos fueron al Congreso y uno a la gobernación, b) dos perdieron en internas y otro no se presentó, y c) su experiencia ejecutiva y legislativa era variada. Por lo que las explicaciones en torno al carácter institucional resultan ser insuficientes para comprender el frustrado intento. Eso sí: el camino que compartieron los tres fallidos candidatos fue la evaporación  de su capital político y, con ello, sus posibilidades de insistir en los años sucesivos.

 La elección legislativa de octubre parece estar definida en la mayoría de los distritos. Las PASO adelantaron las chances concretas de cada una de las fuerzas políticas. De repetirse, los ganadores (o el ganador) quedará muy claro. ¿Le alcanzará entonces con ello para convertirse en la figura de recambio de acá a 2015? Considerando la historia ¿le convendrá? ¿Los derrotados de octubre, serán los candidatos de fierro del 2015? ¿Los que hoy son descartados, tendrán alguna chance en dos años? Amigos y amigas, hagan sus apuestas. Los dados comenzaron a volar por los aires y la capacidad (la virtud dixit genio florentino) y fortuna de ellos dictaminarán los años por venir.

El festejo del 27O

Foto pasoHace un tiempo atrás y desde este mismo espacio nos preguntamos acá y acá: ¿qué pasa si en las elecciones legislativas de 2013 ganan todos? ¿Qué pasa si en los distritos más poblados ganan muchas oposiciones, pero a nivel nacional lo hace (y tal vez holgadamente) el gobierno? El argumento se sostenía en la imagen de este escenario a nivel nacional (van agregados propios a la hipótesis de ArtePolítica): en la ciudad de Buenos Aires gana el PRO en senadores y en diputados con el FPV llevándose la minoría de la cámara alta y Unen segundo en diputados; en Córdoba hace lo propio De la Sota con su delfín dejando atrás a Juez y Aguad; en Santa Fe se mantiene la hegemonía socialista a gran distancia de Obeid y el Midachi; en Mendoza resucita Cobos ganándole al justicialismo gobernante; en Buenos Aires gana por poquito Massa sobre Insaurralde y en el resto del país el peronismo hace el trabajo de siempre triunfando en la mayoría de los distritos. El mapa a nivel nacional marcaría un troquel multicolor en el que el FPV triunfa con el 37% de los votos ante un lejano segundo puesto del (podemos denominar) acuerdo entre el radicalismo y el socialismo, que esta vez no llevan la camiseta del ACyS pero las alianzas constituidas en la mayoría de los distritos un poco se les parece, un tercer lugar para el Peronismo Federal en sus múltiples variantes y un cuarto puesto solitario para el PRO.

La imagen, entonces, que emergía en ese escenario sería la de un domingo de finales de octubre de varios brazos levantados. Juguemos un poco con lo que podría venir. Escenifiquemos un 27 de octubre caluroso de votación y una noche más fresquita en el que los candidatos salen de sus bunkers con el fin de analizar la elección y las proyecciones irreversibles de la contienda. Veamos:

La pregunta sobre quién ganó tendrá, casi con seguridad, distintas respuestas. Cada una de ella tomará una parte de la historia y levantará las manos del o los ganadores que más se adecúe a sus intereses y preferencias. Aquí se esbozó un escenario poco favorable con el oficialismo, que inclusive en su peor variante deja bien parado al gobierno. Sin embargo, las preguntas que me parecen oportunas realizar acá son las siguientes: ¿Quién quedará mejor perfilado para el 2015? ¿Quién estará en mejores condiciones de encarnar el voto medio entre el kirchnerismo y el antikirchnerismo? ¿Quién quedará mejor perfilado para hacer la gran Capriles? ¿Quién estará en mejor condiciones de juntar la oposición? ¿Podrá ser Scioli quien encarne el postkirchnerisnmo? ¿Los resultados darán más fuerza al delfín de CFK? Las respuestas se empezarán a bosquejar la noche del 11 de agosto y se tendrá un panorama más claro la noche en que se recordará el tercer año sin la presencia física de Néstor Kirchner