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Estos últimos días estuve pensando mucho y leyendo escritos ajenos sobre la situación económica actual y las alternativas para resolver el problema de la inflación. Así fue que comentando uno de los tantos posts criticos de la política oficial de Elemaco me surgió la idea de que la experiencia actual mostraría la imposibilidad práctica de llevar a cabo una política redistributiva en nuestro país.
La idea sería la siguiente, el gobierno cebó la demanda a partir de una serie de medidas redistributivas, aumento de salarios y jubilaciones, subsidios, etc, financiada con ingresos genuinos, les gusten o no a muchos los impuestos que utilizó. Dicha presión de demanda, tuvo su correlato en el mercado de trabajo, logrando bajar la tasa de desempleo y además subiendo la media salarial.
Pero aún cuando que se financie genuinamente, esta politica enfrenta límites por el lado de la oferta. Quienes conforman la oferta, empresarios y productores, suelen ver con mala gana esta politica redistributiva, por razones ideologicas y porque proveen una parte de su financiamiento, a costa de su rentabilidad. A esto se le agrega el combo default, devaluación, pesificación asimetrica, renegociación de la deuda con quita. Esta suma de factores generan para quienes deben tomar decisiones de inversión un “mal clima de negocios” y un aplacamiento de los “animal spirits”, resultando que el nivel de inversión no es suficiente para expandir la oferta de acuerdo al ritmo de la demanda. Recordemos que aún cuando actualmente se registran records en la ratio Inversión/PBI, (23-24%) estos niveles apenas superan los del 98, cuando el crecimiento era menor y el desempleo era mayor. De esta forma al no expandirse la oferta, el exceso de demanda genera suba de precios y como todos sabemos la inflación castiga mucho más duro a los más débiles.
Este razonamiento me llevaba a pensar en la inexorable derrota de toda política redistributiva y que solamente vía “aumentos de productividad” podría esperarse una mejora en la situación de los más necesitados.
Pero mientras pensaba como iba a escribir este post, recordé mis preguntas sobre el triángulo de gobierno y la política kirchnerista. Y entonces, mi visión sobre las cosas cambió. Este gobierno falla en sostener un triangulo equilátero porque no logra tener los cuadros adecuados para implementar las medidas complejas y sofisticadas que se necesitan. En el Manual de Conducción Política, leemos que un conductor debe saber seleccionar sus hombres, quienes serán sus ayudantes en la tarea de la conducción. Y entonces, como ya insinuabamos en el post del triángulo, parece ser que la incapacidad del gobierno de rodearse de cuadros técnicos y políticos que formen la masa crítica necesaria para enfrentar los problemas que el proyecto de gobierno plantea, sigue siendo el punto más flaco.
Muchos se ha hablado ya de los cuadros y más aún de la necesidad de un Estado Fuerte, la experiencia actual muestra un desacople de velocidades, mientras la realidad socioeconómica nos sigue exigiendo soluciones rápidas, nulos avances se registran en el fortalecimiento de las capacidades estatales.
Es evidente que para avanzar se necesitan tomar medidas más intensivas en cuadros técnicos, también la evidencia nos muestra que el gobierno ha elegido cerrarse cada vez más en un nucleo más reducido, por lo tanto a menos que haya un cambio radical preparándose para el 25 del Mayo y el Bicentenario, no parecería haber margen para tener expectativas alentadoras sobre el futuro cercano.
Muchos economistas ya están alertando que finalmente la inflación esta enfriando la demanda agregada. Sólo como muestra, ayer lo veía en televisión a Lovuolo decir que el gobierno parece ignorar que el mercado tiene reguladores automáticos que restablecen los equilibrios y que uno de ellos es la inflación. Siguiendo esta linea de pensamiento, lo que viene sería una situación donde el gobierno no toma medidas correctivas sino que deja que la inflación haga su trabajo resultando en una convergencia hacia una tasa de crecimiento económico menor y hacia una peor distribución del ingreso .
Será que finalmente perdimos otra oportunidad y que aquella tapa de Barcelona “la distribución ya se hizo….” era profética además de descriptiva?
Este será un post breve. Miren los datos del cuadro (cliqueando en “Seguir leyendo esta entrada”), muestra el gasto público consolidado, es decir de los tres niveles de gobierno, nación, provincias y municipios, a precios constantes. El hecho que quiero mostrar, aunque ya es conocido, es que luego de la crisis del 2001, el gasto cae más del 37% en 2002 para luego crecer 55% entre 2002 y 2006. Pero este crecimiento espectacular lleva el nivel del gasto total del sector público a un nivel inferior en un 3% al de 1999. Es decir, que aún luego de ese super crecimiento los niveles de gasto público no superan aquellos de los años de recesión. Más aún los gastos sociales en 2006 son un 2% menores a los de 1999, manteniendo la misma participación relativa, el 64% del gasto total.
Lamentablemente, la serie oficial aún no incorpora los datos del 2007, pero sabemos que el gasto subió cerca del 50% en valores corrientes y que la inflación estuvo entre el 17% y 20%. Lo que indicaría que recién en 2007 el nivel de gasto medido a precios del 2001, superó los niveles de 1999. Creo que no hay que olvidar estos datos para poner evaluar la política fiscal del gobierno. Es evidente, que a pesar del espectacular aumento de la recaudación, 10 puntos del PBI, el camino recién empieza.
Desde mi debut en la blogosfera vengo sosteniendo la necesidad de un mayor gasto público. Esta posición me ha llevado a entreverarme en unos cuantos debates con mis cobloggers de Finanzas Públicas y muchos de nuestros lectores. Algunos de ellos han llegado a dudar de mi formación como economista por defender la política fiscal de este gobierno.
Y esta posición es entendible, nuestra formación como economistas fortalece la prudencia, “ahorrar en épocas de vacas de gordas”, parece ser una de las máximas más repetidas por mis colegas.
Sin embargo la realidad se impone. Luego de más de cinco años de crecimiento a tasas chinas, superávit gemelos, reducción del desempleo, etc., etc., aún queda un Núcleo Duro de compatriotas que la siguen pasando mal. Para ellos “las vacas gordas” nunca llegaron.
Los más bienintencionados suelen responder que es necesario mejorar la calidad del gasto público, que un gasto más eficiente sería la forma para cumplir con aquella máxima bíblica y al mismo tiempo no dejar a los más débiles sin ayuda estatal. Cuando uno mira las cifras esto parece difícil de lograr, aún con el espectacular crecimiento del gasto público de los últimos cinco años el ratio gasto público / PBI, utilizado en la profesión para medir el tamaño del Estado está por debajo del promedio de los países desarrollados.
Desde la profesión se suele decir que la causalidad entre gasto y nivel de desarrollo respeta la vieja ley de Wagner, es el desarrollo de un país el que genera un mayor nivel de gasto público y no al revés. Sin embargo, desde hace más de 15 años el mainstream ha reconocido el rol que juega el Estado en la acumulación de capital humano y el papel clave de este último en el crecimiento y desarrollo de los países. Desde esta perspectiva, las teorías del crecimiento endógeno o las modernas teorías del desarrollo, se recupera añejas ideas que sostenían los clásicos autores de la teoría del desarrollo como Hirschman, Lewis, Rosenstein-Rodan,entre otros.
Hace poco nuestro joven ministro fue acusado por Broda y Espert de sufrir de amnesia y haber olvidado todos los conocimientos que adquirió durante su formación como economista. En un reportaje dado al programa “A Dos Voces”, Lousteau respondió con una mención a la dura situación social que viven los habitantes del conurbano bonaerense a quienes explican que las retenciones perjudican a los productores agropecuarios y dañan el clima de negocios del país. En esta respuesta, el ministro no respondió como un economista profesional. La teoría económica no ha desarrollado argumentos potentes que permitan articular una respuesta contundente.
En la mañana de ese miércoles, me encontraba releyendo Conducción Política justo la parte donde el General antepone su idea de la Teoría Económica Justicialista contra la Teoría Económica tradicional. Según su visión, ésta pone a la economía al servicio del capital mientras que en la todavía no desarrollada Teoría Económica Justicialista, el capital estaría al servicio de la economía y del bienestar de la sociedad.
En las finanzas públicas y en la teoría del bienestar, el criterio que regula las decisiones de los hacedores de política económica es precisamente la mejora en el bienestar de la sociedad. Claro que la medición de dicho parámetro es una controversia no resuelta aún por la teoría y en la práctica es el criterio de los gobernantes y de quienes conducen la política económica, el que se impone y marca los caminos a seguir.
Cinco años de crecimiento no han podido quebrar la resistencia del Núcleo Duro, esta evidencia marca la necesidad de redoblar los esfuerzos. Hace un tiempo un amigo nos sugería aplicar una política del tipo anti catastrofe.
En algunas industrias la restricción actual es la falta de mano de obra calificada, dicho recurso sólo se genera con una inversión sostenida en el tiempo. Hoy todos aceptan que el conocimiento es la clave del crecimiento. El capital humano se incrementa gastando recursos en salud, educación y asistencia social.
Por eso, mientras otros se preocupan por los niveles de inflación, yo espero que el gobierno desoiga el canto de las sirenas y siga incrementado los niveles de inversión y gasto público.