Pablo D

Brasil: el diablo está en los detalles

En diálogo con el periodista Sergio Ranieri y con Ricardo, editor del magnífico Los Huevos y Las Ideas, coincidimos en cuanto al especial interés del Frente Renovador en un triunfo de Marina Silva en las venideras presidenciales brasileñas.

Las implicancias de Brasil en Argentina, y viceversa, no requieren de mayor abundamiento. Que, por otro lado, el lector las encontrará mejor explicadas en otros lados que éste. Por caso, en la pluma de José Natanson, probablemente quien mejor ha estudiado las novedades posneoliberales de la política regional. Hemos leído buenos textos que explican la sólida estabilidad de las líneas macro del modelo económico de Brasil. Que acotan los términos de la discusión programática. Ahora bien: una cosa es destacar la condición de mayor suavidad de los cambios que admite la estructura productiva del país vecino, y otra, muy distinta, negar directamente cualquier contradicción. La ilusión del consenso definitivo, inmutable, eterno.
(Proyecciones –pretendidamente anticipatorias– transfronterizas: de mínima, voluntaristas.)

De hecho, ello está confirmado en la “reacción adversa de los mercados” ante el repunte de Dilma Rousseff en las encuestas. Litigios abiertos no faltan allí, evidentemente. Parece mentira tener que repetir todo esto, todavía a esta altura de la soireé.

Es cierto: siempre es necesario matizar, complejizar, relativizar. La linealidad es mala consejera. Concedamos que Marina Silva no es un troyano del establishment (que, insistimos, existe; y que, en gran medida, adversa al gobierno petista). Lo cierto es que lo definitorio, como repetimos siempre en este espacio, no pasa por el examen de las individualidades del elenco dirigencial en pugna. Conviene, en cambio, enfatizar en el examen de las apoyaturas sociales que expresan. A fin de cuentas, la política es representación, en el campo institucional, de intereses (sociales, económicos, culturales, etc.).

Marina emerge, explican bien casi todos los que han analizado el tema, en función de las nuevas demandas de los desempobrecidos en tres mandatos de PT, que las tropas de Lula no logran abarcar. O, cuidado, que han decidido subalternar, en opción por los que aún continúan muy relegados en la pirámide social. Una cosa queda clara: con eso sólo a Silva no le alcanzaría para ganar las elecciones. Ni hablemos ya de gobernar, si es que acaso pretende no hacer mera administración de lo dado, habida cuenta de su autodenominada circunstancia de agente de cambio. La potencia de la antítesis la excede. Y la arrastra. No es para cualquiera eso de cambiar las relaciones de fuerza de una época.

Cualquier parecido con la realidad nacional no es mera coincidencia.

* * *

Acerca de las necesidades argentinas respecto del resultado eleccionario del próximo domingo, con su seguro sucesivo segundo turno (dejamos esto para el final, a los fines de evitar el ombliguismo nacionalista), y aún con lo dicho arriba sobre el relativamente poco controversial modelo de negocios brasilero, quizá el pasado más cercano pueda proveernos de pistas para un mejor entendimiento del interrogante. Está fresco el recuerdo de los trastornos que provocó a nuestro país la devaluación de Fernando Enrique Cardoso en 1999. Tiempos en que la región funcionaba lejos de la sinfonía común actual, con todas los pero que a esta afirmación puedan aceptarse, porque es innegable que la institucionalidad mercosuriana/unasuriana (más CELAC) aún descansa en demasía sobre los personalismos. Con toda la precariedad que tales diseños legales suponen.

No obstante esto último, y aún cuando Argentina debe, en cualquier hipótesis, reimpulsar sus esfuerzos exportadores en la bilateral, y además reconfigurar su despegue desde allí hacia la diversificación de su comercio internacional (especialmente en la coyuntura post Griesa, que anuncia un giro en nuestra estrategia global), la recuperación de fuerza política en Brasil de quienes pregonan la necesidad de “mayor dureza” para con su vecino top, sólo puede significar la mala nueva de más piedras en el camino de una de por sí dificultosa situación en la que cada centavo de la balanza se está tramitando con demasiada viscosidad. Así y todo, a la geoestrategia PT no le da igual cómo le va a Argentina. Eso basta para descartar indiferencia.

A fin de cuentas, terminarán teniendo razón los liberales: las formas importan.

El significado político de la irreversibilidad

La semana pasada comenzó con las repercusiones del triunfo de la alianza PRO/UCR en la ciudad cordobesa de Marcos Juárez. Mal analizado, para variar.

 

Como dijéramos aquí luego de la contundente victoria de Gerardo Zamora en Santiago del Estero, la proyección representativa de una elección local a escala nacional resulta muy compleja, y no se puede reducir al mero intento de reproducir tendencias, suponiendo que las expresara. Todo lo cual se acentúa en el caso en comentario. Lo escribió Carlos Pagni en La Nación la mañana siguiente al comicio: eligió no caer en el ridículo de anunciar un vendaval republicano a partir de un territorio que, recordó, es más chico aún que el graciosamente mítico Perico alguna vez agitado por Carlos Menem luego de las legislativas de 1997.

Episodios tales, antes que la radiografía de una correlación de fuerzas determinada, pueden ser el punto de partida desde el cual experimentar hipótesis de construcción partidaria. El componente local, siempre el de mayor relevancia, lo explicó Manolo Barge: el partido de gobierno en Marcos Juárez, vecinalista, se quebró, lo que favoreció a la confluencia que promueve la candidatura presidencial de Maurizio Macri. Y algo más: ya en 2010 se pretendió augurar complicaciones para el Frente para la Victoria por su derrota en la misma localidad. Con el epílogo por todos conocido. En resumidas cuentas, concluyó Manolo, nada cambió sustancialmente todavía en cuanto a los pilares de la política macro actual a raíz de lo sucedido en MJ.

 

Este paso de comedia por sí sólo alcanzaría para ilustrar acerca de la precariedad de la política opositora.

 

Pero el capricho de la Historia en situar algunos sucesos en llamativa simultaneidad agrava todo. Porque resultaron, los siete días inmediatamente previos, los mismos en que se encadenaron la sanción de la Ley de Pago Soberano, la promulgación de la nueva moratoria previsional –con que serán cubiertos el 100% de personas en edad de jubilarse–, la aprobación por mayoría abrumadora en la Asamblea General de ONU de un proyecto del G77+China para establecer un procedimiento internacional de reestructuración de deudas soberanas contra la oposición de EEUU, Gran Bretaña, Alemania y Japón y la confirmación oficial china de que el Griefault no afectará ni las inversiones comprometidas ni el swap de monedas por U$S11.000 millones.

 

Y otros dos más impactantes: una vez más, el Papa invitó a una reunión a solas a la presidenta CFK, justo cuando ella va camino a refrendar lo actuado por la ONU sobre el conflicto buitre; y la presentación pública de Máximo Kirchner en el marco de un acto imponente que convocó La Cámpora en el estadio de Argentinos Juniors.

 

Durante una entrevista con Eduardo Anguita en 2012, Alejandro Horowicz dijo algo que puede servir como guía explicativa a los efectos de este texto: “Desde que se constituyen los bloques regionales en el mercado mundial (Unión Europea, NAFTA, etc.), la posibilidad de hacer política, de verdad, con estas condiciones, supone la UNASUR. Sin una estrategia sudamericana vos no tenes nada. Y la Argentina es escandalosamente provincial. (…) Todos creen que es más importante la interna radical de Trenque Lauquen que lo que sucede en el PT o en el sindicato de los metalmecánicos en San Pablo, que es mucho más importante como política sudamericana.” Más ilustrativo respecto de las diferencias estratégicas sustanciales que marca el kirchnerismo respecto de sus adversarios (lo que intentamos explicar ahora), difícil de encontrar. (A partir del minuto 48:00)

 

Así, pues, lo que se observa a la fecha es que el kirchnerismo opera sobre la escena a través de un tablero que incorpora mucha mayor cantidad de botones. Una cancha de dimensiones superiores. De eso modo llamamos acá, por caso, a articular la postura de Francisco en relación al rol de los mercados financieros en la marcha socioeconómica global, expuesta en su encíclica Evangelii Gaudium; con la dinámica internacional que pone en crisis la hegemonía norteamericana en el concierto de naciones por el crecimiento de China, Rusia y el resto de los BRICS, más el intento de domesticación del esquema de negocios que de todo ello se tradujo en Argentina (discusión por las nuevas leyes de abastecimiento y de creación de tribunales del consumidor), en función de una encrucijada que, más vale, repercutirá en la competencia interna. Y no hace falta aclarar que más allá de ello (diríase, burdamente, en el día a día del tipo de a pie) también.

 

La esterilidad opositora para intervenir en el debate parlamentario por la ley de pago soberano alarmó, con el proyecto alternativo de Sergio Massa al respecto, que hacía agua peligrosamente (por la posibilidad de dispare de la cláusula RUFO) por donde se lo mirara, como cúspide: garantizaba por ley hoy pago a 100% a los holdouts, mejorando la calidad de esos bonos.

 

Lo expresó mejor Mariano Grimoldi: “El oficialismo es la única formación política con capacidad para entender el alcance histórico real del conflicto con los buitres por la deuda externa. Los demás, piensan el mundo con los libros de hace 30 años, son incapaces de imaginarse algo distinto. El gobierno nacional, en cambio, decidió que Argentina sea vanguardia en los cambios de correlación de fuerzas y relaciones de poder entre las naciones que se darán en el mundo de acá a los próximos 50 años, y decidió asumir un rol activo en ese proceso. No está garantizado el éxito, puede salir mal. Pero haciéndole caso a Griesa estaría garantizado el fracaso y la humillación. Así, no.”

Todo el cuadro habla de maniobras un poco superiores a una discusión casi de punteros. Que no está mal, ojo. Todo lo contrario. Salvo, claro, cuando se trata de todo el programa con que se cuenta, máxime frente a encrucijadas trascendentales.

 

* * *

 

¿Cómo entender la irrupción de Máximo Kirchner en este contexto?

 

Antes hacíamos mención del muevo mojón en los avances socioeconómicos de esta década, con el segundo programa de inclusión jubilatoria. Y la jefa de Estado suele recordar, y lo bien que hace, cada vez que se refiere a estos asuntos, que no se trata de magia, sino del producto de lo que se construye para sustento material de los derechos reconocidos (antes de las conquistas, hay que cobrar impuestos). Pero hay algo, más importante, que incide: las bases para el sostenimiento de todo eso en lo concreto. Los sujetos que encarnan, se diría. En el último número de El Dipló, Gabriel Kessler expone sobre la agenda social de la última década. Menciona avances, retrocesos y matices en distintas áreas (trabajo, distribución del ingreso, educación, vivienda, inseguridad, salud entre otras) y marca asimetrías, en una tendencia general de avances.

 

Pero cierra con algo más interesante: todo, opina, se hace posible porque “la igualdad está instalada como una demanda creciente de gran parte de la sociedad, omnipresente en el lenguaje de las reivindicaciones y en la lente con la que se miran, evalúan y critican distintas situaciones y políticas.” Ése es el quid de la cuestión.

 

Está claro que ningún otro espacio excepto el kirchnerismo puede hoy producir hechos como el de Argentinos Juniors.
En adelante, se trata de preguntarse el para qué de todo eso. El lema de la convocatoria, #IrreVersible, habla a las claras. Más allá de ser –como pidiera Néstor Kirchner y se titula la biografía de la organización– la fuerza propia del gobierno nacional, 40 mil personas se congregaron para gritar que no se dejarán correr fácilmente de la construcción del próximo escenario, a partir del cual surgirá un programa de gobierno, que no sólo un nuevo presidente. Jorge Asís (que, como Pagni, no por opositor eligió además idiotizarse, y analiza con honestidad intelectual y realismo) salió por Twitter a anunciar que se daba por notificado de la relevancia del suceso. Una plataforma más amplia convoca en mayor número.
Porque, a la vez, requiere de apoyarse en ella. Así, la dinámica se retroalimenta.

 

El aviso está dado: quien quiera que sea depositario de la sucesión, deberá conjugar todo lo reseñado hasta este renglón.Nunca menos, pero leído como construcción político/partidaria en acción. En eso estamos.

Apuntes santiagueños bis

Hubo quienes nos señalaron acerca del post de ayer comentando las elecciones municipales en Santiago del Estero, que nuestra tesis sobre su escaso impacto nacional estaba escasamente fundada. Ampliemos, pues.

La provincia de Santiago del Estero representa una proporción muy menor del padrón total del país (2 y pico por ciento). La ciudad de La Banda, menos aún que eso, obvio. Por tanto, arriesgar proyecciones a partir de tales números es poco serio.

En el marco de la crisis de partidos inaugurada en 2001, que derivó en el actual mosaico hiperfragmentado de opciones más bien distritales, y que aún no se ha solucionado, la construcción electoral local, a contrario sensu de lo que chilla la zoncería, está menos intervenida por la dinámica central que nunca antes. Proceder desatendiendo las realidades territoriales es altamente desaconsejable. Se impone reconocer la correlación de fuerzas en cada ámbito, respetando la imposibilidad de trascender en prescindencia del otro, si existiera. Dicho sencillo: acordar. Tanto si se quiere expresión de lo general en lo particular, como viceversa.

En concreto, lo que a Néstor Kirchner, antes; y a la presidenta CFK, ahora, les ha interesado (en términos políticos) de Santiago del Estero son los legisladores nacionales que aporta. Las conducciones santiagueñas, de su lado, negocian así desde mejor posición recursos con la administración federal, mayormente abstraída (que no desinteresada) de la competencia comarcal (por el equilibrio que esa bifrontalidad sugería). Especialmente importantes resultan los tres senadores. Esto último explica la alianza, que duró hasta octubre pasado, con el intendente de La Banda, Héctor Ruiz, quien comandaba la banca por la minoría en la cámara alta. Eso ahora lo garantiza Gerardo Zamora, rival de Chabay en la interna provincial, por sí sólo.

Ergo, se abrió un hueco para que el bandeño emigre hacia el Frente Renovador, como atajo para eludir el encierro definitivo en el patio propio como porvenir máximo. El escenario previo había devenido insostenible.

El zamorismo, por su parte, ha cobrado bien de lo que las nuevas condiciones de la alianza con el kirchnerismo le pueden proveer a la jefa del Estado: la presidencia provisional del Senado para su líder partidario. El sencillo concepto de otorgar expresión institucional a la electorabilidad territorial que la UCR se obstina en no incorporar, favoreciendo la huida recurrente de sus dirigentes taquilleros del interior, de los que Zamora, sobreviviente del radicalismo K, es apenas un caso. En buena hora si Sergio Massa ha decidido no desatender estas cuestiones frente a tanta teorización ridícula, incluso proveniente de sus propias filas, acerca de la aún mayor pavada de las supuestas bondades de un gobierno carente de mayorías parlamentarias. El dilema por cuya evitación rompen sus cabezas los doctrinarios de mayor renombre en las Ciencias Políticas (ver).

Todo hace del acting massista de cruzada libertaria (tipo Unión Democrática del ’45) de estas horas una broma payasesca. Manolo Barge ha escrito bastante en los últimos meses sobre el riesgo de la sobreoferta en la pelea por el voto ABC1.

Las coyunturas regionales funcionan según sus propias especificidades, resulta imposible replicar en cada una de ellas las disputas de la (así denominada) agenda grande tanto como enmarcarlas a través de las mismas. En el último de los casos, la tónica general que se puede extraer de un análisis global es la de oficialismos que, como regla, revalidan. Es lo que sucedió en las 26 elecciones santiagueñas del último domingo y lo que se observa con fuerza desde 2011.

A lo mejor por eso es que todo este tipo de razonamientos son eludidos en el debate porteño mal llamado nacional.

Apuntes santiagueños

De un tiempo a esta parte, las distintas elecciones provinciales y municipales que se suceden deben leerse más desde especificidades locales que de tendencias generales. Nunca falta ni de una ni de otra; varían las proporciones según el caso, apenas.

El último domingo comicial en Santiago del Estero no fue la excepción.

El kirchnerismo se ha expresado, desde que la provincia norteña se normalizó institucionalmente en 2005, en más de una versión, a veces hasta en tres. Eso le ha permitido al contar siempre con los tres senadores nacionales que aporta Santiago a la cámara alta. El ex gobernador y actual presidente provisional del Senado, Gerardo Zamora, y su máximo rival en la interna provincial, el intendente de La Banda, Héctor Ruiz, han compartido, pese a ello, el Frente para la Victoria hasta las elecciones legislativas del año pasado. Ambos tienen alambrados sus territorios pero, a la vez, han sabido proyectarse, y respetable y competitivamente, a nivel federal.

Siempre, eso sí, con ventaja en las urnas para la tropa de Zamora. Que en octubre de 2013, a través de una división artificial de su Frente Cívico, arrebató, en 1/2, la senaduría minoritaria a Chabay, quien competía bajo la sigla FpV y quedó relegado al cuarto lugar (tercero fue UNEN). En la elección a gobernador, un mes después, fue igual: y Zamora impuso a su esposa.

Eso es todo cuanto puede extraerse como dato relevante para lo que será la discusión sucesoria presidencial de 2015. Y lo único que importa para entender el salto de Ruiz al Frente Renovador. La mejor –por no decir única– jugada que pudo intentar el jefe político bandeño para evitar su encierro definitivo en el municipio. Que apunta en dirección a la candidatura a jefe del Estado santiagueño por la administración central en 2017 –eso supone que será Massa entonces–. Por su parte, el ex intendente de Tigre compró un caballo de comisario que por estas horas le permite un discurso triunfalista inverosímil, bañado de frepaseo republicanista/libertario (de sabor antiperonista), sobredimensionado en el microclima porteño. Humo, y barato.

Pero lo cierto es que, a fin de cuentas, lo que triunfó en la única sobre 26 intendencias santiagueñas disputadas que se llevó el FR –contra 24 del zamorismo, que promedió más de 60% de los votos globalmente considerados– fue el oficialismo municipal.

Es natural y entendible esta disputa dialéctica que emprende Massa (el relato, al final del día, es una pasión transversal), al tiempo que explora el despliegue de su partido, por ahora distrital, en el interior. De hecho, le hace, le hará muchísima falta. A dichos respectos, es tan posible decir que quien apuesta al futuro institucional (Ruiz) lo hace sobre la montura del FR, como que el oficialismo provincial, frente a un desafío a su posición de privilegio –si se suscribe lo anterior–, no abandona el dispositivo que sintetiza la presidenta CFK, aún en la incierta perspectiva de 2015. No es por ahí, pues, que deben encararse los análisis; si se estiran tales razonamientos se caerá en inconsistencias a uno y otro lados del mostrador.

El año pasado dijimos, a propósito de la elección a gobernador correntino, triunfo de la UCR en la única provincia que conserva, y siendo que se estaba diciendo que a partir de ello se podía aventurar un reverdecer radical, que no se trataba “de negar que el radicalismo tenga posibilidades de vencer dentro de dos años. Pero en modo alguno se puede colegir semejante cosa apenas a través del resultado de Corrientes. Mínimo, voluntarismo.”

Cámbiese UCR por Massa y Corrientes por Santiago del Estero, cópiese y péguese.

El raquitismo político del frente gremial opositor

Pasó otra huelga del moyanobarrionuevismo. Un fracaso contundente –medido en relación a las pretensiones que lo impulsaron–, del que abundan sobradas certezas.

 

Hemos escrito muchísimo aquí de la deriva del ex secretario general de la CGT, Hugo Moyano, desde que decidió desbarrancar demencialmente tras la reelección de la presidenta CFK en 2011. Tanto, que ya resulta imposible la originalidad.

 

El pasado 11 de abril habíamos sembrado dudas en cuanto al éxito que se había relatado con referencia al paro general del día anterior, que había estado apalancado en la adhesión de los gremios del transporte y de piquetazos varios a cargo del trotskismo. Casi un mes después, media Plaza de Mayo le quedó enorme a una convocatoria del mismo combo dirigencial para protestar contra la inseguridad, confirmando las sospechas: la protesta previa había funcionado, pero sin expresar representativamente; debido a la hábil construcción táctica con que la había sustentado Azopardo, no importaba cuántos se habían abstenido de prestar tareas sino dónde lo hicieron.

No casualmente, estas jornadas de lucha, a diferencia de lo que usualmente se estila, se vienen celebrando sin que un acto las epilogue. Saúl Ubaldini enseñó una regla: “sin corte, con movilización”. No obstante, se hace exactamente lo contrario.

 

Apenas entrada la tarde de ayer, en la web Clarín, órgano oficial de la huelga, se publicó una columna de Ricardo Cárpena, en la que el periodista no pudo salir a incendiar al gobierno nacional ante lo obvio de que la medida tuvo un impacto mucho menor al que esperaban. Griseaba: “Ni parazo, ni parito”, era el título. Se la podía encontrar en la portada de la web, junto con las restantes noticias, en grande, de la protesta que estaba transcurriendo. Media hora después, aproximadamente, ya no estaba esa nota de opinión en primer plano, y la cobertura del asunto había quedado reducida a menos de la mitad del tamaño que mereciera hasta allí. No se habrían perdido la oportunidad de regodearse con Balcarce 50, de haberla tenido.

 

Evidencia del fracaso de la movida que intentaba el sindicalismo opositor que encontraba un límite en la necesidad de evitar el ridículo que, al menos por una vez, entendió Clarín, aunque también debía mixturarse con la imposibilidad política de otorgar siquiera el empate al gobierno nacional. Un coctel periodístico casi imposible de domesticar racionalmente, tanto como le es esquiva a la escasa ductilidad estratégica de Moyano la síntesis de las distintas alianzas que explora desde hace tres años, sin mayor suerte: recordemos, en las elecciones 2013 Camioneros fiscalizó el 5% de votos de Francisco De Narváez, con el propio jefe sindical y varios otros de los suyos como candidatos. ¿Dónde serán mejor considerados que en el kirchnerismo?

 

La derrota, así las cosas, no requiere de acumular todavía mayor cantidad de probanzas; ahora, se trata de comprenderla.

 

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José Natanson explica en su libro La Nueva Izquierda que en América Latina no existen partidos puramente laboristas sencillamente porque con el viejo imaginario del obrerismo fabril, hoy muy disminuido, ya no alcanza para ganar elecciones.

 

Artemio López Manolo Barge se expresaron, con algunos matices, en sintonía con ese diagnóstico.

 

En esos términos, no tiene sentido perderse en la discusión acerca del carácter político o no de las jugadas reivindicativas de un sindicato (más allá que el dato específico de reclamo es cada vez menos nítido en el caso de la dirigencia que estamos comentando): todas lo son, lo interesante es inquirir qué tipo de política fomentan. Habida cuenta de la incapacidad del dispositivo que se expresa en Moyano para, per se, imponer condiciones, requiere de acordar alianzas para viabilizar sus planteos en el campo institucional. Pero obstinado en sobreestimarse, intentó ocupar la silla decisoria que dejó vacante Néstor Kirchner al fallecer de puro guapo. Sus errores en el territorio partidario, empero, derivan en heridas para el programa laboral.

 

De ahí que el jefe camionero descendió desde la pelea por el reparto de renta empresaria y la vicepresidencia de la Nación en 2011, a exigir disminución del impuesto a las ganancias en 2014. El conformismo actual es hijo de desaciertos precedentes: la impericia para concertar acuerdos que le permitan expandirse en la dinámica del poder.

 

Conviene recordar que, al mismo tiempo que Moyano se desperdiciaba en un nuevo sinsabor, el gobierno nacional conseguía la aprobación de un nuevo programa de incorporación previsional. Y discute una modificación del paradigma a través del cual Argentina se vincula con los mercados de deuda soberana, en un giro histórico para el promedio nacional, que resulta viable por la articulación que hizo la presidenta de la Nación de una coyuntura local con tendencias del plano geopolítico que hacen prever una lenta pero inexorable modificación de la actual correlación de fuerzas. Mientras sucede todo eso, algunos que cobran 5 mil pesos debieron resignar su presentismo para que los que ganan más de 15 mil no se vean perjudicados por el descuento de $98 mensuales de impuesto a las ganancias.

Están enredados en un laberinto: entre un oficialismo que les pidió el temple y la paciencia que toda amalgama a veces demanda a alguno de sus componentes y… la nada. Desaconsejablemente módicos, por angurria, en sus intervenciones. ¿Qué rol quiere jugar el sindicalismo opositor en el contexto actual? De momento, retumban sus silencios. Es una corporación que eligió, casi por gusto, encerrarse como tal, sin mayor horizonte que el segmento convencionado al que mejor le ha ido.

 

La tradición argentina es la de una dirigencia gremial que disputaba en grande porque siempre pensó sobre los más diversos aspectos de la agenda pública. La Falda y Huerta Grande lo atestiguan. Está bien que uno no va a andar en estos tiempos, tras toda el agua que corrió bajo el puente (cuestiones muchísimas veces deliberadas), con ese nivel de exigencia.

 

Pero el vacío de acompañamiento es directamente proporcional al doctrinario.

El nieto 115 y los que juegan a ser distintos

Cuando se conoció el hallazgo del nieto de Estela de Carlotto, algunos pares de pocos desorientados buscaron un lugar para diferenciarse de lo que era una alegría popular contundente, llamando la atención respecto de la mayor difusión que había merecido este caso en relación a los 113 previos. Resultó ser que el episodio 115 tuvo lugar muy pocos días después, y justamente aquellos que más dramatizaron en cuanto al famoseo que habría implicado el caso de Estela dijeron nada al respecto.

Ni bueno, ni malo: cero. ¿Quién era, entonces, responsable, si es que debiera haber alguno, de la discriminación negativa reprochada?

Es una constante de los últimos tiempos en Argentina que hay quienes se sienten en la necesidad de, casi en forma programada, salir a colocarse al margen de las tendencias sociales mayoritarias. No se trata de criticar las excentricidades, sino el modo en que se producen. El distinto lo es naturalmente, no porque busque serlo. Y si hace lo segundo, el asunto pierde la gracia. Porque así pierde protagonismo el tema, en cuya problematización uno puede distinguirse, para tomar el centro de la escena la individualidad de quien ansía la distinción.

Vaya si no han quedado en el camino tantos y tantas con sobrada trayectoria en el campo de los DDHH, enojados/as por la conducción que del tema asumieron en parte NK y CFK desde 2003, en base a la inverosímil excusa de la falta de méritos previos del matrimonio presidencial en la materia. No porque no sea cierto eso, sino por lo irrelevante que resulta en los momentos actuales de la correlación de fuerzas, que ha permitido avances allí como no se habían conocido en más tres décadas de recuperada la democracia. Privilegiaron una disputa personal a la continuidad en la causa en su mayor apogeo.

Y ahí vamos, camino a ver algo parecido en cuanto al nuevo arreglo de deuda externa por las dificultades que impone el fallo Griesa, que se procurará articulado con un ensayo novedoso y valiente, histórica y geopolíticamente considerado.

Uno podría intentar aventurarse en la Sociología, que no domina, como hacen muchos otros en diversas áreas que tampoco manejan, para intentar explicarse por qué actúan así. Tiene su hipótesis, pero no sería serio lanzarla, habida cuenta de la falta de sustentos científicos con los que verificarla. Que cada quien haga su propio análisis. Esta vez se prefiere dejar interrogantes abiertos. En última instancia, toda esta enunciación consigue, por sí misma, planteando interrogantes, decir bastante.
O al menos eso se cree. Y/o se quiere.

Y no se puede prohibir a nadie perderse la alegría de lo colectivo y lo trascendente. Allá ellos.

El error político del escrache a Cavallo

“Si mi alma fuese tan despreciable como las suyas, yo aprovecharía esta ocasión para vengarme (…) pero es necesario señalarles la diferencia que hay de un hombre de bien, a un malvado.” (José de San Martín en carta a Bernardo O’Higgins, acerca del fusilamiento de Manuel Dorrego. 1829)

* * *

Se leyó muy poco sobre el escrache a Domingo Cavallo en la UCA en los medios. Se dijo bastante más en las redes sociales: bueno, malo, regular; opinable, como todo.

A quien esto escribe le resulta especialmente convocante pronunciarse al respecto, a los fines de no caer en lo mismo que aquellos que por estas horas critican, con razón, el ataque al ex ministro de Economía de los gobiernos de Carlos Menem y de Fernando De La Rúa, pero se perdieron en matizaciones cuando algo similar le sucedió al actual, Axel Kicillof, a principios de 2013 (y peor, porque estaba en compañía de sus hijos, muy niños). La cita de apertura, como toda referencia historiográfica, puede fundadamente ser acusada de excesiva. La comparación en esos términos siempre implica un asunto complejo, pero uno tiende a creer que de las esencias se pueden extraer conceptos valiosos. Que sirvan como disparador intelectual.

La imagen de Cavallo debería estar asociada en Argentina a la idea y el recuerdo de violencia.
No por él en sí. Ni tampoco por su desempeño en el Banco Central durante el Proceso de Reorganización Nacional. Sino por lo que representa como emblema de una filosofía económica que se proyectó en muchos otros aspectos de la vida nacional. Aquí neoliberalismo equivale a sangre. A los fines de desplegar un programa de gobierno inspirado en tales razones fueron asesinadas 30 mil personas entre 1976 y 1983, siendo que por la vía de las urnas, y gracias a las transformaciones políticas, culturales y socioeconómicas que antes había operado el peronismo, eso era imposible. Por otro lado, hacía falta liquidar la idea misma de resistencia de esta sociedad, para que retornada la democracia se hiciera complicado alterar dicho statu quo.

Si aún a más de tres décadas de recuperada la democracia esto no ha quedado claro fue por la intrusión que de ese debate hicieron ideas distractoras, como la actuación de las organizaciones revolucionarias como Montoneros y ERP. Que sirvieron apenas de pretexto para una maniobra con miras a transformaciones mucho más profundas que un combate armado.
Y acabaron, como no podía ser de otra manera, también en bala, en diciembre del año 2001.

Así, entonces, la agresión a Cavallo les sirve a quienes hicieron de la violencia un método corriente de acción política para posar de víctimas por aquello que nunca temblaron en mandar a hacer (en proporciones muy superiores, además) contra otros.

A los fines de la discusión democrática, y de los roles que cada quien juega allí, una verdadera pena.

Se acabó lo que se daba

El ofrecimiento de una variante de pago local que hace la presidenta CFK a los acreedores de los canjes de deuda exitosos de 05/10 es una jugada a doble banda.

Por un lado, se ha terminado de asumir la imposibilidad de solucionar este asunto sin perjuicios de soberanía económica. Y entendiendo su enorme entidad política más allá de las especificidades técnicas y jurídicas que lo definen –que, como siempre en estos casos, son lo de menos–, se intenta cambiar el eje de posibilidades de la economía argentina, observándola más allá del conflicto buitre. El lento pero aparentemente inexorable fin de la hegemonía unipolar norteamericana como rectoría del sistema de acumulación global, es un proceso que excede y trasciende a Argentina, más vale.

Cristina Fernández lee esos vientos y enfoca la vela del barco en dirección a un atajo que permita neutralizar los efectos negativos que el mamarracho jurídico organizado (en función de castigo) por la justicia neoyorquina le significará al país.
Hacia algún lugar en que se puedan tramitar operaciones financieras de otro modo que este desquicio demencial.

Explica en Yendo a Menos Mariano Grimoldi: “A determinado patrón de acumulación le corresponde un sistema financiero con centro en los lugares donde se acumulan los excedentes, que promueve los flujos que lo fortalecen como tal. Cuando eso comienza a modificarse por el desarrollo histórico de fuerzas productivas, y como en este caso emergen naciones con capacidad de acumular excedentes de producción considerables, se puede pensar en modificaciones similares en el sistema financiero para volverse funcional a esas novedades. La idea de Argentina es aportar a la conformación de ese proceso. Que no es algo que está predefinidio. Hay que construirlo.” (Para más y, sobre todo, mejor, leerlo de él mismo.)

Se trata de una apuesta que es toda incertidumbre. Pero se carece de alternativa superadora.

La maniobra, obvio, supone también repercusiones a nivel doméstico. La convocatoria a la discusión de la iniciativa en el Congreso Nacional, procedimiento jurídicamente redundante en virtud de la delegación que –a través de la ley de administración financiera– a favor del Poder Ejecutivo Nacional rige en materia de deuda externa (cuyo trámite es potestad constitucional originariamente asignada al Poder Legislativo), tiene por virtud exigir a la totalidad de las fuerzas políticas un pronunciamiento –cualquiera ése sea– en la materia. Que venía, como ya se ha comentado acá, faltando. Lo que se hace por demás interesante estando tan en las proximidades y ya instalado definitivamente el debate por la sucesión presidencial.
Faltan tanta cantidad de días, que dicen pedantemente algunos afiches callejeros.

Detalles y aplicación al margen, análisis que quedarán para mejor (y posterior) oportunidad, la presidenta de la Nación consigue de este modo otorgar centralidad en la agenda del debate público al expediente donde se siente mejor parada. Pone, además, a la oposición a lidiar intelectualmente con un tema complejísimo a partir de una movida de impacto histórico. Forzando así los límites de la lógica ABL del intendentismo, que desde 2013 opera fuerte sobre el sentido común para intentar imponer que lo grueso ya está hecho, y que en adelante sólo resta administrar el país. Una cantinela que, dicho sea de paso, de renovadora tiene bastante poco. La jefa del Estado involucra en su faena mucha mayor cantidad de teclas del tablero que cualquiera de sus adversarios. A quienes la responsabilidad los desborda: teclean y atrasan por estas horas. O se entregan, da igual.

Los aspirantes a gerente sufren, antes que de ideología, por falta de inteligencia. Y esto no es para improvisados ni facilistas.

La natural convergencia entre FAUNEN y PRO

Cuando se lanzó el espacio FAUNEN, aquí se dijo que lo único que interesaba de todo ese experimento era si finalmente confluirá, o no, con el ingeniero Maurizio Macri.

Pasados casi 4 meses de aquello, se puede confirmar la tesis: no han discutido otro tema que los amagues de negociaciones en torno de la posibilidad de una alianza con el PRO. No se conoce que trasciendan con peso considerable por ninguna cosa que no sea ésa. La escena novelesca entre Fernandos Solanas y Elisa Carrió es sólo el último y, probablemente, definitivo capítulo de esta historia. En el post a que se hacía referencia en el párrafo de apertura, dijimos también que la, por así decirle, pata progresista de FAUNEN (que carece de electorabilidad) importa poco y nada en cuanto a ese debate.

El vacío que le hizo Lilita a Pino es la escenificación letal de esa intrascendencia. El senador nacional porteño fue notificado de que su capacidad para imponer condiciones en la coalición es cero. Es consumidor y no productor de poder.

Esta vez, corresponde reconocerlo, Carrió se respalda en un razonamiento político impecable para conducirse: Pino se resiste a reconocer el territorio electoral que lo sustenta. Que comparte, de modo dominante, con el macrismo. Cuando quiso disputar el liderazgo de ese sector, en 2011, fue sopapeado. La competitividad del espacio pasará por no dividir ese voto a partir de la solución por la vía de las PASO de la carencia de un liderazgo que, per se, sintetice la pluralidad interna. Lo explicita el legislador porteño Gustavo Vera por estas horas: FAUNEN es una construcción antiperonista. Así es porque no tienen chance de ser otra cosa: expresan la representatividad que les da razón de ser en las urnas. Solanas insiste en un discurso ajeno al contrato que lo depositó en la Cámara Alta. Que, además, es propio de ciudadanía que hace tiempo le resulta refractaria.

De hecho, pocas han sido las diferencias sustanciales entre unos y otros en cuanto al programa inaugurado en 2003.

Es posible aventurar que el republicanismo se mueve en función de curarse de la testimonialidad. Fundamentalmente las estructuras radicales, que quieren frenar el drenaje que los desangra desde 2001: les queda una sola gobernación, no quieren perder también intendencias. No se trata apenas de agruparse, sino de ofrecer una idea de solidez alternativa.

De movida, no hay peor cosa que creerse lo que no se es: uno corre riesgo de quedarse hablando sólo.

Legalízenla

La despenalización del consumo de estupefacientes significará –si es que finalmente se sanciona una ley al respecto– un avance respecto del estado de situación actual, pero no solucionará el fondo de la cuestión delictiva vinculada a la principal.

Para ir rápido al punto central, existe delito asociado a la comercialización de droga debido al estatus de ilegalidad de la actividad; con lo cual, deviene necesario, para viabilizarla, montar una estructura criminal que permita superar las barreras que la legalidad, siempre arbitraria y producto de un desarrollo histórico determinado, dispone. Ello deriva, subsiguientemente, para peor, en un aumento sideral de los costos de producción: porque a una elaboración que, en sí, sería de lo más barata, hay que añadirle el sueldo del sicario que asesina al policía honesto, la coima para el funcionario que se corrompe, etc.

Nada de todo eso sería necesario de poder desarrollarse la industria igual que lo hace cualquier otra.
El circuito de retroalimentación se torna crítico. En tanto no se domestique la demanda, la restricción construye, por lógica, un nicho para la corrupción o cualquier otra desestructuración por el estilo. La prohibición impide incluso experimentar con los narcóticos de modo tal de conservar los efectos que se consideran placenteros eliminando los perjudiciales. Y por supuesto, resulta trágico dar tratamiento de criminal a quien, en el peor de los casos, es un enfermo. Al que, además, se lo expone a tratar con organizaciones mafiosas para conseguir las sustancias; y se lo acerca al crimen por el incremento tarifario antes comentado, que hace inaccesible las dosis para muchos –o acuden a otras de menor calidad, y por ende más dañinas–.

Despenalizar evitará los trastornos jurídicos del consumidor, pero no afectará lo restante, que es la semilla de toda la pudrición.

Los avances en la Historia son, la casi totalidad de las veces, de tipo parcial. Fruto de relaciones de fuerza, de carácter en esencia dinámico. La pantalla se correrá si esto prospera, lo definitivo estará más cerca.

Pero conviene no ilusionarse con los resultados más allá de la perspectiva individual. Peor sería nada.

Tragicomedias preocupantes

Los pocos detalles que hasta ahora se conocen sobre el asunto de la imprenta Donnelley alcanzan para calificar a la situación como de gravedad.

Pero más allá de lo adjetivo, resulta necesario comprender en toda su dimensión la complejidad de las redes de intereses que se tejen al interior de los distintos departamentos del Estado, en cualquiera de sus niveles, en los que hunden raíces. Que se organizan en torno de lo que políticamente puedan o quieran expresar determinados esquemas de negocios. E impulsan decisiones de gobierno, o generan situaciones que las interfieren, en forma irregular o, por lo menos, cuestionable. Desvinculadas, en principio, de los rumbos que decide la ciudadanía en las urnas.

Derivaciones del conflicto con los Fondos Buitre intervienen en el escenario cotidiano, sorprendiendo por su forma, pero no por el hecho en sí mismo, pues había expectativas de movimientos en tal sentido. De hecho, nosotros comentamos esa posibilidad en uno de nuestros últimos textos. Se trataría, pues, de la capacidad de las tropas de Paul Singer de operar sus múltiples membresías empresariales y sus respectivas complicidades para presionar, quiebra fraudulenta mediante, al gobierno nacional en función del diferendo judicial radicado en los tribunales de Nueva York a propósito del mínimo de deuda que aún permanece en estado de litigiosidad del default del año 2001 (culpas según la Historia, y no un fallo estrambótico, las asigna).
Agitando opinión favorable a un acuerdo riesgoso sobre la base de una ficción enviciada.

Los laberintos judiciales dirán lo suyo, pero son de orden distinto a lo que debe resolverse en política.
Aquí se juega no sólo la estrategia soberana del país en materia de endeudamiento externo, sino también la voluntad del Estado para encuadrar comportamientos empresarios en la letra de la ley donde le compete hacerlo. Conviene recordar que, a la misma hora, hay en análisis parlamentario iniciativas que quieren penar conductas de similar espíritu que se desarrollen en el mercado local. La denuncia de la presidenta CFK con fundamento en la ley antiterrorista significa mucho más que un expediente tribunalicio. Se está exponiendo al debate público la fractura que evoca una puja proyectiva profundísima. Así debe interpretarse una acusación por delitos que encubren un desafío de poder. Al que el kirchnerismo hace frente.

Todo esto en debate a, apenas, 18 meses de una sucesión presidencial que, según explican con frecuencia, incluirá también un fin de ciclo o una nueva Argentina, según la fórmula de marketing que se prefiera.

Frente a semejante cuadro, como ya expresáramos, quienes reclaman derechos al respecto persisten en su obstinación por no manifestar una toma de posición, siquiera mínima. Lo cual es especialmente llamativo cuando la trama implica definiciones que alcanzan incluso a lo que se considere que es o, en su defecto, debería ser el modelo productivo argentino. El silencio es, pues, una pista. Y viene también a poner en claro que la electoral 2015 no será una disputa de conductas éticas/morales: el mutismo lo es sobre una maniobra que difícilmente se podrá explicar en esos términos. No hay interés en la corrupción, sino en instrumentarla como método de impugnación al ingreso de nuevos actores y hojas de ruta en esos territorios. Habrá, el año que viene, que resolver lo mismo que está en crisis desde la rebelión de la patronal agraria de 2008: quién decide y qué.

Los dirigentes opositores, a esta hora, prefieren emular en la realidad lo que, parecía, eran sólo sketches televisivos graciosos (por así decirlo); o pegar afiches que simulan contadores de tiempo en las paredes de las calles. La mansedumbre.
Así, no requiere de mayores explicaciones la preferencia del establishment por ellos.

Tal vez lo mejor sea imitarlos en eso de cerrar la boca. Agregar algo sería redundante cuando, igual, se exponen brutalmente.

Un rival a medida

A veces puede resultar llamativa cierta especie de dualidad que afecta los análisis referidos a la política interna de la Ciudad de Buenos Aires.

Por un lado, se exige de lo que se denomina poder central que se abstenga y “deje que los porteños, que son muy celosos de su autonomía, discutan tranquilos sus propios asuntos”. Casi como si un proyecto político tal debiera tener vedada la posibilidad de construir su expresión en un sitio determinado. Pero, al mismo tiempo, se presenta a los triunfos localistas como testimonio de cierta ciudadanía en función de adversar a un programa de gobierno nacional que, explican, los hostigaría. En suma, un reclamo de prescindencia que, luego, sin embargo, pretende ser proyectado allende sus fronteras.

Casi como en cuanto a los expedientes de coparticipación: se solicita permanentemente el auxilio federal pero sin que ello habilite a opinar. Un adolescente mantenido cama afuera. Ponete, y callado la boca. Siempre con tonalidad indignada, de gravedad institucional/republicana y empalagada de moralina y pretensiones de cátedra ética, claro.

Todo esto se ha acentuado desde el surgimiento del PRO, la cúspide del autonomismo más logradamente entendido.
En cualquier caso, la ecuación se resuelve siempre igual: por el voto castigo. Sea como freno a las pretensiones intrusivas, sea como foco de resistencia al expansionismo voraz de Balcarce 50. Uno podría contentarse con responder señalando lo que, así expuesto, resultaría de una incongruencia feroz, y ya. Pero como la idea es superar el berretismo, conviene esforzarse por articular ambos postulados en una única tesis que despeje complejidades e incógnitas y ayude a la comprensión de que requiere sustentarse toda estrategia, en el campo que fuere.

En la Historia suele haber buenas respuestas. En este caso, ya desde la Revolución de Mayo.
La Primera Junta, con su limitada perspectiva de mero instrumento de los intereses de la burguesía comercial portuaria, organizó desde el vamos una grieta irresoluble: sometimiento de las provincias a la autoridad de la capital, o hacer la propia de frente al Atlántico (y de espaldas a Los Andes). Y fue más eso que otra cosa durante décadas. Hasta que la victoria militar de uno de los bandos saldara, según acertadamente expuso Salvador Ferla que intuyó José Artigas más de cuatro décadas antes de Pavón, cuando las tropas del general Bartolomé Mitre iniciaron el aniquilamiento del interior federal. Quienes intentaron conciliar, invariablemente fueron impugnados como autoritarios: Manuel Dorrego y Juan Manuel de Rosas.

Más/menos, a veces reconfigurada, otras tantas subalternada, la disyuntiva, si no principal al menos constante, jamás cesó.

Así, no son rivales para quienes compiten por la ciudad autónoma desde una lógica municipal, aquellos que lo hacen enmarcando la discusión de modo más amplio, explorando conjugar con el resto del territorio nacional. Al mismo tiempo, y toda vez que un jefe gobierno ejerce al mismo tiempo potestades de gobernador junto con otras de intendente, a Maurizio Macrì le va mejor con las segundas (Metrobús) que con las primeras (educación). Dijimos alguna vez que debido a que administrar provincialmente requiere de un nivel de integración regional cuyo despliegue se ve dificultado por las pretensiones, ya no autonómicas sino directamente separatistas, de su universo de actuación, especialmente el electoral.

Todo siempre puede ser distinto; pero, por lo pronto, los antecedentes, la ley y la geografía constituyen límites espesos para la propuesta presidencial del hijo de Franco. Lo que hace de elevar su visibilidad, considerando la representatividad que disputa y sus dificultades de desarrollo territorial más allá de la convocatoria de celebridades, una jugada interesante.

Los ingredientes específicos que distinguen a toda coyuntura podrán (o no) indicar el resto.

Es lindo y gigante ver que hoy hay tantos sintiendo el triunfo de Estela como propio

La política sirve cuando hace felices a las personas. Cuantos más, mejor.

Que Estela de Carlotto haya por fin podido encontrar a su nieto es, definitiva e indiscutiblemente, una noticia que genera felicidad. Ayer La Nación la llamaba como siempre lo hacemos nosotros: Estela. Cuando a alguien se le menciona por su nombre de pila a secas es porque cambió de rango. Porque adquirió una dimensión distinta, superadora. Y en cuanto al hecho en sí, significa que la causa ha generado una hegemonía que la fortalece en términos de futuro: tranquiliza, siendo que tanto se ha discutido en este país en torno al fin de ciclo y a la necesidad de dar vuelta la página, habida cuenta que la de la memoria harta.

Aunque también podemos preguntarnos por el tipo de alegría.
Casi nunca es criticable ese sentimiento; salvo, claro, cuando se funda en la desgracia ajena. Pero sí hay algunas dichas mejores que otras, no hay que temer a la complejización de ese asunto. Hace poco escribí en Facebook que creo que una persona pasa de nivel en la vida, como en los videojuegos, cuando es capaz de sentir felicidad por la del otro. De seguro no soy original con ese planteo. Pero siento que eso es lo que viene sucediendo desde hace unas horas en las que, casi a modo de catarata, indetenible, empezaron a caer de todos lados expresiones de satisfacción por la buena nueva en la vida de esa abuela que ya es querida como la propia por multitudes.
Más allá de las minorías odiosas de siempre, pero que esta vez fueron más marginales que lo usual.

Estela misma es, de hecho, un ejemplo de eso.
Para cada uno de los 113 nietos recuperados previos ella puso su rostro de sonrisa eterna e ineluctable, asumiendo con entereza su rol de liderazgo aunque nunca le tocaba a ella… hasta que llegó.

Y ni siquiera ahora, aclaró sin que hiciera falta, está dispuesta a darse por satisfecha.

En un homenaje a la memoria de Eva Perón que hace pocos días organizó la Secretaría de la Mujer del PJ (hoy a cargo de la diputada nacional Mayra Mendoza, militante de La Cámpora), la historiadora Araceli Bellota explicó que, a su ver, Evita es símbolo de la lucha por los derechos de la mujer mucho más que sus antecesoras, y aún a pesar de ello, debido a su acierto político en cuanto a la articulación de tal reivindicación sectorial en un proyecto colectivo. Porque, a partir de entonces, los distintos sectores se convertían en defensores de las razones todos los restantes, en reciprocidad; cobrando, pues, mayor fortaleza cada una de las partes, por el auxilio del todo.

Eso hicieron desde 2003, salvando las distancias, las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. Cuyas historias, por supuesto, anteceden y exceden, en mucho, al kirchnerismo. Y que, sin duda alguna, lo trascenderán. Pero la cuestión ganó, al cabo de una década de politización, en densidad. La que se expresa en este afortunadamente tan extendido júbilo por el otro. Todo esto es hoy más amplio y fuerte de lo que siempre fue.

Cuesta no ser redundante a la hora de hablar de este tema. Yo elijo agradecer que la política, creo, esta vez decidió servir para ayudarnos a crecer como personas.

Estela se lo ganó. Y muchos de nosotros, por haber elegido acompañarla, también.

Grondona, a secas

Con Julio Humberto Grondona falleció un sistema de poder en sí mismo. Que su elemento único sea de tipo subjetivo no modifica ni en una sola coma el asunto. Las características que adquirió ese mecano, por ser las de su fundamento (es decir, Grondona), hacen que hablar del “vacío que generará su partida” no sea esta vez un lugar común. Lo cual no equivale a coincidir con aquellos que auguran el fin del grondonismo, ni mucho menos. Pero sí es cierto que semejante ausencia habilita a decir (que no a hacer) casi cualquier cosa sobre el futuro. También sucede que se habla tanto para ver si de ese modo se logra llenar un hueco, ya inmenso.

Lo más sensato es decir que Grondona operó con habilidad cuestiones que sucedieron independientemente de él. Que habrían ocurrido igual sin él al mando de AFA.

Tuvo suerte, también, claro, pues le tocó un contexto de colegas mediocres (y que no lo podían impugnar en términos de moralidad: no tienen con qué); en concreto, lo que produjo con su accionar fue una sistematización. Fue así que duró 35 años. Les dio proyección, discutible por supuesto, a los recursos que le tocó administrar. Dicho sencillo: construyó poder.
Sí, ¿y qué tiene de malo eso? ¿Cómo se hacen cosas, si no?

Nunca hubo una alternativa seria a lo suyo; con lo cual, su vigencia fue la de una gobernabilidad del fútbol argentino, inédita hasta su asunción. No se dura tanto sólo con amiguismo.

Por fuera de consideraciones deportivas, hizo un orden: ése es su mejor legado.

No hace falta buscarle nombre: se llama locura

“Tenes la licencia para envenenarnos (…)
Tu negocio es muy dificil de explicar, y facil de enseñar.”
[Es hora de levantarse, querido. (¿Dormiste bien?). Los Redonditos de Ricota.]

* * *

Y llegó, finalmente, el sobreanalizado y tan temido 30J. Default, “default” o ¿default?, la cuestión es que no ha habido, en lo esencial, sorpresas en cuanto al trámite buitre.

Sólo se trataba de saber qué tan grande era la medida del nuevo trozo de las nociones de soberanía y democracia que es conceptualmente capaz de quebrar una sentencia judicial. Y en las primeras horas que seguirán a la ¿novedad?, será divertido adivinar cuánto más precarios pueden ser los dirigentes opositores argentinos cuando hablen a dichos respectos.
No mucho más hasta nuevo aviso.

Entre lo malo y lo peor, un grupo de delincuentes legalizados, con la venia de un octogenario irresponsable que no se preocupa por el impacto que sus decisiones implican para el equilibrio de la gobernabilidad internacional (y que hasta periodistas del Grupo Clarín han calificado como incapaz para afrontar este expediente), pesan más que la opinión de opinión de casi un centenar de países y de más de una docena de organismos supranacionales de diversa índole, que se expresaron todos en igual sentido, por encima de diferencias filosóficas, de intereses e históricas que los separan en mayoría de otros asuntos, que no en éste. A favor de los Fondos Buitre, en tanto, no se oye mucho más que la prensa comercial dominante argentina, opositora al ocasional representante institucionalizado del Estado, y analistas económicos independientes locales.

Que se hable de fracaso jurídico, habida cuenta del resultado del litigio, vaya y pase.
Al fin y al cabo, es cierto: fue una derrota. Pero, ¿es ‘fracaso diplomático’ la mejor forma de describir a una apilada tan contundente (por su cantidad y su transversalidad) de respaldos? La coalición de intereses más heterogénea que jamás se pudiera haber imaginado, y que alguna vez se haya reunido, da testimonio en contra de los mal denominados holdouts. Pero resulta ser que por aquí se editorializa que la postura de la presidenta CFK es poco profesional, soberbia e irracional: algo que no dicen ni siquiera The New York Times y el Citibank, que impugnan fuertemente a su señoría, el doctor Thomas Griesa.

Algún día sonará inverosímil que, en este marco, el 1,5% de acreedores del default más grande en la historia de la humanidad (el argentino del año 2001), por apenas U$S1.330 millones, hayan puesto en crisis de semejante forma al sistema económico/financiero globalizado. Incluso al punto de arriesgar la posición de Nueva York como plaza eje del esquema.

Pero está sucediendo. Ahora (y durará, por lo menos, cuatro meses). En medio de la incredulidad generalizada. Y de unos cuantos lamentables festejos puertas adentro del vencido en el pleito.

La ruta del resultadismo desemboca en las conclusiones más desopilantes. Y tristes, también.

Brasil 2014, o cuando volvimos a ser competitivos

El Mundial 2014 será recordado, en cuanto a lo estético, como el mejor desde, por lo menos, el de México 1986. De hecho, cuenta la Historia que todas las Copas del Mundo habían sido buenas o muy buenas hasta la de 1990 en Italia. Y que a partir de allí, y en adelante, todas fueron malas o peores. Hasta que el torneo que acaba de finalizar rompió la maldición: fue de veras muy disfrutable el nivel exhibido en esta última edición (como no podía ser de otra manera en la tierra del jogo bonito, pese a que el local decepcionó vergonzantemente y fue humillado en semifinales).

Pero Brasil 2014 quedará en el recuerdo, además, por haber traído modificaciones profundas en relación a lo táctico/estratégico.

Empezando por el campeón, Alemania, que a su juego de posesión, triangulaciones y construcción de huecos a partir del asociativismo, le sumó pinceladas de lo que fuera el fútbol total con que Holanda quebró conceptos en Alemania 1974, tal vez el primer Mundial en que alumbró una revolución (el restante acaso haya sido el de 1986, con el 3-5-2 de Carlos Bilardo). El germano es un bloque casi indivisible entre ataque y defensa, que presiona y hace transiciones de manera integral de modo que, vulgarmente, se puede concluir en que “van y vuelven todos”. Esto le permite, por ejemplo, hacer de un saque de banda rival una oportunidad de contragolpe, porque presionan contra el receptor casi de a once. Argentina, en la final, prefirió, en esas situaciones, retroceder el balón hasta su zaga, para evitar el riesgo de quedar mal parado.

Holanda, México y Costa Rica, a caballo de un novedosamente extendido 5-3-2 que no resigna vocación de ataque, también hicieron del espacio la clave de sus respectivos planteos: atacándolos desde atrás, cayendo por sorpresa sobre ellos.

Todo cuanto se puede decir acerca de Alemania y su proyecto, que llega a rango de decisión estatal, los futboleros lo han leído mejor de plumas superiores a la de este comentarista; por ejemplo, la de Juan Pablo Varsky. Se trata, la Mannschaft, del ejemplo a seguir, por la cantidad de actores involucrados en un colectivo de largo plazo que no se dejó perturbar por la impaciencia de que el primer título haya llegado recién ahora, a 14 años de iniciarse, luego de varias frustraciones previas. Y también porque su partitura es agradable para lo que es el gusto promedio histórico argentino. Más de uno se fue preguntando, “¿Cómo se le gana a Alemania?”, a medida que el equipo teutón iba avanzando pantallas. Aunque a veces reguló de más y sufrió.

Al tiempo que todo esto iba sucediendo en el mundo del fútbol, con jugadores cada vez menos posicionales y cada vez más diversificados, la AFA vivía el peor momento de su biografía moderna (es decir, el lapso que va desde el ciclo de Cesar Luis Menotti hasta estos días). Se iba de Sudáfrica 2010 despedido por una paliza memorable a manos de, justamente, Alemania. Y unos meses más tarde, quedaba afuera de la Copa América 2011 en cuartos de final, ¡y de local!, tras no haber podido ni contra Bolivia ni contra Colombia (una inferior, que no la versión actual de José Pekerman), y clasificando a la fase final angustiosamente luego de un triunfo ante los juveniles de Costa Rica. Eso recibió Alejandro Sabella a fines de 2011. Un equipo que, fundamentalmente, parecía no poder competir.

Quien esto escribe se recuerda comentado entre amigos el 3 a 0 con que Bayern Munich echó a Barcelona de la Champions 2013. Porque lo impresionó ver a Arjen Robben, el crack holandés, perseguir a Dani Alves cuantas veces hizo falta durante casi todo el PT, para, casi al filo del descanso, superarlo en velocidad en función ofensiva para enviar el centro del primer gol de su equipo. Se reitera: marcó con intensidad, al que (se supone, según los manuales de la antigüedad) debía vigilarlo a él, durante casi 35 minutos; y al ratito, nomás, igual le dio el cuero para desbordarlo decisivamente en el área opuesta. Eso es la integralidad del fútbol. Muchos dudábamos, y con motivos, acerca de la capacidad de los nuestros para afrontar tal desafío. A excepción de Ángel Di María.

De modo que, o se pensaba algo, o se iba rumbo a nuevos papelones, porque se funcionaba en sintonía distinta a la impuesta por la coyuntura.

Sabella se puso, pues, a pensar. A trabajar. Frente a una coyuntura que hace de lo colectivo y –como se decía arriba– los espacios conceptos esenciales, el DT argentino llenó su boca con esos términos; pero, sobre todo, los puso en práctica. Cuando se elogia del plantel subcampeón la entrega con que aderezaron cada planificación, habrá que retroceder a las discusiones que por determinados nombres propios hubo antes del certamen, que se tramitaron cual si una exclusión tal hubiese sido un drama de Estado. Y preguntarse si la respuesta hubiese sido la misma si el conductor no se hubiese hecho de tal compromiso de parte de sus dirigidos a partir de decisiones valoradas por el respeto que para con el futbolista y su bienestar implicaron.

Argentina, sentada la imposibilidad de hacer en tres años la reconversión que a Alemania le tomó una década y media, se propuso repeler virtudes ajenas. También el abordaje de las falencias rivales las digitó casi quirúrgicamente. Un equipo, el de Sabella, que nunca, bajo ninguna circunstancia, lució desbordado por sus ocasionales oponentes. Y es cierto: a medida que fue retrasando líneas se perdió de explotar mejor a su as de espadas, Lionel Messi –quien alguna vez merecerá el reconocimiento que cabe a su desprendimiento personal en homenaje al engranaje general–. Faltó, y falta tiempo. Sin dejar de recordar que otra versión argentina, con Messi en cancha y todo, cuando decidió jugar el golpe por golpe pareció mero sparring. El DT abordó el dilema: no creerse más de lo que se es.

En la edición especial que la revista El Gráfico publicó para homenajear a quienes devolvieron al fútbol nacional al primer plano, se destaca una frase de la crónica central: “Hay que recordar de dónde venimos para asimilar dónde estamos.” Claro que dolió, duele y dolerá el fantástico gol de Mario Götze que nos relegó a la plata. Pero conviene no olvidarse que hasta no hace mucho Bolivia nos había arrancado, de suelo nuestro, dos empates consecutivos o que se perdió contra Venezuela por primera vez en más de cien años de vida. Que se ha tratado, se insiste, del mejor campeonato en casi 30 años. Que las novedades de este deporte se han convertido en casi científicas.

Argentina encontró cómo. Y por eso resurgió. Partirá desde un sitio envidiable para iniciar la necesaria e impostergable renovación que se impone para volver a naturalizar estos rendimientos.

La evaluación popular de este trayecto augura acompañamiento. Sólo resta decidirse.

“¡Blancos de mierda, seguro que tienen trabajo!”

El domingo último, luego de la final del Mundial, y de que unos pocos imbéciles empañaran el festejo popular en el Obelisco, Facebook y Twitter se llenaron con mensajes de una multitud que, con pretensiones sociológicas –aunque, claro, sin molestarse para ello en formarse debidamente en Sociología–, nos explicaba la indiscutible y evidente basura que somos los argentinos (en especial, determinado sector de nuestra ciudadanía: beneficiarios de asistencia estatal y negros, generalmente “de mierda”), incapaces de celebrar nada sin convertirlo en pura barbarie.

Ese extraño desprecio (tan violento como el de quienes vandalizaron el centro porteño) por lo propio, el inexplicable amor y anhelo de lo extranjero, organizaban reflexiones (por así decirles) que, en realidad, no deberían sorprender en un país cuyo periodista de mayor audiencia anda por la vida afirmando, lo más campante, que este país “es una mierda”.

Ocurrió, para desgracia de la intelectualidad xenófila, que, apenas unas horas después, episodios similares, pero peores, se repitieron durante la recepción que Alemania dio a sus campeones. Que incluso le costaron la vida a una persona. Y no se trata, acá, de conformarse con que ‘mal de muchos, consuelo de tontos’. Nada de eso. Sino de dejar en claro que el fundamento de la violencia nunca, ni ahora tampoco, se puede rastrear en la nacionalidad. Así como tampoco en la pertenencia social: en Alemania el nivel de vida es altísimo, y sin embargo sucedió quilombo lo mismo. Y, por supuesto, mucho menos interesa la filiación ideológica de un gobierno determinado.

Situaciones casi calcadas tuvieron lugar en comunidades y estructuras socioeconómicas y políticas diametralmente opuestas. ¿Entonces?

Por desgracia, hasta el momento, ninguno de los sabios que el domingo a la noche dictaban clases de ética y moral por las redes sociales (y también, desde luego, en los medios de comunicación) han considerado necesario ilustrarnos sobre las miserias de la sociedad alemana. Ni hay que tener esperanzas en que lo hagan, porque en verdad no les interesaba nada lo que estaba ocurriendo en la capital argentina, sino, como siempre, tener oportunidad para insultar políticamente.

Las cosas por su nombre. Que somos pocos, y nos conocemos todos bastante.

Siempre habrá plazas vacías

El pasado 10 de abril, alrededor del paro general organizado por Hugo Moyano y Luis Barrionuevo quedó una duda flotando en el aire: ¿había sido exitoso realmente? Esto es: ¿había expresado el sentir de un sujeto social de modo masivo?

Conviene recordar que, a diferencia de lo que usualmente se estila, aquella jornada de protesta concluyó sin una movilización que permitiera mensurar la adhesión a la misma, por fuera del bloqueo. La foto del acto que el miércoles pasado armó el mismo dúo dirigencial vino a saldar, un mes después, aquel debate. La huelga a que hacemos referencia fue contundente debido a la hábil construcción táctica de que la proveyó el moyanobarrionuevismo. Fundamentalmente, a través de la incorporación a la movida de gremios del transporte. Y, en menor medida, también gracias al piquetazo con que se sumó el trotskismo.

Dicho sencillo: no importó cuántos pararon sino dónde se paró.

Sin embargo, ahora queda claro que la convocatoria hubiera sido escasísima de no haber sido porque también se plegaron a ella los trabajadores transportistas. No se trata de alegrarse por el fracaso político de Moyano, que es de rango estruendoso, sino de impugnarlo como conductor en grandes ligas. Su extravío estratégico, el de un gremialismo que adversa con gobiernos y no con sectores patronales (a los que, por el contrario, les abre las puertas de la CGT, como sucede habitualmente con el empresario del agro Eduardo Buzzi), ha derivado en la anulación del movimiento obrero organizado como factor de relevancia a la hora de medir relaciones de fuerza. En la actualidad, media Plaza de Mayo les queda enorme.

Lógica consecuencia de quien se ha encaprichado en negar la contradicción esencial de su función: capital/trabajo.

El sindicalismo que, por su eficacia en la agregación de masas, hasta 2011 discutía espacios en la institucionalidad estatal, por imágenes como la que acompaña a este post (de las que Moyano colecciona ya por decenas desde que giró al antikirchnerismo) pasó a, apenas, fiscalizar las urnas de Francisco De Narváez en las elecciones legislativas 2013. Bien a tono con las consignas crecientemente reaccionarias que, cada vez con mayor frecuencia, pueblan el discurso del ex secretario general de la CGT. Que en los últimos dos años ha hablado de “planes descansar”, de “dádivas para juntar gente”, de la necesidad de manifestarse “sin banderas partidarias”.

Y que coronó su deslizamiento llamando a marchar contra la inseguridad al lado de… Juan Carlos Blumberg.

Pero, fundamentalmente, la derrota moyanista responde a su abandono de la agenda social más urgente, que ni de cerca pasa por ser la del impuesto a los altos ingresos mal llamado Ganancias. Así las cosas, las evidentes intenciones de condicionar a los vencedores de 2015 –a eso dirige sus recientes empellones, que no sólo al gobierno nacional–, han sucumbido antes de poder iniciarse, siquiera. A caballo de semejante escasez, ya no asusta a nadie. Esa impotencia a veces estalla de modo imprudente e irresponsable, como en los coqueteos discursivos con la violencia política que exploró su hijo menos lúcido, Pablo, quien amenazó con arrojar cadáveres sobre el escritorio del intendente de Quilmes, Francisco Barba Gutiérrez.

Sin que a un solo dirigente opositor se le ocurriera abrir la boca para hacer tronar el repudio que tamaña desproporción hubiera merecido, por supuesto.

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Nada de todo esto debería sorprender, en realidad. Desemboca Moyano aquí a partir de la muerte de Néstor Kirchner, luego de lo cual, creyéndose con derechos sucesorios respecto de la silla decisoria que quedaba vacía, inició un desbarranco demencial y, a esta altura, indetenible.

En los meses subsiguientes, exigió a Cristina Fernández la vicepresidencia de la Nación, la vicegobernación de la provincia de Buenos Aires y el 33% de todas las candidaturas legislativas nacionales, provinciales y municipales. Peor aún: lo hizo públicamente, colocándola en situación de condicionamiento. La jefa de Estado, con toda lógica, rechazó semejante demanda. Pero, con eso, el líder camionero hipotecó también su futuro al frente de la central gremial mayoritaria. Su situación de debilidad actual en la interna cegetista (si se la considera como un todo único), donde Moyano nuclea apenas un 27% de la afiliación confederada, nunca fue distinta desde 2003.

Lo que cambió, de nuevo, es por la ausencia de Kirchner, quien le garantizó dos veces, 2004 y 2008, el voto de los delegados de gremios más números que los moyanistas, pero carentes de figuras potables por el desprestigio que les acarrea el cuestionable rol que actuaron durante el neoliberalismo, al que Moyano, debe reconocerse, combatió siempre con furia.

Cristina, molesta por las presiones públicas comentadas, no quiso continuar esos servicios. El resto es historia conocida. La que todavía se está tramitando.

Ya hemos dicho demasiado sobre este tema, no vale la pena reiterarse.

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Mientras el ex secretario general de la CGT patinaba por enésima vez desde 2011, la presidenta CFK anunciaba aumentos de hasta 40% en la AUH y en el salario familiar, al tiempo que está por lograr la aprobación parlamentaria de un programa de combate contra la informalidad laboral, iniciativa que fue despreciada por uno de los más importantes alfiles del moyanismo, Gerónimo Venegas, el jefe del sindicato que representa (por decirlo de algún modo) a los sectores más negreados del país. Otro ejemplo de la decisión de los inquilinos de Azopardo de vocear exclusivamente a los segmentos convencionados de los sectores populares.

José Natanson escribió en su libro La Nueva Izquierda que en América Latina no existen partidos laboristas sencillamente porque con el viejo imaginario del obrerismo fabril, hoy muy disminuido, ya no alcanza para ganar elecciones.

En la vida hay que elegir. Y Moyano, que no registra las novedades históricas, eligió ser minoría.

La última curva de la autopista republicana: PRO

Se ha escrito mucho durante estos últimos días sobre la reciente constitución del consorcio electoral Frente Amplio UNEN.

Cuando la oferta analítica abunda, como sucede actualmente aún a despecho de los tiempos dictatoriales que –dicen– vivimos, resulta difícil encontrar ángulos desde los cuales plantear originalidad. Si este texto, por decir algo, abordara la cuestión del terreno ciudadano en el que intentará sembrar la nueva alianza, con justicia podría ser acusado por plagio, o bien de repetitivo. Nos interesa, por tanto, adentrarnos en la polémica abierta en torno de la conformación definitiva del conglomerado. Cuya resolución será, de seguro, aplazada. Probablemente hasta bien entrado el año 2015.

Incorporación de Maurizio Macrì a la propuesta republicana: sí o no. A esta hora, la pregunta del millón en dichas latitudes.

Pero, volviendo, se lo hará dejando sentado, se insiste, que aquí no se quiere divagar en cuanto a sociología del sufragio. Son bastante más simples nuestras aspiraciones.

Yendo al meollo del asunto: a nuestro criterio, en esta jugada se trata de poner las estructuras del radicalismo al servicio de una candidatura nacional potente. Para decirlo de modo más acabado: explorar la confluencia entre el desarrollo territorial y los niveles superiores de decisión, que gozan de mayor resonancia mediática pero flaquean en cuanto a electorabilidad. Ésa es la dificultad irresuelta de la UCR desde 2001: reflejar arriba lo que es fuerte abajo para concretar la competitividad que, en algún punto, amenaza. Luego de la abrumadora derrota que sufrieron ante la presidenta CFK en 2011, fueron ganando cabida unos cuantos malestares que buena cantidad de intendentes radicales del interior hicieron conocer con motivo de la exclusión que sufrieron en cuanto al diseño de la fórmula presidencial. [Cosas que ya hemos dicho: 1 y 2]

Eso deriva en holganza, planificada, a la hora de militar el binomio de candidatos. Y la consecuencia necesaria, lógica, previsible fue la brecha que se abrió entre el Frente para la Victoria y todos sus rivales. Como antes lo fueron los radicales K.

El funcionamiento del aparato requiere del aceite de la expresión en términos de representatividad. Néstor Kirchner se las dio.

Algunos de esos enojos se fueron revirtiendo a partir las elecciones legislativas nacionales de 2013. A las cuales, conviene recordar, el partido llegó presidido por alguien impulsado por el grupo de alcaldes antes referenciado, y que lo había sido él mismo, en la capital santafesina: Mario Barletta. La sustancialidad y solidez del nuevo emprendimiento, entonces, se pondrá en juego en relación a la incidencia que vayan a tener los territoriales boinas blancas en debates como el que está abierto alrededor del posible entendimiento con Macrì. Algunos gobiernos locales del partido que fue de Hipólito Yrigoyen ya de hecho comparten sus respectivas administraciones con lo poco que tiene el PRO armado en las provincias.

No fue auspicioso para el debut que se ausentara del acto el intendente de Córdoba capital, Ramoncito Mestre, quien habla mucho por boca de Oscar Aguad, quizá el más enfático y explícito a la hora de la promoción de una convocatoria al jefe del gobierno porteño. Viejas riñas con Luis Juez, de la pata progre de FAU. En estas escaramuzas se juega el destino de FAU: ¿privilegiarán territorio y votos (Mestre) en las consideraciones a elaborar, o sobrerrepresentación ideológica sin urnas (Juez)? En definitiva, si aspirarán al PEN en serio de una buena vez por todas, o se conformarán con apenas renovar las bancas de Ernesto Sanz, Gerardo Morales y compañía. La ruta que les permitirá eludir nuevos sapos conduce a que apoyen los oídos sobre los distintos localismos. Que, según se cuenta, son más proclives de lo que se conoce al hijo de Franco.

Poco se habla a lo largo de este post de Fernando Pino Solanas, Victoria Donda, Margarita Stolbizer, El Hijo de Alfonsín y demás negados al macrismo. Se explica fácil: no cortan ni pinchan. Sus huidas no compensarían lo que suma Macrì.

Es cuestión de que pase el tiempo para comprobar si valdrá, o no, lo que más pesa en el porotómetro.

El péndulo

Tarde o temprano, los estudios de opinión pública que se van dando a conocer de cara a las presidenciales 2015 tendrán que reconocer que si es cierto lo que dicen acerca de un hipotético giro conservador que se estaría verificando en el electorado, ello se debe a lógicos reflejos conservacionistas de lo que acumuló materialmente la sociedad en 10 años de kirchnerismo.

Por mucha vuelta que le vayan a querer buscar, nadie reacciona de ese modo con bolsillos y estómago vacíos.

Obviamente, no es del todo exacta la expresión del viraje a la derecha para explicar una cuestión casi sociológica sobre estados de ánimo que luego requieren de viabilización electoral. Más aún, que organizan, en gran medida, los comportamientos de los actores políticos, quienes diseñan sus movimientos y discursos en base a esas observaciones. Ya hemos dicho acá que no somos amigos de expresiones como éstas, de las que década ganada –aún cuando en ese caso coincidamos con el espíritu de la fórmula– es otro ejemplo. Pero son, a veces, necesarias a efectos de la síntesis. Aunque en el camino se pierda la riqueza de la complejidad. También es probable que alguien vea en estas líneas pretensiones justificatorias de lo que se puede entender como un abandono de los postulados básicos que inaugurara Néstor Kirchner en 2003.

En realidad, hay que asumir que estos asuntos tienen mucho de esto. Y que aquello del péndulo, metáfora a que acudió la presidenta CFK en un discurso que dio en la UIA apenas confirmada su reelección, no es simplemente una rareza argentina.

Lo que hace la diferencia, sí, es la voluntad y la destreza de la intervención política (cuando existen tales atributos) en morigerar los efectos de procesos ineludibles, propios del devenir mismo de la Historia. Para lograr conducirlos. Si Kirchner no hubiese articulado su audacia, que para los parámetros promedio nacionales desde la recuperación democrática constituyeron toda una novedad, con las prudentes dosis de racionalidad que expresaron los superávits gemelos y la obstinación por acumular reservas en el BCRA –por citar sólo dos ejemplos, hubo más–, muy probablemente todo aquello que más enorgullece a la hora del recitado de las conquistas del ciclo kirchnerista en el poder institucional no habrían sido posibles.

Libradas las cosas a los impulsos que estallaban a la salida de la convertibilidad, sin un marco de mínimo tacticismo a la hora de la estrategia programática, la estatización del sistema previsional o la AUH ingresarían a rango de incerteza.

Conviene analizar desde esta perspectiva las reconfiguraciones que ha operado, en la macro tanto como en el equipo que la acompaña, Cristina Fernández desde su reaparición en noviembre del año pasado, cuando dio aire a Jorge Capitanich, Axel Kicillof y Juan Carlos Fábrega. Aldo Ferrer explicó bien estas necesarias matizaciones en un artículo reciente en el que diferencia ortodoxia de ordenamiento. Se trata de poner la oreja en el suelo para ver por dónde vienen las cosas e intentar hacer algo con ellas para tener horizonte. Lo que habla, además, de la responsabilidad de CFK como dirigente, cuando muchos de sus competidores mejor posicionados se conforman con apenas vocear estas cuestiones, sin el mínimo procesamiento que se requiere para una acción de Estado sensata.

Sería una pena resignarse a un futuro de sólo tirar piedras luego de tanta agua corrida bajo el puente.