Rafa

Resistencia

Esta nota de Alejandra Dandan en Página/12 muestra la realidad que vive el Chaco como consecuencia del avance imparable del modelo sojero.

El párrafo clave que explica el origen del desplazamiento y la pauperización de miles de pobladores rurales es el siguiente:

“En los ’90, llegó el segundo proceso de expulsión con las políticas de desindustrialización menemista. Pero a pesar de eso, Chaco encontró una forma de producción peculiar que le permitió salir a flote con una economía de minifundios. Como en ninguna otra parte del país, su Constitución preserva desde 1994 el derecho a la tierra de los pequeños productores, con tierras fiscales muy baratas, pensadas para fomentar la colonización. De acuerdo con la norma, no se podían vender ni en forma directa ni indirecta a empresas privadas, tampoco a latifundios o minifundios. Estaban pensadas para pequeños y medianos productores y su descendencia, comunidades aborígenes y cooperativas. Una vieja investigación judicial, que ahora fue impulsada nuevamente, demostró que aquella norma no se cumplió: como ya informó este diario, entre 1994 y 2007 el 80 por ciento de las tierras fiscales pasaron a manos privadas a muy bajo precio y fueron a parar a empresas, sociedades anónimas y revendidas en miles de pesos.”

Acá se puede agregar este informe del Centro Nelson Mandela que describe los mecanismos por los que se transfirieron millones de hectáreas fiscales a manos privadas, desplazando a sus pobladores que fueron a engrosar el cordón de asentamientos marginales de Resistencia y otras ciudades como Rosario.

Lo que le falta a la nota son los nombres de los máximos responsables de la transferencia de las tierras fiscales. Para ello basta verificar quiénes fueron los gobernadores del Chaco en ese período: Ángel Rozas (1995-2003) y Roy Nikisch (2003-2007).

Con motivo del reciente “conflicto del campo”, las organizaciones de indígenas y campesinos solían manifestar que se sentían ajenos al asunto, y que los promotores de los cortes de ruta en Chaco eran principalmente los productores sojeros cordobeses y santafesinos que se apropiaron de grandes extensiones en la provincia en años recientes.

Pero no son los únicos grandes ganadores del modelo sojero. Hace poco, ante mi pregunta de quién era el hombre más rico de su provincia, un amigo chaqueño me dijo sin dudar: Ángel Rozas.

Operación Dejemos en paz al campo

Esta mañana lo escuché por Radio Nacional a Roberto Navarro, quien tiró lo que sigue:

La semana pasada se reunieron en el departamento de Elisa Carrió, la anfitriona, Alfonso Prat Gay y varios integrantes de la Mesa de Enlace del sector agropecuario, incluido el de Gualeguaychú. Allí Prat Gay habló de su plan económico que consiste en:

- Bajar las retenciones hasta porcentajes de 0 a 20% según el producto;

- Asegurar la “independencia” del Banco Central;

- El BCRA no intervendrá en el mercado de divisas, y se guiará por un programa de metas de inflación.

Por su parte, “el campo” contribuirá a un plan alimentario dirigido a la niñez y la indigencia. No está claro qué se haría con los trabajadores que volvieran a perder su empleo, por el cierre de empresas que provocaría la baja del dólar a su “valor natural de equilibrio”. Ni tampoco qué pasaría ante la caída de los precios internacionales de granos y oleaginosas.

Desde ya pido disculpas si esto es incompleto, supongo que Navarro ya lo publicó o lo va a publicar en algún lado. Lo que no se sabe es si esas medidas están pensadas como un programa de gobierno para las elecciones de 2011, o si está prevista su aplicación en un tiempo más breve. La continuación del “conflicto del campo” seguramente dará indicios al respecto.

Es bastante evidente que el plan de Prat Gay debe sonar muy agradable a los oídos de los dirigentes del “campo”, y quizás influya en sus recientes declaraciones del tipo “este modelo no nos sirve”, “el Gobierno es un obstáculo para el crecimiento”, “los gobernadores tienen que plantearle a la Presidenta que cambie el modelo económico”, etc. En todo caso y si lo que cuenta Navarro es cierto, las cartas están a la vista.

Buzones y elefantes

Mientras sigue creciendo la montaña de declaraciones, opiniones, solicitadas, etc., etc., sobre el interminable “conflicto del campo”, cada tanto uno se encuentra con cosas que le llaman la atención. Una es esta nota de Raúl Dellatorre, que comienza así:

“La revelación fue hecha por la mañana por Alfredo De Angeli desde la ruta. Por la tarde la ratificó Néstor Roulet desde Córdoba. El primero, titular de Federación Agraria de Entre Ríos, lo hizo mientras cortaba las ramas de una plantita que tenía tomada desde el tallo, representando cómo se distribuía el resultante de la producción de soja. El segundo, vice de Confederaciones Rurales (CRA), describiendo quién se queda con qué “de los cien metros de bolsa de soja”.

“De los cien metros, el Gobierno se queda con 50 (por los impuestos); de los otros cincuenta, 10 se gastan en fletes, y 35 tenemos que pagar por los costos de siembra (semilla, fertilizantes, herbicidas, contratistas para la trilla y demás tareas); es decir que al productor solamente le quedan 5 metros.” Revelador: al exportador, justo al que le impusieron las retenciones, no le queda nada. Ni un centímetro de bolsa, en lenguaje de Roulet. Ni la punta de una ramita, en términos del rutero De Angeli.”

Y así termina:

“El acopiador-exportador se apropia de una parte de la producción igual o mayor que la que le corresponde al Estado. Encima, descontándole al productor un porcentaje por retenciones que ni siquiera ingresa al fisco. Y sin siquiera ser acusado por los dirigentes que encabezan la protesta ni ser imputado por el Gobierno. ¿Por qué será que toda la argumentación de este conflicto encubre la responsabilidad de los exportadores? ¿O éstos habrán sido expropiados por el Estado sin que nos demos cuenta y sus ingresos deben ser computados, como dice Roulet, dentro de “los 50 metros de la bolsa” que se queda el Gobierno?”

Después de leer esto, el ya famoso argumento “de cada dos camiones de soja, uno es para Cristina” me suena más a un operativo de venta de buzones que a otra cosa.

Y mientras nosotros seguimos discutiendo quién es el mayor responsable del conflicto, quién tiene que aflojar primero, cuáles son las consecuencias políticas e ainda mais, de repente alguien nos habla del elefante que se metió en el bazar universal y amenaza con arrasar con todo.

La opinión pública está siendo sistemáticamente desinformada sobre este tema para que no se dé cuenta de lo que está pasando. Es que lo que está pasando es explosivo y puede ser resumido del siguiente modo: el hambre del mundo es la nueva gran fuente de lucro del gran capital financiero, y sus ganancias aumentan en la misma proporción que el hambre.

Valdría la pena debatir sobre esta gran cuestión de fondo y de qué manera se la puede enfrentar (algo que también trata el autor de la nota, Boaventura de Sousa Santos). Pero para ello deberíamos salir de la lógica del conflicto que nos tiene atrapados, abandonando ese “sentido común” al que se refiere Pablo Alabarces en este fragmento, con el que finaliza la nota de ayer de Alfredo Zaiat:

“Estas épocas son fantásticas para los que nos dedicamos a la crítica o a la sociología de la cultura. Y son fantásticas porque pareciera que los actores/as sociales se complotan para darnos montones de ejemplos y confirmaciones para nuestras hipótesis. Por ejemplo, últimamente se han puesto de moda los lugares comunes, esas frases hechas y huecas donde una sociedad suele demostrar sus peores tonterías, los abismos más horrorosos de su estupidez; estupidez que, sin embargo, se transforma en ‘sentido común’, un lugar aún más espantoso donde el lugar común se vuelve sabiduría indiscutible y conocimiento compartido.”

Más antipopulistas ilustrados

Viendo esta entrada de Américo del Verbo recordé haber leído la crónica de una charla que dieron Natalio R. Botana y Juan José Sebreli (moderada por “Le doy mi palabra” Leuco) en la ya finiquitada Feria del Libro. Una joyita, vea.

“No se puede opinar de política si no se sabe historia” (Sebreli)

“Hay una tradición política en la Argentina del ejercicio hegemónico del poder aun en el marco de una democracia electoral. Votamos, pero eso significa una delegación que lleva a una fusión del mando en el Poder Ejecutivo.” (Botana)

“Sebreli también apeló a la historia para responder: “No se puede explicar el kirchnerismo si no es dentro del peronismo histórico” [atenti Mendieta]. Y aunque lo definió como “un sucedáneo del colapso del sistema de partidos de 2001″, trazó sus antecedentes en el “populismo desenfrenado” del peronismo. “Casi 30 años gobernó el peronismo en el siglo XX en la Argentina. ¿Quién es el más responsable de que el país haya fracasado?”, se preguntó.”

“El populismo de los Kirchner está con Chávez, pero son lo suficientemente pragmáticos como para saber que no pueden comprometerse a fondo con esa línea” (Sebreli)

“”Crisis” fue una de las palabras más oídas en la charla, en la que la mirada analítica de Botana se combinó con la más abiertamente opinativa de Sebreli. “El kirchnerismo tiene que ver con una colosal crisis de representación que se dio en 2001 y 2002 y cuyas heridas aún no han sanado”, dijo Botana, y fue más allá, al calificar la incapacidad de la Argentina para construir un sistema de partidos como una “verdadera discapacidad”. Tras definir el kirchnerismo como “un partido del poder”, Botana lo describió como “una asociación de gobernadores e intendentes sobre la égida del titular del Poder Ejecutivo. La oposición también se expresa en líderes mediáticos y tiene tanto personalismo como el kirchnerismo”, equilibró.” [siga atenti, Mendieta]

“La inflación apareció en ambos intelectuales como un problema prioritario, del que remarcaron además sus consecuencias políticas inevitables. “Lo que lubrica el kirchnerismo es el superávit fiscal. No se concibe un populismo sin recursos”, alertó Botana.”

“”El kirchnerismo está en una grave crisis. Fue tirando gracias a una bonanza económica que se está terminando. La única solución para salir de la inflación es cambiar totalmente el modelo económico”, completó Sebreli.”

Lástima que en la crónica no figura qué cambio de modelo propone Sebreli, nuevo economista antipopulista.

Separando los tantos

En este debut en Artepolítica intentaré darle otra vuelta de tuerca al tema de la polarización ya tratado por estos lados, con hitos como éste, éste o este otro. En principio me surgen algunas preguntas, viendo que el humo virtual de la confusión no termina de disiparse:

- ¿Cuál es el verdadero eje de la polarización de que se está hablando?

- ¿Conviene, o es adecuada esa polarización desde un punto de vista “nacional y popular”?

- ¿Habrá alguna posibilidad de superación de la situación actual, o por lo menos de desplazar el eje de los debates de manera de poner más claridad sobre las contradicciones existentes?

La primera pregunta apunta a una intención de alejarme de opciones que interpreto como falsas, tales como Campo vs. Gobierno, campesinos blancos y trabajadores vs. patoteros comprados de piel oscura, o progres distribucionistas vs. oligarcas desabastecedores y faltos de sensibilidad social. Cosa difícil viendo la temática con que nos atosigan los (multi)medios o el cariz apasionado y de violencia verbal que suelen adquirir los debates en la blogósfera.

Entre los múltiples planos que se pueden analizar, creo indispensable separar el origen del conflicto específico que desató la protesta rural, del clivaje sociocultural preexistente que se montó sobre él y lo desnaturalizó a los ojos de los sectores medios urbanos, tanto de los que adhirieron al reclamo del “campo” como de quienes se identificaron con el Gobierno.

El conflicto del “campo” (aclaro que uso las comillas porque creo que hablar de un solo “campo” donde confluyen intereses profundamente disímiles y contrapuestos es una entelequia absurda, sólo entendible en un contexto como el que vivimos hasta hace unos días) es de índole fundamentalmente económica, y sólo las fallas del Gobierno y de nuestro sistema democrático pueden explicar que haya alcanzado la trascendencia política a la que llegó, en la que por momentos nos sentimos (otra vez) al borde del abismo.

Si bien los acontecimientos de la última semana de marzo, ante todo en Buenos Aires (caceroleo de sectores medios y altos, irrupción de Luis D’Elía, cobertura de los hechos desvergonzadamente manipulada por los multimedios, etc.) provocaron innumerables análisis sobre racismo, clasismo, etc., no muchos se detuvieron a analizar el fenómeno de la movilización de los sectores rurales.

Que desde hace rato existe descontento hacia el Gobierno entre los productores agropecuarios de todo calibre no debería ser una novedad. Las causas son múltiples y no está a mi alcance analizarlas; podría resumirlas en la falta de políticas sectoriales específicas, en medidas cortoplacistas que son vistas como erráticas y arbitrarias, y sobre todo la sensación de despojo y de desigualdad frente a otros sectores que están disfrutando de ganancias extraordinarias. Para más detalles, visitar p.ej. el blog del Abuelo o el de Mariano T. Súmesele a ello el conservadorismo y la nostalgia de ciertos núcleos ruralistas, sus prejuicios y desconfianzas ideológicas, y se tendrá un panorama de un caldo de cultivo cuya temperatura venía subiendo desde hacía rato y que sólo necesitaba de los anuncios del 11 de marzo para llegar al hervor.

Hace unos días escribí que este conflicto demostraba “las consecuencias de la absoluta despolitización de nuestra sociedad”, afirmación quizás aventurada y que sin embargo sigo sosteniendo. Porque existe el dato innegable de la irrupción de un sector social (más o menos favorecido económicamente, no es éste el dato fundamental) carente hasta ahora de inquietudes políticas, que de buenas a primeras está dispuesto a hacerse oír. Que sus representantes ocasionales nos parezcan advenedizos y políticamente primitivos no debería ocultar este dato. De paso, acá va una nota muy recomendable (gracias a Charlie Boyle) para enterarse de qué es lo que se está cocinando por abajo.

¿Cómo tendríamos que situarnos los “progresistas / Nac&Pop” frente a esta novedosa situación? Más allá de los reflejos que a muchos nos provocan el exacerbado gorilismo clasemediero porteño y la atronadora campaña mediática que lo acompaña, creo que no podemos quedarnos en ese punto porque estamos dejando de lado lo fundamental y además debemos ser conscientes de que la “batalla cultural” de que ahora habla la Presidenta, la venimos perdiendo por goleada. Como dice María Esperanza, es absurdo profundizar una polarización cuando no estamos creando hegemonía sino más bien todo lo contrario.

A partir de aquí, yo debería callarme la boca y recomendarle a todo el mundo que lea a Manolo. Pero no puedo dejar de dar mi opinión sobre algunos enfoques que han levantado bastante revuelo, como esta nota de Eduardo Grüner. Con quien puedo coincidir en que la ofensiva de la “derecha” (léase el poder económico y mediático concentrado) pone en juego la legitimidad del Estado para intervenir en la economía. Pero no comparto su punto de partida clasista. No porque no crea en la lucha de clases (algo que él le atribuye al peronismo) sino porque para mí la clave del problema es la ausencia de un proyecto nacional integrador. Y la consecuencia de esto es que cada sector está exclusivamente detrás de sus propios intereses y ve a los otros sectores (o al Gobierno) como sus competidores, sus expoliadores o directamente sus enemigos.

Quizás se necesiten más enfoques como éste del dirigente agrario chaqueño Osvaldo Lovey, en una entrevista aparecida en el Nº 266 en la revista Debate:

“(…)Es importante apuntar aquellas medidas que se han tomado en otros momentos y que dieron buen resultado aunque no para trasladar en forma mecánica. Por ejemplo, las comisiones nacionales de políticas concertadas del último gobierno de Perón, que eran comisiones de debate, participación y concertación en donde todas las regiones agrarias participaban y se debatía a lo largo de toda la cadena de valor de los productos, para buscar los mecanismos de compensación que generan una justa distribución de los ingresos y que, a su vez, puedan promover aquellos cultivos más rezagados y desalentar aquellos que ganan más terreno.(…)

No tengo elementos para decir si este Gobierno está en condiciones o tiene voluntad de convocar a un proyecto nacional. Lo que es casi seguro, es que está en cuestión si alguna vez podrá volver a plantearse un proyecto en ese sentido, o no. Por ahora, yo volvería a leer este texto, que sin duda ha caído en un olvido inmerecido.

Quedarán muchos temas en el tintero. No es el menor el grado de cuestionamiento a la legalidad que supusieron ciertas acciones de los activistas rurales, que demuestra que el vacío de legitimidad institucional que se abrió en nuestra sociedad en 2001/2002, todavía está lejos de cerrarse.

Y en cuanto al clima que nos rodea… Alfredo Zaiat suele referirse críticamente al “sentido común neoliberal” que suele impregnar el pensamiento de muchos economistas, aún entre los “progresistas” o heterodoxos. Que se extiende como mancha de petróleo al ámbito político y se convierte rápidamente en “sentido común antikirchnerista”, como el que predomina en este artículo. Más allá de la mayor o menor identificación o simpatía que se tenga con el Gobierno, no puede desconocerse el trasfondo ideológico reaccionario y condenatorio de todo pensamiento crítico que conlleva ese discurso. Así que en esto, yo acompaño los ladridos de Mendieta.

En suma, sólo puedo esbozar algunas respuestas vagas a las preguntas que yo mismo me hice:

- La polarización tal como se la ve hoy día, oculta la verdadera contradicción de fondo. Que es entre quienes podrían integrarse a un proyecto nacional, y los que no tienen el menor interés en que eso se concrete y se han montado en un conflicto real para encubrir una ofensiva profundamente reaccionaria. El problema del “campo” debería ser resuelto al menor costo y a la mayor brevedad posible, para poder encarar los problemas de fondo (la disparada mundial de los precios de los alimentos no es el menor de ellos). Pero eso no es algo que pueda hacerse con una pistola apuntándole a uno a la cabeza.

- En los términos en que está instalada, la polarización es enormemente perjudicial para los intereses nacionales y populares. Viendo el bombardeo mediático enemigo que nos rodea, yo estoy a favor de bajar todos los cambios que sea necesario.

- Y si queremos empezar a dar vuelta la cosa, por lo menos en el campo de las ideas, una buena alternativa es seguir pensando el Jauretche 2.0 que nos propuso Mendieta. Recordando que Don Arturo, además de legarnos sus libros, sus polémicas y sus frases punzantes, nos enseñó a pensar con nuestras propias neuronas para no comprar pescado podrido. O por lo menos para saber, de todos los pescados que están en venta, cuál tiene el peor olor.

Apéndice de lecturas recomendadas:

- Los Gigantes Invisibles, por Claudio Scaletta.

- Crisis y Oportunidad, documento del Plan Fénix.

- El parto de un nuevo bloque de poder, por Alfredo Zaiat.

- Las asignaturas presentes (y pendientes) en el campo, por Alejandro Rofman.