Boquitas pintadas
Hasta la llegada de Arslanián a la Provincia de Buenos Aires, el ingreso a la Polícía tenía dos puertas. Por la Escuela de Oficiales, que requería título secundario (o vínculos con los mandos altos), o por la Escuela de Suboficiales, para quienes no tenían título secundario (ni, claro, vínculos). El ingreso por un lado u otro significaba la posibilidad de hacer una carrera en la policía, o estancarse a la mitad. Los Oficiales tenían más acceso a la capacitación y a los espacios jerárquicos de poder. Un Suboficial no podía llegar a ser Comisario, porque no tenía acceso a esos cursos de capacitación profesional, y se lo destinaba a las tareas de menor relevancia.
En el 2004 Arslanián creó el Escalafón Unificado. De ahí en adelante, para ingresar a la policía provincial bastaba con tener el título secundario completo, eliminando la diferenciación entre dos clases de policía. Los Suboficiales ya existentes vieron abierta la posibilidad de terminar sus estudios en un programa de terminalidad de estudios medios. De esa manera se ponía el acento en modificar la estructura de ascensos, apuntando a crear un sistema meritocrático basado en la evaluación del desempeño y las competencias de acuerdo a sus funciones. Se terminaba con los ascensos por antigüedad y el mérito excepcional (medido en “actos de heroísmo”). Un solo escalafón -todos oficiales- implicaba que todo miembro de la institución tuviera los mismos derechos de carrera: acceso a jerarquías, cargos, cursos de capacitación, con el incentivo de ascenso por aptitudes profesionales.
A fines del 2008, el gobierno provincial de Daniel Scioli, a través del ex-ministro de Seguridad Stornelli, anunció la vuelta al doble escalafón. Por medio de la Ley de Personal de la Policía de la Pcia. De Bs.As (Ley N° 13982), ingresada por el Ejecutivo y aprobada por ambas cámaras provinciales, el gobierno de Scioli volvió a la vieja estratificación jerárquica (creando, incluso, cinco estratos nuevos en total). La ley vuelve a vetar la posibilidad de los suboficiales de acceder a puestos jerárquicos y cargos políticos, otorgándole a la propia policía la potestad de los ascensos y desalentando la profesionalización del personal policial. A través de la misma reforma, se contempla que la policía creada por Arslanián para descentralizar las comisarías y realizar patrullaje preventivo (la Policía Buenos Aires 2) queda bajo la órbita de cada dependencia departamental, modificando de raíz el espíritu con el cual se había creado (véase aquí).
Amén de las consideraciones políticas (que quedan bastante claras, se me ocurre), hay algo que sobrevuela esto. Hacer política es marcar la cancha. Y no es, solamente, definir un “nosotros” y un “ellos”. No es eso. Y no lo es, no porque la confrontación sea un problema per se, o el consenso total un objetivo de nuestra democracia. No lo es porque los límites del nosotros y del ellos son inacabables, son indefinibles a priori, a duranti (?) y a posteriori: no son, en definitiva, límites. Se corre, el muy guacho. Marcarle la cancha, hacer política, es marcarle la cancha a todos: a los tuyos y a los otros (y esto se reproduce a todas las escalas y en todos los espacios de disputa de poder). Scioli juega, respecto a la seguridad, con sus propias reglas. Y eso es consecuencia de una decisión o una incapacidad política. No importa saber cuál de las dos, porque, para el caso, es lo mismo.
En todo este debate por el repunte del kirchnerismo, hay una cierta sensación compartida de que “gane o no el kirchnerismo, hay tres, cuatro cosas que nadie va a poder tocar”. AUH, imagina uno, los fondos del ANSES, las paritarias. Hasta el matrimonio igualitario. Y yo creo que quizás tengan razón. Que hay un piso. Pero que al mismo tiempo, hay montones de cosas que sí se pueden tocar, y que son más de fondo de lo que parecen. Y también me parece que son más de las que podemos imaginar. Son cosas más chiquitas, como el escalafón unificado. ¿Cuánta movilización de la sociedad civil provocaría, por ejemplo, que otro gobierno termine con el CUD y el fantástico resultado del 3% de reincidencia? Son la aplicación de concepciones generales, pequeñas políticas públicas. Sí, las paritarias se van a mantener, pero hay formas y formas de quitarles poder (tal el caso de la Policía Buenos Aires 2: cambiarles “el espíritu”). Se me hace que “los consensos”, sino están escritos en papelitos que los apuntalen (como leyes, pongámosle), son más permeables de ser modificados que de no (ahí hay otra responsabilidad: construir una primera minoría que sostenga lo hecho hasta acá).
Es el momento, quizás, de construir las instituciones que marquen la cancha. Y, pensando en que sea posible una victoria del oficialismo, construir esas instituciones que no sólo le marquen la cancha a un posible gobierno “ajeno”, sino también a uno más o menos propio que deba jugar con estas reglas. El déficit del kirchnerismo, acaso de las fuerzas políticas en general, es la construcción de cuadros esencialmente propios. Ese déficit se soluciona, a largo plazo, construyéndolos. Y, a corto plazo, marcando los límites a los no tan ajenos. Las herramientas hay que usarlas ahora. Traicionar, te traicionan una vez. A la segunda, no quisiste o no pudiste. Y, para el caso, es lo mismo.
La caída de Westminster
En poco tiempo, meses más, meses menos, caerá el último de los mohicanos: el modelo de Westminster. El sistema electoral inglés, mayoritario simple (a una vuelta) con distritos uninominales, está a punto de llegar a su fin. Las últimas elecciones dieron ganador a David Cameron que, con el 36% de los votos, necesitó de una alianza con la tercera fuerza, los liberales-demócratas de Nick Clegg, para formar gobierno (habrá que estudiar alguna vez, el fenómeno de la tercera fuerza progresista que viene arrasando -¿en las redes sociales?- y a último momento, se pincha en las urnas, ¿verdad Mockus?). La alianza con Clegg tendrá, eso sí, un costo: pasar a representación proporcional, terminar con el uninominalismo y abrir la puerta a nuevas ofertas electorales. El fin del bipartidismo inglés. La fragmentación social, tío Plinio querido (?), pasa hasta en las mejores e inglesas familias.
El término, aunque bastardeado, es bastante más académico de lo que parece: lo que quedan, muertas las “democracias mayoritarias”, son las “democracias de consenso”, definidas por Lipjhart como aquellas que intentan optimizar la mayoría gobernante en vez de darse por satisfechas con una estricta mayoría definida por una regla electoral. La democracia de consenso implica coaliciones de gobierno, separación de poderes, bicameralismo equilibrado, pluripartidismos (multidimensionales), en fin, todo lo que hace a una democracia más o menos plural: reaseguro de la representación de las minorías. Todo esto teniendo en cuenta, claro, que se trata de un tipo ideal y que su aplicación en la práctica está condicionada por las circunstancias.
¿A cuento de qué viene todo esto?
Me parece que resulta difícil pensar un escenario de una democracia mayoritaria consolidada y permanente, en cualquier país del mundo. La explicación merecería un estudio serio y acabado, pero debe tener que ver con sociedades con muchísima capacidad de producir demandas (las nuevas tecnologías y los derechos de tercera generación deben tener algo que ver también). Esa producción sobrepasa los marcos institucionales del accionar político, los excede y reexige continuos reacomodamientos. Coaliciones, digamos, circunstanciales. En este contexto es difícil plantear el esquema clásico de la formulación de una plataforma, la adhesión de algunos sectores a eso y luego el acompañamiento. Por otro lado, se dificulta la construcción de coaliciones parlamentarias, sea el sistema político que fuera, que perduren demasiado en el tiempo. Los acuerdos partidarios, incluso, no construyen mayorías automáticas.
Pasa en EEUU, donde cada ley es, para Obama, un pequeño parto (alguna vez se deberá hablar de esa enorme operadora que se llama Nancy Pelosi). Y pasa en Argentina, donde la composición del voto parlamentario ante cada ley, difiere. La explosión del sistema de partidos políticos en 2001 no hizo desaparecer definitivamente a ninguno, pero los multiplicó. La Argentina tiene, luego de eso, un sistema de partidos más fragmentados, con más partidos que “cuentan”: que pueden imponer condiciones para sancionar algunas leyes. Un estudio empírico posiblemente arrojaría que el kirchnerismo aprobó leyes con un núcleo de legisladores más o menos constante (lo que no podría decir el estudio es, por ejemplo, qué leyes prefirió no tratar para no sufrir derrotas políticas en el Congreso), pero también que necesitó, sobre todo luego del recambio legislativo de medio término, de alianzas circunstanciales: el kirchnerismo dejó de ser condición suficiente y pasó a ser, apenas, condición necesaria para sacar una ley. Lo que cuenta es, cada vez más, la capacidad de ofrecer incentivos selectivos (ideológicos, materiales, etc.) a los márgenes de los partidos que se tienen más cerca. En términos parlamentarios, no es menor que Elisa Carrió, quien en términos discursivos aparece como diametralmente opuesta al Gobierno, se haya sentido en la necesidad de, casi, votar un proyecto impulsado por el oficialismo como el matrimonio igualitario. Por el contrario, es un dato que falsea un sentimiento generalizado acerca de la imposibilidad del diálogo entre fuerzas políticas (si diálogo es algo más que sentarse a charlar para no acordar nada). A la inversa, el apoyo del oficialismo a un proyecto que no le es propio, da cuenta del mismo fenómeno. Se me ocurre que la política dialoga más de lo que parece. Sin parábolas: muy lindo todo lo de la ley de matrimonio igualitario, pero, ¿hay estómago para hacer las cosas que hay que hacer durante una negociación parlamentaria para avanzar en todo lo que falta? Correr las preferencias implica la-bu-rar. No es que vale todo y que viva la corrupcion (acá les dejo la chicana abierta para el que quiere tirar la pelota afuera). Pero para hacer las cosas que hay que hacer, hay que agarrar y hacerlas. ¿Hay estómago -entendido como capacidad de negociar- o solo hay parábolas?
Pero la idea va, quizás, un poco más allá de lo que resta hasta las próximas elecciones. Gane quien gane, el próximo gobierno tiene muchísimas chances de ser un gobierno dividido, es decir, de no contar con una mayoría propia en ambas Cámaras. Eso va a exigir para el próximo gobierno una capacidad instalada de formar coaliciones específicas ante determinados temas. Las instituciones en la Argentina funcionan, y en ese sentido hay una sola preocupación. Que en la legítima lucha por formar esas coaliciones, se introduzca el discurso maximalista fomentado desde fuera de la clase política. Si los próximos gobiernos serán divididos, habrá que aprender, en el ejercicio, a convivir con la idea de que los legisladores tienen un margen de autonomía para la negociación política, y que esa negociación no sólo es legítima sino que es necesaria. Con el límite claro del respeto a la ley, el resto de la negociación parlamentaria es política. Sin parábolas: que Morales Solá diga que alguien dijo que la Banelco es más moral. Pero que los tipos que se tienen que se tienen que sentar a negociar no se prendan en esa. Que formen otras coaliciones, que traigan a sus tipos a votar, que prometan sillitas en los próximos gabinetes, que negocien cosas o se apropien de la autoría intelectual de las leyes. Que hagan.
Gobernar es, y será hacia el futuro, ampliar. El Congreso, joven argentino, no es el lugar habermasiano de puesta en común de las posturas independientes y la llegada a un acuerdo racional a través del debate en la sesión. No lo es en Argentina, joven argentino, ni en el resto del mundo.
Ni un arma para el pueblo
¿Y si empezamos a hablar en serio de seguridad? Está bien la cuestión de que el delito tiene causas socioeconómicas, y está bien que evadir ese diagnóstico te lleva por autopista, directo, al discurso ineficiente de la mano dura. También está bien decir que en el medio no sólo hay que decir algo, sino también avanzar con políticas públicas específicas. Es falso que la seguridad es un problema “de clase media” (por cierto, si lo fuera…¿qué?, ¿este gobierno no gobierna -y mucho- también para la clase media?). Es un problema legítimo, que atraviesa casi todos los sectores, y para el cual las respuestas del Estado suelen resultar casi siempre insuficientes.
El delito existió, existe y va a seguir existiendo. No es un fenómeno natural, pero mínimamente es un fenómeno que permanece. Las grandes soluciones mágicas contra el delito, las que prometen resolver la cuestión con un plan estudiado por técnicos de no-sé-dónde, terminan siempre en el fracaso, no por fallas técnicas sino por exagerar los objetivos. Con el delito no se termina porque sos más piola y estudiaste en un montón de lugares. El delito es un fenómeno complejo, es dinámico y el Estado no puede garantizar su desaparición total. Lo que puede, en cambio, es avanzar al menos con políticas públicas chiquitas, específicas, que dificulten la opción por el delito, que creen las condiciones necesarias para que la opción por delinquir resulte menos conveniente que la opción por no hacerlo (por decirlo de alguna manera zonza).
Hay cosas que son discutibles. La cuestión de las cámaras es discutible (la verdad es que a priori, en plazas públicas, estaciones de trenes, etc. no sé cuáles son las objeciones), algunas ciudades del Interior avanzaron en cuestiones relativas a la iluminación del espacio público que traen algunos buenos resultados. Pero hay, quizás, una política pública que trasciende las esferas municipales, y que tiene que ver con el acceso a las armas de fuego. Intentar “regular” el delito, es intentar, por ejemplo, disminuir la violencia de los mismos. Ahí resulta fundamental dificultar el acceso a armas de fuego. Hay un informe (que no pude encontrar y que está citado en otros lugares) del Ministerio de Justicia que arrojó este resultado: el 99% de los delitos violentos se cometen con armas ilegales, es decir, no registradas en el RENAR. Terminante.
En el 2002 el diputado por la UCR Carlos Iparraguirre presentó un proyecto para la destrucción de las armas decomisadas en procedimientos judiciales y/o policiales. El proyecto se puede ver acá y fue reingresado para su tratamiento con la cofirmante Margarita Stolbizer en el 2004. Al día de hoy no fue tratado, y la ley, claro, no fue sancionada. Los motivos por los que no se trató se pueden intuir (razones económicas, intereses particulares, falta de interés en el tema, etc.) pero lo importante es por qué no promoverla de acá para adelante. La ley de canje de armas es un avance y este proyecto puede complementarlo: los juzgados y organismos en los que se depositan las armas no tienen la infraestructura necesaria para albergar las armas decomisadas. Una parte del mercado ilegal proviene de armas que reingresan al circuito después de haber sido confiscadas. Sin armas, o con menos, el delito es menos violento.
Falta mucho, casi que todo, acá por hacer. El gobierno civil sobre la Federal (“la única institución que no sufrió una sola reforma desde la vuelta de la democracia“) es una deuda pendiente de cada uno de los sectores del poder político. El auto-gobierno sobre la Federal se traduce en el dictado de sus propias reglas, ajenas a la de las instituciones del Estado democrático: la calesita, por ejemplo, que consiste en trasladar a otros destinos los miembros de la fuerza acusados de apremios ilegales o simplemente a los comisarios responsables de alguna situación determinada. Una policía que se auto-gobierna es también una Policía que tiene la potestad para hacer esto: reclutar a chicos en situación de vulnerabilidad y liberarles algunas zonas para cometer delitos para la comisaría. Hablar de la Policía, también, implica tal vez quitarse algunos prejuicios -ciertamente válidos a veces -y comenzar a pensar en sus miembros como trabajadores estatales con malas condiciones laborales de las que también hay que decir algo.
La cuestión carcelaria es, quizás, uno de los temas menos problematizados socialmente por la clase política y la sociedad civil en los últimos treinta años. En el día del Penitenciario, Alak dijo que el problema de superpoblación carcelaria se superó en 2008. Eso es cierto, pero habría que agregarle alguna cosa más. Por ejemplo, que se trata de las cárceles federales, y que muchos presos federales están en unidades provinciales, comisarías y edificios de Gendarmería, por diversos convenios firmados. También es cierto que hay un dato más alentador, y que tiene que ver con que el 72% de los internos reciben algún tipo de educación. El hacinamiento es uno de los principales problemas, y está superado sólo a nivel federal (y está superado, también, porque hay presos federales derivados en comisarías). Pero el Servicio Penitenciario Federal tiene, a mi entender, dos problemas previos. El primero, que se relaciona mucho con las condiciones de detención, es que el 75% de los detenidos no tiene condena firme: son procesados (no tuvieron sentencia o apelaron y la cámara se expidió aún. Esto tiene que ver, también, con algo que viene diciendo Lucas acá: el problema de la Justicia, que no es menor, que muchas veces es causa, como lo es ahí, en tantos procesados). El segundo, y quizás uno de los problemas más graves en materias de derechos humanos en la Argentina, es la cuestión de la tortura. La última encuesta de la Procuración Penitenciaria expresa que el 64% de los detenidos entrevistados sufrió algún tipo de agresión por parte del personal penitenciario. Acá no hay que avanzar: hay que empezar, y la Procuración, junto con el Comité contra la Tortura de la Comisión Provincial por la Memoria y el Grupo de Estudios del Sistema Penal y DDHH de la UBA, presentaron las bases para crear un Registro Nacional de Casos de Tortura.
¿Es casual que la seguridad se problematice desde los medios?, ¿eso pasa porque los medios “son malos” o “mienten”? No. Pasa porque no hay Estado, o hay poco. El interés por la seguridad es reactivo. Hay temas que si no los problematiza la política, se problematizan solos. A mí me parece que se logran mejores resultados cuando pasa lo primero.
Fuente de la imagen.
La sesión
- La (una) versión liberal de la política indica que el Congreso es una caja de resonancia de los conflictos sociales. Uno tiene sus matices respecto a eso, pero la verdad es que no recuerdo momentos en donde esa caja haya sonado tanto. Hasta el-mensaje-de-las-urnas se hace escuchar: yo vi, la otra noche, diálogo y consenso. Al menos el diálogo y consenso realmente existente: el que implica acordar circunstancialmente en algunas cuestiones. Digan lo que digan, los 33 votos a favor fueron parte de una coalición en la que el oficialismo puso la primera minoría, pero su participación no resultaba suficiente. Y ahí entraron los 5 radicales (pocos, 5 a favor contra 12 en contra, me parece poco para el radicalismo, como me parecieron pocos los 44 diputados del FPV a favor), Cabanchik, Estenssoro, Giustiniani, Juez.
- ¡Ey, vos!, sí, sí, vos, movimiento social. Sí, vos también, organización por los derechos de algo. Aprovechá ahora que el horno está para todos los bollos. Aprovechá que la oposición necesita correr al oficialismo por algún lado. Aprovechá que el oficialismo usa banderas ajenas porque se gastó las dos o tres propias. (¿Existe todo esto?, ¿existen las banderas propias?, ¿existe “el uso político”?, ¿hacer política no es usar?, ¿importa todo eso?).
- Me quedé enganchado con lo anterior, perdón. ¿Y si lo usara, qué? Digo, ¿quién está usando a quién, en verdad?, ¿cuánto le queda al kirchnerismo?, ¿1 año, 5 años?, ¿y la ley cuánto va a durar? Otra cosa, ¿alguien piensa que esto lo capitaliza electoralmente el kirchnerismo?
- Si hubiera una página en Facebook sobre la representación política como mediación, me haría fan. El representante, valga la redundancia, vuelve a presentar una situación que de hecho ocurría afuera. Y cuando la vuelve a presentar, la modifica, mediándola: en el recibo de sueldo de un senador, más o menos debe decir eso, “honorarios de julio por mediar”. Esa situación, ese debate, comenzaba a transformarse, fuera del Congreso, en una discusión entre el Gobierno y la Iglesia (y no importa por qué, ni por responsabilidad de quién). Acá disentimos con la postura liberal: el Congreso es más que una caja de resonancia. En todo caso, elige los sonidos que quiere replicar. Nuevamente, la coalición construida alrededor de este tema superó ampliamente el clivaje kirchnerismo-antikirchnerismo. Punto para la enorme inteligencia política, de la que habrá que escribir, de las organizaciones de gays y lesbianas.
- Políticamente, el gran mérito de las organizaciones fue haber desplazado la discusión de la cuestión material de la adopción para pasar a una discusión simbólica, sobre la igualdad del acceso a los derechos. Ahí las organizaciones jugaron all-in: entendieron que no se llega hasta ahí para conseguir la de mínima. Y ganaron.
(Autora de la foto).
El hombre y sus circunstancias
Un amigo me decía que con este Mundial volvieron las escuelas de fútbol y yo estoy de acuerdo. Los mundiales de 2002-2006 fueron los mundiales de la globalización y el Fin de la Historia: eran todas las escuelas de fútbol intentando copiar el modelo de fútbol europeo, que no es per se mejor ni peor que ninguno, y que sólo una contingente mezcla entre paladares principistas y resultados lo legitiman o defenestran. El del 2002 tuvo la excepción de Brasil, que casualmente ganó ese Mundial, jugando a ser Brasil y no Italia. Italia, en 2006, blanqueó a qué jugaba y ganó: ambos títulos fueron discutidos en su momento, y el tiempo los sedimentó: ahora ambos títulos valen uno.
En Sudáfrica desembarcaron 32 Estados Nacionales y, con ellos, 32 escuelas de fútbol. Este es el Mundial del multipolarismo. Uruguay llegó y llegará adónde llegue apostando a la vaga idea de garra charrúa y el temperamento defensivo. Algunos dicen que tiene jugadores como para apostar a algo más, pero Uruguay prefiere jugar a eso. Italia se fue tratando de ser la Italia de 2002, y Brasil quiso ser Brasil. Paraguay se acaba de quedar afuera mostrando lo que fue a hacer: defenderse como nadie y esperar una contra o un córner para hacer un gol (Paraguay llegó a cuartos haciendo 3 goles y ganando un solo partido en los 90). Argentina-Alemania fue, quizás, un gran choque de escuelas.
¿Y cuál es la diferencia, entonces, para que una misma escuela de diferentes resultados?
Las circunstancias. La victoria da derechos, pero da derechos momentáneos. Ganar es sedimentar un sentido comun futbolístico, una especie de victoria khuneana de paradigma. Es Popper y su carga de la prueba: yo gané así, no tengo la verdad, pero demuéstrenme lo contrario. La Naturaleza -el carácter azaroso del fútbol- juega también su partido contra la Cultura -las escuelas, los Estados-. El Mundial es una forma de exacerbación del darwinismo, y quizás la más cruel. Pero de un darwinismo sano: aquél que predica que la selección natural elige a los mejores para sobrevivir. Pero que nadie, ninguna especie, tiene una característica intrínseca que de antemano le otorgue una ventaja sobre la otra (esa forma de darwinismo social que, llevada al extremo, es el nazismo): por el contrario, es el entorno el que “elige” las características que permiten sobrevivir. O ganar, que no es lo mismo pero para muchos se le parece. ¿Por qué este Brasil es menos que el del 2002? No sólo por un bajo rendimiento de algunas individualidades, sino por las circunstancias. Un gol en contra, y un equipo holandés que encontró la llave: hacerlos calentar.
Los primeros 15 del segundo tiempo de Alemania fueron eso, un mano a mano de dos formas, valiosas ellas, de ver el fútbol. Lo dice Arballo -o Maqueda, je- mejor que yo: “dos fuerzas de la naturaleza golpeándose duro con todo el libreto del fútbol de posesión, sin round de estudio ni especulaciones, sin renunciamientos. (…) El partido durante un largo tiempo fue un gran dado dando vueltas y que podía caer para un lado o para el otro”. A ese dado lo sopló las circunstancias. Por cuarenta centímetros del gol de Higuaín en off-side que cambiaba el partido y también por apuestas a planificaciones previas. Por errores propios y virtudes ajenas. Por cuestiones ajenas al fútbol (que no vamos a decir, porque no somos llorones, porque no tuvieron tanta relevancia en el resultado del partido pero que ahí estaban…redondas, demasiado livianas).
Hoy las circunstancias definieron a un ganador por sobre otros, como suele suceder. Con toda la amargura del día, yo saludo este carácter arbitrario del fútbol y la Naturaleza. Habrá que pensar en cómo calibrar algunos errores que se pudieron cometer para dejar en manos del azar la menor cantidad posible de decisiones, que sin embargo nunca podrán ser evitadas (y esa contradicción no alcanza a entender el bielsismo). Tal vez no se trata de “morir con la nuestra” sino de permitir que “la nuestra” se adapte a la mayor cantidad posible de circunstancias. Pero esta escuela que reinventó Maradona está definida, trajo algunos buenos resultados, y él mismo se encargó de marcar los pasos a seguir: “el que venga (ojalá seas vos, Diego) va a tener que seguir este camino”.
Einstein decía que la locura era hacer lo mismo esperando distintos resultados. Yo creo que Einstein era un gran científico que en su puta vida vió un partido de fútbol entero.
Holanda 2 – Brasil 1
Dos cosas digo.
1- Qué alegría que tengo.
2- Para tener en cuenta: la pelota se cuida de tres cuartos de cancha para arriba.
Ahora, ustedes.
Argentina 3- México 1
Ya saben lo que tienen que hacer. Opinar.
Más medios oficialistas
Néstor Kirchner llamó a la Redacción de Noticias para agradecer por vincularlo al devenir de la Selección Argentina.
Argentina 4 – Corea 1
A opinar, que se acaba el mundo.
Mi equipo para Corea
Son rapiditos y ordenados, lo único que tienen. Así que voy con estos:
Romero.
Burdisso; Demichelis – Samuel; Clemente Rodríguez.
Jonás (lo banco a Verón pero lo guardo); Mascherano; Di María.
Messi (suelto); Higuaín; Tévez.
Los escucho.
Argentina 1 – Nigeria 0
¿Figura de la cancha?, ¿sistema táctico?, ¿Higuaín o Milito?, ¿Jonás o Burdisso?, ¿Messi?, ¿Tévez?, ¿con quién conviene en octavos del Grupo A?
Vamos, no arruguen ahora.
Así se comunica una política pública inclusiva
No quiere decir que nosotros no sepamos cómo. Sí que podemos mejorar.
1. Encuadramiento político de la medida (dos parrafitos, si sos el más grosso de Latinoamérica en esa política social: 1000 puntos).
“El programa “Mi casa, mi vida” es uno de los más ambiciosos que se han lanzado en América Latina en cuanto a sus metas habitacionales.
Lula da Silva lo implementó el año pasado en pleno auge de la crisis global, buscando generar empleos, estimular la economía y eliminar el déficit de vivienda brasileño, calculado en 7 millones de hogares. El proyecto ya llamó la atención de otros países africanos y latinoamericanos interesados en atender estos problemas. La política social que convirtió a Lula en el presidente brasileño más popular de la historia sigue pisando firme, ahora con la obsesión de la casa propia.
2. SUJETO BENEFICIARIO DEL PLAN, CON NOMBRE, APELLIDO, DE DÓNDE VIENE, POR QUÉ ESTÁ MAL, POR QUÉ VA A ESTAR MEJOR, MUCHO VERBO EN FUTURO (VÉASE: PROYECTO 180 TV):
Cristina Silva dos Santos está cerca de concretar un sueño acariciado desde hace 28 años, cuando dio a luz al primero de sus seis hijos: tener su casa propia.
En la casa donde vive con sus cinco hijos menores –una estructura de 25 metros cuadrados propiedad de su madre–, Silva cuenta cómo los niños son los más ilusionados por salir del hacinamiento en el que se encuentran.
“Todos los días me preguntan cuándo nos vamos a mudar”, asegura. Actualmente, ella comparte con sus cinco hijos menores la única habitación de la casa, situada en el centro de Aguas Lindas, a unos 50 kilómetros al este de Brasilia. Su hijo mayor está casado y vive solo.
La vivienda que abriga a esta familia es una estructura básica de ladrillos descubiertos, típica de las barriadas pobres de Brasil, situada en el centro de Aguas Lindas, una ciudad que se expandió en forma desordenada con la llegada de migrantes venidos del noreste y que se ha convertido en un foco de violencia y narcotráfico.
Con su nueva casa, esta madre soltera de 45 años podrá llevar a sus hijos de entre 21 y ocho años de edad, a vivir a una comunidad de 1.600 casas a las orillas de la ciudad con una delegación policial, escuela y planta de agua.
El nuevo hogar, de 70 metros cuadrados con un patio extenso, dos habitaciones, sala y cocina, solo necesita algunos detalles para poder ser habitado.
La ilusión de tener casa propia se hizo realidad gracias a un programa gubernamental dirigido a construir un millón de viviendas subsidiadas para familias de bajos ingresos.
“Para mí, que no tengo marido, este programa es lo que me permitió tener casa”, contó Silva, quien trabaja en una escuela de Aguas Lindas preparando meriendas escolares.
3. REFORZANDO EL ENCUADRE POLÍTICO: NÓMBRESE UNA ONG, UN ALIADO DE CENTRO-IZQUIERDA, ALGUIEN QUE LO BANQUE “DESDE AFUERA” Y LO SAQUE DE LA DISCUSIÓN DEL POPULISMO SI O NO:
El programa “Mi casa, mi vida” fue lanzado el año pasado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva en pleno auge de la crisis global como una forma de generar empleos, estimular la economía y eliminar 14% del déficit habitacional brasileño, calculado en 7 millones de viviendas.
Se trata de uno de los programas más ambiciosos que se han lanzado en América Latina en cuanto a sus metas habitacionales, según Jesús Navarrete, especialista en desarrollo urbano y habitación del Banco Interamericano de Desarrollo.
El proyecto ya llamó la atención de otros países interesados en atender problemas de falta de vivienda. Técnicos de Caixa Económica Federal recibieron a autoridades de Angola, Cabo Verde y Mozambique que querían conocer el modelo, y otros viajaron a Venezuela para exponer el programa.
Demóstenes Moraes, director de Habitat Brasil, una organización no gubernamental dedicada a promover la construcción de casas para familias pobres, consideró que el programa brasileño puede servir de modelo para otros países en desarrollo.
http://www.abeceb.com/noticia.php?idNoticia=134404
En qué creemos: IEMA y Matrimonios del mismo sexo. Por Daniel Jones.
Sexualidades, género y derechos humanos: una experiencia en el ISEDET
Por Daniel Jones*
Matrimonio gay, educación sexual, aborto, igualdad de género. “Las iglesias aún no están preparadas para abordar estos temas” y “estas cuestiones nos van a dividir” son los dos argumentos más frecuentes para no discutir sobre sexualidades y género en las iglesias evangélicas. Contra esa inercia de una parte de las autoridades y liderazgos eclesiales, desde marzo hasta junio de 2010 se está dictando en el ISEDET la materia “Sexualidades, Género y Derechos Humanos”, con más de 20 estudiantes, del bachillerato en Teología, la maestría en Sagradas Escrituras, el doctorado en Teología y laicos interesados.
Las sexualidades y el género son el centro de disputas políticas. El Estado, las iglesias, las instituciones educativas, los movimientos sociales y los medios de comunicación dedican tiempo, energía y dinero para divulgar e imponer sus propuestas y visiones en estos campos. Sin ir más lejos, en Argentina actualmente se debate en el Congreso de la Nación un proyecto de ley para permitir el matrimonio a parejas del mismo sexo, generando intensas polémicas entre sectores políticos y religiosos.
Estos y otros debates están atravesados por normas de género y valores sexuales, no siempre explicitados por quienes los sostienen. Por lo que vale la pena comenzar preguntándose ¿qué es el “género”? ¿Una forma políticamente correcta de reemplazar la palabra “sexo”? ¿Un sinónimo de “cuestiones de mujeres”? No. Se trata construcciones socioculturales establecidas a partir de la diferencia sexual (diferencia para la que aún se consideran ciertos criterios biológicos –como los órganos genitales–). Así, el género aparece como resultado de la producción de normas sobre cuál debería ser el comportamiento apropiado para los varones y cuál para las mujeres, a partir de la interacción de instituciones económicas, sociales, políticas y religiosas (desde la separación en las escuelas entre varones y mujeres para tener educación física –y los diferentes deportes que practican en cada caso–, hasta aquellas iglesias que excluyen a las mujeres de roles de liderazgo). Lejos de estar determinados por la biología (como suponen ideas como la de “instinto materno”), la investigación social muestra cómo los valores y mandatos de género varían a lo largo del tiempo y entre culturas.
¿Y qué entendemos por “sexualidades”? ¿Sólo las relaciones genitales entre un varón y una mujer? ¿Qué pasa con las identidades y prácticas sexuales que escapan a la heterosexualidad y que se visibilizaron en las últimas décadas? Lo que definimos como sexual también es una construcción histórica, que reúne una multitud de distintas posibilidades biológicas y mentales (identidad genérica, diferencias corporales, capacidades reproductivas, deseos y fantasías). Las capacidades del cuerpo y la psique adquieren significado sólo en las relaciones sociales, de ahí su variabilidad entre culturas, períodos históricos y generaciones. Afirmar que hay una sexualidad “natural” o “normal” supone una visión determinista (es decir, que explicaría los comportamientos como productos automáticos de instintos sexuales de los individuos) que no resiste ningún análisis historiográfico y que, además, sitúa a muchas personas en el campo de la “anormalidad” por sus sentimientos y deseos (aunque sus comportamientos no perjudiquen a terceros).
En consonancia con la apertura del ISEDET hacia estos temas (la institución ya cuenta hace varios años con un Foro de Teología y Género), el objetivo del curso es presentar teorías y debates sobre sexualidades y género desde las ciencias sociales. Al tratarse en su mayoría de estudiantes de teología, surgen inquietudes e interrogantes sobre qué implicancias tienen estas cuestiones para la fe, la producción teológica y la tarea pastoral.
La experiencia en el aula, con personas de denominaciones y generaciones muy diversas, nos obliga (a cada uno, al liderazgo y a las autoridades eclesiales) a repensar en qué medida se subestima a nuestras comunidades de fe evangélicas, en cuanto a su interés y reflexividad sobre estos temas. Evitar debates por considerar que “la gente no está preparada” o “nos van a dividir” es una actitud paternalista que desconoce la autonomía y la capacidad de las personas para intercambiar puntos de vista, eventualmente disentir y avanzar hacia miradas más inclusivas e igualitarias sobre las vivencias sexuales y de género, que redundan en vidas comunitarias más plenas. ¿Alguien cree que con el silencio se avanza?
*Doctor en Ciencias Sociales y Licenciado en Ciencia Política (Universidad de Buenos Aires). Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y Docente de la Carrera de Ciencia Política (UBA). Miembro de la Parroquia Evangélica Emanuel (Congregación Unida IEMA-IDC)
Elige tu propio interlocutor
Hay un interesante debate en el blog de Roberto Gargarella. Allí se discute el apoyo de la intelectualidad de izquierda al gobierno, a la cual se la describe como acrítica, ocultando diferencias y silenciando críticas.
Dos críticas de Gargarella son interesantes para pensar: I. “Hay que proteger al gobierno en una coyuntura destituyente” y XI. “Se le hace el juego a la derecha.”. Lo que el autor plantea es, ni más ni menos, que el kirchnerismo construye un rival político con ansias de interrumpir el proceso democrático, y que esa discusión ahoga la pretensión de un debate verdaderamente crítico, toda vez que lo que importa es sostener la estabilidad democrática. El planteo es discutible y, en algún punto, razonable: creo que por momentos hasta fue cierto, y un error táctico gravísimo el de construir un significante como “el campo” y aglutinarlo bajo la concepción destituyente. No me interesa volver a discutir si eso existió o no. Creo, en todo caso, que es difícil construir políticamente así, porque efectivamente se ahoga el debate si del otro lado sólo hay destituyentes. A la vista de los resultados, si hubiese existido verdaderamente una movilización tan amplia en favor de la destitución, o hubieran llegado a su objetivo o el daño producido habría sido mayor. Si se pudo resolver “el conflicto del campo” por las vías institucionales, quiere decir que todos los actores, por las razones que fueran, apostaron por esa, y la ruptura de la Mesa de Enlace es un triunfo del kirchnerismo que vino de la mano de hacer política y segmentar el interlocutor.
Lo que no se puede impugnar es la facultad política de los actores de construir a sus propios rivales políticos: se puede, y de hecho se debe, cuestionar la letra fina de esa construcción. Construir interlocutores los construímos todos, y es legítimo y es casi natural en política: porque nadie hace política aisladamente (casi nadie), como si los demás no existieran. Ni el propio Gargarella, en su post, puede dejar de construir un interlocutor al que hablarle. En su punto X, el autor se refiere al argumento “Nosotros hacemos”, en el cual describe la idea instalada acerca de que el peronismo es el único que puede. Y de cómo esa idea implica que el poder es un mérito en sí mismo. ¿Existe la intelectualidad, digamos, schmitteana mal entendida, que reivindica la capacidad de hacer per se, independiente de los resultados que consiga? Es ahí donde el propio autor construye esa masa de reivindicadores del poder: ahí donde dice que, en verdad, el alfonsinismo sí supo construir y hacer cosas con el poder, y ahí donde, l-e-g-í-t-i-m-a-m-e-n-t-e, no menciona que, por lo menos lo que yo veo, la crítica a la inoperancia radical focaliza más en el período de gestión del radicalismo durante el gobierno de 1999 a 2001. Eso es construir un interlocutor adorador del poder por el poder mismo que niega los logros del alfonsinismo.
Que, ojo, tal vez existe, y ciertamente se me ocurren nombres. Pero ahí viene lo siguiente. En lo que no estoy de acuerdo con el post, es en caer en lo mismo que le critíca al kirchnerismo: seleccionar con un trazo demasiado grueso a “la oposición”. Creer que hay una masa de “intelectualidad de izquierda kirchnerista acrítica”, un conglomerado homogéneo de escribas que comparte esos doce puntos, que apoya al Gobierno haga lo que haga porque lo importante es que puede hacerlo, es tan kirchnerista como suponer que cualquier oposición es destituyente. Señalar un interlocutor es válido: yo creo que puede hacerse mejor, dejando de suponer que, más o menos, todos piensan lo mismo.
Y de este lado, también sobran los ejemplos. ¿No? O, como decía un amigo, hay que separar la autosatisfacción del trigo.
Discurso de Elisa Carrió sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo
Este discurso le pareció interesante a este co-editor de AP, amén del personaje, amén de su abstención, amén de todo lo que ya sabemos. Amén. Porque, a pesar de abstenerse, sostiene que es falso el argumento de que la familia cristiana es la familia nuclear.
Sra. Carrió.- Señor presidente: me voy a hacer cargo de lo que a lo mejor es difícil hacerse cargo, pero no voy a hablar del derecho, porque el derecho respalda absolutamente la igualdad de derechos. Esto no es de ahora, sino que aparece con el artículo 19 desde hace mucho tiempo.
Tampoco tengo que explicar que enseñaba derecho constitucional en la universidad a los 23 años; incluso, aquí hay ex alumnos, y era ilícito que alguien ayudara a otra persona a tener su sexo. Los finales de derecho constitucional en la Universidad del Nordeste eran sobre todo por el derecho a la identidad y a la autonomía en esta materia.
También es cierto que durante 40 años –o, por lo menos, 20 de mi vida- no tuve ninguna tensión sobre la igualdad de los derechos.
Durante esos 20 años yo no creía en Dios, sino en que cada uno construía su vida; había leído profundamente a Sartre, era existencialista, enseñaba filosofía y no tenía ninguna de las tensiones que tuve hasta después de mi conversión.
En verdad hoy estaría votando absolutamente y en su totalidad esta ley. Eso sí: nunca creí en la familia nuclear. Porque yo creo que todos aspiramos a tener una familia, pero la familia nuclear es moderna, individualista y egoísta.
Creo en la familia ampliada, aquella en la que también es familia el que está en la casa, aunque no tenga vínculo de sangre. Nosotros pertenecemos a muchísimas tradiciones familiares en el interior, donde tenemos hermanos y hermanas que no son de sangre, que tienen sus padres y sus madres, pero que vivieron en nuestras casas y que hoy tienen títulos universitarios, mucho más que nosotros. Yo creo en esa familia.
Creo en la familia que tiene los amigos, en la que puede y debe tener derechos, y creo que la mejor familia –esto es lo que hay que legislar‑ es una familia mucho más amplia, aunque diversa y rica, no sólo con fundamentos en el matrimonio heterosexual o en la pareja homosexual, sino que creo que puede haber distintos casos, como se da en el conurbano, con madres que están criando a los hijos de un marido que tuvo esos hijos con otra mujer y él se los dejó.
Me pregunto qué son esos hijos. Si no tienen vínculos de sangre, ¿no son familia? Yo hablé con la comunidad, no tengo que mostrar nada, porque lo he hecho como presidenta de esta fuerza política, que es la única fuerza política en la Argentina que hizo de la diversidad sexual, ideológica y de creencias una bandera.
Si aquí hay sentadas mujeres, jóvenes, hombres y personas de distinta identidad sexual, en este Parlamento y en todos los parlamentos de la Argentina, es por la Coalición Cívica.
Nosotros los hemos incluido, no mandándonos la parte haciendo discursos, y mi bloque mayoritariamente va a votar este matrimonio, y el miembro informante de mi bloque…
Aplausos y manifestaciones en las galerías.
Sra. Carrió.- …es una persona que tiene una identidad sexual diferente y habló por la mayoría. Yo sólo hablo a título personal, pero quiero expresar esta tensión. Yo comparto el proyecto de Alicia Terada sobre la unión familiar y mantengo enormes diferencias con otras personas que se han expresado desde las convicciones religiosas, las que también quiero expresar. Dios no es de los heterosexuales; Dios es de todos y nos ama a todos.
Aplausos y manifestaciones en las galerías.
Sra. Carrió.- En segundo lugar, ¿qué es ser natural? ¿Qué quiere decir? ¿Qué quiere decir ser no natural? ¿Es no natural o no normal tener una condición sexual diferente? ¿Qué me quieren decir? ¿No es natural alguien que nació hermafrodita? ¿No es natural alguien que tiene un deseo y un rasgo erótico y ama a otra persona de su mismo sexo? Claro que es natural. Lo que pasa es que la vida es diversa, difícil y compleja, y nosotros no le podemos poner recortes permanentes.
Yo voto como cristiana. Es mentira que uno se puede separar. Yo estoy exponiendo a título personal; y no puedo separarme, porque no puedo ir al Santísimo a la mañana y venir a la noche acá y decir otra cosa, con lo cual lo que puedo expresar es mi tensión.
Yo les quiero recordar a los que invocan tanto a la Iglesia que la verdadera familia, la familia cristiana, es lo opuesto a la familia nuclear. La familia del Evangelio es lo opuesto a la familia nuclear. El Evangelio dice que si quieres tiempo para enterrar a tu padre y a tu madre, no sirves para el Reino de Dios. Y cuando María se le acerca y le dice: “Acá están tu hermano y tu madre”, Jesús le contesta: “Mis hermanos son todos”.
La familia de Jesús es María Magdalena. ¡Díganme dónde la ponen los católicos a María Magdalena! De acuerdo con la ortodoxia de la conducta, María Magdalena no tendría que ser santa, sino que tendría que estar condenada a la marginalidad.
Aplausos y manifestaciones en las galerías.
Sra. Carrió.- Él vino a sanarnos a todos, señor presidente, y el primer mandamiento es ese amor. Nosotros deberíamos respetar algo que, efectivamente, es un misterio. Yo sé que muchos dicen que se trata de la libertad, pero nadie quiere ser minoría ni quiere vivir su vida escondiendo lo que es. Como decía un amigo mío psicoanalista en Corrientes: “Hay que ser muy macho para ser homosexual en Corrientes.”
Aplausos y manifestaciones en las galerías.
Sra. Carrió.- Recuerdo a Alexis, la famosa obra de Marguerite Yourcenar, donde él le dice: “La vida es difícil”. Es difícil para todos, pero más difícil ha sido para un grupo de personas que sólo por ser diferentes han sido castigadas, marginadas y sometidas a la vergüenza. ¿Y saben por qué hay muchas personas gays en las grandes ciudades? Porque son los hijos y las hijas de las clases medias de provincia, que vienen a Buenos Aires a vivir su libertad, porque en su provincia no lo pueden hacer.
Aplausos y manifestaciones en las galerías.
Sra. Carrió.- Yo misma he tenido que hablar con muchos amigos para que bendigan las uniones de sus hijos. Ellos viven bien acá, pero quieren poder pasar la Navidad junto a sus familias, quieren que sus sobrinos sepan que no contagian, quieren que sus padres les den la bendición y no los escondan. Y la humanidad les tiene que pedir mucho perdón.
Pero no ha sido la Iglesia –salvo la Inquisición‑ la que más los persiguió, sino que fue la modernidad. Los edictos más cruentos contra los homosexuales son de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Es la época victoriana.
No me hablen tanto de la declaración de los derechos humanos, porque es la modernidad. En la Edad Media, a la que todo el mundo ve como siglos oscurantistas, el tema de los hijos no existía. Eran todos creyentes, todos aportaban a las iglesias y, además, siempre había una hija o un hijo, porque el gran problema de la Iglesia eran los bienes. Es cierto que hizo una gran contribución para evitar la endogamia, porque todos se casaban entre hermanos. Entonces, la Iglesia ayudó mucho a evitar la endogamia, pero sí se quedaba con los bienes. Por eso fue la gran señora feudal.
Pero ahí la familia era otra cosa. Como se consideraba pecado tener relaciones sexuales con una mujer cuando ésta amamantaba a su hijo, los hijos no eran criados por el mamá y la papá –como dijo una señora diputada acá‑, sino por las nodrizas, que además les daban la leche, para que la señora con el señor pudieran tener relaciones sexuales; y veían a sus hijos muy pocas veces a lo largo de su vida.
Si dentro del mismo siglo ustedes toman, por ejemplo, la historia de Rousseau, van a ver cuántos hijos eran abandonados en los hospicios.
La familia nuclear es moderna, pero nosotros tendríamos que poder superarnos hacia una familia mucho menos individualista, mucho menos cerrada y mucho más amplia.
La tensión que yo tengo no es por los derechos. Si faltara mi voto para que esos derechos existan, yo con un enorme dolor votaría afirmativamente.
Aplausos y manifestaciones en las galerías.
Sra. Carrió.- Pero yo quiero expresar mi tensión. Yo no estoy en contra de la unión familiar, pero la palabra matrimonio es un sacramento; remite a un sacramento, como la eucaristía. Y yo no quiero dejar de respetar a mi Iglesia. Creo absolutamente en la separación de la Iglesia y el Estado, y creo que la palabra matrimonio no tiene que estar en el Código Civil, porque es una palabra que, nos guste o no, está en la religión.
Es un dilema; yo no puedo decidir. Daría mi vida ‑di mi vida intelectual, pero también daría el resto‑ al reconocimiento e inclusión de esto. Al mismo tiempo, lo que más quiero y en lo que más creo en el mundo es en lo que creo que no está en el mundo.
Señor presidente: voy a pedir permiso para abstenerme, con el absoluto convencimiento de que esto no elude. Yo hubiera podido votar en contra y quedar bien con la Iglesia; hubiera podido votar a favor y quedar bien con la comunidad. Pero yo no quiero quedar bien con nadie. Yo sólo quiero explicar la tensión y solicitar permiso para mi abstención, que favorece absolutamente a que la norma sea sancionada.
Reporters: Not important
En este post se preguntan esto: ¿adivinen quién NO figura en la lista de la revista Time de las 100 personas más influyentes del mundo?
Nadie de los medios, se responden.
No sé lo que significa. Ustedes dirán.
(Por cierto, primero está Lula).
El debate por la información clasificada
La historia es más o menos conocida: hace unos días, la Ong Wikileaks difundió un video del Ejército de los Estados Unidos, donde un helicóptero Apache bombardea a un grupo de hombres en una plaza de Bagdad, entre ellos, dos trabajadores de Reuters. El video no puede verse en youtube, luego de ser removido por contenido sensible, pero sigue alojado en varias páginas (puede verse acá o acá). Para quienes no quieran verlo, se trata de la grabación del propio helicóptero norteamericano, que registra la conversación previa y el ataque que termina con la vida de los periodistas de Reuters y civiles iraquíes. Luego, una camioneta llega a asistir a los heridos y también son atacados por tropas norteamericanas. Dentro de la camioneta, se encontraban dos niños. Como cuenta este blog militar, cuando los pilotos escuchan que una de sus víctimas es una niña, se ríen: “bueno, es su culpa por traer niños a la batalla”.
Hasta allí, todo es repudiable y no hay nada que objetar. Lo interesante, sin embargo, es el debate que se sucedió a posteriori en los blogs especializados en temas militares de Estados Unidos (acá hay un racconto de todo lo que se escribió).
En el blog Wings Over Iraq, un piloto de Black Hawk recientemente llegado de Irak, especialista en contrainsurgencia, escribe sobre la publicación del video, y hace hincapié en la dificultad de los pilotos del Apache para distinguir entre un civil y un insurgente. Los pilotos del helicóptero manifiestan durante el video que las víctimas portaban AK-47s y RPGs, y el autor del blog sostiene que luego de ver el video en reiteradas ocasiones, puede ver al menos dos figuras portando esa clase de armas (los dos periodistas iban acompañados de otras siete personas), aunque asegura que, incluso observando varias veces la grabación, su examen queda inconcluso: “podrían estar cargando cualquier cosa”. El autor condena varias situaciones. En primer lugar, lo ocurrido con la llegada de la camioneta que ayuda a los heridos. De acuerdo a los pilotos, esos hombres iban a recoger las armas y son atacados por el helicóptero: “recoger cuerpos heridos no es un acto de hostilidad”, dice el bloggero. De la misma manera, repudia la frase “es su culpa por traer niños a la batalla”. El bombardeo final sobre el edificio, asegura, también es irresponsable toda vez que, a pesar de que quienes entran al edificio se encontraban desarmados. Estas son, para el autor, fallas en las tácticas de Contra Insurgencia (COIN). El autor concluye, incluso en el post siguiente, que hay un relativo consenso en que el primer ataque, donde mueren los dos periodistas, causado por la confusión de los pilotos, fue lamentable pero consecuencia de “la niebla de guerra“. El problema, lo que genera interrogantes, es el segundo ataque al edificio, sobre personas desarmadas y una camioneta que no realizó ningún acto hostil. (En el mismo sentido va a este artículo de un sitio brasilero)
Este artículo señala una cosa interesante respecto del fenómeno: no fue sino hasta que se dio a conocer el video, que la historia impactó en la opinión pública. Es decir, la situación ya se conocía a través del libro “The Good Soldiers”, del periodista del Washington Post, David Finkel. Pero fue recién cuando Wikileaks publicó el video, que “los fanáticos de la pornografía”, tomaron conciencia del hecho, de la misma manera que había ocurrido con Abu Grahib: “cuánto más pornográficas se puedan hacer las cosas, más gente las verá. Y cuando la pornografía es presentada como noticia, gente que de otra manera nunca lo hubiese visto comienza a disfrutarlo, e incluso pretende sentirse ultrajado para calmar su culpa por el placer”. Mi sensación es que: “y sí, macho, qué le vamo´ a hacer”. Las imagenes valen más que las palabras, y no hay muchas más vueltas que darle.
En este post, al respecto, se comienza apoyando la idea de WikiLeaks de transparentar las acciones de gobierno. Sin embargo, observa algunos problemas con la presentación del video “Collateral Murder”. Al contrario del primer artículo, el autor sostiene -por la experiencia de haber visto miles de horas de esta clase de videos- que no necesita tantos reaseguros para determinar la presencia de RPGs o AK-47s, especialmente desde un Apache que vuela tan bajo. Sin embargo, asegura que es irresponsable presentar un video así, remarcando todo el tiempo la posición de los dos reportes, ignorando al mismo tiempo los movimientos de los siete acompañantes restantes. Asimismo, nunca se deja en claro la posición de las fuerzas terrestres en referencia al helicótero. Entre el minuto 3:13 y 3:30, para el autor está claro que los dos periodistas cargan equipo fotográfico; en 3:39, sin embargo, pueden verse a dos portadores de AK y RPGs, lo cual el video de WikiLeaks no remarca. A los 4:08, se produce el error más grande de identificación, cuando aparece un hombre con teleobjetivo fotográfico y se lo señala desde el helicóptero como un RPG, y se pide entonces el permiso para atacar (aquí el autor sostiene que la confusión es posible). El autor ha estado involucrado en este tipo de ataques, y asegura que de haber estado personalmente en ese lugar, y con acceso a imágenes en tiempo real, habría recomendado no iniciar el ataque (siempre y cuando las supuestas armas, agrega, no estuviesen apuntando al helicótero, vehículos, tropas o civiles). Si bien sostiene que pudo existía la posibilidad de atacar al grupo de víctimas, en lo único en que no puede justificar militarmente las acciones del helicóptero es en el ataque a la camioneta que aparece luego de la primera ráfaga: “si bien algunos bajaron de la camioneta con RPGs, no había una amenaza cierta que justificara un ataque desde arriba con una 30mm”. La conclusión, entonces, es que si bien se trató de una maniobra injustificable en términos militares, la forma de presentar el video no muestra la foto completa, sino una parte que elimina algunas variables que deberían tenerse en cuenta.
Este último articulo es, quizás, quien más arriesga en la justificación del ataque. Allí se dice que el video no demuestra una falla en la táctica de Contra Insurgencia. El argumento es similar al anterior: hay cosas que el video no permite ver: información que manejaban los pilotos que no es revelada en el video, así como lo ocurrido antes de los 38 minutos del video y aquello que sucede fuera del límite de la lente. “Es posible -dice el autor -que con la información que no está en el video, los pilotos hayan tomado una decisión razonable cuya conclusión fue que eran individuos hostiles -incluso aunque algunos de ellos no portasen armas-”. Además, introduce la discusión sobre las nuevas formas de guerra, en especial la cuestión de la identificación del enemigo: “Cuando se pelea contra un enemigo uniformado, miembro de una fuerza hostil, se está frente a un enemigo mortal, per se, y eres libre de matarlo arrojando una bomba o mientras duerme en su barraca. (…) Si peleas contra un combatiente no uniformado, entonces estás frente a una persona con un reclamo político, alguien que no actúa como agente de una nación beligerante. No es un actor que se declara hostil y por lo tanto no es un enemigo mortal en sí mismo”. Aquí da cuenta de otro problema más: la identificación positiva de un individuo hostil es más riesgosa cuando se le exige al apoyo aéreo, ya que incluso desde la tierra es un proceso complejo en el cual “cuanto más detalles tienes, más complicada se vuelve”. Es decir, hay también allí, para el autor, un error de conducción que aumenta las probabilidades de atacar objetivos y actores no hostiles. Y concluye con un relato de su experiencia: “después de conocer las dificultades del apoyo aéreo para realizar la identificación positiva, dejé de conceder autorizaciones para disparar. Y luego de dos incidentes en los que el apoyo aéreo había intervenido contra algo que claramente no era una amenaza, me negué a realizar exploraciones de terreno, a menos que yo pudiera hacer mi propia identificación positiva de las amenazas”.
Una última discusión se dio al respecto: ¿es correcta la publicación del video?
En particular la publicación de este video no puede ser cuestionada (aunque aquí lo es). Aunque los especialistas -todos ligados al Ejército norteamericano -acuerdan en que la primera situación pudo haberse prestado a confusión, el segundo ataque es inaceptable desde cualquier punto de vista. Hay, como mínimo, un error de procedimiento (como mínimo), y como máximo la comisión de un asesinato.
Sin embargo, de la misma manera en que es correcta la aparición pública de este video, el debate que también queda pendiente es el de la información clasificada de los gobiernos. Semanas atrás, la propia WikiLeaks accedió a este documento del Centro de Contraintelgencia de los Estados Unidos, en el cual se considera que ese sitio web representa una potencial amenaza para las Fuerzas Armadas de los Estados Uidos, al publicar información sensible o clasificada, que puede ser utilizada por servicios de inteligencia, fuerzas militares, insurgentes y terroristas del extranjero. El caso más permeable resulta la publicación en dicho sitio de Tablas de equipamiento de Estados Unidos y las fuerzas de Coalición en Iraq y Afganistan, donde se detalla el equipamiento militar asignado por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos (que, ciertamente, es un regalo para los servicios extranjeros). El debate por el alcance de internet y los límites a la circulación de la información se reabre.
Tema Uno

¿Qué pasa si los cuatro-cinco-grandes-temas no son joda? Es cierto que lo más sencillo es reírse de la idea de que este país “se soluciona” poniéndose de acuerdo en los cuatro-cinco grandes temas fundamentales, y que lo demás sale solo. Pero qué pasaría si hubieran, efectivamente, algunos temas sobre los que podría construirse un consenso más amplio que el campo nacional y popular solo (sea eso lo que sea, sea eso quienes sean). Es decir, me da la sensación de que los cuatro-cinco (decidan si cuatro o cinco urgente) grandes temas, no son aquellos sobre los cuales la sociedad tiene que construir un consenso; tampoco me parece que sean, necesariamente, cuatro o cinco políticas públicas; me parece, más bien, que son dos o tres reglas no escritas sobre las cuales la clase política, en su totalidad, tiene que estar dispuesta a jugar.
Primer momento. Ruckauf sentado en un programa del canal Metro pegándole a todo lo que hizo el kirchnerismo desde el 2003 en adelante. La conductora arroja una última pregunta, como para terminar de rematarlo, y le pregunta por Néstor Kirchner secretario general del Unasur. Ruckauf se acomoda en el asiento, y dice algo así como: “ah, no, para adentro esta gente es un desastre, pero de la frontera para afuera no hay nada mejor para un argentino que otro argentino”. Bien (y sí, ya sé quien es Ruckauf, eh).
Segundo momento. El País, de España, publica un artículo diciendo que los Kirchner sobreviven al malestar popular “gracias a la ineficaz oposición”. Allí se da cuenta del periplo opositor desde Redrado hasta el fallo de la Cámara de Apelaciones, pasando por las intentos fallidos de conseguir quórum propio en el Congreso.
¿Qué pasa si el tema uno -porque es el primero que se me ocurre, no porque sea el más importante- es ese? Dentro del país nos sacamos los ojos, desde Usuahia a La Quiaca todo, fuera de ahí, nada. Es, digámoslo, un buen tema para ponerse de acuerdo: fuera del país, somos todos argentinos, nos ponemos gorro, bandera y vincha y a buscar inversiones, muchachos, que en el exterior somos todos embajadores del Estado argentino: oficialistas, opositores, apoyos críticos y no tan críticos. Hay que luteranizar el Estado, permitir que cualquiera, en el extranjero, sea sacerdote de la marca argentina. Charlemos sobre qué nos pareció la guerra de Malvinas y las negociaciones posteriores: pero cuando un dirigente político, del color que fuera, pone medio pie afuera de los límites geográficos, inmediatamente le da play al cassette del derecho internacional y la soberanía argentina sobre las islas.
El Gobierno, de quien no se puede dudar que conoce el contenido de la nota de El País, tuvo y quizás tiene una gran oportunidad para salir a decir -ya que se insiste con la cuestión mediática en el discurso-: “no, muchachos, en este país las instituciones funcionan fantásticamente y por eso hay sesiones en las cuales la oposición consigue sus objetivos y otras en las cuales no, pero en definitivas cuentas acá hay un sistema democrático donde la dinámica del oficialismo y la oposición fun-cio-na”. O sea, un Gobierno que diga: sí, los compañeros opositores son una cosa tremenda a veces, pero eso lo digo yo, eh, si lo dice uno de afuera me hirve la sangre. Sería un primer buen gesto para empezar a construir un par de reglas del juego democrático.
De la misma manera, del otro lado se necesita un gesto. En primer lugar, en la cuestión del Unasur, una oposición que acompañe la candidatura de Néstor Kirchner. ¿Suena fuerte? Puede ser, que se negocie la de mínima, entonces. Una oposición que no evalúe que sería una tragedia para América que Kirchner sea nombrado al frente de Unasur, porque no es un hombre democrático; no es un gesto demasiado generoso, pero es algo. Se trata de construir los límites del juego democrático, donde la regla uno sea: el arma de apelar al extranjero para denunciar la situación interna, durante un gobierno elegido democráticamente y que respeta los derechos políticos esenciales, no vale. Todo lo demás, hacia adentro, vale. No tendría problemas en que, hacia adentro, alguien diga que Kirchner conduce un tren a Varsovia o algo así. Cuando se lo dice afuera, la cosa preocupa un poco más. No quisiera apelar al recurso de “en-los-países-serios”, pero se me ocurre que una forma de construir una imagen de un país serio en el exterior, es que los primeros defensores de ese país sean quienes todavía no son gobierno.
“Miren, nosotros no estamos de acuerdo con lo que está haciendo este Gobierno; sin embargo, en mi país las instituciones funcionan a la perfección y tenemos el derecho no sólo a decirlo sino a tratar de implementar lo contrario desde el Congreso cuando podemos hacerlo”. No se pide demasiado a los opositores. “Miren, nosotros creemos que este es el rumbo que tiene que tomar el país y la oposición cree que es uno distinto. Sin embargo, nos parece una falta de respeto que un diario de España hable de la ineficacia de los sectores opositores que forman parte del Estado argentino de la misma manera que lo forma esta Presidenta y sus ministros”. Tampoco se pide demasiado al oficialismo.
¿Estamos de acuerdo?, ¿firmamos?
Vamos por el Tema Dos, entonces.
La vía islandesa
El tema lo propuso el bloque del Gen, los diputados Margarita Stolbizer y Gerardo Milman. Si me preguntan, gente con la que el oficialismo debería sentarse a charlar, y acá habría un buen primer punto para pensar (digo, si es difícil pensar en la formación, por ejemplo, de un gabinete que incorpore cuadros de la oposición que ganó en junio de 2009, por ahí el reparto de incentivos puede hacerse en éstos términos). El proyecto implica convocar a un plebiscito vinculante para responder sobre tres temas: el uso de reservas para pagar deuda, la universalización de los planes sociales y la última el cese de la intervención del Indec y que el Congreso sancione su normalización.
Vamos a enfocarnos en la primera. En especial, porque me parece la más refrendable en el sentido de que se trata de una propuesta concreta por sí o por no. Claro que cualquiera votaría por normalizar el Indec, pero temo que “normalizar” exige otro tipo de debate, quizás parlamentario, que no se resuelve diciendo que sí o que no. E implica procesos de aplicación de esa normalización que tal vez no cumplan las expectativas del votante que exige sólo “normalicen”.
Algunos bloggeros ya trataron esta propuesta: acá, Contradicto de San Telmo, y acá Federico Vázquez.
En términos operativos, hay que tener en cuenta lo siguiente. Introducido por la reforma de 1994, el art. 40 de la Constitución establece que, a iniciativa de la Cámara de Diputados, se podrá someter a consulta popular una ley. La convocatoria a votar no puede ser vetada por el Ejecutivo, y el voto afirmativo en esa convocatoria vuelve automáticamente ley aquello que se vote. En ese caso, el Poder Ejecutivo podría enviar un proyecto de ley para el pago de deuda con reservas del BCRA y la consulta tendría carácter de vinculante. De otra manera, el art. 40 también establece que tanto el Congreso como el Presidente puede llamar una consulta popular no vinculante, con voto no obligatorio, dentro de sus respectivas competencias (y acá, digamos, se abriría el debate otro mes más a ver de quién es competencia). De todas maneras, hay gente que podría decir cosas más interesantes que yo sobre el aspecto jurídico. La cuestión, de todas formas, pasa por otro lado. Con la consulta ocurre lo mismo que con los vetos y los DNU´s: se trata de buscar un equilibrio entre facultades del Ejecutivo y relación de fuerzas reales. Si bien el poder constitucional de hacer una consulta no vinculante existe, convocar hoy un plebiscito obliga políticamente a aceptar el resultado sea cual sea. Seguir adelante con el pago, después de una consulta que resulte negativa, es firmar el acta de defunción del kirchnerismo.
Es muy difícil lograr que el debate no se convierta en un plebiscito sobre el Gobierno. En ese sentido, la propuesta de Contradicto sería la más favorable para el Gobierno: un proyecto oficial de pago contra un proyecto que la oposición logre acordar, implicaría que votar contra algo tenga el costo político de votar a favor de otra cosa. De otra manera, la cuestión es más complicada. Sería difícil movilizar una masa crítica en favor de la utilización de reservas para el pago de la deuda. El plebiscito no deja demasiado libre a los matices, y si hay algo que este debate requiere son, justamente, grises. El no al pago, me parece, aglutinaría un espectro ideológico diverso y muy amplio: desde quienes se oponen al pago en sí, pasando por quienes destinarían esos fondos a otra cosa, hasta quienes sostienen la necesidad de tener un colchón amplio de reservas. Sin importar motivaciones políticas coyunturales, las cuales también quedarían en ese universo de votantes. Quizás el caso islandés grafique mejor lo que quiero decir.
Uno de los países más afectados por la última crisis financiera internacional, Islandia, realizó estos últimos días un referendo por un tema, a grandes rasgos, similar. El 90% de los electores decidió rechazar una ley que devolvía al Reino Unido y Holanda una millonaria deuda derivada de la quiebra del Banco Icesave, que afectó a 300.000 ahorristas de esos países.
El Gobierno socialdemócrata mandó un proyecto de ley impulsando el pago de la deuda. La ley no fue firmada por el Presidente (je, el parlamentarismo), con lo cual pasa automáticamente a referéndum. La votación se realizó después de una crisis que dejó como saldo una deuda de 3.900 millones de euros, el 50% del PBI del país, y un regreso, como dijo su ministro de Finanzas, “a los niveles del 2001″. En el medio, durante el 2009 el PBI cayó 7,5% y el desempleo se estabilizó en 8% (por cierto, después de una crisis tener 8% de empleo, parece que nos estuvieran canchereando, montonera Bjork re-nun-cie).
En ese sentido, el Gobierno sostiene que la ayuda del FMI se vuelve un factor clave para la reconstrucción de una burbuja que se pinchó, y aseguran que el retraso de esa ayuda se debe a la presión de Holanda y el Reino Unido para que Islandia se defina a favor del pago. Los argumentos claves por los cuales la Primer Ministro se opuso al referéndum fueron la necesidad de la ayuda del Fondo, el deseo entrar en la UE y la renegociación del pago que se lleva adelante con Holanda y Reino Unido (que, de acuerdo al proyecto de ley, era en principio a una tasa de 5,5% a 15 años, y que ahora ha sido mejorada a un interés fijo con un tipo variable hacia el final). El Presidente, vivo, dijo que gracias al referéndum se habían conseguido mejores condiciones de negociación, mientras que la Primer Ministro sostuvo que era inútil debatir un proyecto que ya había sido superado por el nuevo acuerdo.
La victoria del Presidente se traduce en haber logrado poner por encima de la discusión fiscal, el rencor de los islandeses por el abuso que Holanda y el Reino Unido habrían cometido contra los islandeses en la negociación. La implacable suma de 12.000 euros per cápita por contribuyente a quince años, y el 2/3 del presupuesto anual, pareció ser el argumento ganador para el voto bronca contra los bancos, la dirigencia política y los acreedores extranjeros.
Visto este ejemplo, con los matices propios de un país nórdico, queda entonces para discutir si es posible convencer, dentro de la estructura de una consulta popular que no va más allá del sí o el no a un proyecto de ley determinado, a la mayoría de la población de la necesidad de utilizar las reservas del Banco Central para afrontar el pago de la deuda. El peligro no parece tanto la imposibilidad de darle a eso un contenido épico -el cual no tiene por qué tenerlo necesariamente- como la posibilidad de diluir una cuestión muy relevante en términos económicos y fiscales, en el debate más amplio sobre la gestión de este Gobierno. Me refiero a que, si bien no es una ley empíricamente comprobable, el caso islandés demuestra que es más fácil aglutinar el voto contra un enemigo en general, contra una forma y contra un abuso, aún dejando de lado la cuestión central que se debate.
Y yo, sinceramente, tendría cuidado con eso. No sé si el rumbo económico de un país puede discutirse en esos términos.
Vamos aclarando el panorama…
…que hay pinguinos en la cama, sigue esa canción, ¿no?
En este post, algunos compañeros tenían dudas de si Carlos Menem había arreglado con el kirchnerismo para no ir a la sesión del miércoles pasado.
Como este blog también brinda un servicio, despejamos las dudas:
El Senado inició la sesión a las 14.15 con la presencia de 37 senadores de la oposición, incluido el riojano Carlos Menem, que se lo vio muy sonriente.
Bienvenidos al barro, amigos republicanos.
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