Tomás

El límite es Biondini

Pasó. Y lo peor es que pasó como una simple chicana. Reconozco que esperaba el escándalo: los veinte movileros rodeándolo. Creía que primero lo iba a negar, diría que no sabía con quien hablaba. Pero ese “Hola, Alfredo, le habla Alejandro Biondini”; “Hola, Alejandro, buenas tardes a toda la audiencia”, era demasiado evidente. Que después pediría disculpas, o algo. Y, entonces, nosotros seguiríamos con el tema unos días más, tratando de adivinar qué había significado eso, y los apologistas de Alfredo nos dirían que fue un error y nada más, como tantos otros. Y volveríamos a la discusión normal.

Pero no. Y me parece que pasaron el límite. Que se iban a juntar con Macri, Duhalde, la Iglesia Católica, era evidente. Se puede estar en desacuerdo, marcar las contradicciones entre discursos y personajes, enojarse con la doble moral católica y la supuesta neutralidad eclesiástica que no existe, indignarse con el eterno retorno del Bañero Depuesto. El armado con dirigentes que expresen intereses ideológicamente opuestos es entendible, si lo sabremos, a veces, nosotros.  Pero me parece que Biondini es un límite: más, está fuera del límite. Ahí ya no se puede jugar políticamente. Los meses de conflicto nos enseñaron (nos terminaron de enseñar, acaso) algo: ninguna aparición mediática, por neutral que parezca, es casual.

Yo quisiera que esta charla hubiese sido un exabrupto. Que se hubiese dado en el fragor de la lucha, que el tipo se haya confundido, una explicación, algo. Pero esta charla, tan amena por cierto, se dio en un momento de construcción política, en el rosqueo, en el reagrupe de fuerzas, y eso asusta. Porque si es ahora cuando hablan con Biondini, quiere decir que están dispuestos a todo (iba a poner que a casi todo: y no encontré un ejemplo de cómo se puede ir más lejos que hablar con un nazi). De Ángeli, tengo que creerlo, no es un nazi. Tampoco creo que haya sido una convocatoria a ese tipo de derecha enferma. Pero habló con un nazi y compartió críticas al kirchnerismo. Y es ahí donde la cosa se pone fea: nadie dice que esté mal criticar los aspectos que se consideran negativos del Gobierno, pero una cosa es decirlo desde Lozano (sea lo que sea) y otra distinta es hablar desde Biondini. Y De Ángeli compartió las críticas de una derecha que ni siquiera entra en el espectro político. Se cae de fascista.

Pasamos un límite. La discusión se nos fue de las manos. Dijeron muchas veces que, por una especie de culpa del peronismo, la política argentina se la jugaba al todo o nada todo el tiempo. Que, frente al supuesto carácter grisáceo que debe ostentar toda democracia, el peronismo ponía épica hasta en la inauguración de un semáforo. A mí me parece que ir a criticar a un Gobierno que discute tu renta, con un tipo vinculado al nazismo tan evidentemente, es una forma horrible de jugarse al todo o nada. Y esta vez, creo, la culpa no es del peronismo. El límite era Biondini y acá se lo pasó de largo.

La ley del 2X1: dos golpes por un diploma

Mañana (ya hoy) saldrá en todos los diarios que hubo ayer en Devoto una pelea entre internos; que la requisa entró buscando celulares que supuestamente se utilizan para realizar secuestros express desde el penal. Seguramente, hay algo que no van a decir. Que ayer terminaba el cuatrimestre y se entregaban los diplomas de las actividades extracurriculares del Centro Universitario de Devoto (CUD). Que lo de ayer fue una más de las brutales requisas descriptas en el Informe de la Procuración Penitenciaria (se puede bajar en esta página). Que se trata de una venganza contra el CUD, un espacio de libertad construido dentro del mismo penal de Devoto, donde los internos tienen la posibilidad de realizar diferentes carreras universitarias. En el CUD se enseña, sobre todo, a pensar. Y el Servicio Penitenciaro está preparado para responder a la violencia: pero no sabe qué hacer con internos que empiecen a pensar.

Ave Fénix es un proyecto de trabajo en cárceles surgido en el año 1997, y desde el 2001 hasta la fecha depende de la Secretaría de Cultura y Extensión Universitaria y cuenta con el apoyo de la carrera de Trabajo Social de la UBA. Las dos licenciadas en Trabajo Social que llevan adelante el Proyecto Ave Fénix, quienes concurren al penal de Devoto para tareas que van desde asesoría jurídica hasta la producción de un boletín informativo llamado “Hablando desde las cárceles”, redactaron este comunicado, el cual solicitamos a todos difundir entre quienes puedan:

2X1: dos golpes por un diploma

El día viernes 22 de agosto era un día festivo para las personas detenidas en la cárcel de Villa Devoto, se festejaba el cierre de cuatrimestre de las actividades extracurriculares que dicta la Universidad de Bs. As. en el espacio del Centro Universitario Devoto. La celebración incluía la entrega de certificados para los alumnos que aprobaron cursos de computación, la visita de funcionarios institucionales de la UBA y un espacio para compartir el almuerzo y algo de recreación con sus familiares. Una fiesta y un momento para demostrar el esfuerzo realizado durante el primer cuatrimestre.

Nuevamente, y como suele ser habitual, el servicio penitenciario realizó lo que se llama “una requisa de rutina” (porque se repite rutinariamente). En horas de la mañana, y según información remitida por una de las personas detenidas víctimas de la situación, este cuerpo de requisa ingresó al módulo cinco, celular primero procediendo a romper la mayoría de los televisores y demás pertenencias de los alojados y ocasionó destrozos con los alimentos que habían sido preparados para la celebración; para compartir entre ellos, los docentes, los profesionales de la Universidad de Buenos Aires y las familias de los detenidos.

Ante esta situación, obviamente, los detenidos solicitaron explicaciones de lo sucedido y la respuesta fue golpes y tiros.

A las 12 del mediodía, cuando la celebración debería estar por comenzar, había entre 20 y 30 personas detenidas con heridas de diversa gravedad y algunos habían sido trasladados al hospital del penal.

Inmediatamente algunos medios de comunicación hablaron de requisas por celulares, secuestros express y demás. Lo real es que los detenidos – estudiantes de cursos curriculares y extra curriculares fueron violentados física y psicológicamente por quienes se supone tienen el deber de “resocializarlos” (aunque no compartamos el concepto) y resguardar su integridad.

Una vez más, queda visible la situación cotidiana que padecen los detenidos y sus familiares: violencias de todo tipo, hostigamiento para aquellos que desean participar de actividades por fuera de las que ofrece el servicio penitenciario y demostración de poder a través del uso de la fuerza represiva.

Liliana Cucut-Paola Calcagno

Coordinación Proyecto Ave Fénix

Secretaría de Cultura y Extensión Universitaria

Facultad de Ciencias Sociales – U.B.A.

A quien corresponda

En esta nota, Caparrós dice que no sabe por qué escribe. La postura: el escritor que no le encuentra sentido a la actividad y, luego, a la vida. El opio de Baudelaire hecho tedio. La post-modernidad, que le dicen. Dice, entonces, que envidia a los que sí sabían, a los que escribían por algo. Que, en definitiva, todo tiempo pasado fue mejor. Ahora, en esta otra nota (aunque previa), el escritor ya sabe por qué escribe: para decir no sólo que todo tiempo pasado fue mejor, sino que mejor que se quede en el pasado.

Sería torpe, canalla y cobarde –y no estaría lejos de la tapa de hoy de Crítica –decir que Caparrós brega por enterrar el pasado. No creo, además, que lo esté reclamando. Quizás el reclamo, la postura, la idea, sea traer el pasado como reliquia. Hay que extrapolar de raíz, pide Martín. La única manera de hablar de los desaparecidos, la verdadera la pura la “neutral” y objetiva (¿otro más que se traga el cuentito de la objetividad, él, tan amante de su subjetividad?), es decir que fueron guerrilleros, que quisieron tomar el poder, que lo quisieron hacer a través de la lucha popular. No importa caer, en el camino, en la trampa del “fueunaguerra”. No hay problema con decir que Menéndez tiene razón, que éramos terroristas. Para Martín, entonces, si se quiere reivindicar a los tipos que fueron secuestrados, torturados y desaparecidos, la única salida es construir el país que ellos habían querido construir. Y sino, nada, chito la boca. Demoler la democracia construida, porque aquellos queríamos el socialismo, y lo queríamos por la lucha armada. Treinta años pasaron al pedo: si se quiere nombrar a los desaparecidos, primero hagan el país que ellos quisieron construir, hace treinta, cuando las cosas eran tan, tan distintas. Pero juzgar a los militares, eso es “pura política”, utilización de la memoria.

El pensamiento es, en el fondo, retrógrado. Implica que al pasado hay que emularlo o enterrarlo. Que para ponerse la escarapela el 25 hay que esperar el año que llueva, hacer tiras celestes y blancas y apretar tipos en el Cabildo para sacar a patadas en el culo a los españoles. Que sigamos tirando aceite caliente a los ingleses: que si vamos a cantar seamos Gardel o nos callemos. Es, de alguna manera, una concepción –en términos nietzscheanos –casi anticuaria de la historia: no darle vida al pasado, someterse a él, minar la vida presente, decir que todo aquello –que por supuesto era mucho mejor, más comprometido y puro, como se encarga de aclarar Martín en las páginas de la novela A quien corresponda –no puede ser nombrado ni repensado sino se cumple a rajatabla aquél mandato de la patria socialista. Juzgar a los militares torturadores y hacer negocios con países del mundo, capitalistas ellos, es una contradicción horrenda. Lo que no dice Martín, y estaría bueno que lo haga, es qué hay que dejar de hacer para ser más puro: si sacarse la supuesta careta, declararse asquerosamente capitalistas y dejar de juzgar a los militares. Y que nos explique por qué esos términos son contradictorios, de paso.

(Y, además, que no sea contradictorio decir que escribe “porque no está mal ser escritor, porque se gana algo de plata y un poco de respeto, un par de viajes, la admiración de algunos”. No, eso no es traicionar el pasado, sino un sinceramiento snobista que sí vale)

Parece una sorpresa, y es pura estrategia retórica porque nadie cree que Caparrós peque de ingenuidad. Como si las organizaciones de los ´70 hubieran nacido de un repollo; como si, también, no hubiesen resignificado el peronismo. Como si Firmenich no hubiese dicho, alguna vez, que fusilaron a Aramburu para que alguna vez, Dorrego lo fusilara a Lavalle. Pero pareciera como si recién se lo contaran: el discurso político (re)significa el pasado. Y la forma de hablar del pasado nos explica cosas del presente. Si de ese pasado se habla así, con los torturadores y genocidas en la cárcel, a mi hay algo que me entusiasma más del presente que si no.

Manual de periodismo berreta

Clase 4. De cómo inventar noticias.

Inventar en el aire, en tiempos de Internet y tantos medios, es complicado, casi imposible diría. Hay que reconocerlo: crear noticias exige un entrenamiento diferente al de otros tiempos. Antes alcanzaba con decir que habíamos hundido un par de barcos allá en las islas, y ningún soldado iba a mandar un mensajito diciendo que no, que no estábamos ganando. Pero la construcción de la realidad no se ha abandonado. Sólo que ahora exige una dinámica diferente: como todo crimen perfecto, necesitamos una coartada, elementos materiales que nos prueben que algo allí pudo haber ocurrido.

A modo de ejemplo:

Necesitamos, primero, ubicar espacio-temporalmente a nuestra víctima:

MOSCU.- El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, inició esta mañana una visita estratégica a Rusia, en la que planea consolidar su poderío bélico en la región a partir de la compra de armas, y la cual forma parte de una gira europea que lo mantendrá alejado de su país por algunos días.

La Nación.

Bien, la víctima está en el lugar. El primer elemento de veracidad está solucionado. Alejándonos de este ejemplo práctico, traslademos esta situación a una técnica más sutil: la publicación de rumores como noticias chequeadas. Por ejemplo: si queremos inventar que el funcionario X se tomó a golpes de puño con Z tras una discusión sobre Y debemos aportar a la información los siguientes datos:

El tercer punto, apelando a la integridad del testigo, puede ser absolutamente inventado. La apelación a la libertad de prensa y la conservación de las fuentes es una clave fundamental en el ocultamiento de los testigos. También es beneficioso hablar de “lo que se rumorea en los pasillos”, ya que los pasillos, sabemos, jamás nos interpelarán acerca de nuestros dichos. Nadie es los pasillos.

Sigamos con el ejemplo. Una vez tenemos a Chávez en Rusia hagamos volar la imaginación, mas no libremente. La imaginación de un periodista no debe fluir por los andes del orbe: debe navegar en los mares del estereotipo. Para eso habría que hacer una lista de los estereotipos clásicos por país, que aquí sólo mencionaremos brevemente algunos a modo de ejemplo:

- Cuba: instalación del comunismo en América Latina;

- Francia: intercambio cultural;

- África (cualquiera sea el país): lucha contra la pobreza;

- Japón: tecnología,

- Etc.

Una vez tengamos a Chávez en Rusia, aprovechemos un dato de la realidad para crear otro más grandilocuente. Pongamos, entonces, que el Presidente de Venezuela, en ejercicio de sus facultades constitucionales, negocia una compra de armas. Como tal, la noticia no conmueve ni vende. Aquí podremos apelar a un gran recurso: la exageración. Si desconocemos el monto de compra, imaginemos un número que “la opinión pública” considerará indignante: multiplíquelo por dos y arrójelo impunemente a su hoja de papel apelando a cualquiera de los recursos antes mencionados (fuentes anónimas, pasillos, corresponsales, comunicados de prensa, etc)

Chávez en Rusia: Suma US$ 5.000 millones en compra de armas

Mientras el mundo se une para pedir paz en Colombia, Chávez en Venezuela sigue adelante con la compra de armas. Esta parece ser la crítica del momento a Hugo Chávez, que se encuentra de visita en Rusia, como parte de una gira por Europa. El venezolano suscribió una alianza entre PDVSA con tres petroleras rusas para explorar 640 km2 de la faja de Orinoco y la compra de tres submarinos y 20 sistemas de defensa antiaérea por US$ 1.000 millones. Venezuela ya ha gastado US$ 4.000 millones en armas rusas en los últimos años.

Urgente24.com


Podríamos decir que la noticia ya está. La comparación con Colombia es la frutillita del postre: el hombre pacífico que rescata a la líder política sin tirar un solo tiro (solamente ensuciando el nombre de la Cruz Roja de aquí a la eternidad, dicho sea de paso) frente al mandatario loco desestabilizador que sale a comprar armas mientras el mundo pide paz.

Pero noten esta perlita: “Esta parece ser la crítica del momento a Hugo Chávez”. Nosotros no criticamos: expresamos las críticas que vuelan por el aire del humor social. Noten la falta de sujeto en la oración. También podríamos titular así: “Ahora dicen que Chávez compra demasiadas armas”. Lo importante es que nosotros no lo decimos. Porque somos parte de un medio de comunicación, y como tal somos objetivos, neutrales, apolíticos y carecemos de ideología. Somos, bien deben saberlo, un reflejo de la realidad: contamos lo que pasa en la vida social, no lo construimos. Nuestro discurso es neutro porque, en tanto que medios de comunicación, no respondemos a intereses: los intereses, horrenda palabra, dejémosla para la chanchada de la clase política. Nosotros nos movemos por honestidad, no nos manda nadie a cubrir las notas, lo hacemos porque “la gente” quiere saber. Y ahí estamos nosotros, intermediarios únicos y exclusivos del único proceso de comunicación democrático: la relación periodista-opinión pública. Todo lo demás: puro verso, el político de turno tratando de convencer a la estúpida audiencia. Menos mal que existimos.

Ahora, démosle el toque dramático para terminar una noticia como se debe. Aprovechar el material, trabajar con lo que se tiene: un presidente verborrágico para un periodista es ir a hacer un asado con las brasas hechas y la carne puesta en la parrilla. Hay que darla vuelta y listo. El silogismo es tan falaz como sencillamente construido:

Premisa A:

La Fuerza Aérea rusa estudia trasladar bombarderos de largo alcance a Cuba en respuesta al sistema de defensa antimisiles que Estados Unidos planea instalar en Europa central.

Premisa B:

Chávez dijo que Venezuela se encontraba tan bien posicionada como Cuba.

Conclusión (título de la nota):

Chávez ofrece a Rusia erigir bases militares en Venezuela

Noticias24


Un último consejo para inventar una noticia. La cantidad de medios y noticias circulantes por el mundo no permiten una sana y pausada reflexión sobre todo lo que ocurre. El lector necesita la noticia preparada, cocinada y en lo posible ya masticada. Hay un recurso que no puedo dejar de mostrarles: es imperativo comparar los sucesos actuales con cualquier evento del pasado. Cuando una persona lee una noticia quiere entenderla al segundo, saber sobre qué le están hablando. Voy a ser más gráfico si continúo con el ejemplo:

“Posiblemente crea en la posibilidad de recrear la atmósfera de la guerra fría y rebobinar la película en cincuenta años”

Venezuelanoticia.com

¿Anhela el Presidente un desenlace de tensiones, al más puro estilo de la crisis de los misiles cubanos“?

Noticias24

La idea es nombrar un hecho al que el mundo entero asocie a un juicio de valor. Cualquier pacto dentro de un país es el Pacto de la Moncloa; todos los embates contra la libertad de prensa son totalitarismos encubiertos; cualquier intento del Estado por cooptar mayor cantidad de renta del sector agropecuario es estalinismo puro (ver caso argentino de cobertura de conflicto agrario: capítulo 1. De cómo convertir a la Sociedad Rural en kulaks expropiados por Stalin). Aquí, en el ejemplo de Chávez, está más que claro: la –falsa –instalación de las bases rusas es, a 50 años del suceso, el mismo suceso repetido. La Historia, para nosotros los escribas de su borrador, es circular. Quien ha visto una serie de sucesos históricos, en realidad, los ha visto todos. Asociar bases militares, Rusia, Cuba, crisis de los misiles y lograr el resultado: tensión. Chávez, entonces, aumenta la tensión. Y los resultados, a la vista:

Es lógico, su fin es la guerra y dominar Latinoamérica;

En un artículo se menciona que Chavez comprará 30 mil millones en armamento a Rusia, y se supone que ese gobierno no se caracteriza por ser muy transparente mmmmmmm

Comentarios de La Nación.


Miente, miente que algo quedará, es la máxima que nos guía. Nuestro objetivo: ese “mmmmmmmmm” del comentarista. Lo importante es crear la desconfianza, no importa sobre qué, no importa si luego debemos desmentir. El daño está creado. Y una pequeña nota falsa al costado de un gran diario, es mucho más eficiente para influenciar que tres o cuatro sesudas desmentidas en medios marginales:

Las Bases Rusas

Hugo Chávez desmiente el monto de la compra de armas

Miente…que algo queda. Martín Guédez.

Próximamente, más clases de periodismo berreta.

Judas, Cobos y vos

Alguien propuso algún tiempo que usáramos los sábados (creo) para no hablar sólo de política. A mí me gustó la idea, pero no pude. Escribiendo algo sobre Judas, no pude evitar la comparación con Cleto. Acá va:

Pasé por todas las etapas. Cinco minutos después del voto, después de cuatro horas seguidas de debate, lo único que quería era que el tipo renuncie antes de salir del Senado. Era ver a Carrió hablando de Dios, a Buzzi llamando compañero a Miguens, y daba tristeza. Solamente me salía -todavía me sale- la palabra traidor. Con un poco más de tranquilidad, horas después, nos fuimos dando cuenta que no había que crear un mártir. Que el Gobierno no podía darle más jugo a los multimedios (mucho menos si es cierto que se va por la ley de Radiodifusión) y la nueva derecha (a la que, incluso, se la estaría dotando de la cara visible lavada que le falta). Que, decía Mendieta, con Cobos adentro después de esto, va a ser difícil que se sigan escuchando las gansadas de autoritarismo-fascismo para calificar al Gobierno. No conozco fascismos donde el vice vote en contra de su Ejecutivo. Más: no conozco gobiernos así.

Judas es mi apóstol preferido porque representa el altruismo, el sacrificio por una idea: Judas fue el más cristiano de los apóstoles, el más convencido, y en ese convencimiento enfermo comprendió la necesidad de convertir a su dios en un mártir. Para que existan los mártires deben existir los traidores, porque, sí, Jesús hubiera sido encontrado y muerto de todos modos, pero entonces la Historia no hubiera tenido la moraleja que tuvo. La responsabilidad hubiese recaído sobre los romanos, y la culpabilidad sobre un todo siempre se disuelve (por eso es tan inútil la idea de que todo lo que pasa es un problema de la sociedad entera). Entonces Judas decidió encarnar la traición él mismo, hacerla figura viviente, representarla. Dio su vida y su reputación para que otros entiendan que alguien mató a Jesús, pero que ese acto era la Humanidad entera. Lo de Judas no fue un mensaje religioso -y por eso me atrae- sino moral: Judas es la representación de la Humildad llevada al extremo, el sacrificio de la vida propia en aras de lo que, supuso, era mejorar la Humanidad entera.
En la tribuna, en la sobre mesa, en el bar, sostengo que Cobos es un traidor. Y tengo con qué. Nadie votó las convicciones de Cobos, ni su carácter de “hombre de familia” (¿?). Está ahí en representación del Ejecutivo y no cumplió su rol institucional. También, coincido con la idea de que la política es una cuestión de formas. Que, si Borocotó hubiese esperado unos meses, hubiese desparramado unas cuasi-lágrimas y hubiese apelado a la dificultad de dicha decisión, hoy “borocotear” no sería un verbo, y el tipo sería un legislador más que se pasó de un partido a otro. Sin tanta indignación, y hasta con aplausos, como los que recibió Don Julio.

Ahora hay una nueva versión dando vueltas, que no me convence, pero que me gusta como fantasía literaria casi. Dicen por ahí -repito: no juzgo la idea, no la acepto ni la descarto, la uso para jugar un rato, para sacarme el gusto a bronca que me quedó -que Cobos jugó para el Gobierno, que sacó un problema de encima de un modo tal que no repercutiera en la autoridad de Cristina. Hay una trampa por detrás de la idea: el falso supuesto de que el Gobierno sabía que la 125 era inaprobable, pero que no podía tirarse para atrás sin perder el capital político que había apostado durante cuatro meses. La versión, de todas maneras, hace agua por todos lados. Primero, que no se puede calcular y fingir semejante empate. Segundo, encuentro otras maneras menos dramáticas de ir para atrás sin que quede tan feo. Y, tercero, a diferencia de Judas, se sabía que Cobos iba a ser considerado traidor por una parte, pero enarbolado como líder por otra en crecimiento.

Hace un par de años encontraron el Evangelio de Judas. La idea central del manuscrito es una reivindicación de Judas, al estilo de un ensayo de Borges (”Tres versiones de Judas”): Judas, en realidad, cumplió los deseos de Jesús. El Mesías necesitaba que alguien lo entregue para ser más Mesías, para que quede claro que él no estaba para éstas cosas tan mundanas, terrenales. El Viejo Testamento era poco claro: había que reafirmar la idea de que todos somos pecadores, y Tata Dios mandó a su Hijo a que lo matemos. Pasaron 33 años y nadie se hizo cargo, hasta que vino Judas y cumplió el Plan de Culpabilización Divino. Ahora sí quedaba clarito que era necesario construir Iglesias y sentirnos mal desde el día uno. Ser bueno no alcanzaba porque, quieras o no, todos habíamos sido un poco de Judas (”Todos somos Judas” dirían los panfletos en las 4X4 de la época).

No hubiese estado mal una jugada así. Como estrategia política, Maquiavelo puro, hubiese sido intachable. Incluso, más viable que la de Jesús. Porque, en todo caso, para Judas no hubo, jamás, un desagravio. Judas no tuvo ni tiempo para decir que actuó con el corazón, con sus convicciones, que era un hombre de familia. Para Judas sí fue el día más difícil de su vida, y horas después lo demostró, terminándolo. Judas no es Cobos. La traición de Judas tenía un propósito más amplio, de encarnación de La Traición. Y para reforzar la idea, Judas se suicidó fingiendo una culpabilidad que, en realidad, no le correspondía.

Cobos, al segundo de traicionar, salió a festejar y a capitalizar políticamente la traición. Judas, en cambio, se llamó al silencio eterno para que no se descubriera la verdadera maniobra política. Judas, en el fondo, era un orgánico del cristianismo.

Ir a la Plaza por un modelo

Más que exponer por qué, particularmente, iría a la movilización convocada por Kirchner, lo que quiero es salir a dar la pelea por la racionalidad. Exponer las razones para que, en el imaginario público, se vaya diluyendo el mito -gorila- de que de un lado está la racionalidad, la honestidad y la espontaneidad, frente a la militancia rentada, el clientelismo y el acomodo político. Un prejuicio que, mal que les pese, es un prejuicio cultural, de clase, de clase media.

No estoy en Capital, pero iría a la marcha del Gobierno si pudiera. Ojalá en Olavarría pudiera organizarse algo. Por ahora, estoy escuchando mucha gente tirando para atrás la movilización: anoche –vaya a saber por qué –estaba mirando a Pergolini fogoneando para que nadie vaya a ninguna de las dos marchas. Que nos dejen de usar, decía. Al rato, la publicidad del Gobierno de Buenos Aires, la pregunta por los baches, la lógica de la política como gestión pura y neutral. Y luego, la publicidad de Mc´ Donalds terminaba por cerrar el mensaje: jóvenes, trabajen, de lo que puedan, sin sindicatos, por dos mangos, pero no militen, no marchen, no piensen: produzcan. Que ha visto muchas movilizaciones –dice hoy a la mañana el Grupo Clarín en la voz de Ruiz Guiñazú –y que la ciudad debe tener, en realidad, orden. Y que la movilización permanente, si permanente quiere decir una vez cada tres semanas, va contra la idea de “paz”. Que la paz, aunque sea la de los cementerios, es preferible a este desorden.

Marcharía por las mismas razones que lo hice la vez pasada. Porque estoy seguro de que regalar el espacio público implicaría un avance de esa derecha que es real, que existe, y que ahora tiene nombre y apellido, que se encarna en Eduardo Duhalde. A mí no me parece nada casual, y no sólo porque Duhalde aparezca como el único capaz de manejar “el aparato”. Duhalde fue la cara del poder político que se la jugó por este modelo de acumulación, ante la disyuntiva dolarizar (para el sector financiero-extranjero)- devaluar (para los agro negocios). Ver este trabajo de Eduardo Basualdo.

Y también iría por las razones que dio Ferrer. Creo que ahí estuvo gran parte del error del Gobierno. No se puede apelar a la solidaridad del capital ni de la clase media. Es idealista, hasta romántico: pero inviable. Si algo hay que reconocerle –a veces hasta criticarle a veces –como virtud del kirchnerismo, fue haber construido con “lo realmente existente”, sobredosis de realidad, en algunos casos. Hubiera sido hasta más constructivo para el debate, hablar de proyectos de país que de redistribución (que hay que hacerla y es necesaria): de modelos, de monocultivo frente a diversificación. Preguntarle al agro –que se la pasa envidiando a Brasil y Uruguay –cuántos países desarrollados con monocultivo y monoproducción conocen. Que miren los índices GINI de los exportadores de materia prima; y las tasas de desempleo y de concentración del ingreso en esos países.

Iría a esta plaza porque el poder político, encarnado en el Poder Ejecutivo, es el único freno que existe al avance de ese modelo de acumulación. Uno de los tantos expertos consultados por La Nación –luego de Robledo Puch – fue José Luis “Tú no has ganado nada” Chilavert, quien recomendó bajar las retenciones. José Luis, experto en nuestros campos, desconoce la situación en su país de origen. En Paraguay, por ejemplo, el avance de la soja hace estragos en la estructura productiva del país. La metodología no parece muy diferente, sin embargo, de la autóctona:

Operan a través de la CAPECO, y según sean las circunstancias, hacen lobby conjuntamente con otros gremios empresariales. Los grandes productores de soja tienen en el Senado a algunos de sus socios. Concepciones muy conservadoras sobre la propiedad, la apropiación y uso de la tierra fortalecen alianzas con buena parte de los legisladores, evitando cualquier ley que grave o limite sus actividades. En caso necesario, amenazan con sacar sus tractores y grandes máquinas a las rutas, paralizando al país.

(Fogel, R. Soja transgénica y producción de pobreza: el caso de Paraguay)

Todavía hay diferencias con Paraguay. Por ahora, parece que en el Senado argentino el lobby sojero no tiene la suficiente fuerza. Y el Poder Ejecutivo, que en Paraguay no pudo imponer un impuesto a la exportación que terminó acordando en el 1% sobre el valor de las exportaciones, en Argentina está dando la pelea (porque quiso, porque la obligaron: no me interesa). Y por esa pelea, por el modelo productivo, también iría a la Plaza.

Desde Olavarría: capital de la estupidez y los huevazos

Artepolítica tiene su “corresponsal”: me tocó estar en Olavarría el día de los huevazos a Scioli, del escrache a los intendentes. Nací acá y vengo a Olavarría cada vez que termino las clases en Capital. Olavarría sale pocas veces en la televisión nacional: nuestro imaginario a nivel nacional está construido alrededor de un Intendente radical ya fallecido que se hizo famoso por haber prohibido que los Redonditos de Ricota toquen en la ciudad, ante el temor de los comerciantes y la gente de bien por la invasión de personas ajenas a la tranquilidad de la ciudad. Luego el asesinato y violación de una chiquita, y el primero de “la oleada” de asesinatos de alumnos a profesores. Hace poco tiempo, el descubrimiento de que un ex-represor era el titular de la cartera de Tránsito puso otra vez a Olavarría en el tapete. Sin equipo de fútbol, ni personalidades políticas demasiado relevantes, la política de la ciudad se construye hacia adentro.

El lock-out de los empresarios del agro nos puso de nuevo en el escenario nacional. El corte de la ruta en el cruce de la ruta 226-51 complicó la situación de la ciudad, y hubo varias empresas de la construcción que comenzaron a despedir trabajadores por falta de insumos. El martes a la tarde unas sesenta personas rompieron el vallado policial que cubría la entrada de intendentes de la zona y del Gobernador de la Provincia fue tirada abajo y los “autoconvocados” patearon los autos oficiales, agredieron a toda persona de traje que deambulara por ahí (este culto de la supuesta no-organización ha llevado a un grado de estupidez dentro del cual se ubican el mismo tipo de agresión a intendentes kirchneristas y “pro-campo”) y arrojaron huevos contra la camioneta donde se desplazaba el Gobernador. La situación que ocurrió el martes pasado es el reflejo de un debate que, en vez de encarrilarse por las vías institucionales, desbarranca hacia la banquina de la irracionalidad pura. El líder del MST local, un muchacho de una legitimidad electoral del 0,9% en una ciudad radical y conservadora -aunque ahora su intendente sea una especie de radical-K (y el hijo de aquél Intendente radical)- estuvo adueñándose de la calle en una euforia revolucionaria que compartió, a su vez, con la líder de la Sociedad Rural de nuestra ciudad. La misma líder rural que encabezó una “marcha” hacia las puertas de la casa del Intendente local: la forma de apriete que “los pueblos del Interior” han encontrado más democrática y razonable, asistiendo a las puertas de los domicilios particulares de los funcionarios públicos. Una forma extorsiva de “reclamar por el diálogo”: el mismo diálogo al que los productores “autoconvocados” se negaron el día en que Scioli vino a la ciudad.

La ciudad es gorila y no tiene experiencia en discutir política: la ciudad está acostumbrada a que la política sea la gestión de un señor que gobernó autocráticamente durante 20 años pero que mantenía una cierta tranquilidad en los aspectos que la clase media consideraba vitales. Buena salud, higiene pública, una relativa seguridad - garantizada en base a un crecimiento exponencial de efectivos policiales en la calle -: las demandas de la clase media hechas realidad. Puesta a discutir políticamente, Olavarría demuestra la inexperiencia de sus dirigentes, y la líder de la Sociedad Rural, que calificó de un simple exabrupto a las agresiones contra las autoridades políticas, es la imagen evidente de un sector que ha sido desbordado por la coyuntura política y que ya desconoce hasta sus propias demandas.

Olavarría vuelve a salir en los diarios nacionales. Otra vez por la estupidez. Sólo que esta vez, y por primera vez, la estupidez está organizada políticamente. El problema, quizás, es que reniegan de la organización -levantando la bandera de lo bello y puro de lo autoconvocado frente al clientelismo que asocian necesariamente con la organización política: así les va- y la estrategia “basista” que tanto les ha convenido para “ir por todo” ahora empieza a comerse la propia legitimidad que, en pueblos del Interior nos guste o no, habían construido. Si no hubiesen tirado tantos huevos -y tanta leche en los 100 días- en una ciudad que hoy tiene 59 chicos con desnutrición, la noticia es hasta agradable: el síntoma, la puesta en claro, de quienes eran los que querían el diálogo y quienes no.

Más información: infoeme.com.ar

Quieta non movere

Aprovechando que por ahí se nombró a Foucault.

“No hay que tocar lo que está tranquilo”, decía Walpole, primer conde de Oxford, líder del partido whig, primer ministro de 1720 a 1742 de Gran Bretaña. Foucault usaba la frase para caracterizar la lógica liberal que se impondría tras el siglo XVIII: que ahora la razón de Estado no encontraba sus límites en la teoría de los derechos naturales, en limitaciones jurídicas, en contratos voluntarios, en cesión de derechos. Ahora, decía Foucault, la limitación del arte de gobernar viene de adentro, de la propia práctica gubernamental: entre las operaciones que pueden hacerse y las que no pueden hacerse, la división entre agenda y non agenda. Que el nuevo criterio de la acción gubernamental ya no es la legitimidad-ilegitimidad, sino la variante éxito/fracaso: y que el éxito o fracaso deviene del respeto de esa naturaleza de la práctica gubernamental -saber limitarse a lo que puede hacerse-.

Y por más apelaciones a la dignidad, a los “pequeños productores” (el nuevo fetiche que describe Alejandro en La Barbarie) , al Congreso, a lo que sea, la discusión de fondo, creo, sigue siendo acerca de la intervención o no del Estado. Ahí es donde me parece que abandonar el debate es perderlo. Podemos discutir, todavía, cómo se interviene, sobre quién, para qué. Pero no se puede reclamar, o en todo caso otorgar, que se suspenda la capacidad legítima del Estado de intervenir en la economía, hasta que decidamos si este Estado puede intervenir, si sabe cómo, si intervenir es parte de la agenda de lo posible o no. Si este Estado no puede intervenir porque los que gobiernan son feos y malos, corruptos o montoneros: ¿qué hacemos?, ¿nos sentamos con Borón, el MAS, Lozano y Cristian Castillo a esperar que venga la revolución de los buenos para que la intervención sea legítima?

A muchos no les gustará la polarización, y quedarán en el difuso estadio de la tercera vía, que nadie sabe bien cuál es, pero cuyo mayor recurso es hablar desde la moralidad del que no se mancha las manos con la toma de posición. Pero en este momento se está definiendo, al menos de acá a cuatro años, una nueva limitación práctica, una división racional entre lo que debe hacerse y lo que no, entre la agenda y la non agenda gubernamental. Más allá de todos los apelativos y eufemismos que se hayan usado, este conflicto específico es un punto de partida para la construcción de un nuevo marco de práctica gubernamental. Y la división resultante del conflicto entre lo que puede hacerse y lo que no -intervenir o no intervenir- va a delimitar la capacidad extractiva del Estado, ya no sólo respecto del sector agropecuario, sino de todos los sectores restantes que sean interpelados por el mismo. En este esquema de conflicto, y a esta altura del partido, me resulta difícil no estar del lado que considero con mayor capacidad intrínseca para resolver el problema central del país, la desigualdad. Sigo pensando, y no encuentro argumentos ni ejemplos válidos a contrario, que volver atrás con las retenciones es una pérdida de autoridad, y que esa pérdida de autoridad significa la configuración de una nueva división de hecho entre lo que el Estado puede y no puede hacer. Y no encuentro otro actor, además del Estado, capaz de realizar un proceso redistributivo que zanje las enormes distancias entre los que más y los que menos tienen. La teoría del derrame, les guste más o menos a los empresarios del agro, fracasó.

Cadena Nacional (y Popular)

Vestiduras varias rasgadas por la utilización de la cadena nacional. El diario Crítica titula hoy: Cristina habló tanto que parece cadena perpetua. Cuestionan las retenciones porque en ningún manual se dice específicamente cuando hay ganancia extraordinaria; pero, seguramente, está objetivamente claro que 158 minutos de cadena nacional en una semana, eso sí, es “tanto”, es mucho, es cadena perpetua.

Yo entiendo: es, también, parte de un reclamo sectorial, como el del campo. Los medios median. Si el discurso se transmite por cadena nacional, no hay mediadores. Entonces no pueden ejercer su profesión, dicen. Porque su profesión es ponerles ellos el micrófono y orientar las preguntas hacia “lo que la gente quiere saber”, que es lo que en realidad ellos preguntan. Si ellos no preguntan, la comunicación no existe, es pura diátriba populista . Porque la masa, nosotros los imbéciles rentados no podemos entender sin esa mediación. 158 minutos, de canales de televisión que transmiten 24 horas del día todos los días, toda la semana, es mucho, muchísimo.

La verdad es que me sorprendió volver de la Plaza el miércoles y ver las “repercusiones” de los medios. Ver que el debate era si rentados o no rentados. Mientras escuchábamos el discurso, muchos pensábamos en el titular de Clarín. La cuestión de la clase media nos parecía el título, la apelación al XVIII Brumario, tal vez. Pero no. Era increíble: como ver Fútbol de Primera después de haber ido a la cancha y darse cuenta de cuanto se pierde el que no está ahí, de cuanto se queda en el colador de la cámara. Que D´Elía no estaba en el palco. Que había muchos, pero muchos, independientes. Que además de escuchar el discurso, se discutió mucho ahí, entre la propia gente, antes y después. De eso no se habla. Ni 158 minutos, ni 1.

Dicen esto: “En total, esos discursos de CFK ocuparon 158 minutos de televisión en canales abiertos y radios. Equivalen de manera aproximada a un ShowMatch y medio, poco más de cinco capítulos de Los Simpsons o casi dos partidos de fútbol”.

No dicen esto: hay cinco Showmatchs por semana, más todos los programas que lo repiten. Más de cuarenta capítulos de Los Simpsons. Y cientos de partidos de fútbol de todo el mundo. Contra cero programas serios de política. Teniendo en cuenta, además, que casi siempre lo que diga el Presidente de La Nación afecta de una manera más directa a los televidentes, que la pelea entre Pampita y Carmen Barbieri a la cual Crítica dedica una página entera (mucho más espacio que al intento de magnicidio en Bolivia, al cual califica de “denuncia del ejecutivo”…”solamente” por la presencia de un tipo con un arma telescópica y treinta balas en el lugar de tránsito del presidente).

Crítica de la Argentina asegura que se utiliza demasiado la cadena nacional. Que tres veces es mucho. Crítica cree que alcanza con que ellos recorten el pedacito que les gusta. Si no se hubiese transmitido por cadena, quizás hubieran descontextualizado (como igual lo hicieron) la frase de los cuatro tipos a los que no los votó nadie. No los votó nadie, y lo dice hoy Casullo, para hacer control de las rutas, de las cargas de los camiones, del traslado de pasajeros. Para esas cosas, no los votó nadie. En cambio, un montón de gente votó a Cristina Fernández para gobernar el país, y parte de eso tiene que ver con comunicar. Y la única forma de comunicar no es esperando que los medios masivos se levanten con ganas de transmitir el discurso entero. La cadena nacional es una herramienta del Ejecutivo para comunicar. Los medios masivos de comunicación son otra, necesaria, pero no única ni excluyente de todas las demás. Y sería hora de que se vayan dando cuenta.

El último bastión: retenciones al Congreso

Esto está escrito en caliente, con el televisor prendido a todo lo que da. Disculpen.

Era el último rinconcito donde se escondían: la institucionalidad. De los números duros, objetivos, reales, fácticos, a una idea más vaga, subjetiva, difusa (no me chicaneen con que la institucionalidad no es una idea difusa: hasta Pinochet hablaba de institucionalidad, digo que es un concepto en todo caso más manipulable que los datos estadísticos aunque éstos lo sean). Pasamos por todos los estadios argumentativos posibles: cuando se hablaba de números reales, de cuánto estábamos discutiendo, dijeron que ellos debatían por el país. Cuando discutimos si ellos eran el país, dijeron que eran un sector, y que por qué ellos solos debían sostener a los otros. Que no eran la Sociedad Rural sino la Federación Agraria. Que no eran la Federación Agraria sino los pueblos del Interior. Acá el diálogo no lo quisieron ellos: porque siempre que se intentó dialogar se cambiaron la careta. Nunca terminamos de entender contra qué debatíamos. No hay diálogo posible así: se definieron de tantas maneras que fueron todo y parte al mismo tiempo.

Pero al final, cuando ya los números no dejaban tan claro que estaban perdiendo, se dijeron los defensores de la democracia, la Patria y las instituciones. Entonces desde el Ejecutivo los fueron a buscar ahí, al debate por la democracia, y les mandaron el proyecto al Parlamento. ¿Ahora qué viene?, seguramente, decir que por qué no lo hicieron antes, o que, como todo lo que hizo el Gobierno, no lo hizo porque quiso sino porque se lo exigieron (como dijo acá el Escriba). A mí no me asusta que se hagan cosas por exigencia: al contrario, me parece mucho más democrático, casi lo más rescatable de todo este conflicto, que las presiones, también, sirvan para construir alternativas, que las políticas públicas se demuestren como lo que son, un proceso de negociación. Espero que aprovechemos la oportunidad para ser nosotros los que exigimos, y no los sectores que siempre tuvieron la capacidad plena y exclusiva de exigir.

Los argumentos empiezan a desmoronarse. La pelota quedó del lado de ellos, y la única alternativa viable es construir con democracia. Para ello deberán desactivar el único capital político que han sabido conseguir: el corte de ruta. Si dejamos de discutir retenciones y pasamos a discutir un proyecto de país, entonces el camino institucional y democrático es la urna. Si seguimos discutiendo retenciones, entonces el camino es el Parlamento. Y la posibilidad que tienen de integrar ese Parlamento, también es por medios democráticos y electorales. Y si el camino elegido es el corte de ruta, entonces nos habían engañado, y en realidad somos rehenes de una puja sectorial por la rentabilidad.

El Bichito de la Redistribución

Creo que más o menos nos pusimos, casi todos, de acuerdo en algo: la “resolución” del conflicto implicaba un golpe de agenda. No era de dejar de hablar del campo, esperar el baile del caño para desviar la atención, sino redefinir el conflicto en otros términos, “polarizar” en términos del Escriba, meter a otro actor en el rign para quedar como mediador y obligar a posicionarse, en términos de Mendieta. No distraer, todo lo contrario, enfocar sobre el problema, pero desde otro lado. Las medidas lo hacen. El Programa Social de Redistribución del Ingreso era lo que, entre lo deseable y lo factible, más o menos se esperaba.

De entre todas las gansadas que dijo la oposición -la paz la demagogia la soberbia la mar en coche- lo de Eduardo Macaluse me parece muy significativo. “A la Presidenta le picó el bicho de la distribución en el medio del conflicto”, aseguró. Vamos a suponer que sí. Supongamos que la presidenta quería las retenciones para sostener el dólar alto. Se implementa la política de retenciones -se sube, en realidad, el monto, de acuerdo con lo establecido- y el actor entidades rurales más sector agrario (simplificando) decide oponerse a la medida, con un amplio respaldo de los medios de comunicación. Instalan el tema, legítimamente o no. Le piden que vaya para atrás con las retenciones, “volver al 10 de marzo”. El Gobierno sabe que no puede aflojar en el primer conflicto que se le presente y, a la larga, decide que la guita vaya a un Programa Social de Redistribución. La propia dinámica del conflicto lleva a cambiar los objetivos (siempre en la suposición de que se quería la guita para sostener el dólar).

No llego a entender qué parte le molesta a Macaluse, y se me ocurren varias opciones. La primera, chicanera, es que haber venido de un espacio como el ARI, con esa idea purificadora del “Contrato Moral”, instala a sus miembros en una suerte de Limbo de la Pureza, donde lo que importa no son, obvio, los fines, sino la pureza absoluta, lo impoluto de los medios utilizados en el barro de la política. Me suena muy a chicana, y la descarto.

La otra es que a Macaluse se lo haya comido la idea de racionalidad técnica de la planificación (sí, se me cayeron los libros en la cabeza de nuevo). Quizás, sin quererlo, es parte de una concepción ideológica -escondida tras una especie de cristalización de “sentido común”- acerca de la posibilidad de establecer a priori los objetivos y comportamientos de los actores en una política pública. El supuesto que corre por detrás de esta idea, y que hizo fracasar a todos los grandes tecnócratas liberales de la planificación, es que la política es un espacio de certidumbre donde los comportamientos son racionalmente calculables. Y lo cierto es que nadie puede prever en política (mal que nos pese a los -futuros- cientistas sociales). Yo no imaginaba, fuera de ironías lo digo, a Buzzi (que había sido uno de los primeros en ir a saludar al nuevo Gobierno cuando asumió Cristina) sentado en la misma mesa con Miguens. No se podía calcular, en términos de racionalidad, que el PCR iba a hablar de un lock-out patronal como “una pueblada agraria” (aunque hay que empezar a pensar que se puede esperar cualquier cosa de estos sectores). La implementación de una política pública es parte de su diseño, y la redefinición constante de sus objetivos y medios para lograrlo, es función, a su vez, de la evolución propia del marco político, fundamental y condicionante principal, en el que las políticas se implementan.

Yo no sé si a Macaluse le molesta que lo de Cristina no sea un compromiso moral desde el fondo de su corazón, una convicción adquirida por el amor a la humanidad, o le molesta que los objetivos no hayan sido planteados de esta manera desde un principio. Lo que sí se es que esto es una victoria de la política, en el mejor sentido de la palabra: en la naturaleza contingente de la política. En el hecho de que una política pública pueda resignificarse para mejor, que no haga falta que quienes nos gobiernen sean los filósofos de Platón con un corazón enorme. A mi no me interesa si el Bichito de la Redistribución le picó hoy, el 9 de marzo o todavía no le picó: a mi me interesa que se dio el primer y tímido paso hacia ese proceso. Y saber si se van a dar más y más profundos.

La importancia de llamarse Ernestina

Imaginate que tu nombre es Ernestina. Ahora, imaginate que en 1976 un desconocido te trae un bebé a tu casa. Que rápidamente vas al Juzgado de Menores a anotarlo como tuyo. Imaginate que presentás como testigos a dos personas: un jardinero y un vecino. Imaginá que, justo, en el Juzgado había otro bebé que, casualmente, estaba allí sin padres. Imaginate que te remordió la conciencia y también lo adoptaste (en esa época era tanto más fácil adoptar, y vos imaginate que no sabías por qué).

Ahora imaginá que, años después, descubren que aquél jardinero era, en realidad, tu chofer. Y que el dni del vecino que presentaste era el de otro señor, que había tenido la delicadeza de morirse 5 años antes de la adopción. Imaginá que ahora no está tan claro que los bebés hayan llegado de aquella manera tan “cigüeñesca” a tu casa.

Imaginate que ahora tenés un diario, el gran diario, y querés darme lecciones de moralidad desde él. Que pretendés dar soluciones argentinas a los problemas de los argentinos. Que, creés, todo se soluciona con el diálogo: que instás al diálogo, vos. Imaginate que hasta los milicos más enquistados en los lugares de poder político terminaron presos. Imaginate que a vos nadie te puede tocar. Ahora imaginate dónde reside el poder, el verdadero digo, últimamente. Imagináte qué fácil es llamar al diálogo cuando ni siquiera el poder de la Justicia se acerca a tu casa.

Imaginemos que, junto al gran diario, el otro sector que reclama diálogo es la Iglesia, e imaginemos que también colaboró con aquél desmadre del país. Imaginemos, entre todos, si la impunidad es una herida abierta del pasado, o si tiene mucho, demasiado, casi todo, que ver con el presente.

Juancito Pinto y la estocada final

Mucho se ha discutido sobre “la solución” al conflicto. Solucionar, sabemos, no siempre implica ceder ante las partes demandantes. Solucionar puede implicar, por ejemplo, un golpe de agenda: que se muera Tinelli, graficaron por aquí. En estos momentos, si el conductor goza de buena salud, la posibilidad de que el tema deje de tratarse parece lejana: no se notan esfuerzos en ese sentido, y, aunque existiesen, no será de un día para otro que “el campo” deje de ganar lugares en la primera plana. Los productores “se desvirgaron”: le encontraron el gustito a las rutas. Las bases desbordan a la dirigencia, y es una clave del conflicto: el carácter basista de una organización, siempre, expande el maximalismo de las reivindicaciones. A esta altura, en este nivel de expresión del conflicto, la solución más viable parece ser un golpe de agenda, pero dentro del mismo conflicto. Que se empiece a discutir otra cosa sobre la misma cosa. Hasta ahora, esa parece la estrategia del Gobierno ante cada argumento del campo, pero la estocada final implicaría movilizar recursos institucionales y políticos que hasta ahora parecen congelados.

Cuando el campo alumbró el conflicto por las retenciones en el plano de “no meter a todos en la misma bolsa”, la “opinión pública” reaccionó favorablemente: ese era, para TN, el “paro histórico”. Fue el momento, incluso, en que sectores de una izquierda inexplicable vislumbraron en el horizonte las secuelas de aquél 2001 y, entusiasmados por la revolución agraria que doblaba a la esquina, quedaron pegados en la confusión de confundir a Mao con De Ángelis. Así les va. El Estado, entonces, reaccionó a la toma de postura y tomó la propia -y parte del costo político que está pagando se lo debe a la reacción de los liberales que descubrieron, tarde, que el Estado toma posturas. En el registro para las compensaciones que abrió el Gobierno no se anotó nadie. El campo rechazaba las medidas fundado en que anteriormente los habían estafado, que todavía algunos productores esperan las devoluciones por el trigo. La política implementada redoblaba la apuesta, el Estado articulaba una nueva posición: blanqueen a los empleados y declaren TODAS las hectáreas que siembran para entrar en el registro, entonces se los compensa. Se reestructuran las retenciones, pero la pelota queda del lado del campo.

Y el campo la patea afuera, cambia el estadio, el partido, el juego: el problema no son las retenciones actuales, con las que estamos de acuerdo, aseguran. El problema es que ésto desalienta la inversión a futuro, dicen. El fantasma del precio máximo ronda las asambleas. Ahora el argumento clave era la previsibilidad, el futuro: a este precio, podemos vivir. Pero si el precio de la soja sube, la “confiscación” -término que impusimos desde el principio- va a ser una realidad. Estamos protestando por el futuro, aseguran, por nuestras inversiones de acá a dos años.

¿Qué pasa si el Gobierno revisa los precios máximos? La lucha agraria por los mercados futuros se vuelve a presentar como una falacia. Los argumentos que quedan son pocos. En lo concreto, casi nada. Algunas nociones vagas, entre las que se encuentra el punto débil, el lugar definitivo para dar esa estocada final: la redistribución. Desde un principio, “el campo” aseguró que, si la plata iba para redistribución, que se lleven el 80, el 90, que se lleven todos porque ellos también son el pueblo. Que no les molesta la confiscación, no por favor, pero que usen bien esa plata. Y como no los convence que eso vaya a ser así, mejor se la quedan ellos, y que los pobres esperen el derrame, que en un ratito llega -aunque la copa parezca cada vez más grande y nunca se llena.

Me parece el momento exacto para Juancito Pinto. Cuando Evo Morales nacionalizó los hidrocarburos, los primeros beneficiados no fueron las reservas nacionales, el superávit o el mantenimiento del dólar alto (aunque lo hayan sido o no). Que, seguramente, son necesarias desde un punto de vista técnico, no hay dudas. Pero gobernar también implica hacer agenda, legitimar las acciones. Estratégicamente, un bono como el Juancito Pinto que saca de las utilidades de los hidrocarburos para darle a los escolares bolivianos, es una forma de salir a discutir en otros términos: otra cosa, en la misma cosa. Con un beneficio visible, material y concreto, me pregunto cuántos se animarían a discutir la capacidad legítima del Estado para extraer recursos de los sectores productivos que se benefician de los servicios estatales. Si se sigue discutiendo, con Juancito Pinto en escena, habrá que ver, entonces, la verdadera naturaleza del conflicto como una protesta por la rentabilidad y la ganancia individual. Y es, políticamente, el mejor escenario que el Gobierno puede esperar.

Marcar agenda: por una victoria pírrica del Gobierno

Tal vez una de las cosas que más nos sorprende -y muchas veces nos da bronca- del denominado “conflicto Gobierno-campo”, es la capacidad de éste último sujeto social de haber logrado instalar sus demandas en la agenda pública e institucional, con una facilidad y un acceso a los medios que la gran mayoría de los sectores sociales carecen. No es la bronca contra el sistema democrático en tanto permite la movilización, sino la capacidad desigual de los diferentes actores para movilizar los recursos. La posibilidad de instalar conflictos a nivel nacional, que deban ser tomados por el Gobierno como agenda institucional, no depende de la legitimidad de las demandas, sino de la capacidad propia de los sujetos involucrados de juntar los recursos y apoyos políticos necesarios para tales fines.

Una de las claves a la hora de influir en una política pública, incluso de revertirla como es el caso de las retenciones móviles, es definir el conflicto propio como general. En este sentido, la estrategia de las entidades rurales y “el campo” -que, hasta en eso parece exitosa: en conformar un bloque monolítico- se desarrolla a partir de presentar un conflicto sectorial como “de interés general”. Cuando se habla de que “estamos en Rosario por el país entero”, o cuando Alfredo De Ángelis dice “cuando digo `el campo` digo `pueblos del Interior`” en realidad lo que subyace es la necesidad de apelar a un público más amplio, de traspasar las barreras del sector agroexportador. La lucha por la rentabilidad supone un margen acotado de recursos para movilizar, sobre todo en un país desigual, mientras que la apelación a los símbolos patrios, el Interior, la dignidad y “el hombre de campo”, apuntan, en todo caso, a la conformación de un conflicto abstracto cargado de nociones efectistas que obliguen al posicionamiento de la opinión pública en ésos términos: hablar “del campo” ya no es hablar de retenciones, sino de dignidad, de “no arrodillarse”. El discurso de Elisa Carrió en un programa de televisión, remarcando “la sencillez del hombre de campo que no entiende de chicanas y sólo confía en la palabra dada” no debe entenderse sino como una forma de cargar de emotividad la participación de uno de los actores sociales, en desmedro de la maquiavélica actitud del actor Estado. Dice Lagroye en “Las políticas públicas“:

La formulación del problema en términos cargados de alto contenido afectivo acrecienta las posibilidades de que se lo tome en cuenta y eventualmente se lo aborde (…) Elaborar una política pública equivale a construir una representación, una imagen de la realidad que se quiere intervenir“.

El acto de ayer en Rosario, con la apelación a la escarapela, la esencia nacional y “las fuerzas vivas” (Miguens dixit) es uno más de los intentos por enmarcar un conflicto sectorial dentro del marco del interés general, una apelación que, en general, aparece primariamente en los términos en los que el Estado plantea el conflicto. La visión de muchos sectores que identifican el desarrollo de la política pública de retenciones con la imagen creada desde los sectores del campo, representa una falencia del Estado, que se ve magnificada por la influencia casi omnipresente de los representantes del campo en los medios de comunicación masiva. La etapa de la presentación del conflicto ha tenido como actor protagónico al bloque del campo, y depende de la capacidad del Estado por resolver en términos políticamente rentables este conflicto, si los próximos intentos por imponer políticas públicas se verán mermados por la reacción de otros sectores que tomen como propias las banderas de “la dignidad” y “el interés general” cuando sus intereses sectoriales se vean afectados por el accionar gubernamental. Una “victoria pírrica”, como denostó ayer Mariano Grondona, sería un paso mucho más importante, con pérdidas de capital político y todo, de cara a las reformas necesarias hacia el futuro.

La primera impresión (no cuenta)

Es una tentación: decir algo cuando todo está por pasar. No tener la templanza de esperar unas horas más. Hacía muchos domingos que no miraba televisión a la mañana: pero hoy es un Mundial. Hay que ver como TN ya no dice más Cristina Kirchner, y vuelve a la presidenta de los argentinos. Tengo que escuchar a Buzzi decir que si aumenta la tensión pueden ocurrir sucesos que se van a lamentar. La entrevista a la productora agropecuaria que insiste con que son el país: que no es un reclamo sectorial, que reclaman por el país todo. Hay aplausos para la llegada de Miguens.La pequeña satisfacción interna de que en el acto de Rosario haya pungas: redistribución directa del ingreso. Hasta ahora sólo habló Buzzi. El día, lluvioso, promete una panzada.

Mientras, los diarios apuestan tibiamente. Lo bueno, como en el fútbol, viene con el diario del lunes. Por ahora, sólo el llamado democrático de Grondona aconsejando a “los Kirchner” ir a menos, dejarse perder, hacer un gol de visitante y volverse a casa dignamente: la victoria de Pirro, les dice Grondona, fue una derrota porque perdió mucha gente. Pierdan como Pirro, dice Mariano, así benefician al país. Dejen de gobernar, insiste hace cuarenta años Mariano, que eso nos beneficia a todos.

Y la insistencia de casi todos de que esto es una división del país, no la expresión “verdadera” de una bifurcación, sino la creación “artificial”, “política” de la misma. La división no existe: el 25 de mayo, aquél del 1810 era la expresión de “un país”, dice entrelíneas la tapa de Crítica, y ahora crearon dos. Hace un año, diez, quince o cincuenta, la división no existía: porque el acto era uno sólo. A pesar de que, después, algunos vivieran mucho mejor porque otros vivían muy mal. Como si la división, por no encontrar expresión política, por no poder transformarse en movilización de recursos, en realidad desapareciese. La división estuvo siempre ahí, y hoy se plasma: para muchos sectores, que dejen de ocultarse las divisiones bajo el velo de la unidad nacional representada en símbolos patrios, es una derrota.