Tomás

El FMI revisará las cuentas de la Argentina compulsivamente

Cristina Kirchner y Christine Lagarde.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) decidió revisar en forma compulsiva el estado de las cuentas públicas de la Argentina ante la decisión del Gobierno de seguir negándose a cumplir con el intercambio del artículo IV desde 2006.
Fuentes del organismo que lidera Christine Lagarde confirmaron la decisión a LA NACION y aclararon que el primer examen será este año.
El staff informará en forma periódica sobre la situación de la Argentina y de otros países que se demoraron en forma excesiva en el cumplimiento de esta obligación, que el resto de los miembros del G-20 lleva a cabo en forma regular.
El mandato aprobado por el board es que los técnicos “informen en forma regular al board su opinión acerca del estado de la economía y las políticas del país miembro basados en la información que está disponible”, según el texto discutido por el directorio. Esto incluiría datos oficiales y del sector privado.
De este modo, el FMI hace una pirueta para eludir el cerco que le impuso el Gobierno desde 2006, cuando se desarrolló la última revisión de las cuentas públicas en el contexto del artículo IV en el gobierno de Néstor Kirchner.
Una vez que el Gobierno le pagó al FMI su deuda y que comenzó la distorsión de las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), suspendió de facto este intercambio informativo, que implica el viaje de una misión técnica al país y la redacción de un informe, que cuenta también con la opinión del gobierno analizado.
En este caso, las fuentes del FMI aclararon que se haría una “consulta en rebeldía, ya que no viajarían al país sin el acuerdo de las autoridades”. El intento “es informar al directorio de lo que está pasando en el país”, precisaron.
LA NACION intentó conocer infructuosamente la opinión sobre este tema del Ministerio de Economía que lidera Hernán Lorenzino, quien a fines de la semana próxima tiene previsto participar en Washington de la asamblea semestral del Fondo y el Banco Mundial (ver aparte). En junio, el board decidirá si el país avanzó o no con las medidas que le impuso en enero para contar con estadísticas transparentes y adecuadas a los estándares internacionales en materia de inflación y crecimiento económico.
La decisión del organismo, adoptada a fines de la semana pasada, se basa en un informe de las áreas Legal, Estrategia y de Revisión de Políticas del Fondo y, al parecer, no fue objetada por ningún director (ni siquiera por el representante por la Argentina, Alfredo Mac Laughlin). “Propuestas para enfrentar las demoras excesivas en la terminación de las consultas del artículo IV” es el nombre de este reporte, monitoreado por Sean Hagan (director del departamento legal) y Siddharth Tiwari (secretario del FMI).
El texto arranca en forma tajante: “La vigilancia bilateral es obligatoria tanto para el FMI como para sus miembros, y todos los miembros tienen la obligación con el FMI por este objetivo”. En ese sentido, “la vigilancia necesita cubrir todas las economías con una razonable frecuencia”. Por esta razón, el staff propuso una serie de pasos: que el jefe del FMI informe por medio de una carta al presidente del país acerca de la “demora excesiva” en cumplir con el artículo IV, que se haga pública la lista de los países que no cumplen con este trámite y, finalmente, que el staff prepare un informe al board , que no contará con la opinión del país evaluado. El paper no hace mención a ningún caso en particular, pero la Argentina aparece como uno de los ejemplos anónimos para fundamentar esta polémica decisión; Ecuador y Venezuela son los otros países de la región que no cumplen con este requisito.
Si bien el Gobierno no tiene un plan de asistencia financiera del FMI, como miembro se ha beneficiado en 2009 del giro de US$ 2500 millones surgidos del proceso de recapitalización del organismo, que permitieron suavizar en ese crítico año la situación de las cuentas públicas.
El ex auditor regional del FMI Claudio Loser consideró que esta decisión “será peor para la Argentina que hacer el artículo IV, porque se expone a una sanción como no poder usar en el futuro los recursos del FMI”. En tanto, los ex secretarios de Finanzas Daniel Marx y Lisandro Barry señalaron que tendrá un impacto negativo, pero de bajo calibre.
“Esto lleva a discusiones más allá de lo técnico, en las que no habrá una corroboración directa del intercambio entre las partes”, sostuvo Marx.
“Va a tener una repercusión marginal negativa sobre la tasa de riesgo país, pero no demasiada mientras no haya emisiones de deuda por parte del Gobierno”, agregó Barry.

A 10 días de la asamblea del Banco Mundial en la que se decidirá al reemplazante del director Robert Zoellick, el gobierno argentino aún no decidió a quién apoyará entre los tres candidatos que hay, confesó una fuente oficial a La Nacion. Compiten el médico de origen coreano y ciudadano de EE.UU., Jim Yonk Kim; el economista colombiano José Ocampo y la ministra nigeriana de Hacienda, Ngozi Okonjo-Iweala. Un importante grupo de economistas latinoamericanos expresaron su apoyo a Ocampo, incluyendo a los argentinos Roberto Frenkel, Roberto Bouzas, Daniel Heymann, José Fanelli, Bernardo Kosacoff, Mario Damill, Jorge Gaggero y Diana Tussie. También lo hicieron José Sbatella (jefe de la UIF) y Jorge Carrera (analista del BCRA)..

Operación triunfo

“Me salta a las espaldas el siglo perro/lobo

pero yo no tengo sangre de lobo”

Ósip Mandelshtam.

Un par de factores, pero principalmente el resultado de las PASO y ningún candidato opositor con chances de polarizar la elección (por razones estructurales y no de capacidades individuales, creo), permiten afirmar que dentro de once días ocurrirá un hecho al que no le diremos histórico para no herir susceptibilidades: tendrá un lugar un hecho, entonces, que no ocurría hacía mucho, desde que Yrigoyen no accedía a un tercer mandato. Una misma fuerza política, del mismo partido y la misma línea interna, consigue un tercer período en cabeza del Ejecutivo.

Extrañamente, el clima no parece el de un momento llamado a ser inscripto en los registros de la historia. Está apaciguada la cosa, nadie tiene demasiado para decir, las disputas son más internas que entre partidos, el resultado electoral importa más por los cargos legislativos que por el estado de relación de fuerzas que arroje. Los columnistas de los diarios vuelven de la indignación y ocupan un lugar mucho más parecido a la resignación. Había una crítica a las PASO que originalmente no me parecía del todo equivocada: se vivirían un par de meses de demasiada campaña. Un paraíso politológico, un tubo de ensayo cotidiano, claro; pero quizás una pesada carga para la política, que debía hacer un fino equilibrio entre el proselitismo y el hartazgo de los mensajes (equilibrio del cual la representación política no suele salir siempre bien parada). Ese problema tuvo una solución en el primer resultado, las campañas se plancharon a modo de adaptación darwiniana de la política.

Este clima es una victoria del oficialismo, efectivamente, pero también es una victoria de una forma particular que asumió el kirchnerismo en un momento determinado. Primero, asentado en cierto “clima de época”, posterior al Bicentenario y la muerte de Néstor Kirchner, una especie de sensación de que alrededor de eso se estaba formando algo nuevo que exigía, por cierto, una nueva manera de conducir. Todo lo cual vino a ser refrendado en una segunda etapa, nada menos que por una avalancha de votos. A partir de entonces, sentado encima de esos votos, el kirchnerismo le esquiva a ciertas discusiones bizantinas y las polémicas por la cuadratura del círculo y el sexo de los ángeles cambian de domicilio legal. Si hubiera que señalar un síntoma, superficial pero explicativo, de esta nueva manera de conducir políticamente una fuerza, haría foco en algo que me decía Mendieta: no está tanto en los buenos spots de campaña como en el slogan presidencial de “Un país con buena gente”. Gente. La palabra maldita, a la que este mismo kirchnerismo, nosotros, alguna vez le rehúsamos, la opusimos al “pueblo”, dando una disputa en el significado en vez de en el significante. Como si no fueran dos formas de llamar a lo mismo, como si lo importante no fuera, en verdad, que a ese llamado responda alguien. Que cada uno se llame como quiera, mientras se deje representar, diría mi amigo el Escriba.

Lo bueno de la tranquilidad es que permite replanteos, permite preguntarse cosas en la periferia del kirchnerismo, tomar nota de cuál de todos los kirchnerismos ganó. Es un buen momento para seguir caminando sin abandonar ninguna de las banderas que este proceso político permitió levantar, pero haciéndose de la idea de que el kirchnerismo que ganó no es intenso, ni bélico, ni necesita enemigos cotidianos para avanzar. Que encontrará espacios de confrontación toda vez que quiera problematizar determinado tema, no me queda ninguna duda, y es casi un esencialismo de la política democrática. No me queda duda de eso, como no me queda duda de que el kirchnerismo que está siendo premiado ahora es el que la sociedad evalúa como capaz de garantizar un piso de estabilidad.

Pedirle un Termidor a este proceso es ignorar los cimientos básicos sobre los que se construyó, suponerlo fuera de un contexto mundial endeble y hacer caso omiso de que la estabilidad latinoamericana no se sostiene en hacer la plancha sino en avanzar. Ahora, exigir que a partir de una victoria electoral, en vez de un Termidor se vuelva a cierta radicalización innecesaria del discurso, el señalamiento de enemigos de una batalla cultural que no cuenta ni con referís que digan quién va ganando, se me ocurre otro error.

En el medio de esos dos extremos parece haber bastante margen de maniobra, del que este período entre-elecciones puede dar cuenta. Con las tensiones inevitables y todo, ojalá haya más.

Los diez mandamientos de Steve Jobs

 

Todos quieren ser como fue él. Ahora que la muerte de Jobs llevó al trono a un empresario brillante e innovador, no hay emprendedor que no se pregunte cómo lo logró, cómo hizo para enamorar a sus clientes. Son muchos los sitios de Internet especializados que por estas horas están tratando de responder a esas preguntas. Y cada uno de ellos reproduce, según su mirada, los diez mandamientos de Steve Jobs. Los destacados son:

 

1.

No hay nada que perder . Hay que intentarlo, aunque parezca imposible. Es una de las lecciones que Jobs dejó en 2005, durante su célebre discurso en la Universidad de Stanford: “Con mis verdades relativas -en las que creo profundamente- pero que sé, se deben integrar con las de ustedes para producir frutos genuinos, espero la ayuda de vuestro aporte. No he pedido ni solicitaré cheques en blanco. Vengo en cambio a proponerles un sueño. Reconstruir nuestra propia identidad como pueblo y como Nación. Vengo a proponerles un sueño, que es la construcción de la verdad y la justicia. Vengo a proponerles un sueño, el de volver a tener una Argentina con todos y para todos”.

 

2.

Si no existe un mercado hay que inventarlo . Lo logró con el iPod, después con el iPhone y, por último, con la tableta iPad.

 

3.

No realizar estudios de mercado . Hay una frase de Jobs famosa: “La gente no sabe lo que quiere hasta que uno se lo muestra”. El mismo hacía sus propios estudios de mercado llevándose los prototipos a su casa y los sometía a prueba: “La única vez que hablaron sin morirse de risa fue cuando le dio a Tognetti la posibilidad de meterse, literalmente, dentro de la intimidad de su portafolio. Y ahí, buscando una supuesta “libretita” donde el Primer Mandatario registra religiosamente todos los “debes y haberes” del país, el periodista repasó con él sus anotaciones sobre las negociaciones con el Fondo Monetario”.

 

4.

Contratar a los mejores . Cuando fundó la empresa NeXT, Jobs contrató al arquitecto I.M. Pei para diseñar el logotipo y a Mickey Drexler, de GAP, para que formara parte del consejo de administración de su empresa con miras al lanzamiento de la cadena de tiendas Apple.

 

5.

Formar equipos pequeños. Jobs creía que no podía memorizar más de cien nombres. Es por eso que el equipo inicial de Macintosh tenía exactamente cien colaboradores, ni más ni menos. Para contratar uno nuevo, debía licenciar a otro.

 

6.

Delegar. Jobs supo rodearse de un equipo preparado para continuar su trabajo. Tim Cook, el nuevo consejero delegado de Apple, ya se hizo cargo de algunas lanzamientos de la marca, como del iPhone 4 y el iPhone 4S, presentado esta misma semana.

 

7.

Buscar un gran enemigo. Apple tuvo su primer éxito a partir del anuncio publicitario “1984”, emitido una sola vez, durante la final del Super Bowl. En el spot se comparaban con IBM, empresa por entonces ya instalada en el mercado. Más adelante eligió otros grandes para “pelear”, como Microsoft, Google y Amazon.

 

8.

Es mejor usar una zanahoria antes que un látigo . Dicen que Jobs a veces daba miedo, pero su carisma personal era lo que de verdad motiva a sus empleados. Su entusiasmo contagioso fue la razón por la que el personal que diseñó la primera Mac se pasó tres años seguidos trabajando 90 horas a la semana para lograr una computadora de gran calidad.

 

9.

Todo en secreto. En Apple nadie habla. Y nadie sabe más que lo necesario. Este silencio provoca interés por las presentaciones de producto, lo que a su vez logra títulos en los diarios.

 

10.

Buscar la perfección. Jobs era meticuloso. Cuidaba cada detalle. Cuentan que en la víspera del lanzamiento del primer iPod, sus empleados pasaron la noche sustituyendo las clavijas de los auriculares: consideraba que no hacían clic de la forma precisa y deseada.

 

Foto.

Votá tu spot favorito (parte II)

Segunda tanda de aquello que comenzamos con el compañero Mariano Montes. Otra vez, el criterio para votar lo ponés vos, nosotros lo ordenamos de manera decreciente, de acuerdo a nuestro gusto. Y otro bonus track con internacionales.

12. FIP, 1983. 

11. Angeloz (Beto Brandoni) 

10. R. Saa. San Luis da que hablar. 

9. Herminio Iglesias. 1983. 

8. Nosotros, la izquierda 

7. López Murphy. La puso. 

6. De Narváez. Cachetadas. 

5. La Fuerza de Él

4. Menem. La tercera presidencia, la histórica.
 

3. De la Sota. Qué culiao (?) 

2. Menem. A triunfar. 

1. De la Rúa. Somos más. 

Bonus track internacionales

Piñera. Sumate al cambio. 

Berlusconi. Forza Italia. 

Obama. Yes we can (mejor spot de la historia de la Humanidad, coinciden los compiladores) 

Votá tu spot favorito (parte I)

Con el compañero Mariano Montes, seleccionamos dos tandas de nuestros spots favoritos de la democracia, en orden decreciente del que menos al que más nos gustó (por motivos que varían). Votá el que más te guste, el criterio lo ponés vos.

10. Kirchner 2003.

9. Luis Brandoni 2005.

8. De la Rúa, con cantito.

7. Lavagna, la vaca atada.

6. Rodríguez Saa, dibujitos.

5. Menem, los niños ricos que tienen tristeza.

4. De Narváez, tomate.

3. Vamos Menem.

2. De la Rúa, dicen que soy aburrido.

1. Menem lo hizo.

Bonus Track, tres internacionales.

Obama.

Lula.

Zapatero.

Votá.

Programación del Ágora de Tecnópolis para el fin de semana

Los esperamos.

 

 

 

No se están peleando, se están consolidando

El kirchnerismo ha decidido darse, ayer a la tarde-noche, una administradora: su nombre es, claro, Cristina Fernández de Kirchner. Ya no sólo es la candidata de una fuerza política y la Presidenta de un país: como síntesis de esas dos responsabilidades, tiene una tercera. Es la administradora de las tensiones inherentes a una organización.
Digamos – con Panebianco – que una organización debe decidir un par de cosas a su interior: si reparte incentivoscolectivos o lo hace selectivamente; si la organización es un instrumento para la realización de algunos fines o una estructura que se adapta a una multiplicidad de demandas internas; si se adaptará al entorno en el que existe o si su objetivo es transformarlo. Es un modelo, los matices existen y determinan en verdad el resultado final. Es en esos matices donde vive la política en una organización o en un movimiento. El rol del administrador de esas tensiones – un administrador que ni siquiera es omnipotente, pero que juega con la ficha más grande – no implica la resolución de las mismas: implica, como su nombre lo indica, su administración. Una forma de administrar es por ejemplo empatar esa tensión ad infinitum. Demorando su estallido hasta que no existan más como tensiones, hasta que sean reemplazadas por otras.

El kirchnerismo es una organización consolidada. No quiere decir que sea un bloque homogéneo en ningún sentido, pero sí que ha administrado esa clase de tensiones, ha resuelto algunas y ha mantenido latentes otras. La discusión central, me parece, sobre el carácter del kirchnerismo como fenómeno, como proceso político y la discusión sobre su coyuntura más extrema, tiene que ver con una tensión irresuelta. Los fines del kirchnerismo: la pregunta por el por qué del kirchnerismo, por el qué quiere el kirchnerismo y por el qué es esto. La pregunta sobre la coherencia o no del kirchnerismo, sobre las motivaciones originarias o no del kirchnerismo. La pregunta que hace de este video un suspiro, no por lo que dice de los derechos humanos, sino por las respuesta a qué quería, en ese entonces, ese tipo.

Sostiene Michels que en toda organización que se consolida ocurre un proceso de “sustitución de los fines”: el fin oficial se abandona y la supervivencia de la organización se convierte en el nuevo fin. Theodore Lowi dice, en cambio, que el proceso que ocurre con la consolidación es el de articulación de los fines: los fines oficiales no son abandonados ni utilizados como fachada, sino que se adaptan a las exigencias organizativas. Es decir: el objetivo se mantiene, pero su persecución está condicionada por la supervivencia de la organización. La relación entre el fin y el comportamiento de la organización no se rompe: se atenúa. La meta original, de hecho, se reafirma en tanto de ella depende la identidad colectiva del movimiento; mas las estrategias, los comportamientos de la organización, en todo caso, tienden al mismo tiempo a garantizar cierto grado de estabilidad adquirido. Ahí está parte de la pregunta y de la respuesta por el kirchnerismo. ¿El kirchnerismo giró a la derecha?, ¿el kirchnerismo ha dejado de ir por todo como iba en sus inicios? Una respuesta, que habrá que discutir, es si el kirchnerismo no se está, en verdad, consolidando. No como valor positivo o negativo per se, sino como descripción de un proceso.

Ayer a la tarde, Cristina Kirchner se anunció, además de como candidata, como la administradora de esa tensión. La tensión de una organización que le pide avanzar, hacer más de ese kirchnerismo originario, al mismo tiempo que le pide institucionalización y permanencia en el tiempo. Desde afuera, se lo plantea tramposamente como una discusión etárea (con el estereotipo – canchero – del joven exacerbado por un revival de primavera camporista) pero es más transversal de lo que parece. Es una discusión compleja, ahí donde tampoco los términos son absoluta y necesariamente excluyentes. No está escrito en ningún lado que avanzar y consolidar no sean procesos que puedan transitarse al mismo tiempo, y hemos dicho alguna vez que es incluso deseable (que si frenás, por ejemplo, te caés).

Un día, quizás cuando pase el clima de época, habrá que pensar al kirchnerismo como un proceso histórico. Que tuvo sus rupturas, que tuvo sus excentricidades, que fue una excepción en muchos sentidos, pero que fue también, habrá que decirlo entonces, un proceso común. Que compartió características con algunos otros. Que tuvo sus momentos de avances y también sus momentos de consolidación, y que ambos procesos son solamente condenables desde la moralización del debate político. Si hay algo que se aprendió en estos años, desde Kirchner hasta el tándem Panebianco-Pichetto mediante, es que la moral servirá para muchas cosas: seguramente una de ellas no es comprender los fenómenos políticos.

Fuente de la foto.

Charla debate: la política exterior argentina

Martes 14 de junio, 18 hs. Amigos de Noticias del Sur, junto a Mario Toer y Federico Pensado.

 

Una solución politológica a los problemas de los españoles

Nos falta una herramienta a los politólogos. Los economistas tienen esa posibilidad, la varita mágica del “ceteris paribus”, esa que te permite agarrar el cachito de realidad que sirve, limpiarlo de lo que te embarre la hipótesis y darle para adelante, que aquí no ha pasado nada. (No se enojen, los economistas, es mentira de que sea tan simple la cosa, pero nos sirve la figura para decir lo que viene. Sin esa herramienta, de hecho, los politólogos y otras ciencias sociales también lo hacen, lo de agarrar el pedacito que conviene. Nosotros le llamamos “tipos ideales”, se los debemos a Weber, y sirven para excusarnos cuando los modelos no se nos ajustan demasiado a la realidad).

Si esa herramienta existiera, yo agarraría lo que pasa en España y limpiaría todo ese sesgo de “que se vayan todos”. Que está por ahí, que anda dando vueltas, que es tan entendible como el del 2001 de acá, aunque no sea lo mismo, porque la historia tiene esa cosa de – perdón, eh – no andar repitiéndose. También frunciría un poco el ceño cuando escuche que esto es la muerte de los partidos políticos, que la representación política no va más (cosa que le escuché a Caparrós, anoche, con Rozín, pero no lo voy a decir para no convertirme en una catilinaria caminando del bueno de Martín). Diría también que es complicado universalizar un acampe en la Puerta del Sol, agarraría mi Pequeño Sartori Ilustrado y pediría que no me estiren los conceptos hasta donde no llegan. Sin ir más lejos, no llega hasta Gran Bretaña, donde hace menos de un mes el 68% de los electores decidió que el bipartidismo así como está funcionaba bien, que el paradigma “hay fragmentación social, sociedades más complejas; luego, debe haber multipardismo”, todavía no llegó hasta ahí.

Entonces pasaría por arriba un par de discusiones, evitaría pronunciarme sobre el horror que nos causa la idea de un movimiento de “indignados”. Aprovecharía la frase de Mao, aquello de que “todavía es muy temprano para saber qué significó la Revolución Francesa” y, un poco menos vago que el chino, pediría que me den dos meses para ver cómo termina todo esto. No está mal, después de todo, jugar con el diario del lunes, que es un diario como todos los demás que no tiene por qué ser discriminado (?).

Entonces me enfocaría en la parte que me interesa. Entre todo el mejunje que supone un fenómeno que nació hace pocos días, conducido por nadie, sin un sentido único, con multiplicidad de metodologías, hay un objetivo en el que que vale la pena detenerse. Dicen, los diarios, que cambiar la ley electoral ha sido la primera reivindicación clara y contundente. Entonces ya hay una linda diferencia con el 2001. Una diferencia que es valiosa. Una diferencia que me permite arrojar que, si este es el objetivo que termina prevaleciendo (por encima de “democracia real”, de “nuestro futuro”, de  “la revolución de las redes sociales”), no sé si estamos en presencia de una revolución, pero sí estamos frente a un suceso mucho más rico, complejo y posiblemente más beneficioso para España. Si el reclamo es bien concreto, si hay una batalla por la circunscripción única con escaños proporcionales (porque todo el territorio sea considerado una sóla circunscripción electoral, de manera tal que el sistema actual de reparto de escaños poco proporcional, con mayoría absoluta y en circunscripciones pequeñas, no deje tan afuera a las minorías: Gerrymandering, hasta en las mejores familias) entonces la racionalidad del fenómeno es muchísimo más interesante de quienes se suponen defensores y detractores del acampe (críticas al sistema electoral español en ese sentido, acá y acá). Aún si el reclamo deriva en ese objetivo de que el voto en blanco sea considerado como tal, las movilizaciones españolas están pidiendo manifestar el rechazo a la representación política existente absolutamente POR ADENTRO del sistema. Están cuestionando, no la representación (dios os libre, chavales), si no esta encarnación de la representación. Y, a diferencia del 2001, insisto y bajo el ceteris paribus de que el cambio de regla electoral fuese el único reclamo, se trataría de un reclamo por adaptar las reglas de juego existentes a una oleada de nuevas necesidades que necesitan ser representadas.

Así, abro la apuesta: si ese acampe va por el maximalismo de “la democracia de verdad donde todos seamos ciudadanos y los políticos nos escuchen”, en las próximas elecciones el Partido Popular saca el 60% de los votos y a otra cosa. La revolución seguirá en Twitter, quizás. Si van por este objetivo concreto, no sólo cuentan con el apoyo de este humilde neoinstitucionalista (?) y gran parte de la comunidad politológica que comerá de ahí los próximos 20 años de papers, si no también habrán dado un paso más adelante en perfeccionar la democracia en el marco de la democracia.

 

Fuente de la foto.

 

No tan distintos

La nota es para leerla completa, por la superioridad moral, pero me quedo con esta frase, descontextualizada, de Caparrós: “no digo -¿no digo?- que sea mejor ni peor; digo que es completamente distinto”. Esa fórmula gramática que es, en verdad, un eufemismo. Un eufemismo cobarde que no se anima a decir lo que tiene ganas de decir: que nuestra militancia es menos verdadera que la de Caparrós. Porque la de él – supone él – era más verdadera, se cuestionaba sus modos de vida. Se hacía gratis. No quería cambiar un poquito ni mantener lo conservado: quería ir por todo todos los días.

Vienen tirando – hace un rato ya, pero en Caparrós es más significativo-, con el carácter incoherente de trabajar en el Estado y ser un militante. Como si fuera, digamos, una contradicción en los términos. La trampa es infantil: un militante que recibe una remuneración por gestionar lo público, en verdad lo hace por militar. Discutir eso es discutir la cuadratura del círculo: la fe. Acá cada uno elige en qué creer, y está bien que así sea. Nada que se diga o se pruebe le va a cambiar el juicio previo sobre esto.

No paro de preguntármelo y me parece más raro cuando, desde Caparrós hasta la Revista Noticias, van con la misma cantinela: ah, pero estos chicos no son montoneros, tienen celulares y andan en auto.

La respuesta es que no: que la historia no se repite un carajo. Que cada generación va haciendo lo que puede con lo que le toca. Que a nosotros nos toca esto y, le digo más: que está buenisima la época que nos toca, porque nos va a formar mejor (uy, ¿no debería decir “distinto” acá?), para ampliar más derechos, para institucionalizarlos, para crear nuevos. Nos toca esto porque nuestro pasado es el 2001, macho. Nuestro pasado es cuando no había instituciones. Perdón, perdón por no querer agarrar los fierros, perdón por nuestra épica posibilista frente a la de tipos como Caparros que iban a cambiar el mundo. Nosotros queremos institucionalizar el mundo, e ir corriendo la frontera de los derechos cada vez un poquito más. Gradualmente. Y que me disculpe el Che Caparrós por semejante aburguesamiento pero, ¿sabe qué, compañero?, en el 2001 no ganaron la calle los sectores populares frente a la caída del Estado. Al contrario, compañero: los sectores populares quedaron hechos mierda. Nosotros tenemos ese pasado y queremos construir otro presente y otro futuro: uno con más Estado en los lugares donde todavía no llegó. Ahí tiene razón Martín: tenemos una épica zarpada en posibilismo, que es todo lo contrario, digamos, “a robar con los setenta”. Que se quede tranquilo, el compañero, que la quintita de La Voluntad está cerrada, que nuestra épica sobre los setenta acaba en el momento en que el último de los responsables de una masacre esté detenido. Queremos ver cómo hacemos posible que haya mejores cárceles, queremos pensar cómo diversificamos las exportaciones, queremos ver cómo hacemos ahora que nos cambió la ecuación energética y usamos más gas que petróleo. Pero, ¡qué burgués, compañero! Disculpe si no me replanteo mi forma de vivir, si no vendo mis pertenencias, si no me hago franciscano y arrojo el celular por la ventana para vivir de verdad, militantemente, como un militante de verdad, sin posesiones, sin propiedad privada como corresponde. Disculpe si en vez de cantar por la revolución que está por venir, “defendemos lo que hay”.

Nosotros – no soy la voz de nadie, digo que algunos – creemos que la herramienta de transformación hoy es el Estado. Y creemos que hay que mejorarlo, hacer que llegue a más lugares, hacer que llegue de manera más inteligente. Nos queremos formar para eso, en las prácticas del Estado, aunque implique la desgracia de abandonar la revolución socialista un rato en pos de un posibilismo. Disculpe, compañero Caparrós, si no le coincide la figura del Eternauta con la formación del Estado: es una contradicción que está última de todo en el cajón de los problemas que tiene una generación nueva que quiere hacer política y asumir lugares en la gestión. Tenemos doscientas contradicciones que resolver antes que lo que les molesta a la vista a tipos como ustedes, tan puros. Sus ideales eran mejores, seguro que sí. Nosotros apenas queremos hacer funcionar un Estado que hace diez años estaba destruido. Queremos un sistema político con reglas más o menos establecidas. Queremos que la gente cobre – ay mirá lo poco que me planteo mi forma de vivir militantemente – muchísimo mejor de lo que cobra por trabajar en el Estado. Queremos que los tipos que se nos van al sector privado vengan a laburar al Estado, por un poco menos de guita, por convencimiento militante, garantizándoles – uf acá me re aburgueso – un poco más de estabilidad laboral que en el sector privado.

Disculpe si usted, compañero, le robaba la pistola a la policía o iba por la auto-organización del pueblo, pero yo quiero que haya un compañero, de La Cámpora, del Evita, de donde sea, laburando de pasante en la comisaría para que no haya ni un pibe más muerto. Disculpame el posibilismo, pero el torturado en la cárcel anda… ¿cómo decirlo?, “sin tiempo” para ver si instauramos o no el control popular de los medios de producción.

Y no digo que mi posibilismo sea mejor que su sistema ideal y perfecto del mundo, compañero Caparrós.

Digo que son, je, “distintos”.

Foto.

Mirá esos lentes

Esos lentes.

Mirá esos lentes. Listo, ¿los viste? Te costó porque la foto está movida. Y pixelada. Me preguntaba si era a propósito: si no se quería mostrar “austeridad”. Si hacer una campaña fea, desinteresada, no es también una forma de comunicación, una manera de decir: nosotros no estamos en giladas. Hacemos campaña porque estamos casi obligados, pero nosotros construismo desde abajo, poder popular, constituyentes sociales. No somos un yogur que hay que vender rápido, antes de que se venca. Capaz es una afirmación sobre cuál es la concepción del poder, pero a los efectos de estas líneas, supondremos otra cosa: que hay cierto desinterés -que excede al Instrumento Electoral por la Unidad Popular – por el marketing político.

¿Habrá algún término medio para estacionar, entre convertir a un candidato en yogur y mejorar el marketing político de las campañas argentinas? Ahora no mires más los lentes de Víctor. Pensá en las últimas campañas, en cualquier candidato. El marketing político tiene mala prensa. Todo el mundo quiere ser auténtico, nadie va a decir “hice diez focus groups antes de ponerme esta camisa.” Sin embargo, y contra lo que se cree, no abunda, como se cree, sino que falta. Hay candidatos que hacen, incluso, de esa carencia una virtud: “yo no tengo publicistas”, “no llenamos la Ciudad de afiches”. Ajá. Como si eso fuera un mérito. A mí no me molesta Durán Barba. Creo que deberían existir miles de Durán Barba. Me molesta, eso sí, que el consultor de marketing político interfiera en decisiones políticas concretas, como la decisión sobre el distrito donde el candidato debe presentarse o no. Pero eso, intuyo, no es culpa de Barba, sino de quien le da de comer.

Toda campaña tiene, o debería tener, su consultor de marketing político y su estratega. El primero es un asesor de imagen, un tipo pensando las gráficas, los spots; el segundo trabaja analizando encuestas de opinión, puliendo el mensaje y escribiendo los discursos. Pero están escondidos, como si dieran vergüenza. Salen sus nombres en los portales que viven del chimenterismo político (y que por eso no se linkean, por vendedores compulsivos de fruta). Y es un síntoma que aparezcan ahí: es la propia política la que concibe al marketing como una variable a esconder. Yo no comprendo bien cuál es la lógica, pero la intuyo. Supongo que tiene que ver con cierto agotamiento por la publicidad, una sensación medianamente compartida de que la publicidad primero miente y después comunica.

La figura del consultor político puede ser reivindicada: creo que la política es mejor, más divertida, más abierta, si una campaña es más inteligente, más cuidada. No hay ningún pecado en tener a un tipo que vea el partido desde afuera para cuidar la imagen de un político. La imagen es importante, no porque sea el todo sino porque es una parte. Porque la política está mediatizada y hay que bancársela, y ser un político, ser un buen político, implica asumir todas las variables de la realidad. Por ejemplo, que una parte de la política es la persuasión de los votantes a través de los medios, de la gráfica en la calle, del mundillo 2.0. La publicidad está dirigida, básicamente, al indeciso. No quiere decir que un cartel le defina el voto a alguien. Pero contribuye: a preguntarse quién es el del cartel. Ahí la imagen democratiza. Y ahí hay otra falsedad sobre el marketing político: que la política “mediatizada”, mercantilizada por el marketing, va en desmedro de la discusión más ideológica, del debate de ideas y de propuestas. Son, en cambio, complementarias.

Es más, hay un impulso democrático en el marketing político, ya que se trata de ir a ver qué piensa el otro, para poder hablarle en sus propios términos. No es casual que el mismo tipo que escribió la “Política” luego haya escrito la “Retórica.” La retórica política, como género, sólo puede existir en democracia, es una invención de la gobernabilidad democrática.

El objetivo de una campaña es mostrar todo lo que se tiene, para persuadir: la contraposición de ideas sobre una misma cosa, las cualidades personales de un candidato, la oferta política de una fuerza. El marketing político tiene muchísimo trabajo para hacer ahí, haciendo los mensajes más amables, más fáciles de recibir. Es extraño que las fuerzas que menos poder territorial tienen, apuesten menos al marketing político. Si es una afirmación sobre su concepción de lo político o una incapacidad técnica, es otra discusión: lo cierto es que la artesanalidad (?) (léase: el carácter artesanal) de las campañas políticas por lo menos nacionales, no funcionan. Negarse a los avances de las herramientas de comunicación política es pretender elegir la cancha donde jugar e irse a jugar solo. Ahí sí, seguramente, hay alguna concepción de lo político.

Dos cortitas

- La primera es puro autobombo. El año pasado dijimos: hay que avanzar en servicio doméstico y en regular el trabajo carcelario. Bueno acerté el primero, y al segundo le pegué en el palo. Así que ojo, que salir en Comunidad de Artepolítica, vos proyecto legislativo (?), trae suerte.

- La segunda es hija de la primera. Se me hace que en la política -si querés más definido: más en las policies que en las politics – hay mucho más consenso de lo que parece. Que las tres, cuatro políticas en las que nos tenemos que poner todos de acuerdo, ya están. Si yo fuera politólogo…si yo fuera un politólogo serio, agarraría la base de datos del Congreso (ponele que estuviera mejor, que fuera más fácil cruzar los datos) y te probaría cuántos proyectos son co-firmados por bloques que electoralmente compiten entre sí. Si yo fuera legislador, le garparía a mis asesores para que hagan ese laburo. Entonces no me compraría el camelo de que falta el diálogo, y reivindicaría mi pertenencia de clase. De clase política. Y diría: nosotros dialogamos, Joaquín, ¿lo ve?, firmamos todos estos proyectos juntos. Si fuera yo, ojo.

 

Tiempo al tiempo

Paradójicamente, la habilitación de colectoras no parece ordenar el tránsito (político), sino llevarlo al caos y la colisión. La matriz de pago para el affaire Scioli-Sabatella (S-S), se parece a la del juego del gallina:

Cooperar No cooperar
Cooperar 0, 0 -1, +1
No cooperar +1, -1 -20, -20

El juego del gallina es un modelo teórico desarrollado a partir de la teoría de los juegos que, como toda teoría, no explica cabalmente ninguna situación, pero sirve para abordarla (el jueguito es así: dos jugadores conducen un vehículo en dirección al contrario, y el primero que se desvía de la trayectoria del choque pierde). Entonces, quizás haya que reformularla. Lo terrible de la situación S-S, es que la estrategia cooperar/cooperar supone resultados distintos y negativos para ambos jugadores: de ninguna manera el resultado es 0/0 (o sea quedar igual que antes que comience el juego). Para Sabatella, cooperar supondría ir en la lista de Scioli y perder parte de su base electoral, o bajarse. Para Scioli, perder “votos por izquierda” (¿el “voto Sabatella” es un voto que, si no, iba directo a Scioli? Supongamos, a los efectos del juego, que sí) y/o sacar menos votos de cara a sus legítimas aspiraciones presidenciales.

El escenario es, muy esquemáticamente, ese. Ante esa situación, los que van arriba del auto de Sabatella, y los que van en el de Scioli, dedicaron los últimos días a dar las razones por las cuales el jugador contrario debería doblar antes que el choque. Es lo que, evidentemente, debe pasar: el juego del gallina es psicológico, y la única maniobra posible es la amenaza de que se llegará a fondo, porque no cooperar no sólo tiene un potencial resultado positivo, sino que la alternativa, cooperar y no recibir cooperación, tiene el peor de los resultados posibles.

Pero el juego tiene, en esta oportunidad, un tercer jugador que modifica el esquema anterior: Balcarce 50, como dice mi amigo Ezequiel. Entonces los jugadores anteriores escriben en el paragolpes, la amenaza que cargan. Scioli, coquetea con la idea de bajarse de la gobernación e ir a las presidenciales si habilitan las colectoras. Sabatella, amenaza por la negativa: bajarlo de la lista de Cristina, es perder esa porción de electorado progresista (aunque la amenaza es otra, la tesis Verbitsky). Desde el punto de vista del jugador Balcarce 50, la pérdida es cuantitativamente mayor si se baja Scioli que si se baja Sabatella. Pero bajar a Sabatella, es la tesis de Verbitsky y, fundamentada o no, es al menos bastante racional (en teoría de juegos, se supone que los actores racionales actúan motivados por incentivos, y que hacen lo que más les conviene en todas las situaciones) también deja a Scioli mejor posicionado de cara a 2015 (la tesis de Artemio de que todavía no es momento de tal discusión también tiene su racionalidad: ahora, no explica qué incentivo concreto e inmediato le ofrece a Sabatella).

Balcarce 50 tiene un rol de árbitro, pero implicado en el juego. Tiene una ventaja comparativa, en el sentido que es el decisor último; es quien posee, en el juego, sino información completa, al menos más que el resto. Y cuenta con los resortes necesarios para crear la estructura de incentivos que lleve a cualquiera de los jugadores a instancias de cooperación. Por ahora, no se avizora con qué elementos cuenta este jugador para lograr la cooperación mutua, y una postura cerradamente rational choice, nos llevaría a pensar que, ceteris paribus, las condiciones están dadas para el choque. Pero a ceteris paribus, junto a seguro, se lo llevaron en cana.

Hay que darle, tal vez, tiempo, al tiempo. Las discusiones pueden ser ideológicas, seguramente lo son, pero tienen que ver con que el trayecto hasta el punto de choque todavía es largo. Creer que el juego del gallina, o esta versión ad hoc, se resuelve en los primeros veinte metros es un capricho de la voluntad y, como dice un gran pensador contemporáneo, la única verdad es la realidad.

Las estrategias, casi todas, son válidas cuando el punto de choque está tan lejos. De lo que se trata, ahora, es de construir la estructura de incentivos que logre el mejor punto de equilibrio para la cooperación, e incluso para la no cooperación menos costosa de todas. La complejidad del kirchnerismo lo vuelve un actor que se redefine cada período eleccionario, y hasta ahora ha logrado, no sin marchas y contramarchas, evitar el cuadrante de las no cooperaciones mutuas. Las alas de Ícaro de ese cuadrante, son la política. Hay que usarlas, para que no se derritan, en su justa medida y armoniosamente.

Devolvé la bolsa

¿Qué ocurre si hay -y con certeza casi siempre es así- una conspiración real o un escándalo de corrupción en el que se ve involucrado el poder estatal? La lógica fantasmática de la conspiración perjudica efectivamente la revelación pública de las conspiraciones reales; la eficiencia de la lógica fantasmática de la conspiración exige que el Enemigo permanezca como una entidad insondable”

Slavoj Žižek, El acoso de las fantasías.

Hace algunos meses, el affaire WikiLeaks dominaba el centro de atención de casi cualquier discusión. Nos enterábamos que los diplomáticos norteamericanos no hablaban, en privado, muy bien de Irán, ni de Venezuela, ni de casi de nadie. Nos contaban que los servicios de inteligencia en el extranjero hacían, adivinen qué, inteligencia. Nos revelaban, entre otras cosas, que ese servicio de inteligencia a veces utilizaba directamente lo que decían los diarios y lo copiaban (nos enterábamos, qué paradoja, que un diario tiene más influencia que la que ya creíamos que tenía). Otras veces nos contaban que la potencia más grande del mundo, léase EEUU, espiaba a países a los que cree portadores de bombas nucleares, o en proceso de hacerlas (Markus Wolf, un jefe del espionaje exterior de la Alemania Oriental, decía de manera excesivamente autocomplaciente con sus crímenes durante la Guerra Fría, que un mundo más informado sobre las actividades secretas del resto, era un mundo más seguro. Yo no creo que eso alcance para violar la intimidad, pero hay algo de racionalidad ahí: eso, por lo menos, justifica la diplomacia). En fin, muy tremendo, todo.
Pero había algo que sobrevolaba la revelación de WikiLeaks, y que tenía que ver con la mediación realizada por los cinco grandes diarios a los que Assange le entregó el paquete de cables, y que sirvió para que los cinco grandes decidan qué se publica, dónde y cuándo. Más o menos, lo que le recriminan al compañero Mariano Peluffo: yo sé que vos los estás grabando 24 horas, y que entonces es “la vida real”. Pero me mostrás el editado, máster. Yo lo banco a Peluffo porque, en última instancia, el que garpa internet o una promo de no sé qué, puede ver si lo desea, la casa las 24 horas. Julián Assange no me dejaba comprar el paquete entero. Lo decía, clarito, el Sr. Moreno (no el polémico) ante la pregunta de si publicarían en una base de datos todos los documentos filtrados: “sí, con todos aquellos que utilicemos como base para las informaciones que planeamos publicar”. O sea, valga la tautología: no, vamos a publicar solamente los cables que publiquemos.

Y con esa mediación, había algo peor que el posible ocultamiento de información: los aires de moralina que hubo que aguantar respecto de la valentía del Grupo Prisa, que no publicaba porque era un gran negocio hacerlo, eh, ojo. Publicaba porque “ha primado el derecho de los ciudadanos a disponer de información veraz y relevante sobre asuntos públicos de interés general”, y porque sus obligaciones no son “proteger a los Gobiernos, y al poder en general, de situaciones embarazosas”. El valiente Grupo Prisa publicó los documentos, decía, porque “los gobiernos mienten”. Y, un poco más, publicaba los documentos por “la incompetencia de los gobiernos occidentales (cuya fiscalización depende, claro, del Grupo Prisa) respecto a la crisis económica, el cambio climático, la corrupción o la agresión militar ilegal en Irak”. Gracias al Grupo Prisa, parece, nos enteramos que la clase política “es consciente de su desgraciada falibilidad”. Yo le diría al Grupo Prisa que gracias por revelar el secreto de que la clase política cree en su propia falibilidad, porque lo contrario no es mejor augurio, pero quizás esa es otra discusión. Creer en su propia falibilidad es, como mínimo, una ventaja respecto de gran parte de “la clase periodística”.
La duda que me surge, ahora, es qué pasa, por poner un pequeño ejemplo, cuando el Grupo Prisa decide despedir al 18% de su plantilla. Me pregunto dónde anda Julián Assange. Me pregunto si tendrá algún cable, Escriba, de la reunión en la que los ejecutivos decidieron que la única salida posible era llevar a cabo “un plan de reestructuración” (ja). Me pregunto si hay algún cable que diga cuánta guita gana cada uno de esos ejecutivos. O, qué se yo, si alguno de los ejecutivos cree “en su propia falibilidad”. Si están más, o menos, convencidos que un político que entra a Afganistán a los tiros. Me pregunto si no andará algún Julián Assange por ahí, temerario, dispuesto a robarse los balances de la empresa porque, según me enseñó el Grupo Prisa, la inutilidad en la conducción amerita que nosotros, los ciudadanos, nos enteremos de sus secretos.
Sí, ya sé. Ya sé que es una empresa privada que puede despedir a todos sus empleados, mañana, si tuviera ganas. ¿Puede? Sí, claro que puede.
Eso sí, ojo con la accountability. Guarda que entre mis tareas no está “proteger al Grupo Prisa, y al poder en general, de las situaciones embarazosas”. Atención: que, decía el Hombre Araña, todo gran poder implica una gran responsabilidad.
Foto.

Sentencia a Jorge Rafael Videla

Declarar a  JORGE RAFAEL VIDELA, ya filiado, autor mediato  (determinador)  –Dres.  Carlos  Julio  Lascano  y  José María  Pérez  Villalobo-  y  coautor  mediato  –Dr.  Jaime  DíazGavier- penalmente responsable, de los delitos de imposición de tormentos agravada por la condición de perseguido político de  la  víctima  (treinta  y  dos  hechos  en  concurso  real),homicidio  calificado  por  alevosía  y  por  el  concurso  de pluralidad  de  partícipes  (veintinueve  hechos  en  concurso real),  tormento  seguido  de  muerte  (un  hecho);  todo  enconcurso  real  (arts.  45,  55,  144  ter,  primer  y  tercer párrafo, con la agravante prevista por el segundo párrafo del mismo precepto y 80 incs. 2° y 6° del Código Penal textoconforme  ley  11.179  vigente  al  tiempo  de  comisión  de  los hechos,  con  las  modificaciones  introducidas  por  las  leyes 14.616,  20.509,  20.642  y  21.338),  imponiéndole  en  tal carácter para su tratamiento penitenciario la pena de PRISIÓN PERPETUA  E  INHABILITACIÓN  ABSOLUTA  PERPETUA,  accesorias legales y costas (arts. 19 del Código Penal y 398, 403 primerpárrafo, 530 y conc. del Código Procesal Penal de la Nación). En  consecuencia,  ordenar  su  inmediato  alojamiento  en  una unidad  carcelaria  dependiente  del  Servicio  Penitenciario Federal.

Fallo completo.

El fantasma de las navidades pasadas

El 10 de diciembre del 2000, a un tipo* le entran a la

casa con una orden de allanamiento y se lo acusa de tenencia ilegal de dos armas. Por cierto, las armas ilegales no sólo son la base del aumento en la violencia de los delitos, sino también la excusa perfecta para detener sin causa, una especie de averiguación de antecedentes más prolongado (“Hola, ¿con el Ministerio de Seguridad? Sí, para saber qué día abre la SEDA?, ¿la SEDA?, sí, la Subsecretaría de Estadísticas del Delito y Afines”). Días más tarde, a este tipo lo imputan por tentativa de robo agravada por el homicidio de la dueña de un local bailable en Florencio Varela. La víctima era la pareja de un ex-policía. Un subinspector, amigo de ese policía, detiene sin conocimiento de la fiscalía al supuesto homicida y le saca las fotos con las que el ex-policía lo reconoce,  a pesar de las diferencias de altura y color de pelo que se contradecían contra su propia declaración (y el ex-policía es el único testigo, a partir del cual la causa es elevada a juicio oral). Tres años después, el Tribunal Criminal N°3 de Quilmes absuelve al acusado, y ordena la investigación de los policías involucrados en el armado de la causa, incluyendo al ex-policía.
Durante esos tres años, según el fallo de la demanda por daños y perjuicios, el tipo sufre golpizas y torturas tanto en la comisaría como en cada una de las cárceles que lo alojaron, por parte de guardiacárceles e internos (Ezpeleta, General Alvear, Magdalena y Florencia Varela: cuatro cárceles -peor: cuatro “bienvenidas” – para una detención de tres años, justo para un tipo al que le armó la causa la Policía, mirá vos, qué casualidad).
Nuestro personaje en cuestión, una muestra apenas, estuvo detenido de 2000 a 2003, pero la situación carcelaria en PBA no es muy diferente desde entonces. El propio Servicio Penitenciario registra 623 hechos mensuales violentos, un número que se incrementó de 2008 a 2009. Acá no hay que profundizar ningún modelo, acá el modelo ni empezó.
El caso sería llamativo si el tipo no hubiese sido apenas un granito de arena que suma al más de 70% de la población carcelaria sin condena.
El caso sería llamativo si no fuera porque es, apenas, uno de los 11 mil casos de torturas denunciados, sólo en la PBA el año pasado.
Cómo son las cosas. Porque mirado desde otro lugar, este tipo “tuvo suerte”.
Porque le podría haber tocado estar en Magdalena en el 2005, cuando 33 personas murieron incineradas en el incendio en la Unidad N° 28, donde no existen salidas de emergencia (como en la mayoría de las cárceles de la PBA), y varios internos fallecieron por el tiempo que pasó hasta que se abrieron celdas que utilizan, todavía, el doble candado. Cuando algunos disfrazaron de motín lo que fue un intento por salvarse la vida. Por cierto, todos los imputados por abandono de persona fueron absueltos, y el Estado nunca se hizo cargo del asesinato de 33 personas. ¿Hace falta decir que el 95% de los que murieron no tenían condena?, ¿valen más que los culpables? Quizás hay que decirlo, porque el titular de “asesinato de inocentes” siempre pega más, mediáticamente, ¿no?, y acá el fin justifica los medios. O sea: eran, según la Constitución Nacional, inocentes (eso, me parece, no le agrega nada: el Estado mató 33 personas, en delito flagrante amén de su carácter inocente o culpable).
Algunos podrían decir que nuestro protagonista tuvo muchísima suerte. O, al menos, un poco más de suerte que Marcelo Almeijeiras desaparecido desde el 28 de agosto de este año, después de una fiestita de los guardiacárceles en el penal de José León Suárez (después, en verdad, de denunciar apremios ilegales y torturas).
El Ministerio de Seguridad tiene a su cargo las fuerzas federales, pero tiene la responsabilidad política de hacer algo con el desmanejo de las policías provinciales. Es, por eso, una oportunidad. Que hayan designado a Cristina Caamaño da un atisbo de esperanza, donde nunca hubo nada. Porque, aunque no sea su área específica, Caamaño da clases en el CUD, y sabe de su importancia. Es, apenas, un dato. Que seguramente no alcanza. Pero ahora hay una oportunidad de avanzar acá, en el lugar más crítico en el que el Estado viola los derechos humanos. Acá estamos en la prehistoria del kirchnerismo. No en el que el Estado no está o no alcanza, sino en el que está el Estado viejo, el represor, el asesino. Acá todavía no podemos ni avanzar: hay que empezar, por lo menos, a reparar.
* En los diarios se pide anonimato con el nombre, aunque googleando es fácil encontrarlo. Por las dudas no lo ponemos.

Foto.

Que florezcan mil flores – Viernes 26

“El Festival está orientado a inaugurar un espacio de confluencia permanente y sistemático entre las líneas de trabajo cultural de cada una de las organizaciones, que garantice el desarrollo de un conjunto de actividades artísticas y formativas a lo largo del tiempo.

Programación:
CIUDAD DE BUENOS AIRES
17HS Foros en el Cabildo
20HS Música en Plaza de Mayo

CIUDAD DE CORRIENTES
19HS Foros en la Subsecretaría de Cultura
21HS Música en Costanera Sur

CIUDAD DE SAN JUAN
19HS Foros en Plaza 25 de Mayo
21HS Música en Plaza 25 de Mayo

SAN MIGUEL DE TUCUMÁN
18.30HS Foros en Plaza de los artesanos
(Crisostomo Álvarez y Congreso)
21HS Música en Plaza Independencia

VILLA MARÍA, CÓRDOBA
18HS Foros y música en Plaza Centenario”.

Porque para que florezcan mil flores, hay que juntarse. Nos vemos ahí.

(Acá tenés los banners).

Cada caricia que me das me mata

Le está pasando a Obama. Su gestión, sobre todo por los incentivos a la economía y la Health Care, polarizó un sector de la sociedad, incipientemente politizado: el que era republicano, se hizo mucho más republicano (o del Tea Party, en su defecto); el que era demócrata, se hizo mucho más demócrata. Del centro a la derecha y del centro a la izquierda, respectivamente. La campaña de Obama, aquella de la innovación en redes sociales y la utilización, por momentos casi perfecta, de la imagen, había movilizado, sobre todo, a los “independents”. Que, para resumirlo, es una especie de “votante de época”. De esa categoría saca sus partidarios el republicanismo, ante el avance demócrata de los derechos civiles en los ´60. Pero más allá de esos escapes, hubo un sector que permaneció en una especie de limbo, desde donde se balanceó hacia demócratas o republicanos, incluso en un mismo período de gobierno. Es, generalmente, el voto del trabajador blanco, vinculado fuertemente al devenir de la economía, temeroso del “populismo” (entendido como demasiado Estado), que supo encauzar George W. Bush en 2000 y 2004, y que se volcó a Obama, como castigo a la mala administración económica de Bush después de ocho años. Y es el voto, claro, que hace unas semanas no sólo se le negó al partido Demócrata, sino que en algunos casos directamente se pasó al partido Republicano (aún con la opción, claro, de no concurrir a votar).

El diagnóstico es que se hizo demasiada política “para políticos”. Que los costos de la Health Care fueron demasiado altos (con decir, solamente, que el partido Demócrata fundió uno de sus mejores cuadros, Nancy Pelosi), que Obama no cumplió su promesa de abrir la Casa Blanca, la política, el contacto con el “independent”. Cuestiones subjetivas que, por supuesto, sólo se descubren con el telón de fondo de una crisis económica: el peor cuestionamiento a la política exterior norteamericana de Bush, en Norteamérica, no era el “intervencionismo imperial” (ni lo será, nunca) sino los gastos de sostener una guerra que el votante medio comenzó a considerar inútil. El think tank demócrata más grande de EEUU le recomendó a Obama dejar de pagar los costos de sacar legislación, para concentrarse en los problemas de la “American people”, en especial con la situación de gobierno dividido (es decir, minoría en una de las dos cámaras, la de Representantes). ¿Cómo hacer cosas sin el Congreso? Concentrándose en los poderes constitucionales del Ejecutivo.

La situación no es, claro, extrapolable a la Argentina ni mucho menos. Tantas variables diferentes no permiten ni siquiera estirar un poquito los conceptos. Pero esa situación habilita a pensar estrategias de acá al futuro. Hay una discusión bastante instalada acerca de cuál es el segmento de votantes que se quiere recuperar, y las respuestas varían, desde los sectores populares hasta el votante de clase media. También uno podría preguntarse por qué no ambos, si son excluyentes, o por qué, en definitiva, las acciones positivas de Gobierno en favor de uno resultarían en un rechazo del otro sector (digo, ¿la AUH espantó muchos sectores medios?).

Pero quizás se trata de plantear el clivaje, también, de otra manera. A los sectores mediana y extremadamente politizados la discusión sobre el Presupuesto les (¿nos?) resulta de vida o muerte, un intento de la oposición por trabar y un dato político que puede definir una elección. El kirchnerismo fue una reactivación, también, de lo político, pero tal vez hay una mayoría para la cual todavía una discusión sobre un Presupuesto no le modifica un centímetro la vida cotidiana (aunque lo haga indirectamente, por supuesto). Sí, en cambio, es altísimo el costo que se paga, y que se va a pagar, por intentar pasar una ley por el Congreso en este clima. Una ley es, por supuesto, la institucionalización de una política pública muchísimo más perdurable en el tiempo que cualquier acción de un Poder Ejecutivo, permeable de ser volteada por un gobierno que eventualmente pueda suceder al actual. Pero la garantía de seguir haciendo leyes es, primero, la supervivencia política. Y, uno tiende a creer, que el kirchnerismo es mejor siempre que reivindica primero a la política. Habrá que preguntarse si no es demasiado caro, entonces, el precio de salir manchado de las discusiones del Congreso. Porque ese fue el mejor resultado opositor de estos días. Hacer venir a jugar al kirchnerismo a esa cancha, hacerle discutir otro partido, obligarlo a no hablar con los de afuera. Es cierto, se hizo mucha política “para políticos”. También es verdad que la muerte de Néstor Kirchner implicó un reacomodamiento, la necesidad de Cristina de demostrar el control de esos resortes, y tratar la ley de Presupuesto (que no se llama ley de leyes en chiste).

Pero el año que viene es un año electoral, donde el incentivo de la oposición para cooperar es nulo. Ligarse un cachetazo tiene un problema: iguala a la clase política hacia abajo. En cada caricia que la oposición le da al kirchnerismo, éste vuelve a entregar los términos de la discusión, condición sine qua non de las derrotas del kirchnerismo.

Tal vez, entonces, llegará el momento en que habrá que evaluar el rango de costo-beneficio de usar los poderes constitucionales del Ejecutivo o someterse al desgaste continuo del Congreso.

Llegaremos a tiempo

Algo que nos enseñó, el tipo. A no tenerle miedo a usar las cosas. Que las cosas están, justamente, para usarlas. Ojo, porque a él…a él también va a haber que usarlo. Con lo feo que suena, con el aire a impostura que, a cuatro putos días, tiene esa frase. Pero no es un deseo sino, más bien, una necesidad. Alguien lo va a usar a Kirchner.

Ya hay algunos haciéndolo, de hecho. Pareciera como si la muerte de Néstor Kirchner fuese un libro para colorear, y hubo gente que abrió la caja de crayones, ya, y está pintando arriba de Kirchner, pasándose los contornos como si no existieran. Y ojo con dormirse, porque los mitos no nacen: se construyen. Ojo con quién lo pinta. Ojo con que el color que se elija sea el de un hombre que crispó los ánimos exageradamente, la imagen del hombre políticamente duro cuya “descendencia” entonces no puede ser otra, ojo con el relato de que “el setentismo” lo fue todo, ojo con que muerto el perro se calman los síntomas de la rabia. Ojo con creernos el cuento de que somos sectarios, y asumir que eso está bien, porque somos más “puros”, más “fieles”, porque estábamos antes (¿antes?, ¿cuál es el antes del kirchnerismo?). Ojo con dejarnos hablar por los otros, ojo con el fanonismo de creer que a los estigmas hay que asumirlos y devolverlos multiplicados. A los estigmas que se los revoleen por la cabeza los viejos. Yo no juego más de visitante, con las condiciones de los otros. Hay que enterrar de una vez por todas el goriperonismo, la idea de que somos lo que a los otros les encantaría que fuéramos.

Ojo porque los hijos de ese cuento esta vez somos nosotros. La soberbia de nuestra generación debe ser la de querer escribir hasta nuestro propio pasado reciente. Queremos fabricar (ni inventar, ni heredar, fa-bri-car) el mito. Vamos a contar nosotros la historia de Néstor Kirchner, la nuestra, con todos los que la hicieron, sin dejar a nadie afuera, sin pedir horario y fecha de ingreso a nadie.

Si queremos eso, ojo con que, encima, nos pinten el presente. Ojo porque a esta historia no quiero que me la escriban los viejos. No quiero que me la escriba Morales Solá, ni Fontevechia, ni Eliaschev, ni Fraga, ni Lanata, ni Caparrós, ni José Pablo Feinmann, ni Barone. Ojo con que confundan un canto de muchedumbre, un canto que había que cantar, un canto que cantamos, con una descripción del clima de época (de épica, escribí sin querer). Ojo con tragarse el cuento de que los crispados son los que cantan “puto” y no los que rechazaron la ley del matrimonio gay. Ojo con confundir “el hombre que manejaba la economía” con el hombre que sometió la economía a la política. Ojo con reirse de “las juventudes militarizadas” de las que habló Grondona (ay, Mariano), ojo con dejar que ellos, los que nunca se organizaron, nos expliquen de qué se trata la organización. Este libro para colorear lo vamos a rayar entre todos.

El legado ya está, el legado son esos pibes cantando, el legado es que la política vale la pena, y todo eso, que ya es un montón. Pero ese legado no es una maquinita que se prende naturalmente, sino que hay que empezar a construirla, no mañana, hoy, ahora, dentro de un rato. Ahora viene la parte de organizar, la parte de formarse, la parte de armar, juntar, romper las pelotas y llevar. Llevar. Llevar a los lugares y decir que hay otros que queremos hacer estas otras cosas, que podemos hacer mejor algunas, poquitas, cosas.

Porque de acuerdo a la forma en que coloreemos el libro que quedó, vamos a poder empezar a dibujar el propio.

La peor sesión del kirchnerismo

- Es la sensación que me quedó ayer. Con un clima enrarecido, como que algo huele mal en Dinamarca. Los actores racionales de la política buscan, más o menos, maximizar beneficios y reducir los costos, ¿verdad? Es un poco bastante liberal, es cierto, pero usémoslo como “tipo ideal”. Uno puede decir que los actores del Congreso tienden a buscar beneficios, que después se traducen en distintas cosas (materiales, simbólicos, ideológicos, bla bla). Entonces, ¿qué pasó ayer?, ¿por qué hubo un actor que jugó para perder y que, peor, cuando supo que iba a perder siguió jugando igual? ¿Qué es este cappismo de sacar a Lamela?

- En esta sesión hay una enorme inteligencia de lo que sea que sea la oposición, en ir y plantear un tema que, en términos de opinión pública, te jode la vida. Es inteligente, te pone en el lugar menos conveniente de los dos que hay. Posiblemente, en muchos otros temas, la oposición se pone en ese lugar, con una pequeña diferencia: no puede tratarlos, a los temas (de hecho, pasa en Diputados desde septiembre). Y, aún con toda la vida que se le dio a la política parlamentaria, especialmente tras el 28 de junio, me parece que la única capacidad del Congreso de convertirse “en noticia” (que es algo más que “salir en Clarín”) es cuando, por lo menos, trata un tema, aunque después lo vote a favor o en contra. Es muy difícil instalar la noticia de “X no bajó a dar quórum”, no rinde, no se puede deshilachar, no vende un diario. Nadie, fuera de los enfermos que actualizan Parlamentario.com, que son el 0,0001% de la población, está atento a eso. Bloquear la discusión es una estrategia política, es legítima cuando la hace el kirchnerismo o cuando la hace la oposición. Salvo por un par de columnas en un diario (mal enfocadas, por cierto, no por ideología o intereses económicos como se supone, sino porque leer un par de libros, aunque sea un “Pasquino para principiantes”, siempre es más trabajoso que hablar de “operaciones” y “aprietes” y no sé qué), que por cierto ya están garantizadas, el costo político de bloquear una sesión, hoy, es bajísimo. Si me apurás, te digo que tiene menos costo que algún tweet.

- Es inentendible cómo bajas a dar quórum a una votación que perdés. No difiero demasiado de la nota de Wainfeld: el objetivo de la oposición es buscar el veto, y es absolutamente legítimo y razonable que lo busquen (porque el juego es de suma cero, en el sentido de que acá todo lo que perdés se lo lleva alguien). Ahora, vos oficialismo, en algún momento agarrás un papel y hacés un cálculo: ¿pierdo más bloqueando la sesión o vetando el proyecto? A mí me parece que se contesta sola la pregunta. Yo no la entendí nunca, la estrategia, sigo sin entenderla. ¿En qué estás pensando cuando dejás que Cobos te defina la votación?, ¿se te pasó uno al otro lado? Listo, ¿es muy loco pensar en que un legislador tuyo vote por la positiva, se resuelve ahí, y en todo caso después se veta?

- El tema con la disciplina partidaria es que es una construcción, no un dato dado. No es que “lo tenés”, mucho menos después del recambio. Y esa construcción exige de unas libertades, me parece a mí, que el kirchnerismo -en tanto “mesa chica” -no está dispuesto a dar. Ahí hay un límite de construcción política. Si no estás lo suficientemente dispuesto a “”pagar”" los votos en el Congreso, entonces no des quórum, hasta que no vayas a una sesión donde repartas otro tipo de incentivos (como la sesión de matrimonio o Ley de Medios, desbloqueá las sesiones en las que no tenés que negociar tanto porque el propio proyecto acorrala ideológicamente a un sector).

- El argumento de “piden aumento y no dicen cómo financiarlo”, no hace sino reforzar el punto anterior: el objetivo de la ley es tirarte la papa caliente a vos, vos elegís ahora cómo quemarte, si con una mano o con la otra. En ese sentido, es brillante, y es de una inocencia media extraña eso de decir “quieren desfinanciar al Estado” o “buscan que vuelvan las AFJP”. No, macho, quieren que Cristina Kirchner lo vete. Ajá, ¿y?, ¿son inmorales? Obvio que quieren eso, ¿qué quieren que quiera, que aumente la popularidad de Cristina? Eso sí: hay que recordar que la olla y el fuego para cocinar la papa, la pusiste vos. Y alguien tiene que garpar esta jodita que se mandaron. Te pegaste un tiro en el pie. Hay que fijarse si quedan muchas más balas.