Marcos Schiavi

El Conurbano ante el PRO: pérdidas de ingresos (y de apoyos)

Tercera y última parte de “Pro y Conurbano: un vínculo incierto” (las anteriores pueden leerse aquí y aquí).

Las medidas económicas tomadas en 2016 han tenido como resultado un aumento de la inflación (Variación Interanual: Diciembre 2016: 40,9% – IET-CITRA); una caída del salario real (6,1% en 2016 también según IET-CITRA); un aumento de la pobreza (1.500.000. de pobres nuevos a septiembre 2016 según ODS-UCA) y; una fuerte caída de la actividad económica (2,3% en 2016, según INDEC). Estas variables se profundizan en el Área Metropolitana de Buenos Aires (y en especial en el Conurbano) ya que la política económica del gobierno nacional ha propiciado una transferencia de ingresos de lo urbano a lo rural y, particularmente, del AMBA a la zona núcleo agrícola. Es aquí donde el aumento de las tarifas de servicios públicos impactó con más fuerza (y seguramente lo haga este otoño nuevamente).

En síntesis, a lo largo de todo 2016 esta área ha sufrido una importante pérdida de ingresos. A diciembre de 2016, la mayoría de la población del AMBA había perdido entre el 6% y el 10% de sus ingresos.

Al Censo 2010, el GBA tenía alrededor de diez millones de habitantes De esos, 1.400.000 en los 24 distritos del Gran Buenos Aires son jubilados o pensionados. A lo largo de todo el 2016 recibieron aumentos por 31,68%, más dos sumas fijas otorgadas en base a su ingreso. Alrededor de 900.000 de niños reciben la Asignación Universal por Hijo, la cual también se actualizó en 31,68%. Para estos sectores los ingresos disminuyeron en torno al 10% debido a que su canasta de bienes y servicios tiene una mayor proporción de alimentos y éstos tuvieron una suba mayor al promedio. Según el INDEC, en el GBA al 3º trimestre de 2016 había 4.865.000 personas ocupadas . Si consideramos como indicadores el aumento anual del salario mínimo vital y móvil (33%) y la variación anual acumulada a septiembre de la media de los salarios de los trabajadores registrados privados (32,6%), también aquí nos encontramos con una pérdida del 6/10% dependiendo la rama de actividad. A esta situación se le debe sumar 576.000 desocupados.

Esta crisis de ingresos consolida la desigualdad del GBA. Y, en consecuencia, debilita la posición del PRO en el electorado del Conurbano, el cual no se parece al estereotipo que se ha construido de él.

Como bien plantea Gabriel Vommaro en “Historia de la provincia de Buenos Aires: el Gran Buenos Aires”, la imagen homogénea y estática de la política conurbana hace muy poca justicia a los procesos políticos municipales, en los cuales conviven heterogeneidades y transformaciones. Un breve recorrido de la etapa democrática muestra esta complejidad y es de utilidad para contextualizar 2015 y 2017.

En 1983 la Unión Cívica Radical obtuvo 9 intendencias (sobre 19 posibles). Ganó distritos industriales como Avellaneda y San Martín. En Lomas de Zamora, el candidato del Partido Justicialista, Eduardo Duhalde, ganó por menos de 800 votos. En Lanús, Manuel Quindimil ganó por 1700. Cuatro años después la UCR perdió seis intendencias. Comienza a conformarse un predominio duhaldista que se observa claramente en 1991. En paralelo el radicalismo pierde municipios y, en otros, deja de ser segunda fuerza. En 1995, a nivel municipal, el PJ, en 13 distritos obtiene más del 50% de los votos. Sin embargo esa predominancia rápidamente pierde fuerza. En 1997 Graciela Meijide le gana a Chiche Duhalde por siete puntos de distancia (48,3 a 41,4). Esto fue un avance de lo que ocurrió dos años después momento en que la Alianza triunfa en siete municipios, mientras que dos partidos vecinales lo hacen en otros dos. Luego de la debacle política de la Alianza se abrió una etapa en la que las disputas era mayoritariamente al interior del peronismo. Todo esto hasta los resultados de 2015 donde Cambiemos ganó tres intendencias muy importantes: Quilmes, Lanús y Morón. En síntesis, estos más de treinta años han dado forma a un distrito donde los vaivenes políticos son pronunciados y periódicos.

Este recorrido no busca desconocer la predominancia peronista en el Conurbano. Al fin y al cabo, hasta 2015, doce distritos fueron gobernados siempre por el PJ. Lo que buscamos poner en cuestión es la imagen que se construyó en relación a lo ocurrido hace dos años; la idea de una victoria inédita. La elección del PRO en el Conurbano fue muy buena (puesta en relación a sus antecedentes), y explica en gran medida las victorias del 2015, pero lejos estuvo de ser una elección inédita. Puede haber sido inédita para el PRO, pero no para el Conurbano.

La elección de Vidal en 2015 fue excelente. Sin embargo eso no le alcanzó para ganar el Conurbano. Si contamos los 24 distritos del GBA perdió por 100.000 votos. Si hiciéramos el experimento de quitar los dos distritos que gobernaba Cambiemos hasta ese entonces (Vicente López y San Isidro), la diferencia es de 250.000. Si se la compara con los resultados que obtuvo Macri, la de Vidal fue una grandísima elección. En las generales de octubre, Macri obtuvo 600.000 votos menos que Scioli. En el balotaje, 650.000 menos. Claramente estamos ante un distrito que puede ser considerado como “anti-macrista”.
En distintos fragmentos de este ensayo hemos mencionado la heterogeneidad del Conurbano; lo electoral no escapa a eso. La Primera y la Tercera son las secciones electorales en las que se divide este territorio, casi en partes iguales: la Primera agrupa a los distritos del norte y del oeste; la Tercera, a los del sur. En el balotaje en la Primera sección, Scioli obtuvo el 51,23% de los votos, en la Tercera el 58,82%. Allí, donde se encuentra los cuatro municipios más populosos del GBA, Vidal perdió por siete puntos. En la Primera, en cambio, ganó por más de cuatro.

Estos malos resultados hablan más de cierta resistencia del Conurbano al macrismo que de un voto leal al kirchnerismo. En las elecciones del 2013, el resultado había sido mucho peor para el FPV. En la provincia había perdido por un millón de votos, el 70% de ellos provenientes de la Primer Sección. El Frente Renovador en esa elección ganó tanto en la Primera (con una diferencia de más de 20%) como en la Tercera, donde se impuso ajustadamente.

Esa resistencia del votante del Conurbano hoy tiene su expresión en las encuestas de opinión que circulan en los medios masivos de comunicación, encuestas en las que todos los indicadores del oficialismo dan más bajos que en el resto del país; particularmente a la gestión nacional y al Presidente Macri; en menor medida a Vidal. En septiembre de 2016, en el conurbano, según Poliarquía, Macri tenía 39 puntos de imagen positiva, 23 de imagen regular y 38 puntos de negativa. Se replica aquí las distancias entre distritos al interior del GBA: “Adicionalmente, el análisis por zona indica que la imagen positiva de Macri mejora sustancialmente en distritos del corredor norte como San Isidro y Vicente López, donde sube a 60 puntos, y se desploma a 28% en municipios como La Matanza, donde, además, su imagen negativa trepa a 52 puntos.” Ese mismo mes, en su Barómetro Presidencial, la Consultora Dicen sostenía que la desaprobación del gobierno nacional en el GBA alcanzaba el 52% mientras que en CABA era de sólo el 29%. En diciembre, un trabajo de Poliarquía dio números semejantes. Al consultar la evaluación de la gestión de Macri, la desaprobaba el 35% en CABA, el 41% en el Interior y el 48% del GBA. Más allá de las diferencias porcentuales estas (y muchas otras mediciones) dan cuenta de un Conurbano alejado del gobierno nacional (aunque no de la gobernadora Vidal). Los recientes hechos de febrero sin duda deben haber asentado esta tendencia.

Las políticas económicas del gobierno nacional, como lo mencionamos antes, han golpeado fuertemente a los habitantes del GBA. Eso se expresa en lo político, en las mediciones de opinión pública, pero tienen obviamente una base social. El Monitor del Clima Social recientemente lanzado por el Centro de Estudios Metropolitanos ha medido, a fines de 2016, los niveles de inseguridad social de los habitantes del área metropolitana de Buenos Aires. Como era de esperar, los resultados demostraron un gran diferencia entre CABA y Conurbano, con índices muy elevados y preocupantes. Cerca de la mitad de los habitantes del GBA considera algo o muy probable perder su trabajo. Menos del 20% respondió que su situación económica es buena o muy buena. En comparación al año pasado, alrededor del 60% afirmó que económicamente está peor . Al ser consultados sobre si, en los últimos doce menos, disminuyeron la porción de comida porque no había suficiente dinero en el hogar, el 45% respondió afirmativamente. Todos resultados que muestran un clima social deteriorado.

El MCS también consultó sobre las responsabilidades políticas. En estas respuestas se pueden encontrar, aunque en parte, las razones de las divergencias entre la valoración de Macri y de Vidal. En los temas vinculados a lo económico y laboral (los más deteriorados) siete de cada diez le asigna responsabilidad al gobierno nacional, mientras menos del 10% considera responsable al provincial.

En síntesis, tenemos un Conurbano que en 2015 fue poco receptivo a la oferta electoral del PRO, y que en 2016 desaprobó mayoritariamente la gestión nacional; un electorado que está golpeado en lo económico-social. Ante esto, las elecciones del 2017 (y del 2019) se presentan como un enigma.

Interrogantes eleccionarios

En la provincia de Buenos Aires las elecciones legislativas de este 2017 son todavía una gran incógnita. Lo decíamos arriba: pueden ser una gran noticia para el gobierno de Cambiemos o todo lo contrario. Hay múltiples variables que pueden llegar a influir en ese resultado (la oferta que se le presente al elector, el papel de Cristina Fernández de Kirchner, el devenir económico, la hipotética alianza entre Sergio Massa y Margarita Stolbitzer, la presencia de Vidal en la campaña, la unión del peronismo, etc.). A sabiendas de esto, partiendo de que no hay explicaciones mono cáusales válidas en procesos de la complejidad de una elección como la de este año, queremos cerrar este ensayo planteando tres interrogantes vinculados exclusivamente a la relación PRO – Conurbano, y cómo eso puede influir en los resultados de octubre.

¿Podrá el PRO superar su identificación con la CABA? Esa identificación, se planteó antes, hace del PRO una suerte de expresión capitalina, casi sin mediaciones. El vínculo CABA-GBA está atravesado por las desigualdades geográfica, económica, social y, sobre todo, simbólica; CABA genera admiración y rechazos. Eso atraviesa al PRO también. Por eso necesita romper con esa inercia y convertirse, además, en representante de una fracción importante de la población del Conurbano (hoy lo es, pero continua siendo minoritaria). La fragmentación social, la crisis del tejido social del GBA, puede serle de utilidad en ese desafío; el problema es que ese espacio simbólico actualmente lo ocupa Massa. ¿Es Vidal ese hipotético puente? Más allá de la enorme imagen positiva que reflejan las encuestas de opinión pública, consideramos que aún no. Básicamente porque Vidal es el símbolo del desembarco de un tipo de gestión, no alguien que exprese per se a un sector de la sociedad conurbana. Sólo un éxito rotundo en su gestión (y la de los gobiernos locales) puede convertirla en quien rompa esa distancia, hoy día muy patente. Lo que nos lleva al segundo interrogante.

¿Cuánto impactará en las elecciones el resultado que alcance la gestión? El PRO simboliza una forma diferente de hacer las cosas en el Conurbano. Supuestamente, una mejor, más prolija y transparente. En la nación, en la provincia y en distritos muy importantes de este territorio se ha “importado” ese tipo de gestión. En gran medida, un modelo que se propone como refundacional. Sus resultados (o la ausencia de ellos) deberían impactar fuertemente en el clima electoral. Otro interrogante a descifrar allí es cómo jugará el factor tiempo/paciencia. La distancia en la gestiones, entre CABA y el resto, se asienta en capacidades estatales disímiles, hijas de presupuestos y sociedades desiguales. Esta barrera parece infranqueable. Por más que lo gobierne el PRO, Lanús sigue teniendo un magro presupuesto anual y múltiples necesidades insatisfechas. No será magia. Mucho dependerá de cómo se comunique lo logrado, aunque sea poco. De allí el último interrogante.

¿Predominará la (nueva) comunicación? El PRO cuenta con la simpatía de la mayoría de los medios masivos. Una simpatía nacida más del espanto (al kirchnerismo) que del amor. Ahora bien, y contando con este apoyo mediático, el PRO apuesta a la comunicación directa, vía redes sociales, especialmente Facebook. Esa herramienta le permite llegar a cada casa e informar sobre los avances que a equis particular le puede interesar. El vecino de Quilmes entra a su muro y se entera que el intendente repavimentó Camino General Belgrano. Cuánto impactará este tipo de comunicación en la elección de octubre es un misterio. Podemos presuponer que mucho, pero esa presuposición está basada en el mito. Pues, finalmente, este tipo de comunicación política es llamativamente silenciosa. Es un intercambio privado, no público. Sólo el emisor conoce su alcance. Los que reciben el mensaje desconoce a cuantos llega. Sea como fuere el PRO necesitará enormemente de este canal. Tiene aún mucho camino que recorrer en el Conurbano.

Este ensayo está pensado como un primer paso. Un primer paso para pensar las identidades políticas del Conurbano, un territorio de diez millones de habitantes. Un paso para comprender las potencialidades y limitaciones del PRO. Para intentar comprender el núcleo de un territorio político clave transformado por doce años de kirchnerismo.

Foto: Avenida Pavón.

Del PRO al Conurbano: antes de ganar

Segunda parte de “Pro y Conurbano un vínculo incierto”.

Cerca de un millón de habitantes del Conurbano trabajan en CABA. Representan alrededor del 20% de los ocupados del GBA. Cada día ese millón de personas se movilizan desde sus casas hacia sus puestos de trabajo donde producen pero también consumen; donde experimentan la disímil situación que hay entre ambos distritos. Esos trabajadores, juntos a otros tantos miles de bonaerenses que llegan a la ciudad en busca de esparcimiento, salud y educación, son los principales divulgadores del estado de situación porteño, de la gestión del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En el marco del vínculo entre el PRO y el Conurbano, la gestión ha sido el mensaje político más poderoso y prolongado.

Desde que llegó al poder en CABA, el PRO ha fortalecido un discurso pos-ideológico centrado en la gestión, en la nueva política que buscar “estar cerca”, que quiere “resolver los problemas de la gente” vía una gestión transparente y eficiente. Eso se asentó en un andamiaje publicitario muy aceitado; en el que, por ejemplo, se llegaban a comunicar intensamente políticas públicas con escaso impacto real (los casos paradigmáticos son el programa que proponía a todos los argentinos terminar el secundario desde cualquier parte del país a partir de una plataforma online y gracias al GCBA y el famoso “Alquilar se puede”).

La política más exitosa, y paradigma de la gestión PRO, ha sido el Metrobus, una obra de gran impacto en la movilidad metropolitana, de alta visibilidad (transformó la imagen de su principal arteria) y donde gran parte de los usuarios son del Conurbano. El Metrobus tiene todos los atributos que el ala comunicacional del PRO valora en una obra: eficiencia, modernidad y, sobre todo, visibilidad.

Más allá de los problemas que ha tenido la gestión del PRO en la Ciudad (sub-ejecución presupuestaria, nula política de vivienda, bajo nivel de inversión en infraestructura escolar y sanitaria, fracaso de su promesa de extensión del subterráneo), ésta se ha visto favorecida gracias a la comparación con las capacidades estatales de los distritos que la rodean.  Los presupuestos que manejan explican en gran medida esa distancia. Para 2017 el GCBA cuenta con una previsión presupuestaria de casi 190 mil millones de pesos. Quilmes, un distrito con un cuarto de la población de CABA, contará para el mismo periodo con alrededor de 6 mil millones. CABA cuenta con ingresos fiscales por habitante que multiplican por diez los que reciben Lanús, San Martín o Ituzaingó. Estas desigualdades se observan en la gestión, y permean la mirada que los bonaerenses tienen de sus gobiernos y del de la ciudad. Se refuerza una vez más la idea de diferencia y desigualdad, pero sin denunciar la injusticia que eso puede representar. Es, sin duda, un factor clave al analizar el vínculo del PRO con el GBA.

A la gestión entendida como un instrumento de campaña, durante el 2015 se le sumó una herramienta inédita, una herramienta que transformó para siempre las campañas políticas en el país, y particularmente en el Conurbano: el uso de las redes sociales que hizo el PRO, en especial Facebook. No es el objetivo de este ensayo presentar números exactos del alcance e impacto que tuvo esa vía de comunicación. Excede nuestras intenciones y recursos. Lo que sí resulta claro es que el uso de esa red social parece haber modificado la manera en que los candidatos (sobre todo, los candidatos a intendentes) llegan a sus votantes. Se ha fortalecido el “mito” Facebook.


La inmensa mayoría de la población del Conurbano no consume medios locales, y no participa de discusiones políticas o debates sobre el futuro de determinada ciudad. El voto se decide (o decidía) en base a diversas fuentes en la que la voz del candidato a intendente no era, ni por lejos, lo principal. Medios nacionales, tracción del voto nacional y/o provincial, afiches, pasacalles, militancia territorial, clientelismo eran (o son) las principales herramientas políticas y comunicacionales del Conurbano. Facebook transforma todo esto pues ahora esos candidatos que antes no llegaban a su electorado pueden plantear sus deseos, proyectos, opiniones de manera directa y masiva. Cuanto lo transforma es un interrogante que no podemos resolver desde este ensayo. Que tiene un efecto no se puede negar.

Hablamos del “mito” Facebook pues el relato de la victoria que se construyó desde el propio PRO ha sobredimensionado esa incidencia. Julián Gallo, su responsable de campaña en redes sociales, ha llegado a firmar una nota titulada “El primer presidente de Facebook”. En ella además de mensurar el impacto del medio (“Desde la noche del 25 de octubre hasta el 1° de noviembre, Macri alcanzó con sus posts en Facebook a más de 23 millones de personas, 15 millones de ellos de manera orgánica”) describió tres ejes principales de la comunicación digital que se dieron: concebir a Mauricio Macri como un medio de comunicación; tener a Facebook como el centro nuclear de los activos digitales; incrementar las ocasiones para expandir la identidad pública del candidato. Estas características, propias de la campaña presidencial, impregnaron todas las campañas, la de la gobernación, y la de las intendencias. Por primera vez la mayoría de los habitantes del Conurbano pudo acceder a los proyectos, planes, deseos, de los candidatos locales.

Este novedoso alcance de Facebook permitió comunicar una idea fuerza de la campaña 2015 (aunque nunca del todo explicitada): la Capital se propone gobernar el Conurbano (y la provincia). María Eugenia Vidal, Martiniano Molina, Néstor Grindetti, Nicolás Ducote, Diego Valenzuela no se presentaban como expresiones emergentes de su distrito. La imagen que se emanó desde la campaña era una suerte de desembarco, la propuesta de un tipo de gestión particular, la gestión porteña, la del PRO. Más allá del origen de los candidatos, de su lugar de residencia, todos eran presentados como elementos exóticos, no pertenecientes a la política del distrito, candidatos nuevos pero con experiencia. Se le proponía al votante del Conurbano una oferta política en cierta medida “importada” de su distrito vecino. Esta propuesta fue novedosa, y en gran medida eficaz. El desafío de los próximos años es cumplirla pero con presupuestos del conurbano, no de CABA.

Más allá de lo antedicho, puede considerarse y con razón que fue en el Conurbano donde ese éxito fue menos extendido. El PRO desembarcó vía gobierno nacional, provincial, y algunos locales con muchas expectativas pero también mucha desconfianza propia y ajena. El primer año de gestión, como en tantas otras ocasiones, los mensajes (los comunicacionales, y los de políticas) fueron, al menos, contradictorios.

Del PRO al Conurbano: después de ganar.

Durante su primer año como Presidente, en sus discursos oficiales, Mauricio Macri pronunció una sola vez la palabra Conurbano; lo hizo al referirse al desarrollo del Metrobus. “Área Metropolitana” o “Región Metropolitana” fueron mencionadas cuatro veces: dos en ocasión de un discurso sobre movilidad, dos en relación a la situación energética. Muy poco realmente.

Resulta llamativa esa ausencia. Sin duda ha habido muchas actividades oficiales en la región en las cuales se recogían temas urgentes como los déficits habitacionales y viales, los problemas productivos y de empleo, pero no ha habido hasta ahora un discurso oficial dirigido al área como un todo. Hay menciones a la pobreza a nivel país, pero nunca centradas en el Conurbano. Se nos escapa el sentido de esta ausencia, y si la decisión es consciente.

Más claro y entendible son otras ausencias. Un análisis realizado a fines de octubre en base a todas las conferencias de prensa del gobierno nacional demuestra que las palabras “desigualdad”, “redistribución” y “distribución” desaparecieron del discurso oficial. Estas ausencias rozan al Conurbano de manera directa ya que es el área más desigual del país (tomando toda la región metropolitana), en la que la agenda redistributiva es determinante. La desigualdad es una experiencia diaria de todo habitante del Conurbano. No tener un discurso sobre la desigualdad, es no tener discurso sobre lo que ocurre en ese territorio.

María Eugenia Vidal logra mayores niveles de conexión con el Conurbano (todas las encuestas la colocan diez puntos por encima de Macri). Sin embargo, tampoco interpela al Conurbano como un todo, no en lo discursivo. Como afirmamos antes, son muy altas las connotaciones negativas que tiene el concepto “conurbano”, y eso puede explicar su llamativa ausencia. Donde sí aparece, y acá ya abandonamos lo puramente discursivo y nos introducimos en lo político-económico, es en la discusión sobre el Fondo del Conurbano. La mayor bandera del PRO en relación al área. Aunque tímida, aparece como la más importante interpelación a esos diez millones de habitantes.

Al referirse al tema se debe partir de una realidad concreta, aunque poco entendible: el Fondo del Conurbano Bonaerense perjudica a la provincia de Buenos Aires. Se creó con el objetivo de favorecerla y hoy beneficia a todas las provincias menos a la que pretendía desarrollar. Esto aumenta la debilidad fiscal estructural que tiene el distrito, aunque obviamente no es el único factor.

Vidal ante esto ha planteado la necesidad imperiosa de modificar la situación. Ha avanzado, aún sin una definición clara, de manera un tanto errática. Ha realizado algunas actividades públicas pero sin continuidad A lo largo del 2016 este debate tuvo tres expresiones: uno a nivel declaraciones públicas de apoyo al pedido oficial (de funcionarios, de legisladores provinciales, de consejos deliberantes, del propio Presidente Mauricio Macri), otro a nivel legislativo, y un tercero, judicial.

En el Senado nacional se presentaron tres proyectos. El 7 de julio de 2016, los senadores Juan Manuel Abal Medina (PJ-FPV) y María Laura Leguizamón (PJ-FPV) por un lado y Jaime Linares (GEN) por otro, presentaron sendos proyecto. Cuatro días después, el 11 de julio de 2016 se presentó la propuesta del Senador Federico Pinedo (PRO). Los tres  buscan modificar la situación actual en beneficio de Buenos Aires. Difieren en los mecanismos para superarla; que fisco se ve más afectado; y cuál es el papel de los municipios. Hoy por hoy esta discusión está empantanada. Aún más después del debate sobre Ganancias de fin de año pasado.

Donde sí ha habido cierto avance es en el ámbito judicial. El 1º de agosto la provincia de Buenos Aires presentó en la Corte Suprema una demanda contra el Estado nacional para recuperar la totalidad del Fondo del Conurbano; también el retroactivo del último lustro. A su vez exigió ser incluida en el reparto del fondo de infraestructura social  del 4%. Según la propia gobernación la demanda podría alcanzar los $300 mil millones. A fines de noviembre pasado, la Corte Suprema de Justicia de la Nación admitió la competencia originaria para tramitar la demanda, abriendo así la puerta a un posible fallo en los próximos meses. La apuesta de PRO parece ser la vía judicial. A fin de año pasado, Macri afirmó: “La Gobernadora (María Eugenia Vidal) tiene razón. Los bonaerenses tienen razón. Han sido discriminados con un tope arbitrario que desvirtuó el origen de esa ley (la del Fondo del Conurbano). Así que espero que la Corte (Suprema de Justicia de la Nación) le dé cabida a eso. Y es algo que deberemos atender la Nación y el resto de las provincias”.

De cara a este 2017 la discusión del Fondo del Conurbano será central, sobre todo en la campaña. La apuesta oficial a que haya una resolución judicial muestra las dificultades políticas con la que seguramente se encontrará en el ámbito legislativo. Una discusión donde se cruzan factores tan disímiles como la teoría “devolutiva” del federalismo fiscal y la discriminación de los distritos opositores en detrimento de los gobernados por Cambiemos. El panorama general muestra un creciente déficit fiscal del gobierno nacional; una provincia de Buenos Aires que discute cada año mayores niveles de endeudamiento y; poca predisposición del resto de las provincias a ceder fondos propios en tiempos de ajuste y caída de la actividad. En este contexto, hasta ahora, y fortaleciendo las distancias que hemos mencionado, la gran ganadora del 2016 fue la Ciudad de Buenos Aires al sumar 3,75% de coparticipación gracias al Decreto Nº 194/16.

Por ahora este debate parece no tener destino cierto. Con el correr de los meses puede convertirse en un activo del PRO, pero eso va a depender de factores que exceden a la política de la provincia.

En síntesis, el PRO, tanto antes como después de ganar, le ha hablado, y mucho, al Conurbano; aunque no desde una interpelación directa. Esos mensajes no les han sido indiferentes a los bonaerenses, lo que no quiere decir, necesariamente, que han sido exitosos. En la última parte de este trabajo intentaremos reconstruir parte de esos resultados.

PRO y Conurbano: un vínculo incierto (Primera Parte)

 

 

En las elecciones de octubre de 2015 (1), en el Conurbano, Aníbal Fernández le ganó a María Eugenia Vidal. Si se suman los resultados finales de los 24 municipios que, según el INDEC, conforman el Gran Buenos Aires se obtiene una diferencia de alrededor de 100.000 votos para el candidato del Frente para la Victoria (Vidal ganó por casi 400.000 la provincia). Ese mismo octubre, en el mismo universo, Daniel Scioli obtuvo 600.000 votos más que Mauricio Macri. En el balotaje de noviembre, se incrementó esa diferencia: fue de 650.000 votos. Si no se tuvieran en cuenta los municipios de Vicente López y San Isidro, los únicos distritos gobernados por la coalición Cambiemos hasta ese momento, la distancia superaría los 800.000. El Conurbano fue la contracara de Córdoba en la que Cambiemos obtuvo una diferencia apabullante, de más de 40 puntos de distancia. Todo esto en el marco de dos elecciones históricas para el PRO; dos campañas (casi) perfectas con resultados inmejorables.

Claramente el Conurbano es un problema a resolver para el PRO (y para Cambiemos). Este ensayo parte de esta afirmación e intenta desandar algunas de los principales nudos del incierto vínculo que existe entre el partido gobernante y el Conurbano, una región que supera los diez millones de habitantes. Una relación de mutua desconfianza.

La hipótesis que atraviesa este texto es que el PRO simboliza la otredad capitalina para la mayoría de los habitantes del Conurbano. Una otredad que bascula entre la admiración y el rechazo y que a lo largo del 2016 no hizo más que profundizarse. Sin embargo, más allá de esto, los resultados del 2017 están abiertos.

Se opta por el formato ensayo pues brinda la libertad necesaria para recorrer aristas muy diversas, un camino en busca de reconstruir problemáticas con múltiples expresiones. Una relación que es un gran signo de interrogación: hoy, a febrero de 2017, no hay datos certeros que puedan asegurar si el Conurbano le traerá buenas o malas noticias electorales al PRO. Por eso hemos tratado de dar cuenta de la mayoría de fenómenos que nos parece determinantes de cara a agosto y octubre. Desde las encuestas de opinión pública a la gestión entendida como campaña; desde el desembarco de la Capital en el Conurbano a la comunicación política vía redes sociales. Este es un texto que plantea más dudas que certezas, que busca ser un primer paso en un proyecto más ambicioso centrado en el GBA y sus identidades políticas.

Aquí los grandes ausentes  son el peronismo y el kirchnerismo, entendidos como identidades y andamiajes políticos que disputan el territorio conurbano. Es imposible desconocer la influencia de ambos en la política del GBA, sin embargo hemos optado por centrarnos en el vínculo del PRO con los habitantes del Conurbano más allá de la variable relacional y la disputa con las otras fuerzas. En una segunda etapa de este proyecto sin duda se debería sumar el factor peronismo y como, en una suerte de contracara ideal, el PRO construye su imagen en relación a él. En esta etapa hemos priorizado el vínculo directo entre la fuerza política y el territorio conurbano.

En síntesis, el texto está organizado en tres partes. En la primera se presentan brevemente a los dos actores de esta relación. En la segunda se analizan discursos, acciones e imágenes que el PRO dirige al Conurbano: la protección de la gestión PRO del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sobre el anillo que la rodea, las principales herramientas de la campaña 2015 (particularmente la herramienta Facebook), la disputa por el Fondo del Conurbano, y el discurso oficial en relación al Conurbano.

En la tercera parte se describen los resultados, las reacciones que lo anterior genera. Se analizan resultados electorales, encuestas de opinión pública y el Monitor del Clima Social realizado por el Centro de Estudios Metropolitanos. Por último, el texto intenta proyectarse hacia las elecciones legislativas de este año y las ejecutivas del 2019; busca desgranar los interrogantes que forjan esta relación incierta y los futuros combates de comunicación política y opinión pública.

PRO: 100% porteño

El PRO, el partido que encabeza la coalición Cambiemos, es un partido joven, un partido del siglo XXI y, sobre todo, un partido 100% porteño. Ese es un dato insoslayable al analizar su vínculo con el Gran Buenos Aires.

Los primeros pasos de lo que luego sería el PRO se dieron en la Ciudad de Buenos Aires, en 2001, con la creación de la Fundación “Creer y Crecer”. Allí compartían cartel y proyecto Mauricio Macri y Francisco De Narváez, una sociedad que tuvo idas y vueltas y que terminó mal. Ambos buscaban conformar equipos de técnicos jóvenes para así darle forma a una nueva manera de hacer política. El proyecto era nacional, pero siempre tuvo como objetivo a mediano plazo gobernar la Ciudad de Buenos Aires. Dentro de las primeras convocatorias de la Fundación estuvieron Alfonso Prat Gay, Martín Lousteau, Alberto Abad, Eugenio Burzaco y Marcos Peña, entre otros. A ese grupo después se le sumaría otro think tank, el Grupo Sophia, a través del cual se acercaron Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal y Sol Acuña, por ejemplo. El objetivo era construir un partido nuevo y exitoso, con métodos inéditos en la política argentina, auto identificado como pos-ideológico y pos-moderno. Primero con “Compromiso con el Cambio” y luego con “Propuesta Republicana” se logró ese objetivo, a partir de una amalgama donde convivieron en un frágil equilibrio onegeístas, peronistas, radicales, conservadores, tecnócratas y empresarios. El punto débil del proyecto partidario es que eso sólo se logró en CABA, lugar en el que desde su creación el PRO perdió sólo una elección (balotaje de 2003). Fuera de ella su devenir fue errático.

La historia del PRO y de su desarrollo a lo largo de la década larga kirchnerista se puede encontrar muy bien descrito en “Mundo PRO. Anatomía de un partido fabricado para ganar” de Gabriel Vommaro, Sergio Morresi y Alejandro Bellotti. Aquí se busca resaltar dos ideas de ese texto, a nuestro entender centrales: la vinculación del PRO con el voto “alto”- republicano y su identificación con la Ciudad de Buenos Aires.

CABA tiene niveles de ingresos y de educación superiores al Conurbano y al resto del país. Tiene mayor concentración de escuelas y universidades. Mayores oportunidades de empleo y mejores servicios públicos. Tiene también una red de transporte densa. Esto le da forma a una sociedad determinada y, en gran medida, atípica. En CABA prima lo que Pierre Ostiguy define como voto alto, voto comprometido con los valores republicanos, que se identifica en gran medida con lo culto y patricio. Ese es el voto PRO, en el cual se hace fuerte. El problema del PRO es que CABA no es Argentina.

La hegemonía que el PRO supo construir en la Capital fidelizando ese voto alto fortaleció la identificación mutua. Hoy es difícil pensar uno escindido del otro. Una identificación hija de triunfos pero también de derrotas, hija también de la reacción que genera el PRO al cruzar el Riachuelo o la General Paz. El siguiente fragmento lo describe acertadamente:

Nacido de las entrañas de las clases medias de la Ciudad de Buenos Aires – similares a sus pares de otras grandes ciudades del país – al PRO no le ha resultado simple afincarse en otros terrenos sociales. Al menos hasta ahora, los sectores populares de las periferias urbanas, de los centros industriales y de las regiones agrícolas-ganaderas, parecen poco receptivos a la propuesta macrista.

Sin embargo, los resultados del 2015 relativizaron esa mirada. Este partido, que algunos definían como vecinal hace apenas dos años, afrontó las elecciones del 2015 con dos dirigentes porteños para las nacionales y, si no se hubiera opuesto la UCR sobre la hora, con otros dos dirigentes porteños para la gobernación de la provincia de Buenos Aires. No sólo las afrontó sino que las ganó. La imagen era clara: la Ciudad de Buenos Aires se proponía para gobernar el país y su provincia vecina.

 

¿Qué es el Conurbano?

Tomaremos en este ensayo la definición del Conurbano/Gran Buenos Aires que toma el INDEC: los veinticuatro distritos que rodean a CABA. Nos es de utilidad para medir los resultados electorales alcanzados por el PRO. También porque es la medida que utiliza el instituto de estadísticas para medir desempleo, pobreza, etc. En ellos, según el Censo 2010, habitan alrededor de diez millones de personas. Casi dos tercios de la provincia. Es un territorio en permanente crecimiento: en los últimos cuarenta años su población se duplicó. CABA, en cambio, no crece desde hace setenta. Los distritos más poblados son La Matanza (1,775,816), Lomas de Zamora (616,279), Quilmes (582,943), Almirante Brown (552,902) y Merlo (528,494). En el Conurbano, en esos veinticuatro municipios, vive un cuarto de los argentinos.

Conforma, junto a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el área metropolitana de Buenos Aires. Sin embargo, y a diferencia de otras grandes metrópolis, no son un distrito político único, no comparten ni siquiera provincia. No hay articulación interjurisdiccional viable, ni proyecto serio de avanzar en ese sentido. El Gran Buenos Aires es, como bien señala Adrián Gorelik (2), “una metrópoli a la que se la ha extirpado el corazón”. En tanto identidad se lo construye desde el exterior. Los habitantes de uno u otro municipio no suelen considerar al GBA una categoría de pertenencia. En muy contadas excepciones se autodefinen como “conurbanos”. Uno es quilmeño, de Lomas, tigrense, no conurbano. En el único momento en donde lo conurbano aparece como autoidentificación es en oposición al capitalino.

Esto último se puede explicar por la ausencia de un organización política unívoca, desde donde se pueda construir una centralidad geográfica e identitaria (La Plata, la capital de la provincia de Buenos Aires, no forma parte del Conurbano; CABA es vista como algo ajeno y diferente). Pero sobre todo, por la construcción simbólica que rodea a la región. Gabriel Kessler, al referirse al conurbano, analiza dos concepciones disímiles pero en cierta medida complementarias; una en la que se lo describe como una entidad atípica, diferente a la capital y al interior, con una clara y disímil identidad propia; otra en la que se lo define como un territorio donde se concentran variados atributos negativos o conflictivos, un territorio signado por déficits y carencias. Estas concepciones son hoy las predominantes. Cuando se habla del Conurbano se habla de algo que es diferente a la Ciudad de Buenos Aires y que, claramente, es peor, más peligroso, más pobre.

Es el espacio simbólico donde se concentran los problemas nacionales: pobreza, desigualdad, polarización, clientelismo político, narcotráfico, inseguridad, desempleo. Continuando con lo que plantea Gorelik, entre CABA y GBA se ha consolidado “una muralla de prejuicios en la opinión pública que presenta al GBA como una suerte de Far West violento y peligroso”; como una amenaza que rodea a la capital, su antítesis.  Esta construcción, donde se describe un espacio superpoblado lleno de countries y villas, oculta más de lo que muestra, oculta otras rasgos muy importantes del Conurbano: una importante sociabilidad y vida cultural, una vasta clase media distribuida de manera heterogénea en el territorio, y una potente acción colectiva que se canaliza vía sindicatos, movimientos sociales, clubes, sociedades de fomento, etc.

En síntesis, el Conurbano es una construcción indisociable de CABA, construida desde la diferencia y la distancia a pesar de ser parte una misma metrópoli. Se conjugan alteridad, cercanía y amenaza. Ramiro Segura sostiene que “no está simplemente ahí: no se trata de una realidad autoevidente, tampoco de una categoría discursiva que refleja naturalmente una realidad urbana. El conurbano fue conurbanizado, construido como una unidad específica y opuesta a la ciudad de Buenos Aires.” En esta operación simbólica los medios masivos han tenido un papel predominante. Es desde allí donde se ha fortalecido la asociación con el delito, la contaminación, la pobreza, el clientelismo y el desorden; un lugar donde opera un tipo de legalidad diferente. Ser “del conurbano” equivale a ser feo, sucio, malo y grasa; ser ilegal, problemático o peligroso. Es la nueva otredad porteña (en reemplazo del interior del país).

Esta situación, la desigualdad económica, social y simbólica que atraviesa el área metropolitana, permea el vínculo PRO-Conurbano. Al ser un partido tan identificado con la ciudad capital (y, particularmente, con la parte más acomodada de la misma) hace que el PRO genere admiraciones y rechazos en el Conurbano. En ambos casos como una otredad. Como una suerte de espejo de la ciudad que gobierna desde 2007.

 

  1. Versión adaptada de la monografía final realizada en el marco del Posgrado en Opinión Pública y Comunicación Política – Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales
  2. Tanto esta cita de Gorelik como las siguientes de Kessler y Segura se encuentran en Kessler, Gabriel “Historia de la provincia de Buenos Aires: el Gran Buenos Aires”. Buenos Aires, Edhasa, 2015

 

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