Victor Taricco

Entrevista a Nicolás Lynch exembajador de Perú en Argentina

Entrevista a Nicolás Lynch exembajador de Perú en la Argentina

Don’t Cry For Argentina

Gracias a @pandres2002 nos enteramos que Paul Krugman escribe hoy en su blog del The New York Times (blog que forma parte de la sección de opinión del diario) esta pequeña columna sobre el debate alrededor del posible default de Grecia y la percepción de Argentina como un país serio (o no) a nivel mundial. Aquí la versión traducida por el compañero Andrés sobre lo que opina el ahora ultra-k Premio Nobel.

Don’t Cry For Argentina

Ok, no veo como el default de Argentina, entre todos los ejemplos, puede ser visto como una parabola para Grecia.

Argentina sufrió enormemente entre 1998 y 2001 al tratar de ser ortodoxa y hacer lo correcto. Después del default de finales de 2001, pasó por una brevé pero severa recesión, pero pronto experimentó una rapida recuperación de larga duración. Claramente el ejemplo Argentino indica que el default es una buena idea; el argumento en contra de un default griego sería que se trata de un país distinto (lo que, para ser justos, es debatible).
Me llamó mucho la atención la persona que me dijo que la Argentina ya no es considerado un país serio; no debiera ese ser un país serio? Y en Argentina, al igual que en otros lados, ser serio fue un desastre.
 
(Versión original http://krugman.blogs.nytimes.com/2011/06/23/dont-cry-for-argentina/?utm_source=Blog&utm_medium=twitter).

Alejandro Kaufman, la tapa de Libre y la derecha argentina

Miércoles 8 de junio, 0:39 hs, veo la #tapadelibre y recuerdo que Alejandro Kaufman (@alekau54) dijo la semana pasada en unas charlas en la Legislatura sobre 60 años de la televisión, que el principal tema de debate en la actualidad es la complicidad civil con (y en) la dictadura militar. A partir de esta reflexión me preguntaba dónde había que ubicar a la tapa de libre qué muestra a Hebe de Bonafini disfrazada de bruja y a Sergio Schoklender de Obispo.

Alejandro, que es fundamentalmente noctámbulo, recogió el guante y entre las 2:30 y las 5:30 AM contestó vía twitter lo que reproduzco más abajo. Queda un poco telegráfico por el límite de los 140, pero vale la pena para pensar las distintas formas que adopta la disputa por el sentido en la actualidad política y mediática. Un pequeño programa de acción en tiempos difíciles.

Primero mi twitt y a continuación las respuestas de Kaufman

@alekau54 dijo que el ppal tema del debate actual era la complicidad civil en la dictadura. Dónde hay que ubicar a la tapa de libre de hoy?

Contestó @alekau54

La complicidad refiere al presente, en tanto CONTINUIDAD ideológica, cultural, práctica.

Mantiene su continuidad el principal sujeto sociopolítico de la dictadura, el civil, aquel que instrumentó al componente militar.

En la dictadura exterminaba, en la postdictadura corta y pega. Por eso se altera tanto con el corta y pega que se le enfrenta.

Cuando no destruye activamente, el Mal mezcla, confunde, reduce, disfraza, mimetiza. Eso hace cuando participa del juego democrático.

En la dictadura solo se puede resistir y denunciar. En la institucionalidad democrática hay que distinguir, esclarecer, diferenciar.

Variante interesante de confusión: mantener monocorde en la institucionalidad democrática un tono similar de resistencia y denuncia.

Relativamente fácil: resistir y denunciar al Mal. Difícil: decidir qué apoyar, y qué y cómo criticar.

Institucionalidad democrática: la lucha es por paz, verdad y justicia. No es por “otro mundo”, aunque “otro mundo” es lo que inspira.

La lucha por paz, verdad y justicia convive con las contradicciones, con mesura y cuidado. Lo imposible se desea, no se alucina.

Perdón si estuve invasor o “twitterrágico”. Me provocó la pregunta de @t__v: nunca pudo discutirse tan a fondo a la derecha en la Argentina.

Sarlo y el análisis de medios

Entre las muchas cosas que se han dicho sobre #Sarloren678 poco se ha comentado sobre sus opiniones respecto al tema de los “efectos” de los medios sobre las audiencias. La posición de Sarlo sobre la construcción de la subjetividad de los televidentes se organizó (lo rápido que pueden organizarse los argumentos en un programa de televisión) sobre dos ejes: el 70% de la gente no habla de política y la influencia de los medios sobre los sujetos no es directa o automática.

El primer argumento es una chicana. El debate sobre el lugar que ocupan los medios en la construcción de la opinión pública no refiere centralmente a la opción política, sino a como se da forma a la cotidianidad, o para ser (menos) exactos al sentido común. El sentido común, la opinión pública, la cultura o la ideología (al fin y al cabo la producción y reproducción de las formas imaginarias en la que los sujetos se relacionan con sus condiciones materiales de existencia), son distintos conceptos y formas de abordar o tratar de dar respuesta a la pregunta sobre qué opina la gente de tal cosa o por qué la gente piensa lo que piensa de tal asunto.

La gente y todos los que no son gente, obvio: piqueteros, políticos, pobres, jóvenes, sindicalistas, homosexuales, etc.

La segunda parte del argumento, la que remite a la relación no directa entre los mensajes emitidos por los medios y las acciones de los telespectadores, remite a una de las tradiciones teóricas sobre los estudios de medios. Si en los ´70 las teorías de la comunicación influidas por la lectura del estructuralismo francés (con los Aparatos Ideológicos del Estado de Althusser a la cabeza) colocaban a los medios de comunicación como uno de los aparatos centrales en la producción y reproducción de la ideología dominante, en los ´80, y sobre todo en Latinoamérica, la teoría pasó de pensar la relación medios-audiencias no como una relación directa de manipulación o performación, sino como una relación mediada a través de la cultura, el contexto familiar, laboral, educativo y la posibilidad de las audiencias de negociar el sentido de los mensajes televisivos.

En los ´90 la tendencia a pensar que las audiencias resignificaban a voluntad los mensajes televisivos llegó al extremo de plantear que el poder de elección que residía del lado de los televidentes y tenía en el control remoto la llave para regular los mensajes de la tv. Sarlo nunca comulgo con las teorías de los ´90, de hecho fue una crítica muy aguda de esta posición que llamaba “neopulista” y la confrontó muy fuertemente en una artículo que se llamaba “La teoría como chatarra. Tesis de Oscar Landi sobre la televisión” publicado en la revista Punto de Vista en noviembre de 1992.

Sin embargo, casi 20 años después de ese artículo, y en un escenario que mutó dramáticamente con la constitución de los multimedios, la teoría sobre las audiencias activas quizás debería ser revisada a razón de algunas preguntas: ¿Cómo se construye la opinión pública en el marco de un sociedad donde un solo emisor controla el diario de mayor circulación, una de las radios de mayores audiencias, el canal más visto de la televisión abierta, la empresa de cable del principal conglomerado urbano y una de las dos o tres empresas de acceso a internet?

También ¿Cuáles son las posibilidades de resignificación de las audiencias ante la destrucción de la escuela pública, el debilitamiento de los partidos políticos, las organizaciones sindicales o los estragos que el desempleo generó en las familias  argentinas durante  los 90?

O lo que es más actual y complicado ¿Qué hacen los medios cuando las audiencias recuperan protagonismo social y político? ¿Qué hacen los medios y sus propietarios cuándo un cambio de legislación amenaza la reproducción de su posición en el mercado comunicacional? Y yendo un poco más allá, y volviendo a una pregunta clásica de la comunicación, ¿Cuáles son los mensajes que emiten los medios y qué sentidos reproducen? Y por supuestos ¿Qué hacen las gentes (como diría Jesús Martín Barbero o Germán Rey) con esos mensajes? Los politizados, pero también ese 70% que Sarlo dice no se interesa en la política.

Porque si como dijo Ulanovsky recientemente en la Legislatura porteña en el marco de las jornadas por los 60 años de la Televisión Argentina: “los medios no nos dicen que tenemos que hacer (…) pero fijan agenda, marcan tendencias y construyen opinión”. ¿Qué de importante en la constitución del sentido común, la opinión pública y sobre todo de la subjetividad, queda por fuera de esto?

Mesa de saldos en #FSOC

Martín Rodriguez me pide una opinión sobre la toma de Sociales para el último número de Ni a Palos. Me cita como twittero entusiaste, sonrío algo avergonzado por el calificativo. Cuando llega el epílogo de la nota estoquea con un pensamiento perturbador para el pequeño kirchnerista ilustrado:

“El conflicto parece cerrado, sin embargo, ¿cuál es el saldo para pensarlo? Una primera mirada habla de una grieta, de un reclamo de años que se motoriza y resuelve tras un largo conflicto. ¿Qué hubiera pasado sin protestas y tomas? No tenemos ningún elemento para pensar que el problema del edificio se hubiera solucionado.”

Entonces comienzan a moverse en mi dos ideas. En el inicio hay una deuda, una cuenta no saldada del Gobierno con la Facultad de Sociales en particular y con la Universidad Pública en general. Una deuda específica, material, que es el edificio. En la otra columna del debe, una política que resulta siempre perdidosa frente al “frente único del troskismo” que conduce a los jóvenes entusiastas de #FSOC.

Y es aquí, sobre ese magma (¿de significaciones?), que se impone una reflexión a futuro. Cómo, con qué acciones, desde qué lugar, con qué perspectiva, se construye políticamente en facultades como las ante dichas. Porque a esta altura está claro que no se trata sólo de resolver el tema de la asignación presupuestaria y de construir 700 edificios para que los troskos dejen de ganar centros de estudiantes en la UBA.

La deuda del kirchnerismo con la Universidad Pública es con la creación de una epopeya que interpele y emocione a estudiantes, graduados y docentes. Qué movilice cuerpos y sentidos, que canalice las fuerzas participativas de cientos de pibes que hoy solo se sienten convocados por las asambleas y tomas que organizan los muchachos de los que tanto hemos hablado en estos días. Porque hay un datito que no hay que olvidar: con aparateo y todo, las asambleas eran masivas en Sociales. Muy masivas. También disputadas es verdad. Pero había, para empezar a hablar, mucha gente.

Por eso, sin una epopeya, una misión, una mística que emocione y convoque, los aumentos presupuestarios para la universidad pública serán como margaritas a los troskos. O lo que es peor, a los radicales.

Hay dos temporalidades en el kirchnerismo. Lo que ya se hizo y lo que se debe. Entre, y en esos tiempo, habrá que moverse y seguir construyendo.

El Guiro Flores y el tema de la Interné

Quisiera compartir con ustedes un análisis que escribió en exclusiva para el blog Insomnio el Licenciado Güiro Flores* . Es una reflexión a partir del tema de Fibertle. Se que no es lo que más nos excita hoy, pero como es un lindo día para dedicarse a la lectura (de cosas largas sobre todo, de esas que en la semana no da para leer porque hay otras urgencias) se los paso.

Con ustedes las sabias palabras del Lic. Flores.

La punta del iceberg

La correcta resolución administrativa de la Secretaría de Comunicaciones, por la cual Fibertel se quedó sin licencia para prestar el servicio de Internet, derivó en que miles de personas pusieran el ojo sobre un mercado de suma importancia en la actualidad (y de proyecciones más que relevantes). Es que Internet, más allá de la denominación del servicio comercial que demandan los hogares, es el lenguaje a través del cual todas las redes del mundo (que pertenecen a un montón de gigantescas empresas) se intercambian la información.

En efecto, el cable que llega hasta la casa del usuario, es (aunque de importancia mayúscula) la punta del Icberg: debajo hay kilómetros y kilómetros de fibra óptica. Y como todo en la vida (o por lo menos en esta), el que controla el medio físico determina qué se dice, cómo y a cuánto.

Ojos que no ven…

La clave está, entonces, en quién es el dueño del cablerío que pasa por debajo de nuestros pies. Si una empresa quiere prestar el servicio de Internet (pero de verdad, no revender el servicio que presta otro), tiene que empezar por enterrar cables. Nótese que desde el mismísimo segundo en el que el entrante al sector vende su primera conexión a Internet a un hogar cualquiera, debe estar en condiciones físicas de interconectar a ese hogar con todos los otros existentes en el mundo (de eso se tratan las comunicaciones).

¿Es que debe tender una red que abarque toda la humanidad? Claro que no. ¿Y cómo hace entonces para conectar a sus usuarios con los usuarios conectados a otras redes? La empresa debe interconectar su red a la red de otros operadores. De aquí que la red de Internet sea considerada como la red de redes: un montón de redes tendidas a lo largo del mundo, que atraviesan los océanos por la mitad, cruzan fronteras por el subsuelo y se interconectan entre si para dar como resultado: 3megas en tu casa, con router inalámbrico y servicio de Help Desk.

Sin embargo, esta es la parte linda de la historia. Mientras se aguarda la llegada del comunismo vamos a tener que convivir con la siguiente realidad: todo tiene un precio. Y la pregunta es: ¿quién paga a quién cuando se interconectan dos operadores de red? La respuesta la sabe (o la intuye) hasta Doña Rosa: el más chico le paga al más grande.

Pero la verdadera pregunta, para la que Doña Rosa no tiene respuesta, es ¿quién es el más chico y quién el más grande? Mmm…

Lo cierto es que a la hora de negociar precios, los grandes operadores de red se sientan en una mesa y se tiran los números por la cabeza: megabytes de tráfico transportados, cantidad de hogares con servicios, km. de fibra óptica, cobertura geográfica, etc. El resultado es una red de redes (Internet), ordenada jerárquicamente: arriba de todo, no más de 10 grandes operadores de redes que cobran a todos los demás por acceder a sus redes y que garantizan la interconexión mundial de todos los servicios de comunicaciones y audiovisuales (que miedo). Luego un degradé de jerarquías menores según los continentes, regiones o países.

Son los fierros, idiotas

¿A dónde iba todo esto? Ah, sí. Cuchá. En Argentina hay solamente dos empresas (aunque en realidad es la misma) que garantizan la conexión nacional a Internet: son Telefónica y Telecom. Esto quiere decir que toda empresa (repito, toda empresa) que quiera ofrecer el servicio de Internet debe pagarle a estas por interconectarlo a sus redes.

¿Por qué son Telefónica y Telecom las dueñas del tráfico nacional? En primer lugar porque tienen aproximadamente 20 mil kilómetros de fibra óptica cada una. En segundo lugar porque luego de la privatización se quedaron con un elemento esencial para la prestación del servicio: el par de cobre a través del cual se habla por teléfono, 8 millones de personas conectadas a sus redes (de los cuales 2.5 millones le demandan Internet) sin posibilidad de escaparse, a no ser…

Abrir las redes, la madre del borrego

Volviendo a la Resolución 100. El efecto de dicha medida fue la eliminación (¿lo fue?) de un competidor en el servicio de Internet residencial. En efecto, Fibertel contaba con mucho cablerío de acceso a los hogares, en tanto utilizada la red de televisión cerrada para dar el servicio de Internet (4 millones de clientes de cable y 1 millón de Internet, en números aproximados).

Mientras que en la mayor parte del país no hay posibilidad de elegir proveedor del Internet residencial, en las grandes urbes argentinas existe Fibertel como proveedor alternativo del servicio de Internet (en algunos lugares, otros más también).

Pero… ¿elegían? Todos, algunos más que otros, dependen de Telefónica y Telecom para dar el servicio. A ellos se les compra tráfico (interconexión), y de seguir existiendo mañana, lo seguirá haciendo. Así, la pregunta del millón es: como hacer para que exista verdadera competencia en el mercado del cual depende todas las comunicaciones presentes, y del cual dependerán aun más, las futuras.

La solución no es otra que… aplicar la regulación existente. Cuac!

En efecto, el Decreto 764/2000 (desregulación de las telecomunicaciones) regula las condiciones de acceso a las redes de los operadores incumbentes (Telefónica y Telecom), estableciendo precios y condiciones a los cuales estos operadores deben interconectar a otros operadores menores.

Los actuales paladines de la democracia (me refiero a los radicales), lamentablemente, prefirieron convertir dicho decreto en letra muerta: no reglamentaron la Ley y transformaron a la Secretaría de Comunicaciones en un organismo estéril.

¿El jamón se corta en fetas?

Dadas las circunstancias actuales, este gobierno se enfrenta a la necesidad y posibilidad de regular este sector fundamental para el desarrollo del país. Desde ya que la política es un arte que no todos manejamos. ¿Pero de qué sirve cortar el jamón en fetas si se lo come devuelta el cerdo?

* Guiro Flores es licenciado en Económia, Percusionista, hábil declarante y tenaz marcador de punta izquierdo.

Pablo, Fernando y Papel Prensa

Escuchaba hoy a la mañana el programa de Pablo y Martin en la Voz de las Madres. Los muchachos, amigos, entrevistaban a Osvaldo Papaleo. Yo justo terminaba de leer la columna de Aliverti en Página/12 que vale la pena leer y de la que no vamos a hablar nada en este post.

La cuestión es que escuchaba al ex marido de Irma Roy decir que lo que estaba pasando con Papel Prensa (PP) era algo así como el enjuicimiento a la pata civil de la dictadura. La verdad es que este señor, que trabajaba para Lopez Rega, no es santo de mi devoción, ni lo considero un compañero y creo que así como hoy está de este lado, mañana puede estar en contra. Reivindicar a Papaleo es para mis progres oídos tan extraño como levantar Julio Ramos a la hora de presentar el informe sobre PP.

Pero vayamos por partes, porque como todo esto surgió también de un twitt que Pablo contestó mientras estaba al aire, donde yo decía que si la línea nos las ponía Papaleo estábamos al horno y que llevó a que mi  amigo Fernando, que no lo nombro con salto y seña porque hace culto del bajo perfil, me preguntara con quién me estaba peleando, lo que me obligó a dar cuenta de mi posición con mayor profundidad, lo que derivó en que decida escribir este post para poner en claro algunas ideas y seguir con el debate que iniciamos a la mañana. Me paso a explayar.

1- No estoy de acuerdo con que lo que se esté discutiendo en este momento es la complicidad civil con la dictadura militar. Tampoco la forma en que los empresarios aprovecharon la represión para reestructurar sus empresas y apropiarse de los emprendimientos y propiedades de otros. Abrir esa puerta, una verdadera caja de pandora, está mucho más allá de lo que pretende el Gobierno con el caso Papel Prensa.

2- La denuncia del Gobierno contra Clarín y La Nación forman parte de una disputa central en esta etapa del gobierno kirchnerista. Clarín no es sólo un medio de comunicación. Es un conglomerado multimediático, una empresa de información y cultura, que intenta condicionar la política del gobierno con la intención de que sea funcional a sus objetivos empresarios y políticos. Y cómo la disputa es por el poder, es sangrienta.

3- La forma en que fue adquirida PP es más que sospechosa y debe ser investigada y sus responsables castigados. Pero la forma en que se compró, sino hubiese por detrás una lucha por demoler la credibilidad de Clarín, sería parte de la sección policiales y no se la sección política.

4- El asesinato de Graiver, las presiones a Lidia Papaleo y su posterior desaparición, fueron los hechos que permitieron a los dos diarios más importantes del país constituir lo que se conoce como una posición dominante en  el mercado editorial. Esto sucede, para decirlo espero que bien y rápido, cuando un jugador por su tamaño domina la escena y saca ventajas de esa posición. Hoy Sergio Spolsky publicó en twitter los siguientes datos: PP le vende a Clarín y a LN la tonelada de papel a U$S 523, a los otros medios a U$S 603 e importar el papel cuesta U$S 750 la tonelada. Recordemos que la producción de PP no alcanza para abastecer al mercado interno y hay que recurrir a la importación.

Entonces ¿por dónde debe correr la discusión hoy?

Me parece que, sin negar la trascendencia pública que tiene la historia de los Graiver, lo más importante en la discusión pasa por lo que se va a discutir en el Congreso y no en tribunales. Porque ese terreno, el de la jsuticia, el de las denuncias y las contradenuncias, si bien lima a Clarín, también embarra la cancha y opaca lo que hasta el momento ha logrado el Gobierno en términos de recuperación política.

Luchar por más democracia informativa, por garantizar condiciones equitativas de acceso a los insumos para producir medios de comunicación, tendrá mucho menos dramaticidad, menos épica que la historia de Lidia Papaleo, pero redundará en un mediano plazo en una profundización de la calidad democrática de la Patria.

Lo otro será solo mandar en cana a tres o cuatro canallas que bien merecido se lo tienen.

¿Y si vamos ganando?

Cuando escuché el discurso de Biolcatti no podía dejar de pensar que detrás de toda esa pirotecnia verbal no había más que nostalgia por lo que podría haber sido y no fue. Habían perdido una oportunidad histórica de hacerse con el poder y ahora solo les quedaba el pataleo,  el grito histérico del que no puede entender lo que le está pasando.

Lo mismo me pasó con la reunión de Magnetto y los mutantes del peronismo disidente. ¿Qué sentido tiene publicitar esa reunión? ¿A quién quieren asustar? Cuando Macri ganó la ciudad muchos pensamos que se venía un  gobierno ejercido por sus dueños, sin mediciones. ¿Qué piensa hacer el CEO de Clarín? ¿Presentarse a elecciones? Yo digo que no pasa nada, que lo de Magnetto, la AEA, la UIA es puro humo, pirotecnia. O mejor dicho, un intento de desesperado de corrernos con la vaina.

Ni hablar de Macri, que si sigue así, en cualquier momento le aparece  algún escándalo de polleras para terminar de darle la última estocada a una experiencia que ha sabido combinar con particular éxito inutilidad y mala fortuna.

Por lo tanto ¿Por dónde tiene que pasar el debate político hoy? Obvio que no hay que bajar la guardia, que parte de nuestro relato está en darle nombre, apellido, consistencia a nuestro antagonista de clase. Pero que bien nos vendría abandonar un poco el refinamiento teórico y volver a esa gran pregunta que organizó a muchos movimientos que se propusieron cambiar la sociedad en la que les tocaba vivir. La hermosa y todavía potente  vieja pregunta de Lenin: ¿Qué hacer?

Obviamente, porque nada nos condiciona, porque el kirchnerismo podrá ser muchas cosas menos ortodoxo, porque lo que buscamos no es una doctrina que nos resuelva los problemas, sino que anhelamos nuevos objetivos que nos permitan avanzar en la profundización de un proyecto que nos entusiasma  e interpela (y fastidia, ¿cuántas veces?). Quiero decir, tranquilamente podemos reformularla, en un profundo y estimulante ¿Cómo seguimos?

¿Cómo sigue esto? ¿Por dónde? ¿Y cómo lo hacemos?

O sea ¿no tenemos un problema de agenda de acá a futuro? Yo no seré muy mayor pero del menemismo a esta parte gran parte de lo que fue la agenda progresista ha sido asumida, cumplida o incluso negociada. No quiero decir que no existan deudas con esta agenda, con este listado de reivindicaciones (con por ejemplo la legalización del aborto) pero ¿no estamos mucho mejor de lo que nos hubiésemos imaginado nunca?  ¿No es la ley de matrimonio igualitario UN AVANCE DE PUTA MADRE?

Entonces, una agenda, una serie de reivindicaciones que ataque los núcleos duros de los problemas (la pobreza estructural, el trabajo en negro, la legalización del aborto, la recuperación de la industria nacional, etc.) pero también de las cosas que hoy no nos imaginamos.

Una agenda, pero también una fuerza política capaz de construirla. Pero este ya es otro tema, para otro post, más largo y más complicado.

El huevo de la serpiente de la conciencia progresista

Entre tantas barbaridades que se dicen del progresismo últimamente, y la disputa que ciertos sectores anti kirchneristas comienzan a hacer del término, me llamó la atención la entrevista  que Sebastián Abrebaya le hizo a Ricardo Alfonsín Jr. Allí, el hijo del hombre que supo ganar las elecciones a la vuelta de la democracia, nos deja en claro que es para él gobernar.

Reproduzco una parte que entiendo tiene dos importantes conceptos:

      –Muchos le critican su falta de gestión o de experiencia…

      –Eso pasa porque confunden a un presidente con un administrador. La principal virtud de un presidente no tiene que ser la administración. Dios nos libre y nos guarde de los administradores. Tiene que saber definir prioridades, saber medir la relación de fuerzas, elegir los equipos, liderar. La experiencia demuestra que esas asociaciones entre gestión, administración y buen gobierno no existen.

Primer concepto: Dios nos libre y guarde de los administradores. Bien ahí! Eso si es ruptura con el discurso liberal de los 90. La política delante de la economía, la vuelta del debate, la disputa y las opciones.

Segundo concepto: Saber medir las relaciones de fuerza. Ay Ricardo! Ahí sí que me das miedito. El verdadero huevo de la serpiente que anida en la conciencia progresista no es otro que este tópico: las relaciones de fuerza, la continua medición de la capacidad de fuego del poder estatuido y la consiguiente claudicación ante ellos en nombre de la gobernabilidad. El mal del progresismo se llama posibilismo y Ricardo Alfonsín Jr. parece tenerlo en su ADN.

Por eso al final nos gusta tanto el kirchnerismo. Porque se anima a patear el tablero, a problematizar a la sociedad que gobierna, a hacer punta tomado reivindicaciones de ciertos sectores que dificilmente tengan todo el consenso social para que salir sin batifondo.O sea, nos gusta el kirchenrismo porque gusta de romper los huevos (de la serpiente).

La determinación en última instancia

Leyendo una nota que salió en el suplemento Radar de Página/12 el último domingo, recordé una de las más bellas y provocadoras frases del gran Louis Althusser: “jamás suena la hora solitaria de la última instancia”.

No es que no crea en esto, pero cuantos simpáticos problemas le mete este textito. Esto y el aumento de jubilaciones y de la AUH que anunció CFK.

“El fin de semana pasado, durante la 18ª Conferencia Internacional sobre Sida que se celebró en Viena, el Banco Mundial informó sobre los resultados de un estudio que se realizó en Malawi.

En el contexto de lo que llaman “transferencia condicional de dinero” –esto es, recompensas monetarias ligadas al buen comportamiento–, casi 4 mil chicas de entre 13 y 22 años recibieron dinero a cambio de que siguieran yendo al colegio.

En México, en el programa “Oportunidades” –financiado en parte también por el Banco Mundial–, esto sirvió para que las chicas también siguieran yendo al colegio. En Malawi tuvo el mismo efecto pero, además, se dio algo adicional: entre estas chicas bajó la tasa de infección de HIV.

Aparentemente, varias de estas jóvenes mujeres tenían relaciones con hombres mayores a cambio de asistencia económica. Con un PBI per cápita de 285 dólares, el promedio de 6 dólares al mes que recibían estas chicas por su compañía era algo significativo. El Banco Mundial, al darles 15 dólares al mes a cambio de que siguieran estudiando, tuvo efecto en la vida sexual de estas chicas: tuvieron menos relaciones y, cuando las tuvieron, eligieron parejas más seguras (por ejemplo, sus propios compañeros de clase).

Fuente: Suplemento Radar, Página/12
Foto: Dyn