¿El fin de los subsidios?

Primero aclarar un punto: lo único que está confirmado es que se les cobrarán tarifas plenas de gas, luz y agua (con precio regulado, recordamos) a determinados usuarios. Bancos, casinos, principales industrias y usuarios residenciales que viven en countries de todo el país, y Barrio Parque y Puerto Madero en la CABA. Ahorro fiscal calculado (remarcamos: calculado) por recorte de subsidios: un poco más de 4.000 millones de pesos.
Un criterio con casi nulo cuestionamiento.

Un segundo punto a remarcar: el cuadro tarifario sigue vigente. No hay cambios. Solamente los mencionados usuarios quedarán exceptuados de percibir el beneficio de tener subsidiado un 70% aproximado del valor total de las tarifas.

Para el resto de los usuarios (la gran mayoría) se anunció también un programa de acción que va a modificar la relación de los mismos con las tarifas de servicios públicos y los subsidios. El programa se iniciará, con muy buen criterio, con 8 barrios de Capital y GBA, con un PBI per capita muy alto en relación al resto del país.

La idea que desde el gobierno se impone para reformular el enmarañado esquema es virar del criterio de subsidio a la oferta, al inverso de subsidiar la demanda. Focalizar el subsidio, al punto de personalizarlo.
No vamos a hacer valoraciones sobre algo que desconocemos, pero sí vamos a proponer algunos puntos para la discusión:

Primer punto: los subsidios a los servicios públicos nacen, no de la decisión de hacer justicia distributiva, sino de una posición más fríamente macroeconómica. Que consistía en bajar el precio pagado directamente por los usuarios en determinados bienes y/o servicios.
De manera tal que la modificación del contexto, gracias al alto crecimiento y a la recuperación general de la población de su poder adquisitivo en dólares, es lo que lleva al replanteo del asunto. Las tarifas de 2003 son inviables en la actualidad, porque por propio crecimiento de la economía, que implica también aumentos de costos de producción (el salario se cuenta entre ellos), el esfuerzo fiscal para cubrir la diferencia vía subsidios es inmenso.

Recortar subsidios es, entonces, reconocer que ya no se hace necesario mantener artificialmente más bajo el precio de los servicios afectados.
Como todo (llamémosle “derrame” si quieren) en cada intervención hay un efecto multiplicador. La plata que un usuario no gasta en tarifas la destina a la compra de otros bienes, que a su vez implican que al comerciante le aumenten las ventas, de modo que por ahí necesita un ayudante, lo cual hace que una persona que no cobraba sueldo hasta allí comience a cobrarlo, y así…
El recorte de los subsidios generalizado, también provocaría efectos contrarios en este factor multiplicador del que hablábamos.

Sin embargo, vinimos diciendo acá que ya se estaba volviendo más difícil de percibir el efecto virtuoso de las políticas expansivas, porque el poder adquisitivo extra en manos de clases medias y altas iba a aumentos de precios y (directa o indirectamente) a compra de dólares.
Otro elemento, entonces, para desestimar parcialmente el argumento del efecto multiplicador.

Ahora bien, cambiar el criterio de la universalidad por la focalización ya trae aparejadas algunas dificultades. Por ejemplo, en el cálculo de los subsidios a liquidar. Y sobre todo, en las previsiones.
Porque es muy difícil saber por anticipado cómo va a afectar el aumento de tarifas en los consumos de los usuarios, y cómo esto a su vez impactará en la ecuación microeconómica de las empresas, de modo que obtengan algún excedente extra que les permitiría afrontar ellas mismas el subisdio de las tarifas para quienes las necesiten. Un ejemplo mínimo.
Pero también la dificultad para ver de qué modo se disponen y financian las inversiones en infraestructura que permitan sostener el crecimiento diferenciado de la demanda entre los que pagan tarifa plena y los que siguen recibiendo subsidio. Temas muy complejos. Y repito: difíciles de prever. Nada, sin embargo, que no pueda atenderse con trabajo.

Un último punto: discutir en serio si se trata o no de un ajuste es perder el tiempo. Porque se trata casi de una cuestión gramatical.
Acá ya plantamos postura hace bastante: el objetivo de desarmar el esquema de subsidios es mejorar la performance fiscal, corregir el sesgo exagerado de la expansión (en términos ortodoxos). Esa es la realidad, que como se dice habitualmente, es la única verdad.