Cambiando juntos

 

 

 

Dos o tres comentarios más bien políticos sobre la cuestión de denuncias de corrupción que se debaten en estos días. Voy a argumentar principalmente que lo que más revela el episodio es una situación de relativa debilidad del presidente Mauricio Macri, lo que puede no llego a ver ahor por qué debería verse modificado en un mediano plazo. Y comentaré algunas diferencias políticas con respecto a lo que se vive en Brasil.

  • Primero es bueno comentar lo obvio. Los casos de corrupción que pueden llegar a “cambiar la dinámica política” en Sudamérica son los que afectan al oficialismo, no a la oposición. Sobre todo los que afectan al Presidente, los que, combinados con otros elementos no menores pueden conformar una “tormenta perfecta” que incluso derive en su salida anticipada del poder.
  • El hecho de que el Gobierno y el establishment político y mediático gire con tanta fuerza en torno a este tema es de por sí un signo claro de la situación de relativa debilidad (o de dificultades, si se quiere) en las que ingresó el presidente Macri desde fines del año pasado.
  • Este año se cumplen 15 años desde que comenzamos a leer sobre presuntos casos de corrupción que involucran a los funcionarios del Ministerio de Planificación Federal y a los contratistas de obra pública. Tres lustros es mucho tiempo en política.
  • En la política argentina lo que solemos ver es conflictos crudos, desnudos, de relaciones de fuerza, donde las instituciones formales de la democracia, como las instituciones “republicanas”, las normas y los partidos políticos o están más bien ausentes o son obstáculos, por lo que el debate jurídico en torno a, por ejemplo, el debido proceso -si bien necesario, sobre todo cuando se trata del respeto por derechos individuales básicos- no nos dirá mucho acerca de lo que ocurre u ocurrirá en torno a la causa por la que están detenidos exfuncionarios y empresarios.
  • Quiero decir que serán las relaciones de fuerza políticas las que moldeen “lo jurídico” y no al revés.
  • Yando a lo que ocurre afuera de los tribunales, Hasta donde sabemos, si bien es creciente la judicialización de la política en nuestro país, ese fenómeno no ha definido de por sí las crudas relaciones de fuerza.
  • Al tercer año de gestión, en el año anterior a una posible reelección, ningún presidente argentino estaba tratando de apalancarse en denuncias de corrupción de la gestión anterior (o de la anterior). Al mismo tiempo, los presidentes que se han lanzado a la reelección (suya o de su fuerza política) en la Argentina, la han logrado. Lo habitual es que la logren. Esto que está ocurriendo con la centralidad de estas denuncias, como señalaba, no es lo habitual.
  • Habrá que señalar que ningún presidente a los tres años de gestión se concentraba en lo ocurrido en la gestión anterior porque su antecesor en el cargo ya carecía de toda posibilidad de despliegue político serio. Las cosas son como son. La idea de que el gobierno “fogonea la presencia de Cristina porque le conviene” es tan absurda como los conceptos zombie que distribuye el oficialismo como “gradualismo”.
  • Compartiré además al mismo tiempo esta impresión: lo claro desde diciembre del año pasado a esta parte es que el apoyo de la opinión pública al presidente Macri baja. Decir que en forma paralela habría estado creciendo la consideración pública sobre Cristina Kirchner suena aventurado. Señalo esto para poner en la balanza cuánto modifica o no el escenario político todo este episodio.
  • En ese contexto me pregunto: ¿el macrismo va a plantear tres elecciones seguidas con el mismo argumento: “que no vuelvan los de antes? Si lo pueden hacer, muy bien por ellos.
  • Comparar algunas cuestiones con el caso brasileño también nos sirven para el análisis.
  • En el caso de Brasil, los “casos de corrupción” son fogoneados desde afuera del sistema político, por ejemplo por el juez Sergio Moro, un príncipe o virrey carente en su accionar de cualquier tipo de “accountability” -”vertical”, donde lo que controla son los votos del pueblo u “horizontal”, donde son otras instituciones las que ejercen contralor-. La ola se lleva puesta a una presidenta en ejercicio y mete preso al candidato más popular.
  • En ese contexto, el sistema aún no encuentra una salida política (ni económica) clara para esa situación . 
  • Pero quizás lo más importante: nótese que esto se hace en Brasil de manera “difusa” en términos de poder. O sea: nadie cree que esto lo dicte el presidente interino, Michel Temer, un maniquí político al que nadie toma en serio.
  • Muy diferente sería descerrajar un “caso de corrupción”, donde la Justicia va “chupando” detenidos -principalmente de la oposición política- en el marco de un intento de garantizar la reelección de un presidente en ejercicio.
  • Olvidemos la letra de la ley: la “narrativa” como se dice ahora, es bien diferente y puede resultar bastante fulera de ver para todo aquel que no esté muy seguro de que el presidente Macri sea un héroe.
  • Para decirlo en otros términos políticos: el Estado siempre puede apelar a la coerción. Dejar esa coerción demasiado desnuda por demasiado tiempo es costoso en términos políticos.
  • Habrá que ver, por lo tanto, los consensos que logre anudar el presidente Macri en el contexto del fuerte ajuste que propone su actual programa económico. O más bien el programa de la señora Lagarde.

 

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