Cristina ya ganó. Cristina ya perdió.

Antes incluso de que comiencen las campañas proselitistas para las elecciones primarias, tanto los medios hegemónicos como muchas figuras de la oposición ya intentaban instalar en la opinión pública el hecho de que los resultados de las últimas elecciones provinciales indican que en octubre habría segunda vuelta, y que por lo tanto el kirchnerismo había llegado a su fin. Esto parece una reacción a la instalación que habría hecho el oficialismo nacional del paradigma de que este año “Cristina ya ganó”. Ante este contrapunto es hora de sopesar los argumentos y contrastarlos con los hechos, o mejor dicho con los números, que son la única fuente de verosimilitud de ellos. Veamos, entonces, cuál era el panorama en 2007 cuando Cristina Fernández accedió a la presidencia. En esa elección CFK obtuvo el 45% de los votos, y la siguieron Elisa Carrió con el 23%; Roberto Lavagna con el 17%, y Alberto Rodríguez Saá con casi el 8%. El panorama político de ese entonces mostraba que Carrió gozaba una imagen excelente comparada con la actual, y se presentaba además aliada con el socialismo de Binner, con quien hoy compite por los mismos votos. El radicalismo, debido a su debilidad, tuvo que llevar un candidato peronista como Lavagna para mejorar sus guarismos. Actualmente, vemos que los candidatos que se repiten son la misma Cristina, Lilita Carrió, que según todas las encuestas (las creíbles y las increíbles) está más cerca de colocar una coma entre los números de la cifra que logró en 2007 que de repetirla, y Rodriguez Saá, quien debe esforzarse para repetir aquel guarismo. Los nuevos contrincantes con posibilidades son Duhalde y Alfonsín, que, según las mismas encuestas, compiten por el segundo puesto con alrededor del 15%, cinco puntos más que los que siguen en el pelotón de cola. La dispersión de los opositores deja casi un 50% de votos a merced de la habilidad de la presidenta para conquistarlos. Las elecciones primarias serán una encuesta electoral sin margen de error, irrefutables. Allí se develará si estas especulaciones tienen algún asidero, y de su resultado surgirán dos posibles carreras. La principal es la carrera de CFK por alcanzar el 45%, o el 40% y superar al segundo por un10%, que la reelija automáticamente en su cargo (si es que no los alcanza ya en agosto); y la segunda (y quizás la menos probable), la carrera entre quienes secunden a la presidenta, cuyo objetivo será robarse mutuamente votos para lograr ser quien compita en una segunda vuelta (si no se da el fatídico, para ellos, 45% de CFK). También puede darse el caso de que haya un acuerdo entre algunos partidos para “cederse” votantes para intentar que uno de sus candidatos arree los votantes de los otros y así forzar una segunda vuelta. De no darse ninguno de estos últimos escenarios, la presidenta podrá hacer la plancha hasta octubre e invertir más tiempo en gobernar y organizar su segundo mandato que en encharcarse en la lucha preelectoral, disfrutando del clima que llamamos “Cristina ya ganó”. Contra eso, tanto los medios hegemónicos opositores como la oposición en sí, tratan desde hace unos días de imponer su propio clima preelectoral, que podríamos llamar “Cristina ya perdió”, basándose en los resultados electorales de hace un par de meses, principalmente los de Capital Federal y Santa Fe. El de la capital ya lo tratamos aquí, aunque sólo habría que agregar que de la comparación de los resultados de las elecciones a Jefe de Gobierno se deduce que la diferencia entre el PRO y el Frente de la Victoria no justifica hablar de un escenario de derrota inevitable del kirchnerismo, ya que pasó de 45% a 23% en 2007; a 47% a 27% en 2011 en las primeras vueltas, y de 60% a 39% en 2007; a 64% a 35% en 2011 en las segundas vueltas. Por lo tanto, reparemos ahora lo que sucedió en Santa Fe, donde el candidato a gobernador del oficialismo nacional fue ampliamente vencido. Esta derrota fue presentada como una humillación que preanuncia una debacle kirchnerista en octubre. Pero, ¿es tan así? Sabemos ya que lo sucedido en Capital Federal no vislumbra mayores zozobras para CFK en las presidenciales pero ¿las cifras de Santa Fe auspician realmente un octubre negro para el gobierno nacional? Analicemos los números. En Santa Fe las elecciones de los últimos años muestran estos números:

2007

Para Diputados Provinciales

FRENTE PROGRESISTA, CIVICO Y SOCIAL 50,30%

FRENTE PARA LA VICTORIA 41,98%

Para Gobernador y Vice

Binner – Tessio (FRENTE PROGRESISTA, CIVICO Y SOCIAL) 52,67%

Bielsa – Galán (FRENTE PARA LA VICTORIA) 41,93%

Para Diputados Nacionales

ALIANZA FRENTE PARA LA VICTORIA 36,28%

SOCIALISTA 33,67%

Para Presidente y Vice

Fernández de Kirchner – Cobos (FRENTE PARA LA VICTORIA) 35,50%

Carrió – Giustiniani (ALIANZA CONFEDERACION COALICION CIVICA) 34,08%

Lavagna – Morales (CONCERTACION UNA NACION AVANZADA) 16,55%

 

2009

Para Diputados Nacionales

ALIANZA SANTA FE FEDERAL 39,87%

ALIANZA FRENTE PROGRESISTA CÍVICO Y SOCIAL 39,81%

ALIANZA FRENTE PARA LA VICTORIA 9,63%

 

2011

Para Diputados Provinciales

Alianza Frente Santa Fe Para Todos 38,14%

Alianza Frente Progresista, Cívico y Social 36,10%

Alianza Unión Pro Federal 16,17%

Para Gobernador y Vice

Bonfatti – Henn (FRENTE PROGRESISTA, CIVICO Y SOCIAL 39,69%

Torres Del Sel – Salomon (ALIANZA UNION PRO FEDERA 36,04%

Rossi – Hoffmann (ALIANZA FRENTE SANTA FE PARA TODOS 22,79%

Analizando estos guarismos vemos que el escenario final de 2007 muestra que para el kirchnerismo la diferencia entre el porcentaje para los diputados provinciales (una derrota K) y el porcentaje de la elección para presidente (un triunfo K) fue de sólo 7 puntos; y lo mismo sucedió con los de la elección de gobernador (una derrota K). En cambio, los números entre los triunfos para diputados nacionales y para la presidencia fueron similares.

Si ahora nos remitimos a 2011 vemos que los cómputos podrían indicarnos que el techo para los votos de CFK en esa provincia podría muy bien ser el 38,14% de los votos logrados por la lista de legisladores provinciales encabezada por María Eugenia Bielsa, más que el exiguo 22,79% de Agustín Rossi para gobernador.

De esta manera vemos que el 38% logrado por María E. Bielsa no difiere mucho del casi 42% de ese rubro en 2007, pero los casi 23% de Rossi para gobernador fueron duplicados por el casi 42% de Bielsa en aquel 2007. Ahora bien, tenemos dos caminos a seguir: referir el resultado de las presidenciales a los resultados de las disputas para la gobernación o a las de diputados provinciales de esos años. Las dos caídas del kirchnerismo en la competencia por la gobernación no parecen indicar una próxima derrota de CFK en octubre, ya que en 2007 Cristina ganó la presidencial. En cambio, la derrota kirchnerista en la competencia para diputados provinciales de 2007 (junto con aquel triunfo presidencial de CFK) comparado con el actual triunfo K en diputados ¿nos sugiere otro triunfo de Cristina en octubre? Visto así, esto último suena lógico, aunque hoy en día esté instalado en los medios el argumento contrario. Más aun, si vemos que el casi 23% de Rossi parece menos una caída desde los casi 42% de Bielsa de 2007 (en pleno apogeo del kirchnerismo) que una fuerte recuperación desde los 9% de 2009 (en el peor momento K). Además, esta resurrección sólo se puede explicar por la evidente rehabilitación de la imagen de Cristina y la valoración de su acción de gobierno. Por supuesto, lo que el pueblo diga en agosto sobre sus preferencias electorales puede confirmar esto o no, pero vemos que los resultados conocidos hasta ahora no justifican el optimismo de la oposición y de los medios hegemónicos opositores al postular el escenario de “Cristina ya perdió”. En definitiva, la situación electoral del oficialismo nacional de hoy no difiere mucho de la de 2007, al menos tampoco en Santa Fe, por lo que la oposición debería trabajar más sobre las propuestas que ofrece al electorado que blandir los resultados circunstanciales que se dieron hasta ahora.

El escenario de “Cristina ya ganó” que preanuncian todas las encuestas no parece hasta ahora desaparecer del horizonte de octubre, por lo que lo que el interés debería centrarse más en la cantidad de diputados que cada partido pueda sumar al congreso desde diciembre.