Discurso de Elisa Carrió sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo

Este discurso le pareció interesante a este co-editor de AP, amén del personaje, amén de su abstención, amén de todo lo que ya sabemos. Amén. Porque, a pesar de abstenerse, sostiene que es falso el argumento de que la familia cristiana es la familia nuclear.

Sra. Carrió.- Señor presidente: me voy a hacer cargo de lo que a lo mejor es difícil hacerse cargo, pero no voy a hablar del derecho, porque el derecho respalda absolutamente la igualdad de derechos. Esto no es de ahora, sino que aparece con el artículo 19 desde hace mucho tiempo.
Tampoco tengo que explicar que enseñaba derecho constitucional en la universidad a los 23 años; incluso, aquí hay ex alumnos, y era ilícito que alguien ayudara a otra persona a tener su sexo.    Los finales de derecho constitucional en la Universidad del Nordeste eran sobre todo por el derecho a la identidad y a la autonomía en esta materia.
También es cierto que durante 40 años –o, por lo menos, 20 de mi vida-  no tuve ninguna tensión sobre la igualdad de los derechos.
Durante esos 20 años yo no creía en Dios, sino en que cada uno construía su vida; había leído profundamente a Sartre, era existencialista, enseñaba filosofía y no tenía ninguna de las tensiones que tuve hasta después de mi conversión.
En verdad hoy estaría votando absolutamente y en su totalidad esta ley. Eso sí: nunca creí en la familia nuclear. Porque yo creo que todos aspiramos a tener una familia, pero la familia nuclear es moderna, individualista y egoísta.
Creo en la familia ampliada, aquella en la que también es familia el que está en la casa, aunque no tenga vínculo de sangre. Nosotros pertenecemos a muchísimas tradiciones familiares en el interior, donde tenemos hermanos y hermanas que no son de sangre, que tienen sus padres y sus madres, pero que vivieron en nuestras casas y que hoy tienen títulos universitarios, mucho más que nosotros. Yo creo en esa familia.
Creo en la familia que tiene los amigos, en la que puede y debe tener derechos, y creo que la mejor familia ­–esto es lo que hay que legislar‑ es una familia mucho más amplia, aunque diversa y rica, no sólo con fundamentos en el matrimonio heterosexual o en la pareja homosexual, sino que creo que puede haber distintos casos, como se da en el  conurbano, con madres que están criando a los hijos de un marido que tuvo esos hijos con otra mujer y él se los dejó.
Me pregunto qué son esos hijos.  Si no tienen vínculos de sangre, ¿no son familia? Yo hablé con la comunidad, no tengo que mostrar nada, porque lo he hecho como presidenta de esta fuerza política, que es la única fuerza política en la Argentina que hizo de la diversidad sexual, ideológica y de creencias una bandera.
Si aquí hay sentadas mujeres, jóvenes, hombres y personas de distinta identidad sexual, en este Parlamento y en todos los parlamentos de la Argentina, es por la Coalición Cívica.
Nosotros los hemos incluido, no mandándonos la parte haciendo discursos, y mi bloque mayoritariamente va a votar este matrimonio, y el miembro informante de mi bloque…

Aplausos y manifestaciones en las galerías.

Sra. Carrió.- …es una persona que tiene una identidad sexual diferente y habló por la mayoría. Yo sólo hablo a título personal, pero quiero expresar esta tensión. Yo comparto el proyecto de Alicia Terada sobre la unión familiar y mantengo enormes diferencias con otras personas que se han expresado desde las convicciones religiosas, las que también quiero expresar. Dios no es de los heterosexuales; Dios es de todos y nos ama a todos.

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Sra. Carrió.- En segundo lugar, ¿qué es ser natural? ¿Qué quiere decir? ¿Qué quiere decir ser no natural? ¿Es no natural o no normal tener una condición sexual diferente? ¿Qué me quieren decir? ¿No es natural alguien que nació hermafrodita? ¿No es natural alguien que tiene un deseo y un rasgo erótico y ama a otra persona de su mismo sexo? Claro que es natural. Lo que pasa es que la vida es diversa, difícil y compleja, y nosotros no le podemos poner recortes permanentes.
Yo voto como cristiana. Es mentira que uno se puede separar. Yo estoy exponiendo a título personal; y no puedo separarme, porque no puedo ir al Santísimo a la mañana y venir a la noche acá y decir otra cosa, con lo cual lo que puedo expresar es mi tensión.
Yo les quiero recordar a los que invocan tanto a la Iglesia que la verdadera familia, la familia cristiana, es lo opuesto a la familia nuclear. La familia del Evangelio es lo opuesto a la familia nuclear. El Evangelio dice que si quieres tiempo para enterrar a tu padre y a tu madre, no sirves para el Reino de Dios. Y cuando María se le acerca y le dice: “Acá están tu hermano y tu madre”, Jesús le contesta:  “Mis hermanos son todos”.
La familia de Jesús es María Magdalena. ¡Díganme dónde la ponen los católicos a María Magdalena! De acuerdo con la ortodoxia de la conducta, María Magdalena no tendría que ser santa, sino que tendría que estar condenada a la marginalidad.
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Sra. Carrió.- Él vino a sanarnos a todos, señor presidente, y el primer mandamiento es ese amor.  Nosotros deberíamos respetar algo que, efectivamente, es un misterio. Yo sé que muchos dicen que se trata de la libertad, pero nadie quiere ser minoría ni quiere vivir su vida escondiendo lo que es. Como decía un amigo mío psicoanalista en Corrientes: “Hay que ser muy macho para ser homosexual en Corrientes.”

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Sra. Carrió.- Recuerdo a Alexis, la famosa obra de Marguerite Yourcenar, donde él le dice: “La vida es difícil”. Es difícil para todos, pero más difícil ha sido para un grupo de personas que sólo por ser diferentes han sido castigadas, marginadas y sometidas a la vergüenza. ¿Y saben por qué hay muchas personas gays en las grandes ciudades? Porque son los hijos y las hijas de las clases medias de provincia, que vienen a Buenos Aires a vivir su libertad, porque en su provincia no lo pueden hacer.

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Sra. Carrió.- Yo misma he tenido que hablar con muchos amigos para que bendigan las uniones de sus hijos. Ellos viven bien acá, pero quieren poder pasar la Navidad junto a sus familias, quieren que sus sobrinos sepan que no contagian, quieren que sus padres les den la bendición y no los escondan. Y la humanidad les tiene que pedir mucho perdón.
Pero no ha sido la Iglesia –salvo la Inquisición‑ la que más los persiguió, sino que fue la modernidad. Los edictos más cruentos contra los homosexuales son de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Es la época victoriana.
No me hablen tanto de la declaración de los derechos humanos, porque es la modernidad. En la Edad Media, a la que todo el mundo ve como siglos oscurantistas, el tema de los hijos no existía. Eran todos creyentes, todos aportaban a las iglesias y, además, siempre había una hija o un hijo, porque el gran problema de la Iglesia eran los bienes. Es cierto que hizo una gran contribución para evitar la endogamia, porque todos se casaban entre hermanos. Entonces, la Iglesia ayudó mucho a evitar la endogamia, pero sí se quedaba con los bienes. Por eso fue la gran señora feudal.
Pero ahí la familia era otra cosa. Como se consideraba pecado tener relaciones sexuales con una mujer cuando ésta amamantaba a su hijo, los hijos no eran criados por el mamá y la papá –como dijo una señora diputada acá‑, sino por las nodrizas, que además les daban la leche, para que la señora con el señor pudieran tener relaciones sexuales; y veían a sus hijos muy pocas veces a lo largo de su vida.
Si dentro del mismo siglo ustedes toman, por ejemplo, la historia de Rousseau, van a ver cuántos hijos eran abandonados en los hospicios.
La familia nuclear es moderna, pero nosotros tendríamos que poder superarnos hacia una familia mucho menos individualista, mucho menos cerrada y mucho más amplia.
La tensión que yo tengo no es por los derechos. Si faltara mi voto para que esos derechos existan, yo con un enorme dolor votaría afirmativamente.

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Sra. Carrió.- Pero yo quiero expresar mi tensión. Yo no estoy en contra de la unión familiar, pero la palabra matrimonio es un sacramento; remite a un sacramento, como la eucaristía. Y yo no quiero dejar de respetar a mi Iglesia.  Creo absolutamente en la separación de la Iglesia y el Estado, y creo que la palabra matrimonio no tiene que estar en el Código Civil, porque es una palabra que, nos guste o no, está en la religión.
Es un dilema; yo no puedo decidir. Daría mi vida ‑di mi vida intelectual, pero también daría el resto‑ al reconocimiento e inclusión de esto. Al mismo tiempo, lo que más quiero y en lo que más creo en el mundo es en lo que creo que no está en el mundo.
Señor presidente: voy a pedir permiso para abstenerme, con el absoluto convencimiento de que esto no elude. Yo hubiera podido votar en contra y quedar bien con la Iglesia;  hubiera podido votar a favor y quedar bien con la comunidad. Pero yo no quiero quedar bien con nadie. Yo sólo quiero explicar la tensión y solicitar permiso para mi abstención, que favorece absolutamente a que la norma sea sancionada.