El amor venció al odio

#Cristinazo.

La arrasadora (para usar un TNismo) victoria de Cristina exime de grandes reflexiones. Todo, o casi todo, ha sido dicho ya. Pudieron leerlo durante estos meses en la blogósfera. Las razones, ya sea que expliquen la histórica victoria del oficialismo o la pobrísima actuación de los opositores, han sido asentadas. Que muchos medios tengan ahora que readecuar el discurso para explicar el triunfo a su público cautivo es un problema de ellos, y de su credibilidad en decadencia. Todo aquel que haya querido ver, sabía que el triunfo sería, número más, número menos, como el que las urnas finalmente revelaron. La ciudadanía enterró la “legitimidad segmentada”, el “no le creo nada”, el “knock out o abandono”, el “aunque tengamos que tirarlo por la ventana”. Finalmente, el amor venció al odio.

Esa frase, el amor vence al odio, resume muy bien el camino que condujo a este resultado. Camino que recorrió -no sin dificultad- el gran protagonista de la jornada de ayer, el pueblo (o este país de buena gente, para usar la más abarcativa definición a la que apeló el oficialismo) que, con el 53,84% de los votos (con el 97,64% de las mesas escrutadas), definió que el Estado está en buenas manos. Los medios opositores, mientras tanto, hablarán del componente emocional de la campaña, así evitarán mencionar que una buena parte de la población acuerda con un rol activo para el Estado; mencionarán los defectos opositores, para esconder los aciertos del oficialismo y -el argumento favorito- alertarán sobre el riesgo de hegemonía, sin aclarar que el equilibrio de fuerzas que arrojaron las urnas es el mandato de la ciudadanía. Si algo quedó claro en estos años es que la real oposición al kirchnerismo fueron las corporaciones económicas. El establishment mediático, sobre todo. Y así como en 2009 los grandes ganadores fueron los Medios, en esta elección resultaron derrotados los candidatos más identificados con estos, sus discursos y agenda.

Poco se mencionó, entre los aciertos del oficialismo, la peronización del kirchnerismo. Y haberse mantenido fiel a ella. El triunfo de Cristina sobre Chiche Duhalde, en 2005, trocó eso que se perfilaba como un progresismo en peronismo puro (/kirchnerismo al palo), ordenando al movimiento. Hoy, seis años después, sigue dando frutos. Si, como querían algunos, se hubiera producido, en cambio, un quiebre hacia el interior del peronismo que aislara al kirchnerismo, las posibilidades de existencia del peronismo disidente/federal (quizás con el PRO adentro) hubieran crecido. No ocurrió. El partido que queda en pie entonces, el peronismo, proporcionó la base sobre la cual el kirchnerismo siguió desarrollando su agenda. Tiene, también, mucho para agradecer ese peronismo de base a este proyecto. Haberlo salvado de la crisis de representatividad y haberlo acercado a las clases medias, fundamentalmente. La Reforma Política de 2009 tuvo ese espíritu también: fortalecer a los partidos. Los que no inocentemente solicitaban boleta única pedían lo contrario, que los representantes de esta democracia representativa resignaran la posibilidad de que un partido político les sostuviera la espalda.

Ayer fue un día de fiesta, no sólo para el oficialismo. Aunque suene a lugar común, siempre debe ser motivo de alegría que la ciudadanía pueda expresarse democráticamente. Se confirmaron además las presunciones de las PASO, y probó ser real la profunda verdad que encierra esa frase, el amor vence al odio. Y vaya si le dio una paliza.