El dolor de ya no ser (a propósito de Macrì y los subtes)

A contrario sensu de lo que, dado lo extremadamente precario de su formación cultural e intelectual, apenas logra balbucear, fue en realidad el jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Maurizio Macrì, quien dedicó enormes esfuerzos a inflar el conflicto por los subtes, con el objetivo de resurgir como candidato presidencial para 2015.

Esto dicho luego de advertir que, en determinado momento, comenzaron a brotar de boca del alcalde porteño definiciones sobre política nacional, por ejemplo con referencias al inexplicablemente vilipendiado presidente venezolano, Hugo Chávez, y al peligro de que el kirchnerismo pudiera llegar a devenir en unicato totalitario. Frases taquilleras pero sin mayor sustento que la letra que puede diseñar Jaime Durán Barba para que reboten en un núcleo muy minoritario de mentalidades afiebradas y, por supuesto, por demás embrutecidas.
Curioso comportamiento, habida cuenta que se está frente a un conflicto de carácter estrictamente local, a cuya administración escapa Macrì, quien irrumpió a la política en medio de un mar de imprecisiones y vaguedades, pero bajo la sí clara promesa de que el suyo sería un gobierno dedicado a gestionar prescindiendo de la dialéctica –lo cual, se sabe, es pura utopía–.
El juego presidencial de Maurizio Macrì no ha hecho más que complicarse desde que el intendente quedó seriamente comprometido por tres instancias distintas de los tribunales federales, acusado de ser el jefe de una asociación ilícita dedicada a practicar escuchas telefónicas ilegales a distintos ciudadanos a través de las estructuras del gobierno que encabeza. Las decisiones referidas fueron aprobadas hasta por la ex política ultra antikirchnerista Elisa Carrió, lo cual fulmina sin más el programa macrista válido para cualquier ocasión: aludir siempre a supuestas y jamás probadas conspiraciones montadas por el kirchnerismo contra el jefe PRO.
Como Quico con Don Ramón
El fuego que han debido reavivar en PRO ahora que se toparon con dificultades en torno al ejercicio de la administración de los subterráneos que el Congreso dispuso en perfecta paz con la letra constitucional –no se trata en este caso de transferencia de potestades propias de una jurisdicción a otra distinta, por tanto no corresponden reasignaciones presupuestarias–, esta vez ha ido demasiado lejos, y burdamente. Acusar de kirchnerismo a los metrodelegados, aparte de constituir persecución ideológica, constituye una mentira de un calibre tal del que se sabe con changüí de complicidad para con sus dichos.
Aún cuando se verificaran lo que Macrì entiende que constituyen denuncias considerables, ello no lo eximiría en modo alguno de tener que ejercer sus deberes de funcionario público, también sobre quienes lo adversan. La realidad, al margen del relato duranbarbista, indica una situación diametralmente opuesta: el de los metrodelegados es un cuerpo de mayoritaria adhesión al trotkismo, enfrentado a la conducción de la sí oficialista UTA por cuestiones de personería gremial, y que ha sabido tener encontronazos con la presidenta CFK cuando era el gobierno nacional el que administraba el servicio. Capítulos, por cierto, que incluyeron fortísimas acusaciones por parte de Cristina, por motivos mucho más justificados, pero jamás renuncia a las potestades y obligaciones que la incumbían en tales expedientes.
A mediados de 2011, Macrì desistió de su por entonces ya anunciada decisión de competir por la presidencia porque su asesor estrella, también ahora procesado judicialmente, en este caso, por campaña sucia contra Daniel Filmus en 2011; en una de cuyas artimañas, paradójicamente, se hacía referencia de modo negativo a Hugo Moyano, sobre quien a Macrì se le han oído elogios desde que el secretario general de CGT decidió enfrentarse a la que hasta hace nada reivindicaba como su jefa política… las vueltas de la vida.
La intromisión del alcalde en esos asuntos, que no lo incumben, habla a las claras de quien busca recuperar protagonismo en la escena nacional en forma desesperada, lo que le es esquivo. La recomendación de Durán Barba, sensata, se basó en lo que luego se comprobó como el diagnóstico certero de lo inevitable: la reelección, y con carácter de contundente, de Cristina. Así las cosas, diagnosticó la conveniencia para su cliente de un juego a la defensiva, retrocediendo de su objetivo inicial. A lo utópico de su apuesta presidencial, se sumaba que la encuestología no le garantizaba que ninguno de sus delfines pudiera retener el único distrito que gobierna y a… la necesidad de fueros.
Las tramas que envolvieron a las motivaciones que esgrimió Macrì para permanecer en la Ciudad allí siguen, y lo condicionan fuertemente en su apuesta máxima. Artemio López estimó que tal decisión (la de bajarse) fue errada porque lo privó de dar inicio al proceso de construcción de un armado nacional presentable, del que aún carece más allá de expresiones salpicadas y mayormente marginales, vertebradas ineludiblemente en derredor de su figura, presuntamente taquillera pero aún carente de implantación territorial considerable en punto a competitividad electoral.
Hay que sumar a lo anterior que la aparición de las PASO le impidieron al hijo de Franco especular con la testimonialidad local para luego pelear en lo nacional, algo que también analizó y desechó en 2007. Aquella vez, hay que recordarlo, el kirchnerismo recién anunció la candidatura de CFK cuando se confirmó la victoria de PRO en el primer balotaje. Esta vez, en cambio, la legalidad de las candidaturas primarias, situadas en medio de la campaña porteña, modificó el escenario.
No es lo que parece
La protección mediática con que cuenta Macrì en el duopolio Clarín-La Nación es, aunque no asumida, burda, evidente e impúdica. Pero no se trata, en este caso, del apuntalamiento de un candidato por parte del eje articulador del establishment –como pesadamente machaca el ya soporífero 6, 7, 8–. He aquí el cambio de situación que ha fundamentado la reconfiguración programática de PRO en forma de radicalización.
El jefe de Gobierno ha perdido el favor de la tropa de negocios, de donde proviene, toda vez que la ya inocultable incapacidad que demuestra para la administración pública hace pensar en que a cargo de la presidencia arruinaría hasta a quienes en algún momento lo alentaron a lanzarse a la arena política, bajo la consigna soñada del Estado atendido por sus propios dueños, él (MM) y su familia entre ellos.
Ya el año pasado Verbitsky hablaba de una “compleja ingeniería electoral que desde mediados del año pasado(Nota de autor: se refiere al año 2010) propone la primera línea de la Asociación Empresaria (AEA), que debería haber conducido a la conformación de las fórmulas Scioli-Urtubey y Ernesto Sanz-Gabriela Michetti. (…) Las reuniones tendientes a este resultado comenzaron a realizarse a mediados del año 2010, a instancias del directivo de la transnacional italiana Techint, Luis Betnaza, en la sede de la Unión Obrera de la Construcción.(…) En la media docena de encuentros realizados hasta ahora también participaron Michetti, Sanz, Urtubey, Alfonso de Prat Gay y el secretario general de la UOCRA, Gerardo Martínez. Dentro de las previsiones del grupo figura la ascensión de Martínez a la secretaría general de la CGT, en lugar de Hugo Moyano, y la de Betnaza a la presidencia de la UIA, por Héctor Méndez. En esas reuniones se discute la coyuntura económica, con proyección de filminas, y se postula un pacto político y económico del tipo del celebrado en La Moncloa al concluir la dictadura española, que implicó el trueque de democracia política por economía neoliberal. Un experimento similar realizó en la Argentina Carlos Menem, aunque sin la ceremonia y las formalidades del acuerdo europeo. En realidad, la inspiración más directa es el pacto social italiano, con sus capítulos de 1993 y 1996, dirigido a frenar el nivel de los salarios.”.
Aquella construcción buscaba la exclusión del kirchnerismo del sistema político, pero, atención, también de Macrì. Por decirlo de algún modo, la eliminación de las posiciones más extremas del arco dirigencial, y el afincamiento de las discusiones en torno de opciones que pudieran llegar a, si se quiere, confundirse más entre sí, de forma tal que cualquiera de las formulas vencedoras se mantuviera pivoteando alrededor del radio marcado por el acuerdo, en la idea de generar una estabilidad proyectiva de largo/mediano plazo.
La tendencia parece reforzarse, la apoyatura de Macrì en el mundo de los negocios no va más allá de Hugo Biolcati, que está próximo a abandonar la Sociedad Rural Argentina, en una retirada general de escena de los exponentes antikirchneristas más duros de la conducción de la cámara patronal agraria.
Es el PJ, estúpido
El análisis de los resultados de 2011, además, ofrece un dato claro e indubitable: el justicialismo es el único espacio aún capaz de incidir en forma determinante a nivel nacional. Las cuestiones sucesorias de cara a 2015 tramitarán, por ende, concomitantemente con el expediente de la interna peronista, que amenaza con abrirse más pronto que tarde. No casualmente Cristina no desautoriza ámbitos de agite reeleccionista, en tanto ello le sirve para planchar una discusión que la desgastaría, con más de medio mandato aún por delante, toda vez que pesa sobre ella una restricción legal fulminante para participar en tal.
Menos inocente es que Macrì haya decidido revirarse en clave post 125 casi inmediatamente después del espacio que ganaron en la agenda pública los gobernadores de Buenos Aires y Córdoba, Daniel Scioli y José Manuel De La Sota, sobre el primero de los cuales operan, sí, y como ya se ha dicho en este mismo espacio, quienes no desean ninguna forma de continuidad del proceso político que encabeza CFK en 2015. O que aspiran a, por lo menos, encontrar un justo medio con algún sector del Frente Para la Victoria, conveniente todo en términos de costos.
La sobreestimación en que se prendió Macrì respecto de la incidencia nacional que pueda generar una gestión de gobierno municipal como la suya, artificialmente amplificada mediáticamente y, encima, pésima, lo encierra en un marco con escasísimas posibilidades de proyección alguna allende las fronteras de lo distrital. Macrì cabalga sobre un imaginario repudiado en el interior, el de la angurria porteña, cuando pretende que el resto del país pague por lo que sólo se consume en CABA.
Por si todo ello fuera poco, lo anterior ha significado la muerte de su histórica apuesta de máxima en orden a superar su déficit de despliegue territorial: la hipótesis de un PJ no K yendo a sus brazos, en lo que significaría la confluencia de necesidades entre un armado sin cabeza, y viceversa. Descartadas ambas, la encerrona de Macrì alcanza a esta altura niveles críticos.
Clarín, con pretensiones ridículas de señal nacional cuando en verdad opera no más que en el radio porteño, agrandó un conflicto de magnitud muy menor, que incide sólo sobre su ámbito de pertenencia, en la suposición de que con eso sólo logrará erosionar a una presidenta cuya legitimidad de asienta en doce millones de votos sustentados en razones de mayor peso que un viaje en subterráneo. Mella en la imagen de Cristina que jamás ha ido más allá de encuestas siempre alejadas de los tiempos de urnas y que preanunciarían el fin que nunca llega –entre otras cosas, porque hace falta, para ello, algo más que sólo desear con fuerza que suceda–. Interesa aquí el carácter instrumental de Macrì en el asunto.
Clarín, en todo caso, interviene haciendo del alcalde apenas una herramienta de sus propias cuitas con Cristina.
Náufrago
Lo que busca el hijo de Franco disparar, a partir de una diferendo sobre transporte local, casi una discusión por la esencia misma de la Patria, a más que resulta tan ridículo como la leyenda del parquet para el asado y los lavarropas para el clericó, es colarse en un debate al que, desde luego, no logra acceder por méritos propios, pero al que tampoco consigue que lo inviten. En ese entendimiento, sobreactúa vociferando sobre cuestiones que no comprende, como república, federalismo y pensamiento.
El intento de Macrì por volver a las fuentes de hacer pata ancha en lo más rancio del imaginario social antiperonista, entonces, intenta la coincidencia con la estrategia que, antes, desde que conoció que los tiempos lo corren de cara al 7 de diciembre próximo, decidió Clarín para confrontar con el kirchnerismo a fin de evitar la desinversión que le espera, y que recorre capítulos tales como las salidas transitorias de presos “para actos políticos”, lo actuado por el Gobierno en materia previsional y educativa o la participación de La Cámpora en actividades en escuelas. Por demás, y como bien dice Ezequiel Meler, antagonizar con el kirchnerismo garantiza visibilidad.
El asunto expone que, como bien dice siempre Artemio López, la ideología es un valor que no se debe sobredeterminar a la hora del análisis político, por cuanto no define todo. La posibilidad de producir transformaciones concretas en la sociedad es un asunto más amplio y complejo que la mera enunciación del soporte intelectual que lo sustenta.
Contra lo que podía temerse, Macrì ha demostrado ser un incapaz absoluto en el intento de construir una alternativa de derecha con resultados concretos en un espacio en el que tal cosa supondría bajísimos costos. De La Sota, en cambio, en un marco por lejos más complejo, la hace fácil: corta el hilo por lo delgado, difiere los aumentos jubilatorios. Guste o no, va y actúa. Macrì está de vacaciones desde asumió en la Ciudad el 10 de diciembre de 2007; nadie puede plantear con seriedad que haya habido un sólo cambio notorio y palpable por su gestión en Capital. Bueno o malo: nada.

Las malas noticias para él llegan a partir del surgimiento de opciones con aptitud y actitud de cargar sobre sus hombros la tarea, y que plantan un dilema al interior del peronismo; un combo casi irresistible que condena a Macrì a la nada misma. No era posible imaginar que se llegaría a la costa sin mayor esfuerzo que colocar la vela en la dirección de los vientos. Ahora que han, los vientos, cambiado, él es un náufrago. Nada que deba sorprender demasiado.