Elogio de River en la B (o las muy poco frecuentes lágrimas de felicidad)

Riber en la V (¿o era al revés?) fue una roadmovie o, mejor aún, fue una roadmovie a pie. Fue transitar larguísimas distancias para arribar a canchas peladas, poceadas, casi como el Monumental después de Roger Waters. Fue, en definitiva y como mejor definición, el Señor de los Anillos: pareció que una fuerza poderosa nos impelía a iniciar un tránsito para el cual no estábamos preparados y que, además, no queríamos recorrer. Un aprendizaje continuo, porque one does not simply walk into el ascenso directo. Fue la trilogía insufrible de Peter Jackson condensada en los sábados de un año.

♪ Nos pasamos la vida buscando lo que ahora estamos ahora encontrando, porque no hay nada más que nosotros que nosotros dos… ♪

“363 noches soñando con este día”, decía ese cartel colgado en una tribuna del Monumental, y uno casi no puede reprimir las ganas de abrazar a la cultura popular y decirle al oído, bajito, como quien confiesa desde el corazón, bien… Bien, vieja, ahora andá y escribí el Martín Fierro, andá y comete la cancha, andá y recitá poesía futbolera para los que se juntan a festejar en las plazas. Hacé llorar a esa señora viejita que con 70 años se pone la camiseta de River y sale a festejar con sus nietos, hacelo, porque el Tano Pasman va a escribir sobre vos.

♪ Hoy somos libres otra vez, tan invisible la pared… ♪

Ayer hablé con chicos pre adolescentes que no querían que River ascendiera, para seguir viéndolo en vivo cuando jugara en Jujuy o Tucumán. La federalización de la alegría, el asalto de River al campeonato de la B: equipos que abandonaban su cancha para alquilar otras más grandes, las revoluciones que el micro de River movilizaba allí adonde llegara, los hinchas visitantes que volvían a las canchas. Hablé también con tipos que sufrieron aquella sequía de 18 años y me decían que lo de ayer fue especial. Son impagables las lágrimas de felicidad, y muy poco frecuentes. Quizás el sufrimiento, que duró más de un año (uno y medio o dos, cuando el descenso ya no era un “fantasma”), haya sido justificado por esos segundos, minutos de gloria casi infinita. Alguien me decía también que River tenía la obligación de ascender como campeón. No, macho, River tenía la obligación de dejar el alma para hacerlo. Podemos discutir, entonces, y no ponernos de acuerdo acerca de si lo hizo o no, pero la B es dura, es mala, es traicionera. Es como una mujer a la que engañaste. O como una mujer a la que te negaste hasta su desesperación, y que ahora finalmente te tiene entre sus manos. Es Kathy Bates en Misery y va a hacer todo lo posible por retenerte. Y River, como James Caan, debió apelar a las fuerzas con que contara, fueran suficientes o no. En términos estrictamente futbolísticos, River tuvo inyecciones varias de fuerza: Cavenaghi, el Chori, Sánchez y Aguirre al descender. Ponzio y Trezeguet a principio de este año. Y la fuerza de los chicos: los Funes Mori, Cirigliano y Ocampos. Del equipo titular que descendió, prácticamente, sólo resistió Maidana. El Indio Vega era suplente del locohouseman Carrizo. Cuando descendimos…

♪ Se apagó la luz, era inevitable, casi lamentable, se apagó la luz… ♪

Si este ascenso tiene una figura -no quiero ser injusto pero es inevitable- esa es la de Matías Jesús Almeyda. No sólo agarró, como suele decirse, un fierro caliente, sino que supo manejarlo. No chocó el Fiat Spazio. O el Peugeot 306, ponele. Los nombres cambiaron, pero no es difícil imaginar a los equipos de Simeone, Astrada, Gorosito, Cappa o López boyando en mitad de tabla. O peleando, quizás, por un puesto de Promoción. Ese era River y Almeyda, a fuerza de resultados, de decisiones a veces equivocadas pero en gran medida acertadas (es fácil decirlo con el diario del lun… del domingo, pero acá o en twitter lo sostuvimos siempre. Excepto a Vella, claro. ¡Vella, la c… de tu vieja! Poné a Abecasis, Almeyda), a fuerza de sostener las malas y tratar de potenciar las buenas, de no temblarle el pulso para reemplazar al Chori o a Cavenaghi, de sostener a Cirigliano en mediacancha para mandar a Ponzio de 4 cuando hubiera sido más fácil colocar un stopper y mantener a Leo en el medio, de absorber la presión, de aislar a los jugadores del mundanal ruido y de una prensa carroñera que hubiera secretamente celebrado el no ascenso, a fuerza de todo eso Almeyda se constituyó en capitán de barco. O en director del Señor de los Anillos, en un Peter Jackson flaco y siempre a la moda para guiar a River nuevamente a Primera. Y como campeón de la B. Con casi un 65% de los puntos obtenidos, muy por arriba de los promedios obtenidos por Simeone (23% luego de su campeonato), Gorosito (41%), Astrada (37%), Cappa (50%) o JJ López (49%).

♪ …Y más de mil domingos fueron seis. Tanto destino se le fue como vino y no le avisó, no lo vio. Miles de sueños le prendieron la mecha… ♪

Los momentos felices no inspiran al arte. Son, por lo general, excusa para lo banal y comercial. So Call Me, Maybe, ponele. Por eso ayer fue para celebrar. Hoy también. Pero a modo de corolario, ahora que retornamos a Primera (que ya no será nuestro lugar, porque también pertenecemos -orgullosamente, debo reconocerlo- a la segunda división del fútbol argentino), puedo decir que fue lindo el campeonato de la B. Mejor, más competitivo, más entretenido y emocionante que varios de los que River ganó en Primera. Festejé este título más que los de Astrada o Simeone. O Ramón Díaz y Passarella. Fue lindo ver a River en Tucumán y sentir en la piel lo que el equipo moviliza. Se lo va a extrañar a River en la B.

Yóoootéquieróooriverpléeeiiii…