La política chabón. Jóvenes y política durante el proceso kirchnerista.

Fenómeno novedoso e imprevisto, los jóvenes irrumpieron la escena política tras la muerte del ex presidente Néstor Carlos Kirchner incorporando códigos e impresiones que renovaron formas de la política.
“Vengo bancando este  proyecto,
proyecto nacional y popular,
te juro que en los malos momentos
los pibes siempre vamos a estar”
Durante la década de los 90, el refugio de los jóvenes frente a las políticas neoliberales y una dirigencia profundamente desprestigiada estuvo dado apenas en el ámbito musical, que empezó a dar una narración crítica e incisiva de la situación nacional. Esto dio lugar al desarrollo del llamado “rock chabón”, concepto por el cual se entendía el clima festivo de recitales de algunas bandas de rock, con seguidores conformados en grupos con identidad propia, que se expresaban alentando a bandas con cantitos y banderas. El deseo de venganza por la criminalización de la juventud y la pobreza (“matar a un rati/ para vengar al Walter…) o la aparición de la cuestión social (…somos los grasas, somos los negros, pero conchetos no) fueron temáticas recurrentes que dieron expresión del malestar de una franja etárea en torno a la naturalización de la exclusión y la concentración económica.
Al kirchnerismo no le resultó fácil persuadir a una sociedad descreída, pese a medidas de relevancia simbólica tan notable como la negociación de la deuda externa, los juicios a genocidas, la recuperación del edificio de la ESMA. Sin embargo, seguramente gran parte de aquella juventud solidarizada con la franja etárea diezmada durante la última dictadura militar entendía que vivía un momento de cambios en materia de revisión del pasado histórico.
Sin embargo, el conflicto patronal por las retenciones móviles a la soja de 2008-2009 generó una profunda confrontación y una escalada de radicalización por parte del sector rural privilegiado que despertó en la sociedad una toma de posiciones que llegó, incluso, a la juventud que vivía entonces apática desde la década del noventa. La Sociedad Rural Argentina, institución profundamente vinculada a cada uno de los golpes de Estado en Argentina, lideraba entonces la Mesa de Enlace Rural (probablemente el grupo de presión corporativo más importante dentro de la democracia argentina, por fuera de los medios de comunicación) e instaba al gobierno a liberar no sólo las exportaciones sino también todos los productos primarios. Gran parte de la sociedad entonces fue parte activa, consciente o inconscientemente, del lobby de los ruralistas.
Fue ésa la época de la aparición de la agrupación “La Cámpora”, que llevaba el apellido de un presidente que había dado una gran participación a los jóvenes peronistas combativos de la década del 70, muchos de ellos víctimas del genocidio militar. Este apoyo y el gran respaldo de la presidenta a la participación juvenil permitió una reapropiación de franjas etáreas excluidas, condenadas a sufrir el recelo y el menosprecio de las oligarquías políticas al momento de entrar a un local partidario.
Sin embargo, la muerte de Néstor Kirchner el 27 de octubre de 2010 dio un quiebre en toda la escena política, ya que había muerto ni más ni menos que el personaje principal. La multitudinaria despedida del ex presidente obligó al balance de su obra de gobierno, ante lo cual gran parte de la población se sintió sensibilizada, introyectó las causas de su administración (derechos humanos, búsqueda de soberanía política y nacional, vocación reformista permanente) y optó por iniciar una participación política. Néstor Kirchner fue recordado como un presidente militante y el hacedor de una revalorización de la democracia y los derechos humanos.
El 13 de marzo de 2012, ante las falsas acusaciones de violencia de jóvenes militantes, la presidenta Cristina Fernández señaló con contundencia: “El mejor lugar para la juventud es la política.” Esto viabiliza la autorización a la militancia y la protección de los grupos etáreamente postergados.
La cortina musical del programa “678” emitido en la Televisión Pública, “Banderas en tu corazón (Juguetes perdidos)” de los Redonditos de Ricota en 1996, expone con un verdadero dramatismo la falta de compromiso en una visión colectiva de la sociedad, en un mundo asediado por un recalcitrante individualismo, un pedido en medio de las asfixia del retorno de las ideologías en la peor interpretación posible de la posmodernidad. Dicha edición no se corresponde con el marco político actual, pero si actúa como un recordatorio de la patria oscura y nefasta que supimos construir.
El reciente evento del 9 de diciembre, en el marco de la Fiesta de los Derechos Humanos y la Democracia, expuso un notable cambio estético en cuanto a las pasadas jornadas menemistas. Los concurrentes, mayoritariamente jóvenes, marchaban con banderas y remeras que los identificaban con una agrupación y sus ideales, en una visión positiva y constructiva de la sociedad. Poseedora de rasgos y colores propios, sin presiones de dirigentes a ciudadanos a través de planes estatales para lograr la subsistencia. Este es un detalle nada menor: la fuerte convocatoria de un kirchnerismo genuino y la ausencia del culto a la personalidad característico del aparato de partidos tradicionales.

Frente a los rumores de la prensa opositora en cuanto a un hipotético desgaste de Cristina Fernández, los jóvenes aportaron fervor, aguante y esperanzas, toda una demostración de un cambio de época y de espacios militantes llenados por ideales colectivos por sobre el autoritarismo de instrumentos electorales corrompidos.