“Me tocan 1.500 palos”

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Pero aquí la historia inmediata indica que, cada vez que se vio acorralado, el Gobierno ideó alguna solución con costos para las empresas. ¿Cómo entender, de otro modo, la reciente decisión de obligar a los bancos a prestarle al sector productivo en plazos de no menos de tres años y a tasas fijas? El miércoles, horas antes de que lo anunciara Cristina Kirchner, cuando la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, adelantaba la medida, un grupo de banqueros contestó al principio con un silencio elocuente”.

Fue un lapso breve, sólo interrumpido por Enrique Cristofani, líder del Banco Santander Río, que hizo en seguida una cuenta en un papel. Me tocan 1500 palos , razonó en voz alta, e inició con palabras elegantes la explicación de que no estaba convencido. Ricardo Moreno, presidente del Francés, agregó que con la iniciativa, la tasa Badlar se iría ‘hasta quién sabe cuánto’. Y ahí se largaron todos a pedir flexibilizaciones. Cristofani, el más locuaz y quien pareció asumir la negociación, propuso que el porcentaje de depósitos que el Gobierno exigía prestar -es decir, el 5%- fuera ‘neto de encajes’. Marcó del Pont lo consideró imposible y eso multiplicó los reclamos. Nadie, de todos modos, describió más gráficamente el sentimiento general como Jorge Brito. Sería bueno flexibilizar , resumió el del Macro, porque les va a dar a los bancos más tiempo para calcular y se van a sentir menos violados .

El pataleo fue inútil.

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