Sergio Massa, o el arte de la indecisión

CUATRO PUNTOS DE LA RETÓRICA MASSISTA

1) La descripción que hace unos días hizo Carlos “Lole” Reutemann sobre el modo de posicionarse de Sergio Massa es instructiva: “parece que tiene el as de espadas, pero no se visualiza cuál va a ser la última jugada”.
Ha hablado alguien que conoce el juego, que ha sabido sobre todo semblantear una carta y retener hasta el paroxismo el momento de jugarla. Lo ha descrito un jugador que su destino fue, al final de cuentas, el mazo.
“Parece… pero no se visualiza”.
Ese es el primero de los puntos centrales de la estrategia discursiva diseñada por los gerentes de campaña de Sergio Massa: no definir, partiendo del supuesto de que la explicitación de una toma de posición precisa sobre un asunto agitará una confrontación que el electorado al que destina su discurso prefiere no aceptar. “Massa juega al misterio” –así nombraron esta actitud algunos diarios. Para eso resulta necesario hablar poco, apelar a generalidades y a expresiones ambiguas y neutras (“la ley de medios tiene claroscuros”, “el blanqueo de capitales sirve dependiendo cómo sea instrumentado”, o aquella que podría considerarse el colmo de la apatía cuando, siendo jefe de gabinete en 2009, el diario La Nación le preguntó qué opinaba de Guillermo Moreno: “es un secretario de comercio que hace su tarea”). Son manifestaciones que construyen un ascetismo arraigado en un sentido común amplísimo (“Unidad, gestión y futuro”, “trabajar por la gente”), que pretende agrupar a todo el mundo y con el que es tan difícil disentir, como orientarse. Mucho menos apasionarse.
2) En segundo lugar, los asesores de Massa, Pedro Del Piero y Diego Gorgal leyeron con inteligencia el fracaso de la retórica de catástrofe de la oposición (¡el fin de la República, Dios mío!) y propusieron la sustitución por la retórica del equilibrio, de modo que todos los mensajes deben estar trabajados en esa mesurada clave discursiva. Ni tanto ni tan poco, salir del todo o nada, del blanco o negro, reivindicar –un poco, no tanto- la figura templada de un Néstor Kirchner construido de acuerdo a sus propósitos, para desestimar la virulencia de una Cristina extrema, valorar los “aspectos positivos de la gestión” de aquel, pero no el plano esencialmente beligerante en el que lleva adelante la política la actual presidenta. Moderación, señores. Se mantiene en la sombra la pregunta sobre si aquellos logros podrían haberse alcanzado sin aceptar la asunción y el sostenimiento de un conflicto.
Un par de ejemplos: “No hay un país financiero distinto a uno productivo”, dijo su nuevo aliado, José Ignacio De Mendiguren, ante los representantes de la banca extranjera. “Somos la industria y el campo dándose la mano”. “Los intereses de los empresarios no están en contra de los de los trabajadores”. Todo parece desde esta perspectiva conciliable, no hay –por ende- necesidad de optar, sino de componer armoniosamente. “Somos un conjunto de dirigentes, no soldados”. No hay soldados porque no hay lucha, confrontación, contraposición de intereses.
Si hemos de creerle al diario La Nación, los que diseñan la retórica de Massa han hecho circular entre las filas, “materiales de mano para reforzar el discurso del grupo y evitar incorrecciones” -como las que protagonizaron el actor Fabián Gianola, cuando dijo que el país se encaminaba hacia una dictadura, o la periodista de TN Mirta Tundis, cuando declaró su cercanía ideológica con Francisco de Narváez. En ese manual “se ofrecen frases prefabricadas para evitar incidentes” (La Nación, 6/7/13). Expresión que merecería ubicarse entre las más logradas descripciones de la jerga eufemística de la corrección política. “Frases prefabricadas para evitar incidentes” dibuja, entonces, el tibio universo enunciativo de Massa.
3) En tercer término –y congruente con los puntos anteriores-, la diversidad como término opuesto al verticalismo del Frente para la Victoria. Como el propósito es un indefinido bien común y el medio es el diálogo entre gente que se supone que quiere lo-mismo-que-todo-el-mundo, entonces es posible que en los enunciados del armado massista confluyan en armonía y amplitud horizontal una supuesta reivindicación de logros kirchneristas (se quiere instalar así la idea de una superación post-kirchnerista), con sujetos que encarnan discursos y que heredan trayectorias históricas que los niegan de modo absoluto: dirigentes del PRO como Soledad Martínez, Gladys González y Cristian Gribaudo, “gordos” de la CGT. como Héctor Daer, representantes del principal multimedios opositor como Mirta Tundis, voceros del establishment financiero como Martín Redrado, ex referentes económicos del denarvaismo como Ricardo Delgado, o de la multinacional Techint, como Miguel Peirano, o el hasta hace un rato nomás ladero de la archienemiga kirchnerista Elisa Carrió, Adrián Pérez. Toda esta “conformación plural” con el amparo que brinda la fiscalización electoral provista por la CGT Azul y Blanca del dirigente republicado Luis Barrionuevo.
4) El cuarto punto es un clásico tópico que orienta la instalación de un candidato: la novedad. “Sergio Massa es la nueva política” (dijo la ex compañera de fórmula de Francisco de Narváez, Mónica López); “la lista que encabeza Sergio Massa es algo inédito” (dijo Sergio Berensztein que, desde su consultora Poliarquía, no hace más que intentar generar los datos que luego registra como objetivos); “es un chico joven, capaz; las renovaciones son buenas” (afirmó el dirigente de Luz y Fuerza, Oscar Lezcano, en busca del lugar perdido). Hay que considerar quiénes son los que enaltecen la novedad para comenzar a definir la naturaleza de la innovación, salvo que aceptemos –sin más- que la juventud de un candidato es el elemento decisivo que aporta novedad.

Al plantear estos puntos de la estrategia discursiva de Massa no estamos diciendo que alguien que aspira a la lucha por el poder no deba pensar su mensaje con inteligencia y meditar sobre las formas de generar convicción. Lo que advertimos es que esos medios persuasivos no valen por sí mismos, en total desconexión con la propuesta política efectiva y con una concepción ideológica precisa. Salvo que estas cuestiones medulares sea preciso mantenerlas en reserva porque de explicitarlas se revelaría su verdadero sentido reaccionario y antipopular. Creemos que este es, al fin de cuentas, el sentido de lo que podemos llamar la suspensión definitoria de Sergio Massa: retener todo el tiempo que le sea posible su genuina carta política-ideológica porque, a la hora de la verdad, su juego va a implicar un retroceso histórico, su lance auténtico se revelaría como pre-kirchnerista.
Esa carta verdadera debe, entonces, mantenerse en reserva, y por eso son necesarios los manuales de corrección política compuestos con “frases prefabricadas para evitar incidentes”. Sin embargo, ella es inteligible por el conjunto de alianzas y aliados mediáticos profundamente reaccionarios que Massa va tejiendo y porque la verdad –no otra cosa son esos “incidentes”- siempre se cuela por algún resquicio. A menudo los bufones dicen lo que otros personajes no pueden decir. Fue el caso del cómico Gianola al asegurar que se involucraba en política “por la necesidad de que la democracia y las instituciones sigan siendo lo que eran”.

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