Tucumán 2015: el pueblo no sabe votar.

Un par de jueces tucumanos acaban de quemar todas las urnas que se salvaron de la hoguera armada por un grupo de militantes macristas, plegándose así a esta especie de simbólico  Cromañón voluntario de los comicios tucumanos perpetrado por la oposición. Las urnas incineradas pertenecían a mesas donde los resultados de las PASO anunciaban que ganaría el oficialismo provincial (como reveló el mismo diario La Nación); dicho atentado luego fue tergiversado por los medios hegemónicos y los políticos opositores enarbolando la supuesta comisión de un fraude que justificaría no sólo esa quema de votos sino también la anulación de los comicios. El lógico paso siguiente fue proyectar ese fenómeno a las próximas elecciones del Chaco y, más serio aún, a los comicios nacionales de octubre, lo que invalidaría cualquier resultado de la elección del sucesor de Cristina Fernández. ¿Pero por qué no se menciona en esa acusación a las realizadas en la ciudad de Córdoba? ¿Será porque allí ganó el candidato del PRO? ¿Y por qué se boicotea hoy, a días de una elección presidencial, un sistema electoral que consagró en forma insospechada a Macri Jefe de Gobierno dos veces, a Patricia Bullrich diputada todas las veces, a Massa intendente de Tigre y diputado venciendo al candidato del oficialismo en Buenos Aires, senador a Sanz, diputada a Carrió varias veces, vicepresidente a Cobos y gobernadores a todos los gobernadores oficialistas y de la oposición y, repetimos, en forma insospechada desde 1983, presidente a Alfonsín, Menem, De La Rúa, Kirchner y Fernández
Pero para analizar serenamente este tema vayamos por partes:


* El sistema electoral argentino.

Todos los sistemas electorales son imperfectos pero el de Argentina no está entre los peores, y es posible que esté entre los más confiables debido a los distintos controles cruzados que tiene, de los que participan no sólo las autoridades de mesa (ciudadanos no partidarios ni funcionarios del estado), donde son los responsables y la autoridad máxima inevitable, sino por los fiscales de mesa de cada partido participante (en las de Tucumán había un promedio de 20 fiscales por mesa), cuyas firmas rubrican junto a las de las autoridades cada acta con los resultados finales del escrutinio y la copia que se lleva cada fiscal. Además, cada escuela donde se vota cuenta con fiscales generales de cada partido y un delegado de la Justicia Electoral del distrito. Y todo esto custodiado por la fuerza de seguridad que corresponda. Pero, por si esto fuera poco, los telegramas que se entrega al correo y las copias del acta que se lleva cada fiscal partidario con los resultados de cada mesa no constituyen la palabra oficial del escrutinio de cada mesa sino una muestra oficiosa del original. El acta oficial es firmado por las autoridades y los fiscales de cada mesa, colocado dentro de la urna junto con todos los votos emitidos, para su verificación posterior en el escrutinio provisional en manos de la Justicia Electoral junto con los delegados de cada partido político participante. Y, como último reaseguro de que la voluntad popular no ha sido burlada, en el escrutinio final, en caso de que el telegrama confeccionado por las autoridades de las mesas remitido por el correo con los resultados no concuerde con los del acta oficial firmada por las mismas y los fiscales partidarios que se encuentra dentro de cada urna sellada y firmada por las autoridades de mesa, o ante una queja de alguno de los delegado de los partidos políticos, la Justicia Electoral tiene que contar los votos directamente, uno por uno, y esa sí es la última palabra de los comicios, la que refleja la voluntad popular sin intermediarios.
Como vemos, el resultado final del escrutinio no depende sólo de la honestidad, capacidad de fiscalización o buena voluntad de una o dos personas pasibles de ser manipulados por el gobierno de turno en cada distrito, sino de cientos o miles de personas partidarias y apartidarias, con intereses contrapuestos, sumados a los funcionarios judiciales que vienen realizando esta tarea desde hace décadas.
Por lo tanto, es ilógico desconfiar burdamente de un sistema que ha funcionado desde hace más de tres décadas, el que se fue perfeccionando desde aquel debut en 1912, cuando el “régimen” conservador se llevó la sorpresa de que ya no podía manipular los votos del pueblo porque el voto universal, secreto y obligatorio desmantelaba las maniobras clientelares y de fraude que acostumbró a utilizar desde el siglo anterior.
Repetimos, igualmente, que el sistema no es perfecto y sí perfectible, y aceptamos gustosos desde aquí cualquier mejora que se proponga pero subrayamos aún más que esto que la embestida que están haciendo burdamente en estos días los medios hegemónicos y muchos políticos opositores no se debe a estas mismas razones sino, por el contrario, porque ven que el sistema comicial les sirvió para derrotar algunas veces al kirchnerismo en algunos distritos pero no les sirve ciertamente para evitar que siga en el gobierno nacional. Y es por eso que salen en manada a atacarlo con afirmaciones obtusas, falaces y sin presentar ninguna prueba palmaria de sus afirmaciones. E incluso tampoco se preocuparon en presentar ninguna denuncia en la justicia electoral. ¿Será porque no tienen prueba alguna de ese supuesto fraude que enarbolan en los medios (como no lo hubo nunca en estas tres décadas)?, ¿porque los resultados de los telegramas o en última instancia de las actas reflejan el contenido de las urnas si se dispone abrirlas? ¿Debido a que esas afirmaciones pueden estrellarse contra los resultados definitivos de cada elección?
Sin embargo, hay otro factor a analizar para demostrar la falacia de un supuesto fraude y que no depende de suposiciones o opiniones personales.


* Los fríos números de la voluntad popular.

¿Es realmente previsible, confiable, verificable la posibilidad de fraude denunciada por la oposición, de acuerdo a lo que reflejaban las encuestas y las elecciones anteriores?
Repasemos entonces los comicios realizados en Tucumán en ocasión de las PASO (que ningún partido político impugnó) y que arrojaron los siguientes resultados finales para presidente y vice:

Frente para la Victoria: 493.625 votos,  el 57,14%    
Frente Cambiemos: 173.943 votos,  el 20,13%    
Frente UNA: 140.451 votos,  el 16,26%   
Frente Progresistas: 12.114 votos,  el 1,40%   

Mesas escrutadas: el 99,86%


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Como vemos, en las PASO en Tucumán la diferencia entre los votos del Frente para la Victoria y la suma de los votos obtenidos por los partidos que luego consituyeron el frente Acuerdo para el Bicentenario fue de 167.117.


Veamos ahora los resultados del escrutinio provisorio de las elecciones para gobernador y vice de Tucumán:

Frente para la Victoria: 406.778 votos,  54.42 %
Acuerdo para el Bicentenario: 304.623 votos,  40.76 %

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Ahora repasemos los resultados del escrutinio definitivo difundidos por la Justicia Electoral de Tucumán:

Frente para la Victoria: 491.951 votos, el 51,64%   
Acuerdo para el Bicentenario: 380.418 votos, el 39,94%

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De esta manera, la brecha entre el Frente de la Victoria y el frente Acuerdo por el Bicentenario es del 11,7% de los votos, lo que representó una diferencia de 111.533 votos.
Ahora bien, comparando ambos escrutinios se comprueba que entre los porcentajes de votos hubo una discrepancia mínima.

Veamos cuáles son las diferencias entre ambos escrutinios que corresponden para cada partido:

Frente para la Victoria: -2,78%
Acuerdo para el Bicentenario: -0,82%
Fuerza Republicana: -0,12%

Es decir que si hay alguien a quien perjudicó el escrutinio definitivo realizado por la Justicia Electoral (en presencia de los delegados de todos los partidos participantes avalando los resultados), ese fue al mismo oficialismo triunfante, que vio reducido su caudal electoral en casi tres puntos. Eso se debe, seguramente, a la diferencia de la cantidad de urnas escrutadas y los normales errores de transcripción de resultados entre los telegramas y las actas confeccionadas por las autoridades de mesa con el control de los fiscales partidarios o la transcripción en la carga de datos final en el centro de cómputos. No obstante, los únicos resultados con validez legal para proclamar la fórmula ganadora son los del escrutinio definitivo.
Pero que exista una diferencia entre ambos escrutinios no es algo extraordinario, sucede en todas los comicios a lo largo del país y de nuestra historia electoral. Como bien lo señala el bloguero El Loro Político:

En ese marco, interesa aquí analizar las diferencias en los porcentuales de votos obtenidos por las principales fuerzas políticas, entre el escrutinio provisorio y el definitivo, en el período 2003-2015. Cabe decir que el provisorio no tiene valor legal, y se confecciona en base a los telegramas que arman los presidentes de mesa y distribuye el Correo.

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Fuentes Consultadas:
http://resultados.gob.ar
http://www.andytow.com/blog/
http://elecciones.gob.ar/
http://www.lanacion.com.ar/492261-los-ultimos-resultados
http://www.infobae.com/2007/11/13/348751-el-escrutinio-definitivo-dio-mayor-ventaja-cristina
http://www.ambito.com/noticia.asp?id=599740
http://www.elliberal.com.ar/ampliada.php?ID=16932
http://www.clarin.com/politica/escrutinio_definitivo-PASO-Daniel_Scioli-Mauricio_Macri-Sergio_Massa_0_1422458144.html
http://www.infonews.com/nota/245623/escrutinio-definitivo-scioli-le-saco-mas-de-3-millones-de-votos-a-macri


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Como vemos, lo que muestra este escrutinio definitivo, que la oposición solicitó a la Justicia en lo Contencioso Administrativo (no a la electoral) que anule, es que por primera vez en la historia reciente el escrutinio definitivo perjudica al partido ganador y no lo contrario, como enarbolan impunemente tanto la oposición partidaria como la mediática.
Para no abundar en más datos, digamos solamente que todas las encuestas anteriores y posteriores a las elecciones primarias realizadas en Tucumán ya anunciaban los resultados que se dieron tanto en las PASO como en las elecciones a gobernador y vice.
El hecho de que la cantidad de votos que obtuvo el Frente para la Victoria en las PASO en Tucumán y los que obtuvo en el escrutinio definitivo para gobernador sean muy similares, y que lo mismo sucede con los obtenidos por los partidos de la oposición (sumados en las PASO porque se presentaron separados), desautoriza de por sí, en forma concluyente, la denuncia de un supuesto fraude.


* El fraude de los que inventaron el fraude patriótico.


Esos mismos guarismos, los de las encuestas y los comicios, fueron alertando al establishment o al denominado Círculo Rojo que tampoco esta vez podrán desplazar al kirchnerismo del gobierno, tanto en las provincias que gobierna como en el gobierno nacional. Y esa fue la razón por la que se estuvo preparando el clima de supuesto fraude en las elecciones de Tucumán; lo que se repite ahora en las próximas en Chaco y, fundamentalmente, en las próximas de octubre.
Ya analizamos aquí cómo se fueron dando los acontecimientos políticos (mejor dicho, las operaciones políticas), por lo que ahora nos remitiremos a reseñar lo que dice el editorialista de La Nación, nave insigna de esta operación del establishment, Morales Solá. Antes del polémico fallo de la Justicia tucumana esta flamígera pluma del Círculo Rojo ya advertía:

Envuelto en la sospecha y el descrédito, el viejo sistema electoral podría dejar a los argentinos sin un presidente nuevo el 10 de diciembre. Habrá un presidente electo, sin duda, pero nadie sabe ahora cuándo estará en condiciones de asumir. La estrechísima diferencia que señalaría un triunfo en primera vuelta o la necesidad de una segunda ronda abrirían un período de alta conflictividad política y electoral.
Todavía no fueron escrutados todos los votos de Tucumán cuando pasaron tres semanas desde las elecciones. Por el escándalo tucumano (y tras el robo de urnas en el conurbano bonaerense), el escrutinio provisional se convirtió en poco confiable como para otorgar un triunfo por una diferencia de uno o dos puntos. O por décimas. Ésa es la distancia pequeña y fluctuante que separa a Scioli de una victoria en la primera ronda.
¿Qué sucedería si fuera necesario esperar el escrutinio definitivo para saber si habrá segunda vuelta? Entre la primera y la segunda vuelta habrá sólo 27 días. Si Tucumán lleva escrutando 20 días y no terminó, ¿cuántos días consumiría el escrutinio definitivo de todo el país?
El cuadro se agravaría aún más si hubiera segunda vuelta. Entre el 22 de noviembre y el 10 de diciembre habrá sólo 18 días.
¿Qué sucedería si cualquiera que saliera segundo planteara la necesidad del escrutinio definitivo o la revisión de muchas urnas en todo el país para aceptar su derrota? ¿Cuándo los argentinos (y el próximo presidente) sabrán quién ganó definitivamente? Un cuadro de extrema conflictividad podría llevar la definición hasta más allá del 10 de diciembre.
Cristina Kirchner y Amado Boudou deberán irse a sus casas el 10 de diciembre, pase lo que pase. Su mandato constitucional concluirá indefectiblemente ese día. La única alternativa posible sería que Cristina le entregara el gobierno al presidente provisional del Senado, el radical K Gerardo Zamora, uno de los peores líderes feudales del país, hasta que la Justicia proclame al nuevo presidente.
La indolencia y la especulación están cerca de colocar la sospecha sobre la legitimidad de origen, que consiste en la elección limpia de los gobernantes.
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Ese parece ser el objetivo principal del establishment: cuestionar la legitimidad de origen del próximo gobierno (que sospechan será kirchnerista).
Y hoy, después del polémico fallo de la sorprendente Cámara Tucumana, Morales Solá amenazó desde su columna en La Nación, triunfante por su profecía autocumplida:

Los jueces de una Cámara tucumana de alzada sembraron ayer la mayor sospecha de fraude en el proceso electoral nacional. Cuando la Cámara en lo Contencioso Administrativo de Tucumán declaró la nulidad de las elecciones de gobernador (y ordenó convocarlas de nuevo), produjo un hecho inédito en la nueva democracia argentina.
De todos modos, esa decisión que anuló los comicios tiene una carga demoledora para el gobierno kirchnerista, que entregará en diciembre un sistema electoral viciado por el fraude y con escasa legitimidad.
Sea como sea, lo cierto es que se quemaron urnas, se falsificaron los resultados de las actas en los telegramas que envió el Correo y se compró a los fiscales de la oposición.
Desde el lunes pasado, por lo menos, la política de Tucumán sabía que en el curso de esta semana esa Cámara anularía las elecciones.
El oficialismo ha quedado en Tucumán en el peor de los mundos: o Juan Manzur se convierte en el gobernador con menos legitimidad del país o el gobierno de Alperovich deberá llamar a nuevas elecciones, aceptando implícitamente que ganó la última vez mediante el fraude. Podría ser un caso aislado en el turbulento norte argentino, pero no lo será nunca cuando faltan apenas 40 días para las elecciones que señalarán quién será el próximo presidente de la Nación.
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Morales Solá argumenta aquí con dos claras falacias y prefigura el argumento fundamental para un golpe blando. Comencemos con las falacias: el gobierno no entregará un sistema electoral fraudulento. Lo desmienten más de tres décadas de funcionamiento de un sistema sin manchas; el que, como decimos al principio, produjo todos los presidentes, gobernadores, senadores, diputados y concejales que tuvo y tiene el país sin ningún reproche legal.

Por la quema de las urnas tucumanas se detuvo a un candidato y otros tres militantes del PRO, no del kirchnerismo. Y, como mostramos aquí, las posibles (y nada extraordinarias) diferencias entre los datos de los telegramas utilizados para el escrutinio provisional y los del definitivo (único válido y legal) fueron mínimas y no modifican el resultado final.
Finalmente, la supuesta compra de fiscales de la oposición por parte del oficialismo cae ante los datos que la Justicia Electoral brinda en su escrutinio definitivo.
No obstante, un argumento útil para prefigurar el golpe blando que sugerimos aquí no debe ser necesariamente verdadero verificable sino verosímil… y de eso se encargan los medios hegemónicos opositores, cuya eficaz gimnasia para esa materia acostumbramos a demostrar en Basurero Nacional. Esa operación se basa, en buena medida, en la certidumbre de que el oficialismo ganaría las elecciones de octubre en primera o segunda vuelta. Y buena parte de la verosimilitud o credibilidad de sus argumentos sobre el fraude o el clientelismo que se le atribuye a los gobiernos provinciales (no a los gobiernos opositores, por cierto) y al nacional se basa en la eterna sentencia (o prejuicio) blandida contra quienes no comulgan con sus ideas políticas: el pueblo no sabe votar. El sorprendente y polémico fallo de la Justicia en lo Contencioso Admnistrativo de Tucumán no hace más que suturar los falaces argumentos del Círculo Rojo contra la voluntad popular tucumana, los que serán repetidos tanto para ensuciar los comicios de Chaco como los nacionales de octubre.
La historia argentina nos enseña que lo que suele seguir a ese falso apotegma es el fraude patriótico de los años treinta contra el voto mayoritario (luego de que se anularan las elecciones que ganó el radicalismo) o la proscripción del partido mayoritario de los años cincuenta, sesenta (cuando se anularon las elecciones en la provincia de Buenos Aires porque ganó el peronismo) y setenta, todos del siglo pasado. No obstante, como sugerimos aquí en varias oportunidades, este siglo nos presenta, ya abolida la posibilidad de golpes de estado tradicionales, fraudes y proscripciones, todos a manos de la pertinaz y obstinadamente antidemocrática  derecha conservadora, el llamado golpe blando para deslegitimar el próximo gobierno desde el origen, como advierte uno de sus más famosos escuderos mediáticos.



Para más precisiones sobre nuestras afirmaciones, ver nuestras anteriores notas:
¡Fraude, fraude referí!…. Si no, quemamos todo y empezamos de nuevo.
El fraude del “fraude” que denuncian quienes inventaron el fraude: la derecha argentina.
El golpe contra Scioli-Zannini ya empezó…

 

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