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El “ciclo largo” mundial

Bueno, como se acordarán hace muuucho habíamos prometido replicar el ejercicio que habíamos hecho para el PBI per cápita argentino, repitiendo la metodología del rusito Kondratieff, pero esta vez para una serie mundial de PBI per cápita.

Cumplimos (tarde, pero seguro) y acá les pegamos el primer grafiquito en cuestión. Es nada más y nada menos que el PBI per cápita, sin la tendencia (en base a un modelo aditivo), de los siguientes países: Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Holanda, Noruega, Suecia, Suiza, Reino Unido y USA. El criterio para incluir los países, lo admitimos, fue algo así por sentido común: aquellos países que representaran importancia en el escenario mundial. Sin embargo quedan afuera países como China o la USSR en función de los cambios que ha habido en su conformación territorial. De esta forma, la idea era generar una serie más o menos comparable en el tiempo.

Dados los saltos en algunas de las series (EEUU, Bélgica, Francia, y otros) se procedió a interpolar mediante una tendencia lineal (era el método más sencillo para calcular rápidamente) entre los puntos con datos. En total, había 42 años faltantes en estos países.

Luego se construyó una serie de PBI per cápita total sumando todas las series parciales. A continuación se procedió a “extraer” la componente tendencial, según nuestra metodología “K” (mediante un modelo aditivo) tal y como habíamos explicado acá. Ah, las series son las del viejo Anggus Maddison, disponibles acá.

El resultado de este ejercicio se ve en el siguiente gráfico del PBI per cápita de los principales países (crudo, sin calcular las medias móviles):

 
Debido a las críticas sobre el promedio decenal como componente para asilar el ciclo “medio” presentamos ambos gráficos el “crudo” (sin promedio) y el “suavizado” mediante las medias móviles de 9 períodos (al final del post). Como se ve en ambos gráficos, el promedio no parece variar en más de 3 años los puntos de inflexión en la curva:

 

 Intentemos sistematizar un poco los datos principales del primer gráfico.

 

  • 1820-1852 – Fase descendente – duración: 32 años
  • 1853-1913 – Fase ascendente – duración: 60 años
  • 1914-1946 – Fase descentente- duración: 32 años
  • 1947-1973 – Fase ascendente – duración: 26 años
  • 1974-2006 – Fase descendente- duración: 32 años
  •  

     

    Resulta interesante ver la importante regularidad que se establece en los períodos. Todos oscilan entre los 26 y 32 años. La única excepción es el período descendente comprendido entre 1852 y 1913 que abarca más del doble. En esto quizás influya el hecho de que buena parte de las interpolaciones se tuvieron que hacer en este período, con lo cual quizás se haya afectado un poco los datos.

     

    Pero más allá de eso, lo que se ve es una relativa regularidad que contrasta notablemente con lo que pasaba en la curva correspondiente a Argentina. Y pareciera presentar bastante “correlación” con algunos ciclos políticos “mundiales” (a ver, la memoria puede fallar…):

    Lo interesante sería pensar que la actual crisis se enmarcaría dentro de una fase escentente del ciclo. Aunque daría la sensación que debería estar llegado a su fin, ¿no?

    ¿Qué opinan los lectores y blogueros economistas?

     

    Polarización y elecciones…

    Sirinivasa, Larry y otros han expuesto sus razones con respecto a porque van a apoyar al kirchnerismo en estas elecciones y porque debería apoyarlo el resto de la blogósfera. Los argumentos: nuevo modelo (fiscal y económico), crecimiento, creación de puestos de trabajo, etc. Está muy bien.
    Nosotros vamos a preguntar otra cosa. ¿Dónde se alinearon (hasta ahora) los sectores más postergados de la sociedad? ¿A qué proyecto político apoyaron (hasta ahora)?
    (No, ya sabemos… esto es algo con lo que venimos machacando hace un tiempo, pero nos pareció que si había un momento de “refritarse” y volver a tomar el tema de la polarización era este).
    La metodología es la misma. Cada unidad (542) son los departamentos del país. Calculamos, sobre la base del Censo Nacional de Población y Vivienda 2001, la proporción de hogares con alguna condición de Necesidades Básicas Insatisfechas (para decirlo rápido: los pobres). Para cada departamento calculamos la proporción de votos a Cristina Kirchner. Para construir las categorías se agruparon los valores continuos utilizando el algoritmo de las K-medias, lo cual da como resultado dos categorías en cada variable.

    (click sobre la imagen para ampliar)

    Nada que no hayamos visto en alguno de los otros posts, ¿no? En aquellos departamentos con baja proporción de hogares NBI, se da también un bajo nivel de voto al kircherismo. Lo contrario ocurre en los departamentos con elevada incidencia de la pobreza. Entre estos, en el 74,9% se registra un alto porcentaje de voto a Cristina Kirchner. El coeficiente gamma da un alto valor de asociación (0.854) y una significación también alta, asi es que podemos descansar bastante tranquilos.
    Ya arriesgamos nuestra hipótesis acá, acá, acá y acá en su momento. Aparentemente Laclau acuerda con nosotros. ¿Qué queremos decir? Se entiende (esperamos) que la discusión que proponemos va más allá de la cuestión ¿a quién voto? ¿Qué hago, voto útil o voto por principio? Implica pensar cuales son los alineamientos sociales que se originan detrás de esta elección. Es esa pregunta con la que venimos machacando (casi) desde que abrimos este boliche. Como para ir decidiendo que hacer el domingo…

    Festejar nuestro día es festejar el final de los pequeños relatos (o por lo menos uno de ellos): sobre la centralidad de los trabajadores en la protesta social argentina

    Acto de la CGT, en festejo del 1ro. De Mayo. Discurso de Moyano. Un acto lleno de gente, de trabajadores, de obreros. Muchas banderas, mucha organización, mucho sindicato. Semejante manifestación invita a intentar (re)pensar un poco algunos de los discursos que se vinieron poniendo de moda (al menos) en la academia, en las ciencias sociales (digamos, a partir de fines de los años ’80 aproximadamente).

    Aquel que decía que se acababa la clase obrera, que perdía peso en la estructura social argentina y que, por lo tanto, las organizaciones de los trabajadores, perdían peso en la protesta social, perdían capacidad de negociación y sobre todo: perdían capacidad de convocatoria, de inserción social y de conducir (o al menos de tener un rol relevante en) la protesta social. En su reemplazo aparecían los “nuevos movimientos sociales”, donde los trabajadores y sus organizaciones no tenían relevancia. Se escribieron toneladas de páginas al respecto: títulos como “¿Qué queda del movimiento obrero?” o “La protesta después del movimiento obrero” son ejemplos al respecto, de ese período de la estructura social y la protesta social “post- clase trabajadora”. A nosotros todo lo “post” (salvo los “posts” de los blogósfera, entiéndase) nos trajo dudas…

    En nuestra opinión, este es un discurso que se compraron las ciencias sociales argentinas (y latinoamericanas, por lo menos). Y es un discurso que es cualquier cosa menos inocentes, un discurso que era producido por los organismos de crédito, por cierta intelectualidad del gran capital y que tenía por objetivo debilitar y aislar a los trabajadores y producir el ocultamiento de sus luchas.

    Una disgresión: esto resulta una operación lógica muy común en la construcción de las proposiciones en las ciencias sociales (argentinas, pero suponemos que el razonamiento es extrapolable a otras zonas): suponer que hay un cambio en el estado de un sistema de variables a partir de determinado momento, pero no se tiene referencia al estado anterior de dicho sistema… Se podría formalizar (quizás) esta proposición que planteamos…

    Bueno, un acercamiento empírico a la realidad de la Argentina de los años ’90 (pleno apogeo de la supuesta “desaparición” de la clase trabajadora), desmiente al menos la segunda proposición del discurso dominante.

    Los grafiquitos que subimos más arriba fueron producidos por dos equipos de investigación. El del Programa de Investigación sobre el Movimiento de la Sociedad Argentina (PIMSA), que dirigen Nicolás Iñigo Carrera y María Celia Cotarelo; y el equipo de “Protesta social” del Insituto Gino Germani, dirigido por Félix Schuster.

    Los dos cuantifican la cantidad de protestas producidas en el territorio nacional a partir de datos hemerográficos (básicamente, los principales diarios de circulación nacional). A su vez, los dos partes de marcos teóricos bien distintos. El de PIMSA de una posición de la “teoría de la lucha de clases”, materialismo histórico o como quieran llamarle. El de GEPSAC, de la(s) “teoría(s) de la acción colectiva”, de la “movilización de recursos”, y demás. Con esto queremos mostrar que se ha abordado la realidad desde distintos marcos teóricos, y si es cierto lo que nos enseñaron en Metodología de la investigación I, II y III, esa diferencia debe haber repercutido en la confección de estrategias metodológicas y técnicas distintas. Es decir, se ha abordado la medición de la realidad de dos maneras distintas. Si los resultados coinciden, podemos suponer que la realidad debe aproximarse a esos resultados. Los resultados se confirmarían mutuamente. 

    Fuentes: Iñigo Carrera, N. y Cotarelo, M. C. (2005): “Algunos rasgos de la rebelión en la Argentina 1993-2001”, DT N°49 en PIMSA. Documentos y comunicaciones 2004, Buenos Aires. (Datos de PIMSA) – AA. VV. (2006): “Transformaciones de la protesta social en Argentina 1989-2003. [en línea]. Buenos Aires: Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. (Datos de GESPAC).  

    El resultado más importante que se desprende es el siguiente: las organizaciones sindicales (de cualquier nivel, se entiende, no solo las centrales) son las principales convocantes de las protestas durante el período 1992- 2002: según la fuente que se tome el porcentaje de protestas convocadas por las mismas oscila entre 36,8% y 38,4%. No deja de ser sorprendente la coincidencia de los resultados, ¿no? Digo, sobre todo pensando en las diferencias que expusimos más arriba. Diferencias que quedan expresadas por ejemplo, en la unidad de registro tal y como se observa en el N de las distribuciones: 7.643 protestas (PIMSA) y 3929 protestas (GESPAC).

    Existen dos diferencias en el período considerado. De cualquier forma, es poco probable que esto altere la estructura de la distribución. Intentaremos extender el período de la distribución del PIMSA al año 2002 a partir de la corrección mediante otra variable. La hipótesis, podría ser que se invierta la distribución, es decir que (justamente por ser el año 2002 uno de los momentos de auge de los movimientos de desocupados), sean estas las que adopten un rol preponderante. Esto es cierto, pero solamente para el año 2002, donde los asalariados desocupados protagonizan 807 protestas, mientras que los asalariados ocupados, 702. Pero no para el período general.

    (Para ver como hicimos y no abundar en detalles técnicos que harían un poco denso el asunto… los remitimos a nuestro blog… acá)

    Este dato, simple si uno se lo pone a considerar, es central, a nuestro juicio, al momento de evaluar los cambios en la protesta social argentina en los últimos años. Es una batalla “cultural”, “ideológica”, “téorica” o como la quieran llamar que no debería volver a perderse. El ocultamiento de las luchas de los trabajadores y sus organizaciones debería ser evitado. Algo de esto es lo que se discutió acá y la posición, el discurso “oficial” es auspicioso en este sentido. Como leí en un cartel de Camioneros:  

     “Todo lo que se mueve, se mueve gracias a nosotros”. 

    ¡¡Feliz día, compañeros laburantes!!

    Una vez más sobre los alineamientos… (y pensamos seguir, porque el tema nos gusta, che)

    Vea que interesante: por un lado, Carrió y L. Murphy han perdido apoyo en aquellos departamento donde se concentran los sectores “bajos”: departamentos con alto peso de población con bajo nivel educativo y alto peso de NBI. En realidad, más que “perder” apoyo, lo que han hecho (desde la humilde opinión de este blog) es consolidar una base social “propia”. Digamos, sectores altos y medios. Si se observan las correlacionas en los departamentos con alto peso del nivel educativo alto, puede verse como ambas aumentan entre 2003 y 2007: de 0,6 a 0,7 (L. Murphy) y de 0,6 a 0,65 (Carrió).

    Pero lo más interesante es como se consolida la fuerza que se encuadra bajo el kirchnerismo: de una correlación inexistente entre sus niveles de voto y los departamentos con alta proporción de NBI (0,09), pasa a una correlación sumamente elevada: 0,6. Si bien no podemos comparar el crecimiento en relación al nivel educativo bajo (la correlación computada no es significativa para 2003), si puede verse que en 2007 esta era elevada. A su vez, una correlación negativa entre los departamentos con gran peso de niveles educativos altos y medios.

    Si nos ponemos a relacionar estos datitos con la estrategia electoral del gobierno, como planteó (casi en un haiku) el Escriba… entonces no parece tan loca la posición de los K ¿no? Si nos preguntan y nos apuran a dar una respuesta, diríamos que no se perdío a los sectores medios en la segunda mitad del gobierno. Diríamos que nunca se los tuvo de su lado…

     

    Sigue aca…

    El “ciclo largo” argentino

    Desde el “surgimiento” de la actual crisis mundial nos estuvimos preguntando por cierto ruso que dijo algunas cuestiones respecto a las crisis (en general) y respecto a los ciclos del capitalismo (en particular). Tiene sentido pensar que en momentos de recesión/ crisis/ estancamiento o como sea que se quiera llamar, vuelvan a tener “relevancia” aquellos tipos que pensaron determinados aspectos de las crisis. Cualquier estudiante de economía habrá escuchado hablar de Nicolai Kondratieff. Tuvimos la oportunidad de leer algunos (pocos) de sus textos en un seminario sobre “Teorías sobre los ciclos económicos”.

    Este muñeco “descubrió” que, además de los ciclos “cortos” y “medios” (los famosos ciclos decenales), la “vida económica” se rige por lo que el llamó “ciclos largos” y que luego fueron denominados como “ciclos Kondratieff”. Estos eran fluctuaciones (cíclicas, como es obvio) que tenían una duración de entre 40 y 60 años. (Si a alguien le interesa, acá dejo un link con el único de sus textos de acceso libre que encontré en la web; es una versión resumida de un artículo más largo). Lo que intentaba era lograr una aproximación a los momentos de aceleración y desaceleración en la actividad económica. De ahí que intentara “aislar” la componente cíclica de las series de tiempo que analizó, extrayendo la “tendencia” y las variaciones estacionales. Trabajó con muchas: tasas de interés, de precios, de producción física de hierro, carbón, salarios para varios países.

    A su vez, la idea general es que estos ciclos largos tendrían una correlación clara con algunos ciclos políticos, momentos de grandes conmociones sociales, guerras e incluso con “descubrimientos científicos”.

    Inmediatamente le llovieron las críticas a este muchacho algunas bien fundamentadas y serias y otras definitivamente ideológicas y berretas. No vamos a hacer la historia de esta discusión, pero termina con el pobre Nicolai preso en Siberia y fusilado en 1938 bajo el stalinismo.

    Ahora bien, una de las cuestiones que más le criticaron (hagamos abstracción de cuestiones teóricas más generales que no son el objeto de nuestro post) es el tema de la metodología que utilizó para procesar las series temporales con las que construyó su teoría. Se le acusaba de que los ciclos que descubrió eran en realidad producto de su “manipulación” (suena fuerte, ¿no?) de los datos estadísticos a mano y no de un movimiento real y operante en la economía.

    Sin embargo, y como somos cabezones, nos propusimos el siguiente ejercicio: consigamos una serie correspondiente a la economía argentina lo suficientemente larga y repliquemos la metodología de Kondratieff… a ver que da. Ya sabemos que hay métodos mucho más “modernos” (ARIMA, exponenciales, etc…) pero queríamos probar esto, porque el problema era ver si el problema era que este sneacky fucking russian había toqueteado demasiado los datos.

    (Para no abundar y hacer esto demasiado extenso, la metodología la expuse en el blog… junto con otro grafiquito más)

    Así lo hicimos. Tomamos la serie de PBI Total que construyó Juan Iñigo Carrera, en el libro “La formación económica de la sociedad argentina. Vol 1: la renta de la tierra”, Imago Mundi, 2007, Buenos Aires.

    (Aprovechamos para recomendar dicho libro, el cual, pese a algunas diferencias de enfoque, es un laburo titánico y metodológicamente impecable en la construcción de algo así como 250 series estadísticas económicas argentinas que abarcan desde 1880 hasta 2004… por si fuera poco, agregó un apéndice con todas esas series y con una detallada exposición de la metodología empleada para su construcción, como por si a alguien le da ganas de replicar lo que hizo, ja).

    Replicamos, entonces, la metodología K (como si fuérmos un IndeK…) y he aquí lo que nos dio (presentamos la serie del PBI Total controlando el efecto de la población, lo que sería un PBI per cápita):

    Acá aparecen al menos dos ciclo claramente identificado en 4 fases:

    a) una que abarca desde 1882 hasta alrededor de 1942 y que es de signo claramente descendente,

    b) otra que abarca desde 1942, hasta mediados de los años ’70 (1977), esta constituyendo una fase ascendente

    c) otra que abarca hasta finales de’80 (1987) descendente

    d) una ascendente muy corta que llega hasta fines de los 90 (1997, aproximadamente); ahora bien, queda la pregunta acerca del período post 96-97. Al mirar el gráfico, parece tomar un vuelo ascendente otra vez, pero en tanto los niveles no superan los del último pico los podríamos considerar como parte del mismo ciclo descentente…

    Algunas cuestiones que surgen: primero pareciera que se aceleran estos ciclos largos. El primer ciclo dura 75 años (la fase descendente dura 40, la fase ascendente 35). El segundo ciclo se acorta a algo así como 20 años (la fase descendente dura 11 años y la ascendente otros 10) ¿Puede decirse que a partir de la dictadura se “acabó” la influencia de los ciclos largos –si es que alguna vez la hubo-? ¿O es que la metodología de K es defectuosa?

    Otra cosa interesante es pensar lo siguiente: todos los gobiernos de corte “liberal” parecen extenderse en una fase descendente del ciclo. Hasta la irrupción del GOU (1942) y el peronismo se extiende la primer fase descendente del ciclo. Con el peronismo, desarrollismo e incluso las dictaduras “desarrollistas” (digamos, el onganiato) se extienda la fase ascendente (Si, en el medio está la Libertadora, ya lo sé)… La dictadura liberal del Proceso abre una nueva fase del ciclo descendente. Una vez más, el hecho maldito del peronismo, eso que se ha dado en llamar “menemismo” nos aparece como un “outlier”. De corte netamente liberal, aparece inaugurando una fase ascendente del ciclo (si bien más corta). Aclaremos que la presidencia del Néstor no entra en el cálculo porque estamos trabajando con medias móviles… y nuestra serie, además, llega solo hasta 2004…

    Ahora, todo esto suponiendo que calculamos bien las cosas. Pero nos carcome la duda y pedimos ayuda desesperada (o crítica despiadada) a la comunidad.

    Ah, vamos a intentar hacer algo similar con una serie muy larga del PBI de los principales países “centrales” que descubrimos ayer… Esperamos subirlo a la brevedad. Quizás hubiese sido mejor empezar por esa, pero bueh…

    ¿Se va a acabar la “burocracia” sindical?

    Marcamos los tantos, para que después no nos digan “burócratas”: una cosa es que aparezca la CTA como una nueva central. Otra distinta es que aparezcan 14 centrales sindicales y miles de sindicatos paralelos. Y otra MUY distinta, es que aparezcan sindicatos patronales o del estilo “Barrionuevo”.

    El problema político general es si la “libertad sindical”… no. Mejor digamos, “democracia gremial”, se logra sobre la base de una especie de apertura del mercado sindical (como si efectivamente fuera igual la lógica del “mercado de mercancías” o a la del “mercado electoral”). O si la mejor forma es dando la pelea desde donde se supone que debería darse esa democracia… las bases.

    Ahora bien, el supuesto que está por detrás de toda nuestra argumentación es el siguiente: el movimiento obrero organizado sindicalmente argentino tiene un elevado grado de centralización (característica que es su differentia específica en relación a otros en América Latina). Este centralismo le ha dado una efectividad enorme en la lucha gremial a lo largo de su historia e incluso en su historia reciente, y por “historia reciente” estamos diciendo los años ‘90 (no vamos a insistir sobre esto, sabemos que es un punto álgido del “teorema”, pero lo dejamos para otro momento).

    Sin embargo, más allá de la propia lucha y las dinámicas del conflicto gremial. Nos interesa preguntarnos aquí cómo funciona la “etapa posterior” al conflicto: la de la negociación (eso que uno podría pensar como una de las resultantes del conflicto).

    Vamos a usar unos datitos de un informe del Observatorio de Derecho Social de la CTA, donde cuantifican algunas variables referidas a los convenios colectivos firmados entre 1991 y 2007. Lo pueden bajar de acá.

    Les dejamos los gráficos acá (para no andar cargando demasiado el post, además de que nos anda muy lenta la conexión en nuestro trabajo como para subir imágenes).

    Lo primero que surge del primer grafiquito que armamos, es el incremento del total de convenios colectivos firmados a lo largo del período considerado: pasan de 5 en 1991 a 98 en el 2007.

    Además, puede verse como durante los años ’90 se incrementan los convenios por empresa y tienden a disminuir aquellos convenios por actividad. Esta tendencia parece cambiar hacia el 2003. En ese punto vemos como los convencios por actividad tienden a incrementarse (con la excepción de 2007) a un ritmo mucho más rápido que los convenios por empresa: entre 2003 y 2007 los primeros se incrementan un 63%, mientras que los segundos disminuyen un 39%.

     

     

    Con respecto a la evolución de la distribución porcentual de los convenios puede verse que:

    a) durante todo el período se registra un predominio del convenio por empresa (con algunas excepciones, pero durante esos años, los convenios por empresa agrupan más de la mitad de los convenios firmados)

     

    b) si bien se mantiene ese predominio, puede verse como desde 2003, la participación de los convenios por actividad ha ido creciendo desde un 14.7% en 2003, hasta un 31.6% en 2007.

    Entonces: pareciera que en la dinámica de negociación colectiva (remarcamos que no, o al menos no necesariamente, en la lucha) existe cierta tendencia hacia la “fragmentación”: los convenios se firman predominantemente por empresa. Con lo cual, llegado el caso, la medida de la Corte estaría “reconociendo” una situación de hecho. Pero, a la vez, no deja de ser importante que esta posibilidad se abra en un momento en que la tendencia parece ir hacia el incremento de la negociación por rama.

    La pregunta (que obviamente no logramos responder) es ¿como afectaría una apertura masiva de las organizaciones gremiales a la capacidad de negociación y más importante todavía, de movilización del movimiento obrero, en este contexto?

    Pensando en los alinemientos (después de la tormenta)

    Suele decirse que las derrotas son pedagógicas, porque implican la constante repregunta y reflexión acerca de la propia práctica (en este caso) política.

    Hace rato que venimos pensando la siguiente afirmación: el conflicto con el campo es el hecho político más relevante que vive la Argentina desde diciembre de 2001. ¿Por qué? A nuestro juicio arriesgamos tres rasgos:

     

    1. es la primera “crisis” política que vive el partido en el gobierno desde 2003
    2. se ha producido un escenario de polarización política y social sumamente elevado, lo cual como consecuencia
    3. ha traído consigo un alto grado de movilización social en ambos “bandos”

    De ahí que sea necesario intentar conocer sus determinaciones de la forma más acabada posible. ¿Cuáles son las fuerzas que se enfrentan? ¿De que forma se componen social y políticamente? ¿Estas fuerzas tienen carácter coyuntural o se constituirán en potenciales oponentes para disputarse el poder de gobierno (cabe aclarar que lo que planteamos, no supone de forma necesaria un escenario de violencia o choques callejeros, sino que podría procesarse a través del sistema institucional)?

    Ya habíamos planteado acá y acá, algunas cuestiones referidas al problema de los alineamientos sociales y políticos en la Argentina “actual”. Todos estos problemas surgen (al menos así nos surgieron a nosotros) en relación a la emergencia de un movimiento de oposición al gobierno de una magnitud impensada hacia fines del año pasado: el conflicto agrario. Ya deliramos un poco al respecto acá y acá.

    Lo que vamos a intentar ahora es relacionar esos resultados electorales de forma “directa” con el conflicto agrario. Vamos a intentar correlacionar la presencia de cortes de ruta realizados en el marco del conflicto del campo y el voto a Cristina Kirchner. La idea es explorar en que medida el conflicto con el campo estaría vinculado a las fuerzas que sustentaron a cada uno de los candidatos. O planteado en otros términos: en que medida la disposición de fuerzas sociales que se dio en las elecciones de 2007 se estaría “reproduciendo” en el conflicto con el campo. Planteado en forma de hipótesis: el conflicto agrario está reproduciendo la disposición de fuerzas sociales que se dio en octubre de 2007.

    Mostramos, entonces el siguiente gráfico y su correspondiente gráfico:

     

     

     

     

    Utilizando estos indicadores resulta mucho más clara la asociación que planteábamos. A medida que aumenta el voto a Cristina Kirchner, disminuye la proporción de departamentos que presentan cortes de ruta. Así entre los departamentos de nivel alto de voto a Cristina apenas el 5,1% presentaron cortes de ruta. Esta proporción aumenta al 32% entre aquellos departamentos con nivel medio de voto a Cristina K. Ahora, entre los departamentos con menores niveles de voto al gobierno en 2007, la proporción de cortes es sumamente superior, llegando a 53%.

    Estos valores son estadísticamente significativos a un nivel de significación de p=0,0001. Chi cuadrado da un valor de 73, razón por la cual se rechaza la hipótesis nula. Visto desde algunos coeficientes de asociación, se observan valores que muestran la existencia de asociación, y que resultan también estadísticamente significativos: V de Cramer = 0,401; Gama = -6,96. Este último resulta interesante porque al ser un coeficiente no simétrico, está indicando la presencia de una relación negativa entre las dos variables.

    Conclusiones provisorias: como de costumbre, pecamos de cautelosos. No nos gusta irnos a boquear más allá de los datos. Pero cada vez estamos más envalentonados con la idea de que estamos arribando a un escenario de polarización social y política. Estos datos y estos parecen ir a la idea de que en las elecciones de 2007 se fueron conformando dos alineamientos sociales y políticos de carácter y con un contenido social “contrapuesto”. Por un lado: el gobierno, sectores “populares” y fracciones de clase media (y obviamente, algunos otros sectores que por cuestiones “técnico- metodológicas” no llegamos a captar). Por otro, el “campo” (recordemos esto y esto: medianos productores altamente capitalizados, junto con grandes productores, principalmente sojeros), la oposición política al gobierno, fracciones de clases altas y media (y otros sectores que no logramos captar).

    A su vez, los datos que presentamos acá parecen mostrar que estos alineamientos parecen estar reproduciéndose (al menos de manera parcial) en el conflicto con el agro. Es decir que las dos fuerzas sociales que se enfrentaron en octubre de 2007, vuelven a protagonizar otro enfrentamiento, ahora ya no en el terreno electoral sino en la calle. Ahora bien, un escenario de polarización no implica necesariamente una resolución violenta del conflicto ni un golpe de estado. Habrá que ver que pasa.

    Como de costumbre, si quieren ver con más detalle los cuadros y algunas cuestiones metodológicas, pasen por acá.

    Pensando en los alineamientos (II)

    Habíamos planteado hace poco una serie de interrogantes acerca de los alineamientos en la sociedad argentina, acerca de su forma, acerca de las fracciones sociales que agrupaban. Habíamos decidido, además, constituir un observable “privilegiado”: los resultados electorales, considerados estos, como uno de los escenarios donde la disputa entre esos alineamientos (es decir, entre esas fuerzas sociales que se constituyen como alineamientos) se dirimía. No el único, quizás no el más importante… pero uno de ellos.

    Seguimos, entonces, ahora con el segundo punto de nuestro “programejo de investigación“, seguimos con la dama de hierro, la dama constructora de tipos ideales y dadora de cátedras diversas: Elisa Carrió. Vamos a utilizar los mismos indicadores: proporción de hogares NBI y nivel educativo de la población mayor de 18 años en los departamentos de todo el país.

    Una vez más, dada la extensión de los gráficos los hemos colocado aca…

    Si arriesgamos (ahora un poco más envalentonados) nuestra segunda hipótesis de trabajo: Elisa Carrió, o mejor dicho, la fuerza social cuya expresión política encarna Elisa Carrió, parece estar aglutinando (al menos electoralmente) a sectores de los estratos medios y altos de la sociedad: los menos pobres y los más educados. De cualquier forma, el “liderazgo” de Elisa Carrió como dirigente de una fuerza social “opositora” es bastante más discutible. Somos conscientes de este punto. Pero por ahora, no nos animamos a decir más que esto.

    Además, les incluimos un cuadrito resumen de los indicadores principales y sus correlaciones (medidas a través del coeficiente R de Pearson):

     

    Como ven, las correlaciones entre NBI y nivel educativo bajo tienen signo positivo y valores elevados para el voto a Cristina Kirchner. En cambio, para la proporción de votos a Elisa Carrió tienen signo negativo y valores también elevados.

    Pensando en los alineamientos…

    Hace mucho que tratamos de descular algunas cuestiones referidas a la base social del kirchnerismo. ¿A qué sectores representa? ¿Sobre cuáles se sustenta? Momentos de polarización social y política como los que parecen ir configurándose en el escenario actual parecen propicios para intentar este tipo de análisis. En un momento de “conflicto” ¿quiénes son los que se alinean con el kirchnerismo?

    El Escriba ha sido contundente: hay un nuevo sujeto social y no es el agrario. A su vez, Hal lo niega rotundamente. La del Escriba es una idea sumamente atractiva. No tanto por lo de “nuevo” (somos partidarios de usar conceptos más “clásicos”) sino porque ahí está implícita la cuestión acerca de los alineamientos sociales y políticos en la Argentina actual. Eso es, creemos, lo que Hal le cuestiona. Implica preguntarse cuáles son las alianzas sociales vigentes en el aquí y ahora. Esa era la pregunta que nos estaba faltando. Ahora, ¿cómo abordar la cuestión? ¿Como construir observables de este problema? Desde nuestra perspectiva el más importante lo dejamos planteado en el párrafo anterior: el conflicto social. ¿Cuáles son los conflictos que atraviesan la estructura social argentina? ¿Cómo se ubican los distintos sujetos y fracciones sociales en relación a estos conflictos? Ahora bien, estos interrogantes están, por ahora, fuera de nuestro alcance.

    Es así, con esta óptica, que encaramos el análisis de los datos de las elecciones de 2007. Es decir, con los datitos que vamos a presentar no estamos intentando establecer “determinantes” de la conducta electoral de los individuos. El objetivo, entonces, no es explicar una conducta o comportamiento “individual” (el voto) a través de factores “socioeconómicos” o “demográficos”, como hace la investigación electoral “clásica”. El interrogante es otro: ¿cómo se disponen las alianzas sociales en la Argentina de hoy? Tomamos como un indicador de esa disposición los resultados electorales.

    Los resultados provisorios de nuestros observables, parecen dar suficientes elementos como para plantear la siguiente hipótesis (remarcamos lo de hipótesis) de trabajo: el kirchnerismo, entonces, o mejor dicho, la fuerza social cuya expresión política encarna el kirchnerismo, parece estar aglutinando (al menos electoralmente) a sectores de los estratos más bajos de la sociedad: los más pobres y los menos educados.

     

    Para ver un desarrollo más pormenorizado del asunto y los datos sobre los cuales nos basamos para plantear semejante enunciado están acá… (no los incluí en este post para no hacerlo demasiado extenso)

    La rebelión de los patrones

    Terminó el acto en Rosario. Mucha gente. Discursos muy duros de las entidades gremiales. Y otra vez la autoidentificación por parte de Bussi y De Angelis como “pequeños productores”.

    Ya intentamos una primera aproximación al problema en el post anterior, que generó un fructífero diálogo con Andy Tow. Muchas observaciones nos parecieron atinadas y estamos trabajando en ellas.

    La idea era desestimar un poco la idea de que los “pequeños productores” constituían algo así como las fracciones sociales correspondientes a la “pobreza rural”. Criticábamos el uso puramente descriptivo del concepto y sus ambigüedades operacionales y teóricas.

    Otra variable importante en términos conceptuales y que hace al nivel y tipo de capitalización de una unidad productiva agropecuaria es el tipo de fuerza de trabajo que utiliza. En términos generales pueden dividirse dos tipos polares: familiar y asalariada. Cuanto mayor es la proporción de fuerza de trabajo asalariada, más probable será que nos encontremos ante una explotación con un nivel relativamente elevado de capitalización.  

    Parece evidenciarse que los departamentos de la región pampeana que mayor presencia de cortes de ruta muestran son aquellos que tienen un alto índice de mecanización, y al mismo tiempo, aquellos que presentan altos niveles de asalarización de la fuerza de trabajo ocupada en las explotaciones del departamento.

    Una vez más, los datos agregados a nivel departamento permiten dar sustento empírico a la siguiente hipótesis (al menos en la región pampeana, que es de la que hablamos acá): en los cortes producidos en la región pampeana parecen predominar aquellas fracciones sociales agrarias que tienden a corresponder a productores altamente capitalizados y con utilización relativamente elevada de fuerza de trabajo asalariada y no a “pequeños productores”, vulnerables y puramente familiares.

     Para ver los datos, click acá

    La rebelión de las máquinas (acerca del conflicto del campo)

    Inauguro mi participación en esta comunidad a través de un intento de caracterización de algunos de los sujetos que protagonizan las protestas del campo.

    Por casualidad descubrimos el blog de Andy Tow quién propone un análisis de los cortes de ruta a nivel de departamento y basado en tres variables básicas: a) desigualdad en la distribución de la tierra (medida a través del índice de Gini); b) tamaño de las explotaciones.

    Uno de los resultados principales a los que arriba es que los cortes de ruta se hallan asociados (de forma estadísticamente significativa) a una distribución igualitaria de la tierra (medida a través el índice de Gini). A su vez como el Gini se encuentra asociado al tamaño de la explotación, concluye que la protesta está protagonizada por los pequeños y medianos productores.

    La sociología agraria ha debatido largamente sobre la utilidad de la superficie de una explotación como (principal) indicador válido para la construcción de tipologías de explotaciones. El concepto de “pequeño productor” lisa y llanamente, tiene un carácter ambiguo dado que no permite especificar de forma clara cuáles son los criterios sobre los cuales se construye. En efecto, un pequeño productor… ¿en función de qué? ¿Del tamaño de su explotación? ¿Del valor bruto de su producción? ¿De su inversión de capital y/ o de las posibilidades de reproducción de ese capital? ¿Del tipo, forma y cantidad de fuerza de trabajo que utiliza?

    La consecuencia lógica de esta ambigüedad es se terminan asimilando bajo una misma categoría a fracciones sociales y agentes económicos sumamente diversos entre si: desde productores familiares pobres y “semi- proletarizados” (que se ven obligados a trabajar fuera del predio) hasta productores capitalizados que contratan personal. Pasando por productores tipo “farmer” altamente capitalizados pero con fuerza de trabajo familiar y muchas otras situaciones intermedias.

    Para resumir: el hecho de tener explotaciones “pequeñas” y/ o “medianas” en términos de superficie no implican (por sí mismas y necesariamente) producciones “pequeñas” y “medianas”, y/ o inversiones de capital “pequeñas” o “medianas”, o un nivel de acumulación “bajo” o “medio”. De todas estas variables que faltan incorporar, nos centraremos en la “inversión de capital”.

    En este breve trabajo nos referiremos solamente a cuatro provincias de la región pampeana: Entre Ríos, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fé. Este recorte (que no está exento de problemas) tiene asidero en dos criterios que consideramos razonables: a) estas provincias parece ser las que concentran la mayor parte de los cortes de ruta; b) en tanto se trata de una región con una estructura agraria relativamente homogénea, es menos riesgoso trabajar con datos agregados que si se incorporaran al análisis otras regiones con estructuras más disimiles.

    Una primera aproximación a este problema puede obtenerse a partir de los datos de existencia de maquinaria a nivel departamento, presentes en el Censo Nacional Agropecuario 2002…

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