Adiós anticipado al cine arte
Pablo O. Scholz,clarin.com

La escena es un restaurante de un hotel de lujo, a fines de 2009, en Buenos Aires. El secreto de sus ojos se había convertido en la más taquillera del año, incluyendo los tanques de Hollywood, y unos exhibidores están sentados a la mesa con el distribuidor independiente argentino del filme de Juan José Campanella.

“Te quiero decir algo -comenzó uno de los comensales que invitó-, éste es un almuerzo con el que te agradecemos habernos traído este película, pero fue un pésimo negocio desde el punto de vista del Candy bar. La gente que vino a verla no come pochoclo y no toma Coca Cola.”

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