Álvaro García Linera: «Perder a Evo Morales sería un suicidio político»

Inseparable compañero de Evo Morales durante los últimos 12 años, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera (Cochabamba, 1962), no buscará una nueva reelección en 2019, pero cree que es imprescindible que lo haga Morales, cuya capacidad para «unificar a los subalternos» -dice- no puede perderse «por apego muerto a la palabra institucional de la democracia representativa».
-Dice que no hay contradicción entre el resultado del referéndum de 2016, que no autorizó otra reelección del presidente, y el reciente fallo del Tribunal Constitucional, que sí la autorizó. ¿Cuál es su argumento?
-En 2015 se planteó modificar un artículo de la Constitución, el 168, que establece un límite a la reelección de un candidato presidencial. El procedimiento constitucional exige que la Asamblea Legislativa plantee un proyecto de ley para modificar este artículo y se vaya a un referéndum, que se organizó en 2016. Por un mínimo margen, la gente dijo que no. Un año y medio después surgió otra iniciativa de la bancada mayoritaria que ya no toca el artículo 168, sino que plantea que no se pueden establecer límites al derecho político que tienen las personas de participar en elecciones. La Constitución establece la primacía de los acuerdos internacionales por sobre ella misma. Entonces, se planteó que no deberían establecerse límites para que una persona se candidatee, en cumplimiento el Pacto de San José sobre derechos humanos. Y el tribunal, que es el único intérprete de la Constitución, estableció que era correcto. Varias autoridades actuales, entre ellas el presidente, si quieren candidatearse de nuevo, pueden hacerlo. De esta manera, se igualó la situación boliviana con lo que establecen otras constituciones del mundo, como la de Alemania o la de España.
-Como teórico social, usted ha planteado una polaridad entre un «poder constituyente», que es el poder de la gente de rehacer la sociedad, y un «poder constituido», que es el aparato normativo y la institucionalidad establecida. ¿No ve una contradicción -con la primacía que le asignaba al poder constituyente?
-No. El poder constituyente fue la sublevación de la gente, en 2001, 2003, 2005, que se expresó en la votación por Evo, por un indio, algo inédito. Las clases dominantes están en el poder porque pueden ejercer un mando unificado y articulan en torno a este a las clases subalternas, que por definición son fragmentadas. Una revolución es cuando los subalternos se unifican. Lo interesante es que quien le da cuerpo visible a la unificación es Evo. Uno como ellos, de su misma sangre y color… La pregunta que se hace un revolucionario es: aquel símbolo de la constitución de lo popular, aquel símbolo que expresa la ruptura de la subalternidad, ¿por qué dejarlo ir? ¿Por qué ahora? Si uno se apegara estrictamente a las formas institucionales, correspondería. Pero si se apega al núcleo ígneo de lo popular en movimiento, es un gran error perder aquello que se logra solo cada 100 o 200 años.En otras palabras: la lógica del poder constituyente sigue prevaleciendo en su candidatura, porque Evo personifica la unificación de lo popular.
-¿Esto se dará mientras Morales viva?
-Ojo, no fue algo que hayamos buscado. Lo ideal es una renovación generacional y colectiva de estos liderazgos fuertes. Pero, por la adversidad en que ha nacido nuestro poder, en estos diez años no nos hemos preocupado del asunto. Ahora tenemos siete años para eso.
-Las encuestas lo señalan como el mejor candidato oficialista después de Evo. ¿Es una renuncia?
No. Simplemente una reafirmación de mi ser individual e intelectual. Yo he peleado para que los indios lleguen al poder. No para que Álvaro García Linera lo haga, porque no es indio. Nunca ha querido disfrazarse. Él sabe cuál es su condición social. No hay una renuncia personal. Sería una especie de traición a mi ser revolucionario asumir un cargo presidencial.
-Sus rivales son partidarios de las reglas y por eso han dicho que después del fallo el país entró en un momento no democrático. Algunos incluso hablan de «dictadura», «totalitarismo».
-La mayor parte ni siquiera ha leído la primera página del libro de Hannah Arendt sobre el tema (Los orígenes del totalitarismo). Usan la palabra como un cliché que no entienden. Otros tienen un apego meramente procedimental a lo democrático, como enseñan Norberto Bobbio y Giovanni Sartori. Nosotros siempre hemos reivindicado la democracia como algo más, como la igualdad de las oportunidades de las personas para decidir y participar en los asuntos comunes. Me encanta la definición de Jacques Rancière: «Hay democracia cuando los que se considera que son incapaces de ejercer los cargos son quienes los ejercen». Es fantástica. Por esto digo: ¡cómo los subalternos van a dejar escapar su símbolo de unificación! Sería un suicidio político. El subalterno pasa el 98% de su historia fragmentado. Sería una locura, cuando vive el 2% unificado, que lo deje pasar por un mero apego muerto a la palabra institucional de la democracia representativa.

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