Aprendizajes

El ministerio de Hacienda subió el jueves a su página web los datos del déficit fiscal de junio: duplicó el resultado de igual mes del año pasado, y superó los 45 mil millones de pesos. La información recién estuvo disponible después de las 20, por lo que algunos diarios no alcanzaron a publicarla. A la hora del cierre, una experimentada periodista económica lo explicó así: “Están aprendiendo”.
El ministro Prat Gay ratificó la meta del 4,8 de déficit para este año, por lo que la preocupación no parece ser el gasto, sino la inflación y el nivel de actividad. El IPC de junio estuvo por debajo de la expectativa que había generado el gobierno y marcó 3,1%, con una fuerte incidencia en alimentos. La consultora Ferreres estimó que la actividad económica cayó el mes pasado un 3,1%, y cerró el primer semestre con una baja de 1,1%. Abundan las versiones sobre un deterioro de la relación entre y con el equipo económico y no pasa un día sin que en Hacienda recuerden que el control de la inflación –y la actividad afectada por las altas tasas– es responsabilidad del titular del Banco Central.
Se podrá argumentar que todo pertenece a los primeros seis meses del año, que han sido presentados como el pasaje más difícil de gobierno. Pero los datos ya están permeando el tercer trimestre -el Fondo corrigió a la baja otro medio punto su pronóstico de caída de actividad para 2016- y conspiran contra lo que Marcos Peña denomina en las reuniones de coordinación como el proceso de “refuerzo de creencias”. Para el jefe de Gabinete, que el gobierno pueda mostrar un índice de inflación con una clara tendencia a la baja hacia la segunda parte del año refuerza la credibilidad en la palabra del presidente, que se ha comprometido personalmente con ese objetivo. Hay otros indicadores que podrían lesionar las promesas de Mauricio Macri, como el ingreso masivo de inversiones, pero ninguno como la inflación.
Los números conspiran contra lo que Marcos Peña denomina en las reuniones de coordinación el proceso de “refuerzo de creencias”.
El gobierno se ha mostrado ligeramente más cerrado en las últimas semanas. No se trata de que los funcionarios no atiendan las consultas de la prensa, como ocurría en los largos años del kirchnerismo, pero sin duda se muestran menos locuaces. Ya no exageran las expectativas sobre una recuperación vertiginosa de la actividad y van economizando en el discurso: aquí también, como ha confesado Aranguren, manda la lógica del aprendizaje.
La larga saga de entrevistas televisivas que brindó esta semana el presidente actuó como un reseteo y ordenador en el mensaje. En ese recorrido buscó dar por cerrada una etapa: “Lo peor ya pasó”, les dijo a los periodistas. Macri sigue siendo el principal activo de su gobierno: conserva una imagen positiva del 55%, 7 u 8 puntos por encima de la evaluación global de su gestión, según el consultor Hugo Haime. La mirada contradice la propagandizada fórmula de “trabajo en equipo”.
Con Fantino. Raid mediático y reseteo
Las mejores noticias para Macri siguen estando fuera del palacio. Los gremios peronistas hicieron el jueves otro ensayo en dirección hacia la unidad, un objetivo que les viene demandando esfuerzos desde que empezó el año. Ratificaron el proyecto de designar una conducción colegiada, de tres miembros –como lo hicieron a comienzos de la etapa kirchnerista– integrada por el moyanista, Juan Carlos Schmid, de la poderosa federación de transporte, el barrionuevista Carlos Acuña, de estaciones de servicio, y Héctor Daer, diputado del massismo, del gremio de sanidad. El triunvirato sería consagrado en el congreso del 22 de agosto. Si como trascendió había voluntad de emitir un documento crítico de la situación económica –los encargados de redactarlo eran Schmid y Daer– la decisión se postergó hasta el plenario del martes 5 de agosto. Hasta ahora los gremios sólo han hecho promesas de endurecimiento. El empleo en negro habría alcanzado el nivel histórico del 35%, según cifras que se manejan empresarios y sindicatos, lo que estaría traduciendo una pérdida de 169 mil puestos de trabajo formales. Ya nadie recuerda que los gremios fueron los principales lobistas de la aprobación en el Congreso de la ley antidespidos. El acuerdo alcanzado a comienzos del mes para la recuperación progresiva de los fondos de las obras sociales retenidos por el Estado –una esclusa que manejaba el kirchnerismo para disciplinar al movimiento obrero– ha sido un eficaz disuasivo. La paz social tiene un precio: 29.000 millones de pesos.
El gobierno juega a los dados, pero nadie da cifras del blanqueo: “Será poco en términos de recaudación, pero puede ser importante en recursos”.
El viernes, un mes después de su aprobación, empezará a regir el blanqueo, que podría despejar en parte la secuencia de resultados negativos. El gobierno juega a los dados, pero nadie quiere dar cifras. “Será poco en términos de recaudación, pero puede ser importante en recursos”, dice una fuente de Hacienda por el atractivo del bono corto, a 3 años, sin penalidades.
Un CEO de una compañía importante sinceró en estos días sus expectativas frente a un senador peronista: el rumbo se define a finales de año y dependerá de si hay o no reactivación. Para un exsenador radical, que integra las mesas de debate del oficialismo, ese destino se juega en las elecciones legislativas de 2017. “Miradas hoy, pueden ser tanto las de Alfonsín del ‘85, las del éxito del Plan Austral, como las del ‘87”. Esperanza o derrumbe.

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