Debate presidencial: construyendo al ganador

* Extracto del capítulo «Octubre» de «Cambiamos», de Hernán Iglesias Illia
(…) DOMINGO 4
Vuelvo a casa después del debate presidencial, (…) con la cabeza llena de ideas pero las pestañas cansadas y los brazos caídos por tanto trabajo el fin de semana y por el derrumbe natural posterior a tantas horas de excitación. Quiero irme a dormir, porque mañana tenemos desayuno de campaña («Acá nadie se toma el día», dijo Miguel de Godoy hace un rato en nuestro camarín del debate, en el Salón Azul de la Facultad de Derecho), pero también quiero dejar mis impresiones (…) Si quiero dejar mis impresiones, lo primero que tengo que decir es que el debate salió bien para nosotros y para los organizadores: para nosotros porque, según la teoría tradicional del análisis político, sólo teníamos margen para perder y no perdimos nada, ni imagen ni votos, y probablemente recuperamos algo de ambos; y para los organizadores porque después de las idas y venidas de las últimas semanas, de la renuncia de Scioli y la huida de los principales canales de TV, el espectáculo fue institucional y solemne pero también glamoroso y razonablemente televisivo. No fue un debate «divertido», porque no hubo intercambios libres entre los candidatos y porque el tono general fue más de cordialidad que de sarcasmo o agresión; pero fue sin dudas un paso importante para la historia democrática argentina, porque creo que en las próximas elecciones presidenciales habrá debate y habrá un costo político para quien se niegue a participar.
Es probable que Scioli hoy no haya perdido votos, pero también es probable que algunos que habían estado pensando en votarlo quizás ahora no lo hagan; y también es probable que la narrativa de la campaña, que Scioli lleva varios días sin controlar, todavía se le escape al menos dos o tres días más.
Las cosas salieron más o menos como las habíamos pensado y como las volvimos a ensayar esta tarde en Parque Patricios. El objetivo principal, que era evitar una comparación entre Macri y Massa como si fueran pares y como si se estuvieran disputando el segundo lugar en las elecciones, se consiguió. A eso le teníamos miedo (…): que la ausencia de Scioli dejara a Mauricio demasiado lejos de los ganadores y demasiado cerca en el escenario de los que compiten por el honor. Eso no parece haber ocurrido. El círculo rojo (…) -empresarios, periodistas, académicos, diplomáticos, políticos-, estaba tan enamorado de la mera existencia del debate, y tan ofendido por la ausencia del candidato oficialista, que se guardó los colmillos para otro momento, nos bañó de agradecimiento por haber ido y se cuidó de hacer análisis excesivamente calculadores. (…)
El trabajo de preparación fue muy útil. Adivinamos, por ejemplo, varias de las preguntas que le hicieron a MM los otros candidatos. Sabíamos que Margarita Stolbizer iba a decir que Cambiemos y el FPV son moralmente indistinguibles, ambos frentes igual de corruptos, y eso fue lo que hizo: «¿Con el caso Niembro hacen lo mismo que Cristina con Báez?», preguntó. Sabíamos, aunque con menos certeza, que Massa también iba a hacer pie en la corrupción, y teníamos una respuesta genérica, que usó Mauricio sin problemas. Sabíamos que Del Caño iba a hacer alguna referencia a los derechos humanos, quizás a la represión en el Borda de hace unos años (no lo hizo) o algo relacionado con la dictadura (sí lo hizo). (…)
Vi el debate desde una de las plateas laterales, reservadas a los equipos de campaña, chequeando Twitter cada dos minutos y disfrutando de la atmósfera del momento, que era más eléctrica de lo que había esperado. Lo sentí cuando llegué, en el hall de entrada, (…) con algunos de los otros invitados y algunos de los organizadores, todos contentos por estar ahí y todos contentos, imaginé, de jugar al juego de la política blanca como si estuviéramos en otro país, sin la amenaza ominosa del kirchnerismo, que se ríe de estos juegos y por eso no quiere que los juegue nadie. Ahí me di cuenta de que hicimos bien en ir al debate y que nuestra presencia puede traernos beneficios que no habíamos calculado. (…)
Cierro esta entrada, ya bastante más larga de lo que debería, con una mención para Jaime Durán Barba, que hace una semana creía que era una mala idea que Mauricio participara de un debate sin Daniel Scioli, pero que en estos días aportó una mirada estratégica y mostró una claridad conceptual imprescindibles para el resultado final. A veces es difícil juzgar las estrategias de campaña, porque ni siquiera los resultados finales, sometidos a decenas de efectos que los empujan hacia un lado o hacia el otro, son una buena vara para hacerlo. Yo en general creo en las cosas que dice Jaime y me siento cómodo trabajando debajo de sus paraguas estratégicos. Me gustan sus ideas principales -el nuevo elector, la investigación, la rebeldía conceptual- y cómo las lleva a cabo. (…) Con el debate pasó para mí algo nuevo con Jaime: lo vi trabajar en un entorno acotado, de reglas fijas, y lo vi hacer y decir cosas que tuvieron un efecto inmediato y medible en el trabajo que veníamos haciendo (…) Ayer, Jaime nos mandó un documento -un aide mémoire, donde sintetizaba sus sensaciones (…)
El debate no se trata de ganarle a alguien la discusión, enfurecerlo o hacerle quedar mal, escribía Jaime. «En América Latina con los debates no se ganan votos. Se posicionan temas o personas», agregaba. «Está Massa: no puede verse como el rival de Mauricio. Es un tema de posicionamiento». Después recordaba que el público del debate no eran ni los moderadores ni los otros candidatos ni las 500 personas del microclima político sentadas en el Aula Magna. El público, como siempre, es la gente sentada en su casa, que en este caso tiene, según Jaime, dos particularidades: «1. Generalmente no son muchos 2. Tienen posiciones ya defi nidas». Otro tema muy de Jaime es generar conversación: «Van a conversar sobre el debate si algo les parece interesante. Para eso hay que hacer algo interesante Es difícil que un joven se entusiasme y vaya a sus amigos a decirles que un candidato dijo que va a construir 327 escuelas y otro que combatirá la delincuencia. (…) Sobre el escenario, Jaime escribe: «El debate es una pieza de teatro en la que hay que tener bien definidos los perfiles de los personajes». La versión de la obra que preparamos era presentar a Mauricio como el candidato que está seguro de sí mismo, que cree que va a ganar, que respeta a los presentes y toma nota de sus ideas para gobernar. «No está en un debate frente a Massa y algunos acompañantes menores. Está debatiendo democráticamente con varios candidatos, todos igualmente respetables, que aportan a la democracia participando, pero que no estarán en la segunda vuelta». Y acá una parte que me parece muy importante y que MM cumplió a la perfección: «Es el hermano mayor que no se enfurece nunca, que ve con curiosidad las rabietas de los menores y a veces les reta amistosamente Debe proyectar una superioridad que no caiga en la pedantería». ¿Cómo trata este personaje a los candidatos? Como a otros personajes. Massa es un «joven con futuro que no está maduro para competir en una presidencial»; Margarita es «una mujer con principios, que ha luchado toda su vida por ideas en muchas de las cuales estamos de acuerdo»; Del Caño es «un joven que defiende la justicia social»; y el Adolfo es «una buena persona» y San Luis es «un ejemplo de cómo administrar una provincia de manera eficiente». Ninguna de estas descripciones estaban ahí para ser pronunciadas sino para que MM se hiciera un mapa mental de cómo debía transformarse él en personaje y cómo debía tratar a los otros personajes. A algunos les sorprendió la cordialidad de Macri, especialmente en su pregunta a Massa, a quien le pidió que desarrollara su propuesta sobre jubilados. Después del debate, muchos me preguntaron eso: ¿por qué no aprovechó Macri la oportunidad para sacudir a Massa? Porque, respondía, no estaba en la estrategia ni creíamos que fuera una buena idea (…) Vuelvo al documento de Jaime. ¿Qué hacemos si alguien lo ataca o pide explicaciones sobre denuncias de corrupción? «No entremos en detalles», escribe Durán. «Nadie los entiende y cuando se explica se confunde a la gente. Lo que refuta el ataque es la actitud del candidato: tranquilidad, solvencia». El texto cierra con una serie de anotaciones generales, la primera de las cuales es algo que Jaime (y otros consultores) dicen siempre: «El debate se VE, no se oye. MM tiene una sonrisa y un rostro atractivos cuando está en buena onda. Pero puede dar miedo cuando se enfurece». Interesan sobre todo los dos extremos del debate: el principio, que tiene más rating y lo ven más los electores; y el final, que deja la imagen más fuerte en los periodistas. Creo que el buen cierre de MM, que tuvo una segunda mitad muy buena, influyó para que los periodistas estén diciendo ahora que le fue tan bien. Se despide Jaime insistiendo en que pensemos algo distinto, original, no relacionado con políticas públicas ni propuestas: «En ningún país he visto el titular el candidato A ofrece algo. El titular es siempre que alguien le lanzó un cenicero a otro, (…) que Santilli puso cara de mentiroso o cualquier cosa con color».
No sé si hoy al final hubo alguno de estos titulares, pero sí sé que una de las frases de Mauricio más mencionadas en las crónicas y en las redes sociales fue su chiste cuando Novaresio felicitó a los candidatos porque el debate le estaba ganando en rating al partido entre Independiente y River y que eso mostraba que el público estaba con ganas de ver un debate. Fuera de guión, Mauricio replicó enseguida: «O será que River anda mal». (…)
Titulo: Cambiamos. Mauricio Macri Presidente. Día a día, la campaña por dentro – Autor: Hernán Iglesias Illa – Sello: Sudamericana – Edición: 2016

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