El estado debe buscar justicia, no reconciliación
María Esperanza Casullo,rionegro.com.ar

Se viven días en donde se anuncian retrocesos en el entramado legal e institucional que, gracias a la constante presión de la sociedad civil y los organismos de derechos humanos, permitió el juzgamiento de los acusados de crímenes de lesa humanidad y de actos de terrorismo de estado. La Corte Suprema de la Nación causó un verdadero terremoto político al concederle el beneficio del llamado 2×1 y la liberación a Luis Muiña, un represor civil condenado por secuestros y torturas en el Hospital Posadas; esta decisión abriría potencialmente la puerta a la libertad a más de dos centenares de represores condenados. Pero esta medida forma parte de un clima de época que la excede. Hace meses que escuchamos un discurso que pretende “superar” la búsqueda de justicia mediante la reconciliación. En lo que tal vez sea el acto de mayor perfil público siguiendo esta idea, el Episcopado anunció hace poco que en su primera asamblea plenaria del año, llamaría a la reconciliación y escucharía el testimonio directo de familiares de desaparecidos y de víctimas de organizaciones guerrilleras, para en un futuro avanzar hacia “el diálogo”.

La reconciliación puede que suene bien. El Episcopado, como cualquier grupo de personas que forman una organización de la sociedad civil, es libre de organizar las actividades que desee. Sin embargo, el pensamiento filosófico que subyace al concepto mismo de “terrorismo de estado” y “crímenes de lesa humanidad” vuelve irrelevante, cuando no imposible, la idea de una política pública basada en la reconciliación.

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