Entrevista al Presidente Mauricio Macri: «Argentina es un país que está en una evolución tal vez como nunca antes en su historia»

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Martes 24 de abril de 2018
Juan Pablo Toro V.
Enviado especial
Sentado en un sillón de su oficina en la Quinta de Olivos, el Presidente Mauricio Macri adelantó a «El Mercurio» sus expectativas sobre la visita que hará, a partir del miércoles, a Argentina su par chileno Sebastián Piñera, con quien lo une la sintonía de centroderecha que se tradujo hace años en amistad.
Macri, que en la mañana de ayer visitó el yacimiento de gas de Vaca Muerta, en la localidad sureña de Neuquén, sostiene que busca acercarse más al Pacífico y para ello cuenta con el apoyo de Chile. También admite lo complejo que ha sido gobernar un país que recibió con una economía estancada, arcas fiscales vacías y engañado por el populismo.
Vestido de traje azul y sin corbata, el Presidente de Argentina asegura que su meta principal es reducir la pobreza (hoy en 25%), pero que eso no se logra solo con crecimiento económico, sino también con un cambio en las costumbres, que pasa por volver a poner la cultura del trabajo por delante. A su juicio, se trata de una transformación mayor en 70 años y que debiera conducir a Argentina a dos décadas de expansión.
-Partamos por lo que viene, la visita del Presidente Piñera. Él acaba de designar a su hermano Pablo como embajador en Argentina, a quien básicamente se le dio el beneplácito inmediatamente. ¿A usted le sorprendió el nombre y cómo interpreta esa designación?
«Yo tiendo a pensar que es otro gesto de afecto más, del Presidente hacia la Argentina. Y aparte nunca íbamos a cuestionar lo que él decidiese. Es una decisión de nuestros hermanos chilenos y siempre son bienvenidos».
-¿Conoce a Pablo Piñera?
«No».
-¿Cuál será el mensaje que lanzará durante la visita del Presidente Piñera?
«Que hoy más que nunca queremos integrarnos. Hay muchas cosas en las cuales podemos cooperar, complementarnos. La historia, la tradición y la cultura nos llaman a que hagamos eso».
-¿Cree que las empresas chilenas, algunas de las cuales fueron muy maltratadas por las administraciones Kirchner, pueden apostar aún más por Argentina?
«Sí, ya lo están haciendo. He estado con muchas que ya están invirtiendo, se están ampliando. Son muy bienvenidos».
-De los proyectos binacionales de integración que hay en carpeta, cuál le gustaría ver concretado o iniciado en su gobierno -porque los proyectos demoran tiempo- con nombre y apellido: está Agua Negra, el inicio de obras de un túnel binacional a baja altura en Los Libertadores, que es algo que se habla hace décadas, el paso Mayer en Aysén. ¿Cuál podremos ver?
«Hay unos que están más avanzados que otros. La modernización del Cristo Redentor es el primero e ineludible. Es el paso más utilizado y eso va a permitir que operen más días por año. Agua Negra también está muy avanzado en el BID para llamar a licitación. Después hay otros pasos más bajos que tienen gran potencialidad. Todos los que podamos. Va a ser parte de la agenda la integración física, que funcionen mejor aduanas, las agencias sanitarias, fitosanitarias, son todas cosas que tienen que fortalecer el acuerdo de libre comercio que vamos a firmar y que aceleran la integración entre ambos países».
-¿En su visión de desarrollo de Argentina, en el cual usted ha hecho mucho énfasis, cuánto pesa contar con una salida expedita al Pacífico por puertos chilenos?
«Mucho. Hay muchos productos que realmente mejoran su competitividad saliendo directamente por Chile al Pacífico. Así es que apostamos a eso, desde el norte hasta el sur».
-¿Y usted ha pensado en sumar algún día a Argentina a la Alianza del Pacífico como miembro pleno, porque hemos conocido expresiones suyas con interés?
«Sí, absolutamente. Desde que he sido Presidente lo que hemos buscado es darle dinámica al Mercosur, firmar el acuerdo que tenemos en carpeta ahora que es Unión Europea-Mercosur. Pero de ahí queremos empezar a hablar de un acuerdo Alianza del Pacífico Mercosur».
-Y hablando de estos mecanismos, Mercosur y Alianza del Pacífico, hace unos días se conoció que varios países, entre ellos, Argentina y Chile, suspendieron temporalmente su participación en la Unasur. ¿Cuál es su explicación?
«Que somos seis países que sentimos que más allá de nuestra integración regional, Unasur, hasta ahora no se ha demostrado positivo ni eficiente ni constructivo para lograrlo. Entonces con la escasez de tiempos y de recursos que uno tiene no podemos seguir en un ente que hasta ahora no ha contribuido con los objetivos que se había fijado».
-Así como los países tiene oportunidades comunes, también hay desafíos conjuntos. ¿Hablará con el Presidente Piñera del tema mapuche y cuál es su política al respecto?
«Que se respete la ley. Nadie tiene derecho, por más legítimo que sea su reclamo, a quebrar la ley, a avasallar los derechos de otros. Así es que en ese campo, vamos a tratar de complementarnos y trabajar en conjunto. Cualquier expresión de violencia atenta contra una vida en paz y democrática».
-Y van a tratar de buscar algún tipo de cooperación de inteligencia y judicial…
«Todo lo que podamos».
-También en este sentido de oportunidades conjuntas. ¿Cuál fue la idea de invitar a Chile a la cumbre del G-20 aquí, en Argentina, a fin de año?
«Tiene que ver con el afecto que tenemos por Chile y queremos realmente que nos acompañen a llevar la voz de Sudamérica».
-Hablando de Sudamérica y también de Norteamérica. Hay muchas elecciones en camino con resultados aún inciertos. ¿Usted se siente, junto al Presidente Piñera, como parte de un cambio político que se está dando en la región hacia un pragmatismo, hacia una centroderecha o hacia qué lugar?
«Hacia la modernidad, hacia el futuro, hacia la integración con el mundo, que tiene que ver con cómo son ahora nuestros jóvenes. Que se sienten ciudadanos del mundo, que están conectados, gracias a internet. Viven una realidad mucho más global de la que nosotros vivíamos en nuestra época de juventud. Y creo que lo que buscan los ciudadanos es representantes que interpreten el siglo XXI y la necesidad de dar soluciones concretas a la mejora de la calidad de vida».
-Y en cierta medida, ¿también hacia los valores democráticos? Porque usted ha sido muy claro en denunciar la grave crisis humanitaria que se vive en Venezuela.
«Pienso que no son solo los valores democráticos. Es llamar las cosas por su nombre. Acá, durante muchos años he escuchado a dirigentes de distintos países elogiar los gobiernos de Venezuela cuando ya venían sistemáticamente violando los derechos humanos y no comportándose en democracia. Finalmente, ya llega a un punto de tal nivel de deterioro, tal avasallamiento de los derechos de los venezolanos que hubo muchos a quienes no les quedó más remedio que reconocer que eso no es democracia. Pero tenía que haberse reconocido eso mucho antes. Tal vez se hubiera evitado el nivel de deterioro al que llegó Venezuela».
-Usted es el Mandatario latinoamericano que tiene mejor diálogo con el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Se conocen hace décadas. ¿Usted se considera en cierta medida un interlocutor de Latinoamérica hacia EE.UU., puede tomar una vocería?
«No, esa es una responsabilidad demasiado grande, que no estoy dispuesto a asumir. Estoy para ayudar. Tengo muy buen diálogo con el Presidente Trump, él tiene un ojo puesto en cómo mejorar la relación de Estados Unidos con Sudamérica. Pero hay que darle tiempo. La agenda que tiene Estados Unidos es tan amplia, que hay que darle tiempo para que focalice los temas de la región».
-¿Qué recomendaría para acercarse a EE.UU.?
«Hablar de temas concretos. Ir directamente a los intereses comunes y explicar lo que uno espera de la relación».
-¿Y cuáles son esos intereses comunes?
«Para nosotros, desde un lugar de aislamiento, como venimos los argentinos, es aumentar el comercio, aumentar la cooperación en temas de seguridad regional y seguridad interna, la lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado. Son todas cosas que están en la agenda y en las que estamos cooperando muy bien».
-Entrando a la situación interna de Argentina. Su gobierno ha logrado lanzar las reformas tributaria y previsional, la ley de responsabilidad fiscal y obtuvo un resultado mejor de lo previsto quizás en las legislativas. Pero por otro lado, se dio la desaparición del ARA «San Juan», que lamentamos, el caso Maldonado, una serie de detenciones de altos ex funcionarios kirchneristas; situaciones que pasaron, obviamente, por sus propias dinámicas. ¿Usted se imaginó que era tan difícil gobernar?
«Argentina es un país que está en una evolución tal vez como nunca antes en su historia. Y esto conlleva muchas tensiones. Pero yo siento que observando donde estábamos en diciembre de 2015 a donde estamos hoy, la evolución ha sido impresionante. El cambio cultural viene avanzando. La búsqueda de normalidad como una aventura apasionante es internalizada en la cabeza de cada día más y más argentinos. Y creo que, bueno, eso genera tensiones, pero finalmente las vamos pudiendo encauzar».
-En ese sentido, los mercados y los organismos internacionales están alabando sus reformas económicas, pero a veces los resultados no son lo esperado. ¿Cómo recibió la última estimación del FMI, que llevó a la baja la proyección del crecimiento argentino, del 2,5% al 2%, y la inflación sobre la meta del gobierno, del 15 al 19%?
«Bueno, el año pasado no acertaron, así es que creo que este año tampoco. Creemos que vamos a crecer sobre el 3% y vamos a tener una inflación más baja que el año pasado. La meta es más cerca del 15%. A pesar de la sequía; estamos en la peor sequía en 50 años y eso nos va a golpear en un punto de crecimiento. Pero a la vez, se están todos lanzando a sembrar trigo, que es una gran oportunidad que se presenta; también, lamentablemente, por una sequía que ha venido de EE.UU. Es la dinámica de la agricultura que está siempre suscrita a lo que pasa con el tiempo.
Pero insisto: la Argentina después de años de estancamiento, años de alta inflación aún reprimida, un default con el mundo, ha logrado reencauzarse sincerando la economía, abriéndose diligentemente al mundo de forma paulatina, empezando a recibir inversiones extranjeras importantes. En energía, hoy estuve en Vaca Muerta, que está en una fase de evolución de crecimiento, que apunta no solo a abastecer a la Argentina, sino que volver a exportar, empezando por Chile. Va a ser parte importante de nuestros acuerdos de integración energética, que va a favorecer muchísimo a los hermanos chilenos, y a nosotros nos va a permitir desarrollar más nuestros recursos naturales.
Así es que creo que hemos avanzado mucho en muchos campos para un país que se le veía cercano a terminar como Venezuela y hoy estamos en lo contrario, intentando crecer. Ya lo hemos logrado siete trimestres consecutivos, esperamos crecer 20 años en forma consecutiva y así derrotar definitivamente la pobreza, que es mi principal objetivo para el futuro».
-Justo lo quería llevar a ese punto, sobre la reducción de la pobreza que consiguió su gobierno, que cayó desde el 28% del primer semestre del año pasado, al 25% el segundo semestre de 2017. ¿Podrá seguir con este ritmo de reducción de la pobreza?
«A eso aspiramos. La verdad es que haber sacado 5.000 argentinos por día de la pobreza el año pasado ha sido algo maravilloso. Aspiramos a seguir creciendo para que eso se siga consolidando y en eso también es muy importante la baja de la inflación. Porque la inflación es el impuesto perverso que le cobra un mal gobierno a su gente y que siempre afecta a los que menos tienen».
-En ese sentido, cuando se lee la prensa argentina se habla mucho del «gradualismo» de su administración, a la hora de desmontar tarifas y subsidios y no generar mayor presión social; lo que resulta comprensible en términos de gobernabilidad. ¿Pero podría ser hora ya de pisar el acelerador para mejorar resultados macro y convencer del todo a los inversionistas?
«El gradualismo define la velocidad del cambio y yo elegí este camino porque quiero contener a todos los argentinos. Que todos puedan ser parte de esta nueva etapa. Y requiere que todos hagamos un esfuerzo, que nos comprometamos, y por ahora vamos muy bien.
Tenemos por la derecha a muchos que dicen que había que hacerlo más profundo y drástico. Y por la izquierda dicen que somos unos ajustadores seriales. Eso significa que estamos bien: estamos por el medio».
-Usted mencionaba que la economía argentina lleva siete trimestres de crecimiento y es un dato que la inversión es superior a la de todo el período kirchnerista. Pero también es un hecho que el Estado no puede dinamizar la economía del todo y se necesita un mayor aporte privado. Desde afuera existe la impresión de que el país está de vuelta como un actor y mercado relevante a nivel internacional. ¿Qué falta para el despegue definitivo y detonar esos 20 años de crecimiento que usted augura para su país?
«Más de lo mismo, de lo que estamos haciendo. Consolidar las instituciones y comprometernos con la estabilidad macroeconómica, reduciendo el déficit fiscal, bajando la inflación, bajando los impuestos, que son los más altos de Latinoamérica y eso impide el crecimiento y que la economía se desarrolle de manera formal. Tenemos un altísimo porcentaje de la economía informal. Pienso que vamos por el camino correcto. Todos los días consolidar en algo la institucionalidad, algo que ha hecho muy bien Chile».
-Pero me remito a algo que dijo usted antes. ¿Falta también algo de asumir cierta ética del trabajo o de la cultura de las cosas bien hechas? Y cito lo que escribió el domingo el columnista Joaquín Morales Solá, en La Nación: «Cambiar las costumbres de la gente común y de los empresarios resultó una tarea más difícil de la que Macri se imaginaba».
«Nunca me imaginé que era fácil. Estamos cambiando tal vez 70 años de malos hábitos y costumbres. Si compara con los 70 años, los cambios que hemos logrado son increíbles. Si miramos adonde queremos llegar, nos falta muchísimo. Son las dos realidades: mirar lo que falta o mirar lo que hicimos. Yo tiendo a mirar lo que hicimos, y eso me pone contento y me da energía para seguir con todo lo que nos falta. Esta es la dinámica. Pensar que una sociedad puede cambiar a mayor velocidad de la que está cambiando la Argentina no es ser razonable. Argentina está cambiando muy rápido, hoy hay debates que hace dos años parecían imposibles».
-¿Como cuáles?
«Hace dos años, la gente pensaba que realmente las tarifas de los servicios públicos tenían que ser gratis. Y ahora estamos entendiendo que esa es tal vez la peor mentira que nos dijeron. Pensar que los subsidios no los pagaba nadie y que la energía era gratis. Ahora entendimos que la energía cuesta y que sin energía un país no puede crecer. Y que cada uno tiene que hacerse cargo de su propio consumo. Hay un montón de cosas por hacer, si del otro lado de la cordillera se consume la mitad. Eso quiere decir que tenemos muchos para aportar, facilitándonos la vida a nosotros, con una factura menor, cuidando el medio ambiente y no dejándoles una deuda a nuestros hijos. Lo que sobreconsumimos en energía lo tuvimos que pedir prestado en deuda, que van a tener que pagar nuestros hijos».
-Si tuviera que hacer un balance de su gestión, ¿en qué le gustaría que se centrara: en los cambios de costumbres o en datos concretos?
«Conseguir el principal objetivo de reducir la pobreza no se logra con un cambio económico. No alcanza. Es un cambio cultural, o sea, es volver a poner la cultura del trabajo por delante. La cultura de que vas a progresar en función de tu esfuerzo personal. No de la forma como te decía el populismo, de que vos vas a tener todo gratis, hagas lo que hagas. Eso fue lo que nos dañó. Por eso creo que las dos cosas están íntimamente ligadas. Porque, además, el argentino es talentoso, capaz e inquieto. Con el estímulo correcto que es ‘tenés un proyecto, vení, desarrollalo’, el argentino lo va a hacer. Hay una energía nueva de los emprendedores, de las pequeñas empresas que se están reequipando y buscando socios en el mundo para integrarse a él y competir.
Todo esto está pasando a una velocidad impresionante. Pero parado uno en el momento ese, a veces le parece que no alcanza. Uno querría que todo fuera más rápido… Vuelvo a Vaca Muerta, fui ahí (ayer), vi los desarrollos y claramente está empezando. Pero cuando uno lo ve en un papel, dice pero cómo, si deberíamos estar invirtiendo 20.000 o 30.000 millones por año. Y solamente se anunciaron 13 mil. Estamos comenzando, pero es un proceso. Lo que realmente va en serio, no se hace de un día para otro, sino a través del trabajo diario».
-¿Y cómo se convence a la gente de eso? En unas declaraciones, usted hablaba del «crecimiento invisible», ese que es de 2 o 3% y que no se percibe. Solo cuando pasa esa cifra se nota…
«Lo que quise decir es que para crecer de forma sostenida y sustentable durante muchos años hay que hacer cosas de bases que muchas veces son invisibles. Puse el ejemplo de cuando uno construye un edificio. Cuando se está en el pozo, uno pasa y no ve nada, pero de golpe aparece toda la estructura. Pero porque se hicieron todas las bases, lo que lleva su tiempo. Y eso es lo que estamos haciendo en Argentina. Volver a tener un Estado que funcione realmente, que tenga procesos, que tenga información. Nosotros no teníamos información, el Indec (servicio de estadísticas) estaba realmente colapsado. Tuvimos que empezar por el principio».
-Me imagino que un proyecto de esta envergadura requiere de otros cuatro años más de gobierno…
«Va a requerir muchísimos años de trabajo coherente en la misma dirección. Más allá de un primer o segundo gobierno, la Argentina necesita fijar este rumbo 20 años y se va a transformar en uno de los países más importantes del mundo, sin lugar a dudas. Porque tenemos todo: recursos humanos y recursos naturales».
-¿Pero usted tiene decidido ir a la reelección?
«Ya he dicho que es prematuro hablar de eso, pero si la gente siente que debo continuar, mi compromiso está. Con la agenda de cosas que hoy tenemos para hacer, plantearse fórmulas, reelecciones, candidaturas, es perder tiempo en algo que no está en el eje del día a día de los argentinos».
»Acá, durante muchos años he escuchado a dirigentes de distintos países elogiar los gobiernos de Venezuela cuando ya venían sistemáticamente violando los derechos humanos… finalmente, ya llega un punto de tal nivel de deterioro, que hubo muchos a quienes no les quedó más remedio que reconocer que eso no es democracia. Pero tenía que haberse reconocido eso mucho antes. Tal vez se hubiera evitado el nivel de deterioro al que llegó Venezuela».
»Hay muchos productos (argentinos) que realmente mejoran su competitividad saliendo directamente por Chile al Pacífico».
»Conseguir el principal objetivo de reducir la pobreza no se logra con un cambio económico. No alcanza. Es un cambio cultural, o sea, es volver a poner la cultura del trabajo por delante. La cultura de que ‘vas a progresar en función de tu esfuerzo personal’. No de la forma como te decía el populismo, de que ‘vos vas a tener todo gratis, hagas lo que hagas. Eso fue lo que nos dañó».
»Pensar que una sociedad puede cambiar a mayor velocidad de la que está cambiando la Argentina, no es ser razonable».
»El gradualismo define la velocidad del cambio y yo elegí este camino… Tenemos por la derecha muchos que dicen que había que hacerlo más profundo y drástico. Y por la izquierda dicen que somos unos ajustadores seriales. Eso significa que estamos bien: estamos por el medio»
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Acerca de Nicolás Tereschuk (Escriba)

"Escriba" es Nicolás Tereschuk. Politólogo (UBA), Maestría en Sociologìa Económica (IDAES-UNSAM). Me interesa la política y la forma en que la política moldea lo económico (¿o era al revés?).

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